Inicio Blog Página 54

¿Cómo reaccionaría la Santa Inquisición ante el regreso de Jesús? la visión de Dostoievski

0

El escritor ruso Fiodor Dostoievski entre 1879 a 1880, momento en el que fue publicada la novela Los Hermanos Karamazov, especuló, en boca de Iván Karamazov, sobre la posible respuesta de la Iglesia en el tiempo de la inquisición, ante el regreso de Jesús. El viejo padre inquisidor le explica a Jesús, quien se encuentra prisionero, la forma de actuar de su institución. 

Reproducimos a continuación tan solo un fragmento de este gran escrito:

Los hermanos Karamazov – «El Gran Inquisidor»

«Sus siniestros colaboradores y los esbirros del Santo Oficio le siguen a respetuosa distancia. El cortejo fúnebre detenido, la muchedumbre agolpada ante la catedral le inquietan, y espía desde lejos. Lo ve todo: el ataúd a los pies del desconocido, la resurrección de la muerta… Sus espesas cejas blancas se fruncen, se aviva, fatídico, el brillo de sus ojos.

—¡Prendedle!— les ordena a sus esbirros, señalando a Cristo.

Bien sabes que tu venida es inoportuna. Mas yo te aseguro que mañana mismo… No quiero saber si eres Él o sólo su apariencia; sea quien seas, mañana te condenaré; perecerás en la hoguera como el peor de los herejes

Y es tal su poder, tal la medrosa sumisión del pueblo ante él, que la multitud se aparta, al punto, silenciosa, y los esbirros prenden a Cristo y se lo llevan. Como un solo hombre, el pueblo se inclina al paso del anciano y recibe su bendición.

Los esbirros conducen al preso a la cárcel del Santo Oficio y le encierran en una angosta y oscura celda.

Muere el día, y una noche de luna, una noche española, cálida y olorosa a limoneros y laureles, le sucede.

De pronto, en las tinieblas se abre la férrea puerta del calabozo y penetra el gran inquisidor en persona solo, alumbrándose con una linterna. La puerta se cierra tras él. El anciano se detiene a pocos pasos del umbral y, sin hablar palabra, contempla, durante cerca de dos minutos, al preso. Luego, avanza lentamente, deja la linterna sobre la mesa y pregunta:

—¿Eres tú, en efecto?

Pero, sin esperar la respuesta prosigue

—No hables, calla. ¿Qué podrías decirme? Demasiado lo sé. No tienes derecho a añadir ni una sola palabra a lo que ya dijiste. ¿Por qué has venido a molestarnos?… Bien sabes que tu venida es inoportuna. Mas yo te aseguro que mañana mismo… No quiero saber si eres Él o sólo su apariencia; sea quien seas, mañana te condenaré; perecerás en la hoguera como el peor de los herejes. Verás cómo ese mismo pueblo que esta tarde te besaba los pies, se apresuran, a una señal mía, a echar leña al fuego. Quizá nada de esto te sorprenda…

Verás cómo ese mismo pueblo que esta tarde te besaba los pies, se apresuran, a una señal mía, a echar leña al fuego. Quizá nada de esto te sorprenda…

(…) Cuando te dijeron, por mofa: “¡Baja de la cruz y creeremos en ti!”, no bajaste. Entonces, tampoco quisiste someter al hombre con el milagro, porque lo que deseabas de él era una creencia libre, no violentada por el prestigio de lo maravilloso; un amor espontáneo, no los transportes serviles de un esclavo aterrorizado. En esta ocasión, como en todas, obraste inspirándote en una idea del hombre demasiado elevada: ¡Es esclavo, aunque haya sido creado rebelde! Han pasado quince siglos: ve y juzga. ¿A quién has elevado hasta ti? El hombre, créeme, es más débil y más vil de lo que tú pensabas. ¿Puede, acaso, hacer lo que tú hiciste? Le estimas demasiado y sientes por él demasiado poca piedad; le has exigido demasiado, tú que le amas más que a ti mismo. Debías estimarle menos y exigirle menos. Es débil y cobarde.

al cabo, comprenderán que el que les ha creado rebeldes les ha hecho objeto de una burla y lo gritarán, desesperados.

El que hoy se subleve en todas partes contra nuestra autoridad y se enorgullezca de ello, no significa nada. Sus bravatas son hijas de una vanidad de escolar. Los hombres son siempre unos chiquillos: se sublevan contra el profesor y le echan del aula; pero la revuelta tendrá un término y les costará cara a los revoltosos. No importa que derriben templos y ensangrienten la tierra: tarde o temprano, comprenderán la inutilidad de una rebelión que no son capaces de sostener. Verterán estúpidas lágrimas; pero, al cabo, comprenderán que el que les ha creado rebeldes les ha hecho objeto de una burla y lo gritarán, desesperados. Y esta blasfemia acrecerá su miseria, pues la naturaleza humana, demasiado mezquina para soportar la blasfemia, se encarga ella misma de castigarla.

pero la revuelta tendrá un término y les costará cara a los revoltosos. No importa que derriben templos y ensangrienten la tierra: tarde o temprano, comprenderán la inutilidad de una rebelión que no son capaces de sostener.

(…) dueños de Roma y la espada de César, nos declaramos los amos del mundo. Sin embargo, nuestra conquista no ha acabado aún, está todavía en su etapa inicial, falta mucho para verla concluida; la tierra ha de sufrir aún durante mucho tiempo; pero nosotros conseguiremos nuestro objeto, seremos el César y, entonces, nos preocuparemos de la felicidad universal. Tú también pudiste haber tomado la espada de César; ¿por qué rechazaste tal don? Aceptándole, hubieras satisfecho todos los anhelos de los hombres sobre la tierra, les hubieras dado un amo, un depositario de su conciencia y, a la vez, un ser en torno a quien unirse, formando un inmenso hormiguero, ya que la necesidad de la unión universal es otro de los tres supremos tormentos de la Humanidad. La humanidad siempre ha tendido a la unidad mundial. Cuanto más grandes y gloriosos, más sienten los pueblos ese anhelo. Los grandes conquistadores, los Tamerlan, los Gengis Kan que recorren la tierra como un huracán devastador, obedecen, de un modo inconsciente, a esa necesidad. Tomando la púrpura de César, hubieras fundado el imperio universal, que hubiera sido la paz del mundo. Pues, ¿Quién debe reinar sobre los hombres sino el que es dueño de sus conciencias y tiene su pan en las manos?

(…) Les convenceremos de que no serán verdaderamente libres, sino cuando nos hayan confiado su libertad.

(…) Les convenceremos de que no serán verdaderamente libres, sino cuando nos hayan confiado su libertad. ¿Mentiremos? ¡No! Y bien sabrán ellos que no les engañamos, cansados de las dudas y de los terrores que la libertad lleva consigo. La independencia, el libre pensamiento y la ciencia llegarán a sumirles en tales tinieblas, a espantarlos con tales prodigios, (…) que los menos suaves y dóciles se suicidarán; otros, también indóciles, pero débiles y violentos, se asesinarán, y otros —los más—, rebaño de cobardes y de miserables, gritarán a nuestros pies: “¡Sí, tenéis razón! Sólo vosotros poseéis su secreto y volvemos a vosotros! ¡Salvadnos de nosotros mismos!”

¡Comprenderán, al cabo, el valor de la sumisión! Y mientras no lo comprendan, padecerán.

No se les ocultará que el pan —obtenido con su propio trabajo, sin milagro alguno— que reciben de nosotros se lo tomamos antes nosotros a ellos para repartírselo, y que no convertimos las piedras en panes. Pero, en verdad, más que el pan en sí, lo que les satisfará es que nosotros se lo demos. Pues verán que, si no convertimos las piedras en partes, tampoco los panes se convierten, vuelto el hombre a nosotros, en piedras. ¡Comprenderán, al cabo, el valor de la sumisión! Y mientras no lo comprendan, padecerán. ¿Quién, dime, quién ha puesto más de su parte para que dejen de padecer? ¿Quién ha dividido el rebaño y le ha dispersado por extraviados andurriales? Las ovejas se reunirán de nuevo, el rebaño volverá a la obediencia y ya nada le dividirá ni lo dispersará. Nosotros, entonces, les daremos a los hombres una felicidad en armonía con su débil naturaleza, una felicidad compuesta de pan y humildad. Sí, les predicaremos la humildad — no, como Tú, el orgullo.

Y, como les permitiremos pecar, nos amarán con un amor sencillo, infantil. Les diremos que todo pecado cometido con nuestro permiso será perdonado, y lo haremos por amor, pues, de sus pecados, el castigo será para nosotros y el placer para ellos.

Les probaremos que son débiles niños, pero que la felicidad de los niños tiene particulares encantos. Se tornarán tímidos, no nos perderán nunca de vista y se estrecharán contra nosotros como polluelos que buscan el abrigo del ala materna. Nos temerán y nos admirarán. Les enorgullecerá el pensar la energía y el genio que habremos necesitado para domar a tanto rebelde. Les asustará nuestra cólera, y sus ojos, como los de los niños y los de las mujeres, serán fuentes de lágrimas. ¡Pero con que facilidad, a un gesto nuestro, pasarán del llanto a la risa, a la suave alegría de los niños! Les obligaremos, ¿Qué duda cabe?, a trabajar; pero los organizaremos, para sus horas de ocio, una vida semejante a los juegos de los niños, mezcla de canciones, coros inocentes y danzas. Hasta les permitiremos pecar — ¡su naturaleza es tan flaca!—.

