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Todo en todas partes al mismo tiempo: un alegato conservador

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Más allá de las múltiples referencias cinematográficas que van desde las hermanas Wachowski, pasando por Pixar o Tarantino, hasta Wong Kar-wai, el argumento central de la película «Everything Everywhere All at Once» se vale del «multiverso» para desarrollar en la trama el viejo dilema sobre la razón de la existencia.

El reconocimiento que una mujer tiene —en tanto trabajadora, cuidadora y madre— sobre sí misma, a partir de la reconciliación con su vida y su hija, mientras encuentra sus otras versiones en múltiples posibilidades multiversales, es el trasfondo que se suma a la identificación de lo simple, de las pequeñas cosas, de lo «estúpido» —dicho así literalmente por un personaje— como el sentido de la vida.

«Everything Everywhere All at Once» se vale del «multiverso» para desarrollar en la trama el viejo dilema sobre la razón de la existencia.

Si bien en el film de Daniel Kwan y Daniel Scheinert hay un giro respecto al género de quien protagoniza la pelìcula y sus dudas, tomando distancia de las películas previas al 2015, en las que, en mayor medida, el heroísmo quedaba relegado para los hombres y sus inquietudes, la idea central sigue siendo en esencia una visión conservadora sobre la existencia, según la cual el sentido está en el orden y no en el cambio. 

La batalla entre el bien y el mal, sintetizada en el enfrentamiento entre la madre y su hija —quien experimenta en primer lugar el multiverso—, viene a ser la batalla entre las premisas «nada importa» (el caos) y «todo importa» (el orden).  

El «nada importa» ocurre cuando se encuentran, en el multiverso, las múltiples posibilidades, el azar y la arbitrariedad. Sucede ante el descubrimiento sobre lo infinito del universo, pero a su vez sobre lo ínfimo de la existencia individual.

la idea central sigue siendo en esencia una visión conservadora sobre la existencia, según la cual el sentido está en el orden y no en el cambio. 

Por su parte, el «todo importa» se va desarrollando a lo largo de la trama, y viene a ser presentado por el esposo, Waymond —en apariencia despreocupado— a su esposa, Evelyn —la protagonista de la historia— ocupada y estresada por las tareas diarias de la vida. 

De ese modo va tomando forma el argumento conservador de la película. En principio, Evelyn está en un punto en el que es evidente el anhelo de escape, especialmente en el momento en el que se encuentra en el cubículo de una funcionaria estatal que controla la vida por medio de la vigilancia a los impuestos; una imagen interesante que recuerda la crítica de Kafka al mundo del orden, la norma y lo convencional, de impronta burocrática y estresante, que se impone a la vida y del que parece, precisamente, no haber escape. 

La situación de la funcionaria se termina resolviendo con una idea sencilla: necesitaba saber que mujeres como ella podían ser amadas. Es decir, la representación inicial de esta como expresión del orden se disuelve ante la representación de la mujer estresada sin amor. El amor, politizado por el feminismo, termina completamente vaciado y despolitizado para reproducir una concepción típicamente conservadora. 

El amor, politizado por el feminismo, termina completamente vaciado y despolitizado para reproducir una concepción típicamente conservadora. 

Y así, en medio de peleas caóticas que irrumpen el estrés previo de la vida cotidiana, el conservadurismo emerge con plenitud cuando en lo que parece casi un monólogo, Waymond da cuenta de «lo que importa»: ante la nada, se debe imponer la bondad, lo gracioso, y, por qué no, lo ridículo. La bondad vendría a ser el eje con el que se supere la discordia, la diferencia entre el caos del sin sentido y la voluntad de orden. Y con esta premisa sigue la pelea final. 

Al casi concluir la película, Evelyn le dice a su hija: «podemos hacer lo que nos dé la gana, porque nada importa», pero ese hacer se limita al plano de lo inmediato, de lo que es y no puede ser de otra forma, de la vida cotidiana tal y como está, y, según esa perspectiva, está bien que sea así. En últimas, de lo que se trata es de darle sentido a eso, a esa rutina. 

Por supuesto, se trata de una idea bella sobre el sentido de la vida. Un sentido que no existe de antemano sino que se va construyendo, y que se centra en los detalles específicos y momentáneos, en la simplicidad de la existencia. Y acá emerge también un valor presente en espiritualidades de oriente: el equilibrio. Con el equilibrio viene la reconciliación entre las personas que se enfrentan y las personas consigo mismas. Es la reconciliación entre el caos y el orden.

En últimas, de lo que se trata es de darle sentido a eso, a esa rutina. 

La cuestión radica en que tal y como se presenta es la reiteración de la misma concepción ideológica hollywoodense puesta en escena una y otra vez en múltiples películas y series, que se resume en un valor clave: la aceptación de lo que hay. La resignación activa y feliz frente a la vida cotidiana que tocó vivir. Es la cómoda adaptación gringa de la filosofía del absurdo que, mediante el mito de Sísifo, invita a asumir la existencia, en una interpretación que tiene como ejes al individuo y la familia nuclear, excluyendo siempre toda referencia a lo colectivo o a la clase social.

De otro lado, el equilibrio adaptado, en una vínculo de valores oriente-occidente, viene a emparentarse con la misma operación ideológica de establecer el cambio y la posibilidad como caos y de afirmar el orden de lo existente, tal vez ligeramente modificado, como bien primordial. O bien, el cambio forzado por el caos viene a ser inmediatamente adaptado, de forma más o menos diferente, por el orden. En la película esto sería evidente en dos casos: en primer lugar, en la amistad que nace al final entre la funcionaria, representante del control, y la protagonista; y en segundo lugar, en la aceptación que Evelyn hace de su propia vida.

invita a asumir la existencia, en una interpretación que tiene como ejes al individuo y la familia nuclear, excluyendo siempre toda referencia a lo colectivo o a la clase social.

El efecto ideológico de este supuesto, el de la resignación, es concreto pero eficaz al presentarse cargado de realismo y emotividad: debemos aceptar lo que está, y si es el caso, modificarlo por medio del mercado. Aceptar el orden de cosas existente con tranquilidad, ya que la vida cotidiana está inscrita en un sistema que es eterno e inmodificable. Más allá de todas las posibilidades, las alternativas, o en este caso de todos los «multiversos», tenemos que asumir que la vida, en este sistema, está bien.

Cabe la pregunta sobre la incorporación de estas otras filosofías y espiritualidades en los marcos de sentido dominantes. El equilibrio sería importante en la vida, pero al estar adecuado, o mejor, al estar subsumido por el sistema, vendría a operar de una forma funcional a lo establecido.

La verdadera historia sobre la movilización en Los Pozos: olvido institucional y organización campesina

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Artículo escrito por Vicente Mahecha, docente del sector.

Es una zona misteriosa para buena parte de Colombia que solo escucha el eco del conflicto armado y en el mejor de los casos la majestuosidad de Caño Cristales.

La Macarena, Meta y San Vicente del Caguán, Caquetá, son municipios hermanos, casi hermanos siameses pues su cercanía los hace dependientes, incluso su frontera se hace difusa para el propio Estado que se la disputa entre los dos departamentos. Escuelas, centros de salud y algunas otras entidades se encuentran manejadas por los dos entes territoriales, lo que podría ser favorable es solo otra excusa para el olvido en el que se encuentra el territorio. Es una zona misteriosa para buena parte de Colombia que solo escucha el eco del conflicto armado y en el mejor de los casos la majestuosidad de Caño Cristales.

