Denuncia: ser adulto mayor en Bogotá, la ciudad cuidadora

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Fragilidad, debilidad, dependencia, son algunas de las características con las que se relaciona el adulto mayor, pero no a cualquier adulto mayor, al empobrecido que a diario sufre maltrato y vulneración de sus derechos, es humillado, rechazado, tratado de forma irrespetuosa e infantilizado.

Son las 6:30 am, tiene 74 años y siempre se ha caracterizado por ser una persona puntual. En la sala de espera del hospital Centro Oriente de La Candelaria, está atento a ser llamado para subir a la ruta que le llevará al hospital Santa Clara donde le harán unas radiografías. Dos mujeres se acercan y dicen su nombre, así que él las sigue esperando que le guíen a la ruta. Salen del hospital y caminan algo más de una cuadra. Desorientado y desconfiado «porque uno siempre tiene que saber para dónde va«, se detiene un momento y una de las mujeres, molesta y de forma grosera, le reclama que se apure. Primer maltrato del día.

Sube a la ruta que estaba a la vuelta de la esquina. Son ya las 7:30 am y sigue recorriendo la ciudad, van de un hospital a otro recogiendo a pacientes. En el recorrido le pasan un listado para que él y las demás personas adultas mayores anoten sus datos, «imagínese, en un carro en movimiento, con gafas, con tapabocas, con la careta, sin ver bien, algunas personas con los bastones y tener que llenar una lista, que además tiene la letra pequeña. Es un absurdo. Para las personas viejas no es fácil. Le dije a la señora lo complicado que resultaba y ella me respondió de forma grosera que pusiera mis datos. Me tuve que quitar la careta para hacerlo, entonces, además de insultado, expuesto al virus por el capricho de una funcionaria».

A las 8:30 am llegamos al hospital San Blas.

– «Ya se tiene que bajar señor», le dice la mujer que acompaña al chofer.
– «¿No vamos al Santa Clara?» pregunta él.
– ¡Tiene que bajar aquí y esperar otra ruta que lo lleve al Santa Clara, nosotros no vamos para allá! responde con tono grosero.

Molesto, cansado y mareado, baja y pregunta a una enfermera por la ruta para ir al hospital Santa Clara, pues le tienen que sacar unas radiografías. Ella habla con la mujer grosera y el conductor, minutos después se acerca a él, le dice que efectivamente debe esperar otra ruta y le señala una que está por arrancar.

– «Buenos días, disculpe», ¿usted va para el Santa Clara? Pregunta «es que llevo desde las 6:30 am de la mañana intentando llegar y he dado ya vueltas por toda la ciudad», él además de puntual es educado y respetuoso.
– «¿Se va a subir o no?» le grita el conductor «¡No tenemos una ruta exprés para usted!».

Intenta respirar y estar tranquilo, no se puede exaltar, las radiografías son por un fuerte dolor en el pecho, pero las reiteradas faltas de respeto, la ausencia de respuestas, la humillación y desprecio acumulados hasta ahora, le hacen gritar al chofer.

– «No sea abusivo, a usted le pagan por hacer este trabajo. Le pregunté de manera respetuosa y usted me responde con tres piedras en la mano. Ya son las 9 de la mañana, estoy en esto de las rutas desde las 6:30, me han paseado por toda la ciudad, nadie me dice nada y ahora usted es grosero conmigo ¡Respéteme!».

Su indignación y rabia, motivan a los demás adultos mayores que también esperaban una respuesta sobre las rutas. Se levantan como pueden. Espantan por un momento ese frío bogotano que últimamente no da tregua, y apoyados con bastones, muletas o desde sus viejas sillas de ruedas, reclaman respeto.

– «No estamos pidiendo nada regalado» gritan unos, «¿Acaso los viejos no valemos nada?» reclaman otros.

Cansado de la falta de respuestas, del maltrato por parte del personal de la Secretaría de la Salud, se va. Le habían dicho que podía acceder a ese servicio de rutas, pero finalmente, por la falta de información precisa y debido al constante irrespeto de las y los funcionarios, se ve sometido a defender su dignidad no accediendo al traslado «ofrecido» previamente. «Los funcionarios nos trataban a los adultos mayores como rebaño, nunca con respeto e información clara». Se retira pero no sin antes consultar con una funcionaria el nombre del funcionario que le contestó de forma altanera, su nombre es Yeferson Farfán, también le saca una foto a él y una de las funcionarias que no le dio información clara en la ruta y no respondía a sus preguntas, con la que había llegado al hospital San Blas.

     

Los hechos sucedieron el 5 de marzo en Bogotá.

Compartimos esta denuncia y preguntamos abiertamente a la Secretaría de Salud:

1. ¿Cuál es la metodología para definir las rutas que transportan a las personas de la tercera edad?

2. ¿Las personas que trabajan en las rutas son funcionarias de la Secretaría de Salud?

3. En la llamada ciudad cuidadora ¿imparten algún tipo de capacitación sobre relacionamiento cuidadoso con las y los usuarios?

4. ¿Por qué no se les da información clara y precisa a las y los usuarios de la Secretaría de Salud?

5. ¿Cuáles son los aspectos de evaluación y seguimiento a las rutas, que adelanta la supervisión de este «servicio»?

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