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El padre Camilo Torres: algunas de sus ideas

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Camilo Torres Restrepo (03/02/1929 – 15/02/1966) se hizo sacerdote en Colombia, se formó como sociólogo en Bélgica, y luego de recorrer el país para estudiar los efectos de la «época de la violencia» en las regiones, identificó de primera mano la concentración de la tierra en unos pocos propietarios, la miseria del campesinado sin tierra y las grandes desigualdades existentes en los municipios y las ciudades. Como capellán y luego como profesor de sociología en la Universidad Nacional, se acercó a la marginalidad y pobreza de los barrios populares en Bogotá.

Sostuvo que la alternancia de la clase política que ocupaba las direcciones de los partidos liberal y conservador, restringía la participación a otros sectores políticos y sociales.

Durante el Frente Nacional (1958 y 1974) sostuvo que la alternancia de la clase oligárquica que ocupaba las direcciones de los partidos liberal y conservador, restringía la participación de otros sectores políticos y sociales, por lo que promovió la construcción de un Frente Unido del pueblo que les disputara el poder. Esta posición, y su postura a favor de la expropiación de los bienes de la iglesia, le acarrearon la reducción al estado laico a mediados de 1965.

A fines del mismo año, acosado por las amenazas y la persecución política; procurando eludir el destino de Jorge Eliecer Gaitán; y en un ambiente de época que hacía de la insurgencia armada un camino razonable debido las luchas anticoloniales/antiimperialistas que se desarrollaban en el tercer mundo, tomó la decisión de unirse a las filas del recién fundado Ejército de Liberación Nacional. Siendo guerrillero, murió pocos meses después, un 15 de febrero de 1966.

El acoso político a Camilo en el marco de la democracia restringida del Frente nacional y su decisión de ingresar a una agrupación guerrillera, privaron a la iglesia colombiana de un sacerdote que habría procurado su renovación; a la academia, de sus estudios en sociología urbana y de todos los posibles campos que habría explorado dada su inquietud científica; y a la política, de un dirigente honesto, audaz y valiente que habría enarbolado los intereses y necesidades de las clases populares. 

Al leer sus discursos y sus mensajes cargados de una sencillez que encerraba el análisis y estudio riguroso de la realidad nacional, resulta evidente su popularidad en un país católico y empobrecido. 

“Muchas veces en la gran prensa se me ha dicho que no estoy planteando nada nuevo y cree que eso es un ataque serio contra mí. Esto es en realidad una de las mayores ponderaciones, tal vez la mejor manera de alabarme. Porque es cierto: no estoy planteando nada nuevo. (…) Tal vez la novedad consista en que lo diga en público y me juegue la sotana para sostenerlo, eso sí puede ser nuevo; pero lo que digo no tiene nada de nuevo, entonces ¿qué es lo que pasará? Que al decirme que no estoy diciendo nada nuevo, y si lo viejo que estoy repitiendo ha suscitado tanto entusiasmo, eso es una acusación contra la clase dirigente. Si lo que digo es viejo, si el decir que el poder está concentrado en pocas manos y que los que tienen el poder no lo están utilizando para las mayorías, si eso es viejo, entonces son tanto más culpables los que conocen el problema y no son capaces de solucionarlo”.

Algunas de sus ideas

El amor eficaz 

Camilo se sentía insatisfecho con el alcance real de lo que podía hacer la iglesia para garantizar necesidades básicas o para conseguir un cambio de estructuras ante la desigualdad y antidemocracia que sostenía el Frente Nacional. En ese sentido, consideraba que el amor al prójimo como una simple enunciación de quienes promulgaban la fe cristiana resultaba limitado de no ser eficaz en términos de una traducción política que asumiera la construcción de una fuerza social capaz de impugnar la concentración del poder en una minoría en detrimento de las mayorías. En su perspectiva, el amor eficaz es el amor al prójimo que va más allá de la caridad individual, y que tiene por propósito garantizar las condiciones de vida digna de las mayorías sociales, “tenemos que buscar medios eficaces para el bienestar de las mayorías” escribía en el mensaje a los cristianos.

“Tenemos que buscar medios eficaces para el bienestar de las mayorías”

El intelectual argentino Miguel Mazzeo sostiene que el amor eficaz “es la fe activa. Es el ‘ideal encarnado’. La plegaria unida a la siembra. El amor ineficaz sería la fe pasiva, eclesial; sería el amor sin contenido, sin prácticas concretas. Un amor condenado a convertirse en desamor para alimentar la mojigatería, la hipocresía, el moralismo y el doble discurso (…) ”. Para la consecución del amor eficaz era necesario un cambio social contundente que garantizara la justicia social y democratizara el poder que concentraba la minoría: la oligarquía colombiana.

Este objetivo sería realizable si se construía un instrumento político que agrupara a la clase popular y a los partidos, organizaciones y movimientos que también quisieran un nuevo gobierno. Un frente plural, sin caudillismos, en el que la representatividad de Camilo sería temporal mientras los sectores populares se apropiaban del instrumento político y de su plataforma, esto es, mientras tenían una conciencia común de sus objetivos como clase, que fuera más allá de aquella indignación coyuntural que no se traduce en una vocación de poder antioligárquico.

La clase popular

En el momento en el que Camilo recorrió los barrios populares de Bogotá y las regiones colombianas azotadas por la violencia y la desigualdad, sintió que el uso del término «obrero», frecuente en el discurso marxista, podría resultar reduccionista frente a la diversidad de los sectores populares colombianos y de la fuerza movilizadora del estudiantado, el campesinado y los habitantes de las barriadas periféricas, en un país con una escasa industrialización, por lo que, en diálogo con la doctrina social de la iglesia, consideró que las tareas de cambio social estaban asignadas al conjunto de la población que cabría en la idea de un pueblo empobrecido. 

El pueblo no entendido como la totalidad de la nación sino como un segmento de la sociedad distinto de la clase dominante o de la oligarquía agrupada en el Frente Nacional. Es en ese marco que empieza a hacer uso de la expresión «clase popular».

Y en mi concepto, tener la conciencia de clase es uno de los elementos importantes para constituir una clase, pero para designar a los pobres, y para no referirnos únicamente a los obreros, sino también a los campesinos, he utilizado esa expresión de clase popular

Al respeto diría: “Con la palabra clase popular yo quiero dar a entender a los pobres de Colombia. Naturalmente que desde el punto de vista estrictamente sociológico yo comprendo que es una expresión bastante vaga, pero es la expresión que el pueblo entiende. Yo no creo que en Colombia los pobres tengan una conciencia de clase. Y en mi concepto, tener la conciencia de clase es uno de los elementos importantes para constituir una clase, pero para designar a los pobres, y para no referirnos únicamente a los obreros, sino también a los campesinos, he utilizado esa expresión de clase popular”.

Se entiende entonces la razón por la que no dirigía su discurso sólo a los sectores sindicalizados y obreros, sino al conjunto de sectores que a su juicio componían la clase popular.

La unidad

El padre Camilo, en su calidad de dirigente popular, buscaba conformar una fuerza social y política denominada Frente Unido del Pueblo, que, como ya se ha dicho, tenía el propósito de resistir y disputar el poder del Frente Nacional. En el camino, se encontró una y otra vez con la división de las expresiones políticas de la clase popular que pretendían un cambio social y de las fuerzas que se oponían al Frente Nacional. La unidad de la clase popular y sus organizaciones, se traducía en un elemento fundamental de la táctica política en la aspiración de un cambio fundamental que garantizara el amor eficaz. 

Cuando estaba conformando el Frente Unido y discutiendo su plataforma en 1965, dijo en una reunión con sindicalistas de distintas organizaciones políticas:

“¿Para qué nos ponemos a pelear nosotros los católicos con los comunistas, con quienes podemos decir que tenemos más antagonismos, sobre si el alma es mortal o es inmortal, en lugar de ponernos de acuerdo en que el hambre si es mortal? (…) Esta plataforma no debe estar unida a un nombre (…) sino a principios, y respecto a mi cargo particular es importante que cada día vayamos despersonalizando (…) es necesario que surjan líderes, nuevos líderes, entregados, capacitados, listos para la lucha (…). Nuestra primera tarea, que quede bien claro, es crear la unidad popular en torno a objetivos comunes”.

Si bien se identificaba con los sectores de izquierda, sostenía una posición crítica al seguidismo que tenían con los campos internacionales del socialismo de ese entonces; con la sobre teorización que perdía de vista la política concreta; y con el traslado mecánico de estrategias extranjeras que en su perspectiva no correspondían con la realidad nacional. 

En una entrevista citada por Hildegard Lüning, señalaba lo siguiente:

 “Se usan eslóganes y clichés. Se emplea una jerga revolucionaria especializada. Se dan soluciones prefabricadas en el exterior a problemas colombianos. Se hacen manifestaciones públicas de solidaridad con pueblos oprimidos en el extranjero y se olvida la situación de los oprimidos nacionales. El sentimentalismo también se traduce en caudillismo personalista y en frustración. Mientras la clase dirigente minoritaria pero todo poderosa se une para defender sus intereses, los dirigentes de izquierda se atacan entre sí, producen desconcierto en la clase popular y representan en forma más fiel los criterios tradicionales, sentimentales, especulativos, y de colonialismo ideológico”.

Se podría decir que los motivos y la plataforma del Frente Unido, sintetizaban la visión política del padre Camilo Torres, en lo que respecta a la necesidad histórica de construir una organización amplia y democrática en un contexto de concentración del poder, y en los puntos programáticos más urgentes para poner en marcha un proceso de cambio en Colombia.

La plataforma del Frente Unido incluía puntos como la reforma agraria para el reparto de la tierra entre la población campesina que la trabajaba, en contravía de la acumulación de la propiedad ociosa de los grandes hacendados, el fomento de la industria nacional y de la empresa cooperativa y comunitaria; el acceso equivalente de derechos para toda la población; el impuesto progresivo a las grandes rentas; la acción comunal como mecanismo de planeación democrática desde la base; la sustitución de importaciones y la ampliación y diversificación de exportaciones; la integración latinoamericana en términos políticos y económicos; una reforma urbana que antecede lo que hoy se conoce como derecho a la ciudad; la reducción del gasto militar y la prestación de un servicio cívico; entre otras medidas que impulsaban la configuración de un Estado laico, democrático, justo y productivo.

Los mensajes del padre Camilo publicados en el periódico del Frente Unico siempre cerraban con una consigna que invitaba a la acción:

La lucha es larga, comencemos ya…

Una mirada a la crisis sanitaria por estudiantes de enfermería

La realidad que vivimos en Colombia demuestra claramente el alto nivel de entropía en nuestro “sistema” de salud. El caos en la atención, la precariedad en los programas de prevención y la poca rigurosidad de la investigación aplicada son más evidentes que nunca. Nada nuevo. Sin embargo, hay un actor que ha sido más invisibilizado que el resto: la y el estudiante.

A diario se comenta en los noticieros acerca de la cruda realidad que viven las y los trabajadores del sistema de salud, sin embargo, aquellas personas que apenas se encuentran en la etapa formativa viven una realidad igualmente cruda. En este artículo buscamos llamar la atención sobre estos jóvenes que se encuentran en una grave situación.

Para empezar, al estudiante se le ve como un peso negativo en la atención en salud. Algunos directivos de instituciones educativas y coordinadores hospitalarios comentan sin consideración alguna que las y los estudiantes del área de la salud en poco ayudan y que representan sobrecarga en los servicios. Por otra parte, las instituciones educativas se han expuesto ante una eventualidad inesperada, y la respuesta en algunas ha sido la inmovilidad total de las clases. Hay estudiantes que completan ya un año sin avanzar en sus planes de estudio, eventualidad que resulta a todas luces, crítica.

Esta situación repercute en el contexto socioeconómico y en el bienestar mental de las y los estudiantes de salud. Para la gran mayoría, culminar su carrera en un tiempo adecuado representa la única oportunidad laboral. Graduarse es entonces una garantía para ellos y sus familias, las cuales tienen una alta carga económica debido al costo de la educación y de vida en Colombia. Un año de retraso implica costos de vivienda, alimentación, que debido a la crisis económica se hacen más y más agudos en cuanto pasan los meses. Como es de esperarse, la desilusión se hace palpable en la mente del joven estudiante “¿qué estoy haciendo?” es la pregunta que inquieta, y al transcurrir las semanas y los meses esa frustración ha pasado a convertirse en tristeza, ansiedad, depresión.

Las historias de amigos y amigas que ya no hablan, de compañeros y compañeras que se retiran de las carreras, de personas que han tenido ideas suicidas han incrementado. Cómo no, si se vive entre la espada y la pared. Hay una crisis de salud, donde se requiere de todas las manos, todo el personal posible. Pero las manos del estudiantado no sirven, sobran, mejor no tenerlas. Como si ocurriera toda una metamorfosis absoluta entre el joven que estudia y el que recibe el diploma. Como si un rotulo hiciera al experto y no la transición, la curva de aprendizaje.

Esto implica pasar de un currículo en salud preordenado, rígido, invariable, a un currículo participativo, en el que el estudiante conozca el territorio, donde mejor puede aplicar sus conocimientos e identifique las necesidades concretas en salud que se requiere atender y aquello que requiere aprender para atenderlas.

Quien más puede conocer, desde un punto de vista externo, al estudiante y sus problemas, es el docente. Las y los profes escuchan los problemas, saben las preocupaciones, conocen la situación difícil para la enseñanza de la salud en esta crisis. Se hacen videollamadas en Meet, Zoom, Webex donde se comparten las historias, y juntos, estudiante y docente sueñan con regresar a la práctica, con atender pacientes en necesidad de cuidado, con hacer anamnesis, valoraciones, diagnósticos, terapias. Sueñan incluso con aprovechar la situación para transformar la forma de aprender y enseñar, salir del hospital, atención domiciliaria, creación de aplicaciones. Pero entre estudiante y profe se atraviesa algo: la burocracia institucional. A veces se enmascara en la forma de academia; a veces en la forma de autoridad; otras en la forma de autonomía universitaria. Cada idea que brota, cada propuesta que se construye queda constreñida y derruida por la fuerza de la institucionalidad. Nada sirve si no se aprueba en comités incontables, si no se analiza por los tecnócratas, si no se revisa el balance costo-beneficio.

Como si un rotulo hiciera al experto y no la transición, la curva de aprendizaje.

La primera escuela de enfermería moderna nació en la crisis. Florence Nightingale lideró un grupo de mujeres dispuestas, quienes atravesaron mar y tierra para atender heridos en combate en la península de Crimea. Fácil hubiera sido para la Florence quedarse en casa, no sacrificar nada por el miedo, amedrentarse por la dificultad que representaba alistar personas inexpertas en la atención de pacientes tan complicados. Y, sin embargo, se embarcó. Y así empezó a sonar la voz del cuidado, de la ciencia de enfermería, del arte de la atención en salud.

Imaginemos ¿cuán valiosa es la oportunidad de aprender de atención en salud en esta crisis? Es única; pero hay que saber aprovecharla. Claro que hay que tener precauciones, claro que hay que evitar a toda costa que ellas y los estudiantes se contagien. Pero los directivos deben superar el miedo. Deberán ver la oportunidad por encima del peligro.

Superar la crisis que agobia a las y los estudiantes, y que afecta a las instituciones formadoras en salud requiere que pensemos en forma distinta sobre la educación y las necesidades del país. La primera alternativa clara es aplicar medios alternativos de educación, ampliación de las herramientas virtuales y la simulación clínica. Pero quizá, la mayor propuesta es desligarnos del hospital como centro único de formación profesional en salud. La visita al domicilio del paciente, la atención comunitaria, el seguimiento telefónico y por videollamada son estrategias pendientes de utilizarse.

La mayor propuesta es desligarnos del hospital como centro único de formación profesional en salud. La visita al domicilio del paciente, la atención comunitaria, el seguimiento telefónico y por videollamada son estrategias pendientes de utilizarse.

Por otra parte, las instituciones deben pensarse en el nivel territorial y nacional. Es momento de incluir a los territorios; debe pasarse de la atención urbana de salud a la atención territorial, que incluya áreas rurales y rurales dispersas; allá donde el riesgo de contagio es menor pero las necesidades en salud son mayores. Esto implica, por último, pasar de un currículo en salud preordenado, rígido, invariable, a un currículo participativo, en el que el estudiante conozca el territorio, donde mejor puede aplicar sus conocimientos e identifique las necesidades concretas en salud que se requiere atender y aquello que requiere aprender para atenderlas.

