Ideas sobre el carácter, pasado y devenir del movimiento estudiantil colombiano. Una propuesta de balance político desde la militancia estudiantil

Nota: El lugar de enunciación de este texto es el de la militancia estudiantil y las experiencias y vivencias acumuladas a lo largo de un proceso colectivo de trabajo en el que luché junto a muchas personas. Muchas de estas ideas las he pensado y construido con ellos y ellas.  Su objetivo es contribuir a un debate necesario sobre la necesidad de pensar y discutir en mayor profundidad sobre ese fenómeno colectivo, esperanzador y maravilloso que es la rebeldía juvenil y estudiantil.

El movimiento estudiantil como sujeto colectivo

– El movimiento estudiantil es un sujeto histórico complejo, heterogéneo y cambiante, en el que se integran de manera dinámica y contradictoria dimensiones: sociales-generacionales, reivindicativas-gremiales, identitarias-culturales, transversalizadas por lo político y la política, de los y las jóvenes.

– Cada proceso de movilización, coyuntura o ciclo de conflictividad alrededor de los que se construye, le marca al movimiento improntas específicas (de ahí la dificultad de caracterizar al movimiento de forma univoca); muchas de las cuales pasan a formar parte del acervo común de las y los estudiantes en la forma de tradiciones y argumentarios que se insertan en la cotidianidad o se activan en determinadas condiciones, otras desaparecen o se recrean después de un tiempo creando tradiciones nuevas, otras quedan como singularidades de un proceso concreto.

– Más que un movimiento estudiantil lo que hemos tenido en Colombia son movimientos estudiantiles, en plural, cada uno enfrentando desafíos distintos, construyéndose de manera diferente y con muchas dificultades para establecer continuidad entre su pasado y presente y su presente y futuro, es decir con limitaciones serias para establecer vasos comunicantes claros con los procesos de movilización posterior y anterior. En América Latina muchos países han logrado un mayor acumulado que se traduce en madurez del movimiento, con la construcción de organizaciones gremiales del orden nacional como la CONFECH en Chile, la UNE en Brasil y la FUA en Argentina. Esto en Colombia no ha sido posible, en parte por la extrema animosidad política entre las diferentes corrientes y tendencias al interior del movimiento estudiantil colombiano

-Cuando hablamos de movimientos estudiantiles es necesario distinguir dos temporalidades por las cuales este se encuentra regidos y cuyo marco determina sus rasgos sobresalientes en uno u otro periodo:

  1. El movimiento estudiantil de los tiempos fríos y cotidianos constituido por formas organizativas preponderantemente de carácter nacional asociadas a partidos y movimientos políticos del sector democrático y en menor medida estudiantado independiente u organizaciones locales-regionales con diferentes grados de politización y consciencia. Estos agentes actúan a través de múltiples mecanismos en cada institución como el núcleo de conducción de sectores del estudiantado en coyunturas o procesos específicos.
  2. El movimiento estudiantil de los tiempos calientes: su rasgo predominante es que el núcleo de dirección se ve desbordado e impugnado por la vinculación de amplios sectores del estudiantado —apáticos y desconectados en los tiempos fríos— a procesos de lucha, movilización, construcción colectiva y debate. El de los tiempos calientes es el movimiento en el que mejor se revela la potencia, capacidad, pluralidad y épica propia de los movimientos estudiantiles. Las condiciones de emergencia de los tiempos calientes están antecedidas por rupturas de los marcos de normalidad —situación a la que el estudiantado reacciona levantándose—, tal rompimiento está asociado a una de las siguientes condiciones por separado o actuando juntas en una situación específica: i) el estudiantado siente vulnerados o en riesgo sus intereses materiales o los de la institución en la que estudia, ii) el estudiantado se siente desconocido como interlocutor legítimo en la toma de decisiones que le afectan a él o su institución, iii) el estudiantado siente impugnado o quebrantado lo que considera justo o bueno para la sociedad.

