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La policía agrede y la prensa tradicional ¿Justifica?

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Escudos Azules es una colectividad juvenil que ganó popularidad en las protestas de 2019 al usar escudos, protección y formarse en la primera línea de las movilizaciones para, de forma pacífica, atenuar el impacto de la agresión del ESMAD cuando ataca a la ciudadanía para disolverla.

Para la semana del 20 de febrero, difundieron un vídeo en el que cubriendo su identidad convocaron a la jornada anual de movilización del 24 de febrero contra la brutalidad policial.

Cabe destacar que los Escudos Azules han adquirido un carácter mediático, que no son una organización clandestina, y que, por motivos de «seguridad» por la actividad que realizan, han hecho uso de la capucha.

Escudos Azules es una colectividad juvenil que ganó popularidad en las protestas de 2019 al usar escudos, protección y formarse en la primera línea de las movilizaciones para, de forma pacífica, atenuar el impacto de la agresión del ESMAD cuando ataca a la ciudadanía para disolverla.

Esta pieza audiovisual les valió la publicación de una «alerta criminal» emitida por la policía, en la que estigmatizaron a la organización y a la movilización, dejando un aire de sospecha frente a su quehacer.

El 24 de febrero inició la movilización contra la brutalidad policial. Hacía las tres de la tarde, Temblores ONG y más tarde Contagio Radio, denunciaron que uno de los integrantes de los Escudos Azules había sido impactado por una marcadora del ESMAD en uno de sus ojos, poniendo en riesgo su visión.

Llegada la noche, Escudos Azules junto a organizaciones de derechos humanos como la Campaña Defender la Libertad, publicaron un comunicado en redes sociales en el que señalaban que infiltrados en la movilización habían saboteado para incentivar el ataque del ESMAD. El cuerpo antidisturbios no dudó en atacar a la ciudadanía que ejercía el derecho a la protesta,  y en hacer un uso indebido de las armas de «baja letalidad», apuntando a la cara para producir un gran daño en las y los manifestantes. Fue así que con una marcadora del ESMAD impactaron un ojo de Gareth Sella, integrante de Escudos Azules.

El 25 de febrero, la prensa tradicional, o mejor, la prensa corporativa —grandes empresas de la información pertenecientes a las familias más adineradas de Colombia y España— publicaron noticias sobre los hechos que dejaron de lado el contenido del comunicado y las denuncias previas de organizaciones de derechos humanos. Las entrevistas que algunos de estos medios corporativos hicieron a integrantes de los Escudos Azules, fueron para impugnar su actividad y posición política mientras silenciaban o pasaban a un segundo plano la agresión contra Gareth Sella, que como se dijo, pertenece a los Escudos Azules.

La prensa corporativa que se trata de grandes empresas de la información pertenecientes a las familias más adineradas de Colombia y España.

Una de las noticias que mayor difusión ha tenido es «Gareth Steven se cambió de ropa en las protestas de ayer, dice la policía» publicada por El Espectador, un medio cuyo prestigio reposa en el hecho de ser uno de los más «liberales y progresistas» de la prensa corporativa.

En la nota no se indaga sobre qué son los Escudos Azules, ni por qué se visten de ese modo; tiene como única fuente a la policía, y deja en el aire fragmentos tendenciosos de la entrevista que hicieron a un alto cargo de esta, haciendo parecer que Gareth no era más que un «encapuchado» que hizo «vandalismo», sin cuestionar tampoco lo que parece ser la tesis de la institución hasta el momento: que una piedra lanzada por un manifestante pudo ser la que impactara el ojo, y no un proyectil lanzado por la policía con la puntería que permite un arma de «baja letalidad».

Por si fuera poco, dejan de lado los casos que existen en los que la policía ha mutilado los ojos de manifestantes en Colombia.

Con esta nota, el lector queda con una sola impresión: el integrante de Escudos Azules fue el único responsable de la herida de su ojo por movilizarse junto a vándalos que lanzaron piedras al azar. Es una nota que responsabiliza a la ciudadanía que ejerce el derecho a la protesta mientras le quita responsabilidad a una institución envuelta en innumerables casos de abuso de la fuerza, conocida por un tratamiento represivo y antidemocrático de la protesta social.

Luego de seguir los hechos del 24F, se vuelve casi equivalente la indignación frente al reiterativo abuso de autoridad de la policía, como frente a la producción de legitimidad que hace la prensa corporativa para proteger el nombre de la fuerza pública mientras ataca los repertorios de la protesta social e incluso, a la protesta en sí misma.

La difusión y reproducción permanente de noticias de este tipo, va teniendo un grado de influencia importante en las lecturas que puede tener la sociedad sobre la protesta social, llevando a afianzar un imaginario antidemocrático de la protesta.

Los medios no son agentes poderosos que determinan por completo las representaciones sociales de las personas, pero tampoco son meros espejos de la opinión pública. La prensa corporativa nacional ha jugado históricamente un papel importante en la difusión y reproducción de estereotipos sobre posturas divergentes y de oposición, y en la asociación, promovida por instancias estatales, de la protesta social con el discurso y las prácticas de la insurgencia o de fuerzas al margen de la ley, poniendo en riesgo la seguridad de la ciudadanía democrática que ejerce el derecho a la protesta.

La difusión y reproducción permanente de noticias de este tipo, va teniendo un grado de influencia importante en las lecturas que puede tener la sociedad sobre la protesta social, llevando a afianzar un imaginario antidemocrático de la protesta, que tiene como consecuencia el aval social de los excesos de la fuerza pública contra las y los manifestantes.

La producción informativa que contribuye, por acción u omisión, en la satanización de la protesta social, en la justificación del abuso de autoridad y en el uso incorrecto de las armas de baja letalidad de la fuerza pública, refuerza la pervivencia de la debilidad democrática colombiana y de la cultura política que normaliza el autoritarismo sobre la población civil como el mecanismo básico y natural de la dinámica estatal.

En ese sentido, mientras por acción humana o divina la prensa corporativa cambia sus líneas editoriales y promueve formas de hacer periodismo que correspondan a la promoción de la democracia y de los mecanismos que la garantizan como la protesta social, se hace necesario el consumo de información y opinión de medios de comunicación alternativos e independientes que estén a tono con los valores democráticos que dice defender el periodismo.


Vídeo con declaración de Gareth Sella

Sergio Fajardo, la declaración de simpleza y sin compromiso ciudadano

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Sergio Fajardo publicó un tuit en horas de la noche del 17 de febrero, en el que compartió una “Declaración de valores y principios para la acción política y el ejercicio del poder público”, ello en el marco de la reunión de convergencia que sostendría al día 18 de febrero con sectores del denominado centro político o “Coalición de la Esperanza”, de cara a la próxima elección presidencial.

Hasta aquí todo parece normal. Se pensaría que ese es el camino para trabajar en la construcción de acuerdos para la acción y formulación de un programa de gobierno. Al leerlo, esperaba que el suyo fuera un ejercicio profundo, que atendiera una lectura de la realidad compleja del país, que reconociera cómo la historia de Colombia ha estado marcada por la violencia, la guerra, la corrupción y la toma del poder político estatal por el narcoparamilitarismo. En especial, consideré que tan rimbombante documento tendría como eje central la educación (una educación para el “nunca más”), palabra que le permitió posicionarse en la escena política regional y nacional. Pero no, Fajardo olvida sus propias banderas del pasado. Asimismo, quedé desconcertado al no encontrar un solo nombramiento a la defensa de los derechos humanos y la construcción de paz con justicia social ¿En qué país está pensando?

¿Qué pensar de un documento de principios donde se habla del respeto a la vida y la no violencia, pero se desconoce que, desde la firma de los acuerdos de paz con las FARC, llevamos más de 1.133 asesinatos de líderes y lideresas sociales, lo que claramente configura un genocidio político?

Fajardo dice que “el punto de partida ético que ha guiado y debe guiar nuestra acción política se encuentra en el Artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. Sin embargo, no pone en contexto ni dialoga con sus doce valores-principios, que son la verdadera esencia de dicha declaración, resultado de un acuerdo político y ético de los países sometidos a la II Guerra Mundial, con sus más de cincuenta millones de muertos, un número similar al de la población actual de Colombia.

