Inicio Blog Página 29

¿Qué es ser Un Varón en Colombia?

0

El largometraje de ficción del director Fabián Hernández propone un escenario de reflexión y diálogo en aras de profundizar en los procesos y discusiones ya abordadas desde diversos sectores políticos y sociales relacionadas a las masculinidades, a lo frágil, lo diferente, lo que diverge del engranaje sistemático, de la normativa inapelable.

Lo que refleja la peli es un imaginario patente del varón en Colombia que se recrudece dependiendo de la región, el contexto cultural y las dinámicas relacionales cercanas

Lo que refleja la peli es un imaginario patente del varón en Colombia que se recrudece dependiendo de la región, el contexto cultural y las dinámicas relacionales cercanas como la familia, los círculos sociales y la escuela. Ser “un hombre de verdad” es ser el macho pechi peludo, que entre más tosco y pelión, más respetado; y es que así es la calle. Tampoco queda atrás el rechazo tajante hacia cualquier labor doméstica, hacia la crianza, y reina quien peor trate a las mujeres, a los gais, a lo “frágil”.

La violencia agudiza estos paradigmas pertinaces, impuestos en el diario vivir como un traje de defensa. Pero, ¿a son de qué eso de las masculinidades?… Foucault en “Los Espacios Otros” habla sobre las Heterotopías, esos espacios antagónicos a las utopías que, justamente, son los materializados, los habitados en la cotidianidad pero que están supeditados a las relaciones sociales que ocurren dentro de ellos. Existen múltiples formas de Heterotopía, el manicomio y el cementerio son algunos ejemplos, y funcionan para arrojar todo aquello incomprendido por la sociedad, lo que no produce, lo que no alimenta plácidamente el capital.

Estas normativas sociales y culturales que parecen inherentes a nuestra naturaleza y falsamente inocuas en nuestro entorno, son métodos de dominación

La masculinidad descrita en la película y en la experiencia diaria es entonces la aceptada, y todo lo que se presente como una sutil variación del comportamiento predeterminado, será entonces arrojado hacia el espacio otro, hacia la desviación, directo al rechazo. Estas normativas sociales y culturales que parecen inherentes a nuestra naturaleza y falsamente inocuas en nuestro entorno, son métodos de dominación que reproducen las relaciones de poder y mantienen bajo un efecto hipnótico a un sector de la sociedad, que responde a sus miedos, sentires y afectos como su peor enemigo.

Lo que nos propone este tipo de cartografía es comenzar a construir espacio territorializado a partir de las narrativas y los relatos propios de quienes lo habitan

Ajá, ¿y entonces qué? Hay algunos métodos que pueden contribuir a dispersar inicialmente la bruma densa que invocan estos comportamientos, por ejemplo, la cartografía social da unas pistas sobre los cambios paulatinos que se pueden articular a los espacios donde existen dinámicas sociales determinadas gracias al encuentro y desencuentro de prácticas. Lo que nos propone este tipo de cartografía es comenzar a construir espacio territorializado a partir de las narrativas y los relatos propios de quienes lo habitan, así se reconocen líneas de comunicación, de poder y de acción que no solo recuerdan el pasado, sino que reconstruyen el presente y plantean trayectorias hacia el futuro.

Hablar, la vaina es de hablar, retratar, reparar y reconstruir; como la paz, haga de cuenta, y es que sí, va por ahí. Uno de los primeros pasos para construir un mundo radicalmente diferente es romper con las formas de relacionamiento aprendidas por las lógicas del capital que van en función de dominar, cooptar, someter; iniciando por la subyugación del fuego interno, de la chispa refulgente que quiere transformar el mundo justamente por la sensibilidad que éste le genera. Que arda todo por dentro, la ternura es revolucionaria.

Llore compay, que las lágrimas no apagan la barricada; la atizan.

Mi nombre es Mechita Rojas (en el registro civil sale otro nombre que no entiendo). Soy comunicadora audiovisual graduada del Politécnico Colombiano Jaime Isaza Cadavid, especialista en guión de cine de la Universidad Tecnológica de México y actualmente trabajo como redactora. Cumplo años el 7 de febrero. Nací en Bogotá, vivo en Medellín pero mi corazón pertenece al Caribe. Creo en el cine y en la comunicación contra hegemónica como formas de transformación social. Soy feminista, comunista, mujer, cumbiera.
Instagram: @casianaranjada.

Hiperconsumir: el mandamiento contemporáneo

0

El consumo no para. En la actualidad el consumo, o mejor, el hiperconsumo, construye la vida. Consumir mercancías y experiencias: en eso se termina resumiendo todo.

No importa tanto el contenido del lugar como la forma, lo que se pueda mostrar como evidencia.

No son pocos quienes reflexionan en torno al hiperconsumo, desde autores modernos hasta postmodernos. Desde marxistas y anarquistas hasta decoloniales o neo nietzschianos. Sí, parece un tema desgastado, pero es difícil que no sea abordado en estos tiempos cuando el sistema solo empuja hacia su generalización y agudización.

Puede que no todo sea hiperconsumir, y que en ese espacio esté, quizás, la fuga, el lugar de resistencia, pero el consumo se va expandiendo y lo va ocupando todo.

 Viajar, por ejemplo, parece no ser solo una actividad para desconectarse, conocer y sentir, sino, en muchos casos, para consumir más y más experiencias novedosas. No importa tanto el contenido del lugar como la forma, lo que se pueda mostrar como evidencia. El viaje no es una experiencia valiosa sino que es un objeto que ingresa a la suma de cosas, a la acumulación de más experiencias vacías. A la lista de chequeo que pueda ser enumerada en la siguiente conversación y que pueda ser mostrada en las redes sociales. 

El gasto viene a ser el factor fundamental, el signo del prestigio. Las salidas de viernes no valen por sí mismas, no valen por la experiencia específica, sino por la sumatoria, y en esa sumatoria, por el incremento del gasto. Así, el foco del salario y el tiempo libre es el gasto ascendente que da gozo momentáneo y prestigio. 

Se consumen afectos, relaciones y vínculos. Se consumen tan rápido como se descartan. Se consumen estudios que ya pasan a ser más datos que conocimientos significativos para las personas.

El lugar, para pasarla mejor en el ideal hiperconsumista, tiene que ser costoso, porque además se podrá mostrar a los contactos que se estuvo en ese lugar

Y así, casi que cualquier ámbito de la vida está mediado por el hiperconsumo como índice de la satisfacción y la felicidad. No solo gastar sino gastar cada vez más: ese es el imperativo. No basta con una cerveza, es necesario que sea una cerveza costosa. El lugar, para pasarla mejor en el ideal hiperconsumista, tiene que ser costoso, porque además se podrá mostrar a los contactos que se estuvo en ese lugar. Hiperconsumo y gentrificación vienen de la mano. 

Que el otro desee lo que yo tengo mientras yo deseo lo que el otro tiene, y ese deseo es la mercancía o la experiencia como mercancía. Ese termina siendo el sentido de la existencia en el capitalismo contemporáneo. De la alienación de la explotación/autoexplotación al ocio del hiperconsumo.

Ese termina siendo el sentido de la existencia en el capitalismo contemporáneo.

