Ser punk y entibiarse es una contradicción hasta biológica

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Escribo esta reflexión mientras estoy afónica, cascada y feliz. Viví uno de los mejores tokes de mi vida.

Marzo cerró con la celebración de los 30 años de la emblemática banda de punk Desarme Rock Social. Las 1280 Almas y el Sistema Sonoro Skartel fueron las teloneras de una fiesta llena de pogos y discursos sobre la coherencia, la importancia de la lucha y la camaradería.

Varias generaciones nos encontramos para cantar en coro las canciones que marcaron nuestra juventud, pero también nuestra vida adulta precarizada y triste. A un lado quedaron los achaques para que volaran puños, patadas, cuidado y la solidaridad que solamente puede brindar el pogo.

El ambiente era de una complicidad tal que nos emocionamos cuando un hombre de unos cuarenta y tantos años, que tenía la rudeza de la vida marcada en la cara, llevado por los tragos y seguro los plones se subió al escenario para declararle su amor a Luisa Fernanda y pedirle matrimonio. Parecía la escena final de una comedia romántica que reemplazó la pólvora por un temazo de Desarme. A propósito, ella dijo que sí.

En medio de una de ellas pensé en las personas que estuvieron en la escena en los noventas, y a principios de los 2000, algunas siguen punkeando a pesar del sistema y lo hacen porque están convencidas de que otro mundo es posible

Como un buen toke de punk después de cada canción seguía una reflexión. En medio de una de ellas pensé en las personas que estuvieron en la escena en los noventas, y a principios de los 2000, algunas siguen punkeando a pesar del sistema y lo hacen porque están convencidas de que otro mundo es posible; mientras que en la actualidad otras no son más que simples liberales tibias, temerosas y absorbidas por el sistema, personas que aunque estuvieron en la escena y fueron a los toques más chirretes, ahora no son más que peones y esquiroles de la esencia punk.

Es como si, retomando a los Sex Pistols, se hubieran vuelto idiotas sin futuro que pudieron incluso llorar por la muerte de la reina.

Fue muy emocionante ver a las bandas llamando a la coherencia, recordando a las personas que fueron asesinadas por creer en un país un poquito mejor; e invitando a salir a las calles a exigir más, porque no es tiempo de hablar con tibiezas, son días para radicalizarse escupiendo a los muros de la cárcel que encierra disidentes como dice Desarme; escupiendo a la autoridad como canta Skartel; y reivindicando la insumisión como dicen las 1280 Almas. En últimas, oponiéndose a la privatización y a la despreciable sociedad de consumo mientras se reivindica la rebeldía.

En el toque me encontré con gente linda y hablamos precisamente de eso, de la precarización, del desempleo, del sistema, de no dejar que nos corrompa, y de cómo desde dónde estamos, pese a todo, lo punkeamos. También charlamos de la importancia de no claudicar y de no dejar de ser para adaptarnos a un sistema que nos trata como basura.

Confieso que para escribir esto hice una búsqueda rápida de lo que es ser punk, hasta me leí el El Manifiesto Punk de Greg Graffin, sin encontrar nada que me convenciera, y tenía la respuesta frente a mi, en la caja de El Bogotazo (2021), CD que compramos en el toke, dicen los artistas: “pensar, analizar y autocriticarse en la escena y en el mundo es un pecado que nos hace ser rebeldes, porque no tragamos entero entre las injusticias (…). No concebimos una escena sin verdaderos propósitos, sin cambios ni mejorías para el equilibrio local“.

En el toque me encontré con gente linda y hablamos precisamente de eso, de la precarización, del desempleo, del sistema, de no dejar que nos corrompa, y de cómo desde dónde estamos, pese a todo, lo punkeamos.

Sigo como hace 17 años, con la sangre roja, el corazón a la izquierda, en la lucha temeraria, pero además, más cualificada y radicalizada (y no, radical no es sinónimo de dogmática o extremista). Cierro esta reflexión con unas palabras del punkero más punk entre los punk, Lucio Urtubia (porque como decía Strummer, el punk no es una forma de vestir, es estar cansadas de la mierda del mundo):

“Siempre me han dicho que con el tiempo las personas se vuelven más conservadoras, que toda mi rebeldía se iría mitigando conforme fuese creciendo, como si ese fuera el sentido de la propia vida.
Pero, en mi caso, el tiempo ha acabado quitando la razón a toda esa panda de aburridos, acomodados, dóciles, conformistas y arrogantes charlatanes.
El tiempo, con la experiencia que conlleva, lo único que ha conseguido es convencerme cada vez más de la necesidad de las ideas libertarias y enseñarme la coherencia, la realidad y la utilidad palpable del anarquismo en la vida cotidiana.
Y cuanto más vivo y más conozco, con todo el espíritu crítico que siempre me ha acompañado, con mayor claridad lo veo”.

Posdata: creo seriamente que lo que mejor bailamos en Bogotá es el merengue, el ska y el punk ¡Aguante Pogotá!

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