– El advenimiento de los tiempos calientes pone en la mesa uno de los problemas típicos de los procesos de movilización y alzamiento estudiantil: la recomposición temporal del núcleo de conducción.  Este proceso se desenvuelve a partir de tensiones entre las organizaciones de carácter nacional que expresan la voluntad, plan y posición de partidos y proyectos políticos del campo democrático y algunos estudiantes no organizados u organizados por fuera de las lógicas partidarias clásicas, que construyen su espacio en el movimiento, en alguna medida, a partir de la impugnación del liderazgo de los y las organizadas. La gestión equivocada de esta contradicción conlleva al desgaste de los procesos de deliberación y construcción colectiva, así como a la ralentización de la construcción de unidades y a un ambiente de confrontación que a la larga aúpa la deserción de las amplias mayorías de los debates estratégicos del movimiento.

– A pesar del carácter contingente de cada movimiento estudiantil, existen una serie de costumbres en común que otorgan identidades colectivas y marcan los derroteros simbólicos y prácticos con los que el movimiento participa e interviene en la realidad, estas costumbres y tradiciones comunes se heredan, crean, recrean y transmiten de generación en generación. Uno de los principales vehículos de traspaso de este cumulo son las organizaciones estudiantiles y sus ejercicios de relevo interno, que, con sus muchas dificultades, constituyen la raíz con mayor vocación de permanencia en el seno de movimientos conformados por definición por sujetos pasajeros. Las tradiciones comunes abarcan los lenguajes con los que el movimiento se nombra a sí mismo y nombra a los antagonistas, las prácticas asamblearias y sus rituales, las formas de acción colectiva o la estética de la comunicación.

– El decaimiento de las izquierdas y las posiciones revolucionarias en los últimos 30 años, ha hecho de las universidades las retaguardias privilegiadas de las posiciones democráticas. La influencia en otros sectores de masas pudo mermar dramáticamente por influjo del neoliberalismo y la derrota de los procesos revolucionarios a finales del siglo pasado, sin embargo en muchas instituciones educativas ha logrado mantenerse un cierto santuario (explicado por la determinante influencia de las izquierdas entre intelectuales y maestros en las décadas precedentes) que ofrece a los partidos y movimientos, primero, posibilidades de crecer y proyectarse en el tiempo, segundo,  posibilidades de hacer resonar sus ideas y concepciones políticas, y tercero, un espacio de incidencia en la movilización de las masas de ese sector específico.  Aunque han emergido formas organizativas locales y personalidades no organizadas por fuera de esa orbita, los partidos y movimientos revolucionarios han sido hegemónicos en lo que se refiere a presencia permanente e influyente en las universidades públicas. Lo que hace esa influencia contradictoria es el enfoque de construcción y la política disímil con el que cada partido o movimiento opera su dispositivo organizativo para incidir en el movimiento amplio.

-Un fenómeno subanalizado por la mayoría de las fuerzas democrático-revolucionarias que trabajan entre las masas estudiantiles es la “mayoría silenciosa” organizada, militando y educándose para servir de diferentes maneras a las derechas. Este fenómeno se presenta en las instituciones de educación superior privadas principalmente, que convierte a esas IES en escuelas del funcionariato estatal a distintos niveles y en tanque de pensamiento que impulsa una corriente en diferentes planos de la sociedad a través de la que irriga la ideología dominante. Un ejemplo inmediato lo ofrece el papel que juega la universidad Sergio Arboleda en el gobierno de Duque.

9 años de luchas experiencias, aprendizajes y disputas abiertas

– A lo largo de la década del 90 y comienzos del 2000 se configuran la mayoría de las fuerzas estudiantiles de carácter nacional promovidas por los proyectos políticos democrático-revolucionarios que hacían parte del campo de las izquierdas, ACEU (1998), Fun-Comisiones (1999), IDENTIDAD (2000), OCE (2001), FEU (2005). Esta forma de organizar y politizar al estudiantado supuso una transformación en relación con las maneras de trabajar en décadas anteriores en las que los proyectos políticos trabajaban directamente a través de sus juventudes partidarias u organismos generados directamente por ellas.

