Somos el corazón de las que ya no laten; #8M Luto Nacional Por Feminicidio #JusticiaParaEvelyn

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La mañana del lunes 22 de febrero desperté con el grito que confirmaba la noticia que no solo no podía creer, sino que me resistía a aceptar. El voceador del periódico que, aún en el 2021 comunica a los habitantes del barrio alguna noticia del sector, gritaba a todo pulmón el asesinato de una mujer de 30 años a manos de su pareja.

El domingo anterior, una amiga me había comunicado el hecho: Evelyn Carrillo fue hallada muerta en el domicilio en donde además vive su abuela y su mamá. Allí, a apenas tres cuadras de mi casa, llegaba el final para la compañera con la que en tantas ocasiones compartimos el bus al colegio, con quien nos encontrábamos en el café internet para hacer las tareas, la que en tantas ocasiones nos llenó de chistes flojos y contagió de alegría con su particular sonrisa.

Al revisar los medios y buscar la noticia, la indignación aumentaba con la forma como se comunicaban los hechos: “El cuerpo, encontrado en una casa del barrio El Corinto, no tiene signos de violencia” ¿acaso no es suficiente signo de violencia encontrarla muerta? En otros medios se resaltaban las “razones que habían desatado el asesinato, como si existiera alguna razón para arrebatarle la vida a alguien. Por supuesto, no falto el titular amarillista o la noticia de televisión en la edición del medio día mostrando el cadáver de Evelyn. Por cierto ¿en dónde está el periodismo con visión de género en el país?

Coincidencialmente, ese mismo lunes mientras se empezaban a esclarecer los hechos, en el Senado se llevó a cabo la Audiencia Pública virtual para revisar las escandalosas cifras de feminicidios de los últimos meses en el país: 228 feminicidios durante el 2020 y para este año sumaban (hasta esa fecha) la dramática cifra de 42 mujeres asesinadas, de los cuales 39 casos se dieron durante febrero, teniendo identificado al agresor en apenas 18 casos; además se señaló que “el 93% se encuentran sin resolver y los agresores no han sido judicializados”. Y sí, desafortunadamente, ahora Evelyn hace parte de esas cifras que hoy nos tienen en jornada de Luto Nacional por Feminicidios.

El impacto de la noticia llegó cargado de muchos comentarios y muchas incógnitas; ¿Cómo es posible que una ingeniera joven, autónoma económicamente, con gran humor y buen carácter fuera víctima de esta violencia machista? No faltó quien dijera “porqué no se fue al primer golpe,  porqué no huyó en el primer grito” adjudicando una vez más “la culpa” en la mujer y desconociendo esa espiral de violencias que se cultiva de manera imperceptible durante años y que se refuerza bajo el mito del amor romántico que nos repite todo el tiempo que el amor todo lo puede y todo lo resiste.

Finalmente, Hugo Andrey Rojas Nieto, quien fue capturado ese mismo lunes, confesó que era el autor del asesinato de Evelyn, crimen que luego ratificó en Audiencia de Imputación de Cargos; pese a esto, la Juez de Garantías no dictó medida de aseguramiento dado que “la Fiscalía no había soportado con suficientes argumentos jurídicos el por qué debía ser privado de la libertad”.

Con todo esto, una sensación de indignación, enojo y tristeza me invadió… incluso cierta culpa; ¿Cómo es posible que una compañera, vecina, amiga haya pasado por todo esto? De inmediato pensé en mis amigas de la universidad, en las del trabajo, en mis primas, mis sobrinas, mis hermanas, pensé en las mujeres del campo, en las que viven en zonas de conflicto, en las negras, en las indígenas, pensé en esa mujer de Jenesano que la semana pasada fue hospitalizada tras recibir 15 puñaladas en otra tentativa de homicidio; porque si algo nos demuestra este hecho es que todas podemos ser víctimas de violencia.

En esta situación todo está mal: los medios y su amarillismo, la justicia y su negligencia, la sociedad y su doble moral que culpa a las mujeres por no irse ante la primera agresión y no al agresor por violentar mujeres. Pero en todo este contexto hay algo que nos mantiene en pie y con mucha esperanza, y es precisamente que la indignación no es individual; así como me llamó esta primera amiga, nos fuimos buscando y llamando muchas que conocimos a Evelyn hace años; nos buscamos, encontramos, organizamos y juntamos para levantar nuestra voz ante este hecho, para gritar por la que ya no tiene voz, para exigir justicia porque hoy nos falta una, porque no estamos todas, porque con la muerte de Evelyn se murió algo de nosotras.

En una de las tantas entrevistas que dio la señora Doris, mamá de Evelyn, nos envió un mensaje poderoso: “cuando a uno le matan un hijo, se pierde el miedo a todo”. Hacemos propias sus palabras, no podemos ser libres si vivimos con miedo y viviremos con miedo siempre que haya injusticias. Por esto, hoy nos levantamos, escribimos, cantamos, conversamos, marchamos y nos abrazamos para pedir Justicia Para Evelyn y para todas las víctimas de feminicidio; en esta jornada de luto nacional, somos el corazón de las que ya no laten, porque si tocan a una, respondemos todas.

#JusticiaParaEvelyn

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