JBalvin y Ma’G: cómo vender la ideología del éxito social

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En este escrito quisiera hablarles de J Balvin y su más reciente canción «Ma’G». Pues ignorar ciertas realidades de alcance global que damos como «cotidianas», «naturales» y «apolíticas», aplaudidas en las secciones de «entretenimiento», corre el riesgo de impedirnos comprender cómo circulan en masa diversos sentidos comunes que legitiman el actual sistema mundial capitalista.

Contradicciones del mundo de YouTube

Que la reproducción y disputa en torno al orden social vigente se da en plataformas como YouTube es algo patente en las denuncias de abuso sexual contra Dalas Review, la decisión del Rubius —caracterizado por vivir en la extrema pobreza— de irse a Andorra para pagar menos impuestos, las opiniones de Ibai sobre la necesidad de invertir en algún momento el dinero acumulado, los «chistes» y comentarios machistas que a diario reciben mujeres como Arigameplays y WindyGirk o la promoción por parte de Luisito de un mezcal con la aterradora frase: «Tus nalguitas serán mías». Respecto a la última publicación, cabe recordar que Luisito la acompañó con la aún más aterradora expresión: «Avisada estás».

En general, y a pesar de la multiplicidad de posturas políticas sobre asuntos como los derechos reproductivos, las diversidades sexuales o la corrupción política, prima en el mundo de los youtubers —aparte del machismo— una concepción liberal-meritocrática del éxito social: si te esfuerzas lo suficiente y sigues ciertos pasos podrás alcanzar el éxito, como aconsejó en su momento Danna Alquati. Las reflexiones sobre el funcionamiento de la estructura social, el azar de las condiciones iniciales, las diferencias de posición social y las asimetrías de las relaciones de poder son, más bien, una extrañísima excepción en este «circunmundo».

La crítica de Alvinsch a J Balvin

En ese orden de ideas, es valioso el esfuerzo de Alvinsch —sí, en el mismo YouTube— de analizar la obra del reguetonero J Balvin no desde una óptica estrictamente musical, sino desde la ideología política que sus canciones constantemente performan y que, precisamente, ilustran la difusión en masa de ideologías y sentidos comunes afines al orden social capitalista vigente.

De acuerdo con Alvinsch, después del surgimiento de MTV en 1981 «tanto la imagen como la personalidad de los músicos se terminaron volviendo parte de su obra». Esta innovación técnica no hizo más que potenciar lo que ya era una industria musical, que comenzó a incorporar la riqueza del lenguaje audiovisual para transmitir sus mensajes a millones de consumidores alrededor del globo.

En ese sentido, lo que hace J Balvin, ya en el mundo de Instagram y las redes sociales, no es meramente crear música para que todos/as gocemos en medio de nuestras diferencias sociales del privilegio de perrear, sino vender un estilo de vida imposible de lograr para la gran mayoría de la población del planeta, vender y performar una visión exacerbada del american dream. ¡Él mismo es ejemplo de que la pobreza es mental, el ascenso social se logra con trabajo duro y el problema eres tú y no el funcionamiento del sistema! Así pues, el mensaje de la obra de J Balvin cumple amplias funciones de hegemonía:

Si eres pobre es porque quieres, porque obtienes lo que trabajas, porque vives lo que sueñas. Eso nos dice J Balvin. ¿Desigualdad social? ¿Qué es eso? Captura de pantalla del video de Alvinsch, de YouTube

Y es que basta ver cualquier video de J Balvin para entender, como bien recrea Alvinsch, los modos en que, a través del lenguaje audiovisual, el reguetonero —y lo que él representa— ejerce poder simbólico, patriarcal o de clase. Cada uno de sus videos está cargado de símbolos y marcas de poder y estatus social —con él como protagonista y principal beneficiario— que reproducen jerarquías y desigualdades sociales del sistema mundial capitalista. Pero, más aún, él mismo vende el sueño de ejercer estas relaciones jerárquicas a millones de consumidores alrededor del globo, muchos de barrios populares. Sin embargo, esto no es más que humo.

Quisiera terminar este apartado citando extensamente a Alvinsch:

«El mito inspirador de que el que sueña puede con trabajo duro tenía un subtexto, porque si el trabajo duro y luchar por los sueños da resultado a cualquiera es porque hay justicia en el mundo y no porque el sistema esté arreglado para beneficiar a unos pocos y empobrecer a la mayoría. Y si el sistema no es corrupto, si el sistema es justo pero yo no he logrado mis sueños, el problema está en mí, es mi culpa, la pobreza es mental.

El mensaje central de la propuesta artística de J Balvin y de Maluma y de muchos otros cantantes pop [como Camilo] en el fondo era un mensaje… político».

¡Así es! En el fondo de esta formación hegemónica de la industria musical está la idea política de que el mercado, compuesto por individuos maximizadores abstractos y sin brechas sociales, es la mejor forma de asignación de recursos. La ideología del libre mercado no impera en la actualidad gracias al trabajo de ideólogos e intelectuales «libertarios» como Gloria Álvarez o el hoy apagado Daniel Raisbeck, sino gracias a la constante performance de productos humanos y culturales como J Balvin.

J Balvin vuelve a Castilla, Medellín, «el barrio que lo vio crecer»

El pasado 27 de febrero de 2021 J Balvin publicó en YouTube su más reciente videoclip: Ma’G. La grabación estuvo marcada por una pequeña discusión en enero de 2012 alrededor del hecho de que J Balvin volviera al barrio Castilla, Medellín, a bordo de un ferrari amarillo. Así la cuenta de Twitter @PremiosPopis ironizó al respecto:

Captura de pantalla tomada de El Tiempo

Este volver en un ferrari al barrio pobre y desigual que lo vio crecer no es gratuito: hace parte de las marcas de estatus con las cuáles él pretende diferenciarse de los pobladores del barrio Castilla y a partir de las cuales entablará relaciones desiguales. Él tiene que dejar en claro quién es J Balvin ahora. El video de Ma’G, de un narcisismo sin parangón, profundizará una y otra vez sobre esta idea mediante el lenguaje audiovisual.