– La primera parte de la década del 2000 estuvo centrada en la búsqueda de procesos unitarios que hicieran confluir a las distintas organizaciones en un solo proyecto unitario, fue el caso de  la CNEU (Coordinadora Nacional de Estudiantes Universitarios) que terminó fracasando como resultado de los sectarismos de varios procesos organizados y del hegemonismo de la corriente estudiantil bolivariana, otros procesos como TALLERES sirvieron de foro de intercambio a los procesos estudiantiles nacionales organizados, el fin de la CNEU abrió paso a la existencia de los llamados encuentros de emergencia, que fueron durante un periodo la forma de articulación nacional esporádica del estudiantado.

Los gobiernos de Pastrana y Uribe estuvieron marcados por la progresiva elevación del nivel de conflictividad en las universidades públicas, los intentos de reformas educativas agenciadas por uno y otro fueron claves en esta activación de procesos de movilización estudiantiles, en el caso de Uribe la represión y estigmatización a las universidades como “nichos de terroristas” contribuyó a la configuración de la universidad como un espacio de resistencia al proyecto político y académico uribista.

– Las postrimerías del gobierno uribista dejaron un panorama desolador para la educación superior: universidades en proceso de reestructuración en un sentido privatizador (Atlántico y Pamplona), ahogos financieros de todas las universidades del SUE (Sistema de Universidades del Estado), grave situación de violación a los derechos humanos en los claustros, y radicación del proyecto de ley 237 que pretendía profundizar el neoliberalismo presente en el esquema financiero de la ley 30 de 1992. A pesar de sus derrotas, el proyecto fascista de universidad obtuvo avances tales como: securitización de los campus (instalación masiva de cámaras, agenciamiento de reglamentos académicos y disciplinarios contrarios a las libertades democráticas, fortalecimiento del ESMAD) financiación condicionada a las Instituciones de Educación Superior IES, entronización del esquema Universidad-empresa-estado, transformaciones académico-administrativas en las IES mediante las rectocracias que aseguraban el control directo del ejecutivo sobre las decisiones universitarias.  [1]

– Tras dos procesos de movilización de alcance nacional en el gobierno de Álvaro Uribe Vélez (abril 2005 paro nacional, 2008 lucha contra el Plan Nacional de Desarrollo), los estudiantes reunidos en encuentro nacional de emergencia en Manizales en el año 2010 lanzaron una agenda de movilización para combatir el proyecto de ley 237 y denunciar la crisis de la educación pública. Tras muchos años de resaca colectiva en esa materia, decidieron lanzar una apuesta organizativa germinal clave para los acontecimientos futuros: la estructuración de mesas amplias locales, regionales y nacionales para confrontar el modelo y construir una reforma universitaria democrática. De esta manera se abre el ciclo de conflictividad de 9 años que abarca los procesos de la MANE y la UNEES.

– El entrante gobierno de Santos ubicó como una de sus primeras tareas la realización de una agresiva reforma educativa, para ello presentó una nueva ley de educación superior en 2011 que se convertiría a la postre en el detonante del proceso de movilización de la MANE. Para analizar y proponer alternativas a la situación se reunieron los estudiantes nuevamente en marzo de 2011, allí se da inicio al proceso de estructuración de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil MANE que tomó forma a partir de una dinámica de movilización y denuncia de la crisis entre el primer y segundo semestre de ese año: las banderas del estudiantado se fundaron en la impugnación de la propuesta inconsulta presentada por el gobierno, en el marco internacional de la oleada de protestas de indignados en varios países, a causa de la crisis económica mundial. En todas estas jornadas de movilización, la participación juvenil resultó determinante. [2] La conmemoración de los 40 años del movimiento estudiantil de 1971 sirvió de relato movilizador a las masas estudiantiles. En agosto quedó oficialmente constituida la MANE y en octubre detonó el paro nacional universitario que se prolongó un mes (en algunas IES la movilización empezó antes) hasta que la ley fue retirada.

