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La digna rabia de Gladys

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Gladys es noticia por atacar embarcaciones y liderar un movimiento de orcas que han aprendido a hacer lo mismo. Me atreveré a tomar lo que están haciendo para hablar de un concepto que, para mi, le aplica con toda a esta orcanización.

La rabia es una emoción movilizadora, ha sido parte fundamental en la protesta y en los movimientos sociales a lo largo de la historia

Dicen que los ataques de Gladys son producto de una situación traumática y ya, por eso le quiero sumar el componente de rabia que poco a poco ha sido encausada. La rabia es una emoción movilizadora, ha sido parte fundamental en la protesta y en los movimientos sociales a lo largo de la historia, para no ir muy lejos, un ejemplo claro, es el conjunto de manifestaciones contra el asesinato de Javier Ordóñez en Bogotá en 2020. La rabia es furia desbordada, es violencia, es un grito desesperado, es impotencia hecha acción.

Para Laura Quintana la rabia es un afecto reactivo que se puede manifestar de diferentes formas, para este caso en particular me interesa centrarme en lo que denomina “rabia política”, una rabia tramitada como reflexividad crítica que, “desenmascara encarecidamente las violencias sublimadas y estabilizadas como «normales» o «aceptables» para dar vida a otros arreglos afectivos, y es una elaboración colectiva “en formas de lucha igualitaria contra los daños sociales recibidos, desde la preocupación por hacer posibles otras formas de existencia, entre otros”.

la rabia no es suficiente, mientras que la Digna Rabia es la construcción de otras posibilidades

El EZLN hace unos años empezó a hablar de la “Digna Rabia”, para este movimiento, la rabia no es suficiente, mientras que la Digna Rabia es la construcción de otras posibilidades, John Holloway señala: “La digna rabia existe por todos lados. Existe en todos los lugares y todos los momentos donde la gente dice ‘No, no vamos a aceptar el dominio del capital, o del dinero, vamos a hacer otra cosa’. A veces es el No que se enfatiza, a veces es la construcción de otra cosa. A veces es la rabia que se expresa más claramente, a veces la dignidad, pero es importante reconocer la unidad, las líneas de continuidad entre los dos tipos de lucha”.

La digna rabia es la acción de sujetos históricamente oprimidos, pero ya no en un rol de víctimas, sino de transformadores.

Volviendo a Gladys y la situación de las ballenas en este punto de Europa, cerca de siete clases diferentes de cetáceos entran al Mediterráneo para salir del océano Atlántico y el paso obligado es el estrecho de Gibraltar. Ingresan en línea recta, por lo que es común que en las ciudades costeras de la península ibérica se vean. Las ballenas no son agresivas, así que cuando ven una embarcación, lo común es que se alejen, sin embargo, los barcos son cada vez más rápidos, más grandes y chocan a rorcuales, orcas, delfines, entre otros.

Gladys y la orcanización al atacar las embarcaciones están demostrando que la normatividad existente para su protección es insuficiente

Pese a que existe normatividad en el continente europeo para la protección de las ballenas, esta no es plenamente aplicada. El ruido, la velocidad de las embarcaciones, la contaminación química, las capturas accidentales, o el avistamiento, aumenta el tráfico de embarcaciones. La persecución y acoso hacen que cambien sus rutas y generen, por ejemplo, aumento de varamientos.

Gladys y la orcanización al atacar las embarcaciones están demostrando que la normatividad existente para su protección es insuficiente en todo sentido, su respuesta ya no es huir, sino atacar, es la digna rabia.

Holloway dice en su texto La otra política de la digna rabia: “La política de la digna rabia, es decir la otra política, es un caminar que deja atrás la política de las víctimas, la política de demandas, la política de las denuncias constantes, la política de líderes y partidos y Estado. La digna rabia pone a nosotras y nosotros en el centro. Nosotras y nosotros creamos el mundo con nuestra creatividad, nuestra actividad”. 

“La política de la digna rabia, es decir la otra política, es un caminar que deja atrás la política de las víctimas, la política de demandas, la política de las denuncias constantes, la política de líderes y partidos y Estado».

Es común que el orden establecido ataque la digna rabia, es más, es su deber, no en vano se refieren al grupo de Gladys como una pandilla, al hacerlo de este modo le otorgan un carácter delincuencial a la orcanización, es una forma básica de descalificar lo que hacen y de legitimar desde ya cualquier medida que vaya en detrimento del bienestar de las orcas, y en general, de las especies que habitan Gibraltar. Medidas que garanticen la circulación de buques cada vez más peligrosos, de embarcaciones acosadoras y de dinámicas económicas que atenten contra las prácticas milenarias de la naturaleza.

Mientras tanto nos queda seguir aprendiendo de Gladys y las orcas, y en general de la forma en la que el sistema capitalista arrincona al planeta, sataniza la diferencia y pretende privatizar el trauma, la rabia y la dignidad.

El legado de Chico Mendes para el Sínodo Panamazónico

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Dividía su tiempo entre la ciudad y la selva. Cuando estaba en la ciudad oía fuertemente la llamada de la selva, en su cuerpo y en su alma. Se sentía parte de ella y no sobre ella. Por eso cada cierto tiempo regresaba a su seringal y a la comunión con la naturaleza. Ahí se sentía en su hábitat, en su verdadera casa.

