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No es desorden, es poder popular: El llamado de Petro frente a las élites y sus intentos de golpe

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Hoy, 11 de octubre de 2024, el presidente ha convocado a concentraciones en plazas de todo el país para demostrar a las élites que sus intentonas golpistas no tendrán éxito, pues el pueblo lo respalda. Inmediatamente, surgieron voces del periodismo corporativo manifestando su hartazgo e, incluso, su asco hacia esta constante convocatoria a las calles y el poder popular, criticando que el presidente, como jefe de Estado, debería comportarse “a la altura de la dignidad” del cargo.

Los titulares repiten incansablemente la supuesta “falta de método” del presidente, aluden a que sus discursos son “aéreos” o insisten en que debería hablar más del Cauca y menos de Palestina. Estos ataques no son sólo contra Petro, sino también contra el proyecto de cambio que lidera. Las mismas voces que critican el poder popular son las que han pasado años quejándose de los mecanismos constitucionales, como las consultas populares y previas, tachándolas de obstáculos para el “desarrollo” y el “crecimiento económico”. Son esas mismas voces que se incomodan ante un Congreso con más mujeres racializadas, jóvenes y líderes de organizaciones campesinas, indígenas y afrodescendientes que resisten y proponen alternativas al proyecto neoliberal de muerte desde cargos de responsabilidad en ministerios y departamento administrativos. 

Son también esas voces quienes defienden la “santidad objetiva” de la junta directiva del Banco de la República y piden constantemente el regreso de la tecnocracia formada en los Andes para servir a los dueños del país. No pueden aceptar que tecnócratas al servicio de la democracia popular, comprometidos con la democracia, lideren el Ministerio de Comercio o el de Minas y Energía que es importante decirlo es un ingeniero de la universidad pública. Les desconcierta que haya tantas mesas de paz abiertas en busca de la paz total, y extrañan la “sobriedad de Santos”, quien tardó ocho años en llegar a un acuerdo con las FARC, dejando conflictos sin resolver, como en los nueve procesos de paz anteriores de los últimos 40 años, que no tocaron las raíces de nuestra guerra. Porque nunca les ha importado silenciar de manera definitiva los fusiles en Colombia.

No entienden la urgencia de reformar la estructura del Estado para que los recursos públicos dejen de beneficiar exclusivamente a los grandes grupos económicos y, en su lugar, se destinen a garantizar los derechos humanos de los ciudadanos humildes. Esta incomprensión surge porque, a diferencia de la mayoría, quienes atacan el proyecto de Petro tienen asegurados esos derechos (o eso les han hecho creer): no conocen el hambre, la falta de acceso a la salud, la incertidumbre sobre si tendrán una pensión o cómo sobrevivirán el próximo semestre con sus trabajos de mierda.

Constantemente se burlan del presidente, lo caricaturizan, y aseguran que sus políticas y objetivos que intenta fijar como jefe del Estado son imposibles, sueños irrealizables para ellos y ellas. Pero esto no es desorden, es diversidad; es el poder popular tomando forma en el Estado. Es un proceso en curso que solo lleva dos años. Lo que perciben como caos es simplemente el miedo de los de arriba ante la fuerza de los de abajo que buscan democratizar la vida en su totalidad. No es desorden; es la tensión entre los tiempos de la acción colectiva y la burocratización institucional, algo que no se resuelve con un CONPES, y eso los desestabiliza. Su miedo se traduce en constantes llamados a la “gobernabilidad,” que en realidad es un llamado a “dejarnos gobernar,” a reducir la democracia a sus propios intereses, poniendo muros frente a las aspiraciones de igualdad, libertad y fraternidad que sustentan la legitimidad de cualquier república moderna.

Por eso, el presidente Petro ha pasado casi un año haciendo un llamado constante a activar el poder constituyente que reside en el pueblo, instándonos a asumir nuestra mayoría de edad y a organizarnos para reclamar nuestro espacio en la toma de decisiones públicas. Reitera que avanzará tanto como el pueblo lo acompañe, y por ello nos corresponde a nosotros hacer nuestra parte.

Es precisamente esta conexión con el poder popular lo que permite a este gobierno afirmar con orgullo que no ha necesitado reprimir con la mutilación de ojos o el asesinato de personas a quienes protestan en su contra para ejercer autoridad. Esa sintonía con la diversidad popular se demostró hace apenas unas semanas, cuando el gobierno, en lugar de ceder a las presiones de los dueños del negocio del transporte, se comunicó directamente con los camioneros de base para construir junto a ellos rutas de resolución de sus necesidades sin permitir que otros usaran sus movilizaciones para desestabilizar.

Es esa sintonía con el pueblo que le permitió a este gobierno por primera vez en 20 años de seguridad democrática demostrar una preocupación real y no hipócrita por la fuerza pública que está compuesta de hijos del pueblo y mejorar sus condiciones materiales desde las raciones de comida hasta las mesadas de los retirados.

A un día de conmemorar el 12 de octubre de 1492, debemos reivindicar la diversidad del pueblo, que ha resistido a las élites, quienes hoy luchan con rabia por aferrarse a un poder que ya no les pertenece. Debemos seguir defendiendo desde nuestras trincheras las victorias alcanzadas y seguir avanzando para mantener el gobierno después de 2026. Es imperativo consolidar un partido democrático y unitario que trascienda los límites del marco liberal que esas élites hipócritas nos quieren imponer y lograr mayorías absolutas en el Congreso, para dejar de depender de aquellos tibios que también nos desprecian.

¿Y la ética periodística en dónde está?

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La Oreja Roja, medio de comunicación alternativo y crítico, decidió publicar una crítica a Lady Noriega por la forma como se refirió a la industria del modelaje webcam y su relación con las cirugías estéticas en una entrevista guiada por la periodista Eva Rey en su canal de Youtube “Desnúdate con Eva”. 

En dicha publicación, la Oreja Roja acusa a Lady Noriega de normalizar la infantilización y la sexualización de niñas y mujeres, debido a que en la entrevista Noriega comenta que al consultorio de su esposo Rodolfo, quien es cirujano estético, llegan muchas modelos webcam con exigencias de transformación de su cuerpo según lo que el mánager haya decidido. Noriega relata que las tendencias en cirugías estéticas dependen de las demandas del mercado y, en ese sentido, son quienes manejan la industria de modelaje webcam quienes determinan qué cuerpo debe ser transformado para lucir más virginal e infantil y cuál cuerpo debe ser transformado para ser la “buenota” voluptuosa. 

Al leer la publicación y ver el extracto del vídeo que la Oreja Roja publicó pensé que Noriega estaba denunciando esa realidad, no promoviéndola, pero reconocí que era difícil inferir la posición política de ella frente al asunto sin tener el contexto completo de la entrevista, por lo cual fui a Youtube a buscar la entrevista completa. 

Mi sorpresa fue mayúscula al evidenciar que ese fragmento, en el cual se había concentrado la crítica hacia Noriega, no era el peor de la entrevista. Después de hablar al respecto, Noriega relata cómo fue su “primer encuentro sexual” con su esposo. Ella, sin poder nombrarlo, relata lo que fue un presunto abuso sexual. Dice que él le puso una trampa al invitarla a una boda y decirle que no podía reservar dos habitaciones, sino sólo una; ella decidió pasar la noche con sus amigas, pero al ir a la habitación al siguiente día para vestirse “yo cuando vi fueron 85 kilos encima de mí, estripándome. Yo dije Dios mío, cómo me voy a escapar ahora de esto” (min 17:15-17:24). Ella misma manifiesta que no sabe cómo nombrar esa experiencia. Dice: “eso fue medio… yo no tendría una palabra para eso, porque es como cuando tú quieres, pero no quieres y yo no he encontrado una palabra para definir esa situación” (min 17:32-17:44). Esta imposibilidad de nombrar su experiencia es una consecuencia de la injusticia epistémica, pues no dotarnos de herramientas conceptuales para nombrar nuestras experiencias es una forma de mantenernos en la imposibilidad de darle sentido y denunciar las injusticias. Cuando se nos niega el conocimiento de que X es X y como consecuencia no podemos nombrar la experiencia somos víctimas de una injusticia relativa al conocimiento. Eso es lo que se evidencia en ese fragmento: Noriega no cuenta con las herramientas conceptuales que le permitan nombrar su experiencia de presunto abuso sexual como tal. 