¿Qué pensar de un documento de principios donde se habla del respeto a la vida y la no violencia, pero se desconoce que, desde la firma de los acuerdos de paz con las FARC, llevamos más de 1.133 asesinatos de líderes y lideresas sociales, lo que claramente configura un genocidio político? ¿Cómo entender un texto que desconoce realidades como las reveladas por la JEP en la estrategia de priorización del Caso 03 sobre falsos positivos, donde se cuantifican 6.402 personas asesinadas ilegalmente por la fuerza pública? ¿Cuál cuidado de la vida? ¿Dónde queda el “no todo vale”?

¿Cómo impulsar principios de participación, transparencia y planificación colectiva para construir un horizonte de sentido sin la defensa de la educación? Este derecho, víctima del abandono presupuestal, se ha marchitado desde los años noventa. Por ejemplo, la deuda histórica acumulada por el gobierno nacional con la educación pública superior está por los quince billones de pesos, ello implica que haya unos 128.936 docentes en difíciles condiciones laborales y 2.931.823 jóvenes estudiantes que necesitan la #matrículacero en las universidades públicas para poder continuar sus estudios. ¿Cómo podríamos tener una generación que agencie los cambios urgentes que requiere este país?

¿Qué nos queda entonces por hacer? ¿Seguimos en las mismas y con los mismos o renovamos la política y la democracia?

Con estas ausencias en el documento del precandidato presidencial Sergio Fajardo, es difícil creer en una convergencia de la esperanza e impulsar los cambios desde “la política del bien común”. Insisto, sin educación, sin la defensa de los derechos humanos y sin un compromiso claro con la paz, difícilmente Colombia podrá tener un futuro feliz en el 2022 y en los años venideros. ¿Qué nos queda entonces por hacer? ¿Seguimos en las mismas y con los mismos o renovamos la política y la democracia?

Casualidades y conjeturas de la realidad colombiana

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En medio de una noche de insomnio junto a amigos y compañeros de farra, con la luz de una fogata, unas chelas[1] y mucho trago, aflora, en medio de la efervescencia producida por el carajillo[2], el debate sobre la política colombiana, sus diferentes matices, realidades y futuro. El licor fue, en esta ocasión, un buen aliado para analizar, comparar y revivir diferentes escenarios colombianos a través del tiempo, intentando dejar de lado los preceptos de quienes plantean que el alcohol reduce las capacidades racionales de las personas.

Sumergidos en esa dicha bacanal etílica las ideas sobre nuestro entorno político y los acontecimientos actuales nos hacen remembrar algunas cuestiones históricas que parece que fueran nuestro presente. Las casualidades son tantas que creemos no estar en pleno siglo XXI sino en los primeros años del siglo XX y para contextualizar un poco esta idea es necesario hacer un recorrido histórico por lo que sucedía en nuestro país a comienzos de ese siglo en relación a este.

El uribismo no es más que un godismo reencauchado de valores y principios de otrora, en alianza con las fuerzas reaccionarios del cambio, del progreso como lo son las iglesias cristianas y el catolicismo arrodillado al poder colombiano, con apoyo de unas fuerzas armadas que respaldan todo el entramado de la corrupción manteniendo en el poder a los gobernantes de turno que les brindan apoyo a todo lo malo que hay dentro de estas fuerzas del orden.

Durante la época de colegio, en especial en la clase de historia de grado 9°, – algunos de nosotros recordaremos que se enseñaba historia de Colombia enmarcada entre el siglo XIX y XX- se hablaba en este curso del grito de independencia, seguido de la Patria boba, La Gran Colombia y su posterior disolución, la lucha entre bolivarianos y santanderistas, la creación del partido liberal y conservador, los Estados Unidos de Colombia, las más de 100 guerras civiles durante el proceso de consolidación de la república, las reformas liberales radicales, la llegada de la educación pública encargada a los alemanes, la creación de la Universidad Nacional, la regeneración y con ello la llegada de los conservadores al poder desde 1886 hasta 1930, la hegemonía liberal desde 1930 a 1945, otra vuelta de los conservadores hasta 1953 cuando se da el golpe de estado, el periodo de violencia entre 1946 y 1956, luego seguía el frente nacional que gobernó al país entre 1958 y 1974 y de ahí hasta finalizar el siglo XX.

En este imparable devenir histórico dado por nuestra embriaguez tanto etílica, como histórica, empezamos a encontrar ciertas similitudes que veremos a continuación.

La primera de ellas, para abordar ya el tema que nos propusimos en nuestra merluza, es que el control político está a cargo de los conservadores. Es imposible negar que estos primeros 20 años del siglo XXI en Colombia han sido gobernados por los godos al igual que los primeros 30 años del siglo XX, con diferente denominación o más bien en “cuerpo ajeno” (mencionando una de las novelas de los 90 más vistas en Colombia). El uribismo no es más que un godismo reencauchado de valores y principios de otrora, en alianza con las fuerzas reaccionarios del cambio, del progreso como lo son las iglesias cristianas y el catolicismo arrodillado al poder colombiano, con apoyo de unas fuerzas armadas que respaldan todo el entramado de la corrupción manteniendo en el poder a los gobernantes de turno que les brindan apoyo a todo lo malo que hay dentro de estas fuerzas del orden.

Es imposible negar que estos primeros 20 años del siglo XXI en Colombia han sido gobernados por los godos al igual que los primeros 30 años del siglo XX, con diferente denominación o más bien en “cuerpo ajeno”

A partir de esta primera comparación, podemos vislumbrar porqué Colombia en temas como la igualdad, la justicia y el orden social justo se encuentra tan atrasada en relación a otras naciones del continente y del mundo. Temas como el aborto, el matrimonio igualitario, la despenalización de la droga y la eutanasia, entre otros; son en su mayoría temas vedados por nuestros gobernantes, que son ciegos y sordos ante las necesidades de un nuevo mundo, de una nueva visión del cambio generacional que cada vez se hace sentir con más fuerza ante estos servidores del bien y de las tradiciones, que han condenado a Colombia a una semi oscuridad como anteriormente lo fue la edad media en cabeza de la iglesia católica para el mundo conocido.

En este neoconservadurismo la políticas públicas en pro de la sociedad quedan reducidas a meros titulares de prensa donde son satanizadas por los defensores de la prensa libre atada al conglomerado del poder político y económico que solo vende una dimensionalidad y dignidad que no es más que la cristiana ortodoxa retardataria de la sociedad. Estas políticas públicas inexistentes en el país del Sagrado Corazón solo brindan protección a sus fieles y doctrinarios seguidores.

En otro momento de nuestra borrachera aflora la primera conclusión de las similitudes entre los comienzos del siglo XX y del XXI y es que en políticas públicas: ¿dios nos bendiga?, porque seguimos excluyendo de ellas a la gran mayoría de la población colombiana en beneplácito de unos valores que no funcionan en una sociedad cada vez más diversa y critica que pide cambios estructurales radicales.

Un amigo recuerda que hacia 1904 el gobierno norteamericano da un pago por el canal de Panamá a Colombia, debido a su injerencia en la separación de Panamá, a lo que el gobierno de turno indicó que con ese dinero se iba a invertir en infraestructura vial en el país para promover de esa manera el desarrollo de todas las regiones. Con la venta de Isagen y otras empresas del Estado en 2016, el gobierno del expresidente Juan Manuel Santos manifestó que ese dinero seria invertido en la construcción de las vías de 5 generación ya van cuatro años de esta venta y no hay vías aun. Al igual que hace 114 años aproximadamente seguiremos esperando que se construyan las vías, en ese entonces con el dinero del canal de Panamá y actualmente con la venta de las empresas públicas.

Con la venta de Isagen y otras empresas del Estado en 2016, el gobierno del expresidente Juan Manuel Santos manifestó que ese dinero seria invertido en la construcción de las vías de 5 generación ya van cuatro años de esta venta y no hay vías aun.

Recordemos el gobierno de godos, perdón, del “glorioso Partido Conservador Colombiano, defensor de las buenas obras y buenas modales” y sus dichas causas que no son más que el paladín del uribismo representado hoy por los miembros de Centro Democrático. No estamos afirmando que este grupo se apodere de la plata y se olvide la inversión, solo mostramos semejanzas en dos épocas diferenciadas por 100 años. Es probable que sea nuestra embriaguez la que nos ha hecho ver esa similitud, por lo tanto, es posible que estemos equivocados.

