Sionismo gore

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Los ataques de Israel contra Palestina no se explican solamente desde el punto de vista moral o humanitario. El rechazo a lo que está sucediendo es insuficiente si no se tiene en cuenta la sistematicidad de la agresión y si no se reflexiona sobre las razones que movilizan tal nivel de crueldad. Son múltiples las razones de fondo, por eso comparto tan solo algunos apuntes que permitan indagar los motivos que sustentan los mecanismos permanentes de agresión y ocupación. 

  1. Palestina es el laboratorio del post-apocalipsis. La deshumanización y las condiciones de vida de los territorios ocupados no alcanzan a ser siquiera radiografiados en una película de ciencia ficción. Palestina es víctima del robo de órganos, robo de agua, robo de cultivos, asesinato de niñas y niños, contaminación de la tierra, desplazamiento, tortura, apartheid, racismo y desaparición forzada. Palestina es víctima del no futuro. 
  1. Nada de esto es aislado, ni se puede considerar como el capricho de un gobierno de turno, sino que responde a un proyecto colonial que consiste en el desplazamiento sistemático para reemplazar a la población autóctona por la población colona, mediante dos dispositivos, a nivel interno por la vía jurídico-militar; y a nivel externo por la vía simbólica.
  1. El historiador israelí Ilán Pape, en su libro ‘La cárcel más grande de la Tierra. Una historia de los territorios ocupados’, relata cómo fue la construcción de un sistema normativo aplicado a los territorios invadidos, “la normativa y medidas de emergencia del Mandato de Palestina se convirtieron en la infraestructura jurídica de los tribunales militares, esas instituciones a través de las cuales pasarían centenares de miles de palestinos, serían detenidos sin juicio, enviados a la tortura y maltratados. Solo en muy raras ocasiones saldrían ilesos de ellos. Los jueces eran todos oficiales del Ejército y no se requería que tuvieran formación jurídica” (20), se trata de una vía exprés para legalizar la ocupación, el despojo y el racismo.
  1. Para avanzar en dicho objetivo, como es bien sabido, Israel ha recibido el respaldo del proyecto imperialista inglés, y luego del estadounidense, en dos líneas importantes: la económico-militar, con recursos y armamento, y la simbólica, en la legitimación de este proyecto ante el mundo.
  1. Este proceso se puede comprender como ‘capitalismo sionista’. Al no encontrar una definición o caracterización de esta categoría, se podría sugerir que se trata de una expresión del capitalismo que articula el proceso de acumulación por desposesión -de la tierra, del agua y de la producción agropecuaria-, con una justificación identitaria, mediante el racismo y su traducción práctica en el apartheid, así como con el discurso de la “deuda de la humanidad”, con un feroz proceso colonialista sobre el territorio palestino.
  2. Al revisar el avance de este capitalismo sionista, podría plantearse que se ha modificado con el tiempo. El aumento de los niveles de crueldad, que ven un pico en la arremetida de octubre del 2023, en el contexto de espectaculariazación del genocidio en el siglo XXI, nos viene a indicar que hay un nuevo elemento a sumar en dicha caracterización, que podría entenderse mediante la formula capitalismo sionista gore.
  1. Sobre el ‘capitalismo gore’, Sayak Valencia, quien acuñó el término, nos explica: «la explosión de la violencia ilimitada y sobreespecializada da noticia de la ausencia de un futuro (regulable) y del hecho de que en los intersticios del capitalismo nadie tiene nada que perder, porque la vida (el último de los grandes tabúes) ya no es importante. La violencia aquí y ahora como iterancia desdibuja las posibilidades de pensar el concepto de Futuro en la manera en que se ha venido haciendo en Occidente. La violencia implica una revisión de dicho concepto» (21).
  2. Esta explosión de violencia explícita transmitida por redes sociales y legitimada en titulares noticiosos[1], declaraciones de guerra[2], o información que deshumaniza a las víctimas[3], también apunta a una pedagogía de la crueldad en términos de Rita Segato, teniendo en cuenta que el sistema capitalista también deviene en construcción cultural. Lo que vemos en los bombardeos en Gaza y los ataques a Cisjordania, no es más que exposición desritualizada de la muerte. 

Recordemos lo que señala la autora: “Cuando hablo de una pedagogía de la crueldad me refiero a algo muy preciso, como es la captura de algo que fluía errante e imprevisible, como es la vida, para instalar allí la inercia y la esterilidad de la cosa, mensurable, vendible, comprable y obsolescente, como conviene al consumo en esta fase apocalíptica del capital” (Rita Segato: 11).

  1. El racismo es el mecanismo fundamental de esta agresión. Las viejas representaciones coloniales del otro como salvaje, son el discurso clave para justificar la muerte sin el ritual simbólico que la tramite. Porque lo no humano no requiere de rituales, ni de construcción simbólica del tiempo. Lo no humano, en esta concepción, no requiere de un lugar de existencia. Es perfectamente suprimible. La acumulación por despojo no se basta así misma. No es suficiente con saber que para ocupar hay que expulsar y asesinar, es necesario que se muestre, que se haga pedagogía sobre la sangre derramada.

[1] “La guerra contra Hamás” es el común denominador de los titulares de la prensa corporativa, desde que empezó la arremetida contra Palestina.

[2] Yoav Gallant, ministro de defensa de Israel: «Ordené un asedio total sobre la Franja de Gaza. No habrá electricidad, ni alimentos, ni gas, todo está cerrado. Estamos luchando contra animales humanos y actuamos en consecuencia».

[3] Como sucedió en Noticias Caracol el 2 de noviembre: “26 días de guerra dejan 8.800 muertos palestinos; 22.000 heridos y del otro lado, por supuesto, 1.400 israelíes asesinados en el ataque inicial del 7 de octubre y 240 israelíes rehenes”.

Referencias

Pappé, I. (2017). La cárcel más grande de la tierra. Una historia de los territorios ocupados.

Segato, R. (2018). Contra-pedagogías de la crueldad.

Valencia, S. (2016). Capitalismo gore. Paidós México.

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