Al ver el vídeo mi indignación creció exponencialmente y no hacia Noriega, como lo pretendía la Oreja Roja. Mi indignación fue contra los periodistas. Por un lado, contra Eva Rey, quien la entrevistó y en medio de ese relato su actitud consistió en reírse, preguntarle si la experiencia había sido buena, si había llegado al orgasmo y además aplaudir al presunto abusador diciendo que era un “crack” por haber logrado incluso casarse con Noriega. Por otro lado, mi indignación fue contra la Oreja Roja al preguntarme ¿cómo es posible que ellos hayan planteado una crítica con herramientas teóricas feministas contra Lady Noriega después de haber escuchado ese relato? Es decir, me pregunto qué pasó por la cabeza de los periodistas con formación feminista que escucharon la entrevista y en lugar de fijarse en el relato de presunto abuso sexual se hayan concentrado en lo que ella dijo y, además, hayan decidido que era buena idea lanzarla al escarnio público para que fuera criticada por supuestamente promover la pedofilia. 

Ella no es la que cuenta con las herramientas epistemológicas del feminismo para nombrar la experiencia y eso queda claro en el vídeo. En teoría los periodistas sí son quienes deben tener esas herramientas, especialmente cuando tienen la autoridad para plantear una crítica feminista. ¿Qué sororidad puede evidenciarse en tomar un vídeo en el que alguien relata una posible victimización para convertir a esa posible víctima en objeto de crítica? 

Por supuesto que ser víctima no nos quita responsabilidad sobre lo que decimos. Nuestras ideas pueden ser criticadas. No obstante, la responsabilidad periodística exige que analicen las consecuencias de poner el foco en X o en Y, de visibilizar determinado producto o de lanzar críticas contra alguien. ¿El contexto era el oportuno? Al ver el vídeo con lentes púrpura queda claro que se trata de una persona que no sólo ha normalizado la industria sexual y la objetivación de los cuerpos femeninos (que hace parte de toda la industria sexual. No puede existir la industria sexual sin la mercantilización y cosificación de los cuerpos de las mujeres) para cumplir fantasías masculinas, incluso si esas fantasías incluyen una apología a la pedofilia. Sin embargo, así como hay una normalización de esa cosificación y de la pedofilia, también hay una normalización de la cultura de la violación que no entiende que sólo el “sí” entusiasta y deseado es un sí. Esa normalización, que es parte de nuestra cultura, no es responsabilidad de Noriega, sino que incluso la victimiza a ella. La sororidad nos exige que podamos entender el contexto que produce las subjetividades de las mujeres y no señalarlas a ellas, sino al contexto que produce lo problemático que ellas dicen o encarnan, especialmente cuando son víctimas de eso mismo que ellas normalizan.

Dicho lo anterior, escribo desde la digna rabia, porque considero que el trato que se le dio a la entrevista de Noriega fue completamente falto de ética e injusto por parte de los periodistas, al ponerla como objeto de crítica y estimular así que en lugar de ser reconocida como víctima, fuera criticada (basta con ver los comentarios en la publicación, en los cuales algunos hablan muy mal de ella y la revictimizan al culparla por no poder ver que su experiencia fue abuso y defender a su presunto agresor e incluso casarse con él). Si esas palabras hubieran sido en otro contexto, con otro vídeo, cuestionar ideas problemáticas está bien. Pero no es ético citar un vídeo en el que ella relata un posible caso de violación en el que ella fue la víctima y tomarlo para invitar al público a que la critiquen. Se puso el foco en lo indebido, se le dio visibilidad de una manera errónea y se produjo una indignación contra ella en lugar de una indignación contra el agresor. 

En consecuencia, desde mi perspectiva, lo mínimo que deberían hacer tanto Eva Rey como la Oreja Roja es disculparse públicamente con el público y con Noriega por el pésimo enfoque que le dieron a la entrevista. De igual manera, invitar al público a la reflexión sobre la normalización de la cultura de la violación, que es la misma que normaliza tratar a los cuerpos de las mujeres como objetos de acceso para los hombres usando herramientas de coacción como el dinero, la fuerza o la presión. En definitiva, deberían asumir una actitud responsable y autocrítica frente a lo hecho, pues revictimizar a las víctimas atenta contra su dignidad. 

Humor de derechas

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Si bien conocemos la sátira política y su influencia directa en la reinterpretación de un contexto ideológico polarizado y diverso, ¿podríamos aventurarnos a lanzar un concepto como humor de derechas? ¿Es plausible vincular dicha idea al tejido nacional? Al parecer el humor como cualquier otra función del lenguaje, se determina por elementos sociolingüísticos que nos ubican en parámetros culturales propios de x o y grupo que hace parte de la estructura nativa. 

Un humor bien elaborado, se encauza en la exposición y retroalimentación intelectual. Cuando la comicidad recae en señalamientos físicos y de naturaleza propia a la integridad individual, presenciamos la más burda y miserable configuración de lenguaje. En este sentido, nuestro país no ha sido la excepción. Los youtubers, cada vez buscan la forma más denigrante de construir contenido. La lucha sin cuartel por los likes, y los posibles seguidores que moneticen y sostengan la reputación de sus canales, ha convergido en la forma más ramplona de crear contenido hilarante. 

Es en este punto, donde podemos recordar lo que nos plantea Henri Bergson en su interesante obra La Risa, en la cual nos enuncia lo siguiente: “La risa no tiene peor enemigo que el sentimiento. No digo que sea imposible reírnos de una persona por la que sentimos lástima, por ejemplo, o afecto, sino que por un momento es necesario olvidar ese afecto, callar esa lástima. En una sociedad de inteligencia pura probablemente no lloraríamos, pero reiríamos aún; las almas invariablemente sensibles, concedidas al conjunto de la vida, en las que todo evento se prolongaría en una resonancia sentimental, no conocerían ni comprenderían la risa” (Bergson 10). 

La anterior cita, es simplemente la forma más objetiva de asumir la construcción de un humor ético y digno. Bergson es categórico al referirse a una sociedad de inteligencia. En este sentido, el chiste o la broma, por más cáustico que sea, debe recaer en la figura de un mundo posible como telón de fondo a nuestra patética existencia y no todo lo contrario, revictimizar nuestra presencia como motivo de burla socarrona. 

La derecha ha sido bastante particular en este apartado. La falta de oportunidades, carencia material, raza, físico, entre otros aspectos inherentes a la maltratada condición social, hacen parte de su fuerte repertorio. Cada vez es más notable la ausencia de agudeza intelectual y de argumentos, para crear una sátira que reinterprete la condición social como un motivo de burla, que se disfrace en la ambigüedad para el deleite de todos, y no como un código de lenguaje estratificado de aquellos que viven holgadamente gracias a la existencia del ciudadano de a pie. Citando nuevamente a Bergson, “Nuestra risa es siempre la risa de un conjunto. Seguramente les ha ocurrido en un vagón o una mesa escuchar a unos viajeros compartir historias que para ellos son divertidas puesto que se ríen de buena gana. Ustedes se reirían con ellos si fueran parte del mismo grupo. Pero al no serlo, no les provocan ninguna risa” (Bergson 11).

