Editorial Hekatombe: Sobre el triunfo de Donald Trump

El pasado martes  8 de noviembre triunfó en las elecciones presidenciales el polémico candidato Donald Trump, a pesar del triunfo en las encuestas de Hillary Clinton. Los mass media así como sectores del mismo partido republicano dieron su respaldo a la demócrata Hillary. Todo indicaba su triunfo, pero ¿qué pasó? No lo sabemos con precisión, pero nos aventuramos a hacer un breve análisis.

Primero, ¿quién es Hillary Clinton?

Sí, tiene algún parentesco con Bill Clinton, ex presidente de los EEUU, es su esposa, y también es de común conocimiento que hace parte del partido Demócrata.

Se trata de una abogada de la prestigiosa Universidad de Yale, estuvo a cargo de una fundación en su juventud, fue Senadora por el estado de New York, y fue Secretaria de Estado en el gobierno Obama. Desde ese cargo respaldó los bombardeos en Siria, a Libia y apoyó con armas a los mercenarios que se levantaron contra Gadaffi, además aprobó una importante venta de armas a su segundo aliado en medio oriente, la monarquía de Arabia Saudita (se sospecha que éste régimen le presta ayuda militar al Estado Islámico, y recordemos que además comparten la misma tendencia religiosa, el wahabismo, corriente extremista del sunísmo en el islamismo).

No es un secreto que su carrera política siempre ha ido de la mano del respaldo de acciones militares como Afganistán tras la caída de las Torres Gemelas, o la invasión a Irak. Tal vez porque demostró su decidido apoyo a la administración de Bush-hijo con estas acciones militares, y por eso los Bush decidieron apoyarla en su campaña por la presidencia de Estados Unidos. Hay que decir, además, que su candidatura se financió y tuvo el beneplácito de los principales bancos de EEUU, de transnacionales como MONSANTO, implicadas en la alteración genética de semillas, y de las petroleras que han implementado el fraking (ruptura del suelo en búsqueda de gas, lo que genera la intoxicación de las fuentes de agua).

Ahora, ¿quién es Donald Trump?

la primera vez que lo vimos fue en un hotel cuando orientó a Kevin en Mi Pobre Angelito 2, luego en Los Simpsons, cuando se mostró que era elegido presidente. Trump es un empresario que ha construido un poderoso emporio en el sector servicios, hijo de Fred Trump, un millonario que se enriqueció gracias al negocio inmobiliario. Su reconocimiento se debe a la televisión –fue incluso presentador de un reality show- y a sus posiciones moralmente incorrectas que aluden al machismo, el racismo y la xenofobia. Su respaldo ha venido del partido republicano, de sectores de extrema derecha como el “partido NAZI de EEUU”, la asociación nacional del rifle y los “supremacistas blancos” herederos del KU KUX KLAN.

(Paréntesis musical)

Es un importante empresario que no tiene vínculos directos con los poderes económicos que se mueven en Washington, lo que no significa tampoco que no se vincule tarde o temprano a éstos en su ingreso formal al nuevo cargo.

No olvidemos que habían más candidatos en campaña, solo que por no contar ni con las maquinarias electorales ni con el suficiente poder económico fueron invisibilizados por los mass media. Algunos de ellos fueron el socialdemócrata Bernie Sanders y la ambientalista del partido verde  Jill Stein (el partido verde de EEUU es ecologista de izquierda), ambos con respaldo en la juventud estadounidense.

Tras esta breve reseña, procedamos a lo que nos corresponde: ¿por qué ganó Trump?

Lo primero es que ganó en el voto electoral, no en el popular, es decir, ganó por el complejo sistema electoral de los EEUU, gracias a los votos sumados de la candidata demócrata, de los estados en los cuales el republicano ganaba por una ligera ventaja. Eso no obvia ni mucho menos su triunfo y el respaldo que tiene de importantes sectores de la sociedad. Lo segundo es que su repetido show de racismo y xenofobia se ganaron las cámaras de los mass media, lo que le permitió un mayor reconocimiento.

Pero hay algo más de fondo, y es donde la situación se hace un poco compleja: la crisis de representación que están viviendo las “democracias” de occidente debido a la globalización neoliberal.

La crisis económica de 2008, desestabilizó a estos regímenes democráticos, así como a las instituciones estatales que, se suponía, tenían solidez ante las eventuales crisis cíclicas del capitalismo. En el caso de los EEUU, con el voto a Obama, la población esperaba mayor protección por parte del Estado, lo cual no se evidenció en la medida en que el gobierno siguió profundizando las políticas neoliberales de flexibilización laboral y, en general, de reducción del estado de bienestar. Dejando a la intemperie a los ciudadanos frente a los tentáculos del poder económico financiero, abarcando, en este momento, a la seguridad social, la salud y la educación de los estadounidenses.