La diferencia de clase, desde la teoría crítica, tiene que ver más con la posesión de medios de producción, distribución y  grandes rentas vs. la obligación de vender la fuerza de trabajo; que con la capacidad de gasto, aunque, sin lugar a dudas, este segundo factor también es fundamental en la división de segmentos de clase.

Se puede ver en ámbitos laborales y familiares e incluso en ámbitos organizativos de izquierda. Toda conciencia se suspende ante el momento de compartir y poner en juego el hiperconsumo. La unidad de un grupo se va fracturando ante quienes tienen mayor capacidad de gasto y pueden consumir más, y quienes no, y poco a poco el primer grupo va segregando al segundo de los espacios de encuentro o de ocio. Toda unidad previa, toda relación afectiva se va debilitando también ante el consumo. El consumo entonces como factor de encuentro o separación. 

El consumo entonces como factor de encuentro o separación. 

La salida está en echar abajo el capitalismo y su ideología, por supuesto, pero ¿Y mientras tanto qué? ¿Cómo tramitar el hastío ante el hiperconsumo? El sistema se afinca en estructuras, pero también en relaciones, en vínculos, en la vida cotidiana. En ese día a día en el que muchas veces se van reproduciendo acríticamente los valores que sustentan el culto al gasto innecesario y a la mercancía. 

No se trata de asumir el voto de pobreza voluntaria, la reclusión del ermitaño o una suerte de neo hippismo, sino de preguntarse: ¿Acaso la única forma de ocio es la que está mediada por el hiperconsumo? Hay un pacto de hiperconsumo que se asume de forma activa o pasiva ¿Qué pasaría si se rompe con ese el pacto?

La misoginia interiorizada o sobre por qué creo que soy diferente a las demás mujeres

0

En esta columna, me propongo reflexionar sobre las razones por las cuales algunas mujeres suelen ser crueles con otras mujeres y, especialmente, desean no ser identificadas con las demás mujeres. Además, proponer acciones que puedan ayudarnos a dejar estos comportamientos. Espero que la lectura sea provechosa, especialmente, para las mujeres que están perdiendo la maravillosa oportunidad de conectar con otras mujeres. Les aseguro que después de reconocer que es más lo que nos une que lo que nos separa, lo que queda es una vida llena de relaciones significativas y de acceso a conocimientos y creaciones valiosísimas. 

Sin planearlo, en mi preadolescencia empecé a definirme a mí misma como diferente a las demás mujeres (como si todas fueran iguales), tenía comportamientos para conseguir la aprobación masculina en áreas académicas (no estaba interesada en relaciones, así que nunca fue un comportamiento para atraerles en ese sentido) y entre más me alejaba de mis compañeras, más reconocida y halagada era por mis compañeros.

Cuando era niña, en mi primaria, llegué a tener un grupo grande de amigas (el número cambiaba, pero en general éramos 6, 8 o 10 amigas). No obstante, después de una decepción (la ruptura de la amistad con quien fue mi mejor amiga desde primero hasta sexto), decidí no volver a amar a una amiga como la quise a ella. Por ese motivo, en séptimo grado, la mayoría de mis amigos eran hombres. Sólo me relacionaba con mujeres en las horas de recreo, pues los niños estaban en actividades que no me gustaban. Llegué a tener una que otra amiga más, pero nunca creé un vínculo estrecho e imborrable con ellas. Mi justificación era que con los niños sí tenía temas de conversación y sí me entendía. Ellos reforzaban esa acción diciendo que yo era diferente a las demás niñas, por ser más madura, inteligente e interesante. Les creí y reafirmé mi excepcionalidad frente a las otras. Sin planearlo, en mi preadolescencia empecé a definirme a mí misma como diferente a las demás mujeres (como si todas fueran iguales), tenía comportamientos para conseguir la aprobación masculina en áreas académicas (no estaba interesada en relaciones, así que nunca fue un comportamiento para atraerles en ese sentido) y entre más me alejaba de mis compañeras, más reconocida y halagada era por mis compañeros.

Lo positivo es que esto gradualmente ha cambiado. Un punto de inflexión importante fue conocer en grado décimo a mi profesora de filosofía. Vi en ella lo que yo aspiraba ser. Por primera vez, tenía un referente femenino al que admiraba. No porque ella fuera la única mujer, sino porque la educación que invisibiliza a las mujeres en la música, en la ciencia, en la política, etc. no me había acercado al trabajo de esas mujeres. El acercamiento tenía que hacerlo yo.

La misoginia interiorizada se refiere a la internalización del machismo en nosotras, que nos lleva a despreciar todo lo relacionado con la feminidad.

En consecuencia, ya en la universidad, me acerqué al feminismo por mi cuenta. El acercamiento fue teórico: leía artículos y libros. Entonces, en el feminismo radical, encontré la explicación que daba cuenta de lo que me ocurrió en la adolescencia. La misoginia interiorizada se refiere a la internalización del machismo en nosotras, que nos lleva a despreciar todo lo relacionado con la feminidad. Se manifiesta de muchas maneras: odiándonos a nosotras mismas y lo que nos hace mujeres, criticando a otras mujeres, despreciando que nos identifiquen como parte de ese grupo llamado mujeres”, entre otros. En mi caso, se manifestó de manera clara en un deseo de ser separada del grupo de las mujeres. Si se identifica a un grupo como negativo en esencia, lo esperable es que no desees ser parte de ese grupo. Pero como nadie elige ser mujer u hombre, la identificación aquí ocurre de un modo más complejo: soy lo que soy, una mujer, pero no soy como ellas. 

Al encontrar esta explicación, exploré la misoginia interiorizada en mi propia vida y el trabajo era grande. Había naturalizado tanto el desprecio hacia las mujeres que me costaba nombrarme como tal y, aunque quisiera montar coreografías con otras mujeres, no podía hacerlo por el desprecio que sentía a todo lo que se relacionaba con lo femenino. Me estaba conteniendo y negando ciertos deseos, sólo para ser excluida de ese grupo al que relacionaba con lo negativo.

En definitiva, ver a las mujeres, saber que existen y conocer su maravilloso trabajo. En ese trabajo, normalmente invisibilizado, encuentro que tenemos muchísimo en común, empezando por los intereses que compartimos.

Lo bueno es que el trabajo empezó y poco a poco he ido matando en mí la misoginia interiorizada. Lo he logrado por medio de leer a otras mujeres; escuchar las composiciones de otras mujeres; asistir a exposiciones de otras mujeres; conversar con otras mujeres; admirar a otras mujeres, etc. En definitiva, ver a las mujeres, saber que existen y conocer su maravilloso trabajo. En ese trabajo, normalmente invisibilizado, encuentro que tenemos muchísimo en común, empezando por los intereses que compartimos.