Habitar en esta zona permite reconocer una de las joyas más valiosas para un territorio olvidado por el Estado: la organización popular, las juntas de acción comunal (adscritas a los dos departamentos) son también la base de organizaciones comunitarias sólidas como ASCAL-G, CORPOAYARI y ASOPEPROC, entre otras, que en la búsqueda del cuidado y la exigencia de garantías de las comunidades han logrado ser también quienes arreglan carreteras, resuelven conflictos, construyen y hacen mantenimiento a las escuelas (la mayoría multigrado), mientras exigen el apoyo de entidades estatales y ONGs.

Una de las principales características del territorio son sus vías en su mayoría destapadas a pesar de que unen cabeceras municipales. Entre San Vicente del Caguán y La Macarena solo hay una trocha, construida y mantenida por las comunidades que la utilizan; puentes de madera y placas que conmemoran a las veredas y las entidades de transporte que las hicieron posible se encuentran a lo largo y ancho de las vías.

Fue el hecho de exigir el cumplimiento de los acuerdos y la obligación como empresa extractora de proteger el medio ambiente en la región lo que motivó el bloqueo.

Hace casi tres semanas las comunidades decidieron bloquear la salida de una de las fuentes productivas más importantes de la región, un pozo petrolero ubicado en el centro poblado Los Pozos, a algo más de 30 minutos de San Vicente, pero que es la entrada directa a La Macarena por tierra. No es algo arbitrario pues este pozo petrolero lleva más de 15 años en explotación y solo ha entregado como acción retributiva a las comunidades lo que ellos llaman “migajas”, y solamente a las veredas cercanas sin tener en cuenta que la afectación tiene un área mayor. 

Las organizaciones comunitarias recuerdan una acción similar hace aproximadamente 7 años, afirman que se acordó con el establecimiento local la pavimentación de San Vicente a Los Pozos (poco más de 14 km), de la que al día de hoy, solo hay unos pocos parches. Y no solo eso, además se supone que apoyarían con la pavimentación de Los Pozos al centro poblado siguiente llamado Las Delicias (un total de 40 km desde San Vicente), acciones de infraestructura que en realidad poco o nada han avanzado. Fue el hecho de exigir el cumplimiento de los acuerdos y la obligación como empresa extractora de proteger el medio ambiente en la región lo que motivó el bloqueo.

y evidentemente olvidaron contar que en la noche ese escuadrón de policía atacó sin previo aviso a las comunidades que resistieron hasta ocupar la petrolera y con su digna rabia la hicieron arder.

El 2 marzo, por fin, apareció en los medios masivos una nota sobre el tema, utilizando el lenguaje estigmatizante que ya es típico al hablar de esta región. Olvidaron mencionar que la comunidad, en manifestación legítima y de buena fe, el día anterior había dejado salir todos los carrotanques con crudo que habían bloqueado desde hace semanas; olvidaron decir que las y los habitantes esperaban una mesa de negociación, también omitieron el movimiento de tropa del ejército y el avance del ESMAD (que con nuevo nombre actúa igual); y evidentemente olvidaron contar que en la noche ese escuadrón de policía atacó sin previo aviso a las comunidades que resistieron hasta ocupar la petrolera y con su digna rabia la hicieron arder.

En ese momento un policía asesinó a un campesino, un buen nombre y querido por la comunidad de la vereda el Rubí: Don Reinel Arévalo. Pocos se imaginan la tensión en los centros poblados cuando veían a sus familiares ser atacados por la policía. Cadenas de WhatsApp nos informaban de los acontecimientos, hasta que llegó la foto que estalló el llanto, Don Reinel tirado en el suelo. Desde ese momento la organización se hizo más fuerte, las juntas, organizaciones y en general toda la comunidad se abrazó por la defensa de su territorio mostrando cara fuerte contra la represión del Estado, mientras al interior lloraba la pérdida de un amigo.

Desde ese momento la organización se hizo más fuerte, las juntas, organizaciones y en general toda la comunidad se abrazó por la defensa de su territorio

Las manifestaciones siguieron en una aparente calma, los trinos y las noticias grotescas de la derecha no hicieron que se perdiera la fuerza de la comunidad, afortunadamente no se desarrollaron enfrentamientos desde entonces. Los miembros de la policía, de los que tanto hablaron los medios tradicionales, lejos de ser secuestrados fueron retenidos por la comunidad por un margen corto de tiempo ya que se liberaron desde el día 3 de marzo.

El 4 de marzo en la comunidad lloramos. Ese día se conmemoró la vida de Don Reinel. Desde la salida de su cuerpo de una funeraria en San Vicente hasta la llegada a Los Pozos, donde la guardia campesina con bastones en alto le hizo calle de honor, recordaron los días que compartieron con él en la manifestación y en su vida cotidiana, hasta la llegada a la inspección San Juan de Lozada (a 50 km de San Vicente) lugar de su segundo funeral. El primero fue en el mismo lugar el día de su muerte, reposando su cuerpo cubierto por una sábana de la que solo se veían sus botas. 

Esta vez, con muchos cambios, la comunidad, vestida de blanco, recibió su cuerpo, y con globos que añoran la paz perdida, con frases que recuerdan su vida y su memoria, acompañaron la ceremonia en el polideportivo, la comunidad se reunió y lloró su pérdida, se abrazó a la memoria y a la posibilidad de que su muerte no sea en vano. 

Nota editorial: el paro se levantó el día 5 de marzo tras un acuerdo entre las comunidades y el gobierno nacional. En el acuerdo se incluye la pavimentación de algunas vías.

El sistema ultra presidencialista es una construcción de las elites, no del presidente Petro

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A Gustavo Petro durante su candidatura presidencial, toda la oposición mediática le recriminó cuando afirmó sin ambigüedades: “en Colombia no hay democracia” y expuso sus razones. Hoy la oposición mediática y el Congreso se enfrentan precisamente a las fallas del sistema político que construyeron las élites del país a punta de sangre y autoritarismo, y la verdad es que, el presidente Petro hace uso de las herramientas que le da esa institucionalidad para transformarla en favor del pueblo colombiano, con todas las contradicciones que eso conlleva.

Históricamente a las elites no les ha interesado construir un verdadero servicio civil público, autónomo e independiente, de carrera, sino que se ha convertido en una robusta maquinaria clientelista.

Existe un serio problema cuando en una sola institución, en este caso la presidencia, se concentra buena parte del poder del Estado. Se personaliza la política. Se ejecuta de manera vertical y se discute poco, también concentra bajo su discrecionalidad buena parte de los puestos burocráticos. Son por lo menos 700 mil puestos que dependen de los nombramientos de quien ocupe la silla presidencial, y en la mayoría de los casos son de libre nombramiento y remoción, ya que históricamente a las elites no les ha interesado construir un verdadero servicio civil público, autónomo e independiente, de carrera, sino que se ha convertido en una robusta maquinaria clientelista.

Siendo consciente de lo anterior, el presidente Petro tuvo la apertura democrática para nombrar en su gabinete voces divergentes a sus posiciones políticas e ideológicas, siendo coherente con su propuesta política del Pacto Histórico en la que la llamada al cambio no era solo a la izquierda tradicional sino también a los sectores progresistas, liberales y hasta de derecha democrática. Debería ser normal para quienes entienden esto que, así como convocó a personajes como Alejandro Gaviria, Cecilia López, Jose Antonio Ocampo y Guillermo Reyes también, se les despida cuando demuestran que no están comprometidos con la propuesta del gobierno.

