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Palestina, la rabia como vocación

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La realidad del pueblo Palestino agrieta el alma. Parece que el dolor no es suficiente, ni la mentira, ni la hipocresía de los gobiernos y la prensa occidental. El multilateralismo agacha la mirada para sostener que Palestina no debe tener ni un presente, ni un futuro soberano. El reconocimiento que hacen algunos países de la existencia del Estado palestino parece no ser más que el saludo a la bandera del sistema internacional de derechos humanos y a los solapados valores de las democracias liberales. 

Es que la marca histórica y el horizonte de la nación mediterránea debe ser la colonia y el riesgo de la desaparición cultural y física. Palestina es la terrible muestra paradigmática de lo que Franz Fanon llamaba «la zona del no ser», la zona de la negación colonial de toda humanidad. 

El genocidio asciende a las 66.055 personas asesinadas en Gaza, quizás sean más por subregistros. El control dictatorial de Israel sobre Cisjordania, que no tiene nada que envidiar a los regímenes fascistas, es un control que cuenta con el beneplácito de burócratas palestinos, y continúa pese a todo tratado internacional y a toda resolución de la ONU. 

En su famoso discurso sobre la colonialidad, Aimé Cesáire decía:

«Una civilización (la civilización occidental) que se muestra incapaz de resolver los problemas que suscita su funcionamiento es una civilización decadente. Una civilización que escoge cerrar los ojos ante sus problemas más cruciales es una civilización herida. Una civilización que le hace trampas a sus principios es una civilización moribunda».

Un civilización moribunda, hipócrita, profundamente hipócrita que no hace nada frente a la violación rampante del Estado de Israel al derecho internacional humanitario y al derecho de mares, cuando en aguas internacionales este país secuestra a cientos de personas de distintas nacionalidades que tenían como propósito abrir un corredor humanitario para Gaza. Una agresión que equivale, en realidad, a la agresión de cada nación. Y tras el secuestro viene la tortura en cárceles israelíes. El secuestro y la tortura a los miembros de la Global Sumud Flotilla que pasa como una noticia más, porque el perpetrador es un aliado occidental. No es un país racializado del sur global, pobre. No, el agresor, el victimario es un aliado estratégico del norte global en la tensa región árabe. 

En el mismo discurso sobre la colonialidad, publicado en 1950 en parís, Aimé Cesáire sentenciaba: 

«en el fondo lo que no le perdona a Hitler (“el burgues” europeo, u occidental para el caso) no es el crimen en sí, el crimen contra el hombre, no es la humillación del hombre en sí, sino el crimen contra el hombre blanco, es la humillacion del hombre blanco, y haber aplicado en Europa procedimientos colonialistas que hasta ahora solo concernian a los arabes de Argelia, a los coolies de la India y a los negros de Africa (…) He hablado mucho de Hitler. Lo merece: permite ver con amplitud y captar que la sociedad capitalista, en su estadio actual, es incapaz de fundamentar un derecho de gentes, al igual que se muestra impotente para fundar una moral individual. Quiérase o no, al final del callejón sin salida de Europa, quiero decir de la Europa de Adenauer, de Schuman, de Bidault y de algunos otros, está Hitler. Al final del capitalismo, deseoso de perpetuarse, está Hitler. Al final del humanismo formal y de la renuncia filosófica, está Hitler».

Y así Cesáire procede a evidenciar cómo prominentes humanistas y hombres de letras europeos justificaban toda clase de crímenes contra la población colonizada. Con razones raciales, morales e incluso intelectuales, justificaban el hecho colonial. El problema para occidente no fue Hitler, fue que Hitler ejerciera las prácticas que Europa perpetuaba no sobre la población blanca y occidental sino sobre la población racializada de otras latitudes asumidas como bárbaras. El occidente blanco colonizador, el norte global diríamos hoy, ya tenía un Hitler dentro de sí. Las prácticas y discursos fascistas eran las prácticas y discursos que llevaba occidente al mundo colonizado desde años atrás. 

Hoy, el pueblo blanco europeo sometido al genocidio hace más de 80 años, ejerce el poder colonial y revive el Hitler que le sometió «nadie coloniza inocentemente, que tampoco nadie coloniza impunemente; que una nación que coloniza, que una civilización que justifica la colonización y, por lo tanto, la fuerza, ya es una civilización enferma, moralmente herida, que irresistiblemente, de consecuencia en consecuencia, de negación en negación, llama a su Hitler, quiero decir, su castigo», insistía Cesáire.

La hipocresía no es, en lo absoluto, una novedad. La diferencia moral entre buenos y malos para las potencias occidentales tiene que ver con aliados, color de piel y recursos. Ese es el rasero de los derechos humanos para el poder imperial. 

Por estos días me hace más sentido la canción Días y Flores, de Silvio Rodríguez:

Será que a la más profunda alegría
me habrá seguido la rabia ese día,
la rabia simple del hombre silvestre,
la rabia bomba, la rabia de muerte,
la rabia imperio asesino de niños,
la rabia se me ha podrido el cariño,
la rabia madre, por Dios, tengo frío,
la rabia es mío, eso es mío, sólo mío,
(…)
la rabia dame o te hago la guerra,
la rabia todo tiene su momento,
la rabia el grito se lo lleva el viento,
la rabia el oro sobre la conciencia,
la rabia —coño— paciencia, paciencia.
La rabia es mi vocación.
Si hay días que vuelvo cansado,
sucio de tiempo, sin para amor,
es que regreso del mundo,
no del bosque, no del sol.

La rabia ante la impotencia, la maldita impotencia de atestiguar un juego de mesa entre gigantes, un juego ya bien conocido en la historia por el reparto de bienes, tierras y poder. Este reparto que recuerda cuando en el siglo XIX las potencias coloniales dibujaron fronteras inexistentes para los pueblos, y crearon países no en razón de historias y culturas sino de intereses económicos y geopolíticos. 

Un juego siniestro al que a veces llaman tratado y que ahora llaman «plan de paz para Palestina» o «plan de paz de Trump». En el siglo XX las potencias implantaron a sangre y fuego un hijo llamado Israel a imagen y semejanza de los patrones occidentales coloniales. Ahora, en el siglo XXI, con este juego los gigantes nos dicen que ni la continuidad del régimen de apartheid contra el pueblo palestino, ni el genocidio, son suficientes. No, no importa solo cercar a una nación, hay que impedir también que piense, que decida a quien elegir. Y esto tampoco es nuevo en la historia. Los cánones del colonialismo puro y duro son la siguiente carta en este juego de poder.

Este Plan, ideado por el gobierno Trump con el beneplácito del Estado genocida, reproduce los cánones coloniales y recuerda otras aventuras estadounidenses. Como señaló Leandro Albani en su artículo El «plan de paz» de Trump para Gaza: colonización y negocios para el portal Desinformemonos: 

«El plan de Trump nos recuerda a la administración de George W. Bush y la imposición en Irak de la Autoridad Provisional de la Coalición (APC) en 2003, tras la invasión militar de aquel país. Encabezada por Paul Bremer III, la APC tuvo la función de organizar el saqueo de los recursos naturales, recrudecer las diferencias internas en Irak, presentarse como una institución transitoria que blanqueó las atrocidades cometidas por las tropas norteamericanas y convertirse en punta de lanza para, por un lado, aplicar un modelo neoliberal salvaje y, por otro, “gestionar” sumas de dinero millonarias que terminaron en decenas de compañías contratistas, como fue el caso de Halliburton, que tenía entre sus principales directivos a Dick Cheney, vicepresidente en la administración Bush».