-La MANE experimentó cuatro líneas de fractura distribuidas en los tres periodos de ese movimiento estudiantil[3], la primera en torno al criterio de definición de la hora 0 del paro nacional en tanto máximo mecanismo de presión al gobierno, en este punto se enfrentaron dos posiciones: la primera que decía que el paro debía iniciar de inmediato y la otra, secundada por la mayoría de organizaciones estudiantiles nacionales, que debía esperarse a la presentación oficial de la reforma en el congreso. La segunda se produjo una vez retirada la reforma en noviembre y enfrentó nuevamente dos posiciones: quienes creían que debía continuar el paro para arrebatar el mayor número de reivindicaciones posibles al gobierno nacional y quienes consideraban que era momento de volver a clases y proyectar un ejercicio participativo de construcción de contrarreforma educativa. En esta segunda posición se agruparon la mayoría de las organizaciones estudiantiles de carácter nacional.  La tercera guardo relación con la escogencia de vocerías nacionales de la MANE que se llevó a cabo en marzo de 2012, aquí nuevamente se enfrentaron los estudiantes organizados con los independientes por obtener el mayor número de voceros y voceras. Los sectores no organizados fueron de plano excluidos de las vocerías, lo que significó el distanciamiento de un bloque de estudiantes independientes muy heterogéneo pero importante para la pluralidad y capacidad política de aglutinar mayorías que hasta el momento había mantenido la MANE. La cuarta se fermento sobre la variedad de intereses, motivaciones y contenidos encontrados que cada proyecto político, a través de sus organizaciones estudiantiles, impulsó en el marco de la construcción de la propuesta de contrarreforma educativa; temas como la relación conflicto armado-Universidad-Sociedad fueron claves en esta disputa interna.

La autodestrucción de la MANE se produjo: i) por el afán instrumentalizador por parte de sectores del estudiantado organizado que quisieron catapultar a sus voceros electoral y políticamente, valiéndose de su posición gremial[4] y ii) de otros sectores que querían volver a la MANE la correa de transmisión de las negociaciones de paz ya oficializadas entre Santos y las FARC.

– El fin de la MANE en el VIII plenario coincidió con un conjunto de luchas locales y regionales de carácter reivindicativo descoordinadas —muchas de ellas terminaron en derrotas— que mostraba que la mesa ya no concitaba las voluntades de las mayorías estudiantiles, y que se había difuminado la perspectiva de una ley alternativa nacional para contrarreformar la educación superior. De esto se pasó a disputas por pliegos concretos y específicos carentes de la perspectiva nacional y de cambio profundo que la MANE encarnaba.

– En el momento de mayor dispersión estudiantil, el gobierno contratacó con una propuesta de reforma educativa compendiada en una política pública de largo plazo que iría concretando de múltiples maneras, en diferentes niveles, muchos de los contenidos y apuestas que el gobierno había anunciado ya en la propuesta de 2011, refinados con el mayor involucramiento del empresariado en el proceso: el APS 2034.  El estudiantado organizado creó un nivel de opinión pública al respecto mediante la denuncia y la movilización callejera que sin embargo no tuvo mucha contundencia y que no propició el anhelado choque entre la propuesta del gobierno y la de los estudiantes —que estaba en un nivel de desarrollo inferior al esperado pero con posibilidades de plantar cara a la propuesta general elaborada por el gobierno— puesto que desde ese momento la agenda mediática y política venia cambiando —incluyendo a muchos sectores democráticos y a organizaciones estudiantiles— de eje de gravitación a la finalización del acuerdo de paz, enseña del segundo gobierno de Santos.

– El no cierre formal y oficial del proceso de la MANE, con sus luces y sombras, mediante la articulación de unos puntos mínimos de balance común, favoreció que cada proceso organizado, el estudiantado independiente y otros actores de la comunidad académica sacasen sus propias lecciones y constituyeran su propia versión de lo que fue y significó la MANE, también que recogiera a su manera los acumulados programáticos construidos colectivamente para intentar capitalizarlo ante los estudiantes. Estas narrativas aisladas y contrapuestas no propiciaron un ambiente de diálogo entre los diferentes actores del movimiento estudiantil; a la postre, no prestarle atención a este aspecto importante, llevó a que fuese más difícil ponerse de acuerdo de cara a los nuevos retos.

