El ascenso de la autoayuda como un síntoma de la crisis del capitalismo

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La crisis del capitalismo puede entenderse como un periodo prolongado durante el cual hay dificultades constantes que impiden la estabilidad del sistema. Por esta misma línea, el economista ruso Nikolái Kondrátiev identificó que el capitalismo se ha caracterizado por esa inestabilidad que lleva a momentos de ascenso y de crisis de manera cíclica, pues de manera periódica se presenta una crisis, cuya superación conduce a un momento de prosperidad, la cual no puede ser eterna y vuelve a conducir a la crisis (señala que aproximadamente cada 50 años se da una crisis; sin embargo, al parecer estas crisis son cada vez más continúas y cercanas temporalmente).

¿Cómo estas crisis del capitalismo se experimentan en la vida cotidiana? La incertidumbre es una de las principales consecuencias, pues en momentos críticos hay fluctuaciones constantes de los precios e incluso escasez de productos que generan una sensación de miedo al futuro, ya que no es posible pronosticar lo que ocurrirá mañana: ¿tendré para comer?, ¿podré pagar el alquiler?, ¿me será posible comprar una vivienda?, ¿tendré acceso a la pensión? La imposibilidad de dar respuesta a este tipo de interrogantes conduce necesariamente al miedo y a la frustración, pues la única certeza en momentos críticos es que no puedo hacer mucho para cambiar el curso de mi futuro, sino que soy un barco a la deriva que no puede conducir con su certeza su propia vida.

Ante esta incertidumbre, la tranquilidad sólo podría emerger de un lugar: la capacidad de controlar o al menos pronosticar el futuro. Y es en este punto que encuentro como protagonista al fortalecimiento de la autoayuda que pulula no sólo entre los bestsellers de las librerías sino también en las redes sociales, ya que se presentan como un faro de esperanza que promete la posibilidad de controlar nuestro futuro.

¿Cómo entender la autoayuda? A pesar de que no se trata de campos homogéneos, sí suelen compartir algunos elementos en común: 1. Se centran en el individuo y su capacidad para gestionar no sólo su mundo interior (pensamientos, emociones), sino también sus relaciones y su entorno; 2. La mayoría de los libros de autoayuda les dan un poder fundamental a las ideas, pues consideran que ellas transforman la realidad material. En ese sentido, lo que sí puede estar en nuestro control, que son nuestras ideas, es el centro de atención y se presenta como el motor de transformación de la vida; 3. Buscan el buen vivir, es decir, responden a la pregunta cómo podemos ser más felices y vivir mejor. La respuesta, por supuesto, no está en la transformación social, sino en nuestro interior, siendo coherente con los dos puntos anteriores.

Estas tres características apuntan a crear una falsa sensación de que nuestra felicidad está en nuestras manos. A pesar de que sí podemos hacer más llevadera nuestra existencia con algo de sabiduría, ésta difícilmente es una vida buena cuando no hay condiciones materiales que la posibiliten. ¿Cómo mantener pensamientos positivos cuando a diario soportas a clientes enojados en la línea?, ¿cómo ver el mundo como un lugar maravilloso si trabajas en una mina expuesto a contaminantes, mientras tu cuerpo se va enfermando?, ¿cómo levantarse cada día con esperanza de un mañana mejor cuando es posible que te despidan mañana y con tu poco salario es imposible ahorrar para asegurar tu subsistencia por al menos unos meses? En definitiva, aunque podemos intentar controlar nuestros pensamientos y emociones para hacer llevadera nuestra existencia, este sistema no posibilita con los hechos la vida buena, sino que va en contravía de esta.

Por lo anterior, aunque suelen afirmar que la autoayuda, con su ideología individualista, es una estrategia del capitalismo para evitar la organización comunitaria, debilitar las bases populares y promover la propiedad privada, pienso que, además, es un síntoma claro de que el sistema no funciona, de que este sistema contradice la vida. En otras palabras, es una de las pruebas de que el capitalismo nos aleja del buen vivir. Si viviéramos bien, ¿para qué necesitaríamos la falsa esperanza de controlarlo todo? Si hay estabilidad, ¿para qué necesitaríamos una falsa ilusión de estabilidad? Lo que tenemos es la incertidumbre y el miedo como compañeros de vida.

En conclusión, la emergencia de la autoayuda no es sólo un apaciguador de las masas, sino que también es una muestra clara de que vivimos con miedo, incertidumbre y falta de control, por lo cual buscamos consuelo en un libro que nos dé la esperanza de que con pensamientos positivos todo se solucionará. De lo que requerimos es de la comprensión de que esa seguridad no será un hecho hasta que las condiciones materiales (pan, techo, agua) sean algo dado y no algo que se nos puede arrebatar el día que no podamos pagar. Pero eso no será posible mientras la esperanza de un futuro mejor sea confiada a un conferencista millonario que asegura tener la clave para que todos seamos como él. La esperanza de un futuro mejor debe ser puesta en la transformación social, puesto que, sólo a través de ella podremos cambiar la realidad material.