Ecuador: ganó el banquero Guillermo Lasso | ABC de las elecciones

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En Ecuador ganó la presidencia Guillermo Lasso, un banquero, afín a las ideas conservadoras del Opus Dei, candidato presidencial en varias elecciones, y representante de los intereses del gran empresariado y la clase política ecuatoriana. 

Su triunfo recibió mensajes de respaldo y felicitación por parte de figuras políticas latinoamericanas alineadas a la derecha y la extrema derecha como el expresidente de México, Felipe Calderón; el expresidente de Argentina, Mauricio Macri; el auto proclamado presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó; el presidente colombiano Iván Duque; y el mismo Lenin Moreno, actual presidente del Ecuador, quien proviene de la izquierda desarrollista “correista”, pero que se alineó a los intereses de la banca, la gran empresa, la clase política y el Fondo Monetario Internacional.

Lasso ganó en segunda vuelta, teniendo como contrincantes a dos candidatos de izquierda: de un lado Andrés Arauz, de la izquierda desarrollista conocida como “correísmo”, cercana a sectores del sindicalismo y de partidos de izquierda tradicionales; y del otro, Yaku Peréz, de una izquierda anti extractivista, alineada con el movimiento indígena, ambientalista y con sectores de izquierda radical.

En la primera vuelta había ganado el candidato correista Andrés Arauz, luego de una difícil campaña en la que se destaparon, pero también se fabricaron, escándalos y polémicas en torno su participación en los gobiernos de Correa y Moreno, sumado a escándalos provenientes de Colombia, con los que la extrema derecha ecuatoriana y colombiana buscaban sabotear su posible triunfo, por medio de acusaciones de supuestos vínculos entre el correísmo con el ELN.

Los escándalos sobre Guillermo Lasso versan sobre el hecho de ser banquero, tener acciones en el mercado financiero, haber sido presidente del Banco de Guayaquil, y haber liderado la Asociación de Bancos Privados del Ecuador. 

Desde los movimientos sociales se le ha acusado de haberse enriquecido por esta vía con la Ley General de Instituciones del Sistema Financiero, que fue impulsada en los años 90’s por el Fondo Monetario Internacional (FMI), y acogida por el gobierno de Sixto Alfonso Durán-Ballén, que desencadenó la crisis financiera de 1999, al permitir un menor control estatal sobre la banca, que llevó, entre otros efectos, al aumento de las tasas de interés nominal; la liberalización del flujo de capitales en favor de los grandes propietarios y en detrimento de la ciudadanía de a pie; y al incentivo de créditos que generaron una burbuja especulativa.

Con el gobierno de Lasso se avizora una vuelta definitiva al tiempo de gobierno total del Fondo Monetario Internacional sobre el país vecino

Estas medidas conjugadas a la caída del precio del petróleo, del que la economía dependía, y el déficit fiscal que venía de años previos, llevaron a una dura crisis económica entre 1998 y 1999, en la que el Estado intervino en favor de la banca, “haciéndose cargo de 72% de las entidades crediticias a un costo de 4.000 millones de dólares, equivalentes a 20% del PIB de 1998 (el costo total del salvataje bancario superaría los 8.000 millones de dólares). El déficit público aumentó y, con él, la deuda pública, que en 1999 superaba el 100% del PIB”, como señala el economista Fernando Martín-Mayoral. 

Con el gobierno de Lasso se avizora una vuelta definitiva al tiempo de gobierno total del Fondo Monetario Internacional sobre el país vecino, teniendo en cuenta que “entre 1983 y 2003 se suscribieron 16 cartas o programas económicos con el FMI, todas con el mismo contenido de medidas: liberalizar mercados, intereses y precios, incluyendo las tarifas públicas y los combustibles; reformar el sistema tributario privilegiando el IVA sobre los impuestos directos como el de rentas; flexibilizar las relaciones laborales; acelerar la privatización de bienes y servicios públicos; vincular el país a las dinámicas del capital financiero y la globalización” como sostienen Juan Paz y Miño Cepeda, ya que, como dijo el candidato ganador, se va a respetar lo acordado entre Lenin Moreno y el FMI. A su vez, los movimientos sociales anti neoliberales han advertido la intención de Lasso de privatizar el Banco Central del Ecuador. 

