En memoria de Idalia

Recién es asesinada brutalmente una mujer o niña en Colombia, el país entero se conmociona unos días, se lamenta, menciona al detalle y repetidamente cómo fue el asesinato y previa violación, cuántos participaron, quiénes, si eran parientes o desconocidos. Luego, poco después de las investigaciones, de poner en boca de todos la fragilidad de sus cuerpos ya bajo tierra, sus memorias se van astillando con afilados y destructivos comentarios como, y qué tal si ella lo provocó, su ropa era siempre sugerente, su lenguaje era inapropiado, ó, después de todo el tipo es simpático, debería agradecer que no fue alguien poco agraciado quien abusó de ella.

Al final, cuando ya las noticias las han desechado y reemplazado con algún titular banal, los comentarios generalizados retornan a lo que ahora es habitual, a la tendencia: la burla. Y la palabra feminazi y el chiste, se toman las redes sociales especialmente. Con memes o comparaciones que no van al caso, se deslegitima la lucha histórica de la mujer por ganarse un lugar justo en la sociedad, muchos se vanaglorian de hacer caso omiso a las intrincadas y exitosas disputas por el voto, por el acceso a la universidad, por mejores condiciones salariales, por el derecho a la píldora anticonceptiva, a tener la custodia de los hijos tras peleas legales.

Básicamente el valor de la mujer en la sociedad es mediático.

Hombres e incluso mujeres comentan cómo ambos corren los mismos riesgos por ejemplo al caminar en la noche por una calle poco transitada, y sí, ambos corren riesgos, pero la mujer siempre será más propensa al acoso, al “piropo” vulgar, al manoseo, a la violación.

Así mismo, a lo largo el conflicto colombiano la mujer se ha llevado sino la peor parte, sí un muy poco privilegiado lugar. Inmediatamente muchos se indignaran y aseguraran que es el hombre quien va a la guerra, pero la violencia sexual contra mujeres y niñas ha sido empleada como un arma silenciosa y despiadada a la vez. Mutilación genital, trata de personas, prostitución forzada, violación a mujeres líderes de organizaciones sociales, a madres cabeza de familia e hijas cuando el hombre está ausente, explotación sexual, son solo algunas de las estrategias de violencia sexual empleadas por grupos armados como mecanismo de control y estigmatización, según Informe de Oxfam Internacional.

Solo de 2004 a 2012, más del 50% de casos de violencia sexual documentados, tuvo como agresores a integrantes de la fuerza pública, como especifica informe redactado por el Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo, la Corporación Sisma Mujer y el Centro Europeo por los Derechos Humanos y Constitucionales a la Corte Penal Internacional.

La conquista territorial y el despojo en Colombia, están cimentados no solo en la desaparición forzada, en la tortura, y en el desplazamiento, sino en la violencia sexual sistemática ejercida los últimos años principalmente por grupos paramilitares y fuerza pública, como evidencia la politóloga María Emma Wills en la investigación que lideró para la Semana de la Memoria en 2011 “Mujeres y guerra. Víctimas y resistentes en el Caribe colombiano».

Apenas el pasado miércoles 09 de agosto, Idalia Castillo Narváez, con 37 años y una férrea convicción de sus ideales, vicepresidenta de la Junta de Acción Comunal y perteneciente a la Mesa directiva de victimas del municipio de Rosas del Cauca, fue sacada por la fuerza de su casa, sometida a tortura, violada y asesinada por autores “aún desconocidos”. Éste asesinato no puede por tanto ser tomado como un hecho aislado al listado de amenazas y asesinatos a líderes sociales y sindicales que se han venido agravando en número, desde la firma de los acuerdos pactados en La Habana. Así como tampoco lo es la amenaza de la cual fue víctima Mayerli Hurtado Motta, integrante del Comité Ejecutivo de la Federación de Estudiantes Universitarios de Colombia en Cauca y de Marcha Patriótica, quien fue lesionada con arma blanca a la altura de la cadera y amenazada por un hombre mientras transitaba por una calle en Popayán, quien tras herirla dijo “mamacita rica oles a muerto”, según publicación del medio Pacifista.

Como ha dejado ver hasta ahora, el gobierno sigue sin interesarse en las denuncias de los grupos y organizaciones de DDHH, que exigen la protección y garantías para los líderes y lideresas, y justicia para quienes ya han sido víctimas de los grupos ilegales que no son más que la continuación del paramilitarismo en Colombia . Así mismo, los medios corporativos y la opinión pública en general, continúan legitimando éstas amenazas, violaciones y asesinatos mediante la omisión y la apatía.

Desde la Revista Hekatombe por el contrario, no seremos cómplices a través del silencio o los titulares sensacionalistas que no hacen más que deshumanizar a las víctimas, y reiteramos, NI UNA MENOS, en memoria de Idalia y de tantas otras mujeres a las que les ha costado la vida cultivar un ideal.

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Nicole Pinzón. Integrante de la Revista Hekatombe.
Maestra en artes plásticas de la ASAB, fotógrafa, estudiante de la maestría en historia y teoría del arte, la arquitectura y la ciudad de la Universidad Nacional. Amante de la pedagogía y los derechos humanos.

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