Inicio Blog Página 2

No es pedagogía

0

Impresión de que el cáncer de pecho tenía
que sucederme como todas las cosas
que les pasan solo a las mujeres
Annie Ernaux

Estoy fastidiada. No lo digo como consigna ni como pose, lo digo porque desde que digo “tengo cáncer de mama” algo cambia en la escena; las miradas se tensan, las preguntas llegan rápido, hay una urgencia por saber qué me van a hacer, si me van a hacer quimioterapia, si me van a quitar las tetas, si se me va a caer el pelo; es como si el cáncer abriera una ventana al espectáculo del deterioro y muchos quisieran asomarse.

A veces siento que lo que irrumpe no es mi enfermedad sino el miedo de los otros. Como si yo acabara de anunciar algo excepcional, como si los demás no se fueran a morir también. Annie Ernaux escribe en El uso de la foto “¿En qué instante dejé de pensar y decir ‘tengo un cáncer’ para pasar a ‘he tenido un cáncer’?” (167), esa frase la tengo bordada en un tambor de costura y también escrita en el calendario de mi baño donde marco las pastillas que tomo para bloquear los receptores de estrógeno y progesterona, pastillas para que no vuelva. Volvió. No sé si volvió siendo más agresivo, el caso es que volvió; la primera vez, en 2021, el informe decía: “carcinoma ductal infiltrante”, “receptores de estrógeno positivos en el cien por ciento de las células neoplásicas”, “receptores de progesterona positivos en el cien por ciento”, “HER2 negativo”, “Ki67 del seis por ciento”, “Grado histológico Nottingham uno de tres”. Recuerdo que la palabra que me atravesó fue carcinoma, no el porcentaje, no la estadística. Carcinoma.

Ese día llegué a casa y le tomé fotos a mis tetas, durante cuarenta y cinco días hice un registro íntimo antes de la cirugía. Annie Ernaux escribió que “Nada era espantoso. Cumplía con mi papel de cancerosa diligente y contemplaba como experiencia todo lo que le sucedía a mi cuerpo. Me pregunto si, tal como lo hago, no separar la vida de la escritura consiste precisamente en transformar espontáneamente la experiencia en descripción”. Yo hice eso, convertí el miedo en imagen, convertí el cuerpo en archivo.

En 2021 también empecé a escribir sobre la vulnerabilidad del cuerpo. Busqué qué otras mujeres habían escrito sobre el cáncer de mama. Leí a Annie, leí a Audre Lorde; encontré el libro de Bibiana Ricciardi, quería saber cómo otras habían puesto palabras a lo que yo apenas comenzaba a sentir, quería compañía en la escritura. Pero me agoté, no todo dolor necesita convertirse en reflexión inmediata, a veces el cuerpo va más lento que la teoría.

Ahora miro mis dos tetas, una es de verdad y la otra es de plástico. La de plástico vuelve a tener cáncer. Y ya no quiero más fotos. Desde que el cáncer regresó, mi cuerpo parece haberse vuelto conversación pública; de repente cualquiera siente que puede opinar sobre lo que como, sobre cuánto corro, sobre si hice demasiado ejercicio, sobre si el estrés, sobre si la genética, sobre si debí escuchar señales, mi diagnóstico activa explicaciones ajenas, como si el cuerpo enfermo necesitara una causa moral que tranquilice a los demás.

No es injusto, no quiero esa palabra, porque para mí la vida no firma contratos de equilibrio; lo que me agota es la exposición involuntaria, que el cáncer convierta mi pecho en superficie de proyección, que el cuerpo femenino enfermo parezca siempre disponible para ser leído, comentado, interpretado y vuelvo a escribir no porque tenga una lección que ofrecer sino porque necesito decir que es difícil, que es incómodo, y que estoy fastidiada.

No quiero que el cáncer absorba todas las conversaciones ni que reorganice todo lo que soy, quiero seguir pensando en libros, en política, en feminismos, en mis clases, en el cine que veo, en las discusiones que me apasionan. Quiero correr otra vez, no quiero que la enfermedad ocupe por completo mi imaginación; hay algo profundamente invasivo en eso, como si el diagnóstico intentara colonizar incluso el pensamiento.

Audre Lorde escribió en The Cancer Journals “Tengo cáncer. Soy una poeta feminista, lesbiana y negra, ¿cómo voy a hacer esto ahora? ¿Dónde están los modelos de lo que se supone que debo ser en esta situación? Pero no había ninguno. Esto es todo, Audre. Estás sola”. Yo no estoy sola como lo estuvo ella, tanto la primera vez como ahora he tenido acceso a un sistema de salud que ha podido actuar a tiempo, y eso importa. Pero también importa decir que no atravieso esto aislada, tengo una red de manos amigas que me escuchan, que me acompañan a exámenes, que me escriben, que sostienen silencios cuando no quiero hablar, una hija y una pareja que están ahí. No es poca cosa. El cáncer no se vive solo en el cuerpo; también se vive en los vínculos que lo rodean. Y también en las condiciones materiales que lo atraviesan.

No lo digo con orgullo ni como mérito individual. Lo que he podido hacer frente a este diagnóstico no es casual, es el resultado del trabajo de mi madre, de las mujeres que me criaron, de su empeño para que yo pudiera estudiar y trabajar, para que hoy tenga acceso a una atención oportuna. No es virtud personal; es un privilegio sostenido por el esfuerzo de otras mujeres. Y no todas pueden decir lo mismo.

El cáncer de mama en Colombia no es una excepción privada ni un accidente aislado. Yo soy parte de esa cifra, según la Cuenta de Alto Costo, “hasta el treinta de abril de 2025 se encontraban registradas 125.446 mujeres con cáncer de mama de tipo invasivo” en el país. Entre enero de 2023 y enero de 2024 representó “cerca del treinta por ciento de los casos totales registrados” entre los cánceres priorizados, en América Latina y el Caribe “el treinta y uno por ciento de los diagnósticos correspondió a mujeres menores de cincuenta años”. No soy una anomalía, soy una de muchas.

Annie Ernaux escribe esa otra cifra pensando en Francia “Tres millones de pechos recosidos, escaneados, marcados con dibujos rojos y azules, irradiados, reconstruidos, ocultados bajo blusas y camisetas, invisibles. Efectivamente un día habrá que atreverse a enseñarlos. Escribir sobre el mío participa de ese desvelamiento” (95). Ella habla desde su país, yo escribo desde el mío. Las cifras no son las mismas, las desigualdades tampoco. Pero el gesto de desvelar, de escribir el propio pecho, sí resuena.

Sigo cuentas de mujeres que ya no tienen tetas y enseñan su pecho con la sola cicatriz, y no hay censura porque no hay tetas, me gusta esa paradoja, me gusta que el algoritmo no sepa qué hacer con un torso plano, me gusta que la cicatriz no sea pornografía ni escándalo; no creo que haya una única forma correcta de atravesar esto porque tal vez el gesto no sea mostrar siempre y tal vez el gesto sea decidir; sí, decidir cuándo enseñar la cicatriz y cuándo cubrirla, decidir si el pecho se vuelve consigna o si permanece íntimo. Cada cuerpo negocia su propio límite.

Algunas tendrán acceso oportuno a tratamiento y otras no, algunas vivirán muchos años y otras no, algunas enseñarán su pecho plano sin censura y otras lo cubrirán siempre. Ninguna le debe explicaciones a nadie.

Las personas que me conocen saben lo difícil que es para mí quedarme quieta; no podré correr durante un tiempo. Bibiana Ricciardi escribió en Una mujer que corre que corre para limpiarse por dentro, que “No será una purificación completa como la de la operación, pero sirve”, yo también corro para limpiarme por dentro, ahora no podré. Y ahí aparece un miedo que no es exactamente a la muerte sino a la morida.