 

La juventud colombiana y la transformación política

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En Colombia hay 8 millones de jóvenes entre los 18 y 26 años que pueden votar y más del 60% de ellos y ellas son abstencionistas. En nuestro país, las luchas y demandas de la juventud son borradas de la agenda política estatal y gubernamental cada cuatro años. Al ser tratados como un cero a la izquierda, en gran medida ellos y ellas tienen muchas razones para no participar en la política electoral. Pero la juventud es más que un número o una frase de cajón en la historia política del país.

Ya que, ante todo, los y las jóvenes son la energía trasformadora, pluridiversa y de cambio social verdadero que materializarán una Colombia sentipensante, que supere el plano de discusión política manipulador e ideológico electoral. Quizás ellos y ellas puedan llevar con sus acciones la política a la altura necesaria de las ciencias y los saberes, para poder proponer soluciones viables y necesarias a las problemáticas estructurales y los conflictos históricos del país, sin el uso de las violencias y a través del diálogo constructivo.

Necesitamos una nueva cultura política, para llegar a construir y materializar el proyecto de una Colombia en paz, de democracia directa; que garantice la vida digna de las personas y el ejercicio real de la ciudadanía plena y autónoma.

Parte de las razones de la abstención en las urnas se explica porque la juventud del país está cansada de la demagogia, la politiquería y el clientelismo electoral. Ellos y ellas hoy le apuestan más a los mecanismos de participación política de democracia directa, ya que ven en el encuentro relacional, la posibilidad de intervenir las problemáticas sociales en los territorios, barrios y comunidades de una manera activa, desde la solidaridad directa y organizada, sin tener que legitimar la gestión de intermediarios institucionales o partidarios tramposos.

Las mayores posibilidades de ampliar y transformar la política en nuestra sociedad, a través del ejercicio libre y activo de la ciudadanía, están en la rebeldía e inteligencia ética y política de los y las jóvenes. En sí, porque ellos no hacen parte del sistema político representativo del país, pues han sido marginados por politiqueros y politiqueras clientelistas y oportunistas. Es difícil, por eso, ver a la juventud colombiana reproduciendo el sistema político electoral mafioso y degradado, por el simple gusto de ser invitados e invitadas a comer en un asado en campaña proselitista.

Aunque existan casos de jóvenes, en el sentido biológico del término —por enunciarlo de alguna manera—, que se prestan de parapeto para reproducir el circo nacional electoral del sistema político retrogrado y, como toda regla tiene su excepción, me imagino que estos jóvenes caerán en ese juego porque aún en el país, se reproducen algunos imaginarios propios al oscurantismo religioso de la edad media, que distan años luz del análisis de la ciencia política. En ese sentido, para generar criterio se hace necesario educar ciudadanos y ciudadanas en democracia bajo el amparo de la Constitución Política Nacional vigente.

Como las demandas de las juventudes no son tenidas en cuenta, ni en los debates legislativos, ni en la planificación, ni en la ejecución de las políticas públicas, los y las jóvenes alter-activistas, salen con determinación a exigir y defender sus derechos constitucionales y ciudadanos y los de los demás sectores sociales que son ultrajados, por un régimen carnicero y sus políticas de Estado arrodilladas al imperio global de la pobreza, el desamor y la incultura, a través de la protesta. El establecimiento aplica, entonces, la fórmula antidemocrática y autócrata de la represión y la criminalización del derecho a la protesta.

La institucionalidad y gran parte de la sociedad colombiana es perversa y, en su conjunto no cree en las capacidades de la juventud. De cierta manera se ríe de ellos y ellas y los infantiliza, para despojarles del derecho a una voz propia en la política nacional. Los y las jóvenes en Colombia son importantes para las políticas solo cuando sirven como conejillos de indias, mano de obra barata en la reproducción de la economía capitalista o como clientes de las vitrinas de consumo.

El sistema político representativo colombiano más que un escenario de representación política del pueblo es un negocio mafioso manejado por unas castas patrocinadas por unos grupos empresariales. Luego de las elecciones estos grupos empresariales piden a los politiqueros y politiqueras una súbdita obediencia en la proposición de la agenda política del país, que por supuesto, se preocupara entonces, de sus intereses económicos, por encima de los derechos constitucionales de la ciudadanía.

En las elecciones se recrea un trágico teatro de marketing político en el cual, en los últimos años, para desviar la atención y cooptar ingenuos votantes, se hace creer que la solución es adoptar una tercera vía política de un centro gelatinoso o gaseoso, y se crean figuras políticas prefabricadas e imaginarias que dicen representar a la juventud como el concejal de la otra galaxia, que dice representar políticamente a la juventud en Bogotá.

Pero, en el trasfondo nos encontramos con la reproducción de un tipo de representante político del fascismo social, siguiendo los términos del sociólogo Boaventura de Sousa Santos*, en su faceta populista, ya que al final la iniciativa de llevar a un joven que representa más de lo mismo a un cargo de representación política en la ciudad, en este tipo de cuento, lo que busca es tener una figura que después reproducirá las mismas prácticas políticas hegemónicas. Es decir, llevar a ser concejal a un joven, en términos de su ciclo vital, pero con ideas viejas y conservadoras, que apoya políticas públicas orientadas a favorecer el establecimiento de un gobierno que es manejado por los intereses corporativos, como las postuladas y ejecutadas hasta el momento por el Partido Verde en la ciudad de Bogotá, en el gobierno de la alcaldía de Claudia López.

Para ilustrar este caso de fascismo populista podríamos analizar como vota el Plan de Desarrollo Distrital (PDD), 2020-2023, el antes citado concejal de la “juventud de otra galaxia” y toda su bancada, y que votó el 98% del Concejo de Bogotá con excepción de algunos concejales como Carlos Carrillo, que se abstuvo de votarlo en su conjunto. 44 concejales y concejalas le dieron el visto bueno y estuvieron a favor del plan Marshall de Claudia Peñalosa. Un PDD, que invierte más de una tercera parte del total de los recursos, es decir 36 billones de pesos, en obras de infraestructura de TrasMilenio.

Mientas tanto en la salud de los bogotanos en plena pandemia y por los siguientes cuatro años, tan solo se invertirán 14 billones de pesos. No voy hablar del presupuesto que se invertirá en las y los jóvenes en este PDD, para no ponernos a llorar y para poder terminar este escrito. De eso se puede encargar Sergio Fernández del Moir, que ahora vende humo con un maletín de créditos académicos universitarios al mejor estilo de generación E, desde una subdirección de la Secretaria de Integración Social de Bogotá.

Este artículo de opinión es corto como para poder profundizar en este asunto del manejo de los recursos públicos y la clientela, sin embargo, en el telón de fondo podemos ver cómo una apuesta política desde el fascismo social populista engaña a su electorado mostrándose de centro y verde. Bueno ni que decir también de los postulados anticorrupción que catapultaron la victoria política electoral del Partido Verde en Bogotá. Postulados que hoy brillan por su ausencia en la administración Claudista ¿Cómo es posible que hoy estén hablando de centro si su política se centra en ejecutar un programa político conservador y de derecha amañado?

Si bien la historia política en Colombia es patria, en clave transformadora debería ser matria, ya que las luchas de las mujeres feministas nos han enseñado históricamente que uno de los ingredientes de la acción política humana son el auto cuidado y el cuidado del otro. Sin embargo, no creo que debamos rodear lo que viene haciendo la alcaldía de López que se asume como “ciudad cuidadora” pero que de cuidado ha mostrado poco. En ese sentido me distancio de ese respaldo dado por Ángela María Robledo a esa “ciudad cuidadora”.

Claudia con la ejecución de esas políticas retrogradas lo que está cuidando son los intereses de Peñalosa, pese a haberse vendido como antipeñalosista en su campaña. No voy a hablar de Angélica Lozano, de Sergio Fajardo, Jorge Robledo, Alejandro Gaviria, Humberto de la calle, los hermanitos Galán o Ángela María Robledo y su patriarca Mockus, pero ellos y ellas también caben en el papel populista del centro verde. Mejor vayamos a la historia patria.

En ese sentido, otro caso para recrear el fascismo social populista en la historia, lo podemos ilustrar en cómo nos han echado el cuento del movimiento Séptima Papeleta, que surgió en 1989, a través de un “movimiento estudiantil” para las elecciones de 1990, y que según idealismos politiqueros; buscaba reformar la caduca constitución de 1886, por medio de un mandato popular. Este circo fue la vitrina para promocionar una nueva camada de (neo) liberales. Tecno burócratas que soñaban con llegar a manejar el poder político en el Estado reivindicando la democracia, pero defendiendo con más vehemencia al mercado.

Se nos muestra ese adefesio, como la panacea de la transformación política liderada por los y las jóvenes en la historia política contemporánea de Colombia, pero eso no es ni chicha ni limonada, es un chito tautológico de yupis creado en el barrio Los Rosales y el noticiero Tv Hoy. La verdad es que hoy gobiernan esos próceres y heroínas “juveniles” que lideraron dicho movimiento y después de treinta años Colombia sigue en llamas y, ellos y ellas, siguen haciendo mandados al establecimiento colombiano a cambio de poder tener fama en los medios informativos y representatividad en la política local y nacional.

En esa dirección, darle una conexión a la historia del día del estudiante caído, con el movimiento juvenil de la Séptima Papeleta en la que participaron neoliberales como Claudia López y Fernando Carrillo, además de inexacto me parece una chambonada historiográfica y una gran arrodillada al neoliberalismo corporativo y al régimen cultural del fascismo social que se nos impone transnacionalmente en todas sus acepciones. Mejor no hablemos de la realidad política internacional, porque para nada es raro que, en la OEA, nos represente hoy políticamente la figura de un viejo güevón, Torquemada criollo quema libros, representante de la política senil ya tradicional en Colombia.

Si escribimos el diario de los vencidos con nuestras necesidades políticas históricas insatisfechas, por lo menos sintámonos pírricamente orgullosos de no ser los parias que dejan morir al pueblo de hambre y sin derecho a la salud, la educación, el trabajo o una renta básica digna que nos permita sobrevivir en la crisis desatada por la pandemia del Covid-19. Mientras los del centro verde dan jugosos contratos para arrendar las instalaciones de Corferías y cerrarnos el hospital público San Juan de Dios. En nombre de un programa politiquero que decía iba a defender a la salud pública. Mejor hagamos memoria.

Para analizar cómo históricamente se han silenciando las voces políticas de la juventud en Colombia, sería bueno remontarse a los hechos de la masacre estudiantil del 8 y 9 de junio de 1954, en donde el dictador Rojas Pinilla perdió el año.

Conmemorar y reconocer la memoria de Gonzalo Bravo Pérez, Uriel Gutiérrez, Álvaro Gutiérrez, Jaime pacheco, Rafael Chávez, Hernando Ospina, Hernán Ramírez, Hugo león, Helmo Gómez, Carlos Grisales, Hernando morales, Raquel cantor y Jaime Moore, estudiantes asesinados por las fuerzas armadas del Estado hace casi setenta años, podría servirnos para interpretar lo que hoy sigue pasando en nuestros territorios con los y las jóvenes que son asesinados.

Este acto de no olvidar, además de ser un hecho de resistencia y autonomía, es un hecho de reparación simbólica y un acto de pedagogía para la no violencia y la búsqueda de la justicia y la no reproducción de la barbarie y la matazón de la juventud en Colombia. Construir paz y democracia es también salir a las calleas a protestar al mal gobierno, sin el miedo de ser criminalizado o asesinado por las fuerzas oscuras del gobierno del Estado.

De Duque, aunque no lo he nombrado en el escrito hasta ahora, me perdonaran ustedes, es otro cheque chimbo del fascismo social en todas sus acepciones: echado por el establecimiento como una carta de la supuesta política con aires de juventud, para engañar incautos. Mientras los verdes atacan a Petrosky y alzan banderas de centro, cayán descaradamente e interesadamente lo que hace la marioneta, pero, al final lo que pasa es que hacen parte de la misma tochada de la derecha fascista disfrazada de democrática.

Como juventud no podemos olvidar a Nicolás Neira, Oscar Salas, Dilan Cruz, Brayan Cuaran, Bairon Patiño, Elian Benavides, Daniel Vargas, Laura Riascos, Joan Quintero, Rubén Ibarra, Óscar Obando, ni a cada uno los jóvenes asesinados a través de la historia violenta del país, y menos las masacres perpetuadas a los jóvenes en lo que va corrido de este nefasto desgobierno nacional, así como lo que paso en Bogotá el año pasado con 14 jóvenes brutalmente asesinados. Debemos exigir justicia.

Nuestros jóvenes deben ser respetados por los gobiernos del Estado. Sin embargo, se sigue repitiendo la historia y no aprendemos, porque la estructura cultural hetereopatriarcal del poder y su régimen de control corporal en nuestra sociedad no deja, ya que hoy sigue vigente e inserta en la inconciencia de no pocas personas que nos mal gobiernan.

Ahora bien, el poder del voto democrático hasta el momento es paja, en un escenario político en el que participa y gana el que tenga con que pagar una campaña o un patrocinio de un grupo empresarial, que busca arrodillar al pueblo a sus intereses económicos. Al final nada es de gratis, ni siquiera la rebeldía. Malditos sean todos los arrodillados(as) a la hipocresía, la política senil y el interés individual y corporativo que pasan por encima de los derechos de las personas.

De alguna manera, no debe ser una coincidencia que la historia se repita hoy y nuestros jóvenes sean asesinados en un gobierno demagógico como el actual de Bogotá y del país, que referencia al Plan Marshall y al trumpismo, como la última Coca Cola del desierto y se hacen los de las gafas con la infamia, al disfrazarla por medio de la manipulación de medios de comunicación y marketing político de centro. En el centro político están los mediocres y los burócratas clientelistas. Los que viven del establecimiento.

La participación política electoral juvenil en Colombia es un sofisma. Los noventas y las dos décadas corridas del siglo XXI, no son la excepción, pero las luchas son el motor de la historia de la humanidad, porque son connaturales a la juventud y a los espíritus libres y autónomos, que no se dejan gobernar por el miedo. Las y los jóvenes saben que si se desesperanzan y dejan de luchar nadie va a venir a salvar el país por ellos.

En las primeras décadas del nuevo milenio del siglo XXI, las luchas de la juventud, muchos de ellos y ellas estudiantes y trabajadores, soñadores, indignados, excluidos y despojados de sus derechos, han estado vigentes, no han faltado los avivatos que en nombre de la “Dignidad” presumen del liderazgo de sus luchas, para conseguir enajenar y alienar votos, para patriarcas; representantes de formas de hacer política caducas.

Los del centro político al final no son ni chicha ni limonada, porque votan en blanco, cuando les dan a elegir entre la paz y la guerra. Porque callan mientras nuestros jóvenes caen asesinados por las balas de los esbirros de la muerte.

Finalmente, la transformación política colombiana es social, cultural y ante todo humana. Las y los jóvenes son y serán sus protagonistas no sólo electoralmente, sino desde el alter activismo y el movimiento social en todas sus luchas, acciones y sentipensamientos. Ya va siendo tiempo de indignarse y participar activamente en la transformación política del país. En las calles y caminos emperdigados.

Si la democracia es de baja intensidad y el sistema electoral una mentira, rompamos las urnas llenándolas de acciones de las y los jóvenes, de-votos al cambio y, a favor de la construcción de una nueva ciudadanía, una ciudadanía que represente en la política a una Colombia más humana.

“Instrúyase, porque tendremos necesidad de toda vuestra inteligencia. Agítese, porque tendremos necesidad de todo vuestro entusiasmo. Organícese, porque tendremos necesidad de toda vuestra fuerza”.

 * Boaventura de Sousa Santos sostiene que “El fascismo social es un régimen civilizatorio característico de la crisis del contrato social de un Estado de Bienestar apabullado por un neoliberalismo en el cual las nociones de igualdad, solidaridad y justicia pierden su valor social colectivo y se da paso a la dominación de los intereses particulares de un grupo minoritario sobre los derechos de la gran mayoría”. Se trata de un sistema donde las sociedades son sistemas políticos democráticos que socialmente son fascistas. Por su parte, el fascismo populista es aquel que prescinde de la idea de derechos para ampararse en una suerte de filantropía para tratar la vulnerabilidad social, y vende la idea de la democratización de aquello que en la sociedad capitalista no puede ser democratizado.