Más tarde, la euforia se hace presente y encontramos así otra casualidad en la historia de nuestro país. Hacia el año de 1905 se empiezan a dar a dedo las concesiones petroleras, entre ellas dos fundamentales que según, dice un amigo a media lengua por la cantidad de trago que tiene en su organismo, fueron otorgadas a Roberto de Mares y al general Virgilio Barco cuyo nieto sería por mera eventualidad presidente de Colombia, azares de borrachos. La primera concesión conocida como Concesión de Mares comprendía la región de lo que hoy en día es Barrancabermeja y la otra, conocida como Concesión Barco comprendió lo que es hoy la región del Catatumbo en Santander del Norte. Por estas concesiones el estado recibía entre el 7% y el 14% de las regalías, ni siquiera el 30%, parece una concesión de transporte estilo Transmilenio en Bogotá.

Hacia el año de 1918, recuerda un amigo que leyó algo en la página Colombia petrolera, se dieron los primeros yacimientos petrolíferos y casi 102 años después, el gobierno actual otorga concesiones petroleras para los pilotos de fracking y la extracción del crudo. Antes de que se pueda llevar a cabo la extracción, se toman alrededor de 10 años mínimo entre los estudios del terreno, la multitud de tareas previas a la extracción y la obtención de las licencias ambientales, todo ello dejando como consecuencia un gran daño ambiental.

Con este tema se disipa abruptamente nuestra charla en la cual vimos supuestos fantasmas históricos que se repiten y concluimos entonces que es imposible que todo esto esté pasando de nuevo, que ojalá estas anécdotas fueran solo procesos infundidos por nuestra ingesta alcohólica, que ojalá nuestro futuro pudiera ser mejor que nuestro pasado y que fue la noche la que nos llevó a semejantes panoramas engañosos. Ojalá fuera así.

[1] Chela, palabra de origen incierto de los andes; parece que su originen etimológico se encuentra en la palabra chel “azul” de origen maya, aunque para denominar este color los mayas utilizaban la palabra “ch´oob”. Chela palabra muy usada en los bares de Bogotá donde se escucha la música del demonio según lenguaje popular de los neoconservadores y algunos cristianos que consideran su fe como única y verdadera.

[2] Se denomina carajillo a la mezcla de cerveza con aguardiente

CIBERGRAFIA

– Recuperado de:
https://www.anh.gov.co/Banco%20de%20informacion%20petrolera/Colombia%20Petrolera/Paginas/default.aspx

– Recuperado de:
https://repository.urosario.edu.co/bitstream/handle/10336/10560/Historia_concisa_digital.pdf?sequence=4

– Recuperado de:
https://movil.colombiaaprende.edu.co/sites/default/files/aprenderencasa/libros-docentes/bbcc_libro_pdf_66_historia_de_colombia_contemporanea.pdf

El show de las vacunas y el sistema-mundo capitalista

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El pasado 17 de febrero de 2021 inició en Colombia una nueva fase de la crisis global por pandemia: el programa nacional de vacunación masiva. Sin embargo, esta coyuntura fue marcada por el espectáculo mediático que el gobierno Duque había impulsado días antes sobre la llegada del primer lote de vacunas Pfizer y que continuó durante las jornadas de vacunación. Este lote contaba con apenas unas 50 000 dosis para 25 000 personas en un país con casi cincuenta millones de habitantes. Toda una apuesta en escena estatal de una sociedad cuyo subsistema productivo es incapaz de producir vacunas. Algunos, no sin algo de razón, acusaron a esta actitud de «tercermundista». ¿Pero cuál es el trasfondo estructural de todo esto? En este escrito ensayaremos una lectura general.

El espectáculo «tercermundista» del primer lote

Que la idea de «tercer mundo» denota un espacio de intervención política impulsado desde la segunda posguerra por el Banco Mundial durante la consolidación de la hegemonía estadounidense es una tesis defendida por Arturo Escobar en «La invención del tercer mundo». En 1948 el Banco Mundial con una definición transformó a dos terceras partes de la población en pobres.

Así pues, la pobreza se constituyó en el rasgo distintivo del «tercer mundo» y, de ese modo, el crecimiento y el desarrollo socioeconómicos orientados por los centros del sistema capitalista —de acuerdo con sus propias necesidades productivas— se convirtieron en las soluciones salvíficas contra la pobreza. Como señala el antropólogo colombiano, Estados Unidos no estaba realmente interesado en la industrialización de los países subdesarrollados, sino en que estos produjeran alimentos y materias primas.

Escobar muestra la artificialidad de la construcción del «tercer mundo» en cuanto instrumento de poder. Sin embargo, cabe remarcar que esta diferenciación entre el «primer mundo» y el «tercero» está afincada en profundas desigualdades estructurales que posibilitan tales estrategias geopolíticas de intervención en nombre del crecimiento/desarrollo.

Estas desigualdades han tenido consecuencias en el ámbito cultural, el cual redunda en la reproducción social de esas desigualdades. Así que sí, en este sentido se puede hablar de actitudes «tercermundistas» siempre que se comprenda que estas operan en un contexto mundial que las posibilita.

Por esas razones la escena de Duque aplaudiendo el aterrizaje del primer lote de vacunas es tan triste. No olvidemos, además, la emoción «patriótica» que intentaron fomentar al añadir la bandera de Colombia al contenedor de las vacunas.

Captura de pantalla tomada de Presidencia Colombia.

También está esta selfi, que en lo cultural habla de la estatura mundial de la mayoría de nuestra clase dirigente. ¿V de victoria o de vergüenza? ¿Por qué vanagloriarse de una gestión tardía, incluso a nivel Latinoamérica, en medio de un escenario de acaparamiento de vacunas por parte de países ricos? Tal vez precisamente por eso: se trata de tapar/legitimar la mala gestión de la vacunación y los problemas estructurales con espectáculo y sobreexaltación de las migajas…

Imagen tomada de El País.com.co

Parece que debemos sentirnos «orgullosos» y «afortunados» de recibir una alta tecnología como las vacunas a pesar de ser insuficiente en cuanto número de dosis e iniciarse el plan de vacunación con rezago. Debemos conformarnos y celebrar la gran hazaña con esperanza aun cuando a este ritmo la vacunación podrá tomar dos o tres años, ¡pues somos del tercer mundo!

Días después el show continuó y las selfis de mandatarios nacionales, regionales y municipales no pararon. El presi, la vice y el ministro de Salud, como quien está ante maravillas que no comprende, montaron su espectáculo sobre la primera dosis aplicada, en Sincelejo, Sucre. El Tiempo en esta nota recreó el circo con imágenes «inspiradoras», aunque omitió la caravana previa, la cual incluyó un despliegue exagerado de motos de policía y vehículos militares para acompañar el show estatal de 696 vacunas para Sincelejo.

El gobernador de Sucre se hizo tomar una foto cargando las vacunas, el alcalde de Facatativá «aplicó él mismo [la] primera vacuna» y el alcalde de Soacha exigió que la vacunación se iniciara sólo hasta que él hiciera acto de presencia.

Una «nueva guerra fría» por las vacunas

La crisis global por pandemia detonó las asimetrías del actual sistema mundial capitalista. En este contexto la carrera por las vacunas emprendida por las potencias es clave, pues su desarrollo, producción o adquisición mostraría qué Estados seguirán disputando el ejercicio del poder mundial en un orden pospandémico, del mismo modo que el uso de bombas atómicas por parte de Estados Unidos sobre población civil fue crucial no tanto para acabar la Segunda Guerra, sino de cara al nuevo orden geopolítico que se avecinaba conocido como la Guerra Fría.

En esa medida, el analista Vladimir Rouvinski habló de una «nueva guerra fría» entre Occidente, Rusia y China en torno al uso político de las vacunas. Su noción de «diplomacia covid» da cuenta de una estrategia de intervención de Rusia y China en países latinoamericanos para mejorar su imagen política internacional con discursos de «cooperación». Estos países aprovecharon su posición central en el sistema mundial —que en el caso de Rusia tiene múltiples matices— para producir y comercializar masivamente vacunas y, con ello, legitimar su posición de dominación.

Al cuadro también hay que añadir el papel de la trasnacional estadounidense Pfizer y la alemana BioNTech, las cuales produjeron, con apoyo de recursos público-estatales, la vacuna del tozinamerán; o, en este mismo sentido, el de la Universidad de Oxford y la trasnacional AstraZeneca, ambas instituciones inglesas. Finalmente son Estados o empresas con procesos productivos centrales en el campo de la medicina los que protagonizan la disputa global por la producción y difusión de vacunas.