Aún escucho a otras mujeres decir que se relacionan sólo con hombres porque con las mujeres no comparten nada en común. Gracias a la formación feminista, me parece imposible que esto pase, pues veo a las mujeres en todas partes. Si te interesa el veganismo, hay mujeres veganas por montones (es más, somos mayoría); si te interesa el metal, ve a un concierto y verás que siempre hay mujeres; si te interesa la composición musical, hay compositoras increíbles; si te interesa escribir, hay mujeres escritoras con obras maravillosas y reconocidas. En fin, no puedo imaginar un solo espacio en el que no haya otras mujeres. Hasta en las revoluciones hemos estado, incluso en la línea del frente. Por lo tanto, cuando decimos que no tenemos nada en común con otras mujeres, lo que en realidad ocurre es que no estamos viéndolas. Ellas están ahí, sólo falta que nos quitemos la venda misógina y las veamos, las admiremos y aprendamos de ellas.

el odio a lo femenino y a las mujeres que nace en ciertas mujeres no es resultado de sí mismas, sino de una sociedad que desprecia lo femenino y que conduce a que se nos trate de modo injusto, asignándonos características que no tenemos, negando el valioso trabajo que hacemos e invisibilizando nuestras potencias y creaciones.

Mi propósito no es señalar a ninguna mujer que reafirme una y otra vez su supuesta diferencia con respecto a las otras mujeres, puesto que estos comportamientos son resultado de una defensa. En el fondo, lo que las empuja es un deseo de reconocimiento como personas sintientes y pensantes. Es decir, el odio a lo femenino y a las mujeres que nace en ciertas mujeres no es resultado de sí mismas, sino de una sociedad que desprecia lo femenino y que conduce a que se nos trate de modo injusto, asignándonos características que no tenemos, negando el valioso trabajo que hacemos e invisibilizando nuestras potencias y creaciones. También es el resultado de no querer asumir las expectativas sociales que se nos imponen. Pero ¿realmente el odio y el desprecio hacia lo que creemos son las mujeres -de nuevo, como si todas fuéramos iguales- es el camino para ser reafirmadas y reconocidas? La respuesta es negativa. El odio y el desprecio hacia lo femenino y las mujeres se convierte en un autodesprecio que conduce a la constante negación de quienes somos, de nuestro cuerpo, de nuestra opresión y de nuestra liberación.

Es, por lo tanto, en el encuentro con las otras y en la filia entre nosotras que podemos construir las condiciones para que nosotras mismas seamos reconocidas como personas libres, que no necesariamente deben cumplir con los estereotipos que se les asignan a las mujeres.

Dicho esto, estoy convencida de que la única manera de lograr el reconocimiento que tanto deseamos (especialmente dejar de ser cosificadas y, por lo tanto, ser afirmadas como personas) se encuentra no en el odio a las mujeres ni en el odio a la feminidad, sino en el reconocimiento de la otra. Por medio de la visibilización de las mujeres, abrimos camino para que nosotras mismas y las que vienen (posiblemente nuestras hijas, sobrinas, hermanas) sean reconocidas. Por medio de la admiración de otras mujeres, admiramos nuestras propias potencias. Es, por lo tanto, en el encuentro con las otras y en la filia entre nosotras que podemos construir las condiciones para que nosotras mismas seamos reconocidas como personas libres, que no necesariamente deben cumplir con los estereotipos que se les asignan a las mujeres. En consecuencia, la única manera de transformar esas condiciones que nos llevan a no querer ser identificadas con las mujeres es en el encuentro con otras mujeres, puesto que sólo de esa manera lograremos destruir los prejuicios y estigmas que nosotras mismas sostenemos y que nos impulsan a odiarnos. Dicho en palabras de la maravillosa Audre Lorde: “no seré una mujer libre mientras siga habiendo mujeres sometidas”. Entonces, ninguna será afirmada más allá de los prejuicios hasta que se entienda que las mujeres no somos los prejuicios sexistas que se nos han impuesto.

Día de la clase trabajadora

0

Hoy es un buen día para recordar que:

– La jornada de las 8 horas laborales fue una conquista de la clase trabajadora. No fue un regalo del Estado ni de los grandes propietarios.

– Con la readaptación del capitalismo por medio del modelo neoliberal, el sistema empezó a atacar los derechos laborales alcanzados y a extender la jornada de trabajo.

– El desmantelamiento de las 8 horas implicó el aumento de la explotación de forma externa pero también interna ¿Por qué? Porque la ideología del culto a la autoexplotación laboral se extendió y se interiorizó. La autoexplotación se ha convertido en el sentido de la vida.

– Y no perdamos de vista el trabajo de cuidado remunerado y no remunerado profundamente explotado y asignado principalmente a las mujeres. Ese trabajo que sostiene al sistema mismo pero que es invisibilizado y cuya carga no es redistribuida. Recordemos: no es amor, es trabajo no pago o mal pago.

– Por eso decimos: no somos nuestro empleo ni somos nuestro desempleo ¡Somos más que el sistema!

Es importante recuperar las 8 horas y los demás derechos arrebatados, pero no limitarse a eso… ¿Qué tal si se repartiera el trabajo, se disminuyeran las jornadas laborales, se produjera lo necesario y se redistribuyera todo? ¿Qué tal si volviéramos a imaginar socialmente alternativas al capitalismo?

El feminismo no debe perder de vista la clase ni la raza: bell hooks

0

“El rechazo histórico de las feministas a prestar atención y a atacar las jerarquías raciales ha roto el vínculo entre raza y clase. Sin embargo, la estructura de clase en la sociedad estadounidense se ha formado a partir de la política racial de la supremacía blanca; sólo a través del análisis del racismo y de su función en la sociedad capitalista se puede obtener una comprensión completa de las relaciones de clase. La lucha de clases está unida de forma inseparable a la lucha para terminar con el racismo. En un intento de urgir a las mujeres para que exploraran todas las implicaciones de clase, Rita Mae Brown explicaba en «lo que faltaba», un ensayo anterior:

las mujeres de clase media se resisten a reconocer aunque quieran perfectamente aceptar la idea de clase en términos marxistas, un truco que les impide enfrentarse de verdad con el comportamiento de clase y cambiar en ellas mismas ese comportamiento.

La clase es mucho más que la definición de Marx sobre las relaciones respecto de los medios de producción. La clase incluye tu comportamiento, tus presupuestos básicos acerca de la vida. Tu experiencia —determinada por tu clase— valida esos presupuestos, cómo te han enseñado a comportarte, qué se espera de ti y de los demás, tu concepción del futuro, cómo comprendes tus problemas y cómo los resuelves, cómo te sientes, piensas, actúas. Son estos patrones de comportamiento los que las mujeres de clase media se resisten a reconocer aunque quieran perfectamente aceptar la idea de clase en términos marxistas, un truco que les impide enfrentarse de verdad con el comportamiento de clase y cambiar en ellas mismas ese comportamiento. Son estos patrones los que deben ser reconocidos, comprendidos y cambiados.

Las mujeres blancas que dominan el discurso feminista, que en su mayoría crean y articulan la teoría feminista, muestran poca o ninguna comprensión de la supremacía blanca como política racial

Las mujeres blancas que dominan el discurso feminista, que en su mayoría crean y articulan la teoría feminista, muestran poca o ninguna comprensión de la supremacía blanca como política racial, del impacto psicológico de la clase y del estatus político en un estado racista, sexista y capitalista.

(…) Si bien resulta evidente que muchas mujeres sufren la tiranía sexista, hay pocos indicios de que este hecho forje «un vínculo común entre todas las mujeres». Hay muchas pruebas que demuestran que las identidades de raza y clase crean diferencias en la calidad, en el estilo de vida y en el estatus social que están por encima de las experiencias comunes que las mujeres comparten; y se trata de diferencias que rara vez se trascienden. Deben ponerse en cuestión los motivos por los que mujeres blancas, cultas y materialmente privilegiadas, con una variedad de opciones a la hora de elegir carrera y estilo de vida, insisten en que «el sufrimiento no puede ser medido».