Las voces bien pensantes han celebrado la propuesta —que inluye además de la violación a la autodeterminación del pueblo, la proyección de, basicamente, un resort para el turismo y los negocios de la población blanqueada construido sobre el bombardeo de Gaza— y repiten cuan mantra la exigencia de la devolución de los rehenes israelíes retenidos por las milicias armadas del partido Hamas (con el fin, justamente, de proponer un intercambio de rehenes), aún cuando las condiciones completamente desiguales se evidencian en la cifra de 48 rehenes israelíes frente a 11.000 prisioneros políticos palestinos. El absurdo llega a un punto inimaginable: el ataque abierto al derecho a la autodeterminación, la salida colonial al colonialismo, se celebra en los grandes medios y en los gobiernos de occidente y el mundo árabe. De nuevo con Cesáire «La maldición más común en este asunto (Colonización y civilización) es ser la víctima de buena fe de una hipocresía colectiva, hábil en plantear mal los problemas para legitimar mejor las odiosas soluciones que se les ofrecen».

La impotencia se procura tramitar con el apoyo al boicot o con donaciones, pero también con el ruido: el ruido informativo contra el silencio que procura el blanqueamiento del genocidio, el ruido de la movilización, el ruido que incomode, aunque sea un poco, a la nueva corte colonial de gobiernos occidentales y árabes hipócritas y de la prensa vasalla. El ruido contra el poder imperial y la incomodidad frente al silencio ensordecedor que queda después del bombardeo. Y aún así la rabia continúa, la rabia como vocación, la rabia contra esta realidad indignante.

«No creo que seamos parientes muy cercanos, pero si usted es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo, somos compañeros, que es lo más importante».

Ernesto Guevara

El supervisor invisible: vida y resistencia bajo el algoritmo

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Gestión algorítmica, riesgo transferido y deuda digital. Esta segunda entrega describe cómo se trabaja en Rappi, la captura regulatoria regional y las formas de organización que emergieron para disputar derechos.

Puertas giratorias y lobby: el otro motor

La expansión no es solo código. Es política. David Luna, exministro TIC (2015–2018), fundó Alianza In para agrupar a plataformas como Rappi, Uber y Didi e influir en la agenda. Su exviceministro Juan Sebastián Rozo pasó luego a Rappi como jefe de Políticas Andinas y director regional de Política Pública (hasta 2024). En Perú, redes empresariales y parlamentarias (con Adriana Tudela como figura visible) frenaron cinco proyectos de ley pro-derechos de los rappitenderos y otras plataformas; en Argentina, Gabriel Buenos saltó del gobierno macrista a Rappi Cono Sur. La línea entre regulación y cabildeo se difumina cuando los exreguladores acaban en nómina corporativa.

Gestión algorítmica: control sin capataz

Rappi, como Glovo o Deliveroo, organiza trabajo con sistemas opacos que:

  • Asignan pedidos y calculan tarifas dinámicas.
  • Clasifican desempeño con estrellas y métricas.
  • Gamifican con bonos y “rachas” para mantener conexión constante.
  • Sancionan automáticamente con bloqueos por rechazos, demoras o fallas técnicas.

El resultado: el repartidor ve una app; detrás opera un motor estadístico que define su ingreso. Encuestas sindicales señalan que 81 % de repartidores en Colombia depende exclusivamente de Rappi, desmintiendo la “plena libertad” de rotar entre apps.

Riesgo y costo, del lado débil

Jóvenes y migrantes —muchos venezolanos— trabajan sin contrato ni afiliación plena a salud, pensión y riesgos laborales. Pagan bici o moto, combustible, repuestos, teléfono, datos, maleta térmica y casco (en Argentina, vendido por la propia empresa). En ciudades congestionadas, enfrentan accidentes, hurtos y exposición climática. El esquema a destajo convierte cada minuto en carrera por cumplir metas invisibles.

El manejo de efectivo añade fricción: cuando el cliente paga en efectivo, el repartidor luego “le debe” a la plataforma; errores o demoras del sistema se traducen en deudas y bloqueos. En México se reportaron montos de hasta 40.000 pesos, condonados tras protestas.

La comparativa corporativa de “doble del mínimo por hora” repetida en muchas entrevistas de sus directivos omite tiempos muertos, espera, compras y depreciación. Una hora conectada no es una hora pagada.

De la rabia a la organización

La competencia diseñada no impidió la solidaridad. Grupos de WhatsApp y Facebook derivaron en organización sindical:

  • Junio 2019 (Bogotá): protestas con quema de mochilas frente a oficinas de Rappi.
  • 8 de octubre de 2020: nace UNIDAPP (con apoyo de la CUT), tras una movilización de 3.000 repartidores; rechaza el rótulo de “colaboradores”.
  • Durante la pandemia, el sindicato denunció seguimientos y perfilamientos de líderes por seguridad privada.

El cambio político de 2022 con la llegada del gobierno de Gustavo Petro y el Pacto Histórico abrió puertas:

  • Septiembre 2023: Ministerio del Trabajo media un acuerdo; Rappi reconoce a UNIDAPP como interlocutor y ajusta notificaciones de la app.
  • Febrero 2024: se pacta tarifa mínima por pedido; UNIDAPP impulsa avances similares en otras plataformas (como Didi).
  • Marzo 2025 (Medellín): la Unión Sindical de Mensajeros de Tiendas Turbo acuerda mejoras para 700 repartidores (parqueo, hidratación, baños y debido proceso en cierres de cuenta) con mediación de la Dirección Territorial del MinTrabajo.

El ministro Antonio Sanguino (feb. 2025) lo sintetizó: la negociación colectiva no puede obstaculizarse por falta de reglas; toca proteger las nuevas modalidades de trabajo digital y garantizar trabajo digno.

Contrastes regionales

En Argentina, Rappi bloqueó a la directiva del sindicato APP; el conflicto sigue en tribunales en ausencia de un marco favorable y ante el peso del lobby. En Chile, colectivos como Rapi08 y Riders Unidos Ya integran MAREA, que coordina demandas por salario mínimo, seguridad social y derechos sindicales.


Del control algorítmico a la acción colectiva, el tablero se movió. En la tercera entrega, el nuevo marco legal colombiano: qué cambia para plataformas y repartidores, y qué desafíos deja su implementación.

“Salva a Colombia, ¡ten hijos!”: el descaro pronatalista de la derecha colombiana

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Sé que a mi parcera La Terrible no le va a gustar tanto el inicio de esta columna, pero ella sabrá perdonarme por los innumerables momentos en los que el reguetón me arrastra hacia sus fauces. Para mí es imposible no mover mi prolongación de la espalda cuando Ms Nina se tira esta línea: “Soy tu sicaria, me pongo fina, échale agua. No hablo de la planta, hablo de la nalga”. Poesía absoluta para mis oídos descompuestos y perforados por el punk. Es su culpa.

La vuelta es que para mí fue inevitable tararear ese temón en mi cabeza cuando la semana pasada pillé un pendón gigante en la fachada del Congreso que decía “Salva a Colombia, ¡ten hijos!”. El rostro visible era una nena re sonriente con su panza y un vestido azul. De inmediati pensé: Colombia, soy tu sicaria y me pongo fina, porque hace cinco años me ligué las trompas, así que en lugar de salvarte voy a tener que matarte. Una lástima para un país con tanto futuro (miau miau miau miau).

