
Veo a las y los estudiantes marchando, sonrientes, eufóricos, en algunos casos indignados, con enojo. Veo que contagian a miles de ciudadanos y trabajadores con su enérgico reclamo, y veo a su lado, pero con fatiga, apenas si caminan, algunos profesores y burócratas universitarios. Ahora ya todos saben lo que siempre ha estado ahí y lo que solo unas pocas voces, voces desoídas y grotescamente ignoradas han señalado de unos años para acá: ¡crisis dura! ¡crisis fuerte! ¡duradera crisis! en las universidades públicas.



