En definitiva, el humor no es más que la manifestación comunicativa del grupo social al que deseamos aspirar. Resulta curioso ver cómo algunos mal llamados humoristas, cambian su perspectiva cómica, sencillamente para vincularse a valores de la élite tradicional del país. Si en algún momento fueron contestatarios, era simplemente la mejor actuación comercial para vender sus chistes flojos. 

Como en algún momento lo expusiera el gran humorista George Carlin, en Las Paradojas de Nuestro Tiempo, “tenemos edificios más altos y temperamentos más cortos, carreteras más amplias, pero puntos de vista angostos (…) multiplicamos nuestras posesiones, pero reducimos nuestros valores humanos”. Es como si el lenguaje mismo de la comicidad, nos hiciera un llamado a controlar nuestro idiota interno. Al mismo tiempo que nos ruega refrenar al homofóbico, el clasista, el machista, el racista y demás personalidades desatinadas que convergen en nuestro fuero interno al momento de hacer uso de un supuesto espíritu burlesco.

En algún momento el mismo Padre del psicoanálisis Sigmund Freud, acertó al enunciar sobre el chiste, “Es fácil colegir aquel carácter del chiste con el cual se relaciona la diversidad de reacción del oyente frente a él. Unas veces el chiste es fin en sí mismo y no sirve a un propósito particular, y otras veces se pone al servicio de un propósito de esa clase; se vuelve tendencioso. Sólo el chiste que tiene tendencia corre el peligro de tropezar con personas que no quieran escucharlo” (Freud 85). Podemos deducir en el lenguaje freudiano, que el chiste siempre pretende buscar una reacción puntual en su audiencia. En nuestro territorio, su carácter tendencioso ha sido normalizado. La derecha burlona, siempre ha buscado imprimir sus hirientes formas de expresión, explotando las dolencias trabajadoras. Lo que, en respuesta, ha recaído en una afrenta de ofensas interminables, a la mejor analogía de la serpiente mordiendo su cola.

En la expresión: “ser hombre y ser ridículo”, San Agustín nos recuerda la tragicómica situación que nos condiciona sobre el mundo. Se nos es difícil entender, que la risa en su estatus de lenguaje universal, posiblemente proviene de la miserableza más individual. Hecho en sí mismo contradictorio, pero ¿Quién mejor que uno mismo para asumir el humor en toda su plenitud? ¿Necesitamos de portavoces con fines ideológicos y capitalistas miserables que nos recuerden qué debe ser gracioso y qué no? Debemos entender, en palabras de Bergson, “que la risa tiene una significación y un alcance sociales, que lo cómico expresa ante todo una cierta inadaptación particular del individuo a la sociedad, que nada hay cómico sino el hombre” (Bergson 81). Contrario a lo que algunos youtubers mercachifles en busca de eternizar su mediocre performance como los cacaos de los medios nacionales, monetizando su pésimo contenido humorístico (recordemos siempre al mediocre de Daniel Samper). Porque contrario a lo que se opina, no siempre cuando el prójimo deja de conmovernos es que debe empezar la comedia. 

En el momento que el presente artículo estaba en redacción, llega la noticia del Consejo Nacional Electoral y su envite de golpe de estado. Esta hermosa primicia para la gonorrienta derecha colombiana, fue posible gracias a un presunto feminicida y otra rata, quien presuntamente compró testigos para el innombrable. En este caso, como en muchos otros, el chiste se cuenta solo. 

REFERENCIAS

  • Bergson, Henri (2019). La Risa. Editorial Lectorum, México
  • Freud, Sigmund (1960). El chiste y su relación con lo inconsciente. Editorial Amorrortu, Argentina 

            

“Es el inicio de un golpe contra el fuero integral del presidente”: Presidente Gustavo Petro

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Estas son las claves para entender el momento:

  1. El Consejo Nacional Electoral emitió un comunicado en el que se manifestaba la apertura de investigación y cargos contra el presidente y la campaña electoral que lo llevó a la presidencia:

 “La Sala Plena del Consejo Nacional Electoral en sesión de hoy, 8 de octubre del presente año, decidió por mayoría, ABRIR INVESTIGACIÓN y FORMULAR CARGOS a la campaña presidencial de PRIMERA y SEGUNDA vuelta de la COALICIÓN PACTO HISTÓRICO, representada por los ciudadanos GUSTAVO FRANCISCO PETRO URREGO, candidato; RICARDO ROA BARRAGÁN, gerente de campaña; LUCY AYDEE MOGOLLÓN ALFONSO tesorera, MARIA LUCY SOTO CARO y JUAN CARLOS LEMUS GÓMEZ, auditores; al MOVIMIENTO POLÍTICO COLOMBIA HUMANA y al PARTIDO POLÍTICO UNIÓN PATRIÓTICA “UP”; por la presunta vulneración al régimen de financiación de las campañas electorales”.

  1. Gustavo Petro tiene fuero presidencial ¿Por qué? Porque no es un ciudadano común y corriente, ni un ciudadano – candidato, como señala el comunicado del Consejo Nacional Electoral, sino el presidente de la república. Sobre el fuero, tengan en cuenta lo que señala la sentencia C 222 de 1996, de la Corte Constitucional: “La razón de ser del fuero especial es la de servir de garantía de la independencia, autonomía y funcionamiento ordenado de los órganos del Estado a los que sirven los funcionarios vinculados por el fuero. Ante todo se busca evitar que mediante el abuso del derecho de acceso a la justicia se pretenda paralizar ilegítimamente el discurrir normal de las funciones estatales y el ejercicio del poder por parte de quienes han sido elegidos democráticamente para regir los destinos de la Nación. En el caso del Presidente de la República, por ejemplo, éste goza del fuero constitucional consagrado en la Carta” (Subrayado nuestro).
  1. Debido a ese fuero, el presidente solo puede ser investigado por:

– La Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes.

– Acusado por la plenaria de la Cámara de Representantes

– Juzgado por el Senado de la República. 

  1. El Consejo Nacional Electoral tiene un carácter administrativo, no judicial. Sus magistrados son elegidos por los partidos políticos en el Congreso. Los magistrados ponentes vienen, de manera explícita, de la derecha y extrema derecha. Sobre este punto señalaba el senador Iván Cepeda: “Es evidente que la decisión del CNE es inconstitucional e ilegítima. Transgrede el fuero presidencial, fue hecha sin ninguna garantía de imparcialidad, y en su elaboración participó quien es juzgado por la Corte Suprema de Justicia por su presunta participación en un aparato criminal de soborno a falsos testigos y fraude procesal bajo las órdenes del expresidente Álvaro Uribe”.
  2. En su alocución, el presidente controvirtió las acusaciones del CNE,  

“Quiero desmentir las acusaciones contra el CNE; los supuestos aportes de FECODE fueron a la Colombia Humana, no a mi campaña; los supuestos pagos a testigos electorales no corresponden a gasto de campaña, la primera vuelta fue hasta la apertura de urnas de mayo de 2022 y la segunda vuelta presidencial, hasta la apertura de urnas de junio de 2022, el conteo de votos se da después de cerrada las elecciones; todos los gastos de campaña por concepto de propaganda electoral fueron presentados de manera oportuna y fueron certificados por la auditoría contratada del CNE; los magistrados del CNE confunden y mal interpretan los permisos de vuelo, que no fueron utilizados en campaña. Todas las facturas fueron entregadas a la DIAN; el evento de nuestro triunfo electoral después de las elecciones, efectivamente tuvo unos gastos pero ya no hacía parte del periodo de campaña, según establece la ley (…) Por esta razón le hemos solicitado a la Comisión de Acusación en Cámara de Representantes para que haga público de las pruebas testimoniales, documentales e inspecciones judiciales. Es con pruebas que pido mi inocencia”.