Debo aclarar que no soy una feminista antimaternal. Leyendo las valiosas reflexiones de María Fernanda Cardona, coincido en que algunos parches feministas se han encargado de leer de forma reduccionista la decisión de maternar como si fuese únicamente una imposición patriarcal, cuando a esta acción la rodean muchos elementos para pensar, incluso, la necesaria transformación social. Este no será el foco de este escrito, pero me parece importante decir que admiro y respeto a quienes DECIDEN gestar, maternar y paternar como parte de su capacidad de agencia. Recordemos además que no solo las mujeres cis podemos gestar y maternar, aunque obvio la seño del pendón fuese una mujer blanca cis.  

Aclarado esto, debo decir que el pendón es basura descarada de la derecha pronatalista colombiana. Parte de los datos que les llevó a ponerla en el Congreso para que todo el mundo pudiese verla, tuvo que ver con que según el DANE hubo una caída en la tasa de natalidad en Colombia, que en 2024 fue de 445 mil nacimientos, con una reducción del 13,7% en la última década. Esta caída es una tendencia global.

Hasta ahí suena preocupante para quienes afirman, como la senadora Lorena Ríos de Colombia Justa, que “una patria sin hijos es una patria sin futuro”. Señora, ¿ya se vio Rodrigo D? en este país hablar sobre el futuro es para gente privilegiada como usted. Y ya que nos gustan tanto los datos y nos parecen taaaan alarmantes, veamos dónde está la reducción más alta. Hubo una disminución del 51,1% en la tasa de fecundidad de adolescentes entre los 15 y los 19 años. Les pregunto: ¿no es este un motivo para celebrar? ¿o ustedes también creen que el embarazo adolescente es la mejor manera de salvar esta hermosa patria? La edad media para tener el primer hijx en Colombia está en los 24,4 años. ¿No les parece muy valioso que ahora se pueda planear y decidir sobre esta decisión después de pasar la adolescencia? ¿Dónde quedó el “¿alguien puede pensar en los niños?”. Parece que la preocupación solo emerge cuando hablamos de un feto, porque después de nacer, ya no nos importa.

Ahora, analicemos las razones. Es real que ha habido un descenso histórico de nacimientos, pero en lugar de pedirnos maternar -bueno, a mí no porque soy tu sicaria y ya paila- ¿por qué no analizamos lo que está generando que muchas personas ya no incluyan el maternar o paternar en sus proyectos de vida? Piedad Urdinola, la directora del DANE, afirmó que si bien este fenómeno, que se conoce como proceso de transición demográfica, comenzó en los años 70 de manera lenta, después de 2015 se aceleró. La inestabilidad económica es una de las principales razones por las cuales las familias aplazan el nacimiento de sus hijos, de acuerdo a lo publicado por la oficina de Prensa de la Presidencia de la República.

Si nos empeliculamos más y miramos nuestras propias vidas detenidamente, podemos reconocer que la precarización económica y subjetiva que ha profundizado el neoliberalismo hace que la estabilidad ya no sea una posibilidad, ni la económica, ni la mental, ni la emocional, ni la del proyecto de vida…¡estabilidad de nada! Los índices de violencias basadas en género son macabras. Según CEPAL, 11 mujeres son víctimas de feminicidio CADA DÍA en América Latina y el Caribe. ¿Qué está haciendo la derecha al respecto? Porque parece que solo importamos cuando dejamos de parir, más no cuando nos matan.

En el Concejo de Bogotá está avanzando el Proyecto de Acuerdo 340 propuesto por la concejala liberal Clara Sandoval. Ya sabemos hace tiempo que de liberales no tienen sino el nombre. Este proyecto busca que se exija una valoración obligatoria de salud mental antes de permitir una interrupción voluntaria del embarazo. Les pregunto: ¿quién en la actualidad, habitando este planeta, vive una salud mental plena? Esta es una de las razones por las cuales muchas personas deciden abortar. Resulta que ahora quienes abortan son sicarias de la patria, y parece que “no están en condiciones” de tomar una decisión autónoma. No estamos hablando aquí del abandono parental de hogares, ni de las estadísticas de demandas por alimentos, ni de las miles de personas que no saben hoy cómo sobrevivir vendiendo su fuerza de trabajo mientras hacen trabajos de cuidado con sus familias. Estamos hablando de la necesidad de dedicarnos a lo que derecha cree que por esencia vinimos al mundo: ¡a parir, linduras!

Se me acabó el espacio, pero no la rabia. Nuestro derecho a la autonomía, a la libre decisión y nuestros derechos sexuales y reproductivos están en riesgo, y más en tiempos de ascenso vertiginoso de los neofascismos. A la sociedad colombiana le interesa más tacharnos de sicarias de la patria por decidir no tener hijxs, o por cuestionarnos cada día más esta decisión en un país donde fácilmente tu hijo puede terminar engrosando la lista de “falsos positivos”, o tu hija puede ser víctima de feminicidio, o tu hijo puede ser reclutado por una banda de narcos, o tu hije puede crecer para tener como única opción enriquecer a su patrón que le precarizará hasta la enfermedad.

¿En serio somos las llamadas a salvar a Colombia pariendo? Qué descaro tan serio.

Referencias

Presidencia de la República. (2025). En 2024 nacieron 445 mil bebés en Colombia, una reducción de 13,7 % en la última década, informó el Dane.

CEPAL. (2024). Al menos 11 mujeres son víctimas de feminicidio cada día en América Latina y el Caribe.

Las comunicaciones de la izquierda son radicales: radicalmente pesadas o radicalmente vacías

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Estoy muy preocupada por estas elecciones, más que por las anteriores. La angustia bajó significativamente con el anuncio de la precandidatura de Iván Cepeda, pues el panorama de la izquierda toma forma con una persona seria, formada políticamente, coherente, disciplinada y realmente comprometida con la justicia social, pero en el Congreso el ambiente es desolador.

Hace unos años, armaba plan para ver los debates en Cámara y Senado, eran tan emocionantes como un partido de fútbol, los silencios, los gritos, los discursos de parte y parte, Iván Cepeda, Gustavo Petro, Gloria Inés Ramírez, Piedad Córdoba, hasta el mismo Jorge Enrique Robledo, mandaban la parada y por eso la izquierda (y Robledo), cogieron la buena-mala fama de ser muy buena en la oposición. Siempre argumentada, preparada, con investigaciones exhaustivas, mostrándole al país las relaciones entre políticos y paramilitares, la injerencia de Estados Unidos en Colombia, liderando marchas y mítines. Cada intervención era para tomar nota, era una clase, porque entonces, no les bastaba con hacer muy bien su tarea, sino que buscaban formar a las bases, algo muy similar a lo que hoy hace el Senador Wilson Arias. Pero esos días llegaron a su fin.

Hoy por un lado nos enfrentamos a la falta de visibilidad de cuadros políticos, o de buenos cuadros políticos, y con ella a la decadencia de la representación legislativa. Discursos vacíos, oportunismo político, reflexiones poco elaboradas y la habilidad para crecer en redes sociales. Por otra parte, están los “cuadros políticos”, que arrastran consigo las prácticas amañadas de siempre, acaparamiento del poder, el juego sucio, conspiraciones que poco o nada aportan a la colectividad, al mejor estilo de Gloria Flórez e Isabel Zuleta.