Hay algo que me tranquiliza y que también es político decirlo; en Colombia existe el suicidio asistido, no es un deseo de morir. Es la necesidad, de saber que incluso en el límite hay una posibilidad de decisión.

Annie Ernaux se pregunta cuándo se pasa del “tengo” al “he tenido”. Yo todavía estoy en el “tengo”. No quiero que eso se convierta en relato ejemplar ni en advertencia moral. Quien lo vive es quien lo goza.

Es presente.

Y en ese presente quiero decidir cómo se cuenta. Y cuándo se calla.

Bibliografía

Ernaux Annie & Marie Marc (2018) El uso de la foto. Cabaret Voltaire, España

Ricciardi Bibiana (2015) una mujer que corre. Caballito de acero. Bogotá

Lorde Audre, (2008.) Los diarios del cáncer. – 1a ed. – Rosario: Hipólita Ediciones

Hamnet y Valor sentimental: la redención del padre ausente

0

Por: Usuario no disponible

No estoy muy acostumbrada a escribir sobre películas, pero sí a verlas. Mis intereses varían entre películas como Mulán (1998), París Texas (1984), Una pastelería en Tokio (2015), El Padrino (1972, 1974, 1990), Barbie cascanueces (2001), todas las de La trilogía del color (1993, 1994), ¿Dónde está la casa de mi amigo? (1987), Yo vi tres luces negras (2024), Retrato de una mujer en llamas (2019),  entre muchísimas otras. 

Las dos últimas fueron Hamnet (2025) y Valor sentimental (2025), que serán el centro en este texto. Ambas nos presentan una relación nada atípica entre los padres de familia y sus hijos e hijas. En ambas el padre se ausenta motivado, no por la responsabilidad del proveedor, sino por la necesidad de encontrarse en su quehacer creativo, y en ambas se termina validando este comportamiento, tienen la redención sólo por el hecho de llevar su experiencia personal a resultados artísticos memorables.

Hamnet, dirigida por la directora china Chloé Zhao, así como Valor sentimental del noruego Joachim Trier, tienen como protagonista a la familia, pero no cualquier familia, son familias en las que el padre es el estándar del pez grande que necesita salir de la pecera para realizarse como el gran artista.

En Valor sentimental, nos muestran a un padre ya famoso, a un director de cine aclamado que prefirió sacrificar la relación con su esposa e hijas para alcanzar el éxito, y a dos hermanas que, tras la muerte de la madre, desde pequeñas se tienen solamente la una a la otra. Pero al final, el padre lleva su experiencia al cine, y con la película protagonizada por la hija mayor —actriz de teatro que sufría constantemente de ataques de pánico, depresión y hasta un intento de suicidio— trae al hogar el perdón y la felicidad para todas.

Y en Hamnet, es la presentación de una familia feliz: jugar a las espadas, presentaciones de teatro sorpresa para la mamá, corretearse, travesuras, risas, pero también un padre muy joven que con solo 19 años y una bebé recién nacida, necesita cambiar su rumbo y viajar a Londres. Llegada la peste, se nos presenta la escena más impactante de la película, y es la agonía y muerte de un niño de 11 años. Tras su muerte, el padre no vive el duelo en familia, y los viajes a Londres continúan, mientras la familia se fractura hasta que ya completamente rota, se estrena la tragedia de Hamlet.

Es justo ahí cuando comienza lo tedioso de la película, y es esa necesidad de justificar o reivindicar las acciones de William. Agnes va a la obra y reacciona desconcertada cuando se da cuenta que no es una recreación exacta de su experiencia, pero se maravilla y emociona cuando ve traducida la experiencia del esposo en relación a la muerte de Hamnet. Se valida el que William se hubiese ido sin tramitar un duelo, o el duelo de su esposa, o el de las hijas. Y no solo se valida, se celebra, porque es básicamente gracias a esta obra, que Agnes que tanto insistió en no dejar ir nunca a su hijo, por fin se lo permitiera. 

Es como si el dolor del padre fuera no más grande, pero sí mejor tramitado, porque no solo logra que se convierta en un dolor colectivo, al conmover a todos con la imagen de Hamlet muerto en el escenario. Además, hace que Agnes la mujer emocional, la hija de una bruja de la que no hay más que un flashback para recrear su pasado, que solo llora y no deja ir a su hijo fallecido, por fin se despida en medio de la obra de teatro. 

Al final, ¿qué nos queda? Parece que agradecer la falta de compromiso de un padre con su familia, que sintió asfixiante la vida en una casa con esposa e hijos, y necesitó abrirse paso a metas y aspiraciones más grandes, pero que tuvo la capacidad de recrear o tramitar ese dolor y culpa, en una obra de arte. ¿Y la madre dónde queda? En ninguna parte, porque damos por sentado que debe estar siempre, ser amorosa y presente, considerada y empática, sin ponerse nunca como prioridad. Mal haría en entrar en depresión y querer más para sí misma.

Procuro no ver películas como un todo, sino como la suma de muchas partes, en Valor sentimental, me quedo con la música, las interpretaciones y  la relación inquebrantable de las hermanas; y de Hamnet, me quedo con la impresionante fotografía, la escena del hermano intercambiando destino con su melliza, y la relación de madre e hijos, incondicional hasta el último minuto.

La degradación del héroe

0

Los griegos nos enseñaron con la tragedia, que la caída de un ídolo, su humanización y desnudez metafórica, resulta un festín más apetitoso e interesante que el hundimiento de quienes ya estamos abajo, porque, ¿Hasta dónde más podríamos hundirnos? ¿Sería representativa y pedagógica nuestra miserable tragedia a ojos de la sociedad? Muy seguramente no. Lucho Herrera, otrora héroe nacional, ganador de múltiples etapas de La Vuelta a España y el Tour de Francia, por allá en los ochenta, nos resulta ahora aquel símbolo ejemplificante de la caída del titán. El distintivo deportista fusagasugueño que muchos de nuestros padres veían emocionados en la tele, configuraba la estampa del ciclista hecho a pulso. Humilde y entrenado en el más primigenio ambiente bucólico, evocaba aquel ensueño heroico que transfigura el sentir colectivo en enamoramiento patriótico.

Ahora bien, en nuestro ciclista Lucho, nos encontramos con aquellos conceptos, a razón de la referencia puntualizada respecto a la tradición griega, de hybris y eunomia. Dos conceptos opuestos, pero fundamentados en las emociones de lo lícito y lo transgresor. Por su parte la eunomia, nos recuerda aquella percepción de lo legal. La coherencia entre la norma y la actuación que hacen la vida razonable y equilibrada. La hybris, por otro lado, evoca aquel sentimiento de soberbia y superioridad. El escaño que ostento en la sociedad, dada mi fama y condición acaudalada, no se articula con lo que el estado consolida como norma. Mi posición privilegiada me catapulta por encima de cualquier contrato social.

Dado lo anterior, podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que una fuerte pregunta retumba en nuestras cabezas. A saber, ¿Qué moviliza este sentimiento de anomia en la élite, no solo nacional, sino mundial? A este respecto, Hannah Arendt nos manifiesta: “¿Quién ha llegado siquiera a dudar del sueño de la violencia, de que los oprimidos sueñan al menos una vez en colocarse en el lugar de los opresores, que el pobre sueña con las propiedades del rico, que los perseguidos sueñan con intercambiar el papel de la presa por el del cazador y el final del reinado donde los últimos serán los primeros, y los primeros los últimos?” (Arendt 34). Si bien, de acuerdo a la cita de Arendt, cualquier individuo sin excepción alguna, sucumbiría ante la tentación de transgredir el statu quo así fuera una simple vez, aunque, no cabe duda que sus palabras entrañan aquella lógica violenta del ejercicio de poder. Esa misma dinámica que a la fecha, ha expuesto las más viles y miserables atrocidades que tanto minorías económicas como dirigentes han practicado de manera diacrónica. Fácilmente encasillada en un mero concepto: Capitalismo.