La ausencia de restricciones extremas lleva a muchas mujeres a ignorar las esferas en las que son explotadas o sufren discriminación; puede incluso llevar a imaginar que las mujeres no están siendo oprimidas.

(…) Un principio central del pensamiento feminista moderno es el de que «todas las mujeres están oprimidas». Esta afirmación implica que las mujeres comparten una suerte común, que factores como los de clase, raza, religión, preferencia sexual, etc., no crean una diversidad de experiencias que determina el alcance en el que el sexismo será una fuerza opresiva en la vida de las mujeres individuales. El sexismo como sistema de dominación está institucionalizado, pero nunca ha determinado de forma absoluta el destino de todas las mujeres de esta sociedad. Estar oprimida quiere decir ausencia de elecciones. Ése es el primer punto de contacto entre el oprimido y el opresor. Muchas mujeres de esta sociedad tienen la posibilidad de elegir —por muy imperfectas que sean las elecciones—, por lo que explotación y discriminación son palabras que definen de forma más acertada la suerte de las mujeres como colectivo en Estados Unidos. Muchas mujeres no se unen a las organizaciones que luchan contra el sexismo precisamente porque el sexismo no ha significado una falta absoluta de elecciones. Pueden saber que sufren discriminación por su sexo, pero no califican su experiencia de opresión. Bajo el capitalismo, el patriarcado está estructurado de modo que el sexismo restringe el comportamiento de las mujeres en algunos campos, mientras en otras esferas se permite una liberación de estas limitaciones. La ausencia de restricciones extremas lleva a muchas mujeres a ignorar las esferas en las que son explotadas o sufren discriminación; puede incluso llevar a imaginar que las mujeres no están siendo oprimidas.

(…) La ideología del «individualismo liberal competitivo y atomista» ha permeado el pensamiento feminista hasta tal punto que socava el radicalismo potencial de la lucha feminista.

(…) La ideología del «individualismo liberal competitivo y atomista» ha permeado el pensamiento feminista hasta tal punto que socava el radicalismo potencial de la lucha feminista. La usurpación del feminismo por parte de mujeres burguesas que defienden sus intereses de clase ha sido justificada en gran medida por la teoría feminista a medida que ésta se ha ido construyendo —por ejemplo, con la ideología de la «opresión común». Cualquier movimiento que pretenda resistirse a la cooptación de la lucha feminista debe comenzar por presentar una perspectiva feminista diferente —una nueva teoría— que no esté atravesada por la ideología del individualismo liberal.

Fragmentos tomados de Mujeres Negras: dar forma a la teoría feminista. bell hooks. | Copyleft 2004 por Traficantes de Sueños. Está permitida la reproducción del texto siempre y cuando se adecúe a los términos de la Licencia Creative Commons Autoría-No Derivadas-No Comercial 1.0.

*bell hooks fue una teorica, escritora y activista feminista estadounidense (1952-2021). 

El partido de las panteras negras: retrato breve de su historia y sus ideas

0

Conocidos por distanciarse del pacifismo de Martin Luther King y acercarse a lo propuesto por Malcom X respecto al uso de la violencia en defensa propia, se valieron de la autodefensa armada —con base en un uso táctico de la tenencia legal de armas que existe en ese país—

El Black Panther party –BPP- fue la organización fundada por Huey P. Newton y Bobby Seale en 1966 en California, Estados Unidos, que quiso llevar el movimiento por los derechos civiles de los años 60’s aún más lejos. Conocidos por distanciarse del pacifismo de Martin Luther King y acercarse a lo propuesto por Malcom X respecto al uso de la violencia en defensa propia, se valieron de la autodefensa armada —con base en un uso táctico de la tenencia legal de armas que existe en ese país—, como protección del abuso de autoridad de la policía contra la población negra e inmigrante y en general de las clases populares. 

Conjugaron a esta iniciativa un discurso socialista que articulaba las consignas raciales con las consignas de clase, como lo ponía de manifiesto uno de sus dirigentes, Fred Hampton: “nosotros vamos a combatir el racismo, no con racismo sino con solidaridad. Nosotros vamos a combatir el capitalismo no con capitalismo negro, lo vamos a combatir con socialismo”. Poco más tarde, sumaron a esta postura la lucha contra el patriarcado, con la participación de dirigentes como Kathleen Cleaver, Assata Shakur, Elaine Browne o Angela Davis. Al respecto un dato que no es menor: según Davis, el 66% del partido estaba compuesto por mujeres.  

haciéndose conocido no solo por su gráfica, su mística o su conocimiento y apropiación de la jurisprudencia para defender los derechos de la población afro, sino también por su sistema de asistencia social en los barrios empobrecidos

A principios de los años 70’s, el partido de las Panteras Negras se extendió por prácticamente todo el país, haciéndose conocido no solo por su gráfica, su mística o su conocimiento y apropiación de la jurisprudencia para defender los derechos de la población afro, sino también por su sistema de asistencia social en los barrios empobrecidos, que era la punta de lanza de toda una institucionalidad comunitaria, prefiguradora de poder popular, que llevó a tambalear a la institucionalidad racista y a la clase política y económica de los Estados Unidos.

Las Black Panthers se disolvieron hacia fines de los años 80’s, luego del asesinato y persecución jurídica de sus integrantes y de la infiltración por parte del FBI, que, sumado a las operaciones de inteligencia, llevaron a agudizar las divisiones internas sobre la línea política y estratégica del partido.

Sus reivindicaciones puntuales estaban consignadas en su programa de 10 puntos:

1. Queremos libertad. Queremos el poder de determinar el destino de nuestras comunidades negras y oprimidas

Creemos que la gente negra y oprimida no va a ser libre hasta que podamos determinar nuestros destinos en nuestras propias comunidades nosotros mismos, controlando completamente todas las instituciones que existen en nuestras comunidades.

 2. Queremos empleo para toda nuestra gente

Creemos que el gobierno federal es responsable y está obligado a darle a cada persona empleo o ingreso garantizado. Creemos que, si el gran empresariado americano no nos da empleo a todos, entonces la tecnología y los medios de producción se le deberían quitar y dárselo a la comunidad para que la gente de la comunidad pueda organizar y emplear a toda su gente y darle un buen nivel de vida.

3. Queremos un alto al saqueo de nuestras comunidades negras y oprimidas por los capitalistas

Creemos que este gobierno racista nos ha robado y ahora estamos exigiendo la deuda atrasada de 40 acres y dos mulas. Se nos prometieron 40 acres y dos mulas hace 100 años como restitución para la labor esclava y la matanza masiva de gente negra. Aceptaremos el pago en efectivo el cual se distribuirá en nuestras comunidades. El racista estadounidense ha participado en la masacre de más de 50 millones de personas negras. Entonces sentimos que la demanda que hacemos es modesta.

