Aprendiendo Cositas | Desempolvando el mensaje a los estudiantes de Camilo Torres Restrepo

A propósito de los 52 años de la emisión del periódico Frente Unido.

Por los azares de la vida llegó a mis manos uno de los últimos libros escritos por el historiador Carlos Medina Gallego sobre la obra y pensamiento del sacerdote, académico y líder político Camilo Torres Restrepo. Haciendo la lectura desordenada que acostumbro, volví a uno de los mensajes de Camilo que ya había leído hace unos cuantos años, por allá en el 2011 cuando la movilización estudiantil había logrado tumbar la reforma a la Ley 30: el mensaje a los estudiantes.

Recuerdo que mientras iba marchando por la Carrera Séptima, alguien me entregó un panfleto con el mensaje en una página, con letra pequeña y un margen bastante estrecho. Le eche un ojo y vi que a las otras personas a las que se lo entregaron a mi alrededor apenas lo revisaron para después guardarlo en un bolsillo o en su morral. Creo que esta ha sido la forma en que muchas personas han conocido el escrito, fuera de quienes lo han leído en los famosos grupos de estudio de las organizaciones sociales en las universidades públicas.

Al volverlo a leer luego de estos años, me encontré con un escrito que en su aire acalorado y militante encierra una mirada académica de ese sociólogo más permeado por la teoría social dominante en ese entonces que por la teoría marxista, lo que lo hace más interesante ya que es producto de una mirada que no se encuentra influenciada ya por un discurso de cambio social, sino por una lectura de la realidad construida en ese tránsito en el que Camilo radicalizó su pensamiento por el conocimiento y encuentro directo con las injusticias y desigualdades de una Colombia que ha cambiado sutilmente desde aquellos años hasta el día de hoy.

Este mensaje de tono académico no es sólo un llamado a la acción inmediata, no es un “compa, el país está mal, hagamos un tropel” sino que es muestra de la praxis de Camilo, de su coherencia entre ideas y práctica de cambio. Se trata de un escrito que indaga brevemente sobre las condiciones sociales y culturales del estudiante en Colombia, una caracterización sobre sus tipos de inconformismo y finalmente una invitación a la acción política reflexionada.

Es un texto interesante para volver a leer por dos aspectos: el primero, porque vivimos un tiempo en el que a pesar de continuar en unas condiciones de desigualdad social, tal como lo demuestran los informes de OXFAM, el estudiante contemporáneo tiende a banalizar su concepción política, muy en clave con los tiempos neoliberales, donde al conocimiento se le hace una forzada separación del contexto histórico-social y de las tensiones de poder; y el estudiante se limita a la lectura del material suministrado por su malla curricular sin estudiar nada más. Y segundo, donde muchos estudiantes que deciden “militar” o ser “activistas” dejan de lado la importancia de la producción académica y la formación teórica y privilegian la asistencia a reuniones que terminan en un bar con discusiones políticas que no llevan a nada concreto y se quedan en eso, en discusiones de bar.

Camilo arriba hekatombe

La invitación de Camilo es al inconformismo del estudiante, pero no a cualquier inconformismo sino a uno que esté basado en el estudio riguroso de la realidad social, en la investigación de los aspectos concretos que se denuncian articulados a su quehacer político por el cambio social, que trascienda de un anticonformismo “utópico-pasional” que surge más para estar en sintonía con el ambiente universitario que por compromiso serio, o uno por “frustración” que se supera tras el ingreso a “las estructuras vigentes” del mundo laboral.

El mensaje de Camilo hay que leerlo en su contexto, en el periodo de pos violencia partidista, de Frente Nacional, de guerra fría, pero sin perder de vista las tendencias que aún perviven con sus debidos matices, como la continuación de una democracia elitista, en donde participan con todas las posibilidades quienes tienen los recursos suficientes para candidatizarse en la disputa electoral, y con un nuevo aspecto, la necesidad de construir una paz con justicia social, que acarree cambios a ese desigual orden social vigente.

Dicha paz se contrapondría a los dos modelos de paz de las élites: de un lado, una “paz” conseguida mediante la guerra, con la eliminación física del contrario, representada por el uribismo y sus afines, y por otro lado, la de una “paz” para vaciar los territorios y otorgárselos a las transnacionales, encabezada por el santismo y sus diversas expresiones. En ese sentido, el mensaje de Camilo por el cambio social se traduce en la construcción de una paz desde abajo, desde el pueblo y desde las bases, siguiendo sus propios términos, contraria a las visiones de paz neoliberal de las élites.