Esta realidad alterna que la psicología capitalista infunde en los individuos acaudalados, hace que sus patrones normativos se acomoden a sus necesidades, delirios, obsesiones y si se quiere, depravaciones. El todo es posible hace parte de sus respuestas psíquicas y cognitivas. ¿Si somos nosotros quienes generamos el empleo, la defensa de las democracias liberales, la protección del medio ambiente, el derrocamiento de dictaduras, entre otras cosas que enaltecen al hombre blanco, conservador occidental, porque no echar a andar nuestros gustillos particulares? ¿Qué desestabilización mundial podrían generar nuestros bacanales? Esta deplorable debacle moral, de quienes representan el deber ser intelectual, espiritual, político y económico, es precisamente la hybris manifiesta. En nuestro país, casos como el del jardinerito, quien presuntamente urdió con paramilitares un cobarde plan para asesinar a sus vecinos y hacerse con la propiedad de sus tierras, es en menor escala (sin desestimar el impacto criminal y sociópata del deportista), la clara representación de lo que las influencias, el poder y el capital hacen con la mentalidad de la élite.

Revestirse de privilegios obscenos, acumular recursos, instituir oligopolios y sentarse en jets privados a dar ruedas de prensa, estructurando la agenda mundial, es algo que han acostumbrado los más cercanos amigos del finado Epstein, mencionados en sus archivos. Es en este momento cuando las más rocambolescas teorías de la conspiración se hacen realidad. Personajes como Chomsky y Chopra, por citar algunos de aquellos individuos que por nuestras mentes jamás llegarían a ser vinculados en lides de este estilo, nos han enseñado que tanto la intelectualidad, así como la espiritualidad son otro tentáculo más del capitalismo. Chomsky, figura entrañable de años universitarios, fuerte crítico y denunciante de las atrocidades de la élite, resultó ser un miserable consejero del sádico esclavista de Epstein. Y Chopra, mercachifle espiritual. Con sus peticiones de acercarse a las jóvenes para instruirlas (hágame el doble hijueputa favor), no es más que otro culebrero embaucador, que construyó una marca empresarial, aprovechando los vacíos emocionales de sus incautos seguidores.

Alguna vez el filósofo Félix Guattari, en su ensayo Más Allá del Significante, contenido en el libro Erotismo y Destrucción, escribió: “El desarrollo de las fuerzas productivas, en la sociedad industrial (y es verdad tanto para el capitalismo como para el socialismo burocrático), implica una creciente liberación de las energías del deseo; el sistema capitalista no funciona obligando a trabajar a riadas de esclavos. Se le pide modelar a los individuos para su provecho (…) modelos de infancia, de padre, de madre… Lanza estos modelos como la industria automovilística lanza nuevas series de automóviles” (Guattari 83). Con la cita del pensador francés, podría llegar a establecerse la intencionalidad de la denuncia. Este hecho primordial, se fundamenta en la simbología corporal y psíquica del ciudadano de a pie. Sin darnos cuenta, somos simple carne para los intereses de la lógica capitalista. Interesamos, por cuanto somos existencias maleables. Representamos votos, fuerza de trabajo, cuerpos sexualmente explotables, reproducimos los valores que nos venden, y más que nada, instauramos nuestros ideales ideológicos, políticos, económicos y culturales, acorde a los deseos de la élite. Jardineritos o criminales a gran escala, los hechos acaecidos en los últimos tiempos, nos rememoran aquella hybris. La degradación de los héroes, en palabras de Guattari, lo importante es que siempre sean compatibles con lo axiomático del capital. Para ellos todos somos parte del sistema, su sistema y su ecuación es: Gozar = Poseer.

Referencias

Arendt, Hannah (2005). Sobre la Violencia. Editorial Alianza, Madrid.

Erotismo y Destrucción (1998). Varios Autores. Editorial Fundamentos, Madrid.

De titulares y educación superior

0

El domingo y el lunes fue noticia un informe de la Contraloría sobre la situación financiera de las universidades públicas, y de todo ese documento, El Tiempo decidió titular que las universidades públicas no son autosostenibles, por supuesto, Infobae, la plataforma que copia y pega noticias, se pegó de eso tal cual, y El Espectador… también.

La noticia sale justo unos días después de que el gobierno nacional anunciara el multicampus de Suba, mientras Iván Cepeda lidera todas las encuestas. No es paranoia, es análisis concreto de la situación concreta.

Por cosas de la vida tuve acceso al informe y es más alentador de lo que anuncian los medios corporativos. Es lógico, no van a celebrar las maromas presupuestales que han hecho las universidades públicas para sobrevivir a la aplanadora neoliberal de la Ley 30, a la mal llamada revolución educativa de Uribe y al descarado subsidio estatal de Santos a la universidad privada que va en detrimento de la universidad pública.

Me pregunto cómo habría sido titulada la noticia del informe de la Contraloría si se hubiese tenido en cuenta la introducción, que claramente señala las razones de la desfinanciación de la educación superior pública:

«Las IES públicas logran sostenimiento fiscal a pesar de la Ley 30»

O por ejemplo, si tuvieran en cuenta que, mientras las universidades privadas construian infraestructura con la plata de programas como Ser Pilo Paga, las públicas se caían a pedazos, o se inundaban con cualquier llovizna:

«Así sobrevivieron las IES públicas a los desvíos de recursos a las universidades privadas»

Y si tuvieran en cuenta que el gobierno de Gustavo Petro ha girado la de recursos a la educación superior, a diferencia de las migajas de sus antecesores:

«Panorama alentador para la educación pública: el gobierno nacional se adelanta al informe de la Contraloría» 

Lo importante aquí es el titular, ni siquiera el cuerpo de la noticia. Alguna vez le leí a Teun van Dijk que las personas se informan con los titulares. Eso debió decirlo hace más de 20 años, cuando se revisaban periódicos. Esa sentencia toma más vigencia cuando entramos a los canales de WhatsApp de los medios de comunicación para ver por encimita qué está pasando en el mundo, sin intención de profundizar en nada.

El caso es que el gobierno del cambio, no más para 2025, invirtió  $9 billones de pesos en educación superior, se está dando la pelea para que, en lugar de la ALO se construya un multicampus en Suba, ha avanzado en la descentralización de las universidades, no condiciona la oferta educativa a los designios del neoliberalismo, lo dio todo para que la financiación de las IES públicas no responda al capricho de cada gobierno, entre otras acciones y medidas.

Es como si las consignas que gritamos en el gobierno Uribe (en mi caso fue en el segundo, no soy tan vieja), se hicieran realidad: “¡Presupuesto, presupuesto para la educación. No más armas, ni dinero, para la represión!”

Pese a lo que dicen los titulares confusos de medios reconocidos, las opiniones vacías de locutores con voces seductoras y los comentarios planos de “analistas”, la ciudadanía sabe que la educación pública se fortalece, que el acceso a la educación superior no debe distinguir el nivel adquisitivo y que Iván Cepeda será nuestro presidente.

Posdata 1: ¿será que las universidades públicas deben ser financieramente autosostenibles? ¿Esa preocupación no desviará su misionalidad? ¿Será que la pregunta deberían hacerla las universidades privadas que son financiadas por el Estado?

Posdata 2: hermoso eso de las lanchas-ambulancia en Maicao, también el aumento del salario a médicos internos y rurales, porque ¡El pueblo ya lo dijo y tiene la razón, primero lo primero: salud y educación! 

