Renovar el Congreso, pero con quiénes

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Uno de los resultados del Estallido social contra el no futuro, fue la generalización de la necesidad de renovar el Congreso para evitar que se tramiten medidas que afectan de manera negativa al grueso de la ciudadanía, como la reforma tributaria o la reforma a la salud.

Esta necesidad de renovación no es del todo nueva, en las elecciones del 2018, los medios corporativos, algunos medios independientes y “analistas” celebraban ver nuevas caras en el Congreso y la salida de personajes como Roberto Gerlein, sin embargo, esta revisión superficial omitía que las curules habían sido heredadas y que solo se trataba de un cambio cosmético a la corrupción y la continuación de un modelo que busca enriquecer a unos pocos, a costa de la ciudadanía. Si se tratara de una renovación de verdad, Cambio Radical no se habría configurado como una de las principales fuerzas en el Congreso, y tampoco habría una fuerte y disciplinada coalición de gobierno con los partidos de derechas.

Entonces, la renovación efectiva no se reduce a la elección plana de personas jóvenes, que pueden llegar con actitudes frescas, pero van a trabajar para que no cambie nada y en función de la agenda que les pongan sus padrinos políticos. Cabe decir que son muy diligentes, han logrado frenar la posibilidad de una renta básica, desfiguran proyectos como el etiquetado frontal de advertencia y se ríen de las mociones de censura.

Se suele creer que los debates en el Congreso son racionales: son expuestas unas propuestas y debatidas, para luego llegar a unos consensos que se traducen en leyes que benefician al país

Volviendo a la pregunta inicial, considero que, para lograr la renovación efectiva del Congreso, son necesarias dos variables, la primera, es votar por programas y, la segunda, elegir a personas que entienden esos programas y se comprometen de lleno con ellos. Parece que, con esto, la pregunta sobre por quién o quiénes votar quedara resuelta, como si se tratase de una ecuación sencillita, pero lamentablemente, no es así.

Haciendo un ejercicio juicioso y no plano de pros y contras de programas (no de personas que de pronto tienen buenas intenciones, o se ven buena gente, pero están en el partido “equivocado”, como si el partido, sus estructuras de poder e intereses fueran secundarios), es fácil identificar qué listas, coaliciones o partidos se acercan o no a las demandas democratización y justicia social del Estallido social contra el no futuro. Ahora, la variable quiénes empieza a complejizar el asunto porque ¿Quiénes van a defender y traducir ese programa en leyes?

Se suele creer que los debates en el Congreso son racionales: son expuestas unas propuestas y debatidas, para luego llegar a unos consensos que se traducen en leyes que benefician al país, algo así es lo que ha dicho la representante Juanita Goebertus en sus intervenciones. No sé si es que es muy inocente, está muy perdida en la vida o si tiene alguna intención oculta cuando dice este tipo de cosas. Lo cierto es que los debates en el Congreso están a años luz de esa dinámica. Las decisiones siempre son tomadas antes de que inicie el debate y la tarea que queda es sabotear o apoyar las propuestas o los proyectos de ley. Las derechas con su disciplina partidaria, prácticamente en bloque, definen cómo actuar frente a una propuesta legislativa, piden orientación de los grandes empresarios y banqueros del país y listo. Los debates, las audiencias públicas las sesiones en comisión son puro teatro y esto pasa porque las mayorías en el Congreso son de derechas, y las derechas defienden intereses políticos y económicos bastante estrechos.

Mientras tanto los partidos “progresistas” tratan de legislar para lograr que pasen iniciativas legislativas que benefician al grueso de la población, resultado del trabajo con organizaciones sociales y ONGs; tratan de evitar que pasen medidas nocivas, sin mucho éxito debido a que son minoría; y cumplen con su rol de control político investigando para sacar adelante debates y mociones de censura. Este trabajo es monumental y requiere de un compromiso importante, se necesita disciplina. Sin embargo, algunos congresistas se toman este trabajo a la ligera y se nota porque sus intervenciones son bastante desafortunadas y hasta mediocres, algo aceptable en la derecha, pero inadmisible en sectores políticos que dicen trabajar por el bienestar del país.