4. Queremos viviendas decentes y adecuadas para el albergue de seres humanos

Creemos que, si los terratenientes no dan viviendas decentes a nuestras comunidades negras y oprimidas, entonces las viviendas y la tierra deben convertirse en cooperativas para que la gente en nuestras comunidades, con ayuda del gobierno, pueda construir y tener viviendas decentes para la gente.

5. Queremos educación decente para nuestra gente que exponga la verdadera naturaleza de esta decadente sociedad estadounidense

Queremos educación que nos enseñe nuestra verdadera historia y papel en la sociedad de hoy. Creemos en un sistema educativo que dé a nuestra gente un conocimiento de sí misma. Si no tienes conocimiento de ti mismo y de tu posición en la sociedad y en el mundo, entonces tendrás poco chance de aprender más.

6. Queremos servicio médico completamente gratis para toda la gente negra y oprimida

Creemos que el gobierno tiene que proporcionar de forma gratuita y para toda la gente, facilidades de servicio médico que no solo traten nuestras enfermedades, la mayoría de las cuales existen debido a nuestra opresión, sino que también desarrollen programas médicos preventivos para garantizar nuestra futura supervivencia. Creemos que la educación de salud masiva y los programas de investigación se tienen que desarrollar para dar a toda la gente negra y oprimida acceso a información científica y médica avanzada, de forma que nos podamos proveer de atención médica adecuada.

7. Queremos un alto inmediato a la brutalidad policiaca y a la matanza de gente negra, otra gente de color y toda la gente oprimida dentro de los Estados Unidos

Creemos que el gobierno racista y fascista de los Estados Unidos utiliza sus agencias de seguridad domésticas para llevar a cabo su programa de opresión contra la gente negra, otra gente de color y gente pobre dentro de los Estados Unidos. Por lo tanto, creemos que es nuestro derecho defendernos contra tales fuerzas armadas y que toda la gente negra y oprimida debería estar armada para la autodefensa de nuestras casas y comunidades contra estas fuerzas policiacas fascistas.

8. Queremos el fin inmediato a todas las guerras de agresión

Creemos que los distintos conflictos que existen en el mundo vienen directamente del deseo agresivo de las élites y el gobierno de los Estados Unidos para imponer su dominio sobre la gente oprimida del mundo. Creemos que, si los Estados Unidos o sus lacayos no cesan estas guerras agresivas, el pueblo tendrá derecho de defenderse por todos los medios necesarios en contra de sus agresores.

9. Queremos libertad para toda la gente negra y oprimida actualmente detenida en prisiones y cárceles federales, estatales, locales y militares de los Estados Unidos

Para todas las personas acusadas de supuestos crímenes bajo las leyes de este país, queremos juicios con un jurado formado por personas de su color. Creemos que muchos negros y gente pobre y oprimida actualmente detenidos en prisiones y cárceles estadounidenses no han recibido juicios justos e imparciales bajo un sistema judicial racista y fascista y deberían estar libres de encarcelamiento. Creemos en la eliminación definitiva de todas las miserables e inhumanas instituciones penales, porque las masas de hombres y mujeres encarcelados dentro de los Estados Unidos o por el ejército estadounidense son las víctimas de condiciones opresivas que son la causa real de su encarcelamiento. Creemos que cuando las personas son enjuiciadas, los Estados Unidos deberían garantizar jurados formados por sus colegas de color, abogados de su elección y libertad de encarcelamiento mientras esperan el juicio.

10. Queremos tierra, pan, vivienda, educación, ropa, justicia, paz y control comunitario de las tecnologías modernas

(…) la experiencia ha demostrado que los humanos están más dispuestos a sufrir, mientras los males sean soportables, que a abolir las formas a las cuales están acostumbradas. Pero, cuando un largo tren de abusos y usurpación, persiguiendo invariablemente el mismo objeto, demuestra una intención de reducirlos debajo de un despotismo absoluto, será su derecho, será su deber, liberarse de tal gobierno, y proveer nuevas guardias para su futura seguridad. 

Lo que significa para mí el feminismo. Vivian Gornick

0

Me habían despedido unas jefas porque me resistí a viajar a una zona roja en estado de alerta, así que me quedé probando en carne propia la anti/sororidad en tiempos de feminismo

El año 2022 estuvo cargado de muchos cambios y dificultades, estábamos en plena crisis postpandemia y la situación laboral para muchas, me incluyo, no lograba estabilizarse. Me habían despedido unas jefas porque me resistí a viajar a una zona roja en estado de alerta, así que me quedé probando en carne propia la anti/sororidad en tiempos de feminismo; para restablecerme y seguir creyendo en las luchas internas que mi corazón estaba dando como mujer feminista/activista, me uní a unas amigas que me invitaron a un grupo de estudio sobre temas de género; la primera sesión sería sobre el texto Mirarse de frente de Vivian Gornick, me emocioné de entrada porque en el año 2019 había leído Apegos feroces, de Vivian Gornick y había sido uno de los mejores libros leídos durante el año, porque me ayudó a cuestionarme sobre mi sentir como mujer feminista en pleno siglo XXI. Mis amigas habían estado leyendo el capítulo “Lo que significa para mí el feminismo”, parte de Mirarse de frente y querían conversarlo con otras mujeres, porque les había despertado muchas preguntas, reflexiones y curiosidades.

Muy diferente a la idea de Gornick, prefiero y quiero darle importancia a mi sentir, a mi sentipensamiento, “en realidad, no me gustan las actividades que históricamente han sido masculinas, para mí es más importante la inteligencia emocional”

El 30 de marzo de 2022, nos encontramos por primera vez en el Juan Valdez de la 73 con novena, en Bogotá, queríamos reunirnos en un sitio informal y tomar un cafecito, bajo una tarde/noche lluviosa todas llegamos y empezamos a hablar de Vivian Gornick y el feminismo. La primera idea que nos llamó la atención de su texto fue la de que “los hombres toman muy en serio su cerebro, las mujeres no” y empezamos a discutir sobre ello, ¿qué tanto era cierto? ¿nos había pasado? algunas se preguntaban, ¿cómo era posible que alguna vez estando muy mal en la vida académica se pillaban pensando en un chico? Ese punto nos dio mucha sorpresa.

Yo había escrito en mi libreta, algo que hoy me parece muy interesante: “No me gusta tomarme muy en serio mi cerebro, prefiero tomarme muy en serio mis emociones”, algo que aún hoy sigo pensando, muy diferente a la idea de Gornick, prefiero y quiero darle importancia a mi sentir, a mi sentipensamiento, “en realidad, no me gustan las actividades que históricamente han sido masculinas, para mí es más importante la inteligencia emocional” .  Así que seguimos hablando, llegamos a un pequeño acuerdo, debíamos hacer fortaleza desde nuestras emociones, pensamos en una mujer que pudiera demostrar la fortaleza desde su ser femenino, en ese entonces, Francia Márquez, la actual vicepresidenta de Colombia, era nuestra fuerza, así que sí, vimos que ella era fuerte desde la vulnerabilidad y posicionaba la sensibilidad, era como queríamos, ser dueñas de sí mismas desde nuestro ser femenino.