El documentalista estadounidense Michael Moore, y el político español Alberto Garzón, dirigente de la coalición “Unidos Podemos” de España, señalaban cómo en el discurso de Trump se cuestionaba la corrupción de la clase política tradicional estadounidense, así como muchas de las medidas económicas tomadas por el gobierno, que afectan directamente a la clase trabajadora “blanca”, como lo fue la crítica al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) que en gran medida contribuyó a la destrucción económica de los estados industriales de la zona norte del medio oeste de Estados Unidos, medidas que fueron respaldadas por el sector del partido demócrata que representa a los Clinton. También, ha cuestionado la deslocalización de las industrias estadounidenses, al llevarlas a otros países periféricos o de tercer mundo en busca de mano de obra barata, ya que ello significa el cierre de fábricas en los Estados Unidos y, por ende, el desempleo de grandes capas de las clases populares. Lo que implicó un respaldo de parte de esa población a la candidatura del magnate.

Frente a la falta de oportunidades, la lógica de la ultraderecha que ha ido permeando el sentido común de la ciudadanía es que los inmigrantes le quitan posibilidades de empleo a los nacionales -recordemos que EEUU es un país de inmigrantes, paradójicamente-, lo que pasa por alto el cuestionamiento real al modelo económico que trajo las crisis. Con esto, nos vienen a la mente las cifras de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) de Estados Unidos, de 2006 a 2015, en las que se registran 76 muertes de migrantes mexicanos por policías estadounidenses o miembros de la Patrulla Fronteriza. o también, el informe Mundial 2015 de la organización Human Rights Watch (HRW) en donde se señala que: “Los afroamericanos son encarcelados en proporciones seis veces más altas que los blancos, y el tres por ciento de todos los varones afroamericanos están actualmente encarcelados en una prisión estatal o federal” sin dejar de lado el ascenso, en grandes proporciones, de las cifras de asesinatos a jóvenes afro en el gobierno Obama, sin que significase un repudio generalizado de la sociedad norteamericana a estas acciones. De esta manera, es posible intuir cómo en el ambiente social hay una creciente xenofobia y actitud racista, que no dudaría en aprobar un discurso que canalice ese sentimiento.

En el discurso de Donald Trump, encontramos matices del populismo de extrema derecha con tendencia al fascismo corporativista italiano, con su cercanía a los temores de la clase trabajadora que se ve a la deriva y se refugia en discursos que le signifiquen nuevas certezas, así sean reaccionarias (chovinistas, xenófobas y racistas), siempre y cuando impliquen seguridad, y es probable que la hayan encontrado, por ejemplo, en el slogan «Make America great again» (Hagamos a EE.UU. grande otra vez), precisamente, el lema de campaña de Trump.

Pero no son sólo los EEUU, también es Europa*, donde partidos de extrema derecha y fascistas, avanzan a paso largo, ganándose la confianza de los nacionales, a costa de la supuesta defensa de los intereses económicos de las clases trabajadoras que han salido mal libradas de la globalización neoliberal, contra las élites políticas tradicionales y el discurso inquisidor al migrante y al diferente, en una suerte de homogeneidad y uniformidad que están en contravía del necesario pluralismo democrático. 

Lo anterior deja abierto y para el debate un interrogante a las organizaciones, movimientos e individualidades que pretenden ser alternativas en los nortes y sures geográficos y socio-políticos frente a los desastres que deja a su paso la globalización neoliberal.  Alternativas, cuya eficacia oscilaría entre si deben continuar con un uso del discurso y proyecto tal y como lo han estado gestando hasta el momento, o si es tiempo de pensar alternativas con rasgos de “populismo” de izquierdas**, que manifiesten el interés y enaltezcan a los de abajo, a las anti-elites y cuestionen el modelo económico, que hagan frente a esta nueva cara de la derecha que empieza a disputar la hegemonía, y que signifiquen certezas en un mundo en el que aparentemente “todo lo sólido se desvanece en el aire”.

______________________

*Y en Colombia, con el centro democrático, que a pesar de no defender desde ningún punto de vista a las clases populares sino a los grandes terratenientes y ganaderos, con un discurso que hace uso de la jerga paisa popular, ha sabido ganarse el afecto de importantes sectores de los de abajo, tenemos en nuestro país la muestra de la peligrosa extrema derecha, también defendida por sectores que abiertamente se reconocen como fascistas.

**Dejando en claro que hay populismo de derechas, izquierdas, ambiguos –como el de Perón en Argentina y el de Rojas Pinilla en su época “anapista” en Colombia-. Se trata de un llamado al estudio y la acción frente a las nuevas caras del poder, que recuerdan a los fascismos post crisis de 1929, y las formas de frenarlo.