Es resorte de la presidencia —por el poder mismo que le han construido históricamente las elites responsables del sistema político que tenemos— de no solo darle mensaje de urgencia a las discusiones legislativas

Es también por todo lo anterior que el presidente Petro aprovecha el control que ha tenido la presidencia sobre el Congreso de la República, para sacar adelante las reformas propuestas en campaña y, a pesar de eso, mantener esa apertura dialogante y democrática, siendo consciente además que no consiguió mayorías absolutas en las elecciones legislativas. Es resorte de la presidencia —por el poder mismo que le han construido históricamente las elites responsables del sistema político que tenemos— de no solo darle mensaje de urgencia a las discusiones legislativas, como ocurrió con la ya aprobada reforma tributaria, sino también, firmar o no las leyes cuando llegue el momento y objetarlas, como lo hizo en su momento Juan Manuel Santos con una reforma a la justicia que, se sabía, le declararían inconstitucional.

También lo es administrar y regular los servicios públicos. Que delegue en comisiones reguladoras no significa que no pueda asumir personalmente esas funciones, aunque no le guste a quienes históricamente han hecho negocio con la prestación de servicios esenciales para la ciudadanía, como lo es la electricidad o el agua. Y es que ha sido siempre función de la presidencia regular el mercado colombiano, la diferencia es que siempre ha tenido un sesgo pro grandes empresarios y esta vez es un en función de la ciudadanía de a pie.

Que delegue en comisiones reguladoras no significa que no pueda asumir personalmente esas funciones, aunque no le guste a quienes históricamente han hecho negocio con la prestación de servicios esenciales para la ciudadanía

Es propio también de sistemas ultra presidencialistas y autoritarios como el colombiano que la institución presidencial tenga la capacidad de meterse en discusiones de territorios estratégicos como lo es el metro de Bogotá, a pesar de la autonomía reconocida por la Constitución de 1991. Lo hizo Santos cuando Petro era alcalde, y ahora, que a Claudia López no le guste porque le daña su proyecto presidencial, y que tampoco le guste a los que han hecho negocio con los buses pegados en los últimos 20 años, es otra cosa.

Por lo tanto, es cierto que la democracia colombiana tiene muchísimas fallas de diseño, es cierto también que no es lo mismo la democracia representativa en un sistema clientelar que la materialización de la promesa de la democracia participativa de la Constitución de 1991. Es verdad que hay muchos peligros en que nuestro sistema político gire en torno a la figura y la institución presidencial y que no hay que mantener las bases del sistema tal cual como están ya que, así como hoy la silla la ocupa un Gustavo Petro comprometido con las urgencias del pueblo colombiano, mañana podría volver un Álvaro Uribe Vélez.

Así, tal cual, no es culpa del presidente Gustavo Petro que desde la presidencia se puedan imponer muchas decisiones políticas trascendentales en la sociedad colombiana, es producto de cómo han manejado nuestro país las elites parasitas. Que Gustavo Petro prometiera cambiarlo es a lo que mas miedo le tienen, mientras tanto usará esos instrumentos en contravía de esos intereses de la clase política y económica.

Sobrevivo por pura ansiedad: el nudo en la garganta de las mujeres en la sociedad neoliberal

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¿Podemos qué? ¿Ser fuertes? ¿Producir más? ¿Darles más votos? ¿Integrarnos cada vez más productivamente al mercado voraz? ¿Consumir más?

«We can do it!», decía la famosa pieza de 1943 creada por Howard Miller como parte de la propaganda de la Segunda Guerra Mundial, la cual tenía como intención que las mujeres se sintieran mucho más motivadas en su emergente ingreso al mercado de trabajo. Trabajo mal pagado, claro está, porque las mujeres hemos sido trabajadoras del cuidado desde tiempos milenarios y no narrados por la historia oficial.

Este afiche, que retrataba la figura de Naomi Parker Fraley —una fuerte trabajadora de una fábrica de Michigan— se hizo mucho más famoso en la década de los ochenta, y fue usado, con fines distintos, por empresas, campañas políticas y algunos grupos feministas. Lo claro era que “las mujeres podemos”, pero ¿Podemos qué? ¿Ser fuertes? ¿Producir más? ¿Darles más votos? ¿Integrarnos cada vez más productivamente al mercado voraz? ¿Consumir más?

lo que hace el capitalismo es ejercer salvajemente su poder donde ve que hay resistencia, y esto es parte de lo que nos ha sucedido a nosotras

Décadas después de esta imagen, de tantas luchas, de tantas muertas, de debates en todos lados, las mujeres ocupamos gran parte de los espacios que soñábamos ocupar —las mujeres cis, porque las trans siguen siendo condenadas a unos pocos y precarios espacios—. ¡Quiere decir que entendimos muy bien que «We can do it»!, y para muchas, trabajar hoy, significa autonomía económica, independencia, la posibilidad de irse de casa, o de salir de la casa de su agresor; poder sostener a su familia, seguir estudiando, soñar con nuevos proyectos, y aquí podríamos quedarnos haciendo una larga lista sobre los logros de la relación entre las mujeres y la economía.   

Sin embargo, también quisiera poner aquí en cuestión los efectos que esta relación nos ha traído con el paso del tiempo. En este caso, podríamos invertir la famosa premisa foucaultiana que plantea que «donde hay poder hay resistencia», y es que lo que hace el capitalismo es ejercer salvajemente su poder donde ve que hay resistencia, y esto es parte de lo que nos ha sucedido a nosotras. Lo que en un principio fue una innegable victoria, nuestro ingreso al mundo del trabajo remunerado y a los espacios educativos, nos tiene hoy en unas condiciones que tal vez no eran las que nuestras ancestras soñaron.

El modelo volvió a mutar: la mujer trabajadora tenía que estudiar, trabajar y tener un proyecto familiar.

Según datos del informe «Women in the Workplace 2021» (Mujeres en el lugar de trabajo 2021), el 42% de las mujeres a nivel mundial padece agotamiento. Si situamos los datos en el síndrome de «burnout» (cronificación del estrés laboral que nos hace sentir quemadxs), en América Latina, según el mismo informe, un 76% de la población femenina padece este síndrome. Y es que ¿Quién no se siente quemadx hoy? Basta con sostener una conversación cualquier día con cualquier persona para verlo.

Así, para las mujeres trabajadoras el poder ocupar estos escenarios ha sido victorioso, pero también ha tenido enormes costos para nuestra salud física y mental. Hace décadas el modelo de la mujer perfecta era aquella que se quedaba siempre en casa, le servía correctamente a su esposo y era madre de varixs hijxs. Pasó el tiempo y el modelo de perfección tenía un nuevo mandato: ser esposa, madre y trabajadora. Décadas después, el modelo, que nunca se queda quieto ni se adapta, volvió a mutar: la mujer trabajadora tenía que estudiar, trabajar y tener un proyecto familiar.

Pareciera que el haber logrado ocupar nuevos espacios no se equiparó a que las mujeres de hoy tengamos varias opciones y podamos decidir qué hacer, sino que hay que hacerlo todo, al mismo tiempo.