Apuntes gráficos de @soni_dibujos_y_vinetas_1

Lo importante es concentrarme en el esfuerzo de mi trabajo intelectual/emocional creativo propio, a mí me interesa ser escritora o escribir, a otra de mis amigas le interesa dibujar, a otra de ellas, le gusta el avistamiento de pájaros, a otra, le gusta el tejido, a otra, le interesa la educación y la pedagogía, en ello debemos concentrarnos con perseverancia

Luego de varias ideas, llegamos a uno de los puntos centrales del texto de Gornick, darle importancia al esfuerzo cotidiano de trabajar en las ideas de un proyecto personal, ella plantea “el poder de la vida propia solo llega a través del control estable del pensamiento propio… Me senté a mi mesa, como si fuera la primera vez, para enseñarme a permanecer con mis pensamientos, a ordenarlos, entenderlos, ponerlos a mi servicio… El dolor tranquilizador del esfuerzo diario” y así fue, cerramos nuestra primera sesión, con más preguntas que respuestas, más angustia que tranquilidad, pero quizás eso era lo que necesitábamos, enfrentarnos de frente con ciertas realidades, después de la lectura de Gornick siempre pienso en mi esfuerzo cotidiano, en sentarme a pensar en mis propios proyectos de vida, los míos propios, no los románticos, eso no es lo que debe estar en primer lugar, lo importante es concentrarme en el esfuerzo de mi trabajo intelectual/emocional creativo propio, a mí me interesa ser escritora o escribir, a otra de mis amigas le interesa dibujar, a otra de ellas, le gusta el avistamiento de pájaros, a otra, le gusta el tejido, a otra, le interesa la educación y la pedagogía, en ello debemos concentrarnos con perseverancia, adicional a nuestras vidas amorosas, no podemos desviarnos del esfuerzo constante de los proyectos personales. Escribo todos los días para concentrarme en el esfuerzo cotidiano de mi trabajo creativo, ellas también, están concentradas en sus proyectos como mujeres libres, eso no quiere decir que no nos interesen nuestras relaciones sentimentales, solo que eso ahora es algo más de los de proyectos creativos que trabajamos con perseverancia.

“Estoy que compro un bocadillo para esa leche”. Fue la frase que marcó para siempre mi postparto

0

No tenía 40 horas de nacido mi hijo cuando ya estaba conociendo la hostilidad del transporte público en Bogotá; no solo tuvimos que esperar mucho tiempo sino que durante el trayecto casi nos bajan por la distancia de nuestro destino. Aunque el conductor evitara los huecos, su empatía no era suficiente, la ciudad está rota y es imposible esquivarlos todos. Las que han parido se imaginarán mi dolor en el útero, en las piernas y en el culo con cada salto, más la preocupación de sacudir una y otra vez a un recién nacido. No me imagino a las que les toca en SITP o en TM, y menos a las que ni a eso tienen acceso. 

Durante el recorrido tuve que darle teta al bebé, me parece que es lo más normal del mundo, si tiene hambre se le alimenta y listo, pero por supuesto, no todas las personas lo asumen con normalidad.

Los huecos y las carreras de los taxistas me acompañaron más de una vez en esos primeros meses. Sin embargo, justo en el día 40 tuve que tomar un taxi desde la clínica en Chapinero hasta la casa de mi abuela en Kennedy; otra vez una hora de espera, cancelaban una y otra vez el servicio (sé que lo hacen por la ruta y por el trancón de la AV Ciudad de Cali), hasta que llegó un amarillo bravo porque “ya se iba para la casa” y porque cuando subiera al carro le iba a “ensusiar” todo con las ruedas mojadas del coche. Finalmente aceptó llevarme aunque de mala gana. Durante el recorrido tuve que darle teta al bebé, me parece que es lo más normal del mundo, si tiene hambre se le alimenta y listo, pero por supuesto, no todas las personas lo asumen con normalidad.

“Estoy que me compro un bocadillo para esa leche” y se relame la boca como un punto final para su frase de mierda. 

A pesar de que cuando un bebé toma teta, no se ve nada, absolutamente nada, no falta el o la que le pone morbo a la situación y consideran que uno debe taparse incomodando al bebé. Pues el man seguramente es uno de esos, en cuanto puse al bebé comenzó a mirar con frecuencia por el retrovisor y a conversar sobre cualquier estupidez, yo permanecía callada, hasta que en el trancón de la curva de la 26 con Cali, mirándome por el espejo, bosteza y me dice: “Estoy que me compro un bocadillo para esa leche” y se relame la boca como un punto final para su frase de mierda. 

En otro momento de mi vida sé que habría reaccionado por lo menos con un madrazo. Sin embargo, aunque sentía mucha ira, solamente pensaba en que no podía correr porque todavía me dolía mucho el cuerpo; tenía los puntos de la episiotomía; las tetas hinchadas con mucho dolor; estaba encartada con la maleta, el coche, las cobijas y, obviamente, tenía al bebé; así que, sintiéndome más vulnerable que nunca, me quedé callada esperando a llegar muy rápido al destino, sabiendo que el man seguía mirando con morbo por el espejo y pensando en que tal vez, por cosas como esas, muchas mujeres prefieren no dar leche en el espacio público. Al llegar a casa no dije nada, porque pensaba que me iban a reprochar por no taparme con una cobija como ya me habían dicho que lo hiciera.

Sin embargo, aunque sentía mucha ira, solamente pensaba en que no podía correr porque todavía me dolía mucho el cuerpo; tenía los puntos de la episiotomía; las tetas hinchadas con mucho dolor; estaba encartada con la maleta, el coche, las cobijas y, obviamente, tenía al bebé; así que, sintiéndome más vulnerable que nunca, me quedé callada

Como esas, he vivido muchas situaciones en los cortos 8 meses de mi hijo. Cada vez que debo salir en Bogotá, sé que para hacer una sola cosa, me voy a tardar todo el día y voy a llegar a casa de mal genio, cansada física y emocionalmente, después de transitar en una ciudad no apta para maternar con dignidad. 

Los coches de bebé, en su mayoría, están diseñados para ciudades con rampas, sin huecos y para familias que cuentan con transporte propio y que lo usan solo para situaciones muy puntuales; además son pesados, difíciles de doblar y cerrar, muchos de ellos requieren dos personas para cerrarlos, y somos muchas mujeres las que debemos darnos mañas para abrirlos y cerrarlos mientras tenemos a nuestros bebés en brazos, la maleta en la espalda y cien ojos por todo lado para que no nos roben. 

Otros coches son más livianos y se doblan como una maleta de viaje, sin embargo son poco resistentes a la subida y bajada de andenes de hasta medio metro de altura, o a las calles llenas de escombro de obras que van dejando piedritas en las ruedas y los frenos. Yo ando ahora con llave y un par de arandelas porque ya he tenido que hacerle un par de reparaciones.

Recuerdo haber leído en la universidad que una de las premisas del derecho a la ciudad es poder gozar efectivamente de los Derechos Humanos en escenarios urbanos. Como mujer no he podido gozar de estos, desde que era una niña, he sentido la ciudad como un lugar hostil, inseguro y diseñado para los hombres. Ahora como madre —que materno sin compañía— reafirmo cada día que el derecho a la ciudad no existe para nosotras y que se violan mis derechos, y los de mi hijo también. 

¿Y es que cuántos niños tienen el derecho a alimentarse, en el lugar en el que les de hambre, con la leche que su mamá produzca, sin tener que esconderse, sin taparse ni taparlo y sin que esto implique que la madre sea violentada, juzgada o reprimida? 