Y nos obedecerán, muy contentos. Nos someterán los más penosos secretos de su conciencia, y nosotros decidiremos en todo y por todo

Y, como les permitiremos pecar, nos amarán con un amor sencillo, infantil. Les diremos que todo pecado cometido con nuestro permiso será perdonado, y lo haremos por amor, pues, de sus pecados, el castigo será para nosotros y el placer para ellos. Y nos adorarán como a bienhechores. Nos lo dirán todo y, según su grado de obediencia, les permitiremos o les prohibiremos vivir con sus mujeres o sus amantes y les consentiremos o no les consentiremos tener hijos. Y nos obedecerán, muy contentos. Nos someterán los más penosos secretos de su conciencia, y nosotros decidiremos en todo y por todo; y ellos acatarán, alegres, nuestras sentencias, pues les ahorrarán el cruel trabajo de elegir y de determinarse libremente.

(…) Lo que te digo se realizará; nuestro imperio será un hecho.

Y te repito que mañana, a una señal mía, verás a un rebaño sumiso echar leña a la hoguera donde te haré morir, por haber venido a perturbarnos. ¿Quién más digno que Tú de la hoguera? Mañana te quemaré. Dixi [He dicho]».

El mal tratamiento mediático a las violencias basadas en género

0

Colombia, 1 de abril de 2021. El pasado 29 de marzo la Fundación Feminicidios Colombia compartió en sus redes sociales, un post sobre el “Tratamiento mediático de las desapariciones de niñas. Análisis del caso de Sara Sofía en Revista Semana”, allí señala cómo estos hechos son presentados desde la espectacularización, con el uso de lugares comunes de la redacción noticiosa como “trágica historia”, “escalofriantes detalles” o mostrando fotografías revictimizantes. 

Señalan cómo está normalizada la violencia, siendo un ejemplo cuando en el caso de la madre de Sara Sofía se difundió que era explotada sexualmente por “su pareja sentimental”, como un dato adicional y casi anecdótico.

A su vez, nuestra cómo estos hechos son usados como banderas partidistas, mientras la información es sacada de contexto y reproduciendo estereotipos de clase y género.

Tratamiento mediático de las desapariciones de las niñas «Análisis del caso de Sara Sofía en Revista Semana».

Los…

Publicada por Fundación Feminicidios Colombia en Lunes, 29 de marzo de 2021

Situaciones tan terribles como la de Sara Sofía, son individualizadas y presentadas de forma desarticulada de la desigualdad social, de la injusticia, del empobrecimiento, resultado del sistema capitalista y patriarcal, al considerarse que estas conexiones obedecen a un lenguaje panfletario antes que a la realidad social misma.

Sumado a esto, también está el desconocimiento en los medios corporativos sobre las violencias basadas en género y cómo abordarlas. El informe de No es hora de callar: «Medios de Comunicación y Violencia de Género» señala entre otras cosas que: 

«La violencia de género, por lo general, es asumida por los periodistas que cubren temas judiciales, lo que limita los casos a las cifras de entidades públicas, crónica roja sobre crímenes y procesos jurídicos».

«Existe un notable desconocimiento del tema en general y del significado de ‘violencia de género, o violencia basada en género’».

«A nivel general hay desconocimiento del uso correcto del lenguaje, imágenes, audios y gráficos que deben acompañar la información que se genera sobre violencia de género».

«Hay una marcada tendencia, por parte de los periodistas hombres, a prejuzgar a las víctimas, en casos de feminicidio y violencia sexual».

«Las redacciones, en general, consideran que los temas políticos y económicos, no deben llevar enfoque de género y que no tienen ningún tipo de relación con violencia basada en género». 

«Un número significativo de directores, jefes de redacción, editores y periodistas considera que el tema de violencia basada en género, es ‘una cuestión de grupos feministas’». 

Frente a los temas relacionados con mujeres, adolescentes y niñas, el cubrimiento que realizan algunos medios de comunicación, particularmente los de carácter corporativo, que tienen como objetivo conseguir accesos a sus páginas web, contribuyen a generalizar e incluso justificar las violencias hacia las mujeres, por medio de la espectacularización de la noticia.

Oneida Chiro en la investigación que adelantó sobre la violencia de género y los medios de comunicación social en 2019, señala:

La «violencia ejercida hacia las mujeres de manera sistemática a través de los Medios de Comunicación Social desencadena una visión distorsionada de la realidad de las mujeres, asumiendo sus condiciones de vulnerabilidad como algo normal y natural, aumentando el nivel de violencia hacia éstas e impidiendo no sólo el logro de la igualdad plena entre los sexos, sino acrecentando una información desvirtuada acerca de lo que significa ser mujer, ofreciendo de ellas una imagen estereotipada y lejos de la realidad»

Informar sin una reflexión de cómo se informa, pero sí mediada por una lógica de likes y de ingresos a los contenidos, puede desembocar en la complejización de la situación de las mujeres:

«En este sentido y paulatinamente, esto va desembocando en un machismo muy bien construido, lo cual también en la medida en que se desarrolla o crece hace mucho daño, ya que el problema no sólo está en la imagen distorsionada que se presentan, sino en la ‘creencia’ que nace en cada espectadora o espectador a partir de lo que ve u oye», señala Ochiro.

Las y los lectores juegan un papel importante a la hora de exigir que la forma de comunicar no sea, por acción u omisión, desde la revictimización, dejando de lado esos artículos que poco aportan, en este caso, a saber sobre la situación de Sara Sofía, sino que instrumentalizan su historia para conseguir objetivos comerciales, mientras se quedan con una parte de la noticia y reproducen estereotipos que no contribuyen a una opinión pública informada y empática.

Algunos titulares relacionados con el caso son:

Sara Sofía: detalles inéditos de su desaparición en Patio Bonito. El Tiempo.

En Vídeo | Buscando a Sara Sofía, así ha sido el viacrucis por saber qué pasó con la pequeña. Revista Semana.

El Control al caso de Sara Sofía y el silencio de algunos políticos progresistas. Revista Semana.

En Vídeo | La tragedia de Sara Sofìa, las claves del caso que conmueve a Colombia. Revista Semana.

Exclusivo: las imágenes del operativo de búsqueda de Sara Sofía este miércoles. Revista Semana.

El video de Sara Sofía que rompe el corazón. Las 2 Orillas.

“Ni siquiera un animal hace eso con su hijo”: fiscal que investiga desaparición de Sara Sofía. Noticias Caracol.

Feministas piden que madre de Sara Sofía sea tratada como víctima. RCN Radio.

¿Un nuevo ciclo de la guerra en Colombia?

0

A un poco más de 4 años de la firma del Acuerdo con las FARC y ad-portas de una nueva campaña electoral, vale la pena ubicarnos y traer a la mesa el «análisis de salvamento» que hace el investigador Francisco Gutiérrez Sanín, de la Universidad Nacional de Colombia, en su libro ¿Un nuevo ciclo de la guerra en Colombia? sobre la implementación del Acuerdo y el posible futuro político. Sea dicho que el texto tiene un lenguaje ameno, hace gala de un fino humor sarcástico y se lee de una sentada. Sin dudas, el capítulo de Lo que se nos viene pierna arriba es el más interesante porque se aventura a detallar las nuevas disposiciones de la guerra.

Es contundente. Las condiciones están dadas para que Colombia, después del corto periodo de paz minimalista que tuvo, entre en un tercer ciclo de violencia[1]. Las razones son varias, sin embargo, en términos generales se habla de una deficiente implementación del Acuerdo, un contexto internacional adverso donde se fortalece la visión de mundo antiliberal, un discurso de Gobierno que programáticamente no se recoge en el Acuerdo y menosprecia la capacidad de los grupos irregulares para retar al Estado, y a un marcado fortalecimiento de grupos armados que retoman actividades y ganan legitimidad en medio de la desigualdad social, rentas ilícitas y precaria presencia nacional del Estado. Un panorama entristecedor.

Sobre la implementación del Acuerdo el tema es amplio y pasa por varias dimensiones. Una de las más importantes corresponde a la claridad de que en estricto sentido no se tiene un acuerdo, pues una de las partes se arroga el derecho de cambiar lo acordado e implementar unilateralmente lo que considera pertinente. Otra corresponde al incumplimiento del Gobierno sobre el tema de sustitución integral en el cual se ha dejado de lado la sustitución voluntaria, entrega de subsidios, dotación de infraestructura y bienes públicos, formalización y acceso a tierras y fortalecimiento de la vida participativa. Respecto al punto agrario, del millón de hectáreas prometidas no han pasado más de 30 mil a manos de los campesinos y «el interés del gobierno ha sido reformar la política de restitución de tierras y garantizar acceso de los empresarios a baldíos». En lo que corresponde a las condiciones para la participación política, el uribismo ha presionado para sacar a la guerrilla desmovilizada de la competencia política y el asesinato a líderes sociales viene en aumento. Por último, en el tema de justicia transicional, la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas, la Justicia Especial para la Paz y la Comisión de la Verdad han sido blanco de la extrema derecha con la intención de hacerlas sucumbir. Para Gutiérrez Sanín «…ya mucho del Acuerdo quedó hecho trizas. Además, considerando por separado cada uno de los puntos que lo constituyen, lo fundamental no se ha hecho, y es probable que ya no se haga…», adicionalmente «las transformaciones territoriales prometidas en el Acuerdo tampoco se han hecho realidad. Ni de lejos».