También aparecen las candidaturas por, para y en redes sociales. Recuerdo que hace siete años en el Seminario Internacional 100 años de la Revolución Rusa y 150 años del Capital de Karl Marx, la Revista Hekatombe, por medio de ejemplos en la historia, habló sobre la importancia de la forma a la hora de comunicar, y que la forma no debía vaciar el contenido. Que la comunicación era muy importante para Marx y —en especial— para Lenin, por eso nunca fueron ajenos a buscar formas de comunicar más y mejor, así que rescatando ese legado, era necesario comunicar de formas originales, diferentes, que conectaran con las audiencias y las cualificaran.

A la izquierda colombiana y los sectores que la orbitan les cuesta mucho trabajo comunicar, parece que la última propaganda decente fue la canción ‘A la carga’ de Pacho Galán, para apoyar la candidatura presidencial de Jorge Eliécer Gaitán. En cambio, ahora nos encontramos con copias mal hechas de experiencias que funcionaron en otras partes del mundo, precisamente hace unos días me acordé cuando en 2017 la representante María Fernanda Carrascal con personas que habían sido de Marcha Patriótica, impulsaron la campaña de Humberto de la Calle y reencaucharon descaradamente el «I like Ike» de 1952, para la presidencia de Eisenhower. 

Volviendo a las izquierdas, se ha pasado de embutir toda la información en una hoja tamaño carta, con letra arial 9, en un lenguaje setentero y acartonado, a videos sin mayor contenido político-pedagógico, respondiendo a tendencias tontas de redes sociales, que solo tienen por objetivo conseguir likes, sin dar a conocer un programa, ni pretender cualificar a las audiencias con análisis de interés y profundidad. La comunicación política en las izquierdas es radical; radicalmente pesada o radicalmente vacía, parece que no hay puntos intermedios.

Es muy deprimente seguir las redes sociales de Susana Muhammad, una mujer tan brillante haciendo videos ridículos que no dicen absolutamente nada; vergonzoso saber que es candidato de este sector Quintero, conocido por ideas bobas como el Partido del Tomate, lanzarse de un puente o ahora, ofrecer lavadoras gratis. Ni hablar de los influencers, cuyo principal, por no decir único, mérito es hacer parte de las barras bravas de un sector político, y creer que cuentan con las cualidades para representarnos en el legislativo…

En este contexto, la campaña de Iván Cepeda está perdiendo la fuerza con la que arrancó, al acercarse más a una estrategia de redes y eventos de una ONG de derechos humanos, que a una campaña presidencial. Por supuesto, su base electoral es el movimiento de víctimas y de DDHH, sin embargo, es necesario hablarle a las mayorías del país, eso por supuesto, no quiere decir caer en el ridículo de algunos candidatos, sino de llenar de forma y contenido sus comunicaciones, más allá de la estrategia de voluntariado digital que está promoviendo.

El equipo de Iván Cepeda parece que sigue pensando que se trata de llegar de nuevo al senado con la misma comunicación estática de siempre y, por lo menos en redes, es evidente que no se ha dado cuenta que el momento cambió y que las comunicaciones deben ser eficientes, emotivas, valientes y emocionantes, como lo es el candidato. 

Esa intervención de la Revista Hekatombe en 2017 se llamó “Los medios de comunicación revolucionarios ¿calco o copia? ¿O creación heróica?”, hoy este parafraseo del Amauta cae rebien, porque las campañas presidenciales deben ser creación heróica.

Uribe dijo en 2016: “Hacen daño los compañeros que no cuidan las comunicaciones”, nada más cierto que eso. Cuidar las comunicaciones es cualificarse, ser creativos, tomarse en serio el legislativo y el ejecutivo, saber que nos enfrentamos a una maquinaria que sí funciona y tiene experiencia. Comparto mi preocupación y pido en nombre de Lenin que se les prenda la chispa, y se garantice un congreso decente así como unas campañas presidenciales a la altura del momento.

Posdata uno: que bueno sería volver a aquellos tiempos en los que se hacía de la tribuna un espacio de formación política.

Posdata dos: cerrarme puertas es mi pasión.

Manipulación para volver a…

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Por: Julio Pérez

¿Puede un buen propagandista crear o activar viejos hábitos y hacer que nosotros respondamos de acuerdo a sus intereses particulares? La respuesta rápida es sí, sí puede. Con la preparación ideológica y social adecuada, el condicionamiento adecuado y las condiciones adecuadas del contexto, se puede hacer que un grupo de civiles dotados con un buen equipamiento haga redadas de personas indocumentadas, señaladas de delincuentes, que luego serán deportadas para sus países, o que, por medio de la violencia con masacres dirigidas a campesinos, hacer que abandonen sus tierras y las vendan a bajos precios para realizar tal o cual proyecto o ampliar tal o cual empresa o iniciativa privada, o que, bajo la cátedra, Por qué es licito matar comunistas, acaben con todo un partido político y/o diezmen al máximo una población indeseable de opositores al gobierno. Si, todo eso se puede hacer. ¿Por qué? se preguntarán. La respuesta es sencilla, por el bombardeo al que es sometido ese cerebro rápido pero perezoso que se niega a utilizar habilidades cognitivas superiores. Veamos.

Todos recordarán la alegoría del carro alado de Platón, que se encuentra en el dialogo El Fedro. Como saben, se trata de la representación del alma humana dividida en tres partes: el conductor o auriga, o sea el Yo como individuo, que es la parte racional. El caballo blanco que representa la parte de ideales nobles, asociada a la voluntad, el honor, la búsqueda de lo bueno y lo bello. Y por último tenemos el caballo negro que simboliza los deseos irracionales, los apetitos y las bajas pasiones, que busca llevar el carro hacia una vida de placeres inmediatos. Con esta metáfora, Platón, explica la lucha de la naturaleza humana que se debate entre los impulsos racionales y los deseos pasionales, entre el caballo blanco que es un ascenso hacia ideales nobles, y el caballo negro que es un descenso o caída hacia lo más visceral del alma. La función del auriga, o la razón, es controlar los caballos, sobre todo al negro, y mantener el carro en un perfecto equilibrio y correcta dirección.

Pues bien, no muy alejado de esta metáfora, el premio nobel de economía Daniel Kahneman en Pensar rápido, pensar despacio (1995), sostuvo que mentalmente las personas usamos dos sistemas mentales a la hora de elegir, valorar, comprender o tomar decisiones. Un sistema 1, que llamaremos caballo negro, que es rápido, más intuitivo que racional, emocional y opera de manera automática con atajos mentales (sesgos cognitivos), excelente para estar en modo supervivencia. Y un sistema 2, o caballo blanco, que es lento, racional, pausado y funciona con operaciones lógicas y argumentos. Los dos sistemas, tienen incluso sus circuitos neuronales ubicados espacialmente. El caballo blanco (2) se interconecta hacia arriba, rumbo a la corteza cerebral, lugar de residencia de las operaciones psíquicas superiores, como decía Vygotski, y el caballo negro (1), hacia abajo, donde se interconecta el sistema límbico y el tallo cerebral, residencia de las emociones y respuestas instintivas y automáticas. Nos dice el autor:

Describo el Sistema 1 como el que sin esfuerzo genera impresiones y sentimientos que son las fuentes principales de las creencias explicitas y las elecciones deliberadas del Sistema 2. Las operaciones automáticas del Sistema 1 generan patrones de ideas sorprendentemente complejos, pero solo el lento Sistema 2 puede construir pensamientos en una serie ordenada de pasos (…) Describo las circunstancias en las que el Sistema 2 toma las riendas, anulando los irresponsables impulsos y asociaciones del Sistema 1.