El sofisma de un centro político puro

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Desde finales de noviembre de 2020 una columna de Mauricio García publicada en El Espectador titulada «Sobre la inexistencia del centro» reavivó el debate sobre la pertinencia del centro como categoría política. Tal asunto está resultando cada vez más relevante de cara a las futuras elecciones presidenciales de 2022, pero requiere sortear la ola de descalificaciones y la consiguiente disgregación de los aspectos deliberativos de una contienda política.

Las respuestas al problema de la existencia del «centro», más allá de constituir un asunto académico de palabras, tienen implicaciones sobre la cultura política colombiana y la representación y legitimación de las fuerzas políticas en disputa por el poder estatal. Es un hecho que sectores de la Alianza Verde o del fajardismo y sus «influencers» —véase Daniel Samper Ospina— se autoidentifican como «centro» y esperan con ello obtener réditos políticos, pues así esquivan las estigmatizaciones, que ellos constantemente reproducen, contra la «extrema derecha» y la «extrema izquierda».

Por eso, siguiendo las reflexiones del célebre politólogo italiano Norberto Bobbio, quiero exponer que la categoría de «centro político» sólo tiene sentido como un polo abstracto y sin contenido propio de la dicotomía izquierda-derecha. Nada nuevo bajo el sol.

1. Retomar la distinción izquierda-derecha

El «centro» es una categoría relacional, es decir, sólo tiene sentido como un punto medio abstracto del eje izquierda-derecha. Pareciera entonces razonable tratar de comprender qué es eso de la izquierda y la derecha, de la que el «centro» colombiano parece querer distanciarse más como táctica electoral que como contribución a la cualificación del análisis y debate políticos, algo paradójico en los amantes de las «buenas formas».

… el «centro» colombiano parece querer distanciarse más como táctica electoral que como contribución a la cualificación del análisis y debate políticos, algo paradójico en los amantes de las «buenas formas».

El escrito de Bobbio Derecha e izquierda: razones y significados de una distinción política constituye un valioso esfuerzo por conceptualizar y analizar una dicotomía que circula una y otra vez en el sentido común pero cuya definición no siempre es clara debido a la carga valorativa de estas categorías, cosa acentuada en Colombia por la estigmatización y persecución política históricamente ejercidas contra las izquierdas. La tesis de Bobbio es la siguiente: es la actitud frente a la igualdad lo que define a una persona de izquierda o de derecha.

La respuesta parece simple, pero nace de una revisión detallada de los contenidos histórico-políticos asociados a la distinción en Occidente —especialmente en Italia—, aunque nos enfrenta al problema de qué es la igualdad, para quiénes y bajo qué criterios (Bobbio, 2014).

Marco Revelli, un autor que Bobbio retoma, propuso cinco criterios para diferenciar a la izquierda de la derecha. La izquierda favorecería el primer término del criterio y la derecha el segundo. De ese modo, tenemos las siguientes dicotomías:

— progreso frente a conservación;

— igualdad frente a desigualdad;

— autodirección —o «autonomía»— frente a heterodirección —o «jerarquía»—;

— clases posicionadas como inferiores frente a clases posicionadas como superiores; y,

— racionalismo frente a irracionalismo (Bobbio, 2014).

En consecuencia, la izquierda se caracterizaría por adoptar posiciones «progresistas», favorecer posturas igualitarias y que propenden por la construcción de autodirección o autonomía, por reflejar posturas de clases subalternizadas y, por último, adoptar modelos de conocimiento racionalistas.

No obstante, de acuerdo con Bobbio, sólo el criterio espacial, el de la igualdad-desigualdad, ha resistido la prueba del tiempo en la caracterización de las izquierdas. Es, de hecho, según Rivelli, el criterio fundador de los demás. Por esa razón la dicotomía izquierda-derecha se construye en relación con la izquierda, es decir, en referencia con las actitudes y posiciones políticas que propenden por una mayor igualdad, si bien, como dice Rivelli, «lo que es de izquierda lo es con respecto a lo que es de derecha» (Bobbio, 2014).

En consecuencia, la izquierda se caracterizaría por adoptar posiciones «progresistas», favorecer posturas igualitarias y que propenden por la construcción de autodirección o autonomía, por reflejar posturas de clases subalternizadas y, por último, adoptar modelos de conocimiento racionalistas.

Esto último es importante para comprender que lo que es de izquierda o derecha «no está fijado de una vez y para siempre» (Bobbio, 2014), sino que sus contenidos concretos son contextuales, situacionales. En específico, lo que es de izquierda o de derecha se circunscribe dentro del universo discursivo y la cultura de un sistema político en cuanto parte del sistema mundial capitalista. Debido a ello la izquierda ha sufrido mutaciones desde que emergió bajo promesas de igualdad, libertad y fraternidad como brazo de una revolución en Francia cuyos gérmenes emancipatorios, como dice Gramsci, culminaron en el fin de la comuna de París y en la estructuración mundial de un orden burgués de derechas productor y reproductor de desigualdades estructurales.

En últimas, lo que hay que dejar patente es que políticamente hablando una persona de izquierda es más proclive a la igualdad que una de derecha, de lo que resulta una permanente lucha de las izquierdas contra las desigualdades sociales, presentadas por las derechas como «naturales» y aceptables, aunque hayan sido construidas mediante dispositivos artificiales de dominación como la raza o el género. Así pues, las luchas proletarias, anticoloniales o antipatriarcales —todas luchas de clase— son por definición de izquierda, así en su choque contra las derechas puedan perder un horizonte igualitario más radical.

lo que hay que dejar patente es que políticamente hablando una persona de izquierda es más proclive a la igualdad que una de derecha, de lo que resulta una permanente lucha de las izquierdas contra las desigualdades sociales, presentadas por las derechas como «naturales» y aceptables

Ahora bien, ¿Qué es la igualdad? Bobbio afronta esta cuestión hablando de políticas igualitarias, las cuales consisten en el reparto de bienes, ya sean «derechos, ventajas, facilidades económicas [o] posiciones de poder» (2014). El extremo de esta postura sería el igualitarismo, que establecería «igualdad de todos en todo».

Sí, Álvaro Uribe pudo haber repartido subsidios, pero esto no lo convierte en un socialdemócrata o en una persona de izquierda, como sostienen algunos libertarios, ya que, en el proceso político histórico, han existido otros grupos políticos que radicalizan la lucha contra la desigualdad —y no meramente la «lucha contra la pobreza»—, por ejemplo, mediante la defensa de la distribución de tierras o de la renta básica universal.  La izquierda, por tanto, es más igualitaria, aunque no pretenda reducir al extremo todas las desigualdades —es un error de corrientes liberal-libertarias confundir la izquierda con el igualitarismo— e igualarnos en todo.

Por contraste, la naturalización de las desigualdades de las derechas las hace más proclives a aceptar «la costumbre, la tradición, la fuerza del pasado» (Bobbio, 2014). De ahí que se pueda identificar como de derechas ciertos nacionalismos antiigualitarios —que derivan en xenofobia—, la exacerbación del cristianismo —que deriva en homofobia y machismo— o la defensa a ultranza del libre mercado —productor y reproductor de desigualdades— y de los beneficios del egoísmo racional.

2. El engaño detrás de la idea de centro puro

Si retomamos los aportes de Bobbio que aquí se han resumido, podríamos hacer el ejercicio de imaginar una línea horizontal cuyos polos son «izquierda-derecha» e intentar visualizar qué sería el centro en términos de igualdad. La respuesta es: nada. El centro aquí ocupa abstractamente el lugar del cero a partir del cual se despliegan positiva o negativamente las luchas por la igualdad. Y todos sabemos que, siguiendo la analogía, el cero no tiene ningún valor.

el centro aquí ocupa abstractamente el lugar del cero a partir del cual se despliegan positiva o negativamente las luchas por la igualdad. Y todos sabemos que, siguiendo la analogía, el cero no tiene ningún valor.

¿Entonces qué sentido tiene hablar de centro? Como bien lo escribió Daniel Mera Villamizar, «lo que no existe es el centro político puro». En efecto, hablar de centro sirve para moderar posturas de izquierda o derecha —definidas según su tendencia a la igualdad—, pero no constituye un espacio político propio. Así, por definición una izquierda es más igualitaria que una centroizquierda y una centroderecha es más igualitaria que una derecha. Esta sencilla clasificación se aleja de la pintoresca imagen, construida por sectores colombianos autodenominados como «centro», de la izquierda y derecha como «extremos» a vencer por ser «extremos».

Mauricio García, quien aparentemente quiso defender la existencia del centro y hasta habló de una tradición político-intelectual de centro, no pudo escapar a las implicaciones del argumento anterior y terminó por clasificarse como «centroizquierda». Para él, la centroizquierda o el centro están definidos por:

«La defensa de los derechos y las libertades públicas,

El respeto por las formas del Estado de derecho, y

La promoción de políticas de redistribución económica y protección de la naturaleza».

No obstante, según García, es la disputa por la redistribución y el grado de radicalización de esta disputa —que él reduce al reformismo— lo que define a una persona de izquierdas, de derechas o de centroizquierdas, algo que es coherente con la posición de Bobbio, pero que en absoluto muestra que existe un centro puro, ya que una derecha o izquierda liberal puede defender derechos y libertades y «respetar» las «formas» del Estado de derecho. No se necesita, sociopolíticamente hablando, que un centro puro ficcional ocupe un espacio propio.

El truco de García está en mezclar indistintamente los criterios para definir el centro y la centroizquierda y escribir sobre «centrismo» o «tradición centrista» cuando, en coherencia con lo que él mismo había sostenido, debió haber hablado con claridad de «centroizquierdismo». Al no hacerlo da la impresión de hablar de un centro propio, un sofisma a todas luces.

3. Apuntes finales: la construcción hegemónica del centro en Colombia

El centro político «puro» es una construcción simbólico-discursiva que se autoidentifica como un punto medio, razonable y moderado. En Colombia evita llamarse de izquierda o de derecha, aunque en el análisis se pueda establecer el grado programático y efectivo de inclinación hacia políticas más o menos igualitarias.

Este autodenominado centro se imagina ubicado en medio de dos extremos peligrosos de un espectro izquierda-derecha polarizado. Tales extremos estarían concentrados, respectivamente, por las fuerzas aglutinadas en torno al proyecto de Gustavo Petro y las fuerzas aglutinadas alrededor del proyecto de Álvaro Uribe. De ese modo, el centro pretende proporcionar una «tercera alternativa» para quienes no comulgan con los «extremos» irracionales y no moderados y, así, evitar los peligros de alta conflictividad social e ingobernabilidad democrática derivados de la polarización enunciada. ¿Pero qué sentido tiene caracterizar a Petro como extremo cuando, aparte de defender un «capitalismo desarrollista más humano», menos dependiente y redistributivo, existe una alternativa democrática más radical como la del partido FARC y, además, la Colombia Humana no apoya ni ejerce la extrema violencia política?

¿Pero qué sentido tiene caracterizar a Petro como extremo cuando, aparte de defender un «capitalismo desarrollista más humano», menos dependiente y redistributivo, existe una alternativa democrática más radical como la del partido FARC y, además, la Colombia Humana no apoya ni ejerce la extrema violencia política?

Aunque la polarización sea un fenómeno real en Colombia, la manera en que el «centro» lo representa acude a ficciones que simplifican los debates programáticos y alimentan una mayor polarización. Expresiones como «Petro y Uribe son iguales, pues ambos son caudillos con hordas iracundas que desprecian a quienes no piensan como ellos» impide reconocer las diferencias presentes entre sus programas políticos, sus trayectorias políticas, las culturas políticas de sus simpatizantes y el tipo de orden social que mantienen o quieren transformar. De una forma paradójica el llamado «centro» exacerba simbólicamente la polarización para generar miedo a los «extremos» y venderse como solución, así no pueda precisar el carácter «extremo» de la izquierda desarrollista de Gustavo Petro en un país que tiene guerrillas izquierdistas activas.

En últimas, quienes se autoidentifican como «centro» a secas hacen un uso engañoso de esa expresión para explotar electoralmente la indefinición programática que tal significante proporciona, una tendencia propia de los «partidos atrapalotodo» —catch-all party— que comenzaron a aparecer en Europa desde mediados del siglo XX y desplazaron parcialmente a los partidos de masas tradicionales —que sí tenían claros intereses de clase y programas concretos en favor de los movimientos obreros— (Katz y Mair, 2004). Más que defender un programa político definido, el objetivo de los partidos atrapalotodo, vinculados con la emergencia del centro, es conseguir el mayor número de votantes. No otro parece ser el objetivo del «centro».

En Colombia este fenómeno no sólo ha ocurrido con la Alianza Verde, sino que ha afectado, en general, a casi todos los partidos, al punto que sólo hasta años recientes el Partido Liberal volvió a retomar programáticamente sus banderas socialdemócratas. Y es que en un escenario de polarización y conflictividad crecientes emanado de problemas estructurales que se invisibilizan una y otra vez… desconocer la trayectoria liberal-democrática de las izquierdas emanadas de las insurgencias antisistémicas o socialdemócratas —como el M-19— permite vender al mercado electoral una alternativa de «centro» a aquellos sectores temerosos de un cambio social que desmejore su posición social y empodere y beneficie a las clases populares. ¡Cuidado con el populismo nos dicen sin más una y otra vez!

Si hay una derecha o izquierda de «centro», ¡que lo digan! Pero que no engañen más al electorado. Y que el debate y la lucha prosigan.

Fuente principal

Bobbio, N. (2014). Derecha e izquierda: razones y significados de una distinción política. Taurus.

Otras fuentes

Gramsci, A. (1980). «Análisis de las situaciones. Relaciones de fuerzas». Nueva Antropología4(16), 7-18.

Katz, R., y Mair, P. (2004). «El partido cartel. La transformación de los modelos de partidos y de la democracia de partidos». Revista Zona Abierta, (108-109), 9-42.

¿Ser varón supone tener el derecho a ser protagonista siempre? Hablemos de micromachismos

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 Las manifestaciones del machismo son muchas, en esta oportunidad compartimos una caracterización de los micromachismos propuesta por Luis Bonino. Él es un psicoterapeuta experto en las problemáticas de la condición masculina que en 1990 planteó esta categoría para indicar esas manifestaciones de violencia machista que son cotidianas y se encuentran encubiertas.

 Compartimos algunos fragmentos de Micromachismos. La violencia invisible en la pareja. El texto lo presentamos en tres partes, la primera con la tipología de los micromachismos, la segunda indica la relación existente entre el poder y los micromachismos y finalmente su propósito.

 

 TIPOLOGÍA DE MICROMACHISMOS 

 A los fines de evidenciar con mayor precisión estas prácticas [se encuentran en la segunda parte del artículo], me dedicaré a continuación a su descripción, y para ello he desarrollado una clasificación en tres categorías: los micromachismos coercitivos (o directos), los encubiertos (de control oculto o indirectos) y los de crisis. 

 En los «coercitivos», el varón usa la fuerza moral, psíquica, económica o de la propia personalidad, para intentar doblegar y hacer sentir a la mujer sin la razón de su parte. Ejercen su acción porque provocan un acrecentado sentimiento de derrota posterior al comprobar la pérdida, ineficacia o falta de fuerza y capacidad para defender las propias decisiones o razones. Todo ello suele promover inhibición, desconfianza en sí misma y disminución de la autoestima, lo que genera más desbalance de poder. 

 En los micromachismos «encubiertos», el varón oculta (y a veces se oculta) su objetivo de dominio. Algunas de estas maniobras son tan sutiles que pasan especialmente desapercibidas, razón por la que son más efectivas que las anteriores. 

 Impiden el pensamiento y la acción eficaz de la mujer, llevándola a hacer lo que no quiere y conduciendola en la dirección elegida por el varón. 

 Aprovechan su dependencia afectiva y su pensamiento «confiado». Provocan en ella sentimientos de desvalimiento, emociones acompañadas de confusión, zozobra, culpa, dudas de si, impotencia, que favorecen el descenso de la autoestima y la autocredibilidad. 

 Por no ser evidentes, no se perciben en el momento, pero se sienten sus efectos, por lo que conducen habitualmente a una reacción retardada (y «exagerada», dicen los varones) por parte de la mujer, como mal humor, frialdad o estallidos de rabia «sin motivo». 