  1. ¿Qué es, un golpe suave o golpe blando? A diferencia de los golpes militares del siglo pasado (ejemplo: Uruguay en 1973, Argentina en 1976, Chile en 1973), los golpes suaves se hacen desde la desestabilización del gobierno por vía jurídica o administrativa y mediática. Desde lo jurídico o administrativo, se inician procesos que construyen casos de supuesta corrupción, que en otras circunstancias no tendrían lugar, y desde el poder mediático se configura una matriz de opinión que busca deslegitimar la casi totalidad de las decisiones de gobierno. Esta forma de golpe se popularizó con la reflexión teórica del filósofo de derecha Gene Sharp.

“Hago un llamado a la movilización generalizada del pueblo colombiano para la defensa irrestricta de la democracia (…) Le solicito a todas las organizaciones populares de Colombia, reunirse y decretarse en ASAMBLEA PERMANENTE ¡Es el tiempo del pueblo!” Dijo el presidente Gustavo Petro en su alocución presidencial en la noche del 8 de octubre.

La crisis del pensamiento contra la democrácia universitaria

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Al comenzar a escribir, recordé un mural imponente en la facultad de ciencias humanas de la Universidad, una réplica de la obra de Goya: El sueño de la razón produce monstruos.

El mural mostraba a un hombre rendido por el sueño, rodeado de criaturas que se transformaban en murciélagos, como si estos velaran su sueño. Este análisis simbólico puede verse reflejado en la crisis del pensamiento dentro de las universidades frente a la percepción y comprensión del proceso democrático, la autonomía y el fortalecimiento de las escuelas políticas.

Hace unos meses, el país discutía la elección del rector de la Universidad Nacional, un hecho que le abrió las puertas al debate para entender las formas democráticas que operan en muchas universidades, incluyendo el proceso electoral que hoy se adelanta en la Universidad de Nariño. En sintonía con el debate y como parte de un deber ciudadano es importante que empecemos a estudiar el tema desde tres perspectivas: la apropiación del pensamiento crítico, las reflexiones sobre los métodos de comunicación y el lenguaje en la universidad, y la concepción de lo público. Pues al igual que lo plantea Giroux, las universidades deberían estar inmersas en un “intenso discurso público”. Pero, ¿realmente podemos contribuir a ese discurso? Aquí es donde surge la necesidad del pensamiento crítico. 

Los procesos electorales universitarios heredan tensiones históricas. Colombia ha sido testigo de oligarquías que se han mantenido en el poder durante siglos, por tanto, replicar el ejercicio democrático en estos escenarios trae consigo cuestionamientos profundos de fondo y de forma, así entonces, no comprender la historia y la realidad del país nos deja en la deriva. Por ello, la formación política es esencial y puede provenir del movimiento estudiantil, de organizaciones sociales o políticas, incluso de la autodidáctica, pero debe ser un aprendizaje libertario y revolucionario para no seguir reproduciendo esquemas de desigualdad.

Sin embargo, hay una ruptura entre la formación política y la acción de comunicar. Mientras las organizaciones estudiantiles protegen la costumbre panfletaria y del mitin, la globalización ha impulsado el auge de los memes y las opiniones a manera de comentarios en redes sociales. Este fenómeno plantea una preocupación: la comunicación pierde significado cuando ideas densas se resumen en una frase o imagen, muchas veces cayendo en la mala interpretación o la tergiversación. Habermas hablaba de la “racionalidad comunicativa”, la capacidad de argumentar y justificar puntos de vista críticamente en busca de consenso. Esta habilidad parece esfumarse, y lo que debería ser una discusión profunda se diluye en reduccionismo del debate como el clientelismo o la burocracia, que asumen una perspectiva más personal que política y de paso limitan e ignoran asuntos más problemáticos del liderazgo político en el contexto universitario, tales como modelo de gobernanza, sostenibilidad financiera, internacionalización y regionalización para el desarrollo de los territorios.

Existen asuntos urgentes que no se están discutiendo, como la pertinencia curricular, los procesos investigativos, la base presupuestal de las universidades y las políticas de privatización. Estos temas, junto con la llegada de valores neoliberales a las universidades públicas, amenazan con fraccionar la autonomía institucional. ¿Dónde están los acuerdos de unidad? ¿Cuál es el papel actual del cogobierno estudiantil? Donde quedan materializados los logros alcanzados en la reforma de Córdoba.

La crisis de pensamiento radica en la incapacidad de manifestar lo que se piensa y confrontarlo con lo que otros sostienen. La imagen que proyecta el debate universitario parece vaciarse de perspectiva y enfoca uno de cientos de problemas presentes en los campus. Aunque existen narrativas y representaciones de los memes contestatarios y críticos, es crucial revisar los procedimientos detrás de la difusión de estas ideas, ya que es en este punto donde corremos el riesgo de caer en la manipulación o la mentira, como lo señala Hannah Arendt “mentir constantemente no tiene como objetivo hacer que la gente crea una mentira, sino garantizar que ya nadie crea en nada … un pueblo privado de pensar y de juzgar esta sometido al imperio de la mentira” y en ese trayecto las universidades pueden llegar a perder su valor público*

Hablar de las universidades y sus procesos democráticos no puede ser exclusivo de los estudiantes; los egresados ​​y ciudadanos también deben involucrarse. La crisis del pensamiento que atravesamos es un reflejo de una desesperanza que se arraiga cuando perdemos la fe en el cambio y como buenos hijos de hogares disfuncionales, (en muchos casos) evitamos enfrentar el tema, pero en la universidad no podemos permitirnos esa negligencia, las crisis deben ser estudiadas y resueltas, en una amplia confrontación. El conflicto no debe ser contra las organizaciones estudiantiles, los sindicatos o los gremios de trabajadores. El problema ha de superarse a través de la acción colectiva y el debate constructivo que permita eliminar la mala praxis. Por ello, empeño mi esfuerzo político, pedagógico y epistemológico en alertar sobre esta crisis. Necesitamos desarrollar argumentos sólidos sobre la democracia universitaria para que las acciones utópicas que defendemos se conviertan en algo material y este mal sueño nos lleve a comprender la realidad para transformarla.

La única forma de avanzar es a través de la organización. Aunque las universidades puedan enfrentar innumerables problemas, son las asambleas y los constituyentes primarios quienes pueden proponer un cambio sustancial.  La ignorancia y el desconocimiento no pueden ser una herramienta de ventaja frente a los problemas que enfrentaremos como pueblo, la educación superior debe elevarse de su crisis por medio de la formación continua, es un deber asumir que “la universidad o es una institución crítica, o no es nada”. 

1La Crisis del neoliberalismo contra la educación superior. Giroux, H. A. (2018). La guerra del neoliberalismo contra la educación superior. Herder Editorial.

2La teoría de la acción comunicativa. Habermas, J. (1981). La teoría de la acción comunicativa (Vol. 1 y 2). Madrid: Taurus.

3La mentira como herramienta del poder. Hannah Arendt. Arendt, H. (Arendt, H. (1972). La mentira en la política. Taurus.

4Entiéndase por valor público el acceso equitativo a la educación, la difusión científica del conocimiento, la contribución al desarrollo social y económico de las regiones, el fomento de la ciudadanía crítica, la innovación y la tecnología, entre otros.

5Hall, S. (2020). La universidad neoliberal: Ensayos de cultura política. Capitán Swing.