La trampa de la libertad

0

Cuando nos ahoga la impotencia, escribimos. Cuando la realidad avasalla sin tregua, escribimos. Cuando la inclemencia del sinsentido, desborda cada espectro existencial, escribimos. Así damos inicio a este nuevo año, donde las bombas de la mal llamada libertad, arremeten contra la soberanía de los países. Con esta apertura, su humilde servidor, luego de una temporada de descanso, se dispone a iniciar con sus textos, esperando que algún ser humano desocupado sobre la tierra, se acerque a ellos y los disfrute. Con el concepto de libertad, referido con antelación quisiera iniciar la escritura en este 2026. ¿Es la idea de libertad una trampa del capitalismo? ¿Estamos frente a un bien de cambio en donde el “libertado” acarrea los costes de tal adjetivo? El convulso principio de año, con la incursión del grotesco dirigente gringo a territorio venezolano, expone una vez más, la crisis dialéctica de nuestra contemporaneidad. A saber, la palabra libertad y su simbología, deliberadamente son hurtadas por tiranos para legitimar intenciones expansionistas. La estrategia de la manumisión para la manipulación, no es más que una transacción material con fines económicos. Y lo que es peor, dicha eventualidad dialéctica del materialismo más puro, reafirma posturas innobles de personajes estúpidos que aplauden el colonialismo gringo como una forma legítima de liberación. Es como si hubiésemos perdido la aureola, aquella representación de la más tierna inocencia, tal y como referencia Byun Chul-Han a Baudelaire en su obra La Crisis de la Narración, quien dice: “Hace un momento, cuando atravesaba a toda prisa el bulevar, saltando sobre el barro a través de ese caos en movimiento donde la muerte llega al galope desde todas partes a la vez, al hacer un gesto brusco se me resbaló la aureola de la cabeza y cayó al barro del asfalto” (Han 73).

A este concepto de libertad que desea imponerse a fuerza de estallidos e invasión, podríamos esbozar dos posturas contrarias, fácilmente visibles e interpretables en tal situación, a saber:

Libertad como tutelazgo fatídico ejercido por grandes potencias:

La figura del “cipayo”, es y ha sido un eje estructural nefasto en nuestras latitudes. No hace mucho vimos como la excelsa Nobel de paz, María Corina Machado, sin ninguna vergüenza y en una ceremonia más cercana a aquella sumisión que todo territorio conquistado debe asumir frente a su tirano, entrega el reconocimiento recibido en Estocolmo, como muestra de un servilismo miserable al presidente gringo Donald Trump. El despotismo fascista que presenciamos actualmente, es la legitimación clara de las intenciones neoliberales de expansión y explotación de recursos naturales. Ya el grotesco rey naranja lanzó afirmaciones claras, indicando que el petróleo venezolano es ahora un recurso gringo. Lo reclama como pataleta infantil de niño en supermercado y bajo la coyuntura de la oleada de archivos Epstein desclasificados, en donde su rostro y nombre figuran por doquier.  Aquí la farsa de la libertad, trasluce la mentalidad fatídica de una gran parte de ciudadanos, no solo venezolanos, sino latinoamericanos. Para no ir muy lejos, en nuestro país también tuvimos conatos claros de traición a la Patria por algunos de nuestros nobles congresistas. A saber, los analfabetos de J.P. Hernández, Lina Garrido y obvio, la Dr. Mafe Cabal. Como estableciera Erich Fromm en su obra El Miedo a la Libertad, “en la lucha por la libertad, durante la época moderna, toda la atención se dirigió a combatir las viejas formas de autoridad y de limitación, era natural que se pensara que cuanto más se eliminaran estos lazos tradicionales, tanto más se ganaría en libertad (…) Si bien el hombre se ha liberado de los antiguos enemigos de la libertad, han surgido otros de distinta naturaleza” (Fromm 122).

En este caso Fromm nos da a entender que la representación simbólica de libertad, es una abstracción de las luchas primigenias contra tiranías y estructuras castrantes. Lo que viene a asimilarse hoy como recurso de lenguaje ultraconservador y fascista. A saber, toda idea de libertad vale la pena, siempre y cuando aquellos que la van a saborear, sin darse cuenta, terminan siendo integrados a una pequeña parcela neoliberal. Libre mercado, libre prensa, libre opinión, libertario, son por citar algunos de los conceptos lanzados por la derecha y que no representan otra cosa más que un convidado de piedra.   

Libertad en el desarrollo autónomo de naciones, tildado de izquierdismo y tiranía:

Ahora bien, ¿Qué sucede cuando una nación soberana decide establecer sus principios de libertad, alejada de las grandes potencias, en busca de su autonomía cultural y económica? Cuando dicha eventualidad surge en naciones pobres y dependientes, el lenguaje de poder se acomoda de manera conveniente. Acuñan dicho fenómeno a las izquierdas recalcitrantes, donde si bien, algunos casos dictatoriales se han hecho presentes, no hay duda que la desigualdad económica y el abuso neoliberal han impulsado aquellas situaciones. Como enunciaba Fromm, los enemigos de la libertad, surgen de diferente naturaleza. Si bien el infortunio de las causas revolucionarias es cambiar un tirano por otro, en algunos casos, no cabe duda que la indignación popular pesa en dichos propósitos. En este orden de ideas, la representación lingüística de tiranía es desvirtuada, por cuanto es el pueblo quien debe decidir los hilos de su destino y estructuración. Citando nuevamente a Fromm: “Nos sentimos orgullosos de no estar sujetos a ninguna autoridad externa, de ser libres de expresar nuestros pensamientos y emociones, y damos por supuesto que esta libertad garantiza –casi de manera automática- nuestra individualidad. El derecho de expresar nuestros pensamientos, sin embargo, tiene algún significado tan sólo si somos capaces de tener pensamientos propios” (Fromm 248).

La balanza de la mal llamada libertad, se inclina a la derecha. La validez de su lucha solo es reconocida, en aquellos escenarios donde las grandes potencias deben incursionar a legislarla ¿No debería ser tarea de su pueblo? ¿No deben los organismos internacionales interferir cuando la violación de derechos humanos sea sistemática, independiente el espectro ideológico que la cause? En un sistema mundial ideal, quizá todo funcionaría bajo dichos parámetros. En un régimen que no estuviera arrodillado a los designios colonizadores y extraccionistas de los imperios moralmente decadentes. Este juego macabro sádico/masoquista, ha trazado las relaciones mundiales. Concluyendo con Fromm, “el sometimiento de los otros, el ejercicio de una forma tan ilimitada y absoluta de poder que reduce a los sometidos al papel de meros instrumentos, “maleable arcilla en las manos del alfarero” (…) explotarles, robarles, sacarles las entrañas” (Fromm 158).

Referencias

Fromm, Erich (2012). El Miedo a la Libertad. Editorial Paidós, Bogotá

Han, Byung-Chul (2023). La Crisis de la Narración. Editorial Herder, Barcelona

De qué hablamos cuando hablamos de socialismo, comunismo, colectivismo, anarquismo y anarquía

0

Por: Editorial Residua

Si usted, al igual que nosotrxs, se ha visto en aprietos para definir estas palabras —o para entender de qué le están hablando cuando las utilizan—, no se sienta mal: no está solx. Es más, le contamos que no solo usted y nosotrxs andamos perdidxs con este asunto, sino que el embrollo viene así desde hace ya varias décadas. Por ello, por allá a inicios del siglo XX, Augustine Hamon (1862-1945), un importante teórico francés, dedicó la obra Socialismo y anarquismo: estudios sociológicos, definiciones (1907) a esclarecer estas palabras que, por el exceso de uso, resultaban ya en ese momento significando muchas cosas y, a la vez, nada. 