En la actualidad, cada vez se cuestiona más el mandato de la maternidad, sin embargo, a veces olvidamos cuestionar la exagerada sobre explotación que vivimos hoy y que nos obliga a ser tremendamente productivas para poder ser «buenas mujeres» en tanto respondemos correctamente a lo que otras ganaron para nosotras. Pareciera que el haber logrado ocupar nuevos espacios no se equiparó a que las mujeres de hoy tengamos varias opciones y podamos decidir qué hacer, sino que hay que hacerlo todo, al mismo tiempo.

Ya Silvia Federici (2010) explicó con admirable detalle cómo la explotación de las mujeres en el ámbito doméstico permitió que el capitalismo originario lograra potenciarse hasta llegar a su etapa neoliberal tal y como la estamos viviendo hoy. Cabe preguntarnos hoy por qué con la fuerza que tenemos para organizarnos y con todas las victorias que hemos tenido como mujeres, seguimos siendo explotadas, y lo peor es que a veces no lo vemos como un problema.

Y ya que estamos citando filósofas con apellido italiano, traigamos a Mia Colucci, que en medio de borracheras, fiestas y momentos de nostalgia nos ha llevado a gritar a todo pulmón que «sobrevivo por pura ansiedad, con un nudo en la garganta», y esto no solo aplica para las tusas, sino para la vida. Byung-Chul Han (2012) le diría a Mia que vivir así se debe a que el neoliberalismo potenció una sociedad del rendimiento que nos lleva a no parar, a ser hiperproductivxs y a naturalizar el cansancio, y que por eso las enfermedades del siglo XXI son el estrés, la depresión, el burnout y la ansiedad.  

El neoliberalismo potenció una sociedad del rendimiento que nos lleva a no parar, a ser hiperproductivxs y a naturalizar el cansancio, y que por eso las enfermedades del siglo XXI son el estrés, la depresión, el burnout y la ansiedad.  

¿Qué me permite concluir tanta cháchara? Que hoy las mujeres, entre otros mil problemas, tenemos un reto gigante, y es dejar de pensar que, para ser libres, autónomas y bichotas, tenemos que autoexplotarnos hasta tener más ganas de morir que de vivir. ¡El empoderamiento se volvió una gran palabra que hasta el neoliberalismo ama, porque te invita a hacerte cargo tú sola de todo, porque todo lo puedes, porque «We can do it!».

¿Por qué no pensar, más bien, en cómo ser más colectivxs para todxs podamos aquello que soñemos hacer? ¿Cómo seguir pensando en estrategias que nos permitan juntarnos en contra de la explotación? Incluida aquella que ejercemos contra nosotrxs mismxs; ¿Cómo seguir imaginando y haciendo el mundo nuevo que llevamos en nuestros corazones?

Termino con El sueño de una anarquista, un apartado del texto de Emma Goldman «Anarquía y la cuestión sexual» de 1896, en el que dice: «Cada cual amará y estimará al otro, y ayudará a trabajar no solo por su propio bienestar, sino, siendo felices ellos mismos, desearán también la felicidad universal de la humanidad. (…) no habrá necesidad de enseñar el servilismo y el vil arte de asediar a sus semejantes» (p. 32). Seguiremos aprendiendo juntxs cómo pensar nuestra emancipación sin que se siga convirtiendo en la tragedia de sobrevivir por pura ansiedad. Que el nudo en la garganta transmute a nuestro puño en alto, porque «Podemos hacerlo», claro, pero también podemos dejar de hacer y sentirnos en paz.  

Referencias bibliográficas:

Federici, S. (2010). Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación primitiva. Madrid: Traficantes de sueños.

Han, B. (2012). La sociedad del cansancio. Barcelona: Herder Editorial.

MckInsey & Company. (2021). Women in the workplace. Recuperado de: https://www.mckinsey.com/~/media/mckinsey/featured%20insights/diversity%20and%20inclusion/women%20in%20the%20workplace%202021/women-in-the-workplace-2021.pdf

La estrategia de descolonización cultural para una liberación latinoamericana según Enrique Dussel

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Enrique Dussel sin duda es un pilar del pensamiento latinoamericano. Desde su teoría sobre la filosofía de la liberación y sus constelaciones políticas sobre el paradigma de una verdadera identidad latinoamericana, ha puesto al desnudo el núcleo de la dominación que ejerce el norte global sobre el sur global. Es decir, la forma en la que los nuevos procesos de pos-colonización se reproducen en cada sujeto latinoamericano.

El eurocentrismo, la colonialidad del poder y las formas de segregación sexual y racial son los rasgos distintivos de la dominación histórica ejercida sobre nuestros pueblos que viene denunciando el filósofo argentino por más de 5 décadas. A esto se suman los aportes de la teoría de la independencia que ha confirmado económicamente cómo los países europeos y norteamericanos se han enriquecido a través de la transferencia de plusvalor producido por todos los trabajadores de nuestra región. Abaratando los precios de la canasta familiar en el norte global y divisas devaluadas ante el dólar o el euro.

También pensar como un blanco europeo, querer ejercer la política cómo los europeos y adquirir la esencia estética europea son solo algunas consecuencias palpables de ese proyecto civilizatorio impuesto históricamente en nuestras culturas americanas. Por eso para Dussel, la única manera de comenzar una agenda política en aras de la liberación americana (segunda independencia) será a través de grandes reformas en la cultura popular de nuestro continente ¿Cómo se hace esto?

Descolonización cultural

Para Dussel los grandes procesos de cambio político vividos recientemente en América Latina con Evo Morales, Rafael Correa, Lula da Silva, Gustavo Petro, entre otros., paradójicamente no han realizado a nivel de enseñanza una transformación cultural. Según Dussel, todos los gobiernos populistas de izquierda en América Latina siguieron siendo eurocéntricos. Es decir, gobiernos que siguieron enseñando una historia cultural aparentemente universal donde se encubre la historia de los pueblos americanos, africanos y árabes. Dussel parte por explicar que dentro de la exterioridad del sistema mundo, América Latina sigue siendo objeto de desecho cultural y económico, sin hablar de los intentos de querer integrar una comunidad globalizada alienada al capital trasnacional producto de una elite criolla blanqueada y clasista.

Por eso, esta relación entre educación y cultura para Dussel es fundamental debido a la potencia transformadora que tienen los procesos pedagógicos a nivel de la sociedad civil. La Historia que aprendemos en nuestras escuelas y universidades niega el contenido ontológico que tienen nuestros propios saberes. Esta experiencia negativa, se verifica cuando en los centros educativos aprendemos con ahínco la historia de Grecia, Roma, Mesopotamia y el centro de Europa y no la nuestra. Por eso, esta forma de periodizar la Historia es el resultado de lo que Boaventura de Sousa Santos denomina como Epistemicidio, pues a partir de la invasión de Europa a las Américas, la fuente de riqueza común nativo-americana (el conocimiento) fue sustituido por el europeo, curiosamente reproducido por las academias latinoamericanas tanto en universidades como en institutos de investigación social.

Reforma curricular y el despliegue de una filosofía del SUR

Sentar las bases de una revolución cultural es apropiarse a nivel político de las instituciones que garantizan y reproducen la enseñanza en los ciudadanos. Para ello Dussel propone una reforma profunda en la malla curricular de la enseñanza en las Ciencias Sociales, comenzando por estudiar, debatir, exponer y publicar una real Historia de las filosofías de sus respectivos países con el objetivo de comenzar a difundir las primeras Historias de las filosofías nacionales del Sur.