La paz es frágil y el uribismo es quien más ha querido cercenarla o verla fracasar. A esa derecha radical le corre una de las críticas más grandes ya que su programa político choca de frente con el Acuerdo en dos escenarios: justicia transicional y política de tierras.

Si bien el uribismo ha adecuado su discurso al pos-Acuerdo, ha hecho lo posible por impedir su implementación en varios frentes, uno de ellos es en el gobierno por medio de un travestismo internacional y la desfinanciación de la paz, y en el parlamento a través de ataques a la justicia transicional, iniciativas contra la reforma política y las políticas de acceso a tierras, y constantes intenciones de reformar el Acuerdo; en lo ideológico no se distancia de las dinámicas violentas que abrigan sus auditorios, los cuales se justifican en una ramplona narrativa antisubversiva que a menudo están paramilitarizados y narcotizados y ven a la justicia transicional como una amenaza; en ese mismo frente ideológico, tienen entre sus filas a grandes acumuladores de tierras y ganaderos vinculados a la financiación y liderazgo del paramilitarismo los cuales no toleran ninguna política de acceso a la tierra para los campesinos, organización del predial rural o reparación a las víctimas; finalmente, el uribismo tiene un discurso de odio y una «veta de violencia» que justifica los llamados a la intimidación armada y al homicidio político, no es sino recordar «las masacres con sentido social» o las constantes iniciativas para flexibilizar el uso de las armas. Sobre lo anterior, Gutiérrez es incisivo al criticar al conglomerado propaz: «Lo que no puede suceder con los pacifistas sinceros es que por una parte promuevan «la paz estable y duradera» y por la otra no desarrollen una política seria y consistente frente al uribismo» y agrega que «…las debilidades, inconsistencias y vacíos de la retórica pacifista han contribuido también a este bloqueo en el que nos encontramos».

Dentro de los factores que robustecen la removilización, la cual no se despoja totalmente de motivaciones y discursos políticos, se presentan crudas dinámicas:  mandos medios de las FARC han creado nuevos grupos o se han unido a ellos, existe un flujo significativo de retorno de combatientes rasos al monte, parte de las milicias de las FARC se rearmaron en diversos proyectos, el ELN sigue activo y cuenta con al menos 2000 miembros, el control territorial del ELN y las disidencias sobre algunos municipios se ha solidificado, el EPL no ha desaparecido y las organizaciones armadas irregulares pueden refugiarse en Venezuela. Así mismo, vale mencionar que pese al cambio tecnológico que trae la nueva sociedad interconectada y que en cierta medida da ventajas a las capacidades de las fuerzas militares del Estado, como por ejemplo los mecanismos para la ubicación de irregulares en zonas selváticas vía georreferenciación satelital, estos grupos no se quedan atrás y estarían en capacidad para ingresar a los nuevos teatros de confrontación. Los facilitadores son varios: aumento de tropas vía removilización, acceso a capacidad de fuego de punta, uso militar de tecnologías democratizadas como los teléfonos inteligentes o las impresoras 3D, presencia y participación en la vida económica y política en centros urbanos intermedios y conocimientos sobre la guerra heredados de la lucha guerrillera y paramilitar. En síntesis, los irregulares tienen capacidad para entrar a una guerra actualizada versión siglo XXI.

Son tres las plazas más importantes: viabilizar la recuperación económica pospandemia, derrotar al uribismo por un amplio margen y bregar para salvar lo que se pueda del Acuerdo. De lo contrario, «plomo es lo que hay, plomo es lo que viene».

Aun con esa visión oscura del futuro político colombiano, Gutiérrez asegura que el Acuerdo es «…una oportunidad única, que puede influir decisivamente sobre las próximas generaciones de colombianos. No la vayamos a desperdiciar». Al respecto presenta algunos aspectos positivos de la Colombia contemporánea: el primero corresponde al  balance de lo ganado por el Acuerdo, donde incluye los factores humanitarios que han permitido salvar muchas vidas, las innovaciones institucionales para focalizar operaciones sobre «condiciones subyacentes al conflicto» y las nuevas voces o actores políticos que fueron promovidos por la paz; el segundo se refiere a que hoy Colombia es un país diferente al de las guerrillas comunistas de los 60, ya que el proyecto guerrillero ruralista no tiene éxito en medio de una sociedad urbanizada y tampoco es fructífero reclutar en una población envejecida, así mismo es un país mucho más rico, cuenta con una oferta educativa más amplia, tiene una firme dinámica migratoria, hay una nueva constitución que ha abierto el sistema político y la sociedad considera que apelar a la violencia hoy es menos tolerable. A final de cuentas, asegura que la posibilidad de recaída en el conflicto es alta con todo y esos elementos a favor de la paz.

El libro del profesor Francisco es valioso porque nos sitúa sin florituras en el aquí y el ahora, y nos alienta a reconocer que estamos en mora de activar nuestras capacidades políticas como ciudadanos del común para construir y fortalecer un proyecto plebeyo de paz democrática que supere la frustración y desilusión de nuestra generación y ofrezca un nuevo relato. Son tres las plazas más importantes: viabilizar la recuperación económica pospandemia, derrotar al uribismo por un amplio margen y bregar para salvar lo que se pueda del Acuerdo. De lo contrario, «plomo es lo que hay, plomo es lo que viene».

[1] El primero fue el periodo de «La violencia» que enfrentó a gobiernos conservadores contra guerrillas liberales y el segundo correspondió a la «guerra contrainsurgente» que fue protagonizado por guerrillas, gobierno y paramilitares.

Crítica libertaria de la democracia liberal

0

Este modelo ha sido criticado por perspectivas que defienden el cambio social, y que proponen otros modelos democráticos como la democracia radical o la democracia directa. 

Diversas expresiones políticas han puesto de manifiesto que existen distintos modelos democráticos, siendo solo uno de ellos el de la democracia liberal, hegemónico hoy en una importante porción del mundo. Este modelo ha sido criticado por perspectivas que defienden el cambio social, y que proponen otros modelos democráticos como la democracia radical o la democracia directa. 

Revista Hekatombe creemos que es fundamental tener en el radar distintas perspectivas a la hora de criticar la democracia restringida y de indagar sobre otras formas posibles de democracia.

En este artículo de #Demokracia compartimos a continuación, una suerte de sistematización hecha por el politólogo Carlos Taibo, de la crítica anarquista a la democracia liberal, que hace parte de su libro Repensar la anarquía. Cabe señalar que cuando el autor hace uso del término libertario, no se refiere a la tendencia contemporánea que defiende una versión extrema del libre mercado y la competencia en detrimento de la solidaridad social, en el terreno económico, y del pensamiento conservador en el terreno político; sino a la postura que promueve valores como el apoyo mutuo, la autonomía, el anti autoritarismo, la autogestión y la acción directa. 

En Revista Hekatombe creemos que es fundamental tener en el radar distintas perspectivas a la hora de criticar la democracia restringida y de indagar sobre otras formas posibles de democracia.

Crítica de la democracia

La crítica libertaria de la democracia liberal sugiere que esta última, pese a la retórica, nada tiene que ver con el cacareado principio de la mayoría: se inspira, antes bien, en minorías directoras que generan de manera coactiva consensos interesados y reprimen todo lo que opera en contra de estos últimos.

Pese a que lo común en el pensamiento libertario es que se reivindique la democracia directa, lo cierto es que cada vez hay más personas que parecen concluir que, habida cuenta de la degradación experimentada por la propia palabra democracia, igual ha llegado el momento de buscar términos menos gastados. Esto aparte, aunque muchos pensadores libertarios distinguen, en cuanto a grado de perversión, unas u otras formas de poder político, procuran no engañarse sobre el sentido de fondo de la democracia liberal. Con respecto a ésta se habla a menudo de farsa y de explotación, de desigualdad y de injusticia, de ilusión de la representación y de manipulación desde los medios al servicio del poder. 

«El sistema representativo, lejos de ser una garantía para el pueblo, propicia y garantiza, por el contrario, la existencia permanente de una aristocracia gubernamental que actúa contra el pueblo» (Bakunin).

La crítica libertaria de la democracia liberal sugiere que esta última, pese a la retórica, nada tiene que ver con el cacareado principio de la mayoría: se inspira, antes bien, en minorías directoras que generan de manera coactiva consensos interesados y reprimen todo lo que opera en contra de estos últimos. Curioso es que se postule el principio de «un hombre, un voto» para apuntalar un sistema asentado en la que al cabo es una organización científica e inamovible de la desigualdad que hace uso, eso sí, de una aparente pluralidad desarrollada en circuito cerrado. Para que nada falte, en fin, la democracia liberal parece inexorablemente vinculada con el aprestamiento de un grupo humano parasitario. «El sistema representativo, lejos de ser una garantía para el pueblo, propicia y garantiza, por el contrario, la existencia permanente de una aristocracia gubernamental que actúa contra el pueblo» (Bakunin).

Mientras el poder económico se concentra, otro tanto ocurre con el político en un escenario lastrado por la oligarquía y la desigualdad.

Pero hay que preguntarse también por qué la democracia liberal deja manifiestamente fuera de su alcance la economía y el mundo del trabajo, o, peor aún, subordina el sistema político a los intereses de poderosas empresas privadas. De la mano de un proyecto que atiende al visible propósito de ratificar los privilegios de los poderosos, la mayoría se ve paradójicamente excluida de la toma de decisiones. Mientras el poder económico se concentra, otro tanto ocurre con el político en un escenario lastrado por la oligarquía y la desigualdad. La democracia liberal acarrea, en suma, una agresión en toda regla contra todo tipo de organización alternativa, horizontal e igualitaria. De resultas, niega palmariamente la diversidad y procura cancelar por completo la posibilidad de buscar otros horizontes. 