Por: Daniela Ivónne Bonilla @lalulupemilk. Licencia en Ciencias Sociales de la Universidad Pedagógica Nacional. Asesora y Consejera en lactancia certificada por Edulacta. Desde que soy madre decidí acompañar maternidades haciendo lo que más me gusta: aprender y enseñar. Soy promotora de lactancia con leche humana,  crianza con apego seguro,  infancias felices, nacimientos libres y respetados. 

Soy más que mi trabajo

0

Pero una simulación, al fin y al cabo, porque se superpone a modos netamente hipócritas e incluso violentos de relacionamiento.

De un tiempo para acá he venido sintiendo como la explotación se tramita de una forma distinta en los discursos de las profesiones y trabajos que tienen un contenido social. La idea de involucrarse con el otro, de superar una relación meramente laboral, fría y casi robótica se sustituye por relaciones de pseudo amistad, mientras que la alienación se cree superada en la identificación con el trabajo.

En estas profesiones pasa a ser un imperativo el hecho de involucrarse completamente con el otro. Es un imperativo asumir la lógica de la amistad así lo que se desarrolle, en el mayor de los casos, no sea en realidad una amistad. Es decir, el deber ser es la configuración de una simulación de la amistad como expresión idónea del ambiente laboral. Pero una simulación, al fin y al cabo, porque se superpone a modos netamente hipócritas e incluso violentos de relacionamiento.

Se trata de una suerte de militancia laboral en favor del fortalecimiento de la institución o de la entidad gubernamental o no gubernamental en la que se trabaje.

En el vínculo con el objeto contractual, el deber ser está en arrojarse con todo el cuerpo y los afectos al trabajo. En no separar en absoluto los ámbitos y tiempos existenciales sino en hacer de toda la existencia el objeto contractual. Se trata de una suerte de militancia laboral en favor del fortalecimiento de la institución o de la entidad gubernamental o no gubernamental en la que se trabaje. Así, incluso, empieza a ser bien visto quien saque de su propio salario o de sus propias pertenencias para ponerlas al servicio del trabajo, más allá de los recursos con los que ya cuente el proyecto o el espacio en el que se esté.

Amar el trabajo o “enamorarse” del trabajo, y lograr “enamorar” a quienes está dirigido el objeto contractual viene a ser el fetiche que encubre el carácter explotador/autoexplotador de toda la relación laboral.

Es la completa autoexplotación pero provista de una imagen positiva en razón del componente social de la profesión. Amar el trabajo o “enamorarse” del trabajo, y lograr “enamorar” a quienes está dirigido el objeto contractual viene a ser el fetiche que encubre el carácter explotador/autoexplotador de toda la relación laboral. Y de este modo, una emocionalidad tan profunda y compleja como el enamoramiento queda también atrapada dentro de la misma lógica sistémica en la que la existencia no es más que el objeto de trabajo. Esta idea no estaría separada, a la larga, de esa molesta concepción de “ponerse la camiseta” por la empresa y el patrón. 

Se va construyendo una identidad en torno al objeto de trabajo. Con esta identidad, que se da por ejemplo en los empleos con un componente intelectual, se piensa que la alienación o enajenación —el proceso en el que la persona siente que no pertenece a sí misma sino a las condiciones de trabajo— no tiene lugar. 

Pero esta identificación vela por completo el hecho de que primero, ese fruto del trabajo no pertenece ya a la persona sino que es apropiado por la entidad, institución, ong, etc; y segundo, que todas las dimensiones existenciales, todos los intereses, cualidades y capacidades son opacados y anulados ante el objeto de trabajo, o bien, son puestos en función de éste. Toda la experiencia vital se relega a ese trabajo de contenido social. Trabajos que, en muchas ocasiones, vienen a hablar en nombre del cambio pero en realidad simplemente vienen a encubrir las grietas del sistema. Y es que cuando el trabajo alienado encubre las grietas del sistema, terminamos por pensar que el sistema está bien, que no hace falta alternativa y que no hay puntos de fuga en los que podamos ser.

Trabajos que, en muchas ocasiones, vienen a hablar en nombre del cambio pero en realidad simplemente vienen a encubrir las grietas del sistema.

La identificación en estos márgenes me lleva a pensar en Saúl Hernández, vocalista de la banda Caifanes, cantando: “afuera tú no existes, solo adentro; afuera no te cuido, solo adentro; afuera te desbarata el viento sin dudarlo; nadie es nada, solo adentro”. Porque solo adentro de ese mundo laboral somos alguien como persona, porque nuestra identidad solo puede ser esa identidad en el trabajo y porque fuera de ese margen ya no existimos.

Es así como este arrojamiento del ser y de la existencia misma al trabajo nos confunde y nos lleva a pensar que ésta es la única forma de trabajo creativo e intelectual y que el ocio no es más que procrastinación. 

la vida se trataba de “hacer lo que nos ponían a hacer para asegurar la pensión”. Evidentemente esta es la otra faceta de la alienación: la aceptación de las cosas tal y como están. 

En una reunión familiar, luego de narrar estas sensaciones, una tía me decía con tranquilidad que con base en su experiencia lo mejor era asumir con resignación que solo éramos fichas y que la vida se trataba de “hacer lo que nos ponían a hacer para asegurar la pensión”. Evidentemente esta es la otra faceta de la alienación: la aceptación de las cosas tal y como están. 

Y en ese deber ser tan estrecho no podemos sentir, no podemos tener crisis existenciales, ni ataques de pánico, mucho menos que se note la rabia y el hastío ante la hipocresía de los ambientes laborales en los que se encubre la autoexplotación con la vacìa identificación en el objeto de trabajo. Porque se nos obliga a pensar que no somos nada más que nuestro trabajo… 

Mi problema con la exclusividad

0

Esta columna es el resultado de algunas reflexiones que se han tejido en mi mente a partir de tres productos audiovisuales con los que he tenido contacto en el último mes. Iniciaré explicando cuáles son y en qué consisten. Finalizaré argumentando por qué tienen un vínculo con la exclusividad y qué reflexiones se pueden suscitar de este vínculo.

El resultado de esta obsesión con la perfección ha sido una frustración que elimina sus deseos de vivir.

La primera producción es el Menú (2022), una película dirigida por Mark Mylod y escrita por Seth Reiss y Will Tracy. La película transcurre en una isla en la cual tendrá lugar un menú experiencia, exclusivo para ricos que pueden pagarlo. No obstante, por razones que se van visibilizando a lo largo del film, la experiencia termina siendo aterradora para los comensales. Sin entrar en detalles sobre la trama, lo importante aquí es que la razón principal que desencadena los acontecimientos terroríficos gira en torno al problema sobre las aspiraciones de perfección y su relación con la pérdida de la pasión. El chef encargado de crear la experiencia ha perdido su energía vital, el motor de su vida y su pasión, debido a que el público para el cual trabaja nunca está conforme. A pesar de que ha enfocado su carrera en lograr la perfección, sus comensales nunca están satisfechos. Esta insatisfacción y esta inconformidad han generado en el chef una obsesión con la perfección, cuyo resultado ha sido una pérdida de la alegría que genera cocinar con amor y ver cómo el otro disfruta de ese amor a través de la comida. El resultado de esta obsesión con la perfección ha sido una frustración que elimina sus deseos de vivir.