Por otro lado, democratizar dicho conocimiento es empoderar al pueblo colonizado para su futura liberación. Dussel propone que los gobiernos inviertan en nuevas bases de datos y de investigación social para desarrollar y publicar dichas filosofías del sur. Esto con el objetivo de que los pueblos oprimidos tengan acceso a dicho conocimiento para el auto agenciamiento de sus necesidades históricas y por lo tanto políticas.

Esto se plantea como una reforma profunda en el sistema educativo de todos los países latinoamericanos. Dignificar el conocimiento ocultado por el proyecto civilizatorio de la modernidad, es la primera tarea que debemos plantearnos como intelectuales y activistas políticos. De esta manera, el cambio cultural o el espacio político para realizarlo, deberá repensar los orígenes étnicos, lingüísticos y sociales de nuestra cultura a través de la dignificación de las tradiciones ancestrales que también deberán ser sujetas al indomable juicio de la crítica radical.

Descolonización cultural, apertura a la transmodernidad

Teniendo en cuenta que la modernidad es un proyecto civilizatorio eurocéntrico, reproducido en la infraestructura social ( familia, institutos de educación, consumo y trabajo) como ideología dominante, lo que propone Dussel es sentar las bases para un diálogo SUR-Norte. Allí deberemos partir desde una propia identidad política como Americanos para poder discernir lo que nos sirve del conocimiento europeo y lo que podemos proponer desde nuestro conocimiento localizado.

Este camino de intercepción epistemológica Sur-Norte, es la salida hacia una reforma pedagógica y curricular en nuestras sociedades que puede impulsar una apertura a la transmodernidad, entendida esta como el diálogo pluriversal de saberes que fundamenten un espacio ético que trasciende la propia modernidad blanca, patriarcal capitalista.

Por eso como infiere Dussel, en esa transmodernidad como etapa final de la emancipación latinoamericana, el humano latinoamericano “no se internará en la universalidad unívoca de una sola cultura”[1] sino que será un pluriverso en el que cada cultura dialoga con las otras culturas dominadas sobre los temas referidos a la economía política principalmente desde una base ética. Con este diálogo podremos dignificar la naturaleza como sujeto histórico. Así mismo, podremos dar un giro a la universalidad impuesta desde el  yo pienso- yo y el yo-domino del sujeto cartesiano eurocéntrico.

Pero el camino no es fácil, entendiendo principalmente que estas reformas en la cultura de nuestras Américas deben lucharse en el lodoso terreno del campo político de nuestra cotidianidad. Pues desensamblar toda la estructura moderna enquistada en nuestras sociedades no es nada fácil, aun más cuando tenemos la amenaza ambiental y nuclear rondando por encima de nosotros.

Por: Julian Escobar Ávila. Geógrafo, periodista e investigador social. Así lo encuentran en redes sociales Instagram: julianescobar60 y en Twitter como @julianaandreses.


[1]Enrique Dussel. Descolonización y Transmodernidad. Akal ediciones. Pág. 112

Boaventura de Sousa Santos. Epistemologías del SUR. Siglo XXI editores.

Sobre la enseñanza de la historia. A propósito de lo planteado por el presidente Petro

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desarrolla la conciencia histórica de los estudiantes, ayudando a situarlos en el mundo históricamente, con la posibilidad, no sólo de aferrarse o desprenderse de sus lealtades, tradiciones y adscripciones sociales o políticas, sino de verlas bajo una luz diferente.

La historia de la enseñanza de la historia señala que esta forma de comprensión del mundo ha estado sometida a los intereses políticos y a las agendas del capital humano. La pretensión de más larga data es utilizar la historia como soporte de la cohesión social o incluso del resurgimiento del orgullo patrio. Más recientemente fue objeto del eficientismo curricular que priorizó “saberes” útiles y eficientes para el ciudadano-productor-consumidor, así que se subordinó el saber histórico a la formación ciudadana y se promovió la integración (economía del conocimiento) curricular en las ciencias sociales escolares, con una terrible hostilidad hacia las disciplinas, desterradas de las licenciaturas en ciencias sociales y de las escuelas. Algunos pedagogos llegaron a afirmar que la interdisciplinariedad era parte del proyecto emancipatorio, en tanto las disciplinas correspondían al pensamiento conservador. Una legitimación ideológica que marchitó la discusión epistemológica.

La historia de la enseñanza de la historia señala que esta forma de comprensión del mundo ha estado sometida a los intereses políticos y a las agendas del capital humano

Al subordinar el pensamiento histórico a la formación ciudadana, el primero dejó de ser un pensamiento autónomo, componente esencial de toda sociedad democrática, en tanto se validó un relato del pasado de la construcción heroica de un presente que se debe preservar con los buenos modales.

Ahora, que la agenda política vuelve a plantear el retorno de la historia (la historia de Colombia) a las aulas, vale la pena la discusión.

La historia, como un saber público, es necesaria en la educación porque desarrolla la conciencia histórica de los estudiantes, ayudando a situarlos en el mundo históricamente, con la posibilidad, no sólo de aferrarse o desprenderse de sus lealtades, tradiciones y adscripciones sociales o políticas, sino de verlas bajo una luz diferente. La historia no enseña a ser consecuentes, sino a revisar reflexivamente las implicaciones de las creencias sobre ser consecuente hasta el final.

un mundo o muchos mundos en los que las herencias y futuros-presentes moldean nuestras posibilidades y han moldeado las de otros seres humanos en las sociedades humanas.

No se trata que los estudiantes confirmen formas de pensamiento que ya poseen, o aplaudir toda opinión por aquello de que el conocimiento se construye, se trata de ampliar su aparato conceptual, ayudar a los estudiantes a desarrollar formas de argumentación compleja, de explicaciones cambiantes a medida que se allegan nueves informaciones históricas. La historia en la escuela ofrece una tradición metacognitiva. No se trata de contar historias entretenidas, se trata de reconocer nuestro lugar fragmentario, lleno de incertidumbres, certezas y azares en el mundo, un mundo o muchos mundos en los que las herencias y futuros-presentes moldean nuestras posibilidades y han moldeado las de otros seres humanos en las sociedades humanas.

Miércoles de ceniza

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En los miércoles de ceniza siempre me acuerdo del colegio. De la peregrinación del colegio a la iglesia, pasamos a la misa a domicilio que constaba de cruces portátiles, manteles y cura. La misa empezaba con las palabras de la rectora, casi siempre, amenazando con el castigo divino y la nota en el Observador.

Era muy aburrido, aunque algunas veces alguien se desmayaba, dándonos el chance de comentar y mover un poquito las piernas, siempre bajo la mirada vigilante de las y los profes que cuidaban la disciplina.

La ceremonia duraba casi dos horas en una formación en el patio central, en la que nos teníamos que aguantar las ganas de ir al baño. Era muy aburrido, aunque algunas veces alguien se desmayaba, dándonos el chance de comentar y mover un poquito las piernas, siempre bajo la mirada vigilante de las y los profes que cuidaban la disciplina. Eso sí, el momento de la paz era usado para el coqueteo, al mejor estilo de una novela del siglo XIX, la agarradita de mano y decir “la paz” era lo más intenso de la jornada, después de la semana santa ya se veían las parejitas armadas, los guiños en el chismógrafo, o las caras tristes por no ser correspondidos.