Para lograr su objetivo de conseguir una definición “clara, precisa y satisfactoria” de estas palabras, Hamon se remite directamente a los intentos de definición o a las alusiones de un sinfín de autorxs de todas las vertientes ideológicas (anarquistas, marxistas, socialdemócratas, pero también personajes de vertientes reaccionarias y conservadoras, sin olvidar otras fuentes, como diccionarios o enciclopedias), y relaciona qué puntos en común y qué puntos en contra tienen estos intentos de definiciones.

Por ejemplo, una de las múltiples definiciones que analiza Hamon dice que “el socialismo es el colectivismo, es decir, la apropiación, administración, por medio del Estado, de todos los medios de producción” (P. Lerouy-Beaulieu).

Esto es erróneo, según Hamon, porque, en primer lugar, el colectivismo es una variedad del socialismo, no su equivalente exacto (como veremos más adelante). En segundo lugar, esta definición crea la ilusión de que las ideas socialistas perciben al Estado como una herramienta revolucionaria necesaria, lo cual excluye una variedad amplísima de teorías que no coinciden en este punto, como el anarquismo.

 Porque sí, aunque no sea tan común escucharlo actualmente, muchos anarquismos se definen a sí mismos como “socialistas”. Sin ir más lejos, Bakunin, en los Congresos de la Internacional, se declaró como tal: de allí su famosa frase “la libertad sin el socialismo es el privilegio y la injusticia; el socialismo sin la libertad es la esclavitud y la brutalidad”. 

Entonces, ¿Qué es el socialismo?

Como vemos, algunas corrientes consideran que el socialismo necesita del Estado para realizarse, mientras que otras, que también se afirman socialistas, buscan su disolución. Hamon explica esta contradicción argumentando que el “socialismo”, en su sentido estricto, apunta a un horizonte económico, mientras que estas posturas aluden más a una orientación político-moral.

Por ello, conciliando todas las posturas que encuentra en su investigación, propone esta definición:

SOCIALISMO: sistema de sociedad en el cual —doctrina social según la cual— los medios de producción están socializados”.

Observamos, entonces, que se alude a una postura o a un horizonte económico relacionado específicamente con la socialización de los medios de producción (tierra, máquinas, fábricas, y el largo etcétera de cosas semejantes que se le ocurran), no a una determinada forma de conseguir dicha socialización. Es decir, ni a la toma del Estado ni a su disolución, pues todxs lxs socialistas buscamos lo mismo, pero diferimos en cómo conseguirlo.

Por esta misma línea, Hamon propone una definición del comunismo y del colectivismo, que entiende como vertientes también económicas dentro de las ideas socialistas. Así, apunta:

COMUNISMO: variedad del socialismo. Sistema de sociedad en el cual —doctrina social según la cual— los medios de producción y los objetos de consumo, es decir, todas las cosas apropiables por el ser humano, son posesión común”.

Como vemos, aunque se suelan utilizar como equivalentes, “comunista” no significa únicamente “marxista”, pues apela a una orientación económica que el marxismo comparte con otros idearios socialistas, como con el anarcocomunismo.

Por otro lado, Hamon sintetiza las ideas colectivistas en la siguiente definición:

COLECTIVISMO: variedad del socialismo. Sistema de sociedad en el cual —doctrina social según la cual— únicamente los medios de producción se poseen colectivamente”.

Así, “la diferencia entre comunistas y colectivistas se sintetiza en la forma de distribución de los productos” (p. 68). Pues en el comunismo se reparte “a cada quien según sus necesidades”, mientras que en el colectivismo la repartición se hace “a cada quien según sus obras”. Es decir, en este último sistema, los objetos de consumo son propiedad individual.

¿Y el anarquismo y la anarquía?

Como podemos inferir por las definiciones anteriores, primero, una buena parte de los anarquismos pueden denominarse socialistas; y, segundo, su variación con las otras teorías socialistas radica principalmente en la orientación política-moral de lxs anarquistas, pues estxs buscan organizarse, y que la sociedad se organice, horizontalmente (lo que implica, entre otras muchas cosas, la desaparición del Estado y de las diversas relaciones de poder). Esta particularidad la sintetiza Hamon en las definiciones:

ANARQUISMO: sistema, doctrina o teoría —o conjunto de sistemas, de doctrinas o de teorías— relativas a las sociedades en estado de anarquía”.

ANARQUÍA: estado de sociedad sin gobierno, sin poder, sin autoridad constituida”. 

Naturalmente, Hamon, a pesar de su exhaustivo estudio, no posee la verdad absoluta sobre estos conceptos y mucho menos sus conclusiones son irrebatibles, aunque sí nos pueden dar algunas bases sobre las cuales construir nuestras propias definiciones y buscar nuestras afinidades con alguna tendencia socialista. Por ello, y para construir comunitariamente, te invitamos a compartir en los comentarios las dudas, diferencias o inquietudes que tengas frente a lo que aquí te contamos.

SALUD Y ANARKIA

Bibliografía

Hamon, A. (1907). Socialismo y anarquismo: estudios sociológicos, definiciones. F. Sempere y Comp. Editores.

Westcol: el rostro en el mástil de la barca

0

Por: Héctor Miguel López Castrillón

No han sido pocos los artefactos y los medios culturales empleados por la humanidad para expresar su estrecha relación con la locura. “Loco” llaman al ex arquero colombiano René Higuita y al antiguo alcalde de Bogotá, Antanas Mockus. La izquierda, por ejemplo, ve en María Fernanda Cabal una demente capaz de lanzar cualquier disparate, mientras que la derecha piensa que el gobierno nacional está en manos de un sátrapa desatinado: el ministro tiktokero que aparece en reels con peluches de Hello Kitty.

Los colombianos flotamos en alta mar en una estructura de madera semejante a la que representó El Bosco en su retablo de 1504: La nave de los locos. Allí, un conjunto de figuras humanizadas se desplaza en una barca sin destino aparente, representando, cada una de ellas, las anomalías morales que trasnochaban a Foucault: la monja, el fraile, el ladrón, el bufón. ¡Herejes, pecadores, lujuriosos, ambiciosos y rateros! En la parte superior de la escena se observa el mástil de la balsa, acompañado de un rostro ilegible cuya identidad está por resolverse. Algunos dicen que es un demonio, otros, una lechuza; el hecho es que sus ojos observan la degradación moral de los navegantes, que interactúan entre sí en movimiento browniano.

Cuando abro mi cuenta de TikTok recuerdo aquella pintura de El Bosco, pero, en vez de un demonio en el mástil, veo el rostro sonriente de Westcol, el streamer y creador de contenido más importante del país. Este veinteañero paisa, poseedor de una fortuna exorbitante, emergió en un momento de cambio cultural y crisis sociopolítica que le permitió consolidar un tono, un imaginario y una legitimidad entre los millones de jóvenes y adolescentes que se sienten conectados con él. A pesar de las cancelaciones provenientes de diferentes sectores, Westcol logra sostenerse y esquivar el maremágnum de críticas que le hacen. Su figura es una grieta abierta que canaliza ideas y lenguajes coherentes con la reacción conservadora que tiene en apuros al establishment izquierdista.