Esto implica que no les interese el bienestar colectivo. Es una clase que, entonces, se define a partir de la carencia del otro: lo que me hace parte de la élite y mantiene mi estatus es que el otro no acceda a lo que yo tengo.

El segundo vídeo fue publicado por la Revista Cambio en su canal de YouTube. Se trata de la columna audiovisual de Carolina Sanín titulada “Colegios privados y vulgaridad de élite”. En este vídeo, Sanín argumenta que una característica de la élite colombiana es que no entienden lo público como algo que nos pertenece a todos, sino como algo que borra las fronteras de clase. Debido a que su aspiración es demarcarse de los otros, de las mayorías, la clase alta en Colombia no desea lo público ni desea derechos para todos, porque la privatización les permite reafirmar su exclusividad y su diferencia con respecto a la mayoría. Esto implica que no les interese el bienestar colectivo. Es una clase que, entonces, se define a partir de la carencia del otro: lo que me hace parte de la élite y mantiene mi estatus es que el otro no acceda a lo que yo tengo.

Por último, la tercera producción fue un reportaje publicado por DW sobre Stephen King y por qué no ha ganado (ni va a ganar) un nobel. En este vídeo se plantea la pregunta sobre cuáles son las razones por las cuales un autor amado por el público ha ganado un nobel. Como en su momento King señaló: parte de la molestia de los críticos es que su literatura es popular, es para las mayorías. Por lo tanto, aquí hay un problema que tiene que ver con la cultura popular. Aunque un autor prolífico como Stephen King tiene obras más complejas que otras (algunas incluso le han valido una evaluación positiva de algunos críticos), es un hecho que su literatura ha sido pensada para un público masivo. Ellos son sus consumidores y los causantes de su cuantiosa fortuna.

el valor radica no en lo que es en sí mismo, sino en el hecho de que los demás carecen o no tienen acceso a eso.

Hay un elemento en común que destaca en las tres producciones descritas anteriormente: la exclusividad. Los tres vídeos evidencian y critican una relación entre calidad y exclusividad: la consideración de que lo mejor, lo que cumple con los más altos estándares, es aquello a lo cual tienen acceso pocos. Los menús experiencia, la literatura que no es interesante ni comprensible para todo el mundo y una piscina en un club de élite en Bogotá son valiosos porque a estos sólo tienen acceso unos pocos: los que pueden pagarlo, disfrutarlo y entenderlo. Por lo cual, el valor radica no en lo que es en sí mismo, sino en el hecho de que los demás carecen o no tienen acceso a eso.

La definición de lo valioso, lo que sí cuenta, lo que es relevante responde a las relaciones de poder: son los privilegiados quienes definen, según sus estándares y conveniencias, los criterios de selección.

La relación entre la exclusividad y el poder se hace latente cuando nos percatamos de que son justamente aquellos adinerados que pueden acceder a lo exclusivo, quienes definen los estándares de calidad en la comida, en las experiencias y en la literatura. ¿Por qué la calidad de una obra literaria reposa en la utilización de un léxico complejo y figuras retóricas incomprensibles, en lugar de una historia interesante que te enganche y te emocione?, ¿por qué la calidad de un plato de comida radica en lo selecto de sus ingredientes y no en que te llene y te otorgue placer? La definición de lo valioso, lo que sí cuenta, lo que es relevante responde a las relaciones de poder: son los privilegiados quienes definen, según sus estándares y conveniencias, los criterios de selección. Por ende, es entendible que sus estándares sean los que no interesan a las mayorías o a los que no pueden acceder, y que permiten reafirmarse como clase: nosotros, los exclusivos, sí tenemos buen gusto y tenemos acceso a lo mejor.

La equivalencia mayorías=inferior produce un desprecio por lo mayoritario que se traduce en un desprecio a quienes pertenecen a lo mayoritario. Nuestros gustos, nuestra vida cotidiana, nuestras posibilidades, nuestro entretenimiento, nuestras acciones pertenecerán al lugar de lo inferior y, por ende, de lo despreciable.

Por lo anterior, estoy convencida de que el deseo de exclusividad sólo puede sostenerse con base en la injusticia social y la desigualdad. Esta relación entre calidad y exclusividad permite la reproducción de la desigualdad en términos culturales. Es decir, que se defina lo mejor como aquello a lo cual acceden pocos y que se señale lo de menor calidad como aquello a lo que accede la mayoría implica la construcción y reproducción de un imaginario en el cual lo de las mayorías es inferior/malo. La equivalencia mayorías=inferior produce un desprecio por lo mayoritario que se traduce en un desprecio a quienes pertenecen a lo mayoritario. Nuestros gustos, nuestra vida cotidiana, nuestras posibilidades, nuestro entretenimiento, nuestras acciones pertenecerán al lugar de lo inferior y, por ende, de lo despreciable. Y como somos lo que hacemos, nosotros resultamos siendo lo despreciable: aquello que carece. Porque si no nos gusta el menú experiencia, el problema no está en el menú experiencia, sino en que carecemos del gusto avanzado que se requiere. Si rechazamos un libro aplaudido por la crítica, el problema no es el libro, sino que somos muy ignorantes para entenderlo. Y así sucesivamente.

Si queremos fortalecer lo público, tenemos que combatir este gran monstruo que es el deseo de diferenciarme del otro a partir de la carencia del otro.

En conclusión, esta relación entre calidad y exclusividad me resulta problemática, porque se fundamenta en la desigualdad social y porque la reproduce en términos culturales al definir lo del pueblo como inferior, carente y, por ende, indeseable. Lo exclusivo no necesariamente es mejor, pues bajo otros estándares serían calificados negativamente (por ejemplo, si evalúo un menú experiencia por su capacidad para satisfacer mi estómago, terminaría calificado muy mal, pues esas degustaciones no llenan -que en principio es el objetivo de la comida-). Pero el problema va más allá de esta supuesta relación necesaria, que en realidad es parcial al ser definida por las relaciones de poder: el centro del asunto es que sostener la exclusividad como una virtud reproduce las desigualdades sociales, el desprecio a la cultura popular y, por ende, el desprecio al pueblo. Esto es lo que se traduce, como señala Sanín, en un desprecio hacia lo público, un entendimiento de los derechos como privilegios y un deseo de privatización que mantenga al pueblo en condiciones de marginalidad y accediendo a lo peor (ya que se traduce lo de las mayorías como lo peor, terminan en efecto dándonos lo peor: el peor sistema de salud, los peores parques, los peores servicios públicos, etc.). Si queremos fortalecer lo público, tenemos que combatir este gran monstruo que es el deseo de diferenciarme del otro a partir de la carencia del otro. Construir una sociedad más justa implica que mi bienestar no se defina a partir de que el otro carezca. En definitiva, la cuestión es lograr una reafirmación no comparativa, donde lo que se persiga sea el bienestar colectivo. Seguramente, con esta negación a alcanzar la perfección para mantenerse en el campo de lo exclusivo no perderemos la vitalidad ni la pasión que trae consigo la dicha del otro (y que El Menú retrata de manera ejemplar).