Quien a estas alturas piense que la corrupción es un problema vinculado con determinadas personas y coyunturas mucho me temo que está esquivando el fondo de la cuestión. 

Subrayaré, en fin, que es evidente que la farsa democrática se ha perfeccionado: no presenta hoy los mismos perfiles que se revelaban en tiempos de Bakunin o de Kropotkin. Ha engrasado, así, y por un lado, los mecanismos de integración de la mano de la ilusión del consumo, de la generación de dependencias o del reconocimiento de ficticios derechos. Claro es que, en sentido contrario, y en los tiempos más recientes, resulta fácil apreciar una irrefrenable deriva autoritaria y un esfuerzo encaminado, no sin paradoja, a cancelar o mitigar la influencia de mecanismos de integración como los recién mencionados. El desastre del escenario político actual no es el producto de una deriva azarosa: surge, inevitablemente, de los cimientos de la democracia liberal y era acaso insorteable. Quien a estas alturas piense que la corrupción es un problema vinculado con determinadas personas y coyunturas mucho me temo que está esquivando el fondo de la cuestión. 

La democracia directa

La lógica de la democracia directa conduce de manera inevitable a contestar el mundo de los partidos, que no es otro que el mundo de la delegación y la separación, de los dirigentes y las jerarquías, de las elecciones y los parlamentos.

(…) en el mundo libertario hay una defensa franca de la democracia directa. Esa defensa se asienta en un rechazo de la delegación y la representación, en la postulación de organizaciones sin coacciones ni liderazgos, y en el repudio de cualquier tipo de gobierno. Para ser hacedero, todo lo anterior exige, por lógica, un previo y activo proceso de descentralización, de descomplejización y de reducción del tamaño de las comunidades políticas. La lógica de la democracia directa conduce de manera inevitable a contestar el mundo de los partidos, que no es otro que el mundo de la delegación y la separación, de los dirigentes y las jerarquías, de las elecciones y los parlamentos.

sospecho que el empeño de esas tres familias políticas no consiste en subrayar las dificultades vinculadas con la aplicación de la democracia directa en sociedades complejas, sino en defender las ventajas que, para el desorden existente, tiene la seudodemocracia representativa.

(…) Añadiré que el debate sobre la democracia directa de siempre se ha visto marcado por quejas en lo que se refiere a la supuesta imposibilidad de despliegue de aquélla. En el argumento han coincidido recurrentemente leninistas, socialdemócratas y liberalconservadores, sin preguntarse, claro, por la idoneidad de sus modelos y sin percatarse, más aún, de en qué medida la hostilidad con que obsequian a la democracia directa no es una explicación, siquiera parcial, del eventual fracaso de muchas de las manifestaciones de ésta. Más allá de ello, sospecho que el empeño de esas tres familias políticas no consiste en subrayar las dificultades vinculadas con la aplicación de la democracia directa en sociedades complejas, sino en defender las ventajas que, para el desorden existente, tiene la seudodemocracia representativa. En semejante escenario me limitaré a enunciar la convicción de que el sistema que padecemos, perfectamente preparado para afrontar los muy relativos espasmos opositores que blanden leninistas y socialdemócratas, no lo está tanto, en cambio, para responder al reto de la democracia desde abajo. 

El periodismo comprometido de Rodolfo Walsh

0

A continuación, reproducimos un texto sobre la forma de hacer periodismo de Rodolfo Walsh, que fue escrito por Hugo Montero, quien lideró el proyecto independiente Revista y Editorial Sudestada en Argentina, y falleció el pasado 22 de marzo de 2021 debido a una insuficiencia cardiaca diagnosticada tardíamente, mientras se recuperaba del contagio por Covid 19. Montero se formó en periodismo, y en sus años universitarios no tardó en inclinarse por la comunicación popular y alternativa.

Escribió junto a Ignacio Portela, las biografías de Fabián Polosecki, “Polo: el buscador “ y la de Rodolfo Walsh, “Los años montoneros”, y de forma individual la biografía de Jorge Ricardo Masetti “Masetti, sueñero del Che”.  

Rodolfo Walsh, por su parte, fue un periodista y escritor argentino, cuyo compromiso social lo llevó a integrarse a la organización insurgente peronista “Montoneros”. 

Walsh descifró los mensajes secretos que contenían los planes de Estados Unidos de invadir Playa Girón

Arrancando los años 60, poco después de la revolución cubana, se dice que cuando se encontraba en la isla, construyendo junto a Jorge Ricardo Masetti y Gabriel García Márquez la Agencia de Noticias Prensa Latina, Walsh descifró los mensajes secretos que contenían los planes de Estados Unidos de invadir Playa Girón. Con este descubrimiento, fue enviado por el gobierno cubano a Guatemala para infiltrarse como un pastor religioso, y dar con uno de los campamentos estadounidenses de entrenamiento de soldados cubanos reaccionarios.

Su llegada a Cuba había sido bajo el prestigio que había despertado una de sus obras más conocidas, la novela de no ficción Operación Masacre, publicada en 1957, y que trataba sobre los asesinatos de prisioneros peronistas que se habían levantado contra el golpe militar de 1955. Luego de la publicación del libro, escribió tanto artículos periodísticos como cuentos policiacos y novelas que poco a poco fueron teniendo un carácter político. 

Arrancando la década de los 70, se vincula al peronismo de base, una expresión de masas del peronismo de izquierda, mientras se integraba primero a la organización político-militar Fuerzas Armadas Peronistas, y en 1973 a Montoneros. 

La Carta de un escritor a la junta militar, que distribuyó en marzo de 1977, un testimonio vivo sobre la política de terror, la administración de la muerte de divergentes y el despojo de la esperanza que llevaba a cabo la dictadura con toda tranquilidad. 

Con el golpe militar de 1976, organiza la Agencia Clandestina de Noticias, como fuente alternativa frente al creciente control informativo que ejerce la dictadura. En septiembre del mismo año, fue asesinada su hija mayor de 26 años, María Victoria Walsh —también periodista y militante montonera— mientras combatía la dictadura. Con el pasar de los días, el desespero de Walsh por la muerte de su hija, la represión descarnada y los cientos de asesinatos de compañeros de militancia tanto de su organización como de otras organizaciones de izquierda, lo llevaron a redactar la Carta de un escritor a la junta militar, que distribuyó en marzo de 1977, un testimonio vivo sobre la política de terror, la administración de la muerte de divergentes y el despojo de la esperanza que llevaba a cabo la dictadura con toda tranquilidad. 

La carta arrancaba así: “La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años.

El primer aniversario de esta Junta Militar ha motivado un balance de la acción de gobierno en documentos y discursos oficiales, donde lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades”.

La envió a distintos periódicos argentinos en los que no fue publicada, y a otros extranjeros. Pero sintiendo que esta distribución de su denuncia, escrita con dolor, indignación y un serio criterio periodístico, aún era insuficiente, decidió poner otras copias en los buzones y las puertas de las casas de las y los argentinos de a pie. Cuando estaba caminando y pensando en, tal vez, de qué otra forma podría repartir su escrito, fue interceptado por las fuerzas militares. En un intento por capturarlo vivo, el periodista y escritor militante sacó un arma calibre 22 corto, abrió fuego y recibió como intercambio una ráfaga de ametralladora de los militares de civil. Su familia, amigos y sus compañeras y compañeros nunca supieron del paradero de su cuerpo, que fue desaparecido por las fuerzas del orden. 

Walsh, consciente de su papel intelectual en tanto escritor y periodista, dijo en sus años de compromiso político:

“Un intelectual que no comprende lo que pasa en su tiempo y en su país es una contradicción andante, y el que comprendiendo no actúa, tendrá un lugar en la antología del llanto, no en la historia viva de su tierra”.

Escribir es escuchar

Por: Hugo Montero

¿Existe una fórmula Walsh? ¿Cuál era el método de trabajo del periodista? ¿Es posible aplicar algunos aspectos de su estilo en la investigación periodística hoy? “Escribir es escuchar”, definió Walsh, y no hay una frase mejor que sintetice su forma de abordar la investigación. El curioso que observa, el atento que escucha, el inquieto que se moviliza. El único método posible para el periodista que partió en dos mitades el violento oficio de escribir en la Argentina de los sesenta.

Llevó al extremo esa capacidad cuando hizo del ejercicio de la escucha atenta su propio oficio militante, cuando se preocupó por sistematizar la decodificación de mensajes policiales con artesanal tecnología pero con una tenacidad sin pausa.

“Escribir es escuchar”, dijo Walsh, y toda su vida periodística parece estar signada por esa breve sentencia. No hubo otro escritor con su olfato para atrapar en el aire fugaces destellos de la realidad y transformarlos en potentes metáforas de un presente siempre difícil de sintetizar desde la crónica. Llevó al extremo esa capacidad cuando hizo del ejercicio de la escucha atenta su propio oficio militante, cuando se preocupó por sistematizar la decodificación de mensajes policiales con artesanal tecnología pero con una tenacidad sin pausa. Allí también confirmó el valor de escuchar para intentar comprender. También en la vida cotidiana eligió la vereda de los que escuchan primero. Introvertido, reservado y cauto pero muy observador, Walsh elegía las palabras con cuidado antes de emitir opiniones políticas: sabía esperar su momento, analizar los acontecimientos, no se arrebataba en el fragor de una discusión y prefería el silencio como aliado en muchas conversaciones. Para Lilia, “era más escuchador que conversador, pero lo hacía con mucho interés. Era ese tipo de persona que escucha como interrogando. Él decía que escribir es escuchar, y por eso andaba siempre con un grabador”. “Con los amigos era un hombre muy inteligente. Ese tipo de gente que no es que acapare la atención de un grupo porque habla y se manda una gran disertación, sino que yo notaba que generaba siempre interés lo que él podía decir”, agrega Lilia. Confirma esta imagen Horacio Verbitsky, otro que sabía desde la intimidad compartida que la verborragia no era una cualidad que identificara a Walsh: “Escuchaba mucho, era muy reflexivo; pero cuando decía algo había que escucharlo porque no hablaba tonterías. Era muy preciso y muy profundo”.

