Si el Putumayo tuviera mar

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En mi caso, el año pasado a mi madre le emergió el sueño y muy contante y sonante nos dijo un 28 de Diciembre: “Nos vamos a conocer el mar”. 

Durante la temporada de fin de año millones de carros transitan las vías del país buscando un aire fresco para la rutina que ahoga a sus conductores los restantes once meses. Así, un desfile de placas de todas partes del país se cruzan en las vías nacionales con destinos variados y a uno que a otro rolo se le sale a flote ese sueño latente, que nuestro veterano candidato volvió slogan cuando ya las campañas estaban lejos del ideal griego de política y los recuerdos del personero que compró a medio colegio con la idea de poner una piscina volvían. En mi caso, el año pasado a mi madre le emergió el sueño y muy contante y sonante nos dijo un 28 de Diciembre: “Nos vamos a conocer el mar”. 

Como Santa Marta y Cartagena son Distritos Turísticos y esa vaina de pagar mojarras en la módica suma de seis millones de pesos no va con nosotros, decidimos poner el dardo en un pueblito paradisiaco del Córdoba llamado Moñitos. El viaje con una escala en Tarazá hasta el ansiado mar duró cerca de 20 horas. El primer tramo de viaje desilusionó un poco pues la famosa ruta del sol fue un engaño total, de aquel proyecto insigne de ingenieros colombianos solo quedaba el recuerdo de las fotos, huecos por doquier y esas casetas de donaciones voluntariamente obligatorias a las arcas del pobre viejecito Sarmiento Angulo apodadas peajes. El paso desde Medellín hasta Montería fue mejor y entre los pueblos montañosos de Yarumal, Valdivia, Llano de Cuivas y el descenso a Tarazá estuvo protagonizado por muleros, conductores imprudentes e impacientes que adelantaban en curva y, lo más importante para este escrito, una carretera en mitad de la montaña en perfecto estado; para lo que son los estándares colombianos, claro está. 

Ese paso entre cordilleras y barrancos me hizo recordar al viaje que hicimos unos meses atrás cuando a mi madre le surgió el deseo de conocer la iglesia más linda del mundo, porque en Colombia siempre tenemos las cosas más lindas del mundo, que es la de Las Lajas. El viaje de ida hasta Ipiales fue excelente, pero en la devuelta cometí el error de, por conocer más y ya habiendo pasado por Popayán, aconsejar la ruta Pasto-Mocoa-Neiva-Bogotá. ¿Después de todo son capitales de departamento todas, no? 

Así que mientras el mareo comenzaba a dominarme en el paso de Yarumal a Tarazá recordé esa experiencia del Putumayo y me dije: “Claro, voy por la misma vía que lleva a Montería, que lleva a Barrancabermeja, además voy para el mar

Si hay algo que une la vía entre Pasto-Mocoa y Medellín-Montería es la cadena montañosa que se atraviesa, y si hay algo que las distancia son sus vías. Las capitales del sur están unidas por una vía que hasta los camiones sufren al pasar, ni decir lo que el carro que nos acolita en nuestras aventuras rolas sufrió durante esas largas ocho horas de paso. Así que mientras el mareo comenzaba a dominarme en el paso de Yarumal a Tarazá recordé esa experiencia del Putumayo y me dije: “Claro, voy por la misma vía que lleva a Montería, que lleva a Barrancabermeja, además voy para el mar, (para el mar, marica) para los puertos, para esos planes turísticos de Coveñas y Tolú, si así de bien esta la vía para esta zona no me imagino como debe estar la del puerto de Buenaventura o la misma vía para Barranquilla y Cartagena, aquí se nota que invierten bien la plata. Si el Putumayo tuviera mar las vías serían iguales a estas”.