La desconexión generacional en Colombia se agudizó con las redes sociales. Mientras los treintones y cuarentones se siguen riendo de las sátiras de Santiago Moure y Martín de Francisco, dos arquetipos anticuados de crítica sociopolítica que ni siquiera producen cringe entre los menores, Westcol y los navegantes de esta barca —Chanty, Mr. Stiven, Cris V, por mencionar algunos— dieron rienda suelta a su locura: el hundimiento definitivo de la vigilancia moral. De manera efectiva, oxidaron el paradigma de lo “políticamente correcto” a través de opiniones homofóbicas, xenófobas, sexistas, racistas y clasistas. Inclusive, circulan en redes teorías creadas por Westcol como la denominada Teoría de Milica, la cual dice que, después de una relación sexual sin condón, la mujer comienza a hablar y expresarse igual que el hombre que eyaculó dentro de ella.[1] Lo paradójico de este ejemplo es que la propia influencer argentina regresó a Buenos Aires (después de una corta estadía en Medellín) hablando más paisa que Rigoberto Urán, lo que provocó burlas y cuestionamientos entre sus connacionales.[2] 

Me impresiona la efectividad de los mensajes y opiniones de Westcol, reproducidas en perfiles y plataformas donde le habla directamente a niños, jóvenes y adolescentes. Su imagen de empresario hetero, estampa fehaciente del ser masculino, honesto en su parecer y seguro de sí, capaz de confrontar y salirle al ruedo a quien sea, le funciona hace mucho tiempo para ofrecerle recomendaciones a su enorme comunidad, sobre métodos para conseguir dinero, establecer relaciones sentimentales y entender las señales comunicativas de las mujeres: “El que demuestra mucho el amor pierde, pa”, “Mujer que tolere infidelidades sí sirve pa’ esposa”, “Man que coma travesti es gay”.

Su habilidad para crear enemistades reales y ficticias le permite configurar escenarios de lucha constante por defender aquello que ha edificado a pulso. Sus haters no solamente provienen de la fama, como Feid, Gina Calderón o el irreverente cantante de trap Pirlo, sino también de colectivos feministas, políticos y civiles que le han exigido, en diversas oportunidades, retractarse públicamente por sus comentarios (sin éxito alguno). Su autopercepción como caballero cruzado en contra de la vigilancia moral y el correctivismo de quienes, según él, desean verlo arruinado, es la gasolina que alimenta su enorme maquinaria cultural.

Hemos tardado mucho en dirigir nuestra mirada hacia este tipo de personalidades que marcan el rumbo cultural del país y establecen pautas de comportamiento en la actualidad. Observen a sus sobrinos adolescentes porque seguramente alguno de ellos encaje en el arquetipo Westcol: gorra tipo USA, camiseta oversize sin estampados, jean ancho, tenis deportivos, reloj grande, cadenita en el cuello, corte de cabello moderado y barba pulida. Probablemente, también encuentren que les gustan más los energizantes que el café —especialmente si estos tienen el rostro de Blessd en el envase—, ver los partidos de micro en barrio Antioquia y jugar FIFA con amigos, mientras emplean la palabra “gay” para señalar cualquier infortunio.

El izquierdismo y los sectores alternativos se quedaron anclados en un mundo que existía hace quince años, incluidas las ciencias políticas, humanas y sociales, que con dificultades ofrecen elementos para comprender estos fenómenos. Darles la espalda a los navegantes de esta balsa al garete, les permitió coger ventaja y tener una influencia cultural enorme en las generaciones que vienen.

Me parece importante, por ejemplo, ver el resumen de la última transmisión de Westcol con su exnovia, la polémica influencer Aida Victoria Merlano. Quizás nos sirva para entender que lo novedoso ahora no es la responsabilidad afectiva, los besos de tres, la deconstrucción, las orientaciones de género, la ética del cuidado, el poliamor, ni nada de esos asuntos que los tíos Millennials presumen como logros, sino todo lo contrario: regresar a los valores que cimentaron el ordenamiento social, al parecer menoscabados por la ideología woke, pero haciendo uso de nuevas herramientas de vigilancia como la ubicación de WhatsApp o los aplicativos que permiten ingresar al teléfono de la pareja en tiempo real.

Ignorar esta realidad sin flexibilizar algunos principios ideológicos nos seguirá alejando de su comprensión, especialmente si se trabaja con niños y adolescentes. Mientras el ángulo de acercamiento para hacerle frente a esta arremetida conservadora sea la vigilancia moral y el correctivismo, la balsa seguirá al mando de Kiko, la Rata, el Blandito, la Cabra, Cris Bareta, La Liendra, Kris R, Mr. Estiven y Milica.

Nota: mientras cientos de analistas políticos reflexionaban sobre la captura de Nicolás Maduro en Caracas, Blessd y Wetscol publicaron un video en YouTube dando su opinión. En tan solo 18 horas alcanzaron 30.318 visualizaciones[3].

________________________________________________________

Héctor Miguel López Castrillón. Candidato a Doctor en Estudios Políticos (Universidad Externado de Colombia), Maestro en Estudios Históricos (Universidad Autónoma de Querétaro) e Historiador (Universidad de Caldas). Profesor e investigador universitario en las áreas de estudios policiales, historia cultural, intelectual y de las derechas. 


[1]Canal West Contenido, La Teoría de Westcol, YouTube Short, 08 de septiembre de 2025,   https://www.youtube.com/shorts/8JDby8MGpq.

[2]MDA Noticias, La reacción de Milica ante gestos de Coscu por su acento colombiano, YouTube Short, 15 de noviembre de 2025, https://youtube.com/shorts/fiiXDxBd5j0?si=Tz3d3HwtEmumEeSM.

[3]Canal WestCol, Westcol y Blessd dicen que a Nicolás Maduro lo vendieron, 5 de enero de 2026, https://youtu.be/w6oEAD7v1bA?si=Xjf2Z3v52negN3i3

“Este es nuestro hemisferio”: el imperio de USA y la batalla afectiva

0

Intentar escribir sobre esto está pesado. Sea lo que sea que digas te clasificarán en uno de los dos polos en los que dicotómicamente se ha planteado el debate durante estos días: estás haciendo “venezuelasplaining” porque no vives en ese país y deberías callarte, o estás defendiendo a Maduro si criticas la invasión imperial de Trump porque el país vecino hace tiempo que no era soberano. Pero bueno, aquí estamos lanzándonos al vacío de la opinión pública donde cada vez es más difícil tener conversaciones que no terminen en un “petrista perra hp”. El bajísimo nos proteja. (Por si las dudas, soy más bien una gata).

En estas pocas líneas quisiera centrarme en un elemento clave para el análisis político. Lo ha sido desde siempre, pero hoy que tenemos acceso a tantísima información lo vemos con mayor contundencia: los afectos son el corazón de la forma en la que se va configurando el poder político. Son muchas las tesas que han conceptualizado los afectos, pero aquí voy solo a mencionar a la filósofa colombiana Laura Quintana, quien va a articular esta categoría con otra que ella nombra como lógica inmunitaria en su texto “Rabia: afectos, violencia, inmunidad” publicado en 2021.

La lógica inmunitaria es aquella que “asume el espacio social como un organismo, cuya integridad se ve amenazada por “algo extraño” que lo contagia y contamina, al alterar y poner en riesgo su “identidad”, “salud”, “seguridad”. Se trata de una comprensión militarizada del sistema inmunológico, proyectada al espacio social, desde la cual aquel se comprende como un sistema de defensa y eliminación de cualquier extraño que ataque la integridad del cuerpo (individual o social)” (p. 18).  A las actitudes estigmatizantes que aparecen en la vida cotidiana, Quintana las nombra como afectos inmunitarios, que da cuenta del otro fijado como riesgo.

“Estudiar es pa´ los pirobos que estudian”, afirmaba una filósofa dosmilera en el famoso tratado videográfico titulado “Las ñeras de la loma”, así que intentaré dar cuenta de lo citado con ejemplos de lo que nos está pasando con este gringo color pollo del Ara. Los afectos inmunitarios que quedan como resultado de esta lógica, hacen que todo ser distinto a mí lo vea y lea como una amenaza, ya sea para mi forma “correcta” de ver el mundo, para mi familia, para mi país o para la sociedad que tenemos. El otro ser que es tan distinto me resulta como un bicho raro, y por eso preferiría que lo exterminaran, para no tenerme que topar con él. (Espero que a Quintana no le de un ataque por mi forma de explicarlo. TQM).