– Las organizaciones estudiantiles convocaron en la primera parte del 2015 algunos seminarios para intentar acercar las posiciones y unificar lecturas, pero sus avances fueron mínimos. Uno de los puntos de discordia eran las valoraciones de la MANE y la necesidad o no de citar un escenario nacional de encuentro del estudiantado. En medio de todo esto, empezó a gestarse una lucha de los programas de licenciaturas del país a causa de borradores que puso a circular el gobierno y que implicarían una transformación académica fundamental en los procesos de formación para las y los docentes del futuro. El gobierno concretó su propuesta en la resolución 2041; el estudiantado se encontró el 5 y 6 de marzo de 2016 en Manizales para definir una línea conducta frente a esa situación y aunque salieron conclusiones y tareas de ese espacio para hacer frente a esa medida del gobierno, estas resultaron inanes puesto que el encuentro terminó roto por el debate organizativo  en el que se enfrentaron dos posiciones: los que impulsaban la construcción de una forma organizativa básica para el estudiantado de licenciaturas (una red de estudiantes) que permitiera hacer frente a la lucha contra la resolución y obtener una victoria alrededor de la que se pudiera nuclear nuevamente al conjunto del movimiento; y la otra que planteaba desde un balance enteramente negativo de la experiencia de la MANE, la necesidad de fundar una estructura nacional desarrollada de todo el estudiantado que llamara a un paro nacional universitario. En esta discusión se evidenció la ruptura entre las diferentes organizaciones estudiantiles nacionales que venían en un proceso de transformación política y de relevo orgánico desde el año 2014.

– Al año siguiente y resultado de unas luchas específicas que se desenvolvían en Bogotá y Tolima, se agitó de nuevo por parte de algunos sectores organizados y no organizados la necesidad de desarrollar un encuentro nacional de estudiantes. En principio se convocó un encuentro distrital ampliado en el que se hizo evidente que el movimiento estudiantil NO LOGRÓ en lo fundamental acumular lecciones ni contenidos compartidos sobre sus experiencias de lucha precedentes, de manera que no quedaba una opción diferente a volver a empezar.

– En el transito que va de la finalización de la MANE a la materialización del ENEES, algunos proyectos políticos se fortalecen llegando a ser del ámbito nacional, otros decrecen o pierden influencia, otros se fragmentan, muchos otros se crean representando proyectos y corrientes políticas antes ausentes de esos escenarios o arropados bajo el mote de independientes, y otros construyen frentes que se ponen por fuera del ENEES, en los que privilegian el agrupamiento gremial de las representaciones estudiantiles y en los que participan prevalentemente los partidos tradicionales. Este recuento habla de la enorme dispersión que se había venido fraguando al interior del estudiantado organizado, lo que hizo compleja la construcción de un núcleo de dirección del movimiento con unos mínimos acuerdos y lenguajes comunes. De hecho, principalmente las fuerzas nuevas se construyeron en oposición a la existencia de esos acuerdos que, en opinión suya, horadaron la credibilidad y el carácter democrático de la MANE.

-Si bien la no existencia de acuerdos de carácter permanente para la construcción y gestión del movimiento trajo como elemento positivo la promoción de nuevos liderazgos y la expresión de pluralidad de voces y perspectivas que dieron un carácter más amplio a la movilización y a la construcción, esta situación al mismo tiempo entorpeció la posibilidad de llegar a conclusiones más cualificadas, más claras y cuya aplicación fuese más ordenada.