Quienes se encargaban de poner la cruz eran las y los directores de curso, para hacer más eficiente el proceso. Sinceramente siempre sentí que se desquitaban de los estudiantes cansones, era a ellos a quienes más fea le quedaba la ceniza, con forma de cuadrado o de una cruz invertida.

Cuatro de ellas porque se lavaron la cara después de un partido y se les borró; de la otra, se rumoraba que era medio satánica; el profesor de diseño, del que se sabía era cristiano desde antes de la moda; y yo.

Cuando estaba terminando el colegio se empezó a poner de moda el cristianismo. Quienes habían estado en la Legión de María, ya no la adoraban y preferían no hablar de eso que parecía un oscuro pasado.

Que el colegio se llenara de gente cristiana resultó ser bueno para mí. A pesar de transcribir versículos del nuevo testamento en tercero de primaria, de copiarme de las tareas de religión durante todo el bachillerato, y de tener una pata en el infierno, como me decían algunos compañeros, la idea de dios no terminaba de convencerme.

Pasé de una misa de pie a un culto sentada. El culto tampoco me atrapó, pero por lo menos era más cómodo que la formación.

Un martes pre-ceniza algo le comenté a mi mamá sobre dios, ella, sabia y atea, me dijo: “pues no te pongas la cruz”. Siempre fui la primera de la fila, a quien mejor le quedaba la cruz, pero ese miércoles, cuando mi director de curso me iba a marcar, le dije que no. Él pensó que yo estaba atravesando por una crisis de fe, después de una charla corta en la formación, no me dejé poner la ceniza. En ese momento éramos como siete personas sin la cruz: cuatro de ellas porque se lavaron la cara después de un partido y se les borró; de la otra, se rumoraba que era medio satánica; el profesor de diseño, del que se sabía era cristiano desde antes de la moda; y yo.

Con la incursión del cristianismo en el colegio, el profesor de diseño tomó cartas en el asunto, ese año saloneó invitando quienes no querían la cruz a que se fueran a su salón. Éramos como 30, 29 personas cristianas y yo. Pasé de una misa de pie a un culto sentada. El culto tampoco me atrapó, pero por lo menos era más cómodo que la formación.

Olvidé decir que no estudié en un colegio de monjas, ni religioso, sino público, que en principio debió garantizarme educación laica. Sin embargo, los descansos eran vigilados por una estatua de la virgen María y en las formaciones nunca faltaba el padre nuestro, oración que, a propósito, nunca me aprendí completa.

La levedad del humor de Fucks News

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En redes sociales está abierto el debate sobre el «humor» del stand up «Fucks News» y, a juzgar por la cantidad de asistentes a sus shows y el impresionante número de visitas que reciben sus vídeos en YouTube, es evidente que cuentan con un gran respaldo.

El sociólogo y filósofo Gilles Lipovetsky afirma que en la actualidad vivimos en lo que él caracteriza como «la civilización de la levedad».

El debate no es sobre el humor en sí mismo, sino sobre ese tipo de humor. Dicho esto, cabe recordar que el humor es positivo para las sociedades, con el humor se transgrede, se aliviana la carga de la vida cotidiana, y se aumentan las endorfinas, pero hay una expresión del humor que viene a ser un signo de los tiempos. El sociólogo y filósofo Gilles Lipovetsky afirma que en la actualidad vivimos en lo que él caracteriza como «la civilización de la levedad».

La levedad y la pesadez siempre han estado presentes en la humanidad. El autor cita a los filósofos de la Grecia antigua —los cínicos, epicúreos y estoicos—, así como a las manifestaciones del arte, para explicar cómo, de formas concretas, se busca la liviandad o lo ligero para hacerle frente a las catástrofes, guerras, o a la vida misma signada por la pesadez.

En la actualidad, «el universo consumista tiende a presentarse como un universo aligerado de todo peso ideológico, de todo espesor de sentido» dice Lipovetsky en su libro «De la ligereza».

Pero ahora, en el capitalismo contemporáneo, la levedad parece haber derrotado a la pesadez. La nanotecnología, y el internet se imponen a la imágen de la industria pesada. En la actualidad, «el universo consumista tiende a presentarse como un universo aligerado de todo peso ideológico, de todo espesor de sentido» dice Lipovetsky en su libro «De la ligereza».

En la ligereza se persigue, por medio del consumo, un cuerpo ultra delgado que alcance la liviandad, a través de la huida del dolor, la seriedad, o la solemnidad. Es la búsqueda incesante de placer y goce inmediato. Es un hedonismo hiperindividualista. La felicidad despreocupada se impone como mandato, por lo que la contracara del capitalismo, la precariedad e incertidumbre, se convierten en un lastre que genera ansiedad al no poder alcanzar el ideal de época, debido a la falta de recursos que garanticen el consumo.

Todo, en lo absoluto, tiene gracia. En una sociedad de liviandad, el peso de la tortura, el homicidio o el feminicidio, parecen suprimirse.

Una de las formas para alcanzar esa felicidad despreocupada, si se extiende el argumento del autor para este caso, es la generalización de ese tipo de humor en el que ya, en definitiva, se «aligera todo espesor de sentido». Todo, en lo absoluto, tiene gracia. En una sociedad de liviandad, el peso de la tortura, el homicidio o el feminicidio, parece suprimirse. Pero no solo en el humor, en la prensa, dice Lipovetsky, el ritmo precipitado de las noticias “se rodea de ligereza”, con el “chorro de imágenes discontinuas” que van de lo trágico a lo entretenido, haciendo del informativo un show fugaz, un espectáculo.

En Fucks News se conjugan, de forma dramática, estas dos expresiones de lo ligero: la noticia como espectáculo, con un «humor» que vacía aún más de sentido el hecho doloroso. Un «humor» que se escuda en la libertad y en la oposición a la «cultura de la cancelación».

Lo curioso es que este tipo de «humor» propio de la ligereza, que se sustenta más en la lógica del bullying que en el absurdo o las ambigüedades y polisemias del lenguaje, también viene a poner en práctica una forma de cancelación. En redes sociales, el «me divierte» a una publicación con contenido feminista, antirracista, etc., o la burla como única respuesta a la argumentación, van impidiendo la libre exposición de ideas o el debate por el temor o el hastío que genera ese tipo de reacción.

En ese justo instante un estudiante toma una foto que se difunde y viraliza. Desde ahí viene una oleada de protestas que desembocan en el pedido de disculpas del profesor y en su despido.

Así, la cultura de la cancelación sería evidente en los sectores que, supuestamente, se oponen a la cancelación. Estos grupos de personas sostienen que «la política progre de inclusión» —una expresión ambigua que encierra tanto a las políticas liberales afirmativas como a los discursos más disruptivos y antisistema— termina siendo también opresiva, aún cuando en las prácticas cotidianas más silenciosas, menos explícitas, se sigue reproduciendo el machismo, la homofobia, el racismo, el clasismo, y en general el discurso de lo «normal» —siendo lo normal lo herotersexual, masculino, blanco, etc.—, por medio del chiste, la burla, la mirada que juzga, o la pura y llana exclusión.