 Son muy efectivos para que el varón acreciente su poder de llevar adelante «sus» razones, y son especialmente devastadores con las mujeres muy dependientes de la aprobación masculina.

Tienen todas las características de lo que el psicoanálisis llama «mecanismos psicopáticos», y se vehiculizan frecuentemente a través de la identificación proyectiva, inductora de comportamientos. A diferencia de las maniobras anteriores que se asientan en gran medida en el rechazo, estas lo hacen más en la desconfirmación. 

En cuanto a los micromachismos de «crisis», suelen utilizarse en momentos de desequilibrio en el estable desbalance de poder en las relaciones, tales como aumento del poder personal de la mujer por cambios en su vida o pérdida del poder del varón por razones físicas o laborales. El varón, al sentirse perjudicado, puede utilizar específicamente estas maniobras o utilizar las definidas anteriormente, aumentando su cantidad o su intensidad con el fin de restablecer el statu quo.

He construido estas categorías a partir de ir descubriendo y clasificando, desde la perspectiva de las relaciones de género, múltiples acciones cotidianas de los varones extraídas de la práctica clínica, la vida diaria y la bibliografía. Muchas de estas acciones están naturalizadas, desconociéndose su función al servicio de la dominación. 

Cada categoría está formada por un repertorio de maniobras, a las que he ido designando y definiendo, en el intento siempre difícil de su visibilización.

 Espero que el siguiente listado sea útil para develar aquello que, como terapeutas y como personas, debemos contribuir a desarrollar las menos dramáticas, pero igualmente destructoras formas de la microdominación cotidiana. 

MICROMACHISMOS COERCITIVOS 

 La siguiente enumeración, como la de las otras categorías que realizaré más adelante, procura nombrar, en un desordenado orden, algunas de las maniobras que he podido comprobar con más frecuencia. Quizás estas descripciones animen al lector a ir develando otras, de las cuales impensadamente (o no) es sujeto u objeto. 

 Intimidación

Maniobra atemorizante que se ejerce cuando ya se tiene fama (real o fantaseada) de abusivo o agresivo. Se dan indicios de que, si no se obedece, “algo» podría pasar. Implica un arte en el que la mirada, el tono de voz, la postura y cualquier otro indicador verbal o gestual pueden servir para atemorizar. Para hacerla creíble, es necesario, cada tanto, ejercer alguna muestra de poder abusivo físico, sexual o económico, para recordarle a la mujer que le puede pasar si no se somete.

 Toma repentina del mando

Ejercicio más o menos sorpresivo de anulación o no tenida en cuenta de las decisiones de la mujer basada en la creencia del varón de que él es el único que toma decisiones. Ejemplos de esta maniobra son: tomar decisiones sin consultar, ocupar espacios comunes, opinar sin que se lo pidan, monopolizar, etcétera. 

 El cortocircuito es un tipo especial de esta maniobra- consiste en tomar decisiones sin contar con la mujer, en situaciones que la involucran y en las que es difícil negarse- invitaciones a último momento de personas importantes: jefes. parientes, etcétera- (Piaget, 1993). 

 Apelación al argumento lógico

Se recurre a la lógica (varonil) y a la «razón» para imponer ideas, conductas o elecciones desfavorables a la mujer. 

 Utilizada por varones que suponen que tienen la “única” razón o que la suya es la mejor. No tienen en cuenta los sentimientos ni las alternativas y suponen que exponer su argumento les da derecho a salirse con la suya. 

 No la deja de utilizar, hasta que da “lógicas razones” (las del varón, por supuesto), y obligan a tener muy en claro la propia posición si la mujer no quiere someterse. Provoca intenso agobio. 

 Ejemplo frecuente de esto es la elección del lugar de vacaciones, si a la mujer no le gusta el lugar elegido por el varón de la pareja. 

 Es muy eficaz con mujeres que tienen un modo perceptivo o intuitivo de abordaje de la realidad.

Insistencia abusiva

Conocida como «ganar por cansancio», consiste en obtener lo que se quiere, por agotamiento de la mujer en mantener su propia opinión, que al final acepta lo impuesto a cambio de un poco de paz. 

Control del dinero

Gran cantidad de maniobras son utilizadas por el varón para monopolizar el uso o las decisiones sobre el dinero, limitando el acceso de la mujer a él o dando por descontado que el hombre tiene más derecho a ello. Algunas de estas maniobras, no dan información sobre usos del dinero común, control de gastos y exigencia de detalles, retención -lo que obliga a la mujer a pedir- (Coria, 1992). Incluyo también en este apartado la negación del valor económico que supone el trabajo doméstico y la crianza y el cuidado de los niños. 

Uso expansivo del espacio físico

Esta práctica se apoya en la idea de que el espacio es posesión masculina, y que la mujer lo precisa poco. Así, en el ámbito hogareño, el varón invade con su ropa toda la casa, utiliza para su siesta el sillón del salón impidiendo el uso de ese espacio común, monopoliza el televisor u ocupa con las piernas todo el espacio inferior de la mesa cuando se sientan alrededor de ella, entre otras maniobras (Guillaumin, 1992). 

 

MICROMACHISMOS ENCUBIERTOS

Son los que atentan de modo más eficaz contra la autonomía femenina, por su índole insidiosa y sutil que los torna especialmente invisibles en cuanto a su intencionalidad. 

Abuso de la capacidad femenina de cuidado

Materialización de la mujer. La inducción a la mujer a ‘ser para otros» es una práctica que impregna el comportamiento masculino. De las múltiples caras de esta maniobra, solo nombrare algunas: pedir, fomentar o crear condiciones para que la mujer priorice sus conductas de cuidado incondicional (sobre todo hacia el mismo varón), promover que ella no tenga en cuenta su propio desarrollo laboral, acoplarse al deseo de ella de un hijo, prometiendo ser un «buen padre» y desentenderse luego del cuidado de la criatura. 

Requerimientos abusivos solapados: son tipos de pedidos «mudos» que apelan a aspectos «cuidadores» del rol femenino tradicional. Ejemplos comunes de estos requerimientos son los comportamientos de «aniñamiento tiránico» que utilizan los varones cuando enferman, así como la exigencia (generalmente no verbal) de ocuparse de la familia de él, sus amigos, y los animales que usualmente él promueve que los hijos tengan en casa. 

Este tipo de maniobras, junto con la sacralización de la maternidad y la delegación de la carga doméstica y la crianza de los hijos (definiéndose el varón solo como «ayudante»), son las más frecuentes microviolencias sobre la autonomía de la mujer, al obligarla a un sobreesfuerzo vital que le impide su desarrollo personal. 

Maniobras de explotación emocional 

Se aprovechan de la dependencia afectiva de la mujer y su necesidad de aprobación para promover en ella dudas sobre sí misma, sentimientos negativos y, por lo tanto, más dependencia. Se usan para ello dobles mensajes, insinuaciones, acusaciones veladas, etcétera. De entre su amplia variedad podemos destacar: 

  Culpar a la mujer de cualquier disfunción familiar 

  Culpabilización del placer que la mujer siente con otras personas o situaciones donde él no esté: asentada en la creencia de que la mujer solo puede disfrutar con su compañero afectivo y por él. Elección forzosa con maniobras del tipo de «Si no haces esto por mí es que no me quieres». Enfurruñamiento: acusación culposa no verbal frente a acciones que no le gustan al varón, pero a las cuales no se puede oponer con argumentos «racionales» (al estilo de «A mí no me importa que salgas sola», dicho con cara de enfado). 

Maniobras de desautorización

Conducen a inferiorizar a la mujer a través de un sinnúmero de descalificaciones, que en general son consonantes con las descalificaciones que la cultura tradicional realiza, y que hacen mella en la necesidad de aprobación femenina. Entre ellas: 

  Redefinición como negativas, de cualidades o cambios positivos de la mujer. 

  Colusión con terceros con los que la mujer tiene vínculos efectivos (parientes, amistades) a través del relato de historias sesgadas, secretos, etcétera (Bograd, 1991). 

  Descalificación de cualquier transgresión del rol tradicional.

  Un gesto muy utilizado para acompañar estas maniobras es ‘la cara de perro’, que difícilmente es aceptado como propio por el varón. 

Terrorismo

Se trata de comentarios descalificadores repentinos, sorpresivos, tipo ‘bomba», que dejan indefensa a la mujer por su carácter abrupto. Producen confusión, desorientación y parálisis. Utilizan la sospecha, la agresión y la culpabilidad. Pertenecen a este tipo los sorpresivos comentarios descalificadores del éxito femenino, resaltar la cualidad de la mujer-objeto y recordar las «tareas femeninas» con la familia, en contextos no pertinentes (Coria, 1992). 

Paternalismo 

En este tipo de maniobra se enmascara la posesividad y a veces el autoritarismo del varón, haciendo «por» y no «con» la mujer e intentando aniñarla. Se detecta sobre todo cuando ella se opone, y él no puede tolerar no controlarla. 

Creación de falta de intimidad 

Actitudes activas de alojamiento, que bloquean la puesta en juego de las necesidades relacionales de la mujer y evitan la intimidad que para el varón supone riesgo de perder poder y quedar a merced de la mujer (Weingarten, 1991):

  Negación del reconocimiento. Comportamientos de avaricia de reconocimiento de la mujer como persona y de sus necesidades, que conducen al hambre de afecto (el que, en mujeres dependientes, aumenta su dependencia). Provoca sobrevaloración de lo poco que brinda el varón -ya que lo escaso suele vivirse como valioso- (Benard y Schiaffer, 1 990). 

  Silencio. Renuencia para hablar o hablar de sí, con efectos de «misteriosidad». Su objetivo es evitar el desenmascaramiento y el control de las reglas del diálogo. Algunas de estas maniobras son: encerrarse en sí mismo, no contestar, no preguntar, no escuchar, hablar por hablar sin comprometerse, etcétera (Durrant y White, 1990; Wieck 1987; Sabo 1995). 

  Negación a la mujer de su derecho a ser cuidada (e imposición del deber de ser cuidadora). 

  Inclusión invasiva de amigos, reuniones y actividades, limitando al mínimo o haciendo dejar de existir los espacios de intimidad. A veces acompañada de la acusación a la mujer de ser «poco sociable». 

 Engaños

Se desfigura la realidad al ocultar lo que no conviene que la mujer sepa, porque si no el varón puede resultar perjudicado en determinadas ventajas que no quiere perder. Pertenecen a este tipo maniobras tales como: negar lo evidente, incumplir promesas, adular, crear una red de mentiras, apelar a la desautorización de las «intuiciones» de la mujer para ocultar infidelidades. Dan poder en tanto impiden un acceso igualitario a la información. 

 Autoindulgencia sobre la propia conducta perjudicial. 

Maniobras que procuran bloquear la respuesta de la mujer ante acciones e inacciones del varón que la desfavorecen. Hacen callar apelando a «otras razones», y eludiendo la responsabilidad de la acción. Entre ellas: 

 Hacerse el tonto: se apela a la inconsciencia («No me di cuenta»), a las dificultades de los varones («Quiero cambiar, pero me cuesta»), a las obligaciones laborales («No tengo tiempo para ocuparme de los niños»), a la torpeza, a la parálisis de la voluntad («No pude controlarme»). 

Comparaciones ventajosas: se apela a que hay varones peores. 

 

MICROMACHISMOS DE CRISIS

Seudópodo

Apoyos que se enuncian sin ir acompañados de acciones cooperativas, realizados con mujeres que acrecientan su ingreso al espacio público. Se evita con ello la oposición frontal, y no se ayuda a la mujer a repartir su carga doméstica y tener más tiempo. 

Desconexión y distanciamiento

Se utilizan diversas formas de resistencia pasiva: falta de apoyo o colaboración, conducta al acecho (no toma la iniciativa, espera y luego critica. «Yo lo hubiera hecho mejor»), amenazas de abandono o abandono real (refugiándose en el trabajo o en otra mujer «más comprensiva»). 

Hacer méritos

Maniobras consistentes en hacer regalos, prometer ser un buen hombre, ponerse seductor y atento, hacer cambios superficiales, sobre todo frente a amenazas de separación. Se realizan modificaciones puntuales que implican ceder posiciones provisoriamente por conveniencia, sin cuestionar la creencia errónea de la «naturalidad» de la tenencia de dicha posición. 

 Dar lastima

Comportamientos autolesivos tales como accidentes, aumento de adicciones, enfermedades, amenazas de suicidio, que apelan a la predisposición femenina al cuidado y le inducen a pensar que sin ella el podría terminar muy mal. El varón exhibe aquí, manipulativamente, su invalidez para el autocuidado. 

 Shakespeare ilustra, espléndidamente, las estrategias de utilización de muchas de estas maniobras en función de dominar a la mujer, restringiendo con hábiles artes su autonomía, en su obra «La fierecilla domada». Su lectura alumbra con gran nitidez el efecto devastador de estas estrategias de dominio.

 La efectividad de todas estas maniobras, junto a la falta de autoafirmación de la mujer, forman una explosiva mezcla con negativos efectos relacionales: mujeres muchas veces enormemente deterioradas en su autonomía y varones con aislamiento emocional progresivo y creciente desconfianza en la mujer, a quien nunca terminan de poder someter plenamente. 

 Si bien hemos tenido en mente para la anterior clasificación a la pareja conyugal, muchas de estas maniobras son igualmente realizadas en el ámbito familiar con las propias hijas y madres. 

 Quizás esta larga clasificación haya provocado alivios y rechazos. Como en todo tema que se devela, suele ser más frecuente que sientan alivio aquellos a quienes la invisibilización los desfavorecía, y rechazo a quienes se sentían favorecidos por dicha invisibilización. 

 Tolerar la visibilización no es tarea fácil. No muchas mujeres, pese a entender maniobras en que se ven involucradas, soportan el reconocimiento de su propia subordinación (Dio Bleichniar, 1992). Pocos varones, pese a reconocerse en este listado, están dispuestos a aceptar, a pesar de sus cambios, lo que en ellos aún permanece de la atávica dominancia masculina (Brittan, 1989). Pero la transformación se basa en esos dolorosos reconocimientos y aceptaciones. 

 Sería un error que de esta clasificación se dedujera la «maldad» de los varones. Solo he intentado describir comportamientos de los que ellos sí son responsables, de los que las mujeres no son responsables y que solo a ellos les cabe intentar modificar si desean relaciones igualitarias y cooperativas con las mujeres. 

 

MICROMACHISMOS LA VIOLENCIA INVISIBLE EN LA PAREJA

 En cuanto al poder, este no es una categoría abstracta; el poder es algo que se ejerce, que se visualiza en las interacciones (donde sus integrantes las despliegan). Este ejercicio tiene un doble efecto: opresivo, y configurador, en tanto provoca recortes de la realidad que definen existencias (espacios, subjetividades. modos de relación, etcétera). 

 Dos acepciones surgen con la palabra «poder»: una es la capacidad de hacer, el poder personal de existir, decidir, autoafirmarse; requiere una legitimidad social que la autorice. Otra, la capacidad’ y la posibilidad de control y dominio sobre la vida o los hechos de los otros, básicamente para lograr obediencia y lo de ella derivada; requiere tener recursos (bienes, afectos) que aquella persona que quiera controlarse valore y no tenga, y medios para sancionar y premiar a la que obedece. 

 En este segundo tipo de poder, se usa la tenencia de los recursos para obligar a interacciones no recíprocas, y el control puede ejercerse sobre cualquier aspecto de la autonomía de la persona a la que se busca subordinar (pensamiento, sexualidad, economía, capacidad decisoria, etcétera). 

 La desigual distribución del ejercicio del poder sobre otros u otras conduce a la asimetría relacional. La posición de género (femenino o masculino) es uno de los ejes cruciales por donde discurren las desigualdades de poder, y la familia, uno de los ámbitos en que se manifiesta. Esto es así porque la cultura ha legitimado la creencia en la posición superior del varón: el poder personal, la autoafirmación, es el rasgo masculino por antonomasia. 

 Ser varón supone tener el derecho a ser protagonista (independientemente de cómo se ejerza ese derecho). La cultura androcéntrica niega ese derecho a las mujeres, que deberán entonces (si pueden) conquistarlo. A través de la socialización, esto deviene en la creencia generalizada de que los varones tienen derecho a tomar decisiones o a expresar exigencias a las que las mujeres se sienten obligadas, disminuyendo su valor y necesitando la aprobación de quien a ellas les exige. La ecuación «protección por obediencia» refleja esta situación y demuestra la concepción del dominio masculino.