¿Pero qué tiene que ver todo esto con la USA? Resulta que la forma en la que se consolidan los imperios no tiene que ver únicamente con acciones de colonialismo, donde a través de acciones militares y violentas invaden un territorio para anexarlo a su ordenamiento político-administrativo. También, como ya mucha pipol decolonial lo ha detallado, se requiere de un proceso de transformación de nuestras mentes, deseos, opiniones, emociones y proyectos de vida, para que además de que nos invadan la tierrita, demos las gracias por ello y le digamos a quien opina distinto que es un bobo hp y que queda mejor con una bolsa en la cabeza. Para eso son fundamentales los afectos.

El 7 de enero la DW en español publicó un video en Instagram de los bailes de Maduro y Trump que tenía el siguiente pie de foto: “Trump se burla de los bailes de Maduro y dice que lo intentaba «imitar».
El presidente de EE.UU., Donald Trump, se burló de los bailes de Nicolás Maduro y afirmó que intentaba imitarlo, al tiempo que lo calificó de hombre violento y lo acusó de haber matado y torturado personas. Según The New York Times, esas apariciones públicas habrían irritado a asesores de Trump y contribuido a la decisión de autorizar la operación que llevó a su captura”.

Hágame esa pues. Esas tú no las tienes. En un canal internacional logra tener protagonismo mediático que dos figuras presidenciales bailen peor que un papá Noel del Dollar City, y se le da relevancia a que la irritación provocada por tal desastre sea uno de los motivos que llevaron al imperio gringo a invadir Venezuela y capturar a Maduro. ¿Khe está pasanda? Pues que esto parece banal y gracioso, pero en el fondo, activa nuestros afectos y nuestra lógica inmunitaria.  Hace que veamos a Maduro como un imbécil que habla de la multiplicación de los penes y no de los panes, que habla pésimo inglés y baila ridículamente, y a un Trump que además de poderoso es gracioso porque baila en sus alocuciones mientras sostiene el micrófono con una mano, mientras con la otra firma invasiones militares y oculta los archivos que prueban su pedofilia. Y todos los días nos avientan capsulitas similares.

La lógica inmunitaria, a la cual contribuye la prensa, las redes sociales, los discursos de los partidos y sus figuras más visibles, los pronunciamientos institucionales, entre otras arquitecturas del poder, nos arrinconan para que tomemos una u otra postura. Y ojo, postura hay que tomar, porque nada más cómodo que decir que yo de estas vueltas no opino porque no están pasando en el patio de mi casa (sí claro ajá cómo no), pero los afectos que se imponen te dicen que estás del lado de la gente de bien o del lado de la izquierda mamerta que “todo lo arruina”, y no hay ningún matiz posible. Soy de tu mismo pensar, o soy una estúpida de sobaco peludo que me vería mejor con un tiro en la sien (debo asumir que sí tengo el sobaco peludo). Y mientras nos aniquilamos en redes sociales, la invasión imperial sigue su curso y nos quedamos en el rincón llorando en el celular mientras las calles y campos son reventadas a bombazos o militarizadas por los ojiazules con mejillas color mortadela.

¿Cómo construir otros afectos posibles en medio de esta batalla inmunitaria? ¿a quiénes leo o escucho todos los días para analizar lo que está pasando? ¿cuáles son las voces protagónicas en medio de estos momentos tan dolorosos? Creo que nos toca detenernos un toque, desconectar el celular por momentos, escucharnos entre vecinas de unos u otros países con quienes tenemos en común más de lo que nos hacen creer con sus bailes de mierda. Al final quienes asumen las consecuencias más crudas de todo lo que acontece no son únicamente quienes ocupan los palacios presidenciales, y obvio que esta batalla afectiva se está profundizando en estos tiempos electorales en Colombia.

Mientras nos deseamos la muerte y creemos que quien está del otro lado del debate tiene la misma masa cerebral de la barbie, perdemos la posibilidad de disputarnos los afectos que hoy hacen que votemos por quien va a permitir que nos destruyan y arrasen con todas las formas de vida que nos acompañan. Creemos que la disputa es únicamente racional, y la cosa es evidentemente bastante emocional. A mucha gente no le importan tanto los datos, porque le emociona más que un candidato saque una motosierra en un estadio, cante ópera en navidad o lleve gratis a un comediante de Sábados Felices a amenizar su campaña. 

El 1 de mayo de 1981 Margaret Thatcher dijo en una entrevista: “La economía es el medio; el objetivo es cambiar el corazón y el alma”. Esta frase muestra que el objetivo de configurar nuestros afectos ha estado presente en el plan de estos personajes desde hace rato, haciéndonos “inmunes” a todo aquello que no comulgue con su estatus quo.

Entonces, ¿A quién le pertenecen tus afectos? ¿son también de aquellos que hoy se nombran como dueños de este hemisferio? ¿todavía creen que hablar de emociones y afectos es una banalidad?

Venezuela: una cabeza de caballo ensangrentada en la habitación

0

A propósito de la intervención militar gringa

Como en el béisbol, las implicaciones de la intervención militar del gobierno de Trump en Venezuela pican y se extienden. Ni todo comenzó en la madrugada del 3 de enero de este año, ni se agotará en ese episodio. La retención de Nicolás Maduro y Cilia Flores se inscribe en una secuencia más amplia de acontecimientos y maniobras orientadas a un propósito fundamental: reposicionar a Estados Unidos como amo y señor del hemisferio, en general, y de América Latina y el Caribe, en particular. Conviene no perder de vista que este afán por recuperar el terreno perdido responde a la necesidad estratégica de Washington de contener y desactivar el peso creciente de imperialismos emergentes, como China y Rusia, cuya presencia económica, política y militar se ha venido ampliando progresivamente en la región durante las últimas décadas.

Desde la posesión de Trump en enero de 2025, el gobierno de Estados Unidos ha venido fabricando una atmósfera destinada a anunciar el retorno de su versión más imperialista y abiertamente intervencionista. La guerra arancelaria; las órdenes ejecutivas para declarar organizaciones criminales venezolanas como terroristas y enemigas del Estado norteamericano; la reactivación de la narrativa del Cartel de los Soles; la autorización a la CIA para realizar operaciones en territorio venezolano; el despliegue de portaaviones y tropas en el Caribe; y la piratería de Estado aplicada a cargueros petroleros venezolanos fueron pavimentando el camino hacia la intervención. Una intervención que, además de descabezar al régimen —dejándolo deliberadamente vivo para renegociar ciertas condiciones e intereses desde una posición de mayor fuerza—, se constituye en un auténtico aviso a navegantes: docilidad y sometimiento absoluto a los designios imperiales de Trump, o catástrofe.

Paralelo al uso del gran garrote retórico, arancelario y militar, el gobierno de Trump ha venido combinando múltiples formas de injerencismo que, por ser menos espectaculares, suelen pasar por debajo del radar, pero que igualmente tributan a la estrategia general de recomposición del proyecto imperialista en la región. Los chantajes asociados a rescates financieros en Argentina, orientados a favorecer a los candidatos del espacio político de su socio Javier Milei en la reciente elección parlamentaria; el indulto del expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, condenado por narcotráfico en Estados Unidos, para incidir en el resultado electoral de su país; las amenazas recurrentes contra el gobierno de Gustavo Petro; el reciente acuerdo militar con Paraguay; y la recomposición pragmática de relaciones con Lula da Silva tras el descalabro del bolsonarismo, son apenas algunos ejemplos de la diversidad de fórmulas con las que el trumpismo mueve ficha para fortalecer su hegemonía en América Latina.