– El ENEES como proceso organizativo y la UNEES que de su seno emerge, trae al escenario político, en su forma más acabada, un tipo de activismo estudiantil nuevo que refleja a su vez un tipo de estudiante nuevo que se viene gestando en las instituciones desde hace tiempo al amparo de procesos formativos, currículos, instituciones, mercados laborales y horizontes de expectativa concretos para las y los futuros profesionales[5].  Algunas de las características de este nuevo tipo de activistas estudiantiles son: los contenidos políticos, aunque importantes, no resultan fundamentales para el amplio estudiantado que podía asistir masivamente a un encuentro para no participar en las discusiones centrales. Buscar el cumulo de experiencias vitales derivadas de juntarse y hacer cosas para conseguir lo que se considera justo es lo realmente importante, así pues, las actividades cotidianas, el activismo, las reuniones logísticas tienen más valor en el imaginario colectivo del estudiantado que el contenido mismo que las inspira o define. La definición escrupulosa de criterios organizativos que no hicieran repetir las traumáticas y antidemocráticas experiencias de otros tiempos también fue una motivación típica del nuevo activista estudiantil que se hizo manifiesto en el proceso de la UNEES.

– La fundación de la plataforma UNEES y el ciclo de movilización que se desató con posterioridad al llamado ENEES 2.0, expresó un importante grado de politización de la juventud que ya había empezado a evidenciarse durante la campaña presidencial del 2018. En este encuentro estudiantil se constituyó un elemento clave: la aprobación de un pliego estudiantil que combinaba exigencias de corto, mediano y largo plazo. Si bien este programa fue muy importante para dotar de un horizonte común la acción del estudiantado, tuvo muchas dificultades en lo que respecta a su desarrollo político y técnico, a su articulación clara con las demandas de otros actores de la comunidad, y especialmente en lo que refiere al establecimiento de unas jerarquías claras sobre los aspectos que eran inmediatos y mediatos, un asunto, sin lugar a duda, clave para la movilización y la negociación.

Tanto el descredito y debilidad del entrante gobierno de Duque, como la narrativa de desfinanciación crónica de las IES empujada por profesores y estudiantes, calaron en la opinión pública y se convirtieron en factores que fermentaron el camino del paro nacional universitario que inició en el momento en que el gobierno presentó al trámite legislativo el Presupuesto general de la nación (PGN).

– La adición de recursos en el PGN, fue el centro de la disputa del estudiantado en el primer momento de la lucha que se prolongó hasta el 30 de octubre; el gobierno hizo esfuerzos en ese interregno por restar aliados a la lucha estudiantil a través del ofrecimiento de recursos insuficientes y la jugada del acuerdo con los rectores. Más tarde, la presión mediática, la represión directa y la aprobación del PGN sin modificaciones llevaron a situar el paro en un nuevo momento que no fue comprendido por el conjunto de la UNEES, que mantuvo una posición de activa resistencia, pero con miradas muy disimiles sobre cómo, que y cuando negociar con el gobierno nacional, estas miradas finalmente hicieron crisis en la medida que se aproximaba el desenlace de la movilización.  De hecho, los dos encuentros de emergencia convocados en el mes de noviembre no alcanzaron conclusiones certeras en términos del comportamiento político del conjunto del movimiento ni de los alcances de los negociadores.

– Un elemento de ruptura en el proceso de movilización estudiantil fue el carácter antagónico que revistieron las relaciones ACREES (Asociación Colombiana de Representantes Estudiantiles)-UNEES (Unión Nacional de Estudiantes de Educación Superior); la ACREES no era considerada legitima representante de las bases estudiantiles por parte de algunos sectores de la UNEES, el debate de permitir su inclusión o no en los procesos de negociación fue un constante motivo de fricción al interior de la UNEES y en los espacios de coordinación de los negociadores.

-La hipertrofia organizativa de la UNEES fue expresión de un inmenso interés por acordar maneras democráticas e incluyentes de construir el movimiento, resultante de la narrativa negativa impuesta por algunos sectores sobre el proceso MANE. No obstante, este propósito terminó trayendo altos costos para el proceso de movilización: primero por el incipiente desarrollo de los criterios y debates políticos que debían cohesionar la UNEES, segundo por la sobresaturación de debates organizativos que eclipsaban o restaban tiempos y espacios a los debates políticos fundamentales y tercero porque la existencia de un conjunto de estructuras muchas veces desconectadas, se prestó para una guerra de feudos entre compañeros que atrincherados en distintas comisiones se disputaban el protagonismo y desautorizaban las labores de tal o cual vocero o miembro de la UNEES en medio de la coyuntura.