REFERENTES 

  • Arendt, H. (Arendt, H. (1972). La mentira en la política. Taurus.
  • Gramsci, A. (2009). Introducción a la praxis política gramsciana: hegemonías y contrahegemonías. Ciencia Política, 4(8). https://revistas.unal.edu.co/index.php/cienciapol/article/view/15836
  • Habermas, J. (1981). La teoría de la acción comunicativa (Vol. 1 y 2). Madrid: Taurus.
  • Hall, S. (2020). La universidad neoliberal: Ensayos de cultura política. Capitán Swing.
  • Marx, K. (1845). Tesis sobre Feuerbach. En K. Marx & F. Engels, La ideología alemana. [Editorial o lugar de publicación].
  • McLaren, P. (2000). El Che Guevara, Paulo Freire y la pedagogía de la revolución. Madrid: Siglo XXI.
  • Negri, A. (1999). El poder constituyente. Madrid: Traficantes de Sueños.
  • Federación Universitaria de Córdoba. (1918). La Reforma de Córdoba. Universidad Nacional de Córdoba. 
  • Giroux, H. A. (2018). La guerra del neoliberalismo contra la educación superior. Herder Editorial.

Aprender a descansar

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Hace unos días estaba hablando con una amiga sobre la explotación laboral y lo que es peor, la autoexplotación laboral. La charla fue más una catarsis sobre el cansancio, el capitalismo y una preocupación, tenemos que aprender a descansar.

Las dos sufrimos de este mal por una condición de clase, por supuesto, porque la clase no se pierde con los posgrados, ni con la sensación de movilidad social que estos dan. Hablando coincidimos en que vivimos al límite, el día no nos alcanza y siempre estamos cansadas para disfrutar los ratos de ocio.

A propósito, me acordé de la película El precio del mañana (2011) de Andrew Niccol, protagonizada por Justin Timberlake y Amanda Seyfried. La riqueza se mide con tiempo, los ricos tienen todo el tiempo del mundo, trabajan poco y disfrutan mucho, mientras la clase obrera vive con unas horas al día. Al principio de la película, a Will Salas (Justin Timberlake) un hombre le hereda un montón de tiempo, eso coincide con la muerte de su mamá, así que se va del gueto a New Greenwich, algo así como la ciudad de los ricos, donde viven sin afán, los carros van despacio y él choca con eso, porque está acostumbrado a correr. Come a toda, camina rápido, y se ve acelerado en medio de la calma de los verdaderos ricos.

Esta dinámica de explotación laboral en la que todo es para ya, en la que todo es perentorio y debe ser resuelto inmediatamente, muchas veces por capricho, por sabotear al otro, y no porque sea algo fundamental, se ha convertido en el día a día.

Esta dinámica de explotación laboral en la que todo es para ya, en la que todo es perentorio y debe ser resuelto inmediatamente, muchas veces por capricho, por sabotear al otro, y no porque sea algo fundamental, se ha convertido en el día a día. Entregar documentos que nadie va a leer, hacer conferencias maratónicas a las que nadie va a ir, diseñar cientos de imágenes que en cuestión de una semana se van a quedar en el archivo de Instagram, hacer cosas “urgentes” que no van a tener ningún impacto más allá de engrosar informes sin trascendencia. Es el afán por el afán, para demostrar que se hace, normalizando que en la vida todo debe ser cuantificable.

A este frenesí de resultados, se suma la autoexplotación o el audítate a ti misma. Ambas crecimos mientras la gente se apropiaba torpemente del “trabajar, trabajar y trabajar”, cuando las FARC y la pereza eran los males de Colombia. En el colegio me enseñaron los valores de la clase obrera, como la humildad, la puntualidad y ser una buena trabajadora, a eso se sumaba el bombardeo constante en televisión sobre la importancia de ser productiva y multitareas.

La preocupación por no rendir lo suficiente, la prospectiva, la ansiedad y sobrevivir en la inestabilidad son algunas de las variables que han marcado esta generación de trabajadoras y trabajadores entre los treinta y cuarenta años, también conocidos como viejóvenes. “Dejamos las puertas abiertas” para que en el futuro nos tengan en cuenta y nos llamen, no damos motivos para la cancelación anticipada del contrato, nuestras vidas se enfocan en mostrar resultados, en “trabajar, trabajar y trabajar” para asegurar esos periodos cortos de OPS y todas sus variables.

En ese panorama el descanso termina siendo un momento productivo, los ratos que son dedicados a cosas diferentes al trabajo resultan destinadas a este, como lavar la loza y mientras tanto escuchar un podcast o una conferencia relacionada con el trabajo. «Debemos aprender a descansar. Descansar no es trabajar en otras cosas o ver series mientras trabajamos», me escribía mi amiga —con quien a propósito hace un buen tiempo no nos vemos, en parte por culpa de nuestras obligaciones laborales—.

Me quedó sonando eso de aprender a descansar, así que decidí tramitar parte de mi frustración con este texto. Siempre que hago este ejercicio, después de elegir el tema, sigue una breve exploración sobre qué se ha dicho, quiénes lo abordan, leo algunas cosas y a veces quedo atrapada estudiando sin escribir, pero otras si logro culminar el ejercicio.

De pronto esos consejos a secas le funcionan a quienes viven en New Greenwich, pero a personas de la working class como mi amiga, Will Salas o yo, no son de mucha ayuda.

En la búsqueda me encontré con un artículo publicado en Vogue España: “Cómo aprender a descansar (y no solo dormir)” sobre un libro de Jana Fernández, una divulgadora especializada en bienestar y descanso. Básicamente descansamos si aplicamos las 7Ds: decisión (decidir descansar); disciplina (convertir el descanso en un hábito); deporte (hacer ejercicio); dieta (comer bien); desconectar (no ver tanto el celular); desacelerar (bajarle al acelere); disfrutar (“vivir la vida es la única manera de disfrutarla”, dice ella). Pensé que de pronto el artículo se quedaba corto con respecto a lo que la autora quería decir, así que me vi una charla de ella organizada por BBVA, en la que interactuaba con un señor experto en “marketing, transformación personal y de las compañías” y resulta que no era necesario dedicar esos minutos a ver el video, Fernández no tenía mucho más que aportar, además de los siete tips.

En términos generales, tiene razón, pero a eso le hace falta algo muy importante, la lógica productivista del capitalismo, el posfordismo, y la clase. De pronto esos consejos a secas le funcionan a quienes viven en New Greenwich, pero para personas de la working class como mi amiga, Will Salas o yo, no son de mucha ayuda.

En su libro Realismo Capitalista. ¿No hay alternativa? (2009), Mark Fisher nos da pistas para entender que no basta con las 7Ds de Fernandez para descansar. Al contrario, señala que, el posfordismo consiguió que las y los trabajadores estemos todo el tiempo disponibles, como si nuestra vida fuera el trabajo no existiera y, son precisamente los correos electrónicos o WhatsApp, los mecanismos que se encargan de asfixiar el tiempo libre y arrastrarnos a trabajar. En esta línea, Mark cita a Berardi: «el Capital ya no recluta a las personas, sino que compra paquetes de tiempo separados de sus portadores, ocasionales e intercambiables», esto es, disponibilidad 24/7, acabar con el espacio de lo laboral para que se convierta en la vida misma.

No basta con tomar la decisión de desconectarse, si estoy viendo bordados en Pinterest, si estoy chateando con mis amistades y llega un mensaje del trabajo, inevitablemente voy a pensar en que tengo tareas pendientes y las 7 Ds se embolatan porque, además, entra a operar la autoexplotación, la vigilancia interna. Fernández asume que es nuestra culpa no descansar bien, algo propio del mandato de la responsabilidad ética individual, dejando de lado lo estructural. Descansar parece que debe ser más un acuerdo colectivo que un intento personal.