Renovar el congreso, pero con quiénes. Entre más lo pienso, más preguntas salen y todas inquietantes, por ejemplo, me pregunto si solo con tener una intuición de que las cosas no van bien es suficiente para legislar, intuición que para muchos y muchas candidatas no se transforma en un ejercicio juicioso de estudio, dirán: “aaaah para eso están las Unidades de Trabajo Legislativo”, pues sí y no. Están y en algunos casos son excelentes y el congresista es mediocre, en otros casos solo van a farandulear con el congresista, entonces están, pero no están y la responsabilidad sobre cómo se legisla no puede recaer sobre estas personas.

Renovar el congreso, pero con quiénes. Entre más lo pienso, más preguntas salen y todas inquietantes, por ejemplo, me pregunto si solo con tener una intuición de que las cosas no van bien es suficiente para legislar

Otra pregunta es sobre la calidad de los debates, así las decisiones ya lleguen tomadas para el caso de la derecha y no se necesite de fuerza en las calles para legitimarlas. Para los sectores alternativos es diferente con medios corporativos en contra, grandes industrias en contra y todo en contra. Considero, que los debates argumentados, lejos de clichés y frases vacías son necesarios como mecanismo de politización, como tribuna de denuncia e incluso formación ciudadana, y sinceramente, viendo la conformación de ciertas listas progresistas y de izquierdas, me pregunto si estas personas que son candidatas son conscientes de eso. Espero que sí y tengo prendida una velita para que en medio de la campaña se estén cualificando, porque tengo la impresión de que muchas personas piensan que basta con ser “antiuribista” y decirle sí a todo lo que dice el precandidato presidencial, para ser un congresista.

Tal vez no sea renovar el congreso con quiénes, sino hasta dónde

También me inquieta qué entienden por democracia y el lugar de la protesta en su profundización. Muchas de estas personas que están en las listas son uribistas que se arrepienten, pero ¿ese arrepentimiento les ha llevado a cuestionar la lógica amigo-enemigo?, ¿Satanizan la protesta y a quienes se movilizan?, ¿Creen que la protesta no debe incomodar?, ¿Hasta dónde llega su disposición por el cambio?, ¿Problematizan los conflictos de interés? ¿En qué están dispuestos y dispuestas en ceder?, ¿Entenderán que hay estructuras económicas y políticas de fondo más allá de las malas y buenas intenciones de individuos? Claro que hay otros sectores alternativos con una tradición de izquierdas y progresista que también le hacen el juego al conservadurismo, al rechazar de tajo los feminismos, el ecologismo, o el anti imperialismo + descolonización cultural, parece absurdo, pero así es.

También pienso: ¿Será que me he hecho la pregunta equivocada? Tal vez no sea renovar el congreso con quiénes, sino hasta dónde. Aclaro que no fantaseo que con una presidencia alternativa y un congreso renovado lleguemos a un país ideal, pero sí puede ser un empujón hacia una dinámica realmente democratizadora y con todo, el panorama no es alentador ¿Hasta dónde llegará la renovación, más allá de caras nuevas y reconocidas en redes sociales?

Adenda: vigilancia del Congreso, pero ¿Qué tipo de vigilancia?

Hay una iniciativa que me parece bien curiosa, se llama “Trabajen Vagos” y se hizo conocida por hacerle seguimiento al ausentismo en el Congreso. De entrada, parece interesante, pero si se mira con detenimiento, no identifica cuál es el rol de estos congresistas y deja de lado cuál es su propósito en el legislativo, porque ¿En realidad cuando no asisten a la sesión de la comisión o a la plenaria, están dejando de trabajar? ¡No, claro que están trabajando! La inasistencia hace parte de su modus operandi para garantizar que las agendas para las que se hicieron elegir funcionen. Ese es el problema de este tipo de iniciativas que dejan de lado el análisis político de fondo y solo buscan el posicionamiento público o electoral de quienes las impulsan antes que la garantía del cumplimiento de la Constitución o del ejercicio de la democracia.

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