Los murales políticos de Bogotá y Colombia: un recorrido familiar para estas vacaciones.

Para no olvidar las verdades de la guerra, los murales políticos, como construcciones indivi­dua­les y colectivas, son expresiones artísti­cas y peda­gógicas que pue­den demarcar territorios y gene­rar mensajes e identidades a contra punto, para re­pre­sen­tar las diversas narrativas de me­moria histó­rica y los procesos de cambio social verdadero en el escena­rio de la transición a la paz de una sociedad como la colom­biana.

Como representación visual los murales en la his­toria re­ciente del país han sido utilizados como medio para el acti­vismo polí­tico, la defensa de los De­rechos Huma­nos, el homenaje a las víctimas de la gue­rra, la de­nun­cia de masacres y el despojo de tierras, la pro­testa so­cial, la consolidación de mingas, las mo­vili­za­ciones popu­lares, exigir justicia al gobierno y a la ins­titu­cio­nalidad del Estado, entre otras situaciones y ac­ciones de re­sistencia o afectaciones a los individuos y comu­nida­des en el marco del conflicto armado colombiano.

Los murales como iniciativa de reparación simbó­lica han servido para recordar y decir la verdad sobre la guerra y los vejámenes de sus crímenes, también para escuchar las voces de las victimas y sobrevivien­tes al conflicto armado colom­biano de abajo hacia arriba, porque estás han sido en muchos momentos y escenarios, calladas.

Contrario a la gran cantidad de información mediá­tica que es y fue producida en el país para naturalizar la guerra a través de imágenes y narrativas manipu­ladas que constantemente fueron presentadas como ver­dades absolutas, los murales políticos han servido para dar esperanza en Colombia, así como han constituido una alternativa contra informativa popular para denunciar y decir las verdades sobre la guerra.

Los murales como práctica social han servido tam­bién para generar cambio social verdadero a través del arte po­pular y la resisten­cia, porque en Colombia en el pe­riodo más oscuro de la guerra se ha buscado el silen­ciar al arte. Por eso, hacer un mural en Colombia ante todo es un acto político que entabla una red de rela­ciones de solidaridad para aportar en la recons­truc­ción del tejido social, pero además una posibili­dad real de generar y plasmar iniciativas sociales, para abrir las puertas al encuentro y al diálogo de los sabe­res comu­nitarios en los territorios rura­les y urbanos del país.

La fuerza política del contenido de las narrativas hu­manita­rias de los murales políticos en Colombia que han sido propi­ciados por las víctimas y sobrevi­vientes al conflicto armado colombiano, así como desde diver­sos artistas y colectivos de Dere­chos Humanos han mo­tivado luchas históricas para que se respete el dere­cho a no olvidar las injusticias, en tiempos en donde se ha instaurado la amnesia de una especie de dicta­dura obligatoria.

En parte las luchas de los muralistas y los líderes so­ciales han promovido acciones polí­ticas de la me­moria histórica del conflicto ar­mado en Colombia, como accio­nes de reparación simbólica del Estado colombiano a las victi­mas y so­brevivientes, en el marco de la construcción de políti­cas encaminadas a la consolidación de una justicia transicional.

Un ejemplo de ello ha sido la Ley 1448 o Ley de Vícti­mas, en la cual se ordenó la construcción del Cen­tro Nacional de Me­moria Histórica y el Museo Nacio­nal la Memoria de Colombia, el cual en su primera Exposi­ción: “Voces para transformar a Colombia”, permitió a varios muralistas participar con piezas artísticas de su construcción colectiva e individual como forma y expresión de la memoria legitima de las comunida­des afectadas por la guerra en Colombia.

Al no tener las victimas y sobrevivientes al con­flicto ar­mado y los artistas, otra forma de contarle al mundo los daños ocasionados por la guerra, ellas y ellos decidieron pintar murales, porque tienen derecho a recordar y hacer me­moria, ya que este dere­cho esta contemplado en documentos de la Or­ganiza­ción de Naciones Unidas (ONU), los cuales han sido ratificados en el orden constitucional colom­biano, es de­cir, hacen parte de su bloque de constitu­cionalidad. Por eso es deber del Estado apoyar este tipo de inicia­tivas.

Para Bill Rolston, un profesor emérito de la Univer­si­dad Ulster de Irlanda, “como forma de la reparación simbólica: los murales políticos pueden constituirse en una manera de repre­sentación de la justicia tran­sicio­nal, ya que tras la firma de los Acuerdos de Paz del Tea­tro Colón, el papel que desempeñará la Comi­sión de la Verdad, presidida por el padre Francisco de Roux, se tendrá que instaurar un tipo de verdad alterna­tiva ofi­cial al papel y las palabras, en la que los murales po­líti­cos, pueden ser una herramienta de gran valor, para decir en las paredes verdades sobre la guerra y el con­flicto armado colombiano y además representarlas para no poder negarlas, porque la verdad y la memoria son proclives a ser negadas y las mismas son una lucha constante, en la que como siempre para las victimas y sobrevivientes, es una lucha inequitativa y des­balan­ceada”.

En ese sentido, los encuentros Internacionales de Mura­lismo de Chinacota, la Minga muralista del norte del Cauca, los tours grafiteros en Bogotá del austra­liano Christian Peterson, se han convertido en expe­riencias de construcción artística y pedagógica colec­tiva de la memoria histórica y la construcción de paz, para aprender sobre la historia sociopolítica de la gue­rra y el conflicto armado en Colombia, como tam­bién de la situación actual del país, a partir la cons­trucción individual y colectiva del arte popular y ca­llejero y el diálogo de los saberes de las personas.

Quiero terminar este escrito haciendo un reconoci­miento personal al trabajo de Edison Reina, un mura­lista caleño que firma sus trabajos de inter­vención so­cial muralistas, con el nombre de: “Somos”, porque como colombiano es un ejemplo subversivo desde el arte y el trabajo social empírico altruista, que antes de que se estuviera hablando de paz en el proceso de dia­logo de paz de La Habana: ya es­taba como muchos otros artistas, hablando de paz con los murales polí­ticos y gue­rreando en las calles y caminos de herradura de Colom­bia con sus trabajos.

Publicado en: 07 de enero de 2019.

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Jairo Crispín. Estudio Lenguas Modernas en la Universidad Distrital y es Trabajador Social de la Universidad Nacional de Colombia, apasionado por la literatura, amigo de la casa Hekatombe. Jcrispin@unal.edu.co

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