No me extiendo más y reproduzco a continuación el mensaje a los estudiantes, que se emitió por primera vez en el número 9 del periódico Frente Unido, en 1965:

Los estudiantes son un grupo privilegiado en todo país subdesarrollado. Las naciones pobres sostienen a costos muy altos a los pocos egresados de colegios y universidades. En Colombia, en particular, dada la gran cantidad de colegios y universidades privadas existentes, el factor económico se ha constituido en un factor determinante en la educación. En un país con un 60% de analfabetas funcionales, 8% de bachilleres y 1& de profesionales, los estudiantes son uno de los pocos grupos que tienen instrumentos de análisis sobre la situación colombiana, de comparación con otras situaciones y de información sobre las posibles soluciones.
Además el estudiante universitario (el de las universidades donde no hay delito de opinión) y el de los colegios donde hay libertad de expresión tiene, simultáneamente, dos privilegios: el de poder ascender en la escala social mediante el ascenso en los grados académicos, y el de poder ser inconforme y manifestar su rebeldía sin que esto impida este ascenso. Estas ventajas han hecho que los estudiantes sean un elemento decisivo en la revolución latinoamericana. En la fase agitacional de la revolución, la labor estudiantil ha sido de gran eficacia. En la fase organizativa su labor ha sido secundaria en Colombia. En la lucha directa, no obstante las honrosas excepciones que se han presentado en nuestra historia revolucionaria, el papel tampoco ha sido determinante.
Nosotros sabemos que la labor agitacional es importante pero que su efecto real se pierde si no va seguida de la organización y de la lucha por la toma del poder. Una de las causas principales para que la contribución del estudiante a la Revolución sea transitoria y superficial es la falta de compromiso del estudiante en la lucha económica, familiar y personal. Su inconformismo tiende a ser emocional (por sentimentalismo o por frustración) o puramente intelectual. Esto explica también el hecho de que al término de la carrera universitaria el inconformismo desaparezca o por lo menos se oculte y el estudiante rebelde deja de serlo para convertirse en un profesional burgués que para comprar los símbolos de prestigio de la burguesía tiene que vender su conciencia a cambio de una elevada remuneración.

Estas circunstancias pueden ocasionar graves peligros a una respuesta madura y responsable de los estudiantes al momento histórico que está viviendo Colombia. La crisis económica y política se está haciendo sentir con todo el rigor sobre los obreros y los campesinos. El estudiante, generalmente aislado de estos, puede creer que basta una actitud revolucionaria superficial o puramente especulativa. Esa misma falta de contacto puede hacer que el estudiante traicione su vocación histórica; que, cuando el país le exige una entrega total, el estudiante continúe con palabrería y buenas intenciones, nada más. Que cuando el movimiento de masas le exige un trabajo cotidiano y continuo, el estudiante se conforme con gritos, pedreas y manifestaciones esporádicas. Que cuando la clase popular les exige una presencia efectiva, disciplinada y responsable en sus filas, los estudiantes contesten con promesas vanas o disculpas.Es necesario que la convicción revolucionaria del estudiante lo lleve a un compromiso real, hasta las últimas consecuencias. La pobreza y la persecución no se deben buscar. Pero, en el actual sistema, son las consecuencias lógicas de una lucha sin cuartel contra las estructuras vigentes. En el actual sistema, son los signos que autentifican una vida revolucionaria. La misma convicción debe llevar al estudiante a participar de las penurias económicas y de la persecución social de que participan los obreros y campesinos. Entonces, el compromiso con la revolución pasa de la teoría a la práctica. Si es total, es irreversible; el profesional no podrá volverse atrás sin una flagrante traición a su conciencia, a su pueblo y a su vocación histórica.

No quiero dogmatizar sobre el momento de la coyuntura revolucionaria que estamos viviendo. Quiero solamente exhortar a los estudiantes a que ellos tomen contacto con las auténticas fuentes de información para determinar cuál es el momento, cuál su responsabilidad, y cuál tendrá que ser en consecuencia la respuesta necesaria. Personalmente, creo que estamos acercándonos aceleradamente a la hora cero de la revolución colombiana. Pero esto no se lo podrán decir con la debida autoridad, sino los obreros y campesinos. Si ellos «ascienden a la clase popular», sin ninguna clase de paternalismo, con el ánimo más de aprender que de enseñar, podrán juzgar objetivamente el momento histórico.

Sería sin embargo estéril y desgraciado que los estudiantes colombianos que han sido la chispa de la revolución permanecieran al margen de ésta por cualquier causa; por falta de información, por superficialidad, por irresponsabilidad o por miedo.

Esperamos que los estudiantes respondan a la llamada que les hace su Patria en este momento trascendental de su historia y que para eso dispongan su ánimo para oírla y seguirla con una generosidad sin límites.

 

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David Pinzón Hernández @DavidPinzonH | Amante de las ciencias sociales | Co-director de la REVISTA HEKATOMBE.

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