Recorrer su trabajo periodístico es toparse, una y otra vez, con la tradición del escuchador entrenado.

Recorrer su trabajo periodístico es toparse, una y otra vez, con la tradición del escuchador entrenado. Del “Hay un fusilado que vive” que pescó casi al voleo una noche calurosa en un bar de La Plata y que motivó la investigación sobre los fusilamientos en José León Suárez, hasta el relato minucioso de cada trabajador que recogía con un grabador colgado del cuello en las asambleas en la sede de la Federación Gráfica, pasando por sus notas en Panorama, que siempre reflejaban las expresiones de los paisanos del noreste argentino, dando cuenta de antiguas leyendas populares o incorporando el habla del pueblo a su propio diccionario como cronista. No hay un solo artículo que no respete esta consigna, no hay un solo relato que no integre las voces ajenas al episodio narrado. “Carnaval Caté” comienza así: “El señor Boschetti miró al cielo y dijo: ‘Con tal que no llueva’”. En “La isla de los resucitados”, publica un extenso testimonio de uno de los pacientes del leprosario en la Isla del Cerrito: “Ya no pienso en matarme. Lo pensé una vez y no quiso el destino. Algún día voy a salir. Me iré para siempre, en el camión hasta el puerto, en la lancha hasta Paso Patria, en el ómnibus hasta Santa Ana”. “Misiones ha perdido su alegría –explicó sencillamente Osvaldo Rey, maestro de Mbo-Picuá–”, cita en su nota “La Argentina ya no toma mate”. Y la lista sigue, interminable.

Para más datos, hay una foto extraordinaria que confirma la obsesión de Walsh por el registro de las voces locales, no sólo para conocerlas, sino también para fundirlas con la suya. En la imagen, fechada en 1966 en Misiones, Rodolfo se inclina, grabador en mano, para registrar de cerca los aullidos de un mono tití. Los dos están solos en la imagen, en mitad de una rojiza calle de tierra misionera.

Así había elegido contar la historia de los explotados: escuchando sus voces silenciadas, repitiendo sus anhelos y defendiendo sus causas.

¿Qué perseguía Walsh con aquella costumbre obsesiva? ¿Por qué dejaba en su diario registro de diálogos casuales, escuchados al pasar durante sus largos viajes al centro (por caso, el 19 de febrero de 1961, anota un par de frases ajenas que llamaron su atención, sin aparente relación entre sí, pescadas en un asiento contiguo del ómnibus: “Serio, eh. Tipo que se pone, pa-pa-pa y había que hacerle las cosas”; y otra: “Él entró en la famosa Compañía de Indias, usted sabe, ésa que tiene miles de años”)? ¿Había en aquellas expresiones de la calle materia prima para un próximo artículo o alguna llave que lo ayudara a abrir una puerta cerrada en el presente (otro texto escuchado y registrado, esta vez el 17 de diciembre de 1970: “Yo también soy peronista… En tiempos de Perón se ganaba bien”)?

 “Hoy en el tren un hombre decía: ‘Sufro mucho. Quisiera acostarme a dormir y despertarme dentro de un año’. Hablaba por él, pero también por mí”.

Era alguien que se había entrenado durante años en el difícil arte de escuchar. Así había elegido contar la historia de los explotados: escuchando sus voces silenciadas, repitiendo sus anhelos y defendiendo sus causas. Más de una vez, Rodolfo Walsh había elegido la voz de los otros para definir con mayor certeza sus propios pensamientos. Como esa vez, en el tren, cuando escuchó la frase (¿escuchó allí, también, en esas voces, la derrota?). Y guardó en su memoria el peso incalculable de aquellas palabras ajenas. Y buscó dónde escribirlas. Y encontró un 5 de octubre de 1976, un par de días después de la muerte de Vicki, dónde transformar aquel comentario vulgar, cotidiano, en una sentencia inmortal, terrible y final: “Hoy en el tren un hombre decía: ‘Sufro mucho. Quisiera acostarme a dormir y despertarme dentro de un año’. Hablaba por él, pero también por mí”.

“Escribir es escuchar”, había definido primero, sin saber quizá que escuchar es, también, disponerse a actuar. O bien, que aquello que se escucha al pasar –un comentario mínimo que cualquier otro en su lugar tal vez hubiese ignorado en el fragor de la batalla cotidiana– es capaz de despertar una profunda revisión de ideas al interior de cualquier observador sensible. Tomemos un caso puntual y profundicemos: alguien escucha al pasar y le cuenta a Walsh en la intimidad un comentario deslizado por Raimundo Ongaro sobre su propia escritura: “No entiendo nada… ¿Escribe para los burgueses?”, dicen que dijo el dirigente, pero sin conocer jamás a qué texto en concreto se refería. Ese comentario desmoronó un castillo de certidumbres y dejó en carne viva al escritor con sus fantasmas.

“Escribir es escuchar”, había definido primero, sin saber quizá que escuchar es, también, disponerse a actuar.

Casi al mismo tiempo en que el proyecto de la CGTA entraba en el callejón sin salida de sus propias limitaciones, las contradicciones que aguardaban un momento de sosiego al interior del periodista emergieron con ferocidad desde las profundidades, las mismas que a raíz del arduo trabajo diario había dejado atrás. “Cosa que me molestó, lo que dijo Raimundo, que yo escribía para los burgueses. Pero me molestó porque yo sé que tiene razón, o que puede tenerla. El tema me ha preocupado siempre –admite Walsh, con razón, porque se trata de una de las obsesiones repetidas en sus anotaciones personales–, aunque no me lo formulara abiertamente. La cosa es: ¿Para quién escribir, sino para los burgueses? Tendría que preguntarle a Raimundo qué literatura le gusta a él, qué novelas no están escritas para los burgueses y qué cuentos pueden escribirse ‘para’ los obreros”.

“Nosotros ¿para quién estamos escribiendo? ¿Es tan importante que nos elogien los buenos amigos, las revistas, que nos lea toda esa burguesía o pequeña burguesía pero que de nosotros no llegue nada realmente al pueblo?”

“¿Para quién escribir?”, se pregunta Walsh, y el desafío de esta interrogación alcanza de lleno al escritor en mitad de sus dudas, en las primeras páginas de una novela interminable, inacabada, que delimita perfectamente su tránsito de escritor “burgués” (“No obstante tengo que escribir esa novela, aunque sea mi ‘última novela burguesa’, además de ser la primera. Mientras permanezca sin hacer es un tapón”, admite primero. “Fantaseo que la Novela es el último avatar de mi personalidad burguesa”, añade después) al cronista jugado por un destino revolucionario. “Nosotros ¿para quién estamos escribiendo? ¿Es tan importante que nos elogien los buenos amigos, las revistas, que nos lea toda esa burguesía o pequeña burguesía pero que de nosotros no llegue nada realmente al pueblo?”, vuelve a preguntarse durante una entrevista que confirma las dimensiones de un problema sin resolución.

Será el tiempo el único que podrá ayudar a Walsh a resolver (o, mejor dicho, a atravesar) el conflicto interior que desató la frase de Ongaro. El tiempo y la imperiosa necesidad de apostar todo el esfuerzo disponible en tareas que le impiden siquiera asomarse a los borradores de una novela que pretendía ser el final del círculo y que terminó deambulando alrededor del escritor como un fantasma rencoroso, como un enigma de imposible resolución. “Mi reingreso a la órbita del marxismo ha puesto al día todas las llagas de la conciencia”, admite. Se trata de padecer la disyuntiva entre dos caminos que se bifurcan en perspectiva. El escritor conoce el destino de cada uno de ellos, o al menos lo intuye. Y con sus dudas y perplejidades a cuestas, debe elegir. 

“Debe ser posible, sin embargo, escribir para ellos”, se dice a sí mismo primero. “¿Pero qué es lo más específicamente burgués de lo que yo escribo, lo que más le molesta a Raimundo? Creo que puede ser la condensación y el símbolo, la reserva, la anfibiología, el guiño permanente al lector culto y entendido”, intenta responderse más adelante, en busca de los detalles que puedan alejar su escritura del agrado del lector obrero. “Tengo que hablar con él [con Ongaro] de todo esto. Claro que mis proyectos, lo que yo quisiera hacer, le están dando la razón. Agarrarlos a ellos como tema, sus vidas, sus luchas, etc.”, concluye después, decidido.

Escribir para todos. Confiar en lo que tengo para decir, dando por descontado un mínimo de artesanía

El comentario de Ongaro sobre su literatura estalla como una bomba activada con retardo en el pasado. El explosivo permanece en suspenso mientras el oficio de cronista impone la agenda, pero ahora que el tiempo del periodismo parece haber ofrecido una mínima pausa, todo se activa y exige acomodar el desorden y plantearse prioridades. Primera conclusión para Walsh, definir para quién escribir y sobre qué ejes hacerlo: “No puedo o no quiero volver a escribir para un limitado público de críticos y snobs. Quiero volver a escribir ficción, pero una ficción que incorpore la experiencia política, y todas las otras experiencias. Para eso debo salir de un chaleco de fuerza”, señala en marzo de 1971.

