Un programa para recuperar el futuro

Con evidente entusiasmo la campaña al 2022 empezó antes de lo esperado, esto se le puede atribuir a lo mucho que está en juego en medio de la crisis innegable que vive el país por causa de la pandemia; sin lugar a duda, el desarrollo económico y social hace parte de las cuestiones fundamentales que entran en la contienda electoral, pero, ¿cómo recomponer una sociedad devastada por el COVID-19, la violencia, las mafias y el autoritarismo?

Justamente en el camino y en la respuesta a esta pregunta puede estar la clave esencial para garantizar una convergencia eficaz; articulándose sobre las necesidades del país y no, sobre el interés particular proveniente de la supervivencia política.

Roy Barreras en la carta dirigida al Partido Verde en días pasados, no pudo ser más certero con el denominado “centro político”, pero también, el sentido de sus palabras, es un llamado de atención para todo el campo alternativo y las izquierdas. Evidentemente no son tiempos para ser blandos, gaseosos o indefinidos. Y allí, en torno a las conductas oscilantes, hay problemas fundamentales que merecen todas las proposiciones para salir de los problemas del desarrollo y la desigualdad, pero también, de los retos propios de las agendas emergentes de las mujeres, los jóvenes, el ambiente, el cambio climático y por supuesto, las perspectivas democráticas que éstas por naturaleza conllevan.

Una sociedad desigual y violenta que fue golpeada aún más por la pandemia, no puede continuar normalizando que el rico sea más rico, que el Estado se convierta en el motor del autoritarismo, que las masacres se constituyan como condena al pasado, que el país siga sometido a vivir por sentencia a no tener derechos, o lo que es peor, que se tenga que elegir entre el virus o el hambre. Oponerse a este desastre merece de todo el esfuerzo y vitalidad para recuperar el futuro hoy incierto, con un sentido de realidad, un sentido de capacidad y un sentido de transición.

Construir estos sentidos pasa por brindar garantías y seguridad para tener mayor igualdad, ampliando la garantía de derechos junto con el acceso a bienes y servicios que permitan condiciones dignas, para adquirir una capacidad productiva que desencadene una economía cuidadora de la vida, para reorientar la distribución de la riqueza con el fin de generar un sistema de ingresos ocupado de lo importante en clave de desarrollo humano y social, para que los más ricos adquieran un compromiso tributario de acuerdo a su condición y para que exista una seguridad del entorno en el que vivimos con una agenda clara sobre el cambio climático. Hoy, disputar el futuro pasa por determinarse sin ambigüedades a superar los retos de la desigualdad y pobreza.

Un programa real, con capacidad y con sentido de transición, no es solo para pensarse la victoria en el 2022, es para pensarse y definirse por recuperar el futuro para la vida, la democracia y la felicidad; un programa que requiere de ingenio, diálogo, participación y, sobre todo, determinación; un programa y un futuro, que depende de las decisiones que podamos tomar ahora. ¡Construyámoslo!

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