Tal como en la metáfora de Platón, un “conductor” bien direccionado hace que el caballo blanco o sistema 2 tome las riendas del pensamiento y controle o anule los irresponsables impulsos del caballo negro o sistema 1. En la manipulación, se trata de todo lo contrario. Para hacer que usted, incluso, acepte o justifique una masacre, los propagandistas inducen emociones, siembran creencias, o compran sus decisiones. Para hacerlo, bombardean su sistema 1, conducen su caballo negro hacia emociones y pensamientos intuitivos y automáticos, sumergiéndose en las zonas más primitivas del cerebro. Es decir, lo hacen pensar con las vísceras y usar una serie de atajos mentales que no le permiten tomar distancia para poder pensar, reflexionar y decidir de manera más adecuada con la razón. 

Todo automatismo mental se resume en la consolidación de tres pasos que parten de la clarificación de una finalidad. Primero, te muestran señales que indica la presencia de un problema y la necesidad de una solución. Segundo, activan una rutina que históricamente ha funcionado con resultados favorables y que está, por decirlo de algún modo, inconscientemente grabado en tu memoria neuronal colectiva. Finalmente, tercero, se fija la obtención de una recompensa (finalidad-señal-rutina-recompensa). A propósito del Uribismo o Centro Democrático, clarifiquemos algunas acciones de su plan. Plan:

1) Finalidad: volver al poder, con todo el colectivo que representa en el 2026, es obviamente su finalidad.

2) Identificar señales. Usan todos los medios de comunicación disponibles para señalar que todo lo que pasa, dice, propone y hace el gobierno Petro es en realidad un desgobierno en materia de salud y seguridad, incluido otros campos.

3)Reactivar emociones y pasiones, y con ellos una rutina que les ha funcionado históricamente con la creación de un caos que divulgue: odio hacia el mal gobierno, miedo ante los hechos, deseos de un cambio.

4) Vender una idea de recompensa por medio de la “reactivación” de una propuesta de seguridad. Recordemos que en el pasado una vez se anidó el odio y el miedo, los colombianos en su gran mayoría aceptamos y guardamos un silencio cómplice frente a hechos como: la conformación de las Convivir que dio origen a los grupos paramilitares, la creación de grupos de la mal llamada “limpieza social”, la eliminación de  todo un partido político (la Unión Patriótica), la muerte de firmantes de paz, sindicalistas y lideres sociales y ambientales, votamos en un referendo en contra de un proceso de paz, aceptamos de manera velada financiar grupos irregulares, justificamos la connivencia entre fuerzas armadas y grupos de autodefensa, etc. De esta forma, y en aras de la seguridad ante un evidente enemigo, un grupo ideológico o político puede convertirse y convertir a sus seguidores en potenciales asesinos, más cuando, según la ciencia, se dan ciertas condiciones generales, neurológicas, mentales y sociales que acabamos de precisar. Por eso, no se les haga nada extraño que aún resuenen frases que otrora dominaron los púlpitos, y ahora hacen eco en las redes y los medios: “matar liberales no es pecado”, o “es lícito asesinar comunistas”.

Referencias

Kahneman, Daniel. Pensar rápido, pensar despacio. Debate. 2018.

Platón. Diálogos (El Fedro). Altaya. 1995.

Cuando la ausencia respira: fragmentos para una vida auténtica

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Caronte me habló: las hojas no mueren,
se hacen tierra para que otras respiren.

Por: Mafistófeles

La muerte nunca es un hecho neutro. Aparece como misterio y herida social. Ante ella, nuestra razón se quiebra: podemos pensarla como parte del orden natural, como tránsito hacia la nada o como regreso a la tierra, pero siempre nos sorprende. Ninguna palabra basta. La filosofía la ha explicado desde la serenidad, como lo inevitable que no debería temerse, y también desde la angustia, al recordarnos que somos los únicos seres conscientes de nuestra finitud.

Lo que más hiere no es la muerte en sí, sino la ausencia: la certeza de que no volveremos a escuchar una voz ni a habitar una presencia. La vida revela su fragilidad en ese instante, pero también su belleza: lo efímero brilla más intensamente porque sabemos que no dura. Somos como la hierba que crece, se marchita y vuelve a brotar, formando parte de un todo que nunca se detiene. Así, la muerte puede comprenderse como tránsito, como metamorfosis de la existencia.

Algunos la imaginan como retorno a la tierra, descanso que iguala a todos; otros la sienten como frontera absurda que rompe con el sentido mismo de vivir. En cualquier caso, su llegada transforma nuestra relación con el tiempo: lo vivido nunca se repetirá, cada instante tuvo su única oportunidad de existir. Lo amado se vuelve precioso porque se vuelve irrepetible.

En la historia de un amigo, escritor, padre, pescador y amante de la naturaleza, comprendo que la vida nunca se reduce a una línea recta: está hecha de giros, búsquedas y pruebas que revelan lo inagotable del espíritu humano. Allí radica la clave: quien descubre un sentido profundo en lo que hace, habita el mundo con intensidad, como si cada instante fuera un llamado a no aplazar lo esencial.

Comprender la muerte desde esta mirada es aceptar que no nos pertenece como un mal que acecha, sino como transformación inevitable que nunca coincide con nuestra vida: cuando existimos, ella no está; cuando llega, ya no somos. Por eso la partida no significa desaparición, sino continuidad en otra forma. Lo que él fue permanece en las historias contadas, en los cuerpos sanados, en los peces atrapados en el río, en las miradas compartidas con quienes amó. Cada gesto suyo sigue respirando en quienes lo recordamos, como si la memoria fuera el lugar donde la vida se rehúsa a extinguirse.

Esa memoria también habita las páginas que nos dejó: obras donde las palabras nombran lo indecible y transforman la experiencia en eco compartido. En La noche de todas las palabras y En el infierno son los otros, su escritura nos transporta hacia las calles y personajes de Túquerres. Allí no solo narró lo íntimo, sino que rescató la textura de un territorio, la dignidad de su gente y la tensión de un tiempo histórico que aún pesa sobre nosotros. En cada cuento late una geografía irreductible al olvido; en La Santa Bárbara de Don Juan, la fuerza de lo popular y lo colectivo se vuelve literatura, resistencia y memoria condensada en la historia regional de lo que hoy somos. Tomo este tiempo para escribir, porque escribir libera y no puedo pasar una noche sin compartir lo grande de su imaginación al momento de crear historias. Escribo como una forma de resistencia, escribo para preservar la vida, aunque mis palabras son cortas y quizá poco profundas se convierten en fuerza para continuar, no solo compartiendo lo que sé sino buscando con quien seguir sosteniendo un dialogo modesto y profundo, como la vida misma a pesar de todo.

Vivir auténticamente implica reconocer la finitud como horizonte que da densidad al tiempo. La muerte, entonces, no se contempla solo como pérdida, sino como invitación a despertar, a vivir con hondura, a no postergar lo esencial. Como en los ciclos de la naturaleza que tanto amaba, donde nada muere del todo, sino que se transforma, también él se vuelve semilla: palabra en nuestras memorias, gesto en nuestras acciones, brisa en el paisaje que compartió con nosotros.