Segunda conclusión, eliminar de su literatura los códigos de un pasado “burgués” en una novela imaginada, pero inasible: “Ser absolutamente diáfano. Renunciar a todas las canchereadas, elipsis, guiñadas a los entendidos o contemporáneos. Confirmar mucho menos en aquella ‘aventura del lenguaje’. Escribir para todos. Confiar en lo que tengo para decir, dando por descontado un mínimo de artesanía. Eludir la elefantiasis literaria”.

elegir como tema definitivo de su obra la lucha del pueblo por su liberación, la construcción de un proyecto revolucionario, con sus mitos y sus héroes

Tercera conclusión, elegir como tema definitivo de su obra la lucha del pueblo por su liberación, la construcción de un proyecto revolucionario, con sus mitos y sus héroes: “Recuperar la identidad del pueblo, de las masas, que es más importante que la de los individuos. Trazar el avance de los héroes, desde la resignificación hasta el triunfo que se sabe no es definitivo, porque tampoco es posible ya ser inocente ante la revolución”.

Cuarta conclusión, comprender la importancia relativa de la literatura en el marco de un combate que trasciende los problemas estéticos, que requiere el esfuerzo intelectual de aportar una mirada analítica de la realidad para que sea útil en manos de la clase trabajadora, pero que no termine en la caricatura de la escritura “bajo consigna”: “Dentro de las limitaciones que existen para que cualquiera obra literaria llegue a la clase obrera creo que este material tiene una cierta penetración [se refiere a ¿Quién mató a Rosendo?]. Basta con que llegue a las cabezas del movimiento obrero, a los dirigentes, a los que tienen responsabilidades de conducción, a los militantes más esclarecidos. Ellos son los vehículos de las ideas contenidas en el libro”.

Última conclusión, elegir la trinchera para el combate final: “Para mí, ahí no había dudas: entre seguir escribiendo cuentos –en los que yo ponía esfuerzo y cariño– y pasar a la realidad candente, impetuosa, entre escribir la novela y vivir la novela junto con el pueblo, no había elección posible”.

Un pacto histórico desde abajo

0

Cuando se camina por las calles y los caminos empedrados y embarrados de la Colombia profunda, desde la experiencia práctica de vivir en los sectores sociales populares, se descubre que este es un país político y de gente trabajadora con esperanzas. Sin embargo, como es bien sabido en la televisión, desde hace décadas, se nos viene instruyendo que  las decisiones importantes de nuestra sociedad en lo político, geopolítico, social, cultural, ecológico y ambiental, las toman los expertos del neoliberalismo y la globalización en el extranjero.  

En ese sentido, el poder hegemónico y los politiqueros de turno del país arrodillan a la sociedad colombiana, en su conjunto, a los intereses del gran capital corporativo de las transnacionales, los banqueros y los grandes grupos empresariales nacionales, con el ejercicio beneficioso y lucrativo de su desgobierno.

El proyecto de la mal llamada “modernidad”, la cual nos trajo las enfermedades del progreso y el desarrollo de la pobreza, la ignorancia y el desamor.

 Los intereses jugosos que persiguen los grupos poderosos son: el extractivismo material del suelo y los ecosistemas biodiversos; la especulación y explotación financiera; la inserción de nuestros territorios al capital por medio de la guerra, una guerra que genera despojo para vender los frutos de los territorios al mejor postor en las bolsas de valores; la esclavitud provocada por la pauperización de las condiciones laborales y de bienestar social en las clases trabajadoras; la privatización de los servicios públicos, la salud y la educación; entre otros intereses internacionales por parte de la supremacía geopolítica y militar en el continente del imperio del creacionismo y el Norte global.

 El país hoy vive una profunda crisis humanitaria al desatarse la violencia de la guerra y un manejo bochornoso y perverso de la pandemia del covid-19. Al gobierno nacional (la derecha) la vida de los colombianos y las colombianas no le vale nada y nuestros niños, niñas y jóvenes reclutados por la infamia, son bombardeados sin clemencia y como máquinas de guerra, desde órdenes dadas a los mercenarios “Héroes de la patria”.

Si bien las elecciones parlamentarias y presidenciales del 2022 en Colombia arrancaron a comienzos del 2021, las políticas de la muerte, el colonialismo, el patriarcalismo y el capitalismo, arrancaron hace más de cinco siglos en estos territorios, con el proyecto de la mal llamada “modernidad”, la cual nos trajo las enfermedades del progreso y el desarrollo de la pobreza, la ignorancia y el desamor. En tierras en donde pensar y respirar era un mismo sentir del bien vivir y las autonomías.

Los mismos con las mismas, ahora impúdicamente se hacen llamar de “centro”, se ponen tenis y blue Jean, pero en el fondo quieren mantener las cosas en el mismo lugar. Es lo que está pasando hoy con el gobierno de Bogotá. Ahora bien, las representaciones políticas que quieren el cambio y buscan abrir posibilidades para alcanzar transformaciones y reformas para el país han presentado un proyecto denominado el Pacto Histórico, el cual busca construir un programa de gobierno conjunto con la ciudadanía, que se piense los cambios necesarios para el país.

 Hasta el momento el Pacto Histórico se ha planteado en el plano electoral. Con él se pretende llegar a la Presidencia, así como el poder obtener mayoría de las curules en el Congreso de la República. Para ello, dentro de las fuerzas políticas  y sociales que hasta ahora lo integran, se ha planteado hacer una consulta abierta y sin vetos para elegir un candidato presidencial y unas listas al Congreso de la República, cuya mayoría sea integrada por las mujeres. Muy bien, pero la transformación de la democracia no solo se traza, se organiza y se materializa desde el campo electoral que busca alcanzar la mayoría en la representatividad política parlamentaria y del ejecutivo.

Si los de abajo se organizan los de arriba se caen.

El que crea a estas horas del partido que el sistema político colombiano se transforma simplemente con el hecho de votar, o es un ingenuo o es más de esa politiquería clientelista de la que la mayoría de las y los colombianos estamos ya cansados. Ya que esto es insuficiente y quizás  podría ser hasta contraproducente, si no se hace con plena convicción y ética desde  su ejecución, un ejercicio participativo amplio, para participar de ello: no está de más que nos preguntemos antes:

 ¿De qué nos sirve ganar unos escaños en el Congreso, si abajo en las bases sociales se sigue con el descontento popular? ¿De qué nos sirve tener unos representantes que se eligen como alternativa con el apoyo de unos partidos de izquierda y progresistas si gobiernan al final con la imposición de un  programa de la derecha? ¿De qué nos sirve tener un presidente progresista y alternativo si no va a tener gobernabilidad? ¿De qué nos sirve que algunos líderes políticos se metan al pacto histórico, si no son conscientes de que las luchas sociales y políticas por la vida digna de los ciudadanos en Colombia no se limitan a la representación en una institucionalidad viciada e ilegítima?

Un pacto histórico desde abajo es llegar al corazón y pensamiento de las mayorías de Colombia en su cotidianidad desde lo real y no que unas simples minorías busque seguir representándolas en sus sueños y demandas desde arriba, sin masa y sin candela.

Un pacto histórico desde abajo no se puede tardar un año discutiendo el orden de los candidatos y las candidatas en una lista. El programa debe ser construido y socializado desde las bases, para que cuando se llegue al poder desde el Pacto Histórico, como proyecto político y de transformación económica, social, ecológica, ambiental y cultural, se defienda desde las bases, es decir, desde el constituyente primario en clave de democracia participativa y en ejercicio de la ciudadanía activa.

Para defender esa lucha y esa ruta de transformación nacional, el pueblo colombiano se debe movilizar desde ya con paros, plantones, cacerolazos, caravanas, pero además debe movilizarse en red.  En ese sentido, los partidos políticos deben aprender de nuestros movimientos sociales, indígenas y campesinos y bajarse un poco del eurocentrismo burgués de prácticas ortodoxas, sectarias y retardatarias.

Un pacto histórico desde abajo no se trata simplemente de hacer una campaña para conseguir unos votos y unos escaños, se trata de hacer pedagogía popular y social para presentar la propuesta de un programa a la sociedad colombiana, es definir un horizonte de disputa política, social, ecológica, ambiental y cultural a quienes detentan el poder y nos mal gobiernan.

Un pacto histórico desde abajo es llegar al corazón y pensamiento de las mayorías de Colombia en su cotidianidad desde lo real y no que unas simples minorías busque seguir representándolas en sus sueños y demandas desde arriba, sin masa y sin candela. Si los de abajo se organizan los de arriba se caen. Vamos juntos y juntas por el Pacto Histórico, desde abajo, para hacer de Colombia la democracia real que nos merecemos todos y todas.

Contramasculinidad: la ruptura

0

El pasado 19 de marzo fue común recibir mensajes de agradecimiento por existir, “por ser la roca donde se erige la vida”, en tarjetas con corbatas y bigotes. Prevaleciendo el color azul como rasgo identitario de los hombres. Pero más allá de agradecer a esa figura que se ha impuesto desde el patriarcado, se trata de reivindicar procesos históricos de construcción identitaria, contrarias a las lógicas del sistema que aportan para su destrucción como estructura social.