Aunque también es cierto que «lo políticamente correcto», como regla, puede resultar siendo contraproducente. La serie de Netflix «La directora» o «The Chair» retrata, entre otras cosas, la reacción desproporcionada de un grupo de estudiantes cuando un profesor busca explicar la idea de absurdo existencial luego de los fascismos y la segunda guerra mundial. Cuando está exponiendo la idea, en un momento, solo con un ánimo performativo y un tanto humorístico —ese era su talante a la hora de enseñar—, hace el gesto de «Heil Hitler». En ese justo instante un estudiante toma una foto que se difunde y viraliza. Desde ahí viene una oleada de protestas que desembocan en el pedido de disculpas del profesor y en su despido.

La serie viene a mostrar un escenario extremo en el que ni se acepta, ni se entiende una expresión del humor que recurre a un símbolo opresivo no para reproducirlo ni legitimarlo, sino para cuestionarlo.

La serie viene a mostrar un escenario extremo en el que ni se acepta, ni se entiende una expresión del humor que recurre a un símbolo opresivo no para reproducirlo ni legitimarlo, sino para cuestionarlo. Claro está que ese no es el caso del tipo de «humor negro» defendido por los opositores de lo «politicamente correcto», ya que, por el contrario, este si viene a reproducir o vaciar de sentido esas estructuras de opresión. Con «The Chair», en todo caso, lo que queda sobre la mesa es que llevado al extremo y sacado de contexto, «lo políticamente correcto» si puede llevar a limitar el humor de una forma negativa.

En una nota en vídeo sobre otra polémica de Fucks News, El Espectador entrevistó hace unos meses a los expertos en medios Omar Rincón y Eduardo Arias, y los dos tenían un punto en común: la necesidad de ponerle límites al humor, pero ¿En realidad esto es posible?

Pero para quienes se burlan del conservadurismo social, y de esta forma lo transgreden, la cárcel viene a ser la respuesta del statu quo. Ese sería el límite al humor.

En otra serie, esta vez una producción para Prime Video, «La maravillosa señora Maisel», se muestra cómo en las décadas de los 50s y 60s, diversos humoristas, como la Señora Maisel, se valen del chiste para transgredir el orden conservador. Por supuesto, también hay humoristas, y estos son la mayoría, que se burlan de las mujeres, los homosexuales y la población afro, y que exaltan al hombre blanco trabajador. Pero para quienes se burlan del conservadurismo social, y de esta forma lo transgreden, la cárcel viene a ser la respuesta del statu quo. Ese sería el límite al humor.

Antes que la imposición de un límite al humor, dado que siempre estará la tendencia a su transgresión, podría tratarse entonces otra alternativa que, evidentemente, no estaría a tono con el espíritu de época —y cuyo desarrollo es poco probable—: la de procurar y promover una conciencia reflexiva sobre los efectos adversos que supone el exceso de levedad. Esto implicaría la apertura de dos caminos distintos, de dos formas de razonamiento: de un lado la conciencia reflexiva y crítica, que tiene como base a la pregunta; y del otro, con el límite, la imposición de una restricción que quiere ser superada.

Esta otra posibilidad a la hora de abordar el problema del humor negro, o mejor, de esta expresión específica del humor negro, puede permitir ir más allá de la dicotomía poco productiva: humor «negro» Vs. Cultura de la cancelación.

En una nueva emisión de Fucks News, que contó con el lleno total del teatro en el que se llevó a cabo el stand up, sus protagonistas defendieron con vehemencia su «humor» y el «libre albedrío» para «reírse de lo que sea», sosteniendo además que si la noticia del feminicidio contó con la difusión que alcanzó, fue gracias a sus chistes. La frivolidad, el vaciamiento de sentido de lo trágico y lo terrible, en últimas, la pesadez del dolor quedó anulado ante la levedad que se busca eximir de todo juicio moral; ante la banalización de la muerte violenta. Es allí, pensando tanto en el auditorio lleno como en los exponentes de la condición de época, dónde cabrían las preguntas ¿Cuál es el objeto del humor? ¿Cuáles pueden ser los efectos adversos de normalizar, por medio del humor, la crueldad? ¿Cuáles pueden ser los efectos adversos de la levedad?

La rabia uribista contra la paloma de la paz

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Es interesante que en las protestas convocadas por el Uribismo contra el actual gobierno, en Medellín se haya atacado la escultura de la paloma de la paz. El símbolo fue llevado por Juan Carlos Upegui, precandidato a la alcaldía de la ciudad. Un ejercicio que, en teoría, sería un acto de «reconciliación», en realidad fue leído como una provocación —francamente, es difícil que pueda ser leído de otra forma—, más allá de eso, lo curioso es ver cómo la paloma se constituyó en el saco de boxeo de la rabia uribista. 

Pero, en tanto símbolos, ¿qué tan homologables son la paloma de la paz con la imagen de Uribe? 

En un trino una persona afirmaba: «¿Era necesario llevar un símbolo que ellos no quieren ni se sienten representados por él? Es como si ayer nos hubieran llevado a la marcha una cara gigante de Uribe o algo así. Y ojo que no estoy defendiendo la violencia de hoy, pero lo suyo sí me parece un show innecesario». Pero, en tanto símbolos, ¿qué tan homologables son la paloma de la paz con la imagen de Uribe?

Dejando de lado el civismo ramplón que simplemente se limita a juzgar moralmente el ataque sobre objetos e infraestructura en el marco de la protesta social, la acción resulta interesante si se analiza desde el punto de vista simbólico. Si bien es cierto que en protestas convocadas por la izquierda, ciertos sectores también buscan destruir objetos e infraestructura, es preciso señalar que el punto de mira es distinto en uno y otro caso.

Pero lo que se escapa a esa lectura es la representación de cada objeto de destrucción.

Este tipo de civismo, frecuente tanto en las interpretaciones de los opinadores de grandes medios, como en las discusiones interminables de redes sociales, asume que de lo que se trata es de señalar lo común en ambas expresiones de rabia social: la destrucción. En ese terreno tiende además a equipararse lo que se sitúa como extremo: de un lado el uribismo, desde la orilla derecha, y del otro las versiones radicalizadas de la izquierda. 

Pero lo que se escapa a esa lectura es la representación de cada objeto de destrucción. En las protestas convocadas por los sectores de izquierda, algunas personas y grupos dirigen su indignación contra los cajeros y edificios de grandes bancos, expresión simbólica de la usura y el capital financiero; estatuas coloniales o, en algunos casos, de la élite criolla, que vendrían a reproducir la imagen de la colonialidad del poder y de la forma racista, clasista y centralista de la configuración republicana; o bien, contra la infraestructura de instituciones autoritarias. 

En el caso del ataque a la paloma de la paz por parte de un segmento de la movilización uribista en Medellín, el componente simbólico es evidente. Se podrá decir que es a la versión de paz del actual gobierno, aunque es bien sabido que la ideología uribista reposa sobre dos ejes fundamentales: la guerra y la persecución contra un enemigo interno —si es de izquierdas y empobrecido, mejor—, siendo estos los motores movilizadores de pasiones políticas. 

Más allá del debate sobre el respeto o no a las esculturas y edificaciones, es innegable que no se trata solo de una interpelación a cosas sin vida, sino a objetos sobre los que recae fuerza simbólica o que son expresión de algún mensaje o discurso. Los seres humanos asignan una carga simbólica a los objetos desde hace millones de años, por lo que tumbar una estatua es procurar tumbar a su vez una representación social sobre una mentalidad, una hegemonía específica o una apuesta social de pasado o futuro. 