Tengo que aprender a descansar, a desconectarme del trabajo, ver series sin estar pensando en los pendientes, tomarme la hora completa de almuerzo, llegar a mi casa simplemente a disfrutar el poco tiempo de ocio que me queda, y mientras llega ese acuerdo colectivo, tendré que tomar medidas para poder avanzar en el proceso. Implementaré de inmediato dos, mi nombre en WhatsApp será “¡Alto, no me escriba fuera de horario laboral!”, y la segunda, la respuesta automática de mi correo electrónico dirá “Yo si descanso, le invito a que también lo haga”. Seguro va a generar malestar, pero es algo de esperarse al reivindicar algo tan revolucionario como el derecho a descansar.

¡Camaradas que quieren descansar, uníxs!

De mediocres y asistencialistas

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En un artículo pasado que llevaba por título «El poder del funcionariado conservador en el Estado», me refería a la continuidad de un funcionariado y de un número importante de contratistas en las instituciones del ejecutivo, que reproducen un supuesto concepto técnico sobre la interpretación de las dinámicas administrativas y normativas. Un concepto que, en el fondo o incluso en la misma superficie, está cargado de ideología racista, clasista y centralista, lo que dificulta el avance de las políticas públicas o de las interpretaciones abiertas del ordenamiento legal que contribuyan al cambio —así sea parcial— previsto por este gobierno, siendo en la práctica una zancadilla más que se suma al ataque permanente del poder mediático y de los sectores de la elite alineados a la derecha y la extrema derecha, solo que desde la misma estructura estatal, ya de por sí caracterizada por una configuración histórica desigual y excluyente.

Además de estas dificultades, se encuentran los ejercicios burocratizados de expresiones de la sociedad civil que buscan coptar y acaparar recursos en detrimento de otros sectores, y que se acostumbraron a la política clientilista y gamonal, como también señalaba en «El Estado debe cambiar, pero el movimiento social también debe reformarse». Una lógica de acaparamiento que puede terminar afectando, en últimas, el principio de planeación del Estado. A este entremado de inconvenientes, a los que se adicionan otros de distinto orden, vale la pena señalar uno más. 

Frente al primer punto, hay que precisar que no todo el funcionariado ni segmentos de contratistas que vienen de gobiernos anteriores tienen esta perspectiva conservadora, ni todos los nuevos segmentos de contratistas empujan en la misma dirección del cambio. 

De un lado están quienes ingresan al Estado como las cuotas de siempre, las cuotas que garantizan gobernabilidad en un país clientelista y gamonal, y que llegan sin aportar ninguna perspectiva política y/o administrativa novedosa; del otro, sectores alineados con las aspiraciones del cambio, que trabajan arduamente para impulsar acciones que contribuyan a ganar en justicia social y democracia.

Pero dentro de este sector también se encuentra un segmento mediocre. Se trata de contratistas-votantes. Personas que respaldan al gobierno, que salen a las calles en las convocatorias de movilización por las reformas, que postean en sus redes las imágenes que circulan publicitando las inversiones, los nuevos decretos o los discursos de ministros o del presidente, pero que en su dinámica laboral se caracterizan por el mínimo esfuerzo. Por acoplarse a la práctica básica del burócrata que consiste en «botar la pelota» incluso, cuando una solicitud hace parte de su competencia o está en el rango de sus posibilidades. 

Un tipo de contratista que no acoje el ritmo institucional, y que recuesta sus responsabilidades en quienes asumen el momento histórico y trabajan con compromiso en el gobierno. También, se podría decir que hay otro tipo, se trataría de los que traducen la idea de garantía de derechos en una forma de garantismo asistencialista.

El asistencialismo guarda una relación con la caridad en su concepción de derechos. En este, se concibe a la población subalternizada, empobrecida, racializada o a las víctimas del conflicto, como individuos sin capacidades, ni potencialidades, ni perspectivas de autonomía o de fortalecimiento de su autonomía. Personas a las que es necesario «tomar de la mano», y tratarlas no desde la igualdad sino desde una suerte de paternalismo que minimiza esas posibilidades que proporciona la organización social. Está visión desarrolla una imagen que deshumaniza, que deja de lado toda la complejidad humana, toda la densidad, que también carga ese otro.

En un espacio de trabajo con víctimas del conflicto, recuerdo escuchar a una trabajadora del Estado contar a otra que a diferencia de ese escenario, en otros se habían gastado una importante suma de recursos para pagar un hotel cuatro estrellas y platos costosos, y que, según ella, así se debía tratar a «esas pobres personas» que venían de afuera. Me cuestioné en el momento si realmente en este tipo de actividades se debían ejecutar los recursos públicos para garantizar esa costosa «dignidad» de las personas victimizadas, o si más bien se deberían realizar eventos dignos que pongan el foco en aquellas acciones que realmente implicaran transformaciones territoriales, mejorando instalaciones, fortaleciendo capacidades, etc. 

Pero además este tipo de «garantismo asistencial», que subestima y se para desde la condescendencia, entronca con las formas de exigibilidad de ciertos sectores del movimiento social, étnico y popular que asumen esa exigibilidad como la transacción de recursos que se concentran en burocracias y que no llegan a las bases y sus territorios. Lo anterior dado que el garante asistencial cede ante el recurso vacío que es demandado por el otro que viene de lo subalterno y que en el camino de movilización de años y años, se terminó burocratizando. O también cede ante ese recurso que entrega el Estado desde lo asistencial, sin concentrase en aquellas acciones que fortalecen realmente la garantía de derechos en su sentido integral.

La justicia social, la democratización, no son sinónimos de asistencialismo. El fortalecimiento de derechos implica el fortalecimiento de la organización ciudadana, y también del principio de planeación en función de una distribución equitativa de lo estatal y lo público, basados en un trato fundamentado en la equidad. El clasismo y el racismo nunca tratan al otro subalternizado como igual, porque siempre lo asumen como distinto e inferior. 

Volviendo a los sectores mediocres, vale la pena recordar la famosa expresión de Salvador Allende en su discurso a los estudiantes de la Universidad de Guadalajara en 1972 pero con una modificación: ser  mediocre en un trabajo con el gobierno del cambio y decir que se respalda al gobierno del cambio es una contradicción «hasta biológica». 

Estar con el gobierno del cambio —con todo y sus límites y contradicciones—, en el caso de quienes trabajan desde el Estado, debe suponer asumir el cargo con compromiso y responsabilidad. El sabotaje y ataque permanente a una experiencia inédita en la historia colombiana, y la búsqueda de la continuidad, exigen un trabajo distinto, y no solo una demostración de respaldo que persiga la renovación de contratos.

Maldita guerra, guerra hiju3p3rr4

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Caminar por Caloto, Buenos Aires o Toribio. Por Teorama o Tibú. Por el norte del valle o el sur del Chocó, es una experiencia estremecedora. Es sentir un nudo en la garganta. Hablar con las personas y vivir, por tan solo un momento su vida cotidiana, es suficiente para despreciar el conflicto armado contemporáneo. 

Kilómetros y kilómetros de vías destapadas hechas por la misma gente, o vías en buenas condiciones en las zonas de interés del gran capital legal o mafioso. Gente alegre que le saca chiste a ciertas dinámicas del conflicto armado, pero que no deja de decir «y eso es lo que nos toca vivir a diario» con rabia pero también con resignación. 

Las paredes o las señales de tránsito en las carreteras tienen las reglas de la guerra. Pintas en las que incluso se lee «prohibido ciclistas». Las pancartas, stickers y pintas anuncian no solo la presencia y control sobre la zona, ponen de manifiesto algo más profundo: el control de la cotidianidad. Pero la cotidianidad de la gente parece más fuerte, se resiste pese a todo. Siguen las fiestas, la risa, la minga o los proyectos productivos de base. Aún con el miedo o la prevención. 

