Un mensaje a Mateo Gutiérrez tras un año de detención

Bogotá, 24 de febrero de 2018. Estudiantes del departamento de sociología le enviaron esta conmovedora carta a la ciudadanía y a Mateo Gutiérrez León, estudiante de dicha carrera en la Universidad Nacional, detenido por presuntamente hacer parte del Movimiento Revolucionario del Pueblo -MRP- el pasado 23 de febrero de 2017.

 

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Es acusado de concierto para delinquir; hurto calificado agravado; terrorismo; y fabricación, tráfico o porte ilegal de armas, sin embargo, las pruebas en su contra no son coherentes, ni concluyentes, razones por las cuales, su familia y amigos señalan que se trata de un falso positivo judicial.

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A continuación reproducimos la carta:

 

“… Todas las cárceles tienen un denominador común que nos es harto conocido: sus muros altos y gruesos, su aislamiento de la realidad social, su silencio y su misterio. Es verdad que los muros de las cárceles impiden evasiones (y digo evasiones sugiriendo con ello que reprimen la mayor y más dulce expresión de la libertad). Sí, pero también esos mismos muros impiden ver lo que dentro ocurre, creándose un clima de impunidad.”
X. Tarrío

A un año de la captura de Mateo Gutiérrez León:

Tras haber transcurrido 365 días de este montaje judicial realizado por el Estado Colombiano en pro de favorecer sus intereses y discursividades políticas, nosotros, sus familiares y amigos, hemos aprendido y entendido unas cuantas realidades en este largo camino. Realidades que nos parecen importantes poder compartir con quienes deseen oír:
Aprendimos no existen muros o rejas lo suficientemente grandes para encerrar el cariño, la fuerza, la audacia y las ideas de aquellos a quienes queremos y apoyamos sin importar la dificultad. Así, agradecemos profundamente a cada una de las personas que ha estado al tanto del caso demostrando su completa solidaridad y compromiso; un compromiso donde más allá de los mensajes de apoyo y sus palabras, que son importantes, se refleja en sus actos y la nobleza de estos.

Aprendimos es necesario hablar alto, fuerte y claro. Comprendimos la necesidad de ir más allá de las ya repetidas palabras, hoy no hablamos de una captura injusta, no porque no lo sea, por supuesto lo es, sino porque no es posible hacer un llamado a la justicia en un sistema donde se encarcelan diferencias, se intimidan testigos y se asesinan compañeros dedicados a causas tan sociales y humanas como lo son la defensa por la tierra, el agua y la vida.

Aprendimos que el caso de Mateo no es sencillo, ningún proceso lo es, somos concientes de las dificultades que este ha tenido: dilatación de tiempos, posposición de audiencias, malos manejos mediáticos de la información y otros, aun así, aprendimos lo que somos y lo que no. No somos terroristas, ni ideólogos del mal, pero sí somos demasiado molestos para aquellos que se autoreconocen como dirigentes del “país de la paz” y es por ello que, históricamente, se nos ha decidido incriminar, torturar, encarcelar y en el peor de los casos asesinar, sin embargo, hemos aprendido a ser sensibles y por tanto más críticos frente a la sociedad.

Entendemos se quiera saber de Mateo, él se encuentra bien, pero no queremos hablar de lo que es o no como individuo porque quienes le conocemos sabemos de su carácter, fuerza y afecto. Queremos hablar de lo que ninguno de nosotros conocía, del monstruo carcelario en el que junto a él se encuentran miles de colombianos quienes ya sea por su condición social, política, racial o de género, son víctimas de escasas condiciones de alimentación, salubridad y cuidado.

Entendemos que este proceso basado en un montaje judicial habrá de caer por más irregularidades y prórrogas que intenten darse, la pasada audiencia de febrero lo demostró tras ser negado el testigo llevado por la Fiscalía, pero también entendemos que, si bien celebraremos tenerlo en casa, las aulas, los bares y las calles, no nos olvidaremos de aquello que conocimos y la constante necesidad de ayudar a construir un país no represivo ni discriminativo.

Entendemos Mateo no fue el primero y tristemente tampoco será el último en ser víctima del sistema judicial, sabemos los cuerpos pueden ser encerrados, pero creemos nunca se podrá encerrar la libertad, rebeldía y amistad. Finalmente, lo más importante es entender que no han sido 12 meses sin Mateo, sino que han sido 12 meses junto a la otra cara del país que en un momento nos negamos a observar; aquellos hombres y mujeres quienes por una u otra razón tejen su vida en torno a grandes condenas, pero continúan siempre dispuestos a seguir siendo padres, madres, hermanos, hermanas, hijos, hijas, amigos y amigas.

Por ello hoy, 23 de febrero de 2018, tras todo lo aprendido y entendido, podemos decir -No somos Mateo, Mateo es uno de nosotros- y en ese sentido afirmar que -No estamos todos, faltan los presos políticos, los desaparecidos, los desplazados y los asesinados-.

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