En defensa de Epa Colombia

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Las redes sociales explotaron por el vídeo que Epa Colombia subió en Instagram. ¿La razón? Su compañía: Álvaro Uribe Vélez. No creo que sea necesario describir el vídeo, pues a estas alturas ha circulado por todos los medios de comunicación y todas las redes sociales. Lo que pretendo hacer en este escrito no es aplaudir la reunión, sino invitar a los lectores a ver más allá y preguntarnos si en realidad tiene sentido convertir a Epa Colombia en un objeto de desprecio colectivo.

El llamado a la cancelación de Epa Colombia no pasó desapercibido. Sin embargo, me pregunto ¿tiene sentido cancelar a Epa Colombia por lo ocurrido? Desde hace varios meses he cuestionado la cultura de la cancelación, principalmente por dos razones: en primer lugar, tiende a dirigirse hacia quienes menos poder tienen y, por lo tanto, representan un mal menor y, en segundo lugar, porque responsabiliza a los individuos de problemas que en realidad son estructurales y que son responsabilidad de la sociedad en su conjunto. Con respecto a la primera razón, he tenido la posibilidad de leer algunos artículos que muestran cómo la cultura de la cancelación afecta de maneras distintas a las mujeres y a los hombres, pues normalmente se dirige contra las mujeres con mayor potencia y por razones comúnmente sexistas. No sólo eso, también tiene por objetivos principales a personas racializadas y pobres, quienes por actuar de una manera considerada inaceptable han perdido sus empleos, entre otros aspectos de su vida.

Esta tendencia a dirigir el linchamiento colectivo hacia quienes menos poder tienen no es arbitraria. Seguramente, responde a la impotencia que tenemos frente a los poderosos, quienes pueden ser acusados de violación, de asesinato, de corrupción y un largo etcétera, sin que por ello tengan que asumir ninguna consecuencia negativa. La impunidad es directamente proporcional al poder y nosotros, los que no podemos ejercer ninguna clase de poder sobre quienes están arriba, sabemos que esto es así, pero nos sentimos molestos por la injusticia y buscamos ejercerla sobre aquellos que sí tendrían que asumir las consecuencias.

En cuanto a la segunda razón, he visto decenas de casos en las redes sociales de personas que han sido canceladas por tener comportamientos racistas, xenófobos, homófobos, misóginos, entre otros. Estas personas, en su mayoría, son miembros de la clase trabajadora: meseros, cajeros, vendedores, etc. Cuando estos individuos han actuado de dicha manera, ¿realmente han sido ellos, desde una voluntad consciente, quienes han actuado? Claramente son ellos, pero ¿son sólo ellos? Hay mínimo dos cuestiones que se pueden problematizar: en primer lugar, que sean sólo ellos quienes actúan; en segundo lugar, que lo hagan desde una consciencia absoluta. La realidad es que todos ellos sostienen prejuicios a partir de lo que han naturalizado, no a partir de las ideas que autónomamente han formado, después de pensar a solas y sin ningún aprendizaje social al respecto. Por ese motivo, no son sólo ellos quienes actúan, sino es su cultura y su sociedad quienes hablan a través de ellos. ¿Cómo esperamos que haya sujetos libres de prejuicios en una sociedad y una cultura que se basa en la (re)producción de prejuicios contra los que considera anormales o diferentes? Especialmente, ¿por qué le exigimos esta autonomía a quienes ni siquiera han tenido acceso a una educación de calidad, no tienen tiempo para cuestionar(se) porque su vida está al servicio de la sobrevivencia y tampoco tienen posibilidades de ampliar sus perspectivas, pues su mundo es reducido y sólo tienen contacto con personas que piensan igual que ellos?

La comprensión de cómo opera la manipulación de los medios de comunicación, de cómo opera la escuela como reproductor de la ideología dominante, en fin, de cómo opera lo que Althusser llamaría los “aparatos ideológicos de Estado” y que Gramsci denominaría “hegemonía” debería permitirnos entender que la mayoría sostiene determinadas ideas como resultado de la reproducción cultural, no como resultado de su responsabilidad individual.   

Epa Colombia es un objetivo de la cultura de la cancelación porque reúne estas dos condiciones: su ejercicio del poder es muy limitado en tanto mujer sobre la cual recaen estigmas por ñera, por no haber tenido acceso a una educación de calidad, por lesbiana y por vándala. Además de eso, en varias ocasiones han hecho un llamado a cancelarla, pues sus acciones han sido cuestionables. Primero, llamaron a cancelarla por su “contenido basura” y “guiso”. Después, llamaron a cancelarla por “vándala” y “criminal”. Después, se le acusó de “racista” e incluso hizo vídeos tratando a las mujeres y personas trans que ejercen la prostitución como mercancía. Ahora, se le acusa de ser de derecha y uribista, razones suficientes para cancelarla. Todas estas invitaciones públicas a cancelarla han sido resultado de sus acciones, que no son tan suyas, sino nuestras. ¿cómo esperamos que Epa Colombia no sea racista, si nuestra cultura, nuestra sociedad, nuestra economía son profundamente racistas?, ¿cómo esperamos que ella no trate a ciertas personas como mercancía vendible, si normalizamos que al cuerpo de las mujeres y de las personas trans se puede acceder a cambio de unos billetes?, ¿cómo esperamos que ella no se reúna con Álvaro Uribe Vélez, si vivimos en un país controlado por él y su partido? Si hay que exigirle autonomía a alguien, que sea justamente a quienes nacieron con privilegios y por ello han podido permitirse pensar en cuestiones más allá del dinero y de su vida personal. Pero, se trata de una mujer que no nació en cuna, que tuvo que trabajar desde niña y que hasta ahora puede darse la posibilidad de ampliar sus perspectivas.

Muchos de nosotros hubiéramos tomado otros caminos en su lugar, pero eso no nos da la autoridad para lincharla y así hacernos participes de la instrumentalización de la que ella ha sido objeto. Ha sido instrumentalizada por el sistema judicial, quien la ha tomado como modelo para asustar a los ciudadanos que protestan en las calles. ¿Ahora nosotros la vamos a instrumentalizar para enseñarle a los demás lo que les puede pasar si deciden ser uribistas o sentarse a comer con Uribe?

Este texto no pretende ser un llamado al conformismo ni tampoco sostiene que como las acciones individuales son resultado de lo que hemos reproducido estructuralmente no hagamos nada frente a lo que los individuos hacen. Al contrario, pretendo que asumamos la responsabilidad colectiva que tenemos y nos comprometamos con transformar la sociedad de manera radical para no continuar construyendo subjetividades que se alíen con la opresión. Además, este texto sí pretende cuestionar las razones por las cuales dirigimos la cultura de la cancelación hacia personas como Epa Colombia, en lugar de dirigir la mirada hacia quienes son la causa de nuestro malestar, hacia los verdaderos responsables, hacia quienes han acumulado tanto poder que se convierten en la carta de salvación para quienes están cansados de la persecución estatal. Sería más fructífero dirigir nuestra indignación colectiva hacia los poderosos, en lugar de dirigirla hacia los peones.

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