El indio, el afro, el campesino, no han estado cómodos con el conflicto, y pese a esto, no dudan en afirmar con contundencia «antes había algo de ideología, algo de política, ahora todo es plata, plata y plata». «En el corregimiento vecino un integrante del actor armado estaba bravo con el profesor, por un juego o algo así, un día se pelearon y el tipo, el combatiente, no se aguantó. A las semanas vino y mató al profesor y mató a la familia. En otro tiempo a ese integrante lo habrían sacado del grupo, habría pasado algo, ahorita nada. No pasó nada. Es que esto está más difícil ahora» me contaban en el Cauca. 

El conflicto no es blanco y negro. Cuando se recorre se ratifica lo que han dicho las ciencias sociales hace mucho. El conflicto es denso, y la exclusión, la desigualdad, el racismo estructural, son sin lugar a dudas, sus motores. En zonas excluidas y satanizadas el conflicto se territorializa. Se integra a las dinámicas sociales y comunitarias. Las familias extensas se entremezclan con las dinámicas de la guerra. Es imposible que no pase. Los estereotipos sobre los que se montó la seguridad democrática perdían de vista justamente esa territorialización, por eso las pacificaciones militares implicaban sangre y fuego contra esas familias extensas sin ningún tipo de distinción. 

Es que la guerra es jodida. Gente que raspa la mata de coca porque es lo que toca, otros que buscan beneficiarse con cada muerto, no solo desde el bando ilegal, también desde el bando legal e incluso de la sociedad civil. Con la muerte se transan beneficios, beneficios muy específicos. Burocracias organizadas exigen recursos por la muerte. Cuanto más conflictiva sea una zona más pueden exigir recursos, pero sin ningún efecto transformador para las bases o el territorio. 

Los actores armados usan el nombre de la gente para legitimar su actuar, pero las rentas ilícitas que los sustentan, con su mecánica y sus efectos, se van metiendo en el tejido comunitario. Las expectativas de vida de la cultura traqueta, el porte del fierro y su poder, la desarmomia del indígena que terminó consumiendo drogas, más por verse en callejones sin salida que por libre elección. Todo va carcomiendo esa vida cotidiana que procura resistirse. 

El soporte de las comunidades siempre es la organización. Las burocracias con sus intereses individualistas parecen desviar los propósitos de esa gente jodida que se organiza, pero con todo, la autonomía y lo colectivo busca echar raíz. Se ve a la pelada, al pelado joven que se mete a la guardia indígena e impulsa lo que toque impulsar. La comunidad pensando junta en cómo jalonar un proyecto productivo, o adaptar cierta zona para construir algo de beneficio común.

Cuando se ve a esas personas reflexionando juntas sobre cómo organizar su territorio, es difícil no pensar con molestia en la soberbia del actor armado que justifica su presencia, así sea solo desde el discurso, en la «ayuda a la comunidad», cuando el mismo resguardo, consejo comunitario o vereda campesina se piensa y proyecta a sí misma y desde tiempo atrás sin necesidad de ese respaldo. 

En un resguardo me quedé viendo a una señora, una autoridad indígena, con un vestido de un color que resaltaba sobre todo lo demás, caminando con calma mientras llevaba su bastón de mando por la mitad de la vía destapada. En otro unos niños iban bajando un cerro, con calma, adelante del papá que llevaba el azadón al hombro, todo mientras un indígena joven, de unos veintitantos años, describía con lujo de detalle en qué parte había tubo del agua bajo la tierra, dónde había cableado y cuál sería la mejor manera de construir. Una calma que reñía con mi rabia interna, la rabia de pensar por qué, por qué esta gente tranquila se tiene que aguantar la mierd4 de la guerra. 

Dicen Flaco Flow y Melanina en su canción «La jungla»:

«Maldita guerra, guerra hijueperra

vas a acabar conmigo

Vas a acabar con mi tierra

Unos la originan, otros la patrocinan

El pueblo pone las victimas

Y otros la medicina

Los más perjudicados somos nosotros

Los pobres que pagamos con lágrimas en el rostro

Así es como funciona este pais,

así es como me tratan a mí».

Las comunidades están agotadas de la guerra, pero ven con escepticismo los discursos de paz. Y no es extraño. Sin embargo, las salidas negociadas y las apuestas por la superación de la desigualdad, de la injusticia social, siguen siendo las mejores opciones.

Como dicen por el Cauca: cuenten con nosotros para la paz, no para la guerra.

Centrales obreras rechazan el paro camionero

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El 3 de septiembre (2024) distintas centrales sindicales y de pensionados, cómo la CUT y la CGT, así como la Coordinadora Nacional para el Cambio, que agrupa a distintas organizaciones sectoriales y sociales, emitieron un comunicado conjunto en el que rechazaron el paro de propietarios de transporte de carga, y lo relacionaron con el paro patronal que hizo parte de una de las acciones que llevaron a la desestabilización del gobierno de Salvador Allende en el Chile de principios de los años 70s. Por lo anterior, convocaron a una movilización para el 19 de septiembre a las 11 am, siendo el punto de concentración en Bogotá la Plaza de Bolívar. A continuación reproducimos el comunicado:

Después de 56 meses de congelamiento del precio del ACPM y de $56 billones con el cual el estado ha subsidiado a los transportadores de carga, el gobierno decretó desmontar el subsidio en los combustibles incrementando el precio del ACPM en un 20%.

Esta decisión va encaminada a privilegiar el gasto en inversión social y no a seguir subsidiando a los grandes transportadores. El gobierno ha dicho que buscará un subsidio para los pequeños transportadores, el cual debe establecerse en una ruta concreta y tiempo determinado.

Cuando el gobierno de Gustavo Petro llegó, había un déficit de casi 36 meses tanto en el precio de la gasolina como en el de ACPM. Dicho déficit se ha venido resolviendo, primero ajustando el precio de la gasolina y ahora se apresta a resolverlo de manera definitiva incrementado el precio del ACPM, de manera gradual, en tres momentos, de hoy a diciembre del 2025.

De esta manera el congelamiento del gobierno Duque fue una decisión política y electoral que acumuló un alto déficit en el Fondo de Estabilización Petrolera, que resolvió subsidiar los combustibles trasladándose la problemática a este gobierno de Gustavo Petro.

Los grandes transportadores y generadores de carga en coordinación con el uribismo han visto la oportunidad para impulsar un paro nacional camionero encaminado a generar la mayor ingobernabilidad, y así crear las condiciones propicias en el ambiente político de la nación para que se acentúe un golpe de estado.

Esta fue la misma situación que se presentó en Chile en la década del 70 del siglo pasado, cuando los grandes transportadores resolvieron hacer un paro nacional que terminó en el en el asesinato del presidente Allende y la llegada de la dictadura de Augusto Pinochet, que a sangre y fuego impusieron el primer experimento neoliberal en la región.

Se comprende que la garantía de estabilidad de precios para el consumo interno no está en los subsidios del gobierno, está EN LA SOBERANÍA ENERGÉTICA, es decir en la capacidad de nuestro país para producir todo el petróleo que requiere para el consumo interno, en el marco de la ruta trazada de transición energética, que exige la crisis climática mundial.

La CUT, la CGT y las Confederaciones de Pensionados CDP Y CPC, junto con la CNPC, considera que las razones aducidas para hacer el paro camionero, no corresponden a la situación que vive el país en el cual su profundo déficit fiscal está presionado por este subsidio a los combustibles y que, por consiguiente, lo que hay en el ambiente es un interés político y electoral frente a un posible golpe de estado contra el gobierno de Gustavo Petro. A esto se le suma la ponencia preparada por el magistrado Álvaro Hernán Prada del Consejo Nacional Electoral, por demás vinculado al proceso de falsos testigos con el cual está siendo judicializado el expresidente Uribe, ponencia en la cual se pretende investigar al Presidente de la República y generar un proceso de destitución en el Congreso de la República; además, de la profundización de los medios de comunicación masiva que utilizan la mentira como arma para contribuir al desconcierto e inconformidad.