– La negociación definitiva con el gobierno tras muchas rupturas y reacomodos, llegó en un momento de desgaste de la fuerza real del movimiento para presionar al gobierno por mejores condiciones o garantías para el acuerdo, pero no de su voluntad de lucha colocado en un marco temporal más allá de las vacaciones de diciembre. El movimiento estudiantil de entrada obtuvo importantes triunfos políticos contra el régimen que no fueron siempre debidamente explicados en las instituciones, en el terreno de los puntos concretos de la lucha se alcanza un acuerdo importante pero que no cuenta con la legitimación inmediata de las bases estudiantiles, lo que constituye un punto de ruptura con algunos sectores que creen que la consulta postergada a la gente mostraba el carácter antidemocrático de las vocerías. Las garantías académicas y la explicación de las implicaciones académicas del acuerdo fueron dos factores que contribuyeron a una vuelta a clases que dejó un sin sabor para muchos estudiantes, especialmente para los núcleos de activistas más sacrificados que eran a su vez la base de la UNEES en las IES.

– El incumplimiento del gobierno de algunos aspectos de lo acordado, los planes de choque que se vienen implementando en algunas IES a causa de la situación financiera que no ha terminado de resolverse para el año 2019 especialmente, el comportamiento errático en las negociaciones y  la dispersión del conjunto del movimiento estudiantil son las condiciones presentes a las que tienen que hacerse frente en la idea de no dejar perder otra vez un acumulado de luchas importantes para el estudiantado y la educación superior en Colombia.

 Ideas de cara al futuro

La unidad desde la heterogeneidad del movimiento sigue siendo una necesidad inaplazable para el conjunto de las y los estudiantes colombianos. Este esfuerzo precisa condiciones objetivas y subjetivas, siendo una fundamental, lograr acabar con la idea según la cual el sectarismo (incluido el de aquellos que se proclaman independientes) y el grupismo, son formas aceptables y deseables de comportamiento para la juventud politizada en nuestro país. Este peso muerto que cargamos de las generaciones del pasado necesita romperse si queremos avanzar en la construcción de un nuevo proyecto de cambio y transformación para nuestro país.

-Las instituciones de educación superior son un baluarte fundamental en la producción, reproducción y propagandización del modo de pensar, sentir y actuar dominante. Por tanto, estos son escenarios cuya conquista —en un sentido ideológico-cultural, a partir de la subversión de sus funciones misionales[6]— resulta clave para el proceso revolucionario de Colombia. Los estudiantes son UNO de los actores en este proceso y todas sus luchas y tareas deben servir y conectarse a esa perspectiva.

– El movimiento estudiantil debe pensar en seguir sirviendo como un espacio de formación de profesionales que abracen valores y concepciones democráticas, progresistas, patrióticas, internacionalistas, antiimperialistas, anti patriarcales, anticapitalistas-revolucionarias o socialistas. Ser un semillero de conocimiento conectado a las realidades de la gente y la sociedad en todos los campos y proyectar ese conocimiento como una herramienta que engendre nuevas experiencias sociales, económicas, políticas y culturales que en principio muestren la posibilidad de cambiar las cosas, y en perspectiva se conviertan de hecho en el camino de ese cambio; de esa manera las IES se convertirán en una fortaleza del pueblo productora de ideas y herramientas para combatir el poder dominante y ayudar a hacer emerger el poder de la gente.

– El carácter dinámico de los sujetos que componen el movimiento estudiantil y las condiciones tan particulares en que estos existen en el marco de periodos fríos y calientes, hace necesario un proceso de reflexión, síntesis y debate permanente en relación con la táctica que se adopta para que los estudiantes aporten en el sentido enunciado más arriba. No hay que casarse con enfoques tácticos eternizados que no logran leer los cambios y los diferentes periodos por los que atraviesan las IES, los y las estudiantes y las organizaciones que lo componen.