 Este dominio, arraigado como idea y como práctica en nuestra cultura mantiene y se perpetúa por: 

  • Su naturalización. 
  • La falta de recursos de las mujeres.  
  • Uso por los varones del poder de macro definición de la realidad y de otro poder que especialmente nos interesa: el poder de micro definición, que es la capacidad y habilidad de orientar el tipo y el contenido de las interacciones en términos de los propios intereses, creencias y percepciones. Poder de puntuación que se sostiene en la idea del varón como autoridad que define qué es lo correcto (Saltzman, 1989). 
  • La explotación del «poder» del amor (jonnasdotir, 1993). 
  • Y la mujer, ¿Qué poderes ejerce?: el sobrevalorado poder de los afectos y el cuidado erótico y maternal. Con él logra que la necesiten. Pero este es un poder delegado por la cultura androcéntrica, que le impone la reclusión en el mundo privado. En este mundo se le alza un altar engañoso y se le otorga el título de reina, título paradójico, ya que no puede ejercerlo en lo característico de la autoridad (la capacidad de decidir por los bienes y personas y sobre ellos), quedando solo con la posibilidad de intendencia y administración de lo ajeno. Poder además característico de los grupos subordinados, centrados en »manejar» a sus superiores haciéndose expertos en leer sus necesidades y en satisfacer sus requerimientos, exigiendo algunas ventajas a cambio. Sus necesidades y reclamos no pueden expresarse directamente, y por ello se hacen por vías ‘ocultas»; quejas, distanciamientos, etcétera. 

 Estas situaciones de poder (que desde la normativa genérica desfavorecen a las mujeres) suelen ser invisibilizadas en las relaciones de pareja, llevando a la creencia de que en ellas se desarrollan practicas recíprocamente igualitarias y velando la mediatización social que adjudica a los varones, por el hecho de serlo, un plus de poder del que carecen las mujeres. 

 Si bien no todas las personas se adscriben igualmente a su posición de género, y aunque el discurso de la superioridad masculina está en entredicho, el poder configurador de la masculinidad como modelo sigue siendo enorme. Aun las creencias ancestrales oscurecen las injusticias, aplauden las conductas masculinas y censuran a la mujer que asume otras competencias.  

 Estas premisas que he planteado no son fácilmente aceptadas, ya que implican un desafío a lo «dado», y son aún menos aceptadas por los varones, en tanto ponen al descubierto las ventajas masculinas en relación con las mujeres y obligan por ello al consiguiente dilema ético de cómo posicionarse frente a esta injusta situación (que por otra parte se encuentra en la base de la socialización masculina). Por ello, aun en el tema poco abordado de los varones en terapia, las personas que se han ocupado de él son en general mujeres (Bograd, 1991; Erickson, 1993). Los varones se han ocupado más de abordar los «costos» de la condición masculina (Meth y Pasick, 1990), si bien algunos -principalmente asistiendo a varones violentos- han incluido estas premisas.  

 Para estos trabajos, la comprensión de la construcción de la identidad masculina y sus modos de relacionarse se revelan como indispensables. 

 

LOS MICROMACHISMOS

 (…) llamo así a las prácticas de dominación masculina en la vida cotidiana, del orden de lo «micro», al decir de Foucault, de lo capilar, lo casi imperceptible, lo que está en los límites de la evidencia. 

Decidí incluir «machismo» en el neologismo que cree para definir estas prácticas, porque si bien no es un término claro (en tanto designa tanto la ideología de la dominación masculina como los comportamientos exagerados de dicha posición), alude, en el lenguaje popular, a una connotación negativa de los comportamientos de interiorización hacia la mujer, que era lo que quería destacar en el término.

 Se trata de un amplio abanico de maniobras interpersonales que realizan los varones para intentar:

  • Mantener el dominio y su supuesta superioridad sobre la mujer objeto de la maniobra; reafirmar o recuperar dicho dominio ante una mujer que se «rebela» por «su» lugar en el vínculo; resistirse al aumento de poder personal o interpersonal de una mujer con la que se vincula, o aprovecharse de dichos poderes. 
  • Son microabusos y microviolencias que atentan contra la autonomía personal de la mujer, en los que los varones, por efecto de su socialización de género son expertos; socialización que, como sabemos, está basada en el ideal de masculinidad tradicional: autonomía; dueño de la razón, el poder v la fuerza, ser para sí, y definición de la mujer como inferior y a su servicio. A través de ellos se intenta imponer sin consensuar el propio punto de vista o razón. Son efectivos porque los varones tienen, para utilizarlos válidamente, un aliado poderoso: el orden social, que otorga al varón, por serlo, el «monopolio de la razón» y, derivado de ello, un poder moral por el que se crea un contexto inquisitorio en el que la mujer está en principio en falta o como acusada: «exageras’ y «estás loca» son dos expresiones que reflejan claramente esto (Serra, 1993). 

 Destinados a que las mujeres queden forzadas a una mayor disponibilidad hacia el varón, ejercen este efecto a través de la reiteración, que conduce inadvertidamente a la disminución de la autonomía femenina, si la mujer no puede contramaniobrar eficazmente. 

 Su ejecución brinda «ventajas», algunas a corto, otras a largo plazo para los varones, pero ejercen efectos dañinos en las mujeres, las relaciones familiares y ellos mismos, en tanto quedan atrapados en modos de relación que convierten a la mujer en adversaria, impiden el vínculo con una compañera y no aseguran el afecto (ya que el dominio y el control exitoso solo garantizan obediencia y generan resentimientos). 

 Aun los varones mejor intencionados los realizan, porque están fuertemente inscritos en su programa de actuación con las mujeres. Algunos micromachismos son conscientes y otros se realizan con la «perfecta inocencia» de lo inconsciente. 

 Puntualmente, estas maniobras pueden no parecer muy dañinas, incluso pueden resultar naturales en las interacciones, pero su poder, devastador a veces, se ejerce por la reiteración a través del tiempo, y puede detectarse por la acumulación de poderes de los varones de la familia a lo largo de los años. 

 Un poder importante en este sentido es el de crearse y disponer de tiempo libre a costa de la sobreutilización del tiempo de la mujer. 

 Sus más frecuentes efectos, tales como la perpetuación en los desbalances v disfunciones en la relación, el deterioro en la autoestima y autonomía femeninas y el aislamiento y la consolidación de prejuicios misóginos en el varón, se producen con denegación de su causalidad y atribución culposa a la mujer (uno de los micromachismos más frecuentes).

 Naturalización, poder de micro definición, nominativa genérica, falta de recursos de las mujeres, aspectos todos que avalan estas prácticas y que no podemos tampoco desconocer si queremos desactivarlas. 

 Quizás uno de los mecanismos más férreamente consolidados en el sostenimiento de estas acciones como de otras que conducen al racismo, la xenofobia o la homofobia, sea el de la objetificación: la creencia de que solo algunos varones (blancos) heterosexuales tienen status de persona permite percibir, en este caso, a las mujeres como «menos» persona, negándoles reconocimiento y justificando el propio accionar abusivo (Brittan, 1989). Pero adentrarnos en esto excede en mucho el objetivo de este trabajo en el que solo intento visibilizar los micromachismos. 

 BIBLIOGRAFÍA 

Benard, Ch. y Schiafferj.: Delad a los hombres en paz, Barcelona, Paidós, 1993. 

Benjamin, J.: The Bonds of love, Psicoanálisis, feminismo y el problema de la dominación. Nueva York, Panteón, 1988. 

Bograd, M.: Feminist aproaches for men in family therapy, Nueva York, Harrington Park Press, 1991. 

Bonino, L.: «‘Varones y abuso doméstico», en P. Sanroman (coord.) Salud mental y ley, Madrid, AEN, 199 1. 

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 Dio Bleichmar, E.: «Los pies de la ley en el deseo femenino», en Femandez, A.M. (comp.), Las mujeres en la imaginacion colectiva, Buenos Aires, Paidos, 1992.

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Wieck, W.: Maneer lasen lieben, Stuttgart, K. Verlag, 1987. 

La inmunidad de rebaño, la estrategia de la confusión y las dosis de corrupción en el manejo de la pandemia

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Las vacunas deben ser un bien común de la humanidad. Ni herramientas geopolíticas, ni negocios del gran capital | Parte III

 Nota del editor: para leer la tercera parte no es indispensable leer la primera y la segunda, pero si es recomendable a fin de tener un panorama mucho más completo de la exposición del autor sobre el tema.

Las vacunas deben ser un bien común de la humanidad. Parte I

La vacuna contra la Covid-19 como un bien común. Parte II

La inmunidad de rebaño, la estrategia de la confusión y las dosis de corrupción en el manejo de la pandemia

Duque en su show televisivo y el ministro de salud empezaron a hablar de vacunas contra el virus entre el 18 y 23 de diciembre de 2020, simultáneamente cuando Duque, eufóricamente, anunciaba los días sin IVA para que millones salieran desenfrenadamente a comprar en almacenes de cadena y en las calles. También por esas fechas los grandes noticieros dejaron de informar diariamente sobre las cifras de infectados y el número de muertes.

 Para tranquilizar a las clases trabajadora y media y persuadirlas a gastar sus ahorros, el subpresidente y ministro inyectaron cifras, confusas e imprecisas, sobre la vacuna. La promesa era que pronto alcanzaríamos la inmunidad de rebaño. De los 51 millones de habitantes, el Plan Nacional de Vacunación presentado el 18 de diciembre, iba a vacunar el 70% (36 millones de colombianos, cifra para alcanzar la inmunidad de rebaño). El ministro Fernando Ruíz Gómez afirmó, según todavía se lee en la página del Minsalud (2020), que el gobierno había comprado 20 millones de dosis (10 a Pfizer y 10 a AstraZeneca) y con la Organización Panamericana de la Salud había suscrito un convenio para acceder al mecanismo Covax por 20 millones de dosis. Los 40 millones de vacunas ascienden a más de un billón y medio de pesos colombianos $1.537.883.767.930, distribuidos así: con la farmacéutica Pfizer por US$119.995.200 (10 millones de vacunas; se necesitan dos dosis por persona); con AztraZeneca, el contrato de compraventa se perfeccionó por un valor de US$59.904.000 (10 millones de vacunas; se necesitan dos dosis por persona); y con la alianza para la vacunación COVAX, se suscribió el contrato por US$214.726.260 (20 millones de vacunas, también dos dosis por persona).

A la fecha no hay nada asegurado que garantice la pronta llegada de la vacuna y se especula que en algún momento de febrero llegarán las vacunas del mecanismo Covax.

 Estas cifras no dan para alcanzar la inmunidad de rebaño, ya que haría falta atender a 15 millones de personas, cada una con dos dosis, es decir 30 millones de dosis adicionales. A la fecha no hay nada asegurado que garantice la pronta llegada de la vacuna y se especula que en algún momento de febrero llegarán las vacunas del mecanismo Covax.

 El mecanismo Covax es parte del lavado de cara del capitalismo farmacéutico y de los grandes monopolios. Se trata de un acuerdo entre dos fundaciones de Bill Gates, la Alianza Global para Vacunas e Inmunización (GAVI) y la Coalición para Innovaciones en la Preparación ante Epidemias (CEPI), con la Organización Mundial de la Salud – OMS. Este mecanismo busca que países y empresas creen un fondo para aumentar la producción y distribución de vacunas a países pobres y de medianos recursos mediante préstamos, con garantía para la compra anticipada de vacunas, así como contribuciones a la investigación, lo que puede implicar el incremento de la deuda externa en los países del sur global. Más que una operación humanitaria o filantrópica, Covax es un proceso de financiarización de la vacuna, de ahí que el asesor financiero del modelo sea el monopolio Citigroup. En el caso de Colombia, pese a que el país ha aportado a ese fondo del capitalismo farmacéutico global, algo más de 200 millones de dólares, no es claro, debido al secretismo gubernamental, si el aporte cubre los 20 millones de dosis, o deberá endeudarse adicionalmente.

Este mecanismo, Covax, busca que países y empresas creen un fondo para aumentar la producción y distribución de vacunas a países pobres y de medianos recursos mediante préstamos, con garantía para la compra anticipada de vacunas, así como contribuciones a la investigación, lo que puede implicar el incremento de la deuda externa en los países del sur global.

Esta situación ha generado malestar generalizado de parte de la población y fuertes cuestionamientos de las agremiaciones médicas del país. Ante las críticas el gobierno y los grandes medios de comunicación definieron como estrategia mediática responsabilizar a la población por su “indisciplina social” para acatar las normas de distanciamiento, una nueva distracción para ocultar los errores garrafales del subpresidente.

 Corrupción rampante en la gestión de la pandemia como antecedente de la vacunación del rebaño

El gobierno Duque, además de exponer a la población al contagio con las medidas para favorecer al gremio de los comerciantes, las aerolíneas y el turismo, ha manejado la pandemia con el más contundente y nítido estilo uribista, aplicando dosis de corrupción. Las declaraciones oficiales de que el país está preparado financieramente para adquirir las vacunas dejan mucho que desear. Con la resolución 2327 de 2020 del Ministerio de Hacienda, el gobierno dice haber asegurado los recursos para comprar de 10 millones de dosis de la vacuna de la farmacéutica estadounidense Pfizer, a una razón de 12 dólares por dosis, un total de $437 mil millones del Fondo de Mitigación de Emergencias (FOME).

 En abril de 2020 el gobierno creó la Subcuenta para la Mitigación de Emergencias -Covid 19- de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) y definió que la entidad creada para atender la emergencia sanitaria era el FOME. Se trata de un fondo que ha manejado los procesos de contratación en la pandemia, regido por el derecho privado y no por la Ley 80 de contratación pública, por eso ha podido suscribir diferentes acuerdos de confidencialidad que fácilmente escapan a la vigilancia de los órganos de control y de la ciudadanía. Además, el financiamiento del FOME se logró mediante la disminución de aportes a las entidades territoriales para gastos de salud e inversión social.

Se trata de un fondo que ha manejado los procesos de contratación en la pandemia, regido por el derecho privado y no por la Ley 80 de contratación pública, por eso ha podido suscribir diferentes acuerdos de confidencialidad que fácilmente escapan a la vigilancia de los órganos de control y de la ciudadanía

 Por otra parte, la UNGRD encargada de la subcuenta Covid, es dirigida por el político caucano Eduardo José González Angulo. Ya bajo los dos gobiernos de Uribe Vélez, González ocupó esta cartera y aún hoy se le investiga por haber adquirido gigantescos predios en el Vichada. Actualmente la Contraloría tiene un expediente abierto por enriquecerse con los recursos para los damnificados de la Covid-19 y por adquirir mercados con sobre costo y entregarlos saqueados a las víctimas de la pandemia (Toro. 2020).

 González Angulo, por orden de Duque, nombró en la gerencia de la Covid-19 a fichas del hoy uribista confeso Miguel Uribe Turbay: Adriana Lucia Jiménez, como gerente general de la subcuenta Covid, Claudia Candela Bello, Juan Sebastián Castro, el exgeneral (antiacuerdos de paz) Gustavo Rincón, además de otro nutrido grupo de contratistas, todos con sueldos que se acercan a los 20 millones de pesos mensuales.

 El dinero para atender el sufrimiento de millones de personas manejado por el FOME se ha despilfarrado en contratos como el realizado con los consorcios Pezeta Publicidad SAS y Pubblica SAS, por $18 mil millones de pesos para vallas y carros de perifoneo (El Olfato, 2021). También del FOME salió el aporte-crédito de 370 millones de dólares con que Duque se congració con la multinacional Avianca en agosto del 2020. Los recursos para las vacunas están embolatados, esa es una de las explicaciones a la demora y los dires y mentires del gobierno.

 El dinero para atender el sufrimiento de millones de personas manejado por el FOME se ha despilfarrado en contratos

 Según el Observatorio Fiscal de la Universidad Javeriana las cuentas del FOME durante el 2020 no fueron transparentes, no hay información clara sobre los montos asignados, las destinaciones y los desembolsos no se le están contando a los colombianos de una forma detallada y transparente. En noviembre del 2020 este Observatorio encontró que:

“Lo cierto es que el pasado 1 de noviembre, cuando nos disponíamos a preparar un nuevo reporte de los recursos desembolsados desde el FOME, nos encontramos con una significativa novedad: el fondo ya no es de 25,5 billones de pesos y en octubre pasó a ser de 40,5 billones –una adición de 15 millones de millones de pesos–, de acuerdo con el último reporte del Ministerio de Hacienda. Con corte al final de octubre, según los datos del Ministerio de Hacienda, se han desembolsado 16 billones de pesos desde el FOME para la atención de la emergencia.