El temor de Estados Unidos y de buena parte de Occidente ante la posible consolidación de un orden mundial multipolar, capaz de redefinir fuerzas, roles y pesos en el campo de la economía y la política globales, encuentra por ahora en América Latina límites concretos que confirman que lo que impera en el escenario internacional es el desorden propio de los períodos de transición. Dicho sin rodeos: los imperialismos chino y ruso se encuentran en ascenso, Estados Unidos en descenso; sin embargo, por el momento, las potencias emergentes que han comenzado a desembarcar en América Latina y el Caribe no están dispuestas a plantarse en la defensa abierta de sus socios cuando estos entran en colisión directa con Washington.

Esta coyuntura podría desembocar en acuerdos momentáneos de repartición de esferas de influencia entre los tres grandes actores —Estados Unidos, China y Rusia— mientras se decantan las correlaciones de fuerza a escala global. En ese interregno, resulta imprescindible pensar los límites objetivos que esta condición impone a los proyectos progresistas de la región y a algunas izquierdas, muchas de los cuales han cifrado sus expectativas de amparo geopolítico y proyección estratégica en la relación con los llamados imperialismos emergentes, subestimando tanto su pragmatismo como el carácter imperialista de sus proyectos.

En un país como Estados Unidos, la política exterior tiene impactos muy marcados en la política interna. Muchas de las incertidumbres acerca de lo que está por venir pueden comprenderse mejor si se tiene en cuenta esta clave. Las guerras, las operaciones militares y los golpes espectaculares hacia afuera no solo buscan disciplinar a terceros, sino reordenar equilibrios y consensos al interior del propio campo político estadounidense.

La imagen de Nicolás Maduro esposado, con los ojos vendados, conducido por agentes de la DEA, y las fotografías que con el paso de las horas se han ido conociendo, cumplen una función central en ese cometido. No se trata solo del secuestro de un adversario, sino de la construcción de un triunfo político y mediático que refuerza la figura de un Donald Trump envanecido y confiado.

En primer lugar, la operación le permite congraciarse con el ala neoconservadora del movimiento MAGA, cuyos actores más influyentes son las redes de exiliados cubanos y venezolanos en Miami, con Marco Rubio como figura emblemática. En segundo término, refuerza la retórica supremacista blanca y antinmigrante bajo un supuesto tan cínico como eficaz: derrocado el dictador, los venezolanos ya no tendrían excusa para permanecer en territorio estadounidense y podrían “volver a su país a hacerlo grande otra vez”. Finalmente, la fuerza militar le permite exhibir su poderío y constituirse a sí mismo como un líder nacional y global fuerte lo que sin duda resultara útil de cara a las elecciones de medio término previstas para noviembre de este año, en un contexto de desgaste relativo de la imagen de Trump a causa de las filtraciones permanentes que lo vinculan al caso de pedofilia de Jeffrey Epstein.

Volviendo a Venezuela, las cañoneras gringas cumplieron su papel. La oposición de María Corina Machado y Edmundo González ha sido desplazada por ahora, pese a su vergonzoso servilismo, y en su lugar se ha posicionado el gobierno de Trump como contraparte directa del chavismo en una transición que no parece implicar un cambio de régimen inmediato. En ese marco, la administración Trump se ha fijado como primer objetivo bloquear el acceso de sus rivales geopolíticos a los recursos petroleros venezolanos y, de paso, entregar a sus propios monopolios una mayor participación en el negocio petrolero.

Las repercusiones regionales de este acontecimiento son indiscutibles, sobre todo si se considera la proximidad de procesos electorales en Colombia y Brasil, en los que Estados Unidos será un jugador más importante que de costumbre. En ese sentido, puede afirmarse que la acción militar contra el presidente de Venezuela y su esposa se convierte en una verdadera cabeza de caballo ensangrentada que, a la usanza del padrino Trump, es colocada en la cama de todos los pueblos de América Latina.

Desde las guerras imperialistas que propiciaron la desintegración de Yugoslavia, pasando por el genocidio en Gaza y las intervenciones criminales en Irak, Somalia, Libia y Afganistán, hemos asistido a la muerte del llamado derecho internacional y del orden mundial basado en reglas nacido en la posguerra. Seguir invocando esas consignas o a las instituciones multilaterales como alternativa en medio de un período de transición frágil, marcado por guerras híbridas regionales, parece no ser una alternativa politica eficaz para enarbolar en este periodo. Resulta fundamental que las izquierdas y los sectores alternativos comiencen a pensar horizontes políticos que vayan más allá de asumir como límite el capitalismo redistributivo que propone el progresismo, así como la ilusión de unos “imperialismos buenos” encarnados por China y Rusia, que actúan como sus supuestos aliados. La hora de los pueblos se juega en un horizonte más radical, que se posicione contra todos los sistemas de opresión y dominación. No hay que olvidar que la única vez que el imperialismo mundial estuvo dispuesto a respetar mínimas normas fue cuando media humanidad sostenía en las manos el revolver cargado del socialismo frente al capitalismo imperialista.

Balance de la movilización por la soberanía en Colombia

0

Comparto algunos comentarios sobre la intervención del presidente Gustavo Petro, a propósito, de la posible agresión imperial de Estados Unidos a Colombia.

1.

En Colombia la soberanía se respeta: en una convocatoria de movilización social que fue prácticamente de un día para otro, hubo participación masiva.

2.

El presidente Petro habló con Trump minutos antes de su intervención en la Plaza de Bolívar, y anunció que a raíz de esa conversación tuvo que cambiar su discurso.

3.

Gustavo Francisco no tiene la capacidad de contar un chisme, pues tardó casi una hora para decir que abordó tres puntos durante la llamada con Trump. La verdad es que en un momento me disocié y no supe si mencionó el tercero.

4.

Quienes sufrimos de ansiedad recibimos con alegría el spoiler de Trump:

5

Durante estos días de tensión identifiqué dos cosas absolutamente innecesarias:

  • En el cierre de la lectura del Comunicado del Gobierno por la soberanía y la democracia, leído por la directora del Dapre, Angie Rodríguez, afirmó lo siguiente: “presidente, lo amamos”, eso se le dice personalmente a él o se le grita en una marcha, pero no en una alocución tan seria.
  • El discurso del presidente no debió ser tan largo. Cuando se pone a freestalear dice cosas inapropiadas y hace chistes muy malos. Escuchándolo quería estar feliz y orgullosa, pero lamentablemente eso no pasó.

Me alegra no tener que irme a la resistencia antiimperialista y por si las moscas me quedan varias tareas: hacer ejercicio, aprender chino mandarín, estudiar en serio inglés y cosas prácticas como hacer fuego con piedras, clave morse y correr con peso en la espalda y los brazos.

Posdata 1: directora Angie, una recomendación cariñosa, para próximas oportunidades, lea muchas veces los discursos antes de la grabación para evitar tantas equivocaciones en vivo y en directo.

Posdata 2: ¿Cómo será el proceso de reactivación de la visa del presidente Gustavo Petro?, ¿Será que solo se la devuelven a él o al resto del gabinete también?, ¿les tocará ir hasta la embajada para hacer la vuelta?

Posdata 3: ya sé cuál será la primera frase que aprenderé en chino mandarín, “Zhàndòu, shībài, zài zhàndòu, zài shībài, zài zhàndòu, rúcǐ fǎnfù zhídào shènglì: Zhè jiùshì rénmín de luójí, tāmen yě yǒngyuǎn bù huì fǎnduì tā”.

“Luchar, fracasar, luchar de nuevo, fracasar de nuevo, volver a luchar, y así hasta la victoria: ésta es la lógica del pueblo, que tampoco marchará jamás en contra de ella”: presidente Mao