Flaco made in Macondo

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Hoy, 23 de abril, día de su natalicio, rindo tributo al “Flaco” Jaime Bateman Cayón.

Algo se ha dicho de él, aunque no lo suficiente para descubrir la fecundidad de su pensamiento y acción, y mucho se dirá, toda vez que las nuevas generaciones se apropian con mayor soltura de su legado. Hoy quiero, a través de estas sencillas y breves líneas, hacer referencia al mayor potencial de su figura, me refiero a su profunda condición revolucionaria.

Apartado de los dogmas y sectarismos que castran la potencialidad del pensamiento crítico, El Flaco abrió la ruta para que el carácter revolucionario no fuese una pétrea condición cuadriculada del individuo, limitada a cánones preestablecidos y manuales extraños a la realidad.

Con su ejemplo empezó a forjar un estilo, después una concepción, hoy un camino, fundamentado en la valoración prioritaria de la realidad cotidiana, la idiosincrasia popular y los intereses genuinos de las mayorías. Supo percibir el espíritu nacional de nuestro país, espíritu imperceptible a los ojos de eruditos calados por prejuicios dogmáticos.

Antes de continuar, debo hacer referencia a la condición humana siempre proclive al hábito y la costumbre, porque la figura de Jaime mucho tiene que ver con la superación de ese pesado lastre. Precisamente, nada más difícil que superar esa condición, siendo menester para el revolucionario ganar esta batalla para no apegarse a ninguna verdad o práctica “inamovible”, más allá de la fidelidad absoluta a los principios éticos y morales que deben encabezar la misión transformadora. Usualmente es fácil encontrar flaquezas de principios en quienes recitan y repiten de memoria citas bibliográficas adornadas con caretas de autores extraños o reconocidos.

Esta fue la primera batalla que libró El Flaco desde su juventud, rompiendo con el espectro anquilosado del hábito, la costumbre y el dogma, rebuscando, ensayando inventando, creando. Su pensamiento libre, y por consiguiente profundamente revolucionario, se basó en la experiencia nacional e internacional aplicada con originalidad a la actualidad del momento que le tocó vivir, previendo y proyectando las necesidades y urgencias del futuro.

Por eso profetizó la necesidad de la solución dialogada al conflicto, avizorando que ninguno de los bandos en confrontación –guerrillas y Estado-, se vencería en el campo de batalla, lo que conduciría a una guerra sempiterna donde la sangre mayormente sería de pobres, corriendo el riesgo, además, de degradarse ese conflicto por el concurso de agentes sobre todo perjudiciales para la legitimidad de las organizaciones guerrilleras, de ahí que fuese su preocupación y orientación que la fuerza militar del M19 estuviese siempre combatiendo, porque “en Colombia una guerrilla quieta corre el riesgo de descomponerse”.

Entendió que el futuro se abría paso con la importancia de la comunicación como elemento trascendental dentro de la política, para llevar el mensaje de la causa justa a las mayorías, mientras otros priorizábamos la confrontación militar atrincherados en conceptos susceptibles de replantearse.

Su cuota natural de irreverencia lo llevó a confrontar a los “altos prelados” de la izquierda tradicional, mientras reclutaba con la fuerza de su verbo, la frescura de sus ideas y su audacia contagiosa, a figuras y grupos en los más diversos sectores de la sociedad colombiana, desde la clase trabajadora hasta empresarios, incluyendo, cómo no, a los artistas e intelectuales del pensamiento crítico, pero libre.

Su más potente enseñanza, a mi modo de ver, consiste en el llamamiento permanente a hacer de la revolución un servicio ejercido más con alegría que por obligación, teniendo siempre en cuenta, más que cualquier receta o dogma, la riquísima y compleja realidad del país, conociendo su historia y los sentimientos y anhelos de las mayorías populares, convocando siempre el espíritu nacional para descifrar o inventar la ruta que, en todo caso, debe ser inédita y original, aunque no perdamos de vista las experiencias ajenas.

El desarrollo de los acontecimientos de las últimas décadas da mayor relevancia a la figura de Bateman, me atrevo a decir, incluso, que mucho tiene que ver él con los ocho millones o más de votos alcanzados recientemente por los sectores alternativos y las sucesivas victorias que esperan en el futuro.

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