Todxs somos minga

Como a muchos el término “Minga” les es desconocido, y como aquí nos es importante ponernos en contexto, partimos por decir que se trata de un “símbolo del trabajo solidario de los pueblos tanto indígenas, como campesinos, que en las comunidades afrocolombianas tiene otros nombres, pero qué significa el trabajar, el compartir, el ayudar, el avanzar desde nosotrxs mismxs”.

Esta palabra maravillosa guarda en sus entrañas una tradición precolombina que se orienta a un sentido comunitario o colectivo que en nuestro país ha buscado y construido a lo largo del tiempo, una utilidad social y política.

¿Y cómo se construye esta Minga? A través del diálogo, ese mismo que a Colombia le ha costado miles de vidas, y en el cual seguimos caminando en la actualidad, “el debate y la conversa” son las piezas fundamentales de la minga, es lo que le da vida a la misma.

Personalmente, la minga además de ser una práctica ancestral, me parece también un mecanismo de participación ciudadana y comunitaria, efectiva, sentida, pensada, repensada y democrática, esta última porque recoge las luchas de los pueblos, movimientos, comunidades, grupos y colectivos, es decir, es una lucha donde cabemos todxs.

Aún muy ingenuamente y desde la capacidad de asombro que pervive en mí, no puedo creer que este tipo de organización y herramienta política de resistencia, haya permanecido durante tanto tiempo (porque esta no es la primera y no será la última minga que se hará) y que siga reuniendo a los diferentes pueblos desde sus reclamos, sus reivindicaciones y sus diversas luchas. Para los que hemos estudiado y vivido los movimientos sociales sabemos de antemano que poner un pliego de peticiones común donde nos podamos sentir recogidos todxs o una gran mayoría, es un reto demasiado difícil, dado que este, está permeado por las asimetrías, los desencuentros e incluso los desazones que como pueden desarticular procesos ya preestablecidos, también puede permitir la unión de todxs las voces.

Pero no me malinterpreten no la percibo como un proceso perfecto ni mucho menos totalmente acabado, como lo dije anteriormente también es imperfecta y se encuentra en constante construcción y movimiento.

La minga que llegó el domingo 18 de octubre a la capital de nuestro país, empezó el pasado 10 de octubre movilizándose desde el Cauca, en búsqueda de ese diálogo que ella misma gesta, está conformada específicamente por indígenas del suroccidente de Colombia, de los departamentos de Caldas, Cauca, Nariño, Huila, Valle y Putumayo, junto a campesinos, mujeres, estudiantes, sindicalistas, mestizos, profesores, líderes sociales y de colombianos de a pie y en bicicleta, donde la principal motivación  se centran en el respeto y defensa de la vida ( en todas sus formas), el territorio, la  democracia y la paz.

Dentro del pliego de peticiones se encuentra peticiones encaminadas a:

  • Respeto al ejercicio del derecho fundamental de los pueblos a la consulta previa libre e informada.
  • Garantías para el ejercicio del derecho fundamental a la protesta social.
  • Proteger y garantizar los derechos de las mujeres frente a los feminicidios y todas las formas de violencia, abuso y estigmatización.
  • Construcción de una política pública integral de respeto y garantía para la defensa de DDHH.
  • Reforma de la doctrina militar de seguridad nacional que ve en la población un enemigo, interno y transformación hacia una política de seguridad para la paz.
  • Cumplimiento de los acuerdos con las organizaciones sociales.
  • Implementación de los acuerdos de paz de la habana, continuidad con los diálogos con el ELN.
  • Respeto a las decisiones judiciales por parte del ejecutivo y no desmonte de las cortes.
  • Reconocimiento y desmonte de grupos paramilitares que operan en el país.
  • Realizar una verdadera reforma agraria integral estructural, desde los pueblos, comunidades, sectores sociales y populares del país.
  • No a la política extractivista que atenta contra los territorios de las comunidades y las poblaciones locales.[1]

Entender este pliego de peticiones es comprender que la minga reúne a todxs lxs colombianxs, que busca la transformación de la realidad de nuestro país, del ineficaz avance de diálogos fallidos e incumplidos por parte de  ministros y miembros del gobierno actual, los cuales además  se niegan a cumplir lo pactado a nivel local, regional y nacional, y es  a su vez cómplice de la nueva ola de violencia que resurge por el incumplimiento de lo pactado en la Habana, la entrada de las multinacionales al país y la militarización de la vida y los territorios, la toma del poder del paramilitarismo que imposibilitan la  construcción de una política de paz, a través del vigilar y castigar como lo planteaba Foucault, la estigmatización y criminalización de la protesta social, la disminución de los derechos sociales y económicos y la transformación de las cortes para beneficio de miembros de gobiernos abandonando las bases de un Estado Social de Derecho, como lo dicta la Constitución.

Como Colombianas y Colombianos es de vital importancia apoyar este tradicional tipo de mecanismo de participación ciudadana (desde nuestras posibilidades), que de manera contundente busca la transformación del país desde lo estructural, lo común, y lo particular, lo personal y lo comunitario, que permitirá conjuntamente la disminución de la brechas sociales desiguales que enfrentamos todxs al día de hoy (de manera directa o indirecta), y que sobre todas las cosas busca proteger la vida en todas sus formas, porque recordemos que ¡Solo el pueblo salva al pueblo! Y no solo lo salva, lo conoce, lo interpela y asimismo actúa para cambiarlo.

[1] Tomados de: Twitter de Cridec y textos del Cric.

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