La forma de cubrir el lanzamiento de este videoclip de trap parte de que hay secciones de «entretenimiento» cuya función es edulcorar y adobar el producto musical para que llame la atención y sea consumido. De Ma’G El Espectador publicó que es una «canción con la que [J Balvin] vuelve a sus inicios de rap, en la que hace un viaje en la búsqueda de su identidad». ¿Búsqueda de identidad? ¿Volver a sus inicios? Miremos…

J Balvin nos deja claro que su posición social se debe a su propio mérito: «Estamos rompiendo, ma’ G / Fuerte como Tyson, ma’ G / Siempre celebrando, ma’ G / Cuando nadie me la dio yo me la di, ey, ey, ey». También se compara con Mike Tyson, Cristiano Ronaldo o Lionel Messi, representantes globales del mito del trabajo duro, pero en el campo del deporte. Y, cómo no, agradece a diosito.

El videocliup lo representa como un elegante hombre de negocios. Después, en el mismo video, disfrutará junto con otros hombres de negocios del privilegio de divertirse y tomar un trago caro. Captura de pantalla de YouTube

La letra de la canción moviliza distintas marcas de estatus. No habla de la búsqueda de una nueva identidad, sino que confirma que J Balvin cumplió el sueño y pertenece a la minoría planetaria que consume una y otra vez productos suntuarios: «Yo tengo Louis Vuitton hasta las Crocs / Haciendo money a lo nivel pro / Tú recogiendo monedas a lo Mario Bros». Él es exitoso, produce su propio dinero, en cambio, quienes critican su éxito o no creyeron en que él podía ser exitoso, no; mendigan, recogen las monedas —esto no es más que decirles o decirnos que somos unos pobres resentidos sociales—.

En parte, J Balvin también hace alarde de que es capaz de comprar y producir su propio éxito. Esto se confirma en otros versos tales como: «Mi álbum lo hizo Murakami, Tainy y Sky» —en alusión al artista japonés Takashi Murakami, responsable de la propuesta artística-visual del álbum Colores—.

Es decir, J Balvin vende la misma identidad exitosa y acrítica de siempre; para ello, moviliza su capital y ejerce poder para silenciar a sus «envidiosos críticos». ¿Búsqueda de identidad? No. El videoclip solapa identidades hegemónicas que confluyen en la idea de éxito social: por eso el J Balvin de barrio y pretendidamente más gangsteril y popular usa ferrari y está acompañado por una mujer atractiva llena de joyas:

Quienes rodean a J Balvin aparecen como un fondo que ilustra su poder. Son como sombras amenazantes y danzantes con tapabocas. Y más al fondo están las casas pobres con sus habitantes pobres. En esta captura sólo J Balvin y la mujer que ostenta sobre el ferrari son visibles, tienen rostro. Captura de YouTube.

Al tiempo, el J Balvin más elegante y capitalista se regodea con sus «panas» en una aparente reunión de negocios, pero cuyo centro sigue siendo la celebración y el consumo de alcohol caro. ¡Cómo no! Si su capital social está conformado por grandes figuras del poder mundial: «Normal, hasta Obama me bendijo / Que sus hijas son fanáticas me dijo», «Tengo panas que son jeques en Dubai». El reguetonero es consciente de que su posición jerárquica la ejerce a nivel global.

No te merecemos, J Balvin. Gracias al capital eres tan sofisticado. Perdóname por ser tan envidioso. Seguramente deseo el estilo de consumo ilimitado que nos tiene al borde del desastre climático. Captura de pantalla de YouTube

¿Búsqueda de nueva identidad? No. Constitución de una subjetividad capitalista que viene «de abajo» y que a día de hoy es millonaria.

Conclusiones

El mensaje de su video y de su performance en general es profundamente político. Logra con la producción de deseo, pero no solamente deseo sexual, vendernos el sentido común de que, si nos esforzamos lo suficiente, su estilo de vida puede ser nuestro estilo de vida. El perreo es sólo una pequeña parte dentro de la producción del gran deseo de consumir y consumir y, a partir del consumo, aumentar nuestro estatus, por ejemplo, en una farra. El poder simbólico de su obra orienta nuestras representaciones de mundo y la forma en que nosotros/as nos percibimos y actuamos sobre él. El producto J Balvin es formador de cultura política.

Y es que, como decía el politólogo Paulo Ravecca respecto a la hegemónica political science usamericana, «si el intelectual [y en este caso el artista] deja de impugnar el orden de cosas vigente eso implica una aceptación del mismo». Pero en este caso no se trata sólo de que J Balvin no impugne el orden social, sino que lo defiende y promueve de forma activa, casi que silenciosamente.

Lo más triste de todo, y lo que quizá sea el trasfondo de su depresión, es que J Balvin, quien considera que Uribe y Duque son «bacanes», es otra marioneta más de poderes y estructuras mundiales precarizadoras más grandes que él y cuya dimensión tal vez no alcanza a dimensionar. O silencia conscientemente a su favor…

Pero ya sé que algunos dirán que sólo soy un envidioso mientras desde Instagram somos alimentados por la ilusión de un estilo de vida que jamás podremos alcanzar, pero que construyen como deseo.

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