 

Editorial Hekatombe: Sobre el triunfo de Donald Trump

 

El pasado martes  8 de noviembre triunfó en las elecciones presidenciales el polémico candidato Donald Trump, a pesar del triunfo en las encuestas de Hillary Clinton. Los mass media así como sectores del mismo partido republicano dieron su respaldo a la demócrata Hillary. Todo indicaba su triunfo, pero ¿qué pasó? No lo sabemos con precisión, pero nos aventuramos a hacer un breve análisis.

Primero, ¿quién es Hillary Clinton? Sí, tiene algún parentesco con Bill Clinton, ex presidente de los EEUU, es su esposa, y también es de común conocimiento que hace parte del partido Demócrata.

Se trata de una abogada de la prestigiosa Universidad de Yale, estuvo a cargo de una fundación en su juventud, fue Senadora por el estado de New York, y fue Secretaria de Estado en el gobierno Obama. Desde ese cargo respaldó los bombardeos en Siria, a Libia y apoyó con armas a los mercenarios que se levantaron contra Gadaffi, además aprobó una importante venta de armas a su segundo aliado en medio oriente, la monarquía de Arabia Saudita (se sospecha que éste régimen le presta ayuda militar al Estado Islámico, y recordemos que además comparten la misma tendencia religiosa, el wahabismo, corriente extremista del sunísmo en el islamismo).

No es un secreto que su carrera política siempre ha ido de la mano del respaldo de acciones militares como Afganistán tras la caída de las Torres Gemelas, o la invasión a Irak. Tal vez porque demostró su decidido apoyo a la administración de Bush-hijo con estas acciones militares, decidieron apoyarla en su campaña por la presidencia de Estados Unidos. Hay que decir, además, que su candidatura se financió y tuvo el beneplácito de los principales bancos de EEUU, de transnacionales como MONSANTO, implicadas en la alteración genética de semillas, y de las petroleras que han implementado el fraking (ruptura del suelo en búsqueda de gas, lo que genera la intoxicación de las fuentes de agua) .

 

Ahora, ¿quién es Donald Trump? la primera vez que lo vimos fue en un hotel cuando orientó a Kevin en Mi Pobre Angelito 2, luego en Los Simpson, cuando se mostró que era elegido presidente. Trump es un empresario que ha construido un poderoso emporio en el sector servicios, hijo de Fred Trump, un millonario que se enriqueció gracias al negocio inmobiliario. Su reconocimiento se debe a la televisión –fue incluso presentador de un reality show- y a sus posiciones moralmente incorrectas que aluden al machismo, el racismo y la xenofobia. Su respaldo ha venido del partido republicano, de sectores de extrema derecha como el “partido NAZI de EEUU”, la asociación nacional del rifle y los “supremacistas blancos” herederos del KU KUX KLAN.

(Paréntesis musical: https://www.youtube.com/watch?v=ZPDJ2NXUsxM)

 

Es un importante empresario que no tiene vínculos directos con los poderes económicos que se mueven en Washington, lo que no significa tampoco que no se vincule tarde o temprano a éstos en su ingreso formal al nuevo cargo.

No olvidemos que habían más candidatos en campaña, solo que por no contar ni con las maquinarias electorales ni con el suficiente poder económico fueron invisibilizados por los mass media. Algunos de ellos fueron el socialdemócrata Bernie Sanders y la ambientalista del partido verde  Jill Stein (el partido verde de EEUU es ecologista de izquierda), ambos con respaldo en la juventud estadounidense.

Tras esta breve reseña, procedamos a lo que nos corresponde: ¿por qué ganó Trump? lo primero es que ganó en el voto electoral, no en el popular, es decir, ganó por el complejo sistema electoral de los EEUU, gracias a los votos sumados de la candidata demócrata, de los estados en los cuales el republicano ganaba por una ligera ventaja. Eso no obvia ni mucho menos su triunfo y el respaldo que tiene de importantes sectores de la sociedad. Lo segundo es que su repetido show de racismo y xenofobia se ganaron las cámaras de los mass media, lo que le permitió un mayor reconocimiento.

 

Pero hay algo más de fondo, y es donde la situación se hace un poco compleja: la crisis de representación que están viviendo las “democracias” de occidente debido a la globalización neoliberal.

La crisis económica de 2008, desestabilizó a estos regímenes democráticos, así como a las instituciones estatales que, se suponía, tenían solidez ante las eventuales crisis cíclicas del capitalismo. En el caso de los EEUU, con el voto a Obama, la población esperaba mayor protección por parte del Estado, lo cual no se evidenció en la medida en que el gobierno siguió profundizando las políticas neoliberales de flexibilización laboral y, en general, de reducción del estado de bienestar. Dejando a la intemperie a los ciudadanos frente a los tentáculos del poder económico financiero, abarcando, en este momento, a la seguridad social, la salud y la educación de los estadounidenses.