¿Cómo pasó eso? Los recursos salieron de algo que el Ministerio de Hacienda llama “Recursos de crédito externo”. Sin embargo, con la información disponible en el portal del Ministerio de Hacienda para el Covid no es posible determinar el plan de financiación específico de estos fondos. Lo que sí se puede saber con total certeza es que los recursos ya fueron apropiados –cuando hablamos de apropiación nos referimos al monto máximo autorizado para asumir compromisos con un objeto determinado–. Lo cierto es que el Gobierno nacional ya le dio luz verde para usar esos recursos”. (Observatorio Fiscal, 2020).

A la tragedia de la Covid-19, la corrupción generalizada y la desinformación intencional con que Duque ha gestionado la pandemia, se suma la historia reciente de pérdida de soberanía en materia de salubridad como resultado del dominio del capitalismo monopolista farmacéutico, el declive de la producción nacional de vacunas en las últimas décadas y la dependencia del país en materia de salud pública y producción de medicamentos.

A la tragedia de la Covid-19, la corrupción generalizada y la desinformación intencional con que Duque ha gestionado la pandemia, se suma la historia reciente de pérdida de soberanía en materia de salubridad

La salud pública de la Colombia dependiente en la ecología-mundo capitalista

En las últimas décadas el crecimiento capitalista en Colombia es innegable. Pero se trata de un crecimiento realizado mediante la guerra del capital contra la población y los ecosistemas, a costa de los bienes naturales del país y del deterioro de la calidad de vida de las mayorías.

Los acelerados procesos de deforestación para abrirle paso a la ganadería y la agricultura comercial, la urbanización sin adecuada planeación y sin criterios de sustentabilidad ambiental, la contaminación de fuentes de agua, el daño ambiental generado por el extractivismo  minero-energético, el declive de los programas sociales y la desfinanciación de sistema nacional de salud y de saneamiento básico son los responsables de la débil respuesta gubernamental ante los brotes epidémicos: dengue, zika, chikunguña, malaria; la muerte por desnutrición, a los problemas de hipertensión, diabetes y cáncer, todos estos resultantes del lugar que ocupa el país en la ecología-mundo capitalista.

Según un informe del Instituto Humboldt (2019):

“Las invasiones biológicas impactan la salud humana y la de los sistemas productivos agrícolas. La invasión del territorio por parte de vectores virales ha permitido el ingreso y establecimiento de nuevos virus. El aumento en las poblaciones de invertebrados portadores de parásitos ha aumentado el riesgo de contagio por parte de los humanos o animales domésticos. Las especies de mosquitos Aedes aegypti y A. albopictus originarias de África y Asia respectivamente, representan en el continente americano los principales vectores de transmisión del Virus del Dengue y el Virus de la Fiebre Amarilla. Del mismo modo, son los principales vectores en Colombia de los virus recientemente invasores del Chikungunya y del Zika. El caracol gigante africano sirve de hospedero de nemátodos causantes de la meningoencefalitis eosinofílica y la angiostrongilosis abdominal en seres humanos”.

Particularmente, me interesa reseñar cómo durante la fase del capital financiero en la ecología-mundo capitalista fueron desmontadas las capacidades nacionales para producir vacunas, e incluso exportarlas. En 1917, por iniciativa privada fue creado el Laboratorio Samper-Martínez, destacado por la producción de vacuna antirrábica y suero antidiftérico, y con el montaje de procesos para el diagnóstico de enfermedades microbianas y parasitarias; en 1928 este laboratorio fue nacionalizado y en 1970 convertido en el Instituto Nacional para Programas Especiales de Salud.

El Instituto Nacional para programas especiales de salud convirtió al país en una potencia regional en materia de salubridad, investigación y producción de vacunas.

Con la investigación y el apoyo estatal el instituto erradicó la poliomielitis, controló la rabia, la difteria, el tétanos y la tos ferina por medio de la creación de vacunas. Se produjeron los mejores sueros antiofídicos del continente. El Instituto convirtió al país en una potencia regional en materia de salubridad, investigación y producción de vacunas. Una historia reciente del Instituto Nacional de Salud la ofrece Carlos F. Dáguer (2018).

A partir de la década de 1990 con la nueva organización internacional de la ecología-mundo capitalista controlada por los monopolios internacionales, la Organización Mundial de la Salud y el Banco Mundial empezaron a convencer a los gobiernos del sur global para que desistieran de la producción propia de vacunas y dejaran esta tarea en manos de las multinacionales farmacéuticas, que tenían los recursos tecnológicos y podían asegurar el abastecimiento global de medicamentos. Los gobiernos neoliberales no se hicieron esperar, y Gaviria, Samper, Pastrana y Uribe se encargaron de desmontar el Instituto. La Ley 100 de 1993 reorientó el sistema de salud hacia la cobertura mediante operadores privados, desfinanciando y por ende desestimulando la investigación, en 2002 el gobierno de Uribe Vélez decidió liquidar el área de Investigación y Desarrollo para la producción de vacunas. Al arrasamiento neoliberal de la soberanía sobre las vacunas solamente sobrevivieron en América Latina Brasil, Argentina, México, y Cuba.

El profesor Moisés Wasserman recientemente ha cuestionado que la decisión política de poner fin a la producción nacional de vacunas en Colombia correspondió también a una reducción en el concepto de seguridad nacional, entendido solamente en su acepción exclusivamente militar (Wasserman, 2020).

Reflexión final

La pandemia del SARS-CoV-2 ha mostrado la estrecha relación entre la sociedad y el resto de la naturaleza y expresa de manera contundente que los virus y bacterias, presentes en el planeta mucho antes que la vida humana, se convierten en amenaza por la destrucción y violación de los ecosistemas y los ciclos naturales, sumado al deterioro de los sistemas de salud pública.

A lo largo de este escrito he planteado que las vacunas, si bien deben ser entendidas como un bien común de la humanidad, no deberían ser el recurso principal para hacer frente a las pandemias. Solamente una ecología-mundo no capitalista que restablezca el metabolismo dialéctico sociedad-resto de la naturaleza, será la salvaguardia a la vida humana, ante nuevas y cada vez más peligrosas pandemias.

El caso colombiano es ilustrativo de lo que pasa en sociedades en plena descomposición del capitalismo y lumpenización de la burguesía. El cínico fascismo se desnuda tal cual es pese a las estrategias de distracción y desinformación sistemáticas. El manejo de la pandemia se ha hecho bajo la lógica histórica que alguna vez denunciara Jorge Eliécer Gaitán, “la economía de los menos por encima de la vida de los más”.

Referencias

Carlos Dáguer (2018). Vigilantes de la salud. Un siglo del Instituto Nacional de Salud. https://www.ins.gov.co/Noticias/SiteAssets/Paginas/Vigilantes-de-la-Salud/Libro%20INS-100%20a%c3%b1os%20vs_digital%2007-18.pdf

Instituto Humboldt (2019). Evaluación Nacional de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos. Resumen para Tomadores de Decisión – Borrador para comentarios de externos. http://www.humboldt.org.co/images/documentos/rtd-v01062020-comentarios-externos.pdf

Minsalud (2020). Colombia adquirió 40 millones de dosis de vacunas contra el covid-19 https://www.minsalud.gov.co/Paginas/Colombia-adquirio-40-millones-de-dosis-de-vacunas-contra-el-covid-19.aspx#:~:text=Bogot%C3%A1%2C%2018%20de%20diciembre%20de,en%202021%2C%20teniendo%20en%20cuenta

Observatorio Fiscal Universidad Javeriana (2020). El FOME cuenta con $15 billones adicionales y el Gobierno no se lo ha contado a los colombianos. https://www.ofiscal.org/post/el-fome-cuenta-con-15-billones-adicionales-y-el-gobierno-no-se-lo-ha-contado-a-los-colombianos

Jonathan Toro (2020). Contraloría abrió proceso de responsabilidad fiscal contra Ungrd por algunos sobrecostos. https://www.asuntoslegales.com.co/actualidad/contraloria-abrio-proceso-de-responsabilidad-fiscal-contra-ungrd-por-algunos-sobrecostos-3077586

Moisés Wasserman (2020). Así fue como Colombia dejó de producir vacunas.

https://www.eltiempo.com/amp/salud/covid-19-por-que-colombia-no-producira-su-propia-vacuna-538744

En El Copey (Cesar) está en riesgo la evidencia de ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas perpetradas por militares

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En la zona rural de El Copey, departamento del Cesar, una zona azotada por la violencia paramilitar, las autoridades tienen indicios de la presencia de los cuerpos de los jóvenes Óscar Alexander Morales Tejada, Octavio Bilbao Becerra y Germán Leal Pérez, desaparecidos entre el  2007 y el 2008, y de otras 100 personas que, según investigaciones, fueron víctimas de desaparición forzada y de ejecuciones extrajudiciales ejecutadas por miembros del Batallón de Artillería La Popa No. 02, de acuerdo a lo denunciado por la Comisión Colombiana de Juristas (CCJ).

Los cuerpos fueron enterrados en un lote que posteriormente sería designado como cementerio alterno de El Copey. En los años que siguieron, habitantes de la zona denunciaron que terceros estaban exhumando cuerpos y que militares amedrentaban a los miembros de la CCJ que junto al CTI llegaban al lugar para investigar los asesinatos y emprender los procesos judiciales correspondientes.

El 20 de enero, la CCJ denunció que la actual Alcaldía ha estado interviniendo el lugar para la construcción de bóvedas y habilitación del lote para las personas fallecidas por COVID-19, pese a que existía una orden de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) de no hacer adecuaciones ni intervenciones en ese lote y a que, como lo expresó Sebastián Bojacá  —abogado de la CCJ—, esta intención de alterar el cementerio alterno no coincidía “con el conocimiento [que] desde 2013 tienen las alcaldías del municipio sobre la cantidad de cuerpos y las acciones de búsqueda de la Fiscalía”. 

Asimismo, el abogado manifestó que según el alcalde Francisco Manuel Meza, “la JEP no le dijo a qué proporción de terreno se refieren cuando hay que adoptar medidas cautelares”, al no contar con evidencia técnica de la desaparición forzada en las cinco hectáreas del terreno, aún cuando: 1.“la JEP le ordenó mantener la custodia de los restos y la protección en todo el terreno del cementerio alterno de El Copey, no refiriéndose exactamente a una parte en específico”. 2. “el conocimiento judicial permite establecer que en todo el predio hay evidencia”.

Por esta razón, la Comisión Colombiana de Juristas solicitó a la JEP decretar el desacato de la Alcaldía del municipio y a su representante legal, a las medidas cautelares sobre el cementerio alterno de El Copey.

Sobre las ejecuciones extrajudiciales

Sebastián Bojacá  —representante legal de la familia Morales Tejada por la CCJ explicó a Revista Hekatombe que Óscar Alexander Morales Tejada, Octavio Bilbao Becerra y Germán Leal Pérez fueron presentados inicialmente como bajas en combate por miembros del Batallón de Artillería La Popa, específicamente del Pelotón Bombarda 01.

En ese momento, los cargos militares encargados del batallón presentaron una serie de documentos en donde argumentaban que las ejecuciones eran un resultado operacional válido, documentos que posteriormente fueron refutados por el contraste de la información en donde se demostraba que las víctimas no pertenecían a ningún actor armado.

Adicionalmente, afirmó el abogado Bojacá, que en la JEP algunos comparecientes han admitido la responsabilidad en los hechos y han establecido que estos casos son ejecuciones extrajudiciales.

Cabe destacar que María Doris Tejada, madre de Óscar Alexander Morales Tejada, asumió el caso de su hijo y ha manifestado un interés permanente por el esclarecimiento de la verdad y la justicia de Octavio Bilbao Becerra y Germán Leal Pérez, que posiblemente están junto a Oscar en el cementerio, y de las demás personas que fueron víctimas de los hechos y cuyos cuerpos se encuentran también en el lugar.

El peligro de la simplificación del debate político: el caso del centro, la Colombia Humana y el uribismo

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La simplificación del debate político es peligrosa para un país con una cultura política que es heredera de un bipartidismo al que se adscribían los militantes y simpatizantes por herencia y por estereotipación del contrario, antes que por convencimiento o argumentación. Un bipartidismo que sentó las bases de la reducción del debate político a unas coordenadas dicotómicas que pierden de vista la complejidad y los diversos matices que se pueden identificar en el movimiento de lo político.

 Esta simplificación, además de ser evidente en la derecha y la extrema derecha que han gobernado históricamente el país, y que se ha hecho manifiesta en la satanización de la oposición, haciendo de esta una enemiga y un sinónimo de insurgencia, de riesgo, desestabilización o destrucción, es también visible en los sectores con un importante número de adherentes, que pretenden ser, sino alternativos, por lo menos iniciativas distintas a estos segmentos tradicionales y parroquiales de la vida nacional. Unos actores políticos que han venido adquiriendo la capacidad real de disputar electoralmente el gobierno. Me refiero, por lo menos en este contexto, al centro político y a lo que se ha conocido como “progresismo” agrupado en el movimiento Colombia Humana.

La simplificación no viene sola, la debilidad argumentativa y analítica se conjuga a un tono agresivo que concibe el debate de ideas como un ataque en el que el fin no es la exposición de la postura política sino el ataque vacío que se torna personal.

 

 El caso del “centro”

 En cuanto al centro la simplificación es sintomática en el recurso retórico de Claudia López de “los dos trumpismos”, y en Fajardo, de Compromiso Ciudadano, en amplios sectores del partido Alianza Verde, o en “centristas” como el youtuber Daniel Samper hijo, con el uso de los términos populismo y polarización.

Con los “dos trumpismos”, la alcaldesa de Bogotá se refiere a lo que ella considera como los dos riesgos para el orden institucional, esto es, la Colombia Humana encabezada por Gustavo Petro y, por otra parte, Uribe y el uribismo. Asume que estas dos tendencias se agrupan en una sola expresión política porque supuestamente comparten rasgos comunes: su autoritarismo, su demagogia, su impugnación del orden institucional y la convocatoria de un sujeto pueblo. En síntesis, se agrupan en la etiqueta «populismo».

En cuanto al centro la simplificación es sintomática en el recurso retórico de Claudia López de “los dos trumpismos”, y en Fajardo, de Compromiso Ciudadano, en amplios sectores del partido Alianza Verde, o en “centristas” como el youtuber Daniel Samper hijo, con el uso de los términos populismo y polarización.

 La simplificación es evidente para una lectura y una escucha que sea atenta. A grandes rasgos, se puede identificar como cada tendencia promueve proyectos de país distintos: 

 La propuesta de Gustavo Petro es un proyecto de país defensor de la salida negociada al conflicto armado y de la solidaridad social;

  • Busca la dinamización de la economía a partir del fortalecimiento de la micro, pequeña y mediana empresa, de la producción nacional, del acceso a la tierra para el campesinado sin tierra, y desde la garantía de subsistencia con un aprovechamiento del recaudo nacional, por medio de salarios equilibrados con la canasta familiar, la pensión estatal, la salud gratuita o con mayor financiación estatal y un mayor acceso a la educación pública, que posibilite la existencia de una demanda sólida para la ampliación de la oferta nacional;
  • promueve además el inicio del tránsito de energías fósiles hacia energías limpias, en un marco de acelerado cambio climático.
  • La convocatoria al sujeto pueblo la hace bajo la consideración de la fuerza de la movilización social para la ampliación de derechos, de lo público y lo nacional o para la defensa de estos.

 La propuesta de Uribe y el uribismo es un proyecto de país instigador del militarismo, del rechazo a la salida negociada al conflicto armado y de un emprendedurismo individualista, que en las actuales condiciones para la creación de empresa, no es viable en Colombia para quienes parten de ceros.