– El movimiento estudiantil debe pensar en ofrecer experiencias de vida gratificantes a las y los participantes, que ayuden a arraigar puntos de vista de muchas maneras en las mentes y corazones de las y los estudiantes, hay que dejar atrás la idea de que militar en el movimiento estudiantil significa solo asumir sacrificios y tareas; es importante pensar en el desarrollo integral de sujetos revolucionarios moldeados por experiencias nuevas en las que intervienen dimensiones deportivas, culturales, académicas, con actividades como campamentos, encuentros de saberes, caminatas, integraciones, carnavales, entre otras. El movimiento estudiantil logrará constituir un núcleo solido de necesaria contra hegemonía en la medida en que con su trabajo logre construir “la otra universidad”, en el sentido de convertirse en un espacio de sociabilidad que fomente el intercambio de saberes y aprendizajes prácticos que llenen los vacíos de sentido, contenido y experiencias que no logra completar la formación bajo el marco dominante burgués que rige en las IES.

La rebeldía juvenil y específicamente estudiantil ha sido y seguirá siendo uno de los baluartes mas sólidos del pueblo colombiano, cantera de heroicidad, creatividad y trabajo que vive y lucha por el sueño de una Colombia mejor. La reflexión militante, el pensamiento critico y el debate permanente solo contribuyen a hacer de ese un espacio en el que quepan más jóvenes que sumen al camino del cambio revolucionario de la sociedad colombiana.

[1] Con este término se designa la tendencia del gobierno de poner al frente de las principales universidades del país por largos periodos de tiempo a fichas fieles al proyecto uribista, en lo académico, financiero y de seguridad: Alberto Uribe (UDEA), Luis Enrique Arango (UTP) Ricardo Gómez (U de Caldas) Camacho Pico (UIS).

[2] De hecho, rasgos como el asambleísmo, la representación delegataria colegiada y rotativa y el carácter colectivo y consensuado de los espacios de conducción del movimiento son elementos compartidos entre los movimientos de indignados y el movimiento estudiantil colombiano en su primer periodo que va de abril a noviembre.

[3] Estos periodos están marcados por contradicciones que se hicieron principales en cada periodo:

Estudiantes- Gobierno nacional (abril hasta noviembre de 2011) Estudiantes Organizados vs Estudiantes no organizados (noviembre del 2011 hasta Marzo de 2012) Estudiantes Organizados vs Estudiantes Organizados (marzo de 2012 hasta Octubre de 2013).

[4] Este asunto ha sido un elemento de fricción clave en el seno del movimiento estudiantil y en el de otros movimientos sociales en los que la compresión de las relaciones entre lo gremial y político excluye la posibilidad de trasvasar los acumulados de lucha de las masas al plano electoral.

[5] En este aspecto hay que profundizar y discutir con más argumentos, deben tenerse en cuenta elementos como: los tiempos de la formación vs los tiempos del ocio (resultado del perfeccionamiento del sistema de créditos académicos),  la necesidad de involucrarse en varias carreras y actividades académicas que agotan los tiempos del estudiantado para hacer otro tipo de actividades, la participación en formas organizativas sobre la base de identidades muy puntuales: misma música, mismo videojuego, mismo tipo de intereses deportivos, mismas sensibilidad por los animales…esto en contraposición al compromiso total y el disciplinamiento bajo el que han operado la mayoría de proyectos políticos y sus organizaciones estudiantiles en las IES,  enfoques como el  de la caridad y el voluntariado del que es posible desconectarse cuando uno quiera  y que no demandan grandes identidades ideológicas ni grandes modificaciones en los planes de vida se han hecho predominantes, desde el punto de vista de las finalidades  estas se orientan principalmente a la atención o contención de determinadas problemáticas puntuales muchas de ellas no relacionadas con el proceso de formación o con las instituciones.

[6] Por su puesto, sostener un núcleo de hegemonía de estas dimensiones requiere de personas, agentes y actores claves en la dinámica de las instituciones —no necesariamente todas militando en algún proyecto político alternativo—. La construcción de espacios y corrientes de contra hegemonía deben pensarse para irradiar en distintos niveles a diferentes personas que pueden construir sus propias interpretaciones, practicas e ideas en el marco de una perspectiva común de transformación de la sociedad en sentido democrático-Revolucionario.

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