Se podrá decir que la paloma es a la versión de paz del actual gobierno

Atacar la escultura de la paloma de la paz es, en este caso, atacar una apuesta de futuro. Es una metáfora en la que se reivindica la comodidad de lo conocido, como la revancha, la violencia política, la eliminación del oponente y el desprecio por la vida, para enarbolar, de nuevo, la ideología que sustenta la célebre frase «no se va a negociar, plomo es lo que hay, bala es lo que viene». 

La diferencia entre los objetos de destrucción es explícita: de un lado se impugna la representación de lo opresivo, explotador o autoritario; y del otro se cuestiona un discurso dirigido a la defensa de la vida —más allá de los debates existentes en torno a las ideas y los estudios de la paz—.

La derrota —temporal— de la hegemonía uribista no es la derrota de la mentalidad uribista, y las movilizaciones pasadas con sus acciones son una evidencia de eso. Teniendo en cuenta esto se abre una segunda pregunta —distinta pero conectada a lo simbólico de los actos— sobre cuál es el tiempo o el mejor momento para hacer demostraciones de fuerza, o para medir el aceite —como se dice coloquialmente—, y sobre qué se debe hacer antes de volver a convocar movilizaciones de respaldo al gobierno, dado que contarán con la respuesta inmediata y masiva del discurso de odio del uribismo, normalizado, muchas veces, por los grandes medios corporativos de comunicación.

La mercantilización de los vínculos afectivos

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Desde que tengo memoria siempre me he interesado por esas formas en las que generamos relaciones vinculares a partir de nuestros valores, pues se nos ha enseñado que los valores son esas formas que nos proyectan a futuro.

Presenciamos un tiempo en el que se cree en el principio de fomentar y cultivar solo las relaciones que nos producen beneficios

Ahora asistimos a una progresiva mercantilización de nuestras relaciones personales, incluidas las amistosas, familiares e incluso de pareja. La economía ha ido invadiendo todos los ámbitos, hasta el amoroso. Presenciamos un tiempo en el que se cree en el principio de fomentar y cultivar solo las relaciones que nos producen beneficios, mientras desechamos las que nos incomodan, así sean familiares.

Vivimos en una época donde estamos condicionados por el capitalismo cognitivo, el capitalismo de los afectos, el hiperconsumo, la productividad y la hiper-individualidad. Estas concepciones están transformando los espacios de interacción relacional entre comunidades y sujetos. Cuando me refiero a que está transformando, es que está convirtiendo los espacios y afectos en valores netamente mercantiles, con la idea de sacar ganancia a todo lo que pueda generar algún valor o ingreso. La vida de consumo en la que nos enmarcamos está condicionando nuestras formas de cohabitar y crear interacción social, cambiando percepciones sobre las formas en las que hacemos comunidad.

El consumo establece que la sociedad sólo funciona si cada uno de nosotros aporta algo económico al sistema, olvidando que nuestra esencia como sujetos va más allá de ser mercancía.

Pareciera ser que el sistema económico es un formador de la individualización, donde lo que importa es el “yo” pero es un “yo ideal” que pretende acabar con todo síntoma de reciprocidad, producido por la fetichicización de la mercancía.

Las lógicas del mercado cambian los valores de relación y cohabitación; llegando a crear una dualidad entre ser comunitarios y ser un individuo atomizado que solo se preocupa por sí mismo, olvidando la importancia de unión y reciprocidad. El consumo establece que la sociedad sólo funciona si cada uno de nosotros aporta algo económico al sistema, olvidando que nuestra esencia como sujetos va más allá de ser mercancía.

La individualización se establece ante una sociedad del consumo, pues es vital la explotación para ser productivos en políticas mercantiles. La esfera privada genera brechas desiguales por lo cual las redes de solidaridad se encuentran en tensión por la dificultad de poder avanzar en la realización de vida, las condiciones hostiles de cómo vivir influyen en la formación de relaciones.

Como lo recuerda Negri, Deleuze y Guattari profundizan más sobre la compresión posestructuralista del biopoder, renovando el pensamiento materialista hacia la cuestión de la producción del ser social:

“El control de la sociedad sobre los individuos no solo se lleva a cabo mediante la conciencia o la ideología, sino también en el cuerpo y con el cuerpo. Para la sociedad capitalista lo más importante es la biopolítica, lo biológico, lo somático, lo corporal… Deleuze y Guattari descubren la productividad de la reproducción social (producción creativa, producción de valores, relaciones sociales, afectos, hechos), pero operan para articularla sólo superficialmente y efímeramente, como un horizonte indeterminado, caótico, marcado por el evento inasible” (Negri, T, 2008, Pág. 28, 29).

La normalización de la violencia, la desigualdad y la destrucción de la naturaleza tiene que ver con la forma en la que ya no tenemos afectos por alguna cosa que no sea el dinero y la productividad.

Este cambio en la forma de organización del trabajo tiene una característica novedosa, ya que, no solo se remite a la fase productiva, sino que incorpora al ciclo entero reproducción-consumo, razón por la cual, se abandona su antigua forma de reproducción basada en la explotación para adquirir una nueva centrada en la subjetividad. La lógica productiva y consumista penetra en el desquicio de la vida (bio).

Claramente se establece que estamos en un estilo de vida posmoderno donde el consumo ahora es hiperindividualizado, para obtener placeres y emociones. El consumo es eso que ahora crea relaciones y contactos con la comunidad. Aquí es cuando entra el estudio de los comportamientos antropológicos ya que uno se empieza a preguntar sobre la forma en la que el humano crea relaciones, prácticas y ritos en las lógicas mercantilistas.

¿Por qué lo comunitario?

Lo comunitario es eso que crea redes de apoyo. Durante la historia de la humanidad lo que nos ha mantenido vivos en la supervivencia es la reciprocidad ante la carencia. Debemos plantearnos la forma en la que estamos creando comunidad ya que los ideales hegemónicos nos están conduciendo a la sectorización, y a los microfascismos. Desconocemos qué es lo que pasa en nuestra casa, el barrio, la localidad, la ciudad y el país. Desconocemos a los otros en nuestro narcisismo. En un mundo individualizado y hostil solo podemos pensar en nosotros mismos ya que no hay comunidad en la cual apoyarse.

La normalización de la violencia, la desigualdad y la destrucción de la naturaleza tiene que ver con la forma en la que ya no tenemos afectos por alguna cosa que no sea el dinero y la productividad.

Debemos plantear nuestras lógicas contrahegemónicas, la lógica de la solidaridad y la afectividad deben impregnar las lógicas del mercado, de la productividad, del hiperconsumo y la competitividad. La construcción de comunidad nos quitará la ceguera de la indiferencia.

BIBLIOGRAFÍA:

– Negri, T., Hardt, M., Cocco, G., Revel, J., García Linera, A., & Tapia, L. (2008). Imperio, multitud y sociedad abigarrada. Pensando el Mundo desde Bolivia.

Por Fagua: soy Antropólogo dedicado a la investigación social, pero desde mis ideales soy anarcocomunista, interesado por el sentido de la experiencia colectiva respetando el individualismo que nos construye como seres sintientes, cotidianamente practicando la autocrítica y la crítica contra las formas de pensamientos hegemónicos y combatiendo contra el fascismo.

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