Llamamos a todas nuestras organizaciones sindicales y sociales, a las Juntas Comunales y demás asociaciones y a todos los sectores democráticos del país a que expresemos nuestro rechazo a este propósito de quebrantar la vida institucional del país y a cerrar filas para que el mandato constitucional ordenado por el pueblo se respete.

Reiteramos nuestro compromiso con la Asamblea Nacional por las Reformas Sociales, la Paz y la Unidad a desarrollarse el 14 y 15 de septiembre en la Universidad Nacional de Bogotá.

Convocamos a expresar en la calle el sentir por el proyecto político, democrático, progresista y popular y en la ciudad de Bogotá a concentrarnos en la Plaza de Bolívar, el jueves 19 de septiembre a partir de las 11:00 a.m., para rechazar un intento de golpe de estado.

Género, normalización y Judith Butler

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Cuando Jung estableció su teoría de los arquetipos e inconsciente colectivo, desde el orden mitológico, la corporeidad podía interpretarse como aquel factor anímico que era construido por la psique. El cuerpo, cual representación social, fundamenta un rol, no solo objetivo y material, sino como condición espiritual. En los planteamientos del discípulo de Freud, la línea directa en la constitución de la imaginería social, difícilmente tendría un surgimiento ligado a la espontaneidad contingente de la existencia material. Estamos construidos como una colcha de retazos, podría ser una expresión aceptable. 

En palabras del mismo Jung, “Pero, ¿Quién garantiza que de esta conversión resulta una imagen del mundo suficientemente “objetiva”? Para tener esta seguridad, el hecho físico debería ser también psíquico. Pero de esta comprobación parece separarnos todavía una gran distancia. Hasta entonces hay que contentarse, bien o mal, con la hipótesis de que el alma provee las imágenes y formas que hacen posible el conocimiento de objetos” (Jung 53). En este orden de ideas, aquel concepto de syzygia cobra un protagonismo especial. Innegablemente, el ánima se representa en aquellas acepciones de lo masculino y femenino. La mitología, cargada de deidades que se desplazan en estas dos representaciones, nos recuerdan aquella condición psíquica y corpórea que nos expone al mundo. 

Partiendo de esta breve introducción, recordemos a la filósofa Judith Butler, quien en trabajos tales como Cuerpos que Importan y El Género en Disputa, plantea una controversial tesis enraizada en la identidad sexual como fenómeno de normalización social. Lo que Jung, sin temor a equivocarnos, estableciera como representación anímica del mundo real, Butler lo extiende como exposición semántica de un prodigio colectivo, político, comercial e ideológico. 

La actual oleada de críticas al fenómeno conocido como woke, fácilmente puede responder a una campaña neoconservadora por la defensa de los valores patriarcales y judeocristianos que promueven un lenguaje destructivo y homogeneizador. Como plantea Butler a razón de Foucault en su obra El Género en Disputa, “Los sistemas jurídicos de poder producen a los sujetos a los que más tarde representan. Las nociones jurídicas de poder parecen regular la esfera política únicamente en términos negativos, es decir, mediante la limitación, la prohibición, la reglamentación, el control y hasta la «protección» de las personas vinculadas a esa estructura política a través de la operación contingente y retractable de la elección. No obstante, los sujetos regulados por esas estructuras, en virtud de que están sujetos a ellas, se constituyen, se definen y se reproducen de acuerdo con las imposiciones de dichas estructura” (Butler 47).

Son completamente loables las críticas por la baja calidad estética y argumentativa de algunas producciones televisivas y cinematográficas que apuntan a abordar la temática woke como referente cultural. Puede verse forzada e impuesta. Pero dichas eventualidades, deben enmarcarse justamente en el rasero calificador que otorga el criterio de lo que puede verse como creación artística que moviliza contenidos transgresores y una nueva visión de mundo, más no, en una supuesta agenda homosexualizadora del orden mundial que persigue relativizar nuestras preferencias y pervertir nuestras juventudes. 

Como lo enunciáramos al inicio con Jung, las raíces mitológicas que constituyen nuestra existencia, enmarcan el ánima como una construcción subjetiva que nos exhibe ante el mundo. 

Civilizaciones que adoptaron deidades que se transfiguran al unísono en la energía masculina y femenina, fueron relegadas por creencias normalizadoras y paternalistas. ¿Cómo abordamos ese imaginario de lo masculino y lo femenino? ¿es el lenguaje un recurso tan restrictivo que interpreta al mundo desde dicha verticalidad? Como nos lo enuncia Butler, el sesgo mitológico se ha hecho norma y la norma se ha convertido en ley. Valga la siguiente cita de la filósofa como elemento ilustrativo: “El problema del “sujeto” es fundamental para la política (…) porque los sujetos jurídicos siempre se construyen mediante ciertas prácticas excluyentes que, una vez determinada la estructura jurídica de la política, no “se perciben”. En definitiva, la construcción política del sujeto se realiza con algunos objetivos legitimadores y excluyentes, y estas operaciones políticas se esconden y naturalizan mediante un análisis político en el que se basan las estructuras jurídicas. El poder jurídico “produce” irremediablemente lo que afirma sólo representar; así, la política debe preocuparse por esta doble función del poder: la jurídica y la productiva” (Butler 48).

Para mantener engrasada la maquinaria productiva y mercantilista, basta con sacrificar nuestra existencia trabajando y subsistiendo. ¿Es necesario pagar un precio más allá de ello? ¿No son ya lo suficientemente explotados los elementos identitarios como para seguir sobrellevando un proceso de normalización? Es claro que la representación mundial que menciona la filósofa norteamericana, puede sintetizarse en la existencia de ricos y pobres, hombre o mujer.

 La primera relación como sujetos de juicio y consecuentemente castigo. Es claro que el rico tendrá la potestad de devorarse al mundo, independientemente sus gustos o inclinaciones; mientras el pobre será enjuiciado públicamente por sus carencias y lo que representa su identidad será un nuevo fardo en sus grilletes. Por su parte los imaginarios de lo masculino y lo femenino, no son más que construcciones discursivas para preservar la interpretación de un mundo que se nos ha sido impuesto desde un orden ético, político y estético.

Como diría el escritor Charles Bukowski, “Siempre habrá putas y borrachos hasta que caiga la última bomba”, en este sentido, lo impostado del fundamento normalizador, desplegará su lenguaje reduccionista en aras de la representación económica. Puta o borracho, ante la gran maquinaria, siempre serás una existencia asexuada y amorfa. En palabras de Judith Butler, “es el poder y la fuerza que tiene la ley de imponer el temor al mismo tiempo que ofrece, a ese precio, el reconocimiento. Mediante la reprimenda, el sujeto no sólo recibe reconocimiento, sino que además alcanza cierto orden de existencia social, al ser transferido de una región exterior de seres indiferentes, cuestionables o imposibles al terreno discursivo o social del sujeto”. (Butler 180)

REFERENCIAS

  • Butler, Judith (1993). Cuerpos que Importan, sobre los límites materiales y discursivos del “sexo”. Editorial Paidós, Argentina
  • Butler, Judith (2007). El género en disputa, el feminismo y la subversión de la identidad. Editorial Paidós, Argentina
  • Jung, C.G. (1970). Arquetipos e inconsciente colectivo. Editorial Paidós, Argentina