La vacuna, que sirve biológicamente para prevenir una enfermedad, se usa políticamente como un arma de guerra para construir un nuevo orden pospandémico que prosigue el declive de la hegemonía estadounidense tras el ascenso de China y Rusia, pero que igual hace alarde de las capacidades productivas de Estados Unidos, Alemania y Reino Unido. Mientras tanto, países como Colombia deben conformarse con sufrir las consecuencias de una violencia estructural que imposibilita la producción propia de vacunas. Con todo lo que pueda criticarse y a pesar del bloqueo estadounidense, Cuba tiene el mérito de enfrentar estas desigualdades estructurales mediante la producción de una vacuna propia: la Soberana 02.

El acaparamiento de vacunas por parte de países ricos

El mantenimiento de un sistema mundial capitalista con centros, periferias y semiperiferias depende en buena medida de la ilusión económico-cultural del consumo y de las «ventajas comparativas» del comercio internacional. Aunque Colombia es una periferia y produce productos básicos y materias primas, puede a través del consumo adquirir una vacuna. Pero esta ilusión se está rompiendo por la misma dinámica de acaparamiento de vacunas de los Estados capitalistas más ricos, lo cual constituye una barrera para la mitigación de la pandemia en todo el mundo.

De acuerdo con una nota de BBC, un estudio de la Universidad de Duke prendió alarmas sobre los problemas del actual fenómeno de acaparamiento de vacunas. Esta «situación, de alguna forma, reproduce el actual sistema global: los países más ricos han comprado ya la mayor cantidad de vacunas que se producirá este año, mientras los más pobres no tendrán dosis para administrar incluso ni a sus poblaciones más vulnerables. Como resultado, se estima que cerca del 90% de las habitantes en casi 70 países de bajos ingresos tendrán pocas posibilidades de vacunarse contra el covid-19 en 2021».

Entretanto, como registra la misma nota, a febrero de 2021 Canadá ya había adquirido las dosis de vacunas suficientes como para vacunar ¡hasta a cinco veces el tamaño de su población —de casi cuarenta millones—!

El siguiente dato, del mismo reporte de BBC, muestra la gravedad y el nivel de profundidad de las asimetrías sistémicas: aunque «los países de ingresos altos tienen el 16% de la población mundial, actualmente cuentan con el 60% de las dosis de vacunas que se han vendido». Pero la alternativa que propone es la «buena voluntad» de los países ricos, pues su egoísmo se les puede volcar en su contra. ¡Qué bonitas son las contradicciones del capitalismo!

Ante este panorama, ¿de verdad había que vanagloriarse, para el caso colombiano, por las primeras 50 000 dosis? Ahora tendremos que padecer las secuelas de una mala gestión que la periferia colombiana no podía permitirse.

Como clamara César Vallejo en Los nueve monstruos, «jamás, señor ministro de salud, fue la salud más mortal».

Fuente

Escobar, A. (2007). La invención del tercer mundo: construcción y deconstrucción del desarrollo. Fundación Editorial el perro y la rana: Caracas.

No pierdas la cabeza con el amor: otras visiones sobre el amor

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El amor como lo conocemos no viene dado por naturaleza como en un “gen del amor”, es producto de una construcción social que se puede rastrear al siglo XII con la reina Leonor de Aquitania que después de acompañar a su primer esposo, el rey Luis VII, a la segunda cruzada, se encontró con los sufíes que centraban todo su pensamiento en el amor. Leonor aprendió de ellos, lo adoptó y lo llevó a las cortes parisinas con la Universidad del Amor y el amor cortesano, los juglares llevaron las enseñanzas que ajustó la reina de los sufíes, por todo el territorio que hoy se conoce como Francia.

Leonor de Aquitania se divorció de Luis VII quien no aguantaba su ímpetu, su afán de conocimiento y su pasión por la política, no sin antes difamarla y acusarla de adulterio

De esta manera, el matrimonio que era entendido como una transacción para pasar de unas manos a otras títulos y tierras con la entrega de mujeres, pasó a tener un componente “romántico”, en el que las mujeres ya no estaban disponibles para atender los apetitos de los hombres y sus “negocios”, sino que era necesaria la seducción por medio de heroicas y grandes pruebas de amor, lo que significó una revolución en aquella época.

Leonor de Aquitania se divorció de Luis VII quien no aguantaba su ímpetu, su afán de conocimiento y su pasión por la política, no sin antes difamarla y acusarla de adulterio, acusaciones a las que se sumó, por supuesto, la iglesia en cabeza del Papa. Al ser joven y propietaria de tierras, decidió huir para no ser raptada y obligada a casarse.

Tiempo después conoció al joven Enrique II con quien se casó y fue reina de Inglaterra. Todo iba bien, hasta que él decidió encarcelarla en fortalezas para no tenerla cerca porque no toleraba su ímpetu, su afán de conocimiento y su pasión por la política. Fue con la muerte del rey que Leonor se liberó y vivió hasta los 83 años.

Así como el amor romántico o cortesano representó una revolución en el siglo XII, ya va siendo hora que más de ochocientos años después repensemos las maneras de amar

Así como el amor romántico o cortesano representó una revolución en el siglo XII, ya va siendo hora que más de ochocientos años después repensemos las maneras de amar más allá de la lógica de la media naranja, del amor para siempre, del matrimonio como sinónimo de amor, o de mitos como que una crisis de pareja se “soluciona” con hijos, la espera por la persona perfecta, o el dominio y control sobre la otra persona como expresión de pasión y cariño.

Aquí les compartimos algunas reflexiones que nos ayudarán a meterle mente al amor y no perder la cabeza por su causa.

Coral Herrera (1977-)

«Por amor aguantamos insultos, violencia, desprecio. Somos capaces de humillarnos “por amor”, y a la vez de presumir de nuestra intensa capacidad de amar. “Por amor” nos sacrificamos, nos dejamos anular, perdemos nuestra libertad, perdemos nuestras redes sociales y afectivas. “Por amor” abandonamos nuestros sueños y metas, “por amor” competimos con otras mujeres y nos enemistamos para siempre, “por amor” lo dejamos todo… Por eso este “amor” no es amor. Es dependencia, es necesidad, es miedo a la soledad, es masoquismo, es fantasía mitificada, pero no es amor».

Caitlin Moran (1975-)

«Junto con la ropa interior, el amor es una de las tareas de las mujeres. Las mujeres se tienen que enamorar. Cuando hablamos de las grandes tragedias que pueden ocurrirle a una mujer, una vez descartadas la guerra y la enfermedad, la idea que más nos estremece es no ser amada».

Toni Morrison (1931-2019)

«tú piensas que si él no te ama entonces tú no vales nada. Piensas que si él ya no te quiere él tiene razón, crees que su opinión sobre ti debe ser correcta. Piensas que si él te desecha es porque eres basura. Tú piensas que él te pertenece a ti porque tu sientes que le perteneces a él. No. “Pertenecer” es una mala palabra, especialmente cuando la usas con alguien que amas. El amor no debería ser así».

Kate Millet (1934-2017)

«Mientras nosotras amábamos, los hombres gobernaban. Tal vez no se trate de que el amor en sí sea malo, sino de la manera en que se empleó para engatusar a las mujeres y hacerlas dependientes, en todos los sentidos.
Entre seres libres es otra cosa».

Simone de Beauvoir (1908-1986)

«El día que una mujer pueda no amar con su debilidad sino con su fuerza, no escapar de sí misma sino encontrarse, no humillarse sino afirmarse, ese día el amor será para ella, como para el hombre, fuente de vida y no un peligro mortal».
«El amor auténtico debería basarse en el reconocimiento recíproco de dos libertades».

Errico Malatesta (1853-1932)

«Queremos la libertad; queremos que los hombres y las mujeres puedan amarse y unirse libremente sin otro motivo que el amor, sin ninguna violencia legal, económica o física. (...) Eliminemos la explotación del hombre por el hombre, combatamos la pretensión brutal del macho que se cree dueño de la hembra, combatamos los prejuicios religiosos, sociales y sexuales, aseguremos a todos, hombres, mujeres y niños, el bienestar y la libertad, propaguemos la instrucción y entonces podremos regocijarnos con razón si no quedan más males que los del amor».

