¿Poliamor o cuidado mutuo?

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Bueno, creo que mi etapa poliamorosa llega a su fin (yo sé lo que están pensando: que por fin dejo de ser promiscua; créanme que todo este tiempo he estado, en general, o sola o con una sola persona). No es que ahora vaya a exigir fidelidad: por principio no voy a encerrar el deseo de nadie. Es que me doy cuenta de que la cárcel no está verdaderamente ahí.

La cárcel está en el amor mismo. En cuanto se camufla en él la pulsión de domino o en cuanto ésta se confunde con él.

La cárcel está en el amor mismo. En cuanto se camufla en él la pulsión de domino o en cuanto ésta se confunde con él. De hecho, desde que recuerdo, pulsión de domino y amor están intrínsecamente unidos y nunca he visto al uno ir completamente sin la otra.

Desde el momento en que tus padres te dicen «si te comportas bien te amamos», hasta el momento en que la persona con quien crees que puedes tejer te manipula o te trata mal o te da órdenes por muy poliamorosa o no monógama o ágama o anarquista relacional que sea.

Mi apuesta por el poliamor había sido esa: intentar desarmar la pulsión de dominio que se cuela en el amor romántico

Mi apuesta por el poliamor había sido esa: intentar desarmar la pulsión de dominio que se cuela en el amor romántico y su estar «inextricablemente ligado a las ideas de monogamia, exclusividad, celos y fidelidad sin desviaciones» como diría Margaret Mead. Pero es evidente para mí, ahora, que la pulsión de dominio va más allá del amor romántico e impregna el amor mismo por más que se lo intente construir por fuera del amor romántico.

El desapego y el «fluir» no garantizan la salida a la pulsión de dominio y de hecho pueden encarnarla en nuevas versiones consumistas o egoístas. El amor libre no es libre si tus relaciones sexo-afectivas acaban atadas a la violencia, al chantaje, a la manipulación, a la opresión. Ahora lo que busco es un compromiso; pero no el de la fidelidad eterna sin fallas. Busco el compromiso por el mutuo cuidado hasta las últimas consecuencias.

El amor libre no es libre si tus relaciones sexo-afectivas acaban atadas a la violencia, al chantaje, a la manipulación, a la opresión.

Sin embargo, me doy cuenta de que estaba cometiendo un grave error: estaba poniendo a este amor depurado de la pulsión de dominio como un ideal ético-práctico. Y en realidad esto es imposible. En la práctica el amor se da en muchas ocasiones como pulsión de dominio porque así lo hemos vivido desde la infancia y porque la sociedad nos programa para ello. Así que, cuando me sentía enfrentada a esta pulsión de dominio, y aun cuando la otra no la estuviese desplegando conscientemente, me transformaba en una guerrera que se defiende y pone límite.

Dejaré, entonces, de ser guerrera frente a la pulsión de dominio: incluso ante ella enarbolaré la alegría y el mutuo cuidado. No sé cómo me irá.

Y esa actitud defensiva olvidaba el cuidado de la otra y podía introducir ella misma las pasiones tristes (ira, miedo, etc.) ahí donde lo que buscaba era alejarme de la pulsión de dominio. Y si el dominio es triste (porque impide a la otra realizar su potencia) el mutuo cuidado es alegre (porque implica realizar tu potencia realizando la potencia de la otra). Dejaré, entonces, de ser guerrera frente a la pulsión de dominio: incluso ante ella enarbolaré la alegría y el mutuo cuidado. No sé cómo me irá.

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