Las izquierdas en disputa: el antineoliberalismo extractivista del correismo y el antineoliberalismo ambientalista de la CONAIE y otros sectores

Los años 2000 arrancaron para el Ecuador con una aguda crisis económica. La relativa estabilización de la economía se logró hasta 2005, y arrancó en firme con el inicio del gobierno de Rafael Correa en 2007, quien destinó recursos provenientes del petróleo en gasto social antes que en el pago de deuda externa como se venía haciendo. Al respecto diría en el momento “Si es que existen recursos para la deuda externa, la pagaremos, si es que en algún momento hay crisis y tengo que escoger entre pagar salarios y pagar deuda, no lo dudaré dos veces, se pagarán primero los salarios”. También redujo y condicionó la injerencia del Fondo Monetario Internacional y limitó la independencia de la que gozaban los banqueros ecuatorianos. 

Si es que existen recursos para la deuda externa, la pagaremos, si es que en algún momento hay crisis y tengo que escoger entre pagar salarios y pagar deuda, no lo dudaré dos veces, se pagarán primero los salarios”: Rafael Correa.

Con el respaldo de una nueva constitución puesta en marcha en 2008, los gobiernos de Rafael Correa trajeron crecimiento económico, con una reutilización de los recursos provenientes de, entre otras fuentes, la explotación minero-energética, cuyas ganancias no se enfocaron exclusivamente en el pago de la deuda o el enriquecimiento de las grandes empresas nacionales y transnacionales, como era la tendencia, sino en la inversión estatal en salud, educación, o grandes obras de infraestructura, trayendo una redistribución del ingreso, reduciendo así los índices de pobreza, y aumentando los de escolarización y ocupabilidad. 

En el plano internacional, entabló relaciones con gobiernos como el de Hugo Chávez en Venezuela, Lula da Silva en Brasil y Cristina Fernández de Kirchner en Argentina, y buenas relaciones con el gobierno cubano, buscando la integración latinoamericana, y la soberanía económica y política con respecto de la injerencia de los Estados Unidos en la región. Estas medidas le valieron el rechazo tanto de las elites latinoamericanas alineadas a los Estados Unidos, como de los Estados Unidos mismos.

De otra parte, el gobierno de Correa se mostró conservador en lo concerniente a derechos de las mujeres, siendo un caso paradigmático su postura a favor de la penalización del aborto en todos los casos, y siendo objeto de denuncia de las organizaciones feministas las escazas medidas para prevenir las violencias contra las mujeres y población trans. El enfoque de género desde el Estado, que fue incluido gracias a las luchas de organizaciones feministas, se tradujo en lo esencial en una mayor inclusión laboral. 

También han sido conocidas las declaraciones abiertamente machistas del expresidente Correa, siendo un ejemplo la siguiente: “no sé si la equidad de género mejora la democracia, lo que sí es seguro es que ha mejorado la farra impresionantemente (…) ¡Qué asambleístas que tenemos, guapísimas! Corcho, hay que aumentarles el sueldo porque no tuvieron suficiente plata para comprar suficiente tela… Y todas una minifalda, ¡dios mío! Yo ni me fijo en estas cosas… Me contaban, me contaban… Pero, unas piernas y unas minifaldas impresionantes. ¡Guapísimas, las asambleístas!”. Pronunciada en el 2011.

Frente a la corrupción, sectores de derecha y de izquierda que no son próximos al correísmo, denunciaron casos en los que estuvieron implicados altos cargos del gobierno.

En materia de protesta social, el gobierno Correa se caracterizó por un trato represivo hacia opositores y disidentes, en especial contra los movimientos indígenas y ambientalistas que se opusieron al énfasis extractivista de la economía, debido a la destrucción de los territorios que la explotación minero-energética implica, la lógica cortoplacista del modelo con relación al cambio climático, y la contradicción con el principio de buen vivir consagrado en la Constitución de 2008.