Animales & Sociedad, una revista antiespecista colombiana

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¿Han escuchado hablar sobre el veganismo? ¿Sabían que hay gente que cree que no se trata solo de una dieta para ser fitness sino de una traducción práctica de un posicionamiento político? ¿Sabían que ese posicionamiento es la liberación animal contra el especismo? Para tratar estos temas, el Centro de Estudios Abolicionistas por la Liberación Animal (CEA-LA) sacó la revista Animales & Sociedad para explicar, divulgar y abordar los debates que hay en torno al antiespecismo:

Revista Hekatombe: ¿Qué es el Centro de Estudios Abolicionistas para la Liberación Animal?

CEA-LA: el Centro de Estudios Abolicionistas por la Liberación Animal (CEA-LA) nació en el 2008 como parte de la Red Libertaria Popular Mateo Kramer, principalmente por la necesidad de vincular de manera coherente, la lucha por la liberación animal con las luchas sociales y ecologistas desde una construcción de poder popular. No buscamos subordinar las reivindicaciones humanas con las luchas por la liberación animal o viceversa, sino más bien propiciar interacciones, diálogos y encuentros que tanto en la teoría como en la práctica, nos permitan luchar contra la esclavitud de los animales humanos y no humanos desde una militancia político-ecológica. Consideramos que no basta con promover el veganismo, sino que es necesario transformar el modelo productivo imperante, esto a través de la subversión del sistema económico, político y social. Somos un colectivo de mujeres y hombres residentes en Colombia y México, que está convencido de que no debe haber una revolución social que sea construida sobre la miseria y la esclavitud de los animales no humanos y que tampoco vamos a abolir la esclavitud no humana únicamente cambiando hábitos de consumo.

Actualmente estamos enfocados en la publicación de nuestra revista Animales & sociedad, la cual en el 2020 llegó a su 4ta.edición, se trata de una publicación digital de difusión gratuita, que busca anualmente contribuir a aquella construcción colectiva del movimiento social animalista en Colombia y en el mundo, así como al posicionamiento del veganismo popular como propuesta alternativa al veganismo de élite. La presente, las ediciones anteriores y otros artículos los podrán encontrar en nuestra página web www.animalesysociedad.com

Revista Hekatombe: ¿A grandes rasgos le podrían contar a nuestras y nuestros lectores qué es el antiespecismo?

CEA-LA: el antiespecismo es la posición ético-política que se opone al especismo, término entendido como aquel sistema de dominación que oprime al otro (animal no humano), principalmente en los ámbitos biológico y social. Esta posición política busca subvertir aquella perspectiva antropocentrista que desconoce y niega la compleja interrelación que existe entre la naturaleza y la sociedad. Desde el antiespecismo buscamos transformar radicalmente nuestra relación con los demás animales, como colectivo consideramos que es necesario partir de la comprensión del especismo como una serie de relaciones que están situadas en un contexto histórico, que no surge de la nada y porque sí, sino que requiere ser analizado desde su estructura, para así mismo ser transformado.

Revista Hekatombe: ¿Por qué crearon la Revista Animales y Sociedad?

CEA-LA: nuestro propósito es aportar desde la teoría y la praxis al debate de ideas sobre las relaciones animal humano/animal no humano en Colombia y América Latina. Buscamos contribuir a la construcción colectiva del movimiento social animalista en Colombia y del veganismo popular – aquellas prácticas veganas situadas y decididamente politizadas –, estamos convencidas de que la liberación de los animales debe pensarse en nuestro contexto socio histórico particular y hermanarse con otras luchas sociales que también caminan en la construcción de proyectos emancipatorios. Creemos que es necesario seguir dando pasos para repensar esta cuestión en Nuestra América a partir de nuestros propios referentes teóricos y políticos, así como para ampliar la discusión sobre las raíces estructurales de la explotación de los animales y construir propuestas alternativas a los problemas que se derivan de su condición actual.

Nuestra expectativa con cada edición de la revista es difundir una propuesta que aún es amplia en su proceso de discusión y construcción, algo que nos permite abrir nuevos escenarios de crítica y acción que están encaminados a abolir la explotación tanto de animales no humanos como humanos. En cada edición invitamos a distintos/as autoras que desde nuestra perspectiva pueden aportar a la discusión desde diferentes perspectivas, ahora bien, no nos conformamos con grandes desarrollos teóricos que puedan ser de difícil entendimiento para nuestra población objetivo, por el contrario, la intención es, sin perder la rigurosidad de lo que se dice, poder plantear ideas fuerza con su respectiva argumentación para cualquier persona que tenga la intención de acercarse a este tipo de debates; entre otras motivaciones, es de nuestro interés visibilizar iniciativas de activismo por los animales no humanos, así como dinámicas de economía popular que pongan en cuestión la relación humano/animal desde su campo productivo específico.

Revista Hekatombe: ¿A qué personas está dirigida y qué tipo de contenidos se van a encontrar en la Revista?

CEA-LA: Animales & Sociedad está dirigida tanto a individuos y colectividades que practican el veganismo como a la diversidad de sectores sociales que no necesariamente encuentran la liberación animal como su prioridad ético-política; personas de distintos contextos socioeconómicos y culturales, de América latina y el mundo, aquellas que tengan una posición ética en favor de los demás animales; en quienes exista la intención de acercarse o vincular esta lucha con otros movimientos sociales o causas, y de ahí tomar una posición en su mismo contexto; en fin, la revista está dirigida y agradecida con quienes nos quieran leer, compartir, debatir y aportar.

En esta edición de la revista encontrarán: artículos que abordan nuestra postura en torno al veganismo popular; algunos ejemplos de “contraculturas” antiespecistas, abordadas desde el arte, la fotografía y el cine; experiencias de activismo en Colombia y algunas regiones de España; la primera versión del Glosario de resistencia animal(ista); reflexiones sobre la liberación animal desde la óptica marxista, ecosocialista y desde la filosofía latinoamericana; algunos elementos relacionados con la alimentación vegana y su vínculo con la soberanía alimentaria; entre otros. Se trata de un proyecto diverso, construido colectivamente, que tiene como propósito consolidarse como una publicación que aporta al debate por la liberación animal.

La salud laboral durante el teletrabajo. Una Mirada desde quienes trabajan

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Debido a la pandemia ocasionada por la Covid-19, la sociedad colombiana, al igual que en la mayoría de los países, se ha visto obligada a implementar la práctica del teletrabajo.

Trabajar desde la comodidad del hogar, sin tener que gastar dinero y tiempo extra en alimentación y transporte, suena muy bien, sobre todo para aquellas personas que tienen las garantías para desarrollar de manera eficiente esta modalidad de trabajo. Sin embargo, la situación no es del todo conveniente para la clase social asalariada en Colombia, más aún, en tiempos de pandemia, en dónde muchos empleadores que han implementado el teletrabajo han olvidado que existe una jornada laboral y sus empleados no pueden estar las 24 horas del día disponibles para las empresas. También existe el caso de las madres solteras, quienes tienen que atender a sus hijos diariamente, en paralelo al desarrollo de su actividad laboral, dado que los niños y niñas ahora se encuentran permanentemente en el hogar. Es por ello que la modalidad de teletrabajo no siempre es sinónimo de comodidad para el trabajador.

Según estudios de la revista médica británica «The Lancet» el desarrollo de las cuarentenas es directamente proporcional al aumento de casos de enfermedades emocionales, como lo son la depresión, el estrés, la ansiedad, entre otras.  Adicionalmente, según la normatividad colombiana, en el Código Sustantivo del Trabajo se establece que algunas de las obligaciones del empleador son facilitar a las y los trabajadores los instrumentos adecuados y las materias primas necesarias para la realización de las labores, entregar a los trabajadores los elementos adecuados de protección contra los accidentes y enfermedades profesionales para garantizar su seguridad y su salud, y prestar inmediatamente los primeros auxilios en caso de accidente o de enfermedad.

En ese orden de ideas, es claro que los países como el nuestro no están en las condiciones materiales y normativas para implementar la práctica del teletrabajo en los términos que establece la Ley con el fin de garantizar la salud de las personas, pues los empleadores de pequeñas y medianas empresas no tienen los recursos suficientes para garantizar de manera óptima la salud de sus empleados en el hogar, más aún cuando han venido solicitando ayudas económicas del Gobierno Nacional para evitar la “banca rota” y estas no han sido atendidas en comparación a los beneficios que sí han recibido los bancos, multinacionales y grandes empresas, por medio de créditos y facilidades económicas en materia de impuestos.

