El papel del teletrabajo en la transformación del hombre en mono

El teletrabajo es fuente de riqueza, afirman los especialistas Yupis en sostenibilidad empresarial. Lo es, por defecto, a la par que las tecnologías de la información y la comunicación son proveedoras de recursos humanos y plusvalía que se convierte generalmente en riqueza para los bolsillos de un magnate corporativo. Pero el teletrabajo puede ser mucho más que eso, puede ser la condición básica y fundamental de toda vida laboral degradada en pleno siglo XXI.

Y lo es en tal grado que, debemos decir, el teletrabajo ha creado al hombre que se auto esclaviza en la red digital creyendo que se realiza, mientras aporta sus propios recursos como medios de producción-explotación, para incrementar la fortuna de su patrón que ahora ya no tiene que pagar arriendo, internet, electricidad y computadores propios. Hoy la gente que no produce riqueza para las grandes corporaciones es gente muerta en vida para el sistema capitalista. Gente que no tiene plata ni crédito y que por lo tanto no tiene ciudadanía valida en el “Estado de opinión”.

Sobre un tipo peculiar de explotados

Hace pocos centenares de miles de segundos, en una época pandémica, aún no establecida definitivamente, de aquel periodo de la destrucción de la tierra que los geólogos denominan Holoceno del cuaternario, probablemente a finales de este periodo, vivían en muchos lugares del mundo occidental, en un extenso imperio esclavista hoy quebrado en la profundidades de una deuda a la China, una raza de hombres que se creían la última coca cola del desierto por tener un Smartphone y un computador portátil que en costo sumaban lo que se ganaban en un año.

El que adoraran a Trump nos da algunas impresiones claras sobre el perfil psicológico de este tipo de ser humano. Ellos no paraban para protestar contra la explotación, sino que preferían seguir “produciendo”, porque se consideraban “gente de bien” y ante todo sentían que su deber era agradecer que «había trabajito» por horas, sin extras y sin prima gracias al culibajito.

Estaban totalmente cubiertos de tatuajes de Rambo y les apasionaba escuchar la música de Marbel, tenían barbas afeitadas en la peluquería de Antonnio, orejas con audífonos y micrófono, y vivian de milagro con un sueldo que estiraban en cada quincena y que no contaba con prestaciones.

Estos hombres conformaban al ejército de esclavos de propiedad del neoliberalismo corporativo. Es de suponer que como consecuencia directa de su forma de trabajo, por la que los dedos,  tenían que desempeñar funciones táctiles distintas a las de agarrar con las manos, estos manes se fueron acostumbrando a prescindir de su uso conjunto para intentar transformar la realidad concreta.

Por estar sentados mucho tiempo frente al computador; en largas jornadas laborales empezaron a adoptar una posición más gibosa, más cercana a la de andar cabizbajos arrastrándose por el suelo sin rumbo alguno; como en busca de un árbol al que poder colgarse. Si no estaban en la red se sentían ahora desgraciados e irrealizados como un volador sin palo, como a un mono que le esconden las bananas. Esos fueron pasos decisivos para el tránsito de la transformación del hombre a mono.

Todos los hombres egocéntricos que existen hoy en día pueden permanecer en posición sentada y sin caminar, apoyando sus dedos a un ordenador, pero no lo hacen solo en casos de extrema necesidad, sino porque hacen parte de la era del me gusta, además por una idiotez que les impide levantarse y salir a caminar o a correr de las cadenas de la virtualidad. Se sientan habitualmente horas en actitud de cibernalgas a navegar y digitar con sus dedos, frases torpes a un mundo de amigos y amores ficticios, mientras al otro lado de la línea, un cliente ansioso les quiere comprar hierbalifee en promoción y a crédito.

La mayoría de estos manes apoyan en el suelo un relajante y laxante Vive al 100, encajan las piernas para desestresarse, hacen avanzar su mollera por entre largas búsquedas informáticas superfluas, como un perdido que busca con urgencia en hora pico un baño en un portal de Trasmilenio. En general podemos observar entre los manes todas las formas de transición entre estar sentados,  la marcha de rodillas, para luego hacerlo definitivamente a cuatro patas y colgados del bejuco como los monos.

Y puesto que la posición de sentados ha de ser para nuestros tatuados de Rambo y adoradores de la música de Marbel contemporáneos, primero una necesidad y luego una norma de esclavitud, de aquí se desprende que los dedos tenían que ejecutar funciones cada vez menos variadas. Incluso entre los manes existe ya cierta división de funciones entre los dedos y las rodillas.

Como hemos señalado más arriba, durante el chateo los dedos son utilizados para teclear a lo loco y las rodillas para ir de a poco postrándose a su amo como un mono a cambio de una banana. Los dedos sirven fundamentalmente para dar likes y prender el computador, como lo hacen ya algunas máquinas automáticas que preparan unos tintos y jugos de naranja desastrosos.

A su vez, ciertos manes se ayudan con los dedos para señalar algún compañero que no produce para su amo, porque creen que es pecado no cumplir con las metas de crecimiento sostenible de la billetera del patrón. En ese sentido, los dedos sirven fundamentalmente para digitar y dar dedo como lo hacen ya unos manes más inferiores que en la involución de esta histeria, terminaron convertidos en anfibios profesionales, pero eso ya hace parte de otro relato del Borreguismo Histórico.

To be continued…

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