Aceptar la muerte no es un acto de resignación, sino la comprensión de que somos parte de un flujo mayor que nos trasciende. Y en esa certeza se revela que rendir homenaje a su vida no significa quedar atrapados en la tristeza, sino transformar el dolor en gratitud, el vacío en compromiso, la ausencia en una presencia que nos inspira a habitar el mundo con la misma apertura y fuerza con que él lo hizo. La muerte, así entendida, no clausura la existencia, sino que nos recuerda que vivir es siempre una tarea pendiente: la de amar más, agradecer más y abrirnos a la plenitud de lo que somos y compartimos.

Referencias

Epicuro. (2018). Carta a Meneceo. En G. Reale (Ed.), Textos de filosofía antigua (pp. 203–209). Gredos. (Obra original publicada ca. 306 a. C.).

Heidegger, M. (2009). Ser y tiempo. Trotta. (Obra original publicada en 1927).

Homero. (2007). La Odisea (L. Segalá, Trad.). Gredos. (Obra original publicada ca. siglo VIII a. C.).

Nietzsche, F. (2012). El crepúsculo de los ídolos. Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1889).

Rodríguez, A. (2010). La noche de todas las palabras. Editorial Vamos.

Rodríguez, A. (2017). En el infierno son los otros. Veramar.

Séneca. (2010). Cartas a Lucilio. Gredos. (Obra original publicada ca. 65 d. C.).

Virgilio. (2008). La Eneida (J. L. Vidal, Trad.). Cátedra. (Obra original publicada ca. 19 a. C.).

Whitman, W. (2019). Hojas de hierba. Cátedra. (Obra original publicada en 1855).

De bruma, laberintos y violencia

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Por: Sergio Ramírez Agudelo – Carlos Andrés Colorado Franco

En el cuento “Ante la Ley” Kafka presenta a un campesino con la firme intención de entrar a la ley, pero encuentra un insuperable obstáculo: un guardián que custodia las puertas. El campesino insiste en cruzar las puertas que lo llevarán “ante la ley”, pero el guardián, con su figura deforme y animalizada, lo intimida e impide su deseo, al menos de manera temporal: “Tal vez, dice el centinela, pero no por ahora”. Esta intimidación es morfológica y gestual: su cuerpo está cubierto por un abrigo de pieles, un rostro fiero que resalta por su nariz aguileña y barba incipiente. El cuerpo del guardián, que es según él, el menos intimidante de los que se encuentran adentro, y sus expresiones ejercen violencia sobre el campesino: su posición, sus gestos, hacen del pobre curioso un tipo indefenso. El guardián contempla al campesino con cierta ternura: “El guardián le da un escabel, y le permite sentarse a un lado de la puerta”. Este encuentro es el inicio de una espera interminable y una exclusión directa y definitiva, una forma de violencia que niega al individuo cualquier posibilidad de comprender su propio deseo. 

Esta situación revela el sentido doble que toma el título: estar frente a la ley y esperar la ley. En esas tres palabras subyace el sufrimiento del campesino frente al guardián: estar ante la ley, es decir antes de ella y frente a ella, implica para Kafka una interminable espera, pero el checo también mostró que estar dentro de la ley, en ella, puede ser un interminable proceso. La vida del campesino es solo una brevísima e incomprensible circunstancia ante la infinitud del objeto de su deseo. 

De manera póstuma, en la primavera de 1925, aparece El proceso. Allí, el señor K., es acusado, procesado y al parecer culpado por un delito que desconoce; es juzgado por jueces invisibles, leyes desconocidas e indescifrables. El señor K. se encuentra sometido a la violencia de un proceso judicial laberíntico e incomprensible. ¿Qué pasaría si el campesino se atreve a entrar a la ley? O mejor aún ¿cómo puede entender el campesino la ley si se atreve a entrar? Todo deviene en ausencia, misterio, silencio, confusión. Imposible entendimiento. 

Ambas narraciones permiten ver una violencia estructural al estar fuera y dentro de la ley. A pesar de no ser evidente en el vaivén del día a día, moldea nuestras vidas: se ha convertido en un índice común en la vida cotidiana, hay un temor a ella como una bruma que nos envuelve. Compartimos el destino del campesino y del señor K.: desconocemos la ley, interponemos recursos ante funcionarios indiferentes detrás de una ventanilla o un escritorio. Un mundo de verdades elusivas, arbitrariedades, decisiones incomprensibles. Parece que nos acostumbramos a una forma del sufrimiento. 

Hace unos años un amigo argentino decía que estaba encantado con la forma en que su novia colombiana le manifestaba amor. “Las colombianas son muy tiernas”, decía, “porque cuando nos despedimos, me pide que la llame cuando llegue a casa”. Naturalmente, él no entendía cuál era la preocupación de su amada. En Colombia tenemos angustia de que la persona amada no llegue a salvo a casa. Es una de las tantas formas en las que se revela la bruma de la violencia: hay naciones en las que causa el mismo temor estar por fuera, como por dentro de la ley. Protegidos o no, con respaldo del Estado o sin él, la gente es desaparecida, asesinada, y luego, con suerte para la familia, sus cuerpos son hallados e identificados; en ocasiones menos afortunadas, el cuerpo ha sido desmembrado, repartido en distintos lugares, e imposible, casi siempre, de identificar. 

Una prueba de ello es el caso de la niña embera katío, violada por siete militares de las Fuerzas Armadas de Colombia, en territorio de la comunidad, en el municipio de Pueblo Rico, departamento de Risaralda, el 21 de junio de 2020. La crueldad de estos representantes del Estado y su institucionalidad, confirma la desconfianza latente con que algunos sectores de la población los vemos. 

Es cierto que hay formas de la ley que resguardan, que logran lo justo, y quizá por eso aún conservamos esperanzas, pero esto sucede, aceptémoslo, las menos de las veces. En nuestras naciones impera una sensación de continua inseguridad que nos acompaña, estando o no la ley presente. Una mujer violentada en la calle o en su hogar es revictimizada por los funcionarios y sus prácticas engañosas, evasivas o truculentas que se ven expuestas en el proceso de aplicación de La Ley. Los reclamos del feminismo frente al temor permanente que los cuerpos subrogados experimentan en su día a día, como la necesidad de un tratamiento especial en los casos de violencia, se ven por ello justificados. 

La Ley se configura como una presencia hostil que intimida y niega el deseo de acceder, deja en una posición de vulnerabilidad permanente ante lo desconocido, una fuerza espeluznante. La Ley no es una institución transparente, abierta; se trata de una fuerza que, por su naturaleza elusiva, confusa impone una violencia devastadora con mecanismos que se escapan a la comprensión más elemental para aquellos como el campesino, el señor K., o usted lector y lectora. Ambas narraciones de Kafka nos arrojan a la urgencia de dejar la candidez frente a un sistema en permanente falla. Al desenmascarar las formas de la violencia que ejerce, se empieza a construir una emancipación de la opresión del autoritarismo.

Entonces ¿qué nos queda? Frente a lo dicho, la suerte de encontrarnos con un buen funcionario como una esperanza cuando nos acercamos a Ley, o cuando el destino es el laberinto y sus minotauros nos queda al menos no engañarnos a nosotros mismos poniendo en duda aquello a lo que estamos habituados. Desenmascarar las diferentes formas de la violencia es un primer ejercicio de emancipación frente a la opresión y el autoritarismo, como lo dice Bertolt Brecht en su poema Loa de la duda: “Pero la más hermosa de todas las dudas / es cuando los débiles y desalentados levantan su cabeza / y dejan de creer / en la fuerza de sus opresores”.