Pero su conciencia socioecológica lo hacía dejar por algún tiempo la selva para organizar a los seringueros (trabajadores del caucho), fundar células sindicales y participar en las luchas de resistencia: los famosos “empates”, estrategia por la cual los seringueros junto con sus niños, sus ancianos y otros aliados se apostaban pacíficamente delante de las máquinas taladoras, impidiéndoles derribar los árboles.

“nosotros los seringueros entendemos que la Amazonia no puede transformarse en un santuario intocable. Por otro lado, entendemos también que hay una necesidad urgente de desarrollo, pero sin talar y con esto amenazar la vida de los pueblos del planeta”

Frente a la quemas, como las que hay actualmente en la Amazonia —que en 2019 han tenido 74,155 focos alcanzando 18.627 km2—, Chico Mendes sugirió, en nombre del Movimiento de los Pueblos de la Selva, la creación de reservas extractivas, aceptadas por el Gobierno Federal en 1987. Bien decía: “nosotros los seringueros entendemos que la Amazonia no puede transformarse en un santuario intocable. Por otro lado, entendemos también que hay una necesidad urgente de desarrollo, pero sin talar y con esto amenazar la vida de los pueblos del planeta”.

Afirmó: “al principio defendía a los seringueros, después comprendí que debía defender la naturaleza y finalmente me di cuenta de que debía defender a la humanidad. Por eso proponemos una alternativa de preservación de la selva que sea al mismo tiempo económica. Pensamos entonces en crear la reserva extractiva” (cf. Grzybowski, C., (org.) El testamento del Hombre de la Selva: Chico Mendes por él mismo, FASE, Rio de Janeiro 1989 p. 24).

Él mismo explicaba cómo iba a funcionar: “En las reservas extractivas vamos a comercializar e industrializar los productos que la selva nos concede generosamente. La universidad debe acompañar la reserva extractiva. Ella es la única salida para que la Amazonia no desaparezca. Esa reserva no tendrá propietarios. Va a ser un bien común de la comunidad. Tendremos el usufructo, no la propiedad” (cf. Jornal do Brasil 24/12/1988). “De este modo se encontraría una alternativa al extractivismo salvaje que solamente trae beneficios a los especuladores. Un árbol de caoba cortado en Acre cuesta de 1 a 5 dólares; vendido en el mercado europeo cuesta de 3 a 5 mil dólares”.

“De este modo se encontraría una alternativa al extractivismo salvaje que solamente trae beneficios a los especuladores. Un árbol de caoba cortado en Acre cuesta de 1 a 5 dólares; vendido en el mercado europeo cuesta de 3 a 5 mil dólares”.

En vísperas de la Navidad de 1988 fue víctima de la saña de los enemigos de la naturaleza y de la humanidad. Fue asesinado con 5 balazos. Dejó la vida amazónica para entrar en la historia universal y en el inconsciente colectivo de las personas que aman nuestro planeta y su biodiversidad.

Chico Mendes se ha convertido en un arquetipo que anima la lucha por la preservación de la selva amazónica y de los pueblos de la selva, asumida ahora por millones de personas.

Los megaproyectos amazónicos (brasileños y extranjeros) ponen de manifiesto el tipo de desarrollo depredador del capitalismo. Produce solo crecimiento, del que se han apropiado algunos a expensas de la selva y de la miseria de sus pueblos. Es contrario a la vida y enemigo de la Tierra. Es el resultado de una racionalidad demente.

Sobre tales proyectos faraónicos se toman decisiones sin las debidas informaciones en oficinas gélidas, lejos del paisaje encantador, ciegos a las caras suplicantes de los sertanejos e indiferentes a los ojos ingenuos de los indios, sin ningún vínculo de empatía ni sentido de respeto hacia la selva, ni de solidaridad humana.

Este “desarrollo”, hecho con el pueblo y para el pueblo, deslegitima la idea dominante, especialmente la del agronegocio, de que los bosques y selvas deben ser erradicados porque de lo contrario no se entraría en la modernidad.

Diferente es el instrumento de trabajo para el Sínodo Panamazónico, donde la voz más presente y escuchada proviene de los pueblos de la selva. Ellos saben cómo protegerla. Ofrecen las mejores sugerencias, uniendo la protección del bosque y la extracción y producción de sus bienes naturales.

Este “desarrollo”, hecho con el pueblo y para el pueblo, deslegitima la idea dominante, especialmente la del agronegocio, de que los bosques y selvas deben ser erradicados porque de lo contrario no se entraría en la modernidad.

Los estudios han demostrado que no es necesario destruir la selva amazónica para obtener riquezas. La extracción de frutas de las palmeras (açaí, burití o moriche, bacába o milpesillo, chontaduro, etc.), nuez de Brasil, caucho, aceites vegetales y colorantes, sustancias alcaloides para farmacología, sustancias de valor herbicida y fungicida rinden más que toda la deforestación, que bajo el gobierno de Bolsonaro ha crecido en más del 230%.

Solo el 10% de las tierras roxas (tierras de los indios), ya identificadas como de excelente fertilidad, pueden convertirse en áreas de la mayor producción agrícola mundial. La explotación de minerales y madera puede ir de la mano con la reforestación permanente que asegura la mancha verde de las áreas