El documentalista estadounidense Michael Moore, y el político español Alberto Garzón, dirigente de la coalición “Unidos Podemos” de España, señalaban cómo en el discurso de Trump se cuestionaba la corrupción de la clase política tradicional estadounidense, así como muchas de las medidas económicas tomadas por el gobierno, que afectan directamente a la clase trabajadora “blanca”, como lo fue la crítica al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) que en gran medida contribuyó a la destrucción económica de los estados industriales de la zona norte del medio oeste de Estados Unidos, medidas que fueron respaldadas por el sector del partido demócrata que representa a los Clinton. También, ha cuestionado la deslocalización de las industrias estadounidenses, al llevarlas a otros países periféricos o de tercer mundo en busca de mano de obra barata, ya que ello significa el cierre de fábricas en los Estados Unidos y, por ende, el desempleo de grandes capas de las clases populares. Lo que implicó un respaldo de parte de esa población a la candidatura del magnate.

Frente a la falta de oportunidades, la lógica de la ultraderecha que ha ido permeando el sentido común de la ciudadanía es que los inmigrantes le quitan posibilidades de empleo a los nacionales -recordemos que EEUU es un país de inmigrantes, paradójicamente-, lo que pasa por alto el cuestionamiento real al modelo económico que trajo las crisis. Con esto, nos vienen a la mente las cifras de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) de Estados Unidos, de 2006 a 2015, en las que se registran 76 muertes de migrantes mexicanos por policías estadounidenses o miembros de la Patrulla Fronteriza. o también, el informe Mundial 2015 de la organización Human Rights Watch (HRW) en donde se señala que “Los afroamericanos son encarcelados en proporciones seis veces más altas que los blancos, y el tres por ciento de todos los varones afroamericanos están actualmente encarcelados en una prisión estatal o federal” sin dejar de lado el ascenso, en grandes proporciones, de las cifras de asesinatos a jóvenes afro en el gobierno Obama, sin que significase un repudio generalizado de la sociedad norteamericana a estas acciones. De esta manera, es posible intuir cómo en el ambiente social hay una creciente xenofobia y actitud racista, que no dudaría en aprobar un discurso que canalice ese sentimiento.

En el discurso de Donald Trump, encontramos matices del populismo de extrema derecha con tendencia al fascismo corporativista italiano, con su cercanía a los temores de la clase trabajadora que se ve a la deriva y se refugia en discursos que le signifiquen nuevas certezas, así sean reaccionarias (chovinistas, xenófobas y racistas), siempre y cuando impliquen seguridad, y es probable que la hayan encontrado, por ejemplo, en el slogan «Make America great again» (Hagamos a EE.UU. grande otra vez), precisamente, el lema de campaña de Trump.

Pero no son sólo los EEUU, también es Europa*, donde partidos de extrema derecha y fascistas, avanzan a paso largo, ganándose la confianza de los nacionales, a costa de la supuesta defensa de los intereses económicos de las clases trabajadoras que han salido mal libradas de la globalización neoliberal, contra las élites políticas tradicionales y el discurso inquisidor al migrante y al diferente, en una suerte de homogeneidad y uniformidad que están en contravía del necesario pluralismo democrático.

Lo anterior deja abierto y para el debate un interrogante a las organizaciones, movimientos e individualidades que pretenden ser alternativas en los nortes y sures geográficos y socio-políticos frente a los desastres que deja a su paso la globalización neoliberal.  Alternativas, cuya eficacia oscilaría entre si deben continuar con un uso del discurso y proyecto tal y como lo han estado gestando hasta el momento, o si es tiempo de pensar alternativas con rasgos de “populismo” de izquierdas**, que manifiesten el interés y enaltezcan a los de abajo, a las anti-elites y cuestionen el modelo económico, que hagan frente a esta nueva cara de la derecha que empieza a disputar la hegemonía, y que signifiquen certezas en un mundo en el que aparentemente “todo lo sólido se desvanece en el aire”.

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*Y en Colombia, con el centro democrático, que a pesar de no defender desde ningún punto de vista a las clases populares sino a los grandes terratenientes y ganaderos, con un discurso que hace uso de la jerga paisa popular, ha sabido ganarse el afecto de importantes sectores de los de abajo, tenemos en nuestro país la muestra de la peligrosa extrema derecha, también defendida por sectores que abiertamente se reconocen como fascistas.
**Dejando en claro que hay populismo de derechas, izquierdas, ambiguos –como el de Perón en Argentina y el de Rojas Pinilla en su época “anapista” en Colombia-. Se trata de un llamado al estudio y la acción frente a las nuevas caras del poder, que recuerdan a los fascismos post crisis de 1929, y las formas de frenarlo.

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