“no sé si la equidad de género mejora la democracia, lo que sí es seguro es que ha mejorado la farra impresionantemente (…) ¡Qué asambleístas que tenemos, guapísimas! Corcho, hay que aumentarles el sueldo porque no tuvieron suficiente plata para comprar suficiente tela… Y todas una minifalda, ¡dios mío! Yo ni me fijo en estas cosas… Me contaban, me contaban… Pero, unas piernas y unas minifaldas impresionantes. ¡Guapísimas, las asambleístas!”. Rafael Correa, 2011.

En una entrevista concedida para el portal Contrahegemonía, la activista feminista y ambientalista Alejandra Santillana señaló: “Hay varios muertos en la etapa correista vinculados con proyectos extractivos, militarizaciones de zonas sobre todo en la cordillera sur del país, discursos del gobierno avalando la entrada de los militares y que desarrolló una política de criminalización y judicialización de la protesta, es decir tuvimos después de diez años de correismo más de 800 casos de criminalizados acusados de terrorismo, rebelión, sabotaje y de ampliación de causales en el código  penal”. Las protestas contra la expansión de la frontera para la extracción petrolera —que implicó la intervención del parque natural Yasuní—, y el aval para la megaminería a transnacionales, fueron  las principales causales de persecución contra líderes y activistas ambientalistas. 

Andrés Arauz llegó con esta herencia, y fue el candidato del correísmo porque al mismo Correa le impidieron ser el candidato presidencial. Yaku Pérez, por su parte, venía de los sectores a los que el correísmo reprimió, él mismo estuvo preso cinco veces por participar en protestas y escenarios sociales y políticos contra el extractivismo.

“Es preferible un banquero que una dictadura que nos ha despojado de nuestros territorios, que nos ha declarado el estado de excepción, que nos ha encerrado en la cárcel”: Yaku Pérez, 2017.

Pérez hace parte de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), y de su expresión política electoral Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik. La CONAIE alcanzó un reconocimiento internacional y masivo por haber impulsado y protagonizado las duras protestas del 2019 contra el paquetazo neoliberal de Lenin Moreno.

La posición de Correa frente al extractivismo y la persecución que emprendió contra ambientalistas agrupados en la CONAIE y otras expresiones políticas y ONG’s como Acción Ecológica, llevó a que algunos integrantes de la CONAIE tomaran la decisión de dar una voz de respaldo a Lasso cuando se enfrentó a Lenin Moreno en las elecciones de 2017, y a que en la CONAIE existieran algunas posiciones problemáticas que consideran la importancia de tener una cercanía con la derecha con tal de impedir un nuevo mandato del correísmo. 

Del 2017 fue famosa la afirmación de Pérez “Es preferible un banquero que una dictadura que nos ha despojado de nuestros territorios, que nos ha declarado el estado de excepción, que nos ha encerrado en la cárcel”. Pero también hay liderazgos que plantean tener un vínculo crítico con el correísmo frente al neoliberalismo.

De estas distintas posturas, la que tomó fuerza y se hizo mandato colectivo en las últimas elecciones, fue la de construir una tercera vía —distinta de la tercera vía propuesta por el nuevo laborismo británico y por el santismo colombiano— o un tercer camino diferente del correismo y del neoliberalismo, con una propuesta anti neoliberal, ambientalista y feminista popular. Fue esta posición la que recibió y defendió Pérez como candidato de Pachakutik. 

Como una de las organizaciones más grandes del Ecuador, la CONAIE en su extensión nacional, aunque con base en la sierra y la amazonía, también ha tenido distintas actitudes localizadas frente a los ingresos que reciben las comunidades. En algunos casos han optado por hacer énfasis en la producción comunitaria y tener financiamientos de programas de apoyo ecológico y social por parte de organismos internacionales y de cooperación internacional europea, y en otros, de incluir recursos provenientes de la cooperación estadounidense (USAID). Esta última financiación vía proyectos ha motivado críticas por parte del correísmo, que ha llegado a tachar a la CONAIE en su conjunto de defender un ambientalismo liberal y de defender los intereses de los Estados Unidos en Ecuador. 