Entonces el mareo desapareció y exclamé para mis adentros triunfante que había resuelto el problema de la infraestructura colombiana: hay que reformar la geografía, si el Putumayo tuviera mar en ese mismo instante el gobierno, que solo piensa maneras para mandar las riquezas de este platanal a las extranjas como lo fue la casa Arana, vería en este departamento la importancia que merece, Mocoa dejaría de ser confundida con Mitú y mi tía no miraría raro a mi mamá por pegarse esos viajes a zona roja, se adjudicaría la ruta de la luna y en 2074 estaría lista, si ningún contratiempo inesperado alarga el plazo unos mesecitos de más, por supuesto. Esa es la solución, mar para Santander, mar para Tolima, mar para toda Colombia… incluso, ¿por qué no, ya que tanto hemos sufrido en Tabogo?, un pedacito de mar para Bogotá. 

Mocoa dejaría de ser confundida con Mitú y mi tía no miraría raro a mi mamá por pegarse esos viajes a zona roja, se adjudicaría la ruta de la luna y en 2074 estaría lista, si ningún contratiempo inesperado alarga el plazo unos mesecitos de más, por supuesto.

Comprenderá mi lector la desilusión tan berraca que me pegué cuando llegamos al tan ansiado mar y  junto a un cartel roto que rezaba a lo 1984: “mejores vías es equidad para todos, Ministerio de transporte” estaban las calles de Moñitos en tierra, la vía a San Bernardo del Viento, y que me perdone Juan Gossain, llena de cráteres y la utopía marítima deshecha ante el abandono estatal. Pero así mismo, comprenderá mi lector la ira que me dió al ver que la vía a la famosa Coveñas, en la misma costa atlántica sólo separados los pueblos uno de otro por las majestuosas ciénagas, en un estado envidiable.

¿Qué es lo que le ha pasado a esta serie de  gobiernos ineptos que olvidaron a sus pueblos y cayeron en sobornos? ¿Qué es esa selectividad al momento de invertir en infraestructura? ¿Qué pasó con eso de que no teníamos nada que envidiarle a Alemania, Suiza y qué sé yo más, Juanpa? ¿Mar? ¿Necesitamos mar para que el gobierno nos vea y nos invierta en ese extraño rubro titulado social? El Chocó tiene mar y ahí está, como diría un célebre diputado, un bollo y sin perfumar, ¿Turismo entonces, señor Presidente? ¿A cuántas niñas no se les han roto sus sueños en Cartagena y qué pasa con la ruta del sol que aún sigue en construcción? Si se investiga un poco en Invias reposa la licitación LP-DT-GGP-013-2018 donde se busca adjudicar el contrato de parte de la vía Pasto-Mocoa, doy fe que a noviembre de 2022 no había pasado absolutamente nada. ¿Qué decir de Moñitos, San Bernardo del Viento y Lorica? Solo proyectos, como siempre. 

Ojalá al gobierno Petro, que recorrió de cabo a rabo este país como los demás presidentes en campaña, no se le olvide la voz gastada que resuena allá en el centro de Bogotá, desde el siglo XIX, repitiendo incansablemente que hay que conectar a este país. 

Así con miles de licitaciones y carreteras, solo basta recorrer las vías macondianas donde un Galeón en mitad de la selva es más lógico que una buena vía, una vía digna, entre montañas que conduzca a la capital de un Departamento, a un pueblo o  a cualquier parte de este país para ver el abandono. Ahorita mismo, que las cosechas salgan nuevamente, veremos a los canales de siempre ponerse ese hermoso vestido amarillo que se rasgan cada vez que cubren la reiterada nota en la que se evidencia que es mas rentable tirar el producido que sacarlo porque no hay vías. ¿Cómo esperar que llegue el Estado a un pueblo si no le proporciona infraestructura? Ojalá al gobierno Petro, que recorrió de cabo a rabo este país como los demás presidentes en campaña, no se le olvide la voz gastada que resuena allá en el centro de Bogotá, desde el siglo XIX, repitiendo incansablemente que hay que conectar a este país. 

Yehosua Bejarano Cáceres. Nació en Tabogo en 2005 y es estudiante de la licenciatura en Español y Filología Clásica en la UN. A pesar de eso y quedar en tercer lugar del concurso nacional de escritura aún no sabe hacer reseñas biográficas.

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