La independencia parte 1: gestación de un proyecto

La independencia: relación pasado – presente. Gestación de un proyecto, 1492 – 1810

Negación de nuestro ser.

La llegada del imperio español a las tierras americanas es uno de los hechos más relevantes de la historia universal, para occidente significó el inicio de la época moderna y el impulso determinante del modo de producción capitalista, a partir de las incalculables riquezas naturales extraídas de nuestras tierras.

El invasor con sus abusos causó la inmediata resistencia de los pueblos originarios, por ejemplo, la cacica Anacaona, la “india de raza cautiva” del tema de Tite Curet Alonso, inmortalizado en la voz del también boricua “Cheo” Feliciano, se rebeló contra los españoles en 1493 como respuesta a los abusos que estos cometían contra las mujeres de su comunidad. Anacaona fue ahorcada en 1503, no llegó a los treinta años de edad.

La invasión arrasó con nuestro ser originario, se generó una ruptura traumática para nuestra raza, sentires y cosmovisión, se alteraba la armonía del planeta: el tal descubrimiento nos negó, la mitad del mundo segregado, se dio así el crimen cultural de mayor impacto en la humanidad. Dolidos por la sinrazón del atropello, invocando los espíritus de nuestros mayores hacemos:

Un canto al ser perdido

De noche ellos llegaron

y dijeron descubrirnos,

empezando a confundirnos,

a los nuestros estafaron

y nuestro ser aplazaron;

la mística que creamos

ya nunca la conservamos,

en el mundo nos perdimos,

y así hoy mal vivimos,

sin identidad andamos.

 

Es nuestro mayor problema,

andar sin saber qué somos,

sin respondernos los cómos,

sin tener propio esquema

y menos nuestro sistema.

Es que todo fue impuesto,

y ahora, por supuesto,

debemos redescubrirnos,

casi volver a parirnos,

con nuestro ser recompuesto…

Mestizaje creador.

 Debido a ciertas figuras de explotación humana, en la América meridional se da la “convivencia” entre europeos, indígenas y negros, lo que produjo un mestizaje sin igual que generó un producto nuevo: el ser americano, nuestro americano[1].

El proceso de mestizaje derivó en una compleja división social, determinada, desde luego, por el poder económico sustentado en la “supremacía” racial y la propiedad de la tierra (tierra usurpada, por supuesto).

Tan odiosa división social estableció diferencias también entre blancos: de una parte los peninsulares (nacidos en España) y, por otra parte, los criollos (descendientes de españoles nacidos en América); además de la consabida exclusión de mestizos, mulatos, zambos, indígenas y negros.

Los blancos criollos, influenciados por explosiones sociales y políticas de gran relevancia a nivel mundial, incrementaron su inconformidad frente a la corona española que los discriminaba aun siendo blancos. Ni que decir de la inconformidad galopante de los demás componentes sociales, siempre sometidos a condiciones de vida paupérrima y, por ende, siempre dispuestos a la lucha por su bienestar.

Dos vertientes de pensamiento.

La revolución de independencia en Norte América (1776), la revolución francesa (1789) y la revolución de liberación haitiana (1791)[2], llegan a nuestras tierras abonando la rebeldía ya existente, cualificándola y nutriéndola con ideas que representaban importantes avances del pensamiento político y social de la época.

Un hecho de gran importancia sacudió el Virreinato de la Nueva Granada: fue la insurrección comunera de 1781. Esta insurrección empieza a marcar una ruta propia para nuestros procesos emancipadores, con la participación decidida y a mayor escala de los sectores más pobres y excluidos.

En el desarrollo de todos estos acontecimientos, en la Nueva Granada –y en toda la América española- se van trazando dos gruesas líneas de pensamiento y acción política: una proclive a la exigencia de más derechos para los blancos criollos, sin la ruptura definitiva con la corona española, la cual seguiría siendo reconocida como soberana de nuestros pueblos, y otra determinada por el deseo de absoluta independencia y la inclusión en la vida republicana de todos los componentes sociales.

Toda la potencialidad de siglos de resistencia de nuestra raza y gente condensada en una disyuntiva tan política como moral, donde además se expresaban intereses de carácter personal y económico, urgencias mercantiles y espíritus humanistas. Mentes brillantes como la de don Camilo Torres Tenorio, Jorge Tadeo Lozano, Francisco José de Caldas, consideraron más conveniente para el momento la idea de conservar como soberana a la corona española, a cambio de mayor juego político, administrativo y de negocios para los criollos, mientras el pensamiento fecundo y radical de don Antonio Nariño y el verbo incendiario de José María Carbonell se inclinaban más por la transformación total.

Estas líneas de pensamiento y acción política pudieran plantearse también en términos de la dicotomía entre la conservación de las estructuras políticas y económicas excluyentes heredadas de la colonia, por un lado; y, por otro lado, la construcción de un nuevo poder y estado incluyente, con carácter de revolución social, con paradigmas y formas propias; o bien sea en términos de subordinación versus emancipación, calco mecánico versus creación original.

Con el discurrir del tiempo la disyuntiva fue mutando para adquirir nuevas connotaciones, pero, con distintos matices y énfasis se mantuvo y se mantiene hoy día en nuestra república, unas veces disimulada y hasta distraída por términos circunstanciales como federalistas y centralistas, moderados y radicales, librecambistas y proteccionistas, etc.

En la primera década del siglo XIX era ya tan fuerte el ambiente transformador y la energía del cambio que circundaba el mundo y Nuestra América, que a la altura del año 1810 se genera un estallido social en Santa Fe, el cual pone en el horizonte la independencia de nuestros pueblos. Nuevos escenarios se avecinaban sin que pudiéramos superar la contradicción de fondo ya mencionada.

En los años siguientes a 1810 este debate se hace más evidente, llevando al traste el interés independentista con la continuidad del dominio monárquico en nuestras tierras, pero, ya se habían establecido las bases de la guerra libertaria y se empezaba a gestar un proyecto original, naciendo para la inmortalidad una voz vibrante y una acción delirante que alteraría el curso de los acontecimientos en esta mitad del planeta, lo cual haría temblar los cimientos del poder mundial…

[1] Mientras tanto, en la América septentrional ese mestizaje fue casi inexistente, el puritanismo ingles prefirió no mezclarse y erradicar completamente a los pueblos originarios de esa parte del Continente.

[2] La revolución haitiana (1791) constituye un hecho de suma importancia e influencia en nuestro proceso de independencia. Fue la primera revolución antiesclavista, constituyendo a Haití en epicentro del proceso liberador de América.

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