***

Para iniciar, debo hacer énfasis en la importancia de los estudios de género desarrollados por colectivas feministas desde la mitad del siglo XX, al poner en evidencia que, más allá de ser el patriarcado un sistema de subordinación hacia mujeres por cuenta de hombres, asigna un modelo binario funcional a los intereses del momento histórico y a la perpetuación de las relaciones de poder, imponiéndose como emergente social en la construcción identitaria.

Partiendo del argumento de que en América hubo un proceso de desmasculinización al existir una relación entre colonizadores y colonizados, es decir, del modelo occidental impuesto de masculinidad, Matthew Gutmann, en ‘Traficando hombres: antropología de la masculinidad’, sostiene que hay varios factores a detallar en relación al concepto de masculinidad, como lo es la participación en la crianza, la orientación masculina a la guerra, y los ritos de iniciación y socialización, entre otros.

Según el autor, el rol del hombre (conforme a la cultura y división del trabajo) es el de reproducirse, responder económicamente y proteger a la familia. No en relación a los hijos, ya que no hay un vínculo con ellos por la “incapacidad” en la crianza, sino con la madre. Dirá Scheper Hughes, autora que cita, que simplemente “se encargan de proveer la leche en polvo”. Una exclusión total del proceso.

Frente a la orientación masculina a la guerra, lo explica desde los nacionalismos. El siglo XIX se caracterizó por procesos independentistas y constitución de imperios para la dinamización del mercado, y se reforzó el valor patriótico hacia los hombres para no solo defender y entregar la vida por los ideales del conjunto que se proclama “pueblo”, sino por el mantenimiento de la estructura patriarcal. Porque implica beneficios en torno al poder, se lucha por ser parte.

En esas relaciones de poder subyace este texto, porque a pesar de haber una dominación desde la sexualidad masculina para impartir el orden, hay fisuras sexuales que dictan desarticular la concepción de ‘hombre’ desde la lógica patriarcal. Iniciemos con algo sencillo: las relaciones homosociales. Aunque se caracterizan por ser un espectáculo de hombría, competitividad, jerarquía, promiscuidad y agresión, permite evidenciar rupturas como la de expresarse sentimientos de afecto y cariño. No solo desde el lado homosexual.

***

Por eso, homogeneizar a los ‘hombres’ en el concepto de ‘macho’ no es otra cosa más que reproducir las lógicas patriarcales, negar la interseccionalidad que representa la masculinidad y los procesos de contraposición que existen dentro de ésta. Porque sí, es una construcción identitaria que se diversifica en todo su esplendor. Respondiendo de forma personal y relativa al ser, deber ser y hacer de los hombres.

De acuerdo con Leonardo Fabián García, de FLASCO, en su investigación ‘Nuevas masculinidades: discursos y prácticas de resistencia al patriarcado’. Lo masculino y femenino son categorías binarias de diferenciación simbólica. Además, son construcciones heterosociales. Mujeres, hombres e identidades de género no genéricas nutren de conceptualización teórica y práctica estas categorías. Hay una fuerte presencia femenina en la definición de masculinidad, un claro ejemplo, son las madres.

El sociólogo Michael Kimmel, uno de los autores que cita García, afirma que la masculinidad es una negación de lo femenino más que una afirmación de lo masculino. Es a través de esa negación que se lleva a la misoginia, el sexismo, la homofobia y la restricción de las emociones. A parte, la cataloga como referencial porque se es, conforme a lo que otros son. Como ya había dicho, los hombres requieren de validación homosocial porque es allí donde se diferencian. El hetero necesita del homosexual para mostrar su hombría, y el homosexual del hetero para demostrar que es totalmente contrario.

Pese a que las “nuevas masculinidades” aparecen como prácticas contrasistémicas, problematizo lo reciente que hacen verlas. Ya que no son más que la reivindicación de contramasculinidades que históricamente han existido y resistido ante el patriarcado. Rompiendo con el modelo de “no llorar”, “no rendirse”, “competir”, “ser viril”, “ser fuerte”. Ahí está Shakespeare con Hamlet como manifiesto, el drag queenismo, la homosexualidad. Incluso el mismo Jesucristo y su discipulado.

***

Pero siento, que ya los tengo cansados, déjenme terminar con lo siguiente. Porque de acuerdo con Lionel Delgado, en su artículo ‘Contra la deconstrucción masculina’, la deconstrucción, precisamente, “es una lectura subversiva y no dogmática de los textos en un sentido amplio: textos literarios, pero también cultura como texto, cuerpo como texto […]”. Según él, no se deconstruye un cuerpo, se deconstruyen los conceptos que se inscriben sobre él.

El problema, plantea, es que es un proceso interminable. Porque al mostrar la heterogeneidad del texto, siempre habrá detalles nuevos por leer. Aparte, también debe ser colectivo, porque implica procesos de transformación en masa. Y, le agrega, es insuficiente para aterrizar procesos de cambio porque no sabe responder al cómo romper con los privilegios. Aun así, no niega su importancia porque permite una lectura propia, reconocer el machismo y, a partir de allí, la construcción de la masculinidad como un concepto contrario. Replanteando su papel en la lucha contra ese sistema.

¿Romper con el patriarcado es romper con la masculinidad? Aunque parezca “obvia” la respuesta, quisiera decir que es gracias a estas contramasculinidades que se pueden esbozar diferentes referentes identitarios que socialmente han sido excluidos, rechazados, y que significan rupturas propias con el patriarcado. Por eso estoy de acuerdo con el planteamiento de García al caracterizar estos procesos como luchas éticopolíticas, ya que permite entender la lucha feminista, crear espacios de diálogo y convergencia para romper, de forma colectiva, con el género como estructura social.

«Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata». Sobre la masacre de internos del 21 de marzo

0

22 de marzo de 2021. El 21 de marzo de 2020, en distintas cárceles del país, las personas privadas de la libertad emprendieron protestas contra el 53% de hacinamiento y la falta de medidas que hicieran frente al contagio y la expansión de la covid-19. La respuesta del gobierno nacional y de las direcciones de las cárceles y del Inpec, fue la represión que vino acompañada de su validación por parte de la mayor parte de los grandes medios de comunicación, de un lado, y de un importante segmento de la ciudadanía por redes sociales, que no tardó en deshumanizar a las y los manifestantes ‘caneros’, y en justificar incluso su asesinato.

En la cárcel La Modelo de Bogotá la protesta escaló, por lo que sumado al accionar del Inpec, el ejército y la policía intervinieron para restablecer el orden. Por vídeos y denuncias, se supo de la tortura y asesinato de internos en medio de la intervención de los guardias y la fuerza pública. El Ministerio de Justicia desconoció las razones de la protesta y la violación de los derechos humanos, y sostuvo que se trataba de una fuga, lo que legitimaría los excesos de la intervención.  

En las investigaciones adelantadas por la Fiscalía, se encontró que hubo obstrucción y ocultamiento de evidencias; presunta manipulación de las cámaras de vigilancia e incluso de los vídeos que llegaron a esa institución. El ente acusador señaló además que de los 24 reclusos muertos, solo ocho presentaron marcas que dan cuenta de disparos por legítima defensa, en cumplimiento de las funciones de los guardias, uno de ellos falleció por caída libre, mientras que sobre los 15 restantes, se estudian hipótesis que apuntan al homicidio.

En las investigaciones adelantadas por la Fiscalía, se encontró que hubo obstrucción y ocultamiento de evidencias; presunta manipulación de las cámaras de vigilancia e incluso de los vídeos que llegaron a esa institución.

De los 107 heridos, entre los que se cuentan 76 privados de la libertad y 33 guardianes del Inpec, se identificaron en los primeros marcas de golpes y signos de tortura, lesiones por armas de fuego y tan solo cuatro por riñas internas. Según testimonios, algunos de los internos que protestaron fueron obligados a recluirse en celdas de aislamiento tras la retoma, en las que se les ordenó desnudarse para ser humillados y golpeados por quienes “restablecieron el orden”.

El Informe de Derechos Humanos del Sistema Penitenciario en Colombia (2017-2018) realizado por la Universidad de los Andes, indicaba que:

 “Con la sentencia de la Corte Constitucional T-388 de 2013 se declaró el estado de cosas inconstitucional en el sistema penitenciario y carcelario por las condiciones en la que estaban viviendo los reclusos, razón por la cual se expidieron órdenes y mandatos generales y específicos para poder sobre pasar la situación. Asimismo, en el año 2015, la Sentencia T–762 reiteró el estado de cosas inconstitucional. Con la sentencia T- 388 del 2013 se realizó un recuento de los derechos que le son violados a las personas que se encuentran en los establecimientos carcelarios, enfatiza en la protección diferenciada que se le debe dar a esos y define el problema de la situación penitenciaria y carcelaria como un problema estructural y complejo. La sentencia T – 762 del 2015, además de reiterar el estado de cosas inconstitucional de la sentencia T – 388 del 2013, expuso que el gran aumento del hacinamiento en estos centros penitenciarios equivale a una política criminal reactiva, populista, poco reflexiva, etc”. 

Lo que pone en evidencia cómo el tratamiento represivo de la protesta carcelaria se sumó a una larga lista de medidas insuficientes que han hecho de la prisión en Colombia, antes que un escenario de resocialización, un mecanismo autoritario e irrespetuoso de los derechos humanos.

