
Contaban los antiguos que un buen día, iba Hermes conduciendo una carreta cargada de mentiras, engaños y malas artes por todo el mundo, distribuyendo su carga por los poblados en pequeñas cantidades o en dosis mínimas, para ser exactos -Deidad de griegos, jíbaros y de narcogamonales de corbata, por nombrar algunos-. Más al llegar Hermes al país de los malvados, los astutos y los pillines, según cuenta Esopo, la carreta se varó de repente en una de esas tierras – que por alguna razón he llegado a creer son estas-; y en conformidad con el talante de sus habitantes no tardaron en dejarse llevar por los oscuros impulsos y, como si se tratase de una carga preciosa y vulnerable, saquearon -otros dirían expropiaron- todo el contenido de la infeliz carreta; dejando a Hermes con la tarea ¿afortunadamente? incompleta. Moraleja: largo es el camino para llegar a la comprensión de un proyecto de Estado colombiano diferente al que tenemos, porque como dicen, está hecho cínica y milimétricamente para ROBAR.