Referencias bibliográficas

Brecht B. (2016) Loa de la duda. Recuperado de https://www.quehacer.com.uy/index.php/mas/poesia/92-bertolt-brech/1246-loa-a-la-duda-bertolt-brecht

Kafka F. (2025). Ante la ley. Recuperado de https://ciudadseva.com/texto/ante-la-ley/

Ortiz M. (11 de noviembre de 2020). Terminan pruebas en juicio disciplinario por violación de niña embera. El Tiempo. Recuperado de https://www.eltiempo.com/justicia/delitos/terminan-pruebas-en-juicio-disciplinario-por-violacion-de-nina-embera-en-risaralda-548536

Columnistas invitados

Sergio Ramírez Agudelo. Profesor Universidad de Caldas y Universidad Autónoma de Manizales. Departamento de Filosofía y Letras – Departamento de Ciencias Humanas.

Carlos Andrés Colorado Franco. Profesor Universidad de Caldas. Departamento de Lingüística y Literatura

De mártires y otras desfachateces

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La derecha en Colombia no deja de sorprender. Llamémosle oposición, término que ellos mismos se adjudican, para así dejar de lado el posible sesgo ideológico que denuncian continuamente dada su interpretación de país. Hechos como la visita del monigote expresidencial Iván Duque y el oligarca Gilinski al genocida Netanyahu y la postulación del padre de Miguel Uribe Turbay como candidato presidencial del Centro Democrático, exhiben la falta de integridad, empatía, humanidad, respeto, en síntesis, exponen todas aquellas características que hacen de un ser humano una criatura infame y vomitiva. Duque, en su deseo afanoso de no caer en el olvido, hecho por demás difícil, porque ¿quién podría olvidar al peor presidente que haya parido este país? Exhibe sus múltiples facetas: el Dj, el pseudointelectual analista, el escritor, el estratega global, en resumen, una plétora de perspectivas, todas torpemente ejecutadas por un mismo mediocre. Por otro lado, el hecho puntual que motiva el presente texto, es el halo de mártir que desean explotar con el fallecimiento de Uribe Turbay. ¿Puede ser alguien tan hij0 de put4? Si se trata de ellos, al parecer sí. Figurar y retornar al poder es el ideal imperioso. ¿Quién se imaginaria que el vejete de Miguel Uribe Londoño iba a ser propuesto para rejuvenecer la política colombiana? ¡Defenderé el legado y las ideas de mi hijo! ¿Alguien podría recordarnos cuáles fueron las ideas y el legado de este personaje? Al parecer, el manto de mártir que enviste al susodicho, será suficiente para conmover votantes y obtener una presidencia.

Como diría Voltaire en el apartado Sobre los Mártires, contenido en su obra Contra el Fanatismo:

“Tantas causas secretas se mezclan a menudo con la causa aparente, tantos resortes desconocidos sirven para perseguir a un hombre que es imposible de desentrañar, en los siglos posteriores, la fuente oculta de las desgracias de los hombres más considerables, con mayor razón la del suplicio de un particular que no podía ser conocido más que por los de su partido” (Voltaire 49).

Misteriosamente, los inicios de campañas presidenciales en Colombia, luego de los dos períodos de Uribe Vélez, comienzan con atentados terroristas que pretenden recordarnos y fijar en nuestras mentes la autoritaria necesidad de seguridad. ¡Necesitamos seguridad para que funcione el país! ¡Necesitamos seguridad para aceitar el engranaje de las instituciones! El argumento emerge desde el más profundo desespero del panteón opositor. La idea de un sacrificado, es la figura perfecta para arraigar las convicciones en su dispersa fanaticada. Si bien, un mártir, como concepto enciclopédico, nos recuerda a aquel individuo inmolado por sus creencias o su causa. Pero, ¿Acaso las convicciones y las causas de la derecha no están siempre en venta? ¿No es el dinero y el poder lo que los mueve en última instancia?

Que no hay muerto malo, es una de las más consagradas expresiones populares por excelencia. Ahora bien, si tenemos que el prospecto de mártir fue un perfecto inútil en vida, es algo quizá más contundente que la frase anterior. Es verdaderamente chocante asumir aquella narrativa de un Uribe Turbay que luchó por el pueblo. Su memoria, manoseada por sus copartidarios políticos, es ahora parte del paisaje electoral. Porque, ¿qué sería de la campaña de oposición sin sangre y muerte de por medio? ¿Cómo transformarían su discurso sin la fórmula mágica de la supuesta seguridad democrática? Un ala política sin ideas, como la que representan estos personajes, necesita hacer uso del miedo. Crear respuestas automáticas en sus electores, mediadas por el pánico. Hecho por demás ruin, como diría Voltaire a razón de San Atanasio: “Es una herejía execrable querer ganarse por la fuerza, por los golpes, por los encarcelamientos, a aquellos a los que no se ha podido convencer por la razón” (Voltaire 75). Es así como en un giro narrativo el mártir se convierte en victimario. Uribe Turbay, estigmatizó los movimientos sociales, las reformas laborales que buscaban un trabajo digno para los colombianos, incluso al género femenino, con sus afirmaciones desafortunadas en el macabro caso de Rosa Elvira Cely. Resulta bastante rocambolesco que su supuesto legado termine como aquel hábito manchado que busca vestir la oposición. Y para ser aún más ignominiosa esta creación simbólica, tenemos a un criminal condenado, impulsando la campaña que ejecuta el progenitor del finado. ¿No debería estar en la cárcel? ¿No son pues lo máximos defensores de la institucionalidad y la justicia? Sin ningún atisbo de vergüenza, la oposición aún considera viable apoyarse en Uribe Vélez para lograr presidencia. Sin palidecerse y mucho menos conmoverse, Miguel Uribe Londoño, permite que un delincuente haga política con la memoria de su hijo. Con el lecho mortuorio aún tibio, estos nefastos personajes pretenden movilizar miedo y odio en sus votantes.

Y es que al parecer quienes estamos presos somos los colombianos a los designios del criminal Uribe Vélez. Un condenado que hace política, presiona a la justicia, posee un aparato de medios de mierda mintiendo y confundiendo a su servicio, sus hijitos, con delirios de principado, convocando a marchas y revisiones amañadas del caso, en últimas, todo un convoy de patriotas defendiendo lo que ellos consideran el futuro democrático de su finca. Como planteara Erich Fromm en su obra El Miedo a la Libertad a razón del fascismo:

“el fascismo es un problema económico y político, pero su aceptación por parte de todo un pueblo ha de ser entendida sobre una base psicológica (…) Una parte de la población se inicia en la práctica sin presentar mucha resistencia, pero también sin transformarse en admiradora de la ideología (…) en cambio, otra parte del pueblo se siente hondamente atraída, vinculándose de una manera fanática a sus apóstoles” (Fromm 216, 217).

Esta psicología popular es lo que la oposición explota en campaña. La angustia generada por el miedo y el deseo de seguridad, solo puede ser solventada por quien abandere el legado de un mártir, su mártir. Aquel halo espiritual, fuertemente arraigado que lo aporta la religiosidad ciega y la fe en sus líderes, vivos o caídos. Hay que recordar al pueblo quienes son las verdaderas víctimas. Los crímenes de Estado, la represión social y las reformas homicidas son el legado de la oposición y lo que desean movilizar para el 2026. No olvidemos que nuestra libertad garantiza, casi de manera automática, nuestra individualidad. El derecho de expresar nuestros pensamientos, sin embargo, tiene algún significado tan sólo si somos capaces de tener pensamientos propios (Fromm 248).