Al respecto cabe destacar lo que afirmaba Angela Davis en su libro ¿Son obsoletas las prisiones?: 

“La prisión […] funciona ideológicamente como un sitio abstracto en el cual se depositan los indeseables, aliviándonos de la responsabilidad de pensar en los verdaderos problemas que afligen a aquellas comunidades de las que se extraen prisioneros en números tan desproporcionados. Éste es el trabajo ideológico que realiza la prisión: nos exime de la responsabilidad de comprometernos seriamente con los problemas de nuestra sociedad, especialmente aquellos producidos por el racismo, el sexismo [la pobreza, la salud mental] y, cada vez más, por el capitalismo global”.

 

El pacto histórico y el magisterio. O el magisterio y el pacto histórico

0

Dice el viejo Marx en uno de sus viejos libros que “Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidos por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado. La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos.”[1] En este sentido podemos decir que el magisterio, hace su historia con lo que tiene a su alcance, con lo que las otras generaciones le legaron. Es un magisterio que tiene tres características fundamentales: división en condiciones laborales por dos estatutos, derechos adquiridos que se han naturalizado como privilegios y una alta formación académica.  Todo esto enmarcado en una seria negación de su condición de clase social trabajadora, lo que ha venido ocasionando que los sectores populares lean en el magisterio un sector que trabaja poco y gana mucho.

En primer lugar, el tema de los estatutos. Un estatuto producto de la lucha, el 2277. Que en ultimas garantiza la estabilidad laboral, el ascenso por estudios y experiencia, aunque salarialmente se haya estancado. Y un estatuto impuesto, el 1278, producto de la política pública neoliberal, que limito la estabilidad laboral, el ascenso y las garantías de trabajo. Esto ha hecho que algunas agendas de lucha que emprende FECODE sean diferenciadas y la capacidad de movilización se haya disminuido de manera considerable. El estatuto antiguo si bien acompaña algunas movilizaciones y sigue siendo combativo, también ha dejado de movilizarse de manera contundente. Y el nuevo estatuto entra con una despolitización considerable, y siente que ha llegado a una zona de confort. En medio de esas contradicciones es evidente que también emergen sectores nuevos que buscan en el sindicato nuevas formas de hacer política.

Para no usar categorías viejas y antiacadémicas, diremos que el poder soberano se inmuniza de todo elemento que pueda poner en peligro la vida del organismo vivo. Esto lo aborda el filósofo novísimo Roberto Esposito. En ese sentido el sindicalismo se inocula en el poder soberano, desmantelado de todo elemento crítico o subversivo, en el sentido amplio de la palabra. Por esta razón, durante décadas el sindicalismo se convirtió en una maquinaria electoral que les permite a las fuerzas políticas que son mayoría en el sindicato, negociar con sus acumulados, acuerdos con candidaturas a senado, cámara y concejo, mientras se logran algunas agendas con el Estado. Por esta razón se estatizó, y dejo de ser un movimiento social que dialogue con la historia, con el país y sus necesidades. Aunque cabe resaltar que la historia, que siempre es dialéctica, pone también de presente que el movimiento magisterial, cuenta hoy aun con más de 300 mil maestros y una fuerza de movilización que puede sentar al gobierno nacional para negociar asuntos de la política pública. Después del demonio de la insurgencia, viene el de FECODE.

En ese sentido se construye un relato, del magisterio, como un gremio que trabaja poco y jode mucho, que para por todo y no aporta nada. Sin embargo, puede tener un efecto de verdad, pero si revisamos los pliegos de peticiones de FECODE Y ADE, vemos que sus exigencias también involucran a la comunidad educativa. Cuando se exige recursos en el Sistema General de Participaciones (SGP), se está pidiendo dinero para las escuelas, para la alimentación de niños y niñas, para laboratorios y para equipos. Cuando se le exige en Bogotá a Claudia López equipos y conectividad, es para que ese 80% de niños y niñas que no vuelven a la presencialidad puedan estudiar. Y cuando la ADE se subscribe al pacto histórico, está demandando, entre muchas otras cosas, una renta básica para el 50% de colombianos y colombianas que no tienen empleo.

Pero para que la comunidad, y no el poder soberano, recepcione estas iniciativas como suyas, para que el respaldo de las comunidades educativas sea fáctico, el sindicato debe trabajar en los tres aspectos de la política: el de la representación, el de la generación de la ley y su control político, y el de las calles y la acción política movilizadora. Hasta ahora en gran parte de su historia solo ha habido movilización endógena, y control político de las leyes que afectan al gremio.  Más allá de saludar o sumarse tibiamente a las demandas del movimiento social, el sindicato debe trabajar con estas comunidades, desarrollar diálogos pedagógicos y políticos, y luchar colectivamente.

El pacto histórico necesita del movimiento sindical, en las calles son 600 mil personas de la CUT, y en las urnas muchas más. Pero se trata de un pacto, de un programa y de una ruta que dialogue con la gente. Y finalmente es importante señalar que en este campo popular el partido Comunes es bien recibido, distinto de las elites políticas de los sectores alternativos.

[1] 18 Brumario de Luis Bonaparte.

¡Viva la grosería! Gonorreas

0

¡Hijueputa! Es lo que se dice después de pegarse en el dedo chiquito del pie, ¡mierda! cuando se pisa el adoquinado encharcado y la ropa queda lavada con esa agua sucia, ¡gonorrea hijueputa! es el grito que escucha el conductor de un carro después de pasar a toda velocidad por un charco. Desde la tierna infancia escuchamos groserías. Colombia es un país grosero, esa es la verdad.

 

Cuéntennos cuál es su grosería favorita. La nuestra es:

G O N O R R E A.

Publicada por REVISTA HEKATOMBE en Miércoles, 17 de marzo de 2021

Señala Margarita Espinosa Meneses en su texto «Algo sobre la historia de las palabrotas» que de acuerdo a Austin, al hablar no solo se dice, sino que también se hace, por ejemplo, se dan instrucciones, órdenes, se desahoga y se insulta. Además, Espinosa asegura que,

“las groserías representan una válvula de escape para la tensión por la que pasamos, al insultar descargamos a tal grado nuestro enojo, nuestra impotencia, nuestro dolor, que se podría decir que el insulto puede cumplir también una función catártica en el ser humano”.

Decir groserías es tan poderoso que incluso su uso contribuye a aumentar la tolerancia al dolor. Según el psicólogo Richard Stephen, autor del libro «Oveja negra: los beneficios ocultos de ser malo», las groserías aumentan el ritmo cardiaco y funcionan como analgésico.

Sin embargo, las groserías también son usadas para demostrar camaradería, con expresiones como “sapo perro”; al saludar a las amigas “¡Hola perras!”;al contar una anécdota “¡maaaaaricaaaaaaa!”; o al calificar el clima “está haciendo un frío el setentaálvarouribevélez”.

las groserías aumentan el ritmo cardiaco y funcionan como analgésico.

Las groserías todavía son un tabú. A muchas personas las educaron para no decir groserías porque está mal visto y supuestamente el uso de estas, denota una clase inferior (o de «un estrato bajo», siguiendo la jerga colombiana). Esta situación se agrava en el caso de las mujeres que dicen groserías.

Las mujeres somos educadas para ser complacientes, decentes, hablar poco y no compartir en público, no es gratuito que en algún momento de la vida fuéramos víctimas del “calladita te ves más bonita” y de la mirada o el comentario que juzga por decir “¡¿Qué tal esta gonorrea?!”, o cualquier otra grosería para expresar rabia o molestia.

pese a que nos juzgan por ser groseras, somos el objeto mismo de muchas groserías que hacen referencia a una sexualidad libre que es disfrutada

Hace unos años en Chile, un periódico publicó una editorial llamada «Alcantarillas con piernas», allí el autor contaba que iba en un bus y en un punto se subieron un par de mujeres guapas; empezaron a hablar, y cuando utilizaron groserías, según él, su encanto se perdió, las vio feas pues eran «como alcantarillas con piernas». Hizo un llamado a que las mujeres no fueran groseras y mucho menos en público. Por supuesto, no habló de los hombres groseros porque con ellos no hay problema.

Sumada a esta práctica machista de silenciar y censurar, es importante también hablar de las groserías mismas y de cómo las mujeres, pese a que se nos juzga por ser groseras, somos el objeto mismo de muchos insultos que hacen referencia a una sexualidad libre —hijueputa, malparido, perra, zorra, golfa, bastardo, zunga—. Claro que muchas de estas «ofensas» han sido resignificadas, incluso desde los 80s, cuando las Vulpes lanzaron el himno «Me gusta ser una zorra».

Las groserías usadas por mujeres son mal vistas, pero usadas por feministas ¡Son absolutamente escandalosas!, por ejemplo, el 6 de marzo de 2021 la Revista Hekatombe publicó una verdad, una realidad, un cartel con la frase «El machismo es una gonorrea», y fue atacada por hombres que, además de sentirse ofendidos, vociferaban que esa no era forma de hablar, y no solo eso, además respondieron con comentarios más hirientes que la palabra «gonorrea», dejando en claro que el uso de las groserías tenía que seguir restringido al espacio de lo masculino y no debía tocar la masculinidad —frágil— de quienes se creen con el derecho exclusivo a utilizarlas.

 

Este es un mensaje para las gonorreas que culpan a las mujeres por ser violadas, acosadas, asesinadas o maltratadas.

Publicada por REVISTA HEKATOMBE en Sábado, 6 de marzo de 2021

Las groserías son fundamentales para la vida, para la salud mental, para la tranquilidad espiritual, son poesía que sale de las tripas y todo el mundo tiene derecho a decirlas.

¡Qué vivan las groserías! y ¡arriba las mujeres groseras!, y si a alguien le molesta, pues que vaya y coma mucha mierda, gonorrea.