En ese sentido, existe un problema jurídico en torno a sobre quienes deben recaer las responsabilidades de las posibles enfermedades laborales que pueden llegar a sufrir las y los trabajadores durante el desarrollo de sus labores en el hogar, ya que, ante la escasa normatividad específica sobre el teletrabajo en Colombia, establecida en la trasnochada Ley 1221 de 2.008 y en un “Pacto por el Teletrabajo de 2.020”[1] realizado por el MINTIC, es posible asegurar que el empleador debe garantizar al trabajador condiciones ergonómicas óptimas en su puesto de trabajo, es decir, entregar los elementos necesarios al trabajador para que al momento de realizar su labor, se disminuya el riesgo de afectar la salud de este (Art. 57 del Código Sustantivo del Trabajo y Art. 6 de la Ley 1221 de 2.008). Sin embargo, en la mayoría de los casos, son los trabajadores quienes han tenido que adecuar los lugares y elementos de su hogar para poder realizar sus labores, viéndose obligados a usar elementos que no están hechos para trabajar en el hogar, como sillas, mesas, sitios con poca iluminación, lugares con ruido y en ocasiones compartidos con miembros de su familia. Esta situación aumenta significativamente los riesgos de sufrir lesiones musculares, articulares y problemas visuales, más aún, cuando no se tienen las garantías de la realización supervisada de pausas activas.

Por otro lado, en términos de salud mental, la situación es quizás peor, pues para nadie es un secreto que la denominada flexibilidad de horario, ha ocasionado que exista un aumento en las horas laboradas, debido a la asignación desorganizada y aumentada de tareas. Adicionalmente, es importante añadir que existe una falta de experiencia en la organización de tiempos por parte de los empleados al momento de estar en el hogar desempeñando un trabajo. Sumado a la inexperiencia, existe el factor de la crianza de niños y niñas, el cuidado de adultos mayores y las demás labores constantes del hogar a cargo de trabajadoras y trabajadores, las cuales se desarrollan en paralelo a la presión ejercida por las empresas para mantener la misma productividad que se tenía en la presencialidad, la cual, generalmente se realiza desconociendo la realidad cotidiana que estos viven.

Estos factores, en conjunto, generan que las personas trabajadoras estén en una constante situación de estrés, ya que como lo ha manifestado la Organización Internacional del Trabajo -OIT-, durante la pandemia, se ha incrementado el miedo a perder el empleo, a la vez que ha aumentado el aislamiento social y el sedentarismo, siendo las mujeres las mayormente afectadas, debido a las responsabilidades que culturalmente nuestra sociedad les ha asignado en el hogar.

Estos factores, en conjunto, generan que las personas trabajadoras estén en una constante situación de estrés, ya que como lo ha manifestado la Organización Internacional del Trabajo -OIT-, durante la pandemia, se ha incrementado el miedo a perder el empleo, a la vez que ha aumentado el aislamiento social y el sedentarismo

En ese sentido, para la ciudadanía colombiana es bien sabido que son muy pocas las empresas que adelantan gestiones durante la pandemia para disminuir los riesgos laborales relacionados con enfermedades psicológicas y emocionales, que a su vez pueden llegar a desencadenar otros padecimientos de salud como lo son “enfermedades cardiovasculares, gastrointestinales e inmunológicas” (OIT, 2020). Sin embargo, también es importante resaltar que, en nuestro país antes de la pandemia tampoco se prestaba especial atención a los factores de riesgo de enfermedades emocionales en el trabajo, pues culturalmente se ha establecido que estás enfermedades son sinónimo de debilidad, siendo pasadas a segundo plano, como si el cerebro no fuera un órgano del cuerpo humano que debe mantenerse sano como todos los demás. De igual forma, se resalta que existen empresas que han cumplido con su obligación y han entregado equipos tecnológicos a sus trabajadores para la realización de sus labores, y en algunos casos han adecuado los puestos de trabajo en el hogar, como debe ser.

Ahora bien, es posible concluir que la mayor parte de la responsabilidad en términos jurídicos, de las enfermedades físicas y psicológicas que están sufriendo las y los trabajadores en Colombia les corresponde a sus empleadores por todo lo mencionado anteriormente. Sin embargo, también es menester precisar que el Gobierno comparte una responsabilidad política frente al tema, pues la gestión que ha realizado para verificar que las condiciones de salud y seguridad en el teletrabajo se estén cumpliendo han sido casi nulas, ya que sus esfuerzos se han doblegado para que la economía en términos de ganancias para las grandes empresas no se vea afectada, esto con la implementación de los denominados “días sin IVA” que beneficiaron especialmente a los grandes empresarios.

De igual forma, se han concedido permisos especiales para la operación de multinacionales y almacenes de cadena, mientras que a las tiendas y los comercios populares de las micro, pequeñas y medianas empresas se les ha restringido su actividad de manera agresiva y sin recibir asistencias financieras significativas, mientras que en paralelo, diferentes sectores sociales y políticos han venido denunciando las entregas millonarias de dinero por parte del Gobierno a la banca, o la aprobación de un préstamo de más de $370 millones de dólares a la Aerolínea Avianca, a pesar de ser una empresa privada con la mayor parte de sus activos registrados en Panamá. Préstamo que, según esa empresa, no fue necesario —luego de un gran escándalo nacional de alcance internacional— debido a que recibió la aprobación del Tribunal de Bancarrota de los Estados Unidos para acceder a un financiamiento bajo la figura de deudor en posesión US$2.000 millones.

Por último, es importante mencionar que las y los trabajadores deben tratar de salvaguardar su salud, ante todo, mediante la organización de tiempos y la especial atención a sus condiciones físicas y mentales, pero aclarando que el éxito de esta labor no depende de si misma, pues depende irremediablemente del cumplimiento de la Ley por parte de las empresas en materia de Salud y Seguridad en el trabajo, aún cuando este se realice desde el hogar, y de la vigilancia y el apoyo financiero significativo por parte del Gobierno a las empresas y a los trabajadores que lo necesiten, con auxilios económicos para la preservación de las micro, pequeñas y medianas empresas, para que así no exista excusa alguna para vulnerar la salud de las y los trabajadores.

Referencias

OIT. (09 de Octubre de 2020). Organización Internacional del Trabajo. Obtenido de Teletrabajo y salud mental: Avances y desafíos más allá de la pandemia: https://www.ilo.org/santiago/publicaciones/reflexiones-trabajo/WCMS_757609/lang–es/index.htm

[1] Documento realizado por el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones -MINTIC- que invita a las empresas a implementar el teletrabajo, fijando unas pautas operativas para realizarlo. Al no tener en cuenta las distinciones económicas entre las micro, pequeñas, medianas y grandes empresas se infiere que está dirigido al sector de las grandes empresas y más que actualizar la modalidad del teletrabajo en tiempos de pandemia, es una reiteración de la ya mencionada Ley 1221 del 2.008.

Sombras de Uribe: un panorama sobre las llamadas «fuerzas alternativas»

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Sombras de división merodean sobre las llamadas «fuerzas alternativas» en el contexto de crisis de hegemonía uribista. Las recientes reuniones de convergencia sostenidas entre Angélica Lozano, Juan Fernando Cristo, Humberto de la Calle, Jorge Robledo y Sergio Fajardo confirman la intención de construcción de un bloque electoral que excluye tanto a Petro como a las fuerzas liberal-democráticas más orientadas hacia la izquierda. Ante esto, el congresista Inti Asprilla reclamó que Angélica Lozano no representa a toda la Alianza Verde.

De ese modo se está pactando la eventual dominación/hegemonía de élites políticas de centroizquierda y centroderecha que no han nacido explícitamente del tradicional tronco liberal-conservador y el reencauche de viejas élites santistas provenientes del Partido Liberal.

Por el lado de la Colombia Humana el panorama es de fractura interna. Los problemas derivados del caudillismo, la incomprensión de la estructura de género como fuente de desigualdades contra las mujeres, distancias ideológicas y la ausencia de autocrítica y democracia interna explotaron con la renuncia de Ángela María Robledo a la Colombia Humana, quien fuera nada más ni nada menos que la fórmula vicepresidencial de Gustavo Petro en las elecciones de 2018. Figuras representativas como María Mercedes Maldonado también se habían apartado ya de la organización liderada por Petro.

A esto hay que sumar que la propia Colombia Humana ha estado abierta a alianzas con otras élites santistas. La conversión del otrora senador del Partido de la U Armando Benedetti al «petrismo» ilustra esta situación. El exuribista y exsantista ahora defiende banderas de izquierda y es acérrimo crítico de Fajardo.