  • Considera que el destino del recaudo nacional debe dirigirse al gasto militar y policial y al subsidio de grandes empresas y bancos para que supuestamente generen empleo, pese a que estas dirigen sus ganancias a paraísos fiscales para no pagar impuestos en el país, y generan empleo pauperizado para la ciudadanía.
  • Defiende la gran propiedad rural, específicamente de la ganadería extensiva e improductiva, y la privatización de lo público.
  • En ese sentido, al creer que los recursos de los impuestos deben tener como destino el gasto militar y la exención fiscal de las grandes empresas, la ciudadanía debe hacer del espíritu empresarial el medio para la consecución de los recursos que garanticen sus condiciones de existencia.
  • Cabe destacar que este espíritu empresarial no acarrea facilidades para la creación de empresas, como sí sucede con las grandes empresas y la banca.
  • Es negacionista del cambio climático y promotor del extractivismo y de las energías fósiles.
  • La convocatoria a sus adherentes, que no son concebidos como un sujeto pueblo, dado que este implica un nivel de colectividad y cooperación nacional que se opone a su concepción de una sociedad de individuos competitivos cuyo único lazo es la moral religiosa y el odio hacia las posiciones de cambio social, es para avalar su agenda política: el rechazo a la restitución de tierras a campesinos víctimas del conflicto armado, la oposición al Acuerdo de Paz o las iniciativas antiderechos. 

 El único rasgo común parece ser la presencia de un líder fuerte, pero con actitudes políticas contrarias: en el caso de Gustavo Petro, de un líder que defiende el debate racional, con la argumentación basada en postulados científicos, históricos y filosóficos; y en el caso de Álvaro Uribe, defensor de un debate sostenido en las noticias falsas y el ataque personal, semejante al método discursivo de Donald Trump. 

 La simplificación resulta siendo un recurso político útil para legitimar la posición política del centro de cara al escenario electoral. Simplificación que sectores desprevenidos de la ciudadanía conciben como cierta y riesgosa para la continuidad de la institucionalidad. La idea de polarización, que también es usada por el uribismo, es utilizada para descartar los debates que ponen en evidencia los intereses económicos que están detrás de las ideas políticas, y para, en el caso del uribismo, rechazar toda crítica como un ataque que afecta la vida nacional, y en el caso del centro político, como un mecanismo para reforzar la idea del populismo, en la que se sostiene que existen dos extremos radicales y peligrosos en los que la única salida sería la votación centrista. Al respecto, la columnista Sara Tufano ha puesto en evidencia cómo la noción de polarización no es útil para entender la actualidad política nacional, ya que lo que se está viviendo es una radicalización de las posiciones de extrema derecha, que hacen cada vez más explícito su racismo, xenofobia, machismo y antipluralismo.

La simplificación resulta siendo un recurso político útil para legitimar la posición política del centro de cara al escenario electoral.

 El caso de la Colombia Humana

 La simplificación política en la Colombia Humana se puede percibir específicamente en un sector, no en la totalidad del movimiento: el que está alineado al excandidato a la alcaldía Hollman Morris. Un sector que se ha tornado agresivo en redes sociales, del que el senador Gustavo Bolívar parece cercano, y al que el líder del movimiento ha hecho algunos llamados de atención, aunque no con la suficiente insistencia y vehemencia que le solicitan sectores juveniles e intelectuales de la misma agrupación.

Luego de un intento de coalición de Gustavo Petro con Claudia López, que se vio frustrado por la negativa de López de continuar el proceso iniciado en la Bogotá Humana para la construcción de un metro subterráneo; con el tiempo corriendo y diversos precandidatos presionando, de forma antidemocrática se eligió a Morris como candidato a la alcaldía, una definición que tuvo múltiples detractores al manifestar un veto moral en clave feminista por los escándalos que reposaban sobre este, y por la definición que había pasado por encima de las bases del movimiento.

 Un grupo de mujeres que rechazaba la candidatura de Morris se alineó con Ángela María Robledo para firmar un acuerdo programático con Claudia López. Desde ese momento, el sector que respaldó a Morris empezó a asociar a la figura política de Ángela María Robledo el conjunto de las ideas y del movimiento feminista, tachando a este de ser una expresión del centro político inscrito a la alcaldía de Claudia López.

 Con el tiempo, esta simplificación fue tomando mayor fuerza y mayores adherentes que encubrieron sus posturas machistas y antifeministas para caricaturizar al feminismo en su conjunto. Luego se ramificó en dos tendencias:

Una abiertamente antifeminista y otra que reivindica un feminismo desprovisto de teoría feminista, que tacha la teorización feminista como un intelectualismo alejado de las causas populares. Esto ha llevado a que algunas mujeres activistas o simpatizantes de la Colombia Humana que pertenecen a este sector, lancen opiniones que no tienen en cuenta los elementos más básicos del feminismo como lo son la crítica a los estereotipos y los roles de género, el cuestionamiento a la antigua noción de igualdad de género que pierde de vista los efectos del patriarcado sobre la construcción de la masculinidad, o la categoría misma de patriarcado como estructura cultural de una larga trama histórica en la que se socializan hombres y mujeres de formas específicas. 

Estos sectores agresivos de la Colombia Humana han llegado a ideas de corte conspirativo según las cuales, el feminismo que defiende la teoría feminista sería un instrumento del centro político funcional a la extrema derecha, que, además, busca acabar con la Colombia Humana.

 La simplificación ha llegado a un punto tal que, quienes la enarbolan han emprendido un ataque a las mujeres feministas y a sectores que reivindican el feminismo, que incluso han planteado críticas abiertas a la alcaldía de Claudia López y han manifestado una simpatía pública por el programa de la Colombia Humana. Estos sectores agresivos de la Colombia Humana han llegado a ideas de corte conspirativo según las cuales, el feminismo que defiende la teoría feminista sería un instrumento del centro político funcional a la extrema derecha, que, además, busca acabar con la Colombia Humana. 

 Esta simplificación está llevando a que las actitudes agresivas de quienes la promulgan sean agudizadas contra toda persona o sector que llame la atención sobre la formación en el feminismo e impugne el machismo presente en esa organización, y las hagan objeto del mismo ataque emprendido contras sus adversarios políticos. Una simplificación en la que de nuevo se dejan de lado los matices en política, para reproducir la cultura política que produjo el bipartidismo y que ha sido funcional a la pervivencia de la violencia estructural que sostiene el orden de desigualdad y antidemocracia en el país.

 La configuración de fuerzas políticas distintas a las que tradicionalmente han gobernado Colombia, sea que se acerquen en mayor o menor medida de la hegemonía que ha construido la derecha y la extrema derecha, tendría que acarrear la cualificación del debate político para la construcción de ciudadanías capaces de comprender la dinámica política más allá de las visiones torpes, dicotómicas y maniqueas funcionales a la antidemocracia.

Democracia y ambientalismo vs economía neoliberal

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La democracia, para desarrollarse plenamente, requiere de unas garantías de existencia para que la ciudadanía pueda hacer ejercicio de sus derechos y deberes. Si la ciudadanía ocupa la totalidad de su tiempo pensando solo en cómo sobrevivir aprovechando al máximo sus ingresos, es improbable que pueda destinar espacios a la reflexión sobre el mundo en el que vive o a la participación en la vida política de su país. Es por eso que la democracia debe conjugar a su dimensión política la dimensión económica.

Diversos economistas han venido señalando que los seres humanos y las otras especies están al servicio de la economía, o mejor, del mercado, aún cuando la economía tendría que estar al servicio del ser humano y la naturaleza; una lógica inversa que afecta la estabilidad de la democracia en tanto conduce a la apropiación de las decisiones importantes en unas pocas manos que manejan la economía, restándole capacidad a la participación de la ciudadanía, y afectando por consiguiente la democracia, y afectando las condiciones de vida del conjunto de la sociedad.

A su vez, las fuentes de la economía, tal y como está organizada en la actualidad, llevan al deterioro de las condiciones ambientales, teniendo como ejes el consumo irracional y la extracción de recursos naturales que afectan tanto los suelos como la atmósfera misma. 

«la obsesión del crecimiento, para empezar, es un disparate. Porque una elemental ley natural, que todo el mundo conoce, es que todos los sistemas vivos crecen hasta un cierto punto en que dejan de crecer. Tú dejaste de crecer, yo dejé de crecer, el árbol grande deja de crecer, pero no deja de desarrollarse.

Uno de los economistas que sostuvo esta perspectiva fue el chileno Manfred Max Neef (1932-2019), quien ganó el Livelihood Award —conocido como el premio nobel alternativo—, por su teoría del desarrollo a escala humana, en 1983. 

Su visión sobre el desarrollo se sintetiza en los siguientes postulados que dio para la Revista En Torno en el 2015: «El postulado número uno: la economía está para servir a las personas y no las personas para servir a la economía; dos: el desarrollo tiene que ver con las personas y la vida, no con objetos; tres: crecimiento no es lo mismo que desarrollo, y el desarrollo no precisa necesariamente de crecimiento; cuatro: ninguna economía es posible al margen de los servicios que prestan los ecosistemas; y cinco: la economía es un subsistema de un sistema mayor y finito que es la biosfera, por lo tanto, el crecimiento permanente es imposible».

Lo anterior en oposición a la concepción de crecimiento económico del neoliberalismo «la obsesión del crecimiento, para empezar, es un disparate. Porque una elemental ley natural, que todo el mundo conoce, es que todos los sistemas vivos crecen hasta un cierto punto en que dejan de crecer. Tú dejaste de crecer, yo dejé de crecer, el árbol grande deja de crecer, pero no deja de desarrollarse. Seguir forzando el crecimiento para consumir más y seguir produciendo una infinita cantidad de cosas innecesarias, generando una de las instituciones más poderosas del mundo, como lo es la publicidad, cuya función es una y muy clara: hacerte comprar aquello que no necesitas, con plata que no tienes, para impresionar a quienes no conoces. Eso evidentemente no puede ser sustentable».

En el 2009, Max Neef dictó una conferencia en la Universidad Internacional de Andalucía titulada “El mundo en rumbo de colisión”, en la que explicó de forma didáctica los problemas de la insustentabilidad de la economía neoliberal y su globalización, y la necesidad de dar paso a un modelo económico que pusiera acento en el bienestar humano y la convivencia con la naturaleza. 

Compartimos a continuación la reproducción escrita de la conferencia así como el registro audiovisual.

El mundo en rumbo de colisión

En el mismo momento en que la FAO informa que el hambre está afectando a 1.000 millones de personas, y valora en 30.000 millones de dólares la ayuda necesaria para salvar todas esas vidas, la acción concertada de seis bancos centrales (USA, UE, Japón, Canadá, Inglaterra y Suiza), inyecta 180.000 millones de dólares en los mercados financieros para salvar a bancos privados. Y si ello fuera insuficiente, el Senado de Estados Unidos aprueba que se agreguen 700.000 millones de dólares más. Dos semanas más tarde se aprueban otros 850.000 millones. Finalmente, el paquete de rescate hoy (27.11.08), alcanza a la exorbitante suma de 8.150.000 millones, o sea, 8.15 trillones de dólares.[1]

Frente a una situación como esta nos enfrentamos, como sugiere Santiago Alba Rico, [2] a dos alternativas: ser demagógicos o ser realistas. Si sostengo, invocando la ley de la oferta y la demanda, que en el mundo hay mucha más demanda por pan que por operaciones de cirugía estética; y mucho más de alivio de la malaria que de vestidos de alta costura; si sugiero un referéndum que pregunte a los ciudadanos si prefieren destinar las reservas monetarias para salvar vidas o salvar bancos; se me acusará, sin duda, de ser demagógico. Si, por el contrario, acepto que es más urgente, más necesario, más conveniente y más provechoso para todos impedir la quiebra de una aseguradora o de una institución bancaria, que dar de comer a millones de niños, socorrer las víctimas de un huracán o curar el dengue, se dirá que soy realista.

Ese es el mundo en el que estamos. Un mundo acostumbrado a que nunca hay suficiente para los que no tienen nada, pero siempre hay suficiente para los que tienen todo. No hay suficientes recursos para superar la pobreza, pero sobran los recursos para satisfacer necesidades superficiales. 8.15 trillones de dólares, en lugar de salvar bancos privados, podrían generar 270 años de un mundo sin hambre. Un mundo sin miserias, ¿no sería mejor para todos, incluso para los bancos?

¿Qué caracteriza al mundo en que estamos?

La Cuádruple Crisis

  1. El crecimiento exponencial del cambio climático antrópicamente inducido, que afecta a todas las regiones de la tierra.
  2. El fin de la energía barata, con dramáticos efectos en las sociedades.
  3. La extensiva disminución de recursos fundamentales para el bienestar humano, como agua fresca, recursos genéticos, bosques, pesquerías, vida silvestre, suelos, arrecifes de coral y otros.[3]
  4. La gigantesca burbuja especulativa  que es 50 veces  mayor que la economía real de intercambio de bienes.

Causas de la Crisis

  1. El paradigma económico dominante, que propende al crecimiento económico a cualquier costo, y estimula la acumulación y la codicia corporativas.
  2. El uso incontrolado de combustibles fósiles para facilitar el crecimiento económico.
  3. La promoción del consumismo como ruta a la felicidad.
  4. Destrucción de culturas tradicionales, a fin de imponer modelos económicos industriales, con la consecuente pérdida de cosmovisiones, lenguajes y valores distintos de la cultura dominante.
  5. Desprecio por los límites planetarios en relación a disponibilidad de recursos, consumo, generación de desperdicios y capacidad de absorción.
  6. Sobrepoblación. Crecimiento más allá de la capacidad de la tierra para sustentarla. [4]

Consecuencias

Las causas mencionadas pueden acarrear peligros sin precedentes tanto para el medio ambiente como para la sociedad.

  1. El calentamiento global implica pérdida de suelos productivos, tempestades y huracanes, crecimiento en los niveles de agua, desertificación y problemas económicos especialmente para las regiones más pobres
  2. Agotamiento de fósiles baratos que implicarán impactos en todo el mundo, amenazando el desarrollo industrial futuro. Afectará el transporte de largas distancias, los sistemas industriales de alimentos, los sistemas urbanos, y muchos de los bienes a que nuestro modo de vida se ha acostumbrado: autos, plásticos, químicos, refrigeración, etc. todos dependientes de la oferta de energía barata.
  3. Disminución de recursos básicos como agua, bosques, suelos agrícolas, biodiversidad con posibilidades de que se extinga un posible 50% de las especies vegetales y animales en las próximas décadas.

Soluciones

Las soluciones implican nuevos modelos que comiencen a aceptar los límites de la capacidad de carga de la tierra. Pasar de la eficiencia a la suficiencia y bienestar. Igualmente urgente y necesaria es la solución a la existente inequidad ya mencionada. Sin equidad las soluciones pacíficas son imposibles. Debemos reemplazar los valores dominantes de codicia, competencia y acumulación, por los de solidaridad, cooperación y compasión.

El nuevo paradigma requiere alejarnos del crecimiento económico a cualquier costo, y superar la codicia y la acumulación como metas centrales del presunto bienestar social. La transición debe ser hacia sociedades que puedan ajustarse a menores niveles de producción y de consumo, favoreciendo las economías locales y regionales. Volver a mirar hacia adentro.

Los mitos que sustentan  el Modelo vigente

Mito 1. “La Globalización es el único camino efectivo hacia el desarrollo” [5] 

Entre 1960 y 1980 la mayoría de los países en desarrollo adoptaron el principio de la “sustitución de importaciones”, que permitió un significativo desarrollo industrial (caso chileno, la CORFO). Durante ese período el ingreso per cápita de América Latina creció 73 por ciento, y el de África 34 por ciento. En cambio, a partir de 1980 el crecimiento económico de América Latina tendió a estancarse, y el de África declinó en 23 por ciento.

El período 1980 – 2000, aniquila la sustitución de importaciones, para reemplazarla por desregulación, privatizaciones, eliminación de barreras comerciales internacionales, plena apertura a inversiones extranjeras. Una economía que mira hacia afuera en lugar de la anterior que miraba hacia adentro. Los resultados constatados indican que en el primer período (1960 – 1980) los países más pobres tuvieron un crecimiento anual per cápita de 1.9% .

En el segundo período (1980 – 2000), tuvieron una declinación anual de 0.5%. Los países del grupo intermedio declinaron de una tasa de crecimiento per cápita de 3.6% anual, a menos de 1% anual. Los países más ricos también disminuyeron su crecimiento.