Más allá de esta polémica, el hecho concreto es que la CONAIE y Pachakutik son en este momento las expresiones sociales y políticas más grandes y organizadas del Ecuador, con mayor músculo de movilización, y que su mandato mayoritario estuvo, como se dijo, en la apuesta por una tercera vía de agenda ambientalista con transición energética, feminista y antineoliberal —contemplada en la propuesta de alianza con otras fuerzas sociales y políticas, denominada Minga por la vida, que finaliza con diversas consignas entre las que se encuentran “¡Todos a las calles, Octubre Volverá! ¡Lucha contra el gobierno y los ricos sin Lassos, Nebots, Morenos ni Correas! ¡Nuestras vidas importan!”— , que ocupe el Estado pero que no procure la cooptación estatal de los movimientos sociales y las comunidades movilizadas, como lo buscó hacer el correísmo, según explicó la activista ecuatoriana Alejandra Santillana.

La denuncia de fraude

En un artículo publicado en la revista Nueva Sociedad, Juan Cuvi, analista político y exdirigente de la célebre insurgencia ecuatoriana ¡Alfaro Vive Carajo! —prima hermana del M-19 colombiano en ideología, táctica y estrategia—, explicó así la denuncia de fraude hecha por Pachakutik:

“Aunque formalmente fue imposible demostrar el fraude denunciado en la primera vuelta electoral, hay indicios que abonarían los cuestionamientos. Basta señalar los más relevantes para entender la magnitud del hecho: en la noche del 7 de febrero, la presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE) anunció en cadena nacional que Pérez había pasado a segunda vuelta detrás del joven Arauz, ex-funcionario de Rafael Correa; hasta el día siguiente, la votación confirmaba una tendencia irreversible en favor del candidato de Pachakutik; no obstante, esta diferencia fue revertida gracias a la inclusión de última hora de miles de urnas en la ciudad de Guayaquil, un bastión de la derecha con pésimos antecedentes respecto de la transparencia electoral. A pesar del acuerdo pactado el 12 de febrero frente a la autoridad electoral y a delegaciones internacionales, Lasso se negó a abrir las urnas en las que se habían detectado irregularidades; es más, luego de la evidencia de los 612 votos adicionales en favor de Pérez encontrados en tan solo 28 urnas revisadas, el CNE no dio paso a la apertura de las 20.000 actas impugnadas. ¿Acaso un empate técnico como ese, entre Pérez y Lasso, no exigía una confirmación más minuciosa de los resultados?”.

Poco después, cuenta Cuvi, Correa desde su exilio en Bélgica y Lasso en Ecuador, descartaron la denuncia de Fraude y avalaron la votación, porque, posiblemente, consideraron que era más factible ganar a sus oponentes en la segunda vuelta ante la creciente fuerza de la propuesta política de Pachakutik, en la que confluye tanto la crítica hacia el correísmo, como al neoliberalismo defendido por Lasso.

El que ambos dirigentes rechazaran la denuncia de Fraude entablada por Yaku Pérez, supuso que la alianza en torno a Pachakutik optara por una medida polémica: “el voto nulo ideológico”, como una acción simbólica radical contra los vicios del sistema electoral y una medida anti establishment.

Lasso obtuvo entonces la victoria con el respaldo de la clase política ecuatoriana y latinoamericana, el gran empresariado, y el aparato mediático corporativo, pese a que en la primera vuelta había sido ganador Araúz, y el banquero había tenido casi un empate con Pérez. Lasso se alzó con el 52.36% de la votación y Arauz con el 47.64%. Los votos nulos fueron 1759772, y los votos en blanco 174237.

El hecho de que Lenin Moreno, con su giro hacia el neoliberalismo, hubiese sido delegado como el candidato del correismo en el 2017, sumado a las múltiples críticas a este proyecto político, se tradujo en una desconfianza social — y en algunos casos en un sectarismo extremo—, que impidió la conformación de un acuerdo entre la propuesta de la izquierda correista alineada a las fuerzas de la izquierda tradicional electoral, con la izquierda ambientalista, feminista y radical que se concentró en torno a la CONAIE y Pachakutik.

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