Una historia reciente de vaivenes

La reciente política estatal de izquierdas ha sido dinámica, pero no dialéctica, es decir, ha sido incapaz de superar las consecuencias disgregadoras de sus propias contradicciones. En todo este juego de disputa por el ejercicio del poder estatal hay que recordar que la Alianza Verde fue resultado de la fusión en 2013 entre los Progresistas de Petro y el Partido Verde, sí, el mismo partido donde militaban Antanas Mockus, Enrique Peñalosa y hasta Lucho Garzón. Por ese entonces Angélica Lozano, hoy gran electora de la Alianza Verde y del inexistente centro, era concejala por el Movimiento Progresistas.

Así que, como escribiera el poeta Oliverio Girondo, «se confunden, se acoplan, se disgregan». Todo un maremágnum de ires y venires que expone la ausencia de acuerdos programáticos a largo aliento «sobre lo fundamental» bajo un proyecto de izquierdas.

Tras la ruptura entre los Progresistas de Petro y la Alianza Verde ocurrida en 2017 hubo políticos afines a Petro o con trayectoria de izquierdas que decidieron quedarse en la miscelánea de la Alianza. Entre ellos cabe destacar a Antonio Navarro Wolf, Inti Asprilla, Carlos Vicente de Roux y Camilo Romero.

Apenas un año después, en 2018, tanto Mockus como Claudia López respaldaron la candidatura presidencial de Gustavo Petro en segunda vuelta para atajar a Iván Duque. Mas poco tiempo después el petrismo no sólo presentó candidato propio para la alcaldía de Bogotá, sino que ejerce una tensa oposición contra la alcaldesa elegida Claudia López, que recibió el apoyo del Polo Democrático y con la que Ángela María Robledo es afín. Carlos Carrillo, del Polo, es en la actualidad una de las voces más críticas de la alcaldesa de la Bogotá Cuidadora.

Así que, como escribiera el poeta Oliverio Girondo, «se confunden, se acoplan, se disgregan». Todo un maremágnum de ires y venires que expone la ausencia de acuerdos programáticos a largo aliento «sobre lo fundamental» bajo un proyecto de izquierdas.

Un diagnóstico: no todo son votos

No se ha construido un horizonte político común de izquierda por el hecho de trabarse alianzas coyunturales con fuerzas ideológicamente distantes que sirven principalmente para ganar votos y posicionar candidaturas.

Si se sigue la terminología de Angelo Panebianco sobre los dilemas organizativos de los partidos, en la tensión de las izquierdas entre los incentivos selectivos individuales de sus políticos y los incentivos colectivos referentes a la lucha contra las desigualdades… ha primado el primer tipo de incentivo. Hoy Petro es senador, hoy Jorge Robledo es senador, pero Colombia sigue siendo uno de los países más desiguales del mundo y no se avizora siquiera una unidad entre las fuerzas de izquierda en torno a la defensa del Acuerdo Final de Paz.

Asimismo, pareciera que, aunque en la estructura económica ha habido condiciones para un proyecto programático más proclive a la igualdad social, la batalla cultural fue ganada de modo provisional por el individualismo liberal, el asistencialismo, los caudillismos, el miedo a la izquierda y las ideologías precarizadoras del emprendimiento. Las secuelas de la derrota hegemónica de la lucha guerrillera, tan instrumentalizadas por el uribismo, aún perviven en la cultura política.

De las pocas escisiones entre las izquierdas que han permanecido en el tiempo se encuentran las protagonizadas por Jorge Robledo —y el MOIR— y Gustavo Petro desde que éste denunciara, junto con Carlos Vicente de Roux y Luis Carlos Avellaneda, las ilegalidades de la administración Samuel Moreno. Tal división ha redundado en la imposibilidad de conformación de un bloque de izquierda más unificado.

Reflexiones finales

Lo que muestra el presente panorama es que hay una disputa en torno a cuáles élites serán las que ocuparán los «vacíos de poder» que dejaría una caída relativa de la dominación/hegemonía uribista. Pero la fragmentación de esta plétora de fuerzas puede favorecer a un Centro Democrático que de momento no tiene nada más que ofrecer que la reencarnación del reyecillo Álvaro Uribe en la figura de su hijo, el príncipe-empresario Tomás, el franco —llamado así no por alusión al reino «bárbaro», sino por las Zonas Francas que papá presidente institucionalizó para que se enriqueciera de forma descarada—.

Es quizá esta una oportunidad para las izquierdas de ayudar en el proyecto de politización de los pueblos y gentes que habitan el territorio colombiano en torno a la lucha contra las desigualdades estructurales de clase, raza y género que oprimen a las clases subalternas a distintas escalas.

Sólo de esa forma facciones de la antidemocracia uribista, ahora en su versión dinástica, se imagina que podría continuar su defensa del violento orden social vigente. Nada extraño en un país dominado durante más de un siglo por familias liberales o conservadoras profundamente endogámicas.

Es quizá esta una oportunidad para las izquierdas de ayudar en el proyecto de politización de los pueblos y gentes que habitan el territorio colombiano en torno a la lucha contra las desigualdades estructurales de clase, raza y género que oprimen a las clases subalternas a distintas escalas. Pues una alianza radicalmente democrática es la que se establece con las multitudes y sujetos subalternos en sus territorios y no las que están mediadas por la ficción de la representación de las élites clientelistas de Medellín, la Costa o Bogotá, o la ficción de la «democracia virtual» de Twitter. Eso no implica, de todas formas, que la Colombia Humana deba seguir perdiendo cuadros políticos de «centroizquierda» de alcance regional o nacional. La lógica de la representación sigue pesando.

El posicionamiento electoral de élites estatales de izquierda, pues, debe ser uno de tantos medios, pero no el fin de la acción colectiva contrahegemónica.

¿Será la Colombia Humana el principal partido-movimiento que aglutinará a todas esas fuerzas populares o continuará, en cambio, devorándose a sí misma? Si sigue reproduciendo el segundo camino, no habrá Lalis, ni Levy Rincón que valgan.

Un programa para recuperar el futuro

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Con evidente entusiasmo la campaña al 2022 empezó antes de lo esperado, esto se le puede atribuir a lo mucho que está en juego en medio de la crisis innegable que vive el país por causa de la pandemia; sin lugar a duda, el desarrollo económico y social hace parte de las cuestiones fundamentales que entran en la contienda electoral, pero, ¿cómo recomponer una sociedad devastada por el COVID-19, la violencia, las mafias y el autoritarismo?

Justamente en el camino y en la respuesta a esta pregunta puede estar la clave esencial para garantizar una convergencia eficaz; articulándose sobre las necesidades del país y no, sobre el interés particular proveniente de la supervivencia política.

Roy Barreras en la carta dirigida al Partido Verde en días pasados, no pudo ser más certero con el denominado “centro político”, pero también, el sentido de sus palabras, es un llamado de atención para todo el campo alternativo y las izquierdas. Evidentemente no son tiempos para ser blandos, gaseosos o indefinidos. Y allí, en torno a las conductas oscilantes, hay problemas fundamentales que merecen todas las proposiciones para salir de los problemas del desarrollo y la desigualdad, pero también, de los retos propios de las agendas emergentes de las mujeres, los jóvenes, el ambiente, el cambio climático y por supuesto, las perspectivas democráticas que éstas por naturaleza conllevan.

Una sociedad desigual y violenta que fue golpeada aún más por la pandemia, no puede continuar normalizando que el rico sea más rico, que el Estado se convierta en el motor del autoritarismo, que las masacres se constituyan como condena al pasado, que el país siga sometido a vivir por sentencia a no tener derechos, o lo que es peor, que se tenga que elegir entre el virus o el hambre. Oponerse a este desastre merece de todo el esfuerzo y vitalidad para recuperar el futuro hoy incierto, con un sentido de realidad, un sentido de capacidad y un sentido de transición.

Construir estos sentidos pasa por brindar garantías y seguridad para tener mayor igualdad, ampliando la garantía de derechos junto con el acceso a bienes y servicios que permitan condiciones dignas, para adquirir una capacidad productiva que desencadene una economía cuidadora de la vida, para reorientar la distribución de la riqueza con el fin de generar un sistema de ingresos ocupado de lo importante en clave de desarrollo humano y social, para que los más ricos adquieran un compromiso tributario de acuerdo a su condición y para que exista una seguridad del entorno en el que vivimos con una agenda clara sobre el cambio climático. Hoy, disputar el futuro pasa por determinarse sin ambigüedades a superar los retos de la desigualdad y pobreza.