Países como Corea de Sur y Taiwán, citados frecuentemente como ejemplos dignos de ser emulados, lograron su desarrollo con barreras tarifarias, propiedad estatal de grandes bancos, subsidios a la exportación, violación de patentes y propiedad intelectual, restricciones a los flujos de capital incluyendo la inversión extranjera directa. Hoy sería absolutamente imposible para cualquier país replicar estas estrategias sin violar gravemente las disposiciones de la OMC y de FMI.

Mito 2. “Mayor integración a la economía global es buena para los pobres”

Los países pobres deben hoy acomodarse a una cantidad de reglas y restricciones establecidas por los organismos Internacionales. Ello hace que recursos humanos, capacidades administrativas y capital político se separen de necesidades  urgentes como educación, salud e industrialización.

En 1965, el ingreso per cápita promedio de los países del G7, era 20 veces mayor que el de los siete países más pobres. En 1995 era 39 veces mayor, y actualmente lo es unas 50 veces. En prácticamente todos los países en desarrollo que han adoptado una rápida liberalización del comercio, la desigualdad de ingresos se ha agudizado, y los ingresos reales han declinado entre 20 y 30% en América latina.

Más de 80 países tienen hoy un ingreso per cápita menor que hace una o dos décadas. La paradoja es que son precisamente los países más marginales los que se han integrado más plenamente a la economía global.

Mito 3. “Las ventajas comparativas son la mejor manera de asegurar la prosperidad”

Uno de los supuestos incuestionables de la política moderna es la necesidad del libre comercio global. Dudar de sus beneficios es un acto de herejía. Sin embargo, a pesar de su supuesta superior eficiencia en relación a otros sistemas de organización económica, el libre comercio globalizado resulta notablemente ineficiente en términos reales. 

Al dar mayor prioridad a la producción de gran escala para exportaciones en lugar de producción a escala pequeña y mediana para la satisfacción de necesidades locales; y al generar presiones competitivas que enfrentan comunidades con comunidades en todo el mundo, los precios de los productos de consumo pueden bajar, pero los costos para la sociedad y para el medio ambiente crecen enormemente.

Se sigue creyendo en los beneficios de adherirse a las ventajas comparativas. Sin embargo, de acuerdo al modelo de David Ricardo, creador del concepto, el sistema funciona sólo si no hay movilidad transnacional del capital. Internamente el capital busca el nicho más adecuado que le da la ventaja comparativa. En cambio, cuando el capital tiene plena movilidad transnacional, buscará ventajas absolutas en países que impliquen menores salarios, menores impuestos y menores exigencias ambientales. 

Como lo manifiesta John Gray: “Cuando el capital goza de movilidad (transnacional) buscará ventajas absolutas emigrando a países donde los costos ambientales y sociales sean menores y las utilidades mayores. Tanto en la teoría como en la práctica, el efecto de la movilidad global del capital es el de anular la doctrina Ricardiana de las ventajas comparativas. Sin embargo el edificio del libre comercio no regulado se sigue manteniendo sobre este endeble fundamento”.[6]

Vaya un ejemplo. Una corporación como Nike (fabricantes de zapatos) para permanecer competitiva, precisa reducir sus estándares. Por lo tanto emigra a Indonesia donde, a través de sub-contratistas, los zapatos son hechos por muchachitas que reciben un salario de 10 a 15 centavos de dólar la hora. Como lo describe David Korten: “La mayor parte del outsorcing productivo tiene lugar en Indonesia, donde un par de Nikes, que se venden en  Estados Unidos por entre $73 a $135 dólares, se producen a un costo de $5.60 por niñas y mujeres jóvenes que reciben alrededor de 15 centavos de dólar por hora. Las trabajadores se alojan en barracas, no hay sindicatos, y en caso de alguna huelga, suelen llamar a los militares para que controlen la situación. Los $20 millones de dólares que le pagaron a Michael Jordan, astro del basketball, por publicitar zapatillas Niké, sobrepasó la planilla anual de sueldos de todas las fábricas Nike en Indonesia”. (Cabe destacar que se trata de 75.000 trabajadores).[7]

Mito 4. “Más globalización significa más empleo”

De acuerdo a la OIT, a comienzos del 2000, había 150 millones de desempleados en el mundo, y 1.000 millones de sub-empleados; es decir, un tercio de la fuerza de trabajo mundial. Tal situación se ha ido deteriorando.

El outsorcing, ilustrado en el acápite anterior, es hoy una necesidad de las corporaciones para permanecer competitivas. Esto genera desempleo en los países de origen de las corporaciones, y subempleo en los países que reciben las inversiones.

Mito 5. “La Organización Mundial de Comercio es democrática y transparente”

“Muchas decisiones que afectan la cotidianeidad de las personas dejan de estar en las manos de gobiernos locales o nacionales, para pasar a manos de un grupo no electo de burócratas que trabajan a puertas cerradas en Ginebra. Ellos tienen el poder de dictaminar acaso la Unión Europea, por ejemplo, tiene o no el derecho de prohibir el uso de materiales biotecnológicos peligrosos en los alimentos que importa, o si los habitantes de California pueden prevenir la destrucción de sus últimos bosques vírgenes, o si los países europeos tienen o no el derecho de prohibir la cacería cruel para conseguir pieles”.[8]

De acuerdo a las normativas de la OMC, si una corporación transnacional al invertir en un determinado país, determina que alguna ley, disposición o regulación le resultan inconvenientes a sus intereses, ese país está obligado a abolirlas o a adaptarlas a la satisfacción del inversor. 

Ello significa que bajo las normativas de la OMC, la carrera hacia el fondo (descrita en el Mito 3) afecta no sólo a los aspectos sociales y ambientales, sino a la democracia misma.

La OMC no tiene reglas sobre trabajo infantil ni sobre derechos laborales. Todo en su constitución está diseñado para beneficiar a las corporaciones. Durante las discusiones que dieron origen a la OMC, conocida como la Rueda del Uruguay, el controversial asunto de la propiedad intelectual fue propuesto por 13 grandes empresas, incluidas General Motors y Monsanto. En las negociaciones que siguieron, de los 111 miembros de la delegación de Estados Unidos, 96 eran del sector privado. Resultó obvio, pues, que los acuerdos finales sirvieron a las corporaciones, en detrimento de la capacidad de los países más pobres para acceder a conocimiento y tecnología. 

Un caso particularmente dramático es el de que los países pobres están prohibidos de producir sus propios productos farmacéuticos genéricos, y obligados a comprarlos de las transnacionales farmacéuticas a precios muchísimo más elevados. Las consecuencias han sido especialmente dramáticas en el caso de África, donde los precios corporativos para el tratamiento de VIH están muy por encima del poder adquisitivo de la población afectada.

En resumen habría que reconocer a la OMC no por lo que se dice que es, sino por lo que es realmente: Una institución cuyo propósito fundamental es el de lograr que las corporaciones gobiernen el mundo.

Mito 6. “La Globalización es inevitable”

Renato Ruggiero, ex Director General de la OMC, manifestaba que “tratar de detener la globalización es equivalente a tratar de detener la rotación de la tierra”. Bill Clinton manifestaba que “la globalización no es una opción política; es un hecho”. Tony Blair la identificaba como “irreversible e irresistible”. Margaret Thatcher inmortalizó su frase “no existe alternativa”. Todas esas afirmaciones son una evidencia del grado de fundamentalismo que caracteriza a los defensores del sistema. El modelo alcanza visos de pseudo-religión.

Las alternativas son ciertamente posibles, puesto que el modelo dominante ha sido producto de la renuncia sistemática de parte de la mayoría de los países, a sus derechos de controlar los procesos económicos en beneficio propio. Desde luego que cualquier proceso que se origine en decisiones políticas es reversible.

No se trata de  escoger entre las reglas de la actual economía internacional, por una parte, y el caos de ausencia de reglas por la otra. El cambio fundamental radica básicamente en re-localizar la economía a planos locales, y a diseñar nuevas reglas que acerquen el consumo al mercado. Una economía a escala humana.

Una nueva Economía

Una alternativa posible es una nueva economía sustentada en cinco postulados fundamentales y un principio valórico trascendental.

Postulado 1. La Economía está para servir a las personas y no a las personas para servir a la economía.

Postulado 2. El Desarrollo tiene que ver con personas y no con objetos.

Postulado 3. El crecimiento no es lo mismo que el desarrollo, y el desarrollo no precisa necesariamente de crecimiento.

Postulado 4. Ninguna economía es posible al margen de los servicios que prestan los ecosistemas.

Postulado 5. La economía es un sub-sistema de un sistema mayor que es finito, la biosfera, por lo tanto el crecimiento permanente es imposible.

Principio Valórico. Ningún interés económico, bajo ninguna circunstancia, puede estar por sobre la reverencia por la vida.

Revisando este listado, resulta evidente que lo que tenemos hoy es, uno por uno, exactamente lo contrario. Sin embargo, suponer que una economía basada en estos postulados no es factible, sería absurdo. De hecho ya se la practica en muchos lugares del mundo, a niveles locales, ya que es obvio que los principios propuestos pueden expresarse mejor a escala micro.

La contribución más importante de una economía a escala humana, es que permite la transición de un paradigma sustentado en la codicia, la competencia y la acumulación, a uno sustentado en la solidaridad, cooperación y compasión. 

Tal transición permitiría no sólo mayores niveles de felicidad para quienes han sido marginados, sino también para los responsables de dichas marginaciones.

Algunas de las nuevas reglas podrían ser las siguientes:

  1. Localización monetaria, de manera que los excedentes fluyan y permanezca lo más posible en su lugar de origen. Puede demostrarse con un modelo económico que si el dinero circula al menos cinco veces en su lugar de origen, puede generarse un pequeño boom económico.
  2. Producir local y regionalmente todo lo que sea posible a fin de acercar el consumo al mercado.
  3. Reintroducción de resguardos para las economías locales, a través de tarifas y cuotas.
  4. Competencia local a fin de evitar el surgimiento de monopolios.
  5. Impuestos ecológicos sobre energía, polución y otros negativos. En la actualidad pagamos impuestos por bienes en lugar de por males.
  6. Mayor compromiso democrático para asegurar la efectividad y la equidad en la transición hacia las economías locales.

La obscenidad de seguir con lo mismo

Mientras 1.000 millones de personal padecen gravemente de hambre, y mientras 3.000 millones viven con menos de 1.5 dólares por día, se manifiesta la obscenidad de la concentración de la riqueza.

Los 400 americanos más ricos alcanzan una fortuna conjunta de 1.57 trillones de dólares. Cada uno de ellos tiene un promedio de 3.9 mil millones. La fortuna de estas personas es más del doble del PGB de toda el África sub-sahariana, que alberga a 800 millones de habitantes.

Estas inmensas fortunas siguen expandiéndose aún en medio de la crisis que afecta a las inmensas mayorías.

Cabe destacar que los super ricos de hoy no se relacionan con el crecimiento de la economía real, como era en los días de Carnegie, Rockefeller o Ford. Las nuevas riquezas se sustentan, por el contrario, en la destrucción de la economía real. De los 400 multibillonarios, 65 provienen de finanzas, 51 de inversiones especulativas, 36 de entretenimiento, 35 de especulación de bienes raíces, 30 de tecnologías computacionales, 28 de gas y petróleo, 20 de retail, etc. Sólo 5 de los 400 están relacionados con la  producción de bienes industriales. 

Todo esto demuestra las características parasitarias de los grandes capitalistas de hoy. Un cambio profundo no sólo es imperioso, sino inevitable.

[1] En este artículo se entiende por billón, mil millones; y por trillón, un millón de millones.

 [2] Santiago Alba Rico, “Demagogia y Realismo”, Revista Rebelión, 24.09.2008, España.

[3] Manifesto on Global Economic Transitions; The Internacional Forum of Globalization, Septiembre 2007

[4] Ibid.

[5] Información para esta sección se ha obtenido de: Caroline Lucas y Colin Hines, “Time to replace Globalization”, a Green Localist Manifesto for World Trade, Gran Bretaña, 2002.

[6] John Gray, “False Dawn: The Delusión of Gloobal Capitalism”, Londres 1998. Traducción mia.

[7] David C. Korten, “When Corporations Rule the World”, Kumarias Press, USA, 1995. Tracucción mia.

[8] Lucas y Hines, op.cit.

Tomado de: «El mundo en ruta de colisión.

Reflexiones sobre el Rock

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La cultura es una serie de sentidos sobre el ser en el mundo. Planos de inmanencia que trazan mapas sobre los que camina la humanidad. Está situada en un tiempo y en un espacio, es histórica. Y hasta acá, no hemos dicho nada nuevo. En este sentido el rock es la expresión de las sociedades obreras y urbanas de segunda mitad del siglo XX.

Recientemente Netflix lanzo un documental que recoge parte de lo que es la historia del rock latinoamericano, titulado “rompan todo”. Está bien logrado y elaborado, pese a que se centra en las 2 industrias más importantes: Argentina y México. Evidentemente pues el Rock también es una mercancía. La diferencia con otras regiones es que la conflictividad y las luchas sociales y políticas, de clase, étnicas y de genero son mucho más agudas. Lo que diferencia a Argentina, Chile y México es la conciencia política y la respuesta de la escena local a estas luchas y conflictividades.

Acá queremos hacer una diferenciación importante. el asunto estético y político. En definitiva, bandas como “Soda Stereo” son impecables estéticamente, acudió a contenidos existenciales y de producción del deseo, lo que lo convirtió en un referente de arte y majestuosidad musical. Pero políticamente estuvieron ausentes. No hubo compromiso con la historia, aunque si con la buena música. En el caso de Chile, una agrupación como “Los Prisioneros”, más modestos en sus composiciones, y deficientes artísticamente, lograron conectar con su pueblo y volverse un icono de protesta social en América latina.

Por su lado, el caso de México es bien particular, pues la mayoría de las bandas procuraron ser heurísticos, de una inventiva y altura artística importante, y al mismo tiempo denunciar y anunciar mundos posibles. Caifanes, Café Tacuba, el Tri, Panteón rococo, entre otras procuraron reflejar la cultura popular, sus luchas y al mismo tiempo combinar la riqueza musical de la región y del rock. Como este escrito no nos permite analizar una a una, cada agrupación. Trataremos de comprender la totalidad.

El capitalismo se caracteriza por presentar la realidad de manera dicotómica, pero nunca dialéctica. En este sentido se presenta el Rock como música inteligente y bien lograda, aun cuando en su tiempo era hasta cierto punto peligrosa, frente a otros géneros comerciales y pueriles. Y como señala el filósofo Lukács: virtuosismo y primitivismo musical, al igual que fatalismo y voluntarismo en política, son dos caras de una misma moneda, ambas se niegan al cambio.

Como el Rey Minas el capital todo lo convierte en oro. Llámese virtuosa banda de Rock, o Bad Bunny con su simplismo y producción del deseo. Y esto no es moralmente bueno ni malo, sencillamente ES.

Sin pretender tener la verdad, consideramos, por ejemplo, que el reggaetón conservo dos piezas nodales del Rock: sexo y drogas, pero desmantelo todo elemento contestatario. Es un Rock, sin Rock. Al decir de filósofos como Judith Butler, o Psicólogos como Sigmund Freud una de las intencionalidades humanas es el deseo, de los motores de la historia – aunque este enmarcado en una clase social, género y etnicidad señalamos nosotros-  y esa pulsión es lo que condensa la creación musical. El reggaetón ha logrado decantar y dimanar el deseo de manera estética, y el Rey Minas lo sabe.

 

Dentro del mercado, las mercancías humanas, llámense Artistas, campesinas o proletarios llevan consigo esa contradicción. Algunes lo niegan, luchando o denunciando, otres las afirman, con excelente música y otros con mala. El Rock entonces no es una expresión superior o inferior a otros géneros, es un producto histórico, y por lo tanto contenía en si mismo, un espíritu contestatario de la época en donde emerge. La música actual lo tendrá si la historia retoma como está ocurriendo, el crecimiento de la lucha social y supera la tendencia de mercantilización.

Por último, cabe señalar que se puede romper todo pagando los impuestos, pues como lo dicen “Los prisioneros” tu puedes decir que protestas porque cantas, pero nunca quedas mal con nadie. Y se puede cantar música muy diversa y tener compromiso social y político, como Adriana Lucia, la cantante colombiana. Es la lucha social de ajustar lo que se dice y se hace, de eso se trata la historia. Nos queda pendiente un escrito dedicado al Rock nacional.