Referencias

Fromm, Erich (2012). El Miedo a la Libertad. Editorial Paidós, Barcelona

Voltaire (2015). Contra el Fanatismo. Editorial Taurus, Madrid

El parque La Enea siempre ha sido

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Por: Daniel Aguirre

Más que un pedazo de verde.
Es un bar de karaoke al aire libre.
Un aeropuerto de cometas fracasadas.
Un primer beso.
Un atardecer de una pareja de pensionados.
Es todo eso y algo más, algo que no cabe en los planos ni en los decretos.

Aquí en el parque, reinventamos el concepto de ciudad. Como dice la banda de punk Espasmódicos:
«La ciudad bajo tus pies parece pequeña, tú eres un cohete, un misil, una estrella.»

Y lo fuimos. Cohetes. Misiles. Estrellas.

El parque nunca ha sido perfecto.
Tiene grietas. Charcos. Columpios oxidados.
Pero aquí pasan cosas que no caben en oficinas. Conversaciones de madrugada sobre miedos. Proyectos de vida que no llegaron a ningún lado. Primeras veces compartidas con amigos. Aquí las risas duran más que el cemento. Aquí los recuerdos se hacen sólidos.

Cuando tenía doce años también intenté elevar cometas.
Cometas con bolsas de Mercaldas y palitos de guadua.
Nunca volaban. Todas se me caían, una tras otra.
Pero nos reíamos igual.
Incluso el fracaso tenía viento propio.

Oscar y Daniel recuerdan a sus perros,ahora testigos del paso de los días.
Laura recuerda a Box, que ya no está.
Box metiendo las patas en la zanja de agua. Box corriendo por la manga. Rodando. Escarbando. Box siendo feliz.
Y ese recuerdo se quedó aquí, amarrado a los árboles.

El parque también guarda ausencias.
Camilo venía con su hermana.
Ella le gritaba: “el que llegue de último a los columpios es un huevo podrido.”
Él corría. Reía. Se ensuciaba.
Hoy ella ya no está.
Y cada vez que cruza el parque, esa risa le atraviesa la memoria como un eco.
Los lugares guardan esas presencias.
Esos colores que ya no se ven.
Pero siguen aquí, latiendo.

Yo también tuve mis refugios aquí.
Idas con amigos.
A parchar.
A escuchar sonidos estridentes en grabadoras baratas.
Canciones mal grabadas, pero necesarias.
BSN sonando fuerte:
«Todos atrapados en esta jungla de cemento, pánico y descontento es lo único cierto…»
Y nosotros desafinados.
Cantando a gritos.
Como si así espantáramos el miedo.

El parque fue mi lugar seguro.
Era lo bueno de la semana.
El desahogo.
El rincón donde la ciudad no nos aplastaba.

Por eso no me cabe el “progreso” que nos quieren vender.
No me caben las plazoletas de cemento brillante.
No me caben los kioscos que venden hamburguesas tibias.
No me cabe la palabra modernidad en boca de quienes nunca vinieron a escuchar lo que aquí pasa.

Ese progreso no cura la escuela cerrada del barrio.
Ese progreso no abre el puesto de salud donde la gente todavía se enferma.
Ese progreso es disfraz barato.
Maquillaje sin alma.
Negocio, no vida.

El parque enseña otra cosa.
Que los lugares no se construyen solo con planos.
Que las causas no nacen en oficinas.
Que nacen de la voz rota del vecino que protesta.
De la risa de los muchachos tirados en el pasto.
Del perro bebiendo en el manantial.

El parque siempre ha sido.
Y si lo dejamos ser, seguirá siendo mucho más que un proyecto.
Seguirá siendo vida.
Seguirá siendo memoria.
Seguirá siendo nuestro.

De startup a superapp: la red de poder detrás de Rappi

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Mientras el presidente Gustavo Petro firma la reforma que actualiza el Código Sustantivo del Trabajo y dos leyes clave de flexibilización (1990 y 2002), vale mirar el espejo que ofrece Rappi: una plataforma nacida en Bogotá que, en diez años, pasó de “emprendimiento” a actor financiero transnacional. Esta primera entrega sitúa el contexto político y traza el mapa corporativo que explica su ascenso.

Reforma en marcha, democracia frágil

La nueva reforma laboral llega tras un forcejeo de dos meses en la Comisión Séptima del Senado y un trámite en Cámara que recortó capítulos neurálgicos para fortalecer al sindicalismo, en un país que concentra más del 60 % de los asesinatos de sindicalistas documentados. La apuesta del gobierno es ampliar capacidad estatal para garantizar derechos y cortar flujos de dinero público que enriquecieron a élites por décadas. En ese tablero, Rappi ocupa un lugar central.

Rappi en la constelación del capital de riesgo

Fundada en 2015, alcanzó estatus de unicornio tres años después. Opera con residencia fiscal en Delaware y ambición de superapp: integra reparto, pagos, datos, turismo, farma, entretenimiento y servicios financieros. Delivery Hero posee 7,9 % de Rappi; compró el 100 % de Glovo en 2022 (con PedidosYa) y antes tuvo Domicilios.com, luego vendida a iFood. Rappi amarra alianzas con Davivienda (Colombia), Interbank (Perú), Banorte (México) y acuerdos sectoriales (Civitatis, Laboratorios Richmond, Páramo).

También invierte: en 2021 participó en Airlift junto a figuras como Sam Altman, Biz Stone, Steve Pagliuca, Jeffrey Katzenberg, Taavet Hinrikus, Stanley Tang y Bastian Lehmann. No es solo logística: es un nodo de datos, capital y poder.

El credo emprendedor de Simón Borrero

El CEO repite un ideario de autoexigencia (“no quejarse”, “impacto social”) y referentes como Bezos, Musk, Zuckerberg, Jobs. Afirma que los repartidores no son empleados porque se conectan “cuando quieren”. La evidencia contradice esa libertad plena: dependencia económica, control algorítmico y sanciones automatizadas moldean ingresos y horarios. La retórica meritocrática borra las asimetrías de acceso a capital, redes globales y captura regulatoria.

El trabajo que cambió (y lo que no)

Colombia pasó de rural a urbana y financiarizada; la flexibilización de 1990 y 2002 prometió formalización masiva que no llegó. Más de la mitad de la fuerza laboral permanece en la informalidad o economías populares. Entre 2022 y 2025, el salario mínimo subió más del 40 % sin disparar desempleo ni inflación; la desocupación tocó mínimos de 25 años, reabriendo el debate sobre “costos laborales”. En ese contexto, las plataformas funcionan como válvula de escape del subempleo, con jornadas largas, ingresos inciertos y sin protección.

Quema de caja, sube la valoración

En Colombia, Rappi reportó pérdidas operativas superiores a $305.000 millones COP (2019) y por encima de $230.000 millones (2020–2021). 2020 fue el pico de ingresos ($394.800 millones); en 2021 cayeron a $249.529 millones sin que las pérdidas bajaran en igual proporción. Aun así, la valoración saltó de US$1.000 millones (2018) a US$6.400 millones (2024). La clave: capital de riesgo (≈ US$2.200 millones de Sequoia, T. Rowe Price, a16z, SoftBank) que subsidia tarifas para capturar mercado y postergar utilidades. Si la apuesta al monopolio falla, los costos ya habrán sido socializados.


Rappi es tecnología, sí, pero también impuestos, lobby y poder. En la próxima entrega: cómo opera el supervisor invisible (el algoritmo), qué viven los repartidores y cómo responden con organización colectiva.