Un programa real, con capacidad y con sentido de transición, no es solo para pensarse la victoria en el 2022, es para pensarse y definirse por recuperar el futuro para la vida, la democracia y la felicidad; un programa que requiere de ingenio, diálogo, participación y, sobre todo, determinación; un programa y un futuro, que depende de las decisiones que podamos tomar ahora. ¡Construyámoslo!

Una reunión “amplia” pero excluyente

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El 4 de febrero nos enteramos gracias a una plana en Twitter de una reunión de diferentes personalidades políticas para “construir amplia convergencia para la necesaria transformación de Colombia”, algo que a primera vista se lee bonito, y hasta esperanzador, sin embargo, la cosa se complica conforme avanza el trino y nos encontramos con las firmas de las personas que asistieron: “Cristo,Delacalle,Fajardo,Galán, Robledo, P.Verde”.

A continuación, comparto algunas consideraciones sobre esta reunión.

  1. Hablemos primero de los sectores políticos que asistieron a la reunión: a esta asistieron un sector del Partido Liberal que respaldó la paz, sí, porque su contrato y legitimidad dependían de ese apoyo; la convergencia para las elecciones de 2018 que garantizaba la representación del sindicato antioqueño (grupo Argos, Nutressa y Sura), el mediano (?) empresariado colombiano y un centro que aboga por paños de agua tibia. Entonces, de entrada, podemos decir que, la convergencia amplia recogía a dos grandes sectores políticos.

De estos dos sectores podemos decir que no están de acuerdo con el gobierno Duque, pero que sin embargo, no se distancian del modelo económico que plantea (salvo el caso de Dignidad de Robledo, que siempre ha rechazado los Tratados de Libre Comercio por afectar la industria nacional), digamos que buscan un gobierno más cercano al cumplimiento de la Constitución, o bien, a una parte importante de ella que no necesariamente contempla su componente garantista en términos de acceso a derechos sociales.

  1. Esta “amplia convergencia” posa de independiente y exhala un aire de frescura, veamos qué es la independencia para ellos y qué tan frescos son:

Juan Fernando Cristo

Este abogado cucuteño uniandino de 57 años fue ministro de desarrollo económico de Virgilio Barco, cónsul general de Colombia en Venezuela, consejero presidencial de Samper, así como su viceministro de relaciones exteriores y embajador de Colombia en Grecia. Luego fue senador entre 1998 y 2014 y ministro del interior de Juan Manuel Santos. Se quemó en la consulta presidencial del partido Liberal para las elecciones de 2018.

Humberto de la Calle

El abogado caldense de 75 años ha sido ministro de César Gaviria, Ernesto Samper, Andrés Pastrana y trabajó como embajador de la OEA en el gobierno de Álvaro Uribe Vélez —sí, el guerrerista—, además fue quien lo asesoró en el cambio de artículos que se requerían para ser reelegido como presidente la primera vez (ojo que en la biografía de Wikipedia se les olvidó incluir ese detallito). Luego Santos lo contrató para que trabajara en el proceso de Paz. Se quemó en las elecciones de 2018 y para rematar votó en blanco en lugar de insistir en defender el Acuerdo de Paz que, como ya se sabía, la derecha uribista haría trizas.

Juan Manuel Galán

Este bogotano de 49 años es hijo de Luis Carlos Galán Sarmiento y su hermano es el concejal peñalosista Carlos Fernando Galán. A los 26 años (1998) fue viceministro de la juventud de Pastrana, luego fue el director del programa presidencial Colombia Joven. En 2005 bajo el mandato de Álvaro Uribe Vélez fue ministro plenipotenciario en Londres. Luego entre 2006 y 2018 fue senador por el partido Liberal.

Jorge Enrique Robledo

El ibaguereño de 71 años es arquitecto uniandino, reconocido por ser senador desde el 2002, ha liderado interesantes debates contra los Tratados de Libre Comercio, se opuso al gobierno Uribe y también al de Santos especialmente por su “grado de sometimiento a las transnacionales y a las potencias económicas, empezando por Estados Unidos y la Unión Europea” y por ser claramente neoliberal, razón por la que no apoyó su reelección en 2014. También es conocido por su cruzada contra el Partido Comunista por integrar el movimiento Marcha Patriótica, llevando a que esta colectividad saliera del Polo Democrático Alternativo. Se dice que defendió la idea de lavar la ropa sucia en casa para que no se ventilara tan pronto el escándalo de corrupción de Samuel Moreno. Su forma de hacer política y la de su tendencia, el MOIR, fue la clave para la salida de múltiples organizaciones políticas del Polo Democrático, con el fin de conseguir la hegemonía sobre el partido por varios años.

Sergio Fajardo 

Ay Sergio. Pues qué se puede decir de él, todo está dicho. Este matemático uniandino de 65 años, fue fórmula vicepresidencial de Mockus en 2010 y luego se quemó en las elecciones de 2018 con la convergencia de Compromiso Ciudadano, el Polo Democrático bajo la hegemonía del Moir y la Alianza Verde. Trabajó en la comisión facilitadora de paz durante la gobernación de Álvaro Uribe Vélez. En 2003 fue elegido alcalde de Medellín por Alianza Social Indígena y pues tuvo una buena relación con el entonces presidente Uribe. Es ficha del sindicato antioqueño, que además estuvo muy relacionado con el desastre ecológico y social de Hidroituango.

El Partido Alianza Verde

Bueno aquí la cosa se pone bien difusa. Resulta que no es claro quién asistió del Partido Verde, aparte de la senadora Angélica Lozano, quien parece se ha tomado la vocería verde sin tener en cuenta la estructura interna y anda un poco extralimitada en sus funciones.

Vale decir que los verdes están rotos por dentro por causa de las elecciones de 2022. Un sector plantea una consulta interna para elegir candidato presidencial y el otro quiere que sea designado de nuevo Sergio Fajardo, entendiendo la Alianza Verde como una plataforma electoral que se activa cada tanto para dar avales.

  1. Dicho esto, quedan muchas preguntas sobre lo que es la “necesaria transformación de Colombia”. 

¿Transformación con una reunión política falocéntrica, que para ellos es lo normal, y en la que participaron algunas mujeres para cumplir la cuota?

¿Transformación sin tocar el modelo económico? Todos hablan de justicia y de inversión “en lo social”, pero ¿eso qué es? Parece que ya están en modo campaña. Al revisar las cuentas de Twitter de las personas involucradas en la reunión, abundan las frases de cajón y vacías que a primera vista se ven bien, pero que en realidad son más de lo mismo: inversión en lo social hiperfocalizada, que no se traduce en un aumento del poder adquisitivo de los sectores trabajadores, al dejar de lado reformas sociales sustanciales, tal como lo vimos tanto en los gobiernos de Uribe, como en los gobiernos de Santos.

¿Transformación política sin tocar la destrucción de la naturaleza? y esto está directamente relacionado con la pregunta anterior. Nos encontramos frente a una reunión de personas que lo más cercano que tienen con la naturaleza es que cambian de color como el camaleón y que no plantean alternativas sostenibles y reales hacia la transición energética. Personas que poco o nada hicieron por detener la configuración de una economía extractivista y depredadora del ambiente.

Resulta preocupante lo que para estos sectores políticos resulta “amplio” y “transformador”. Como se sienten los dueños del juego y de las formas adecuadas y nuevas de hacer política, deciden quién participa y quién no, quién es un “transformador” que no se aleja de la dinámica tradicional del poder, y quién en cambio, puede llevar a poner en jaque esa dinámica al promover reformas profundas que afecten la aguda concentración de poder y riqueza que hay en Colombia, y de la que ellos se han beneficiado.

Una reunión de un grupo que se presenta así mismo como sensato, fresco y renovador, pero que como podemos ver, de un lado integra la clase política tradicional o, del otro, está ansioso por ingresar al coctel de la clase política tradicional. Si en realidad buscan construir una agenda distinta de la añeja hegemonía uribista, no deja de ser curioso que sigan reproduciendo la vieja lógica política del bipartidismo: un sector liberal supuestamente más moderno que quiere llegar al gobierno para plantear cosas distintas del sector conservador, y que gobernando se limitan a llevar más lejos las medidas previas y en poner en marcha otras nuevas que profundizan la desigualdad.

Si realmente se pretende “transformar”, este sector tendría que abrirse hacia movimientos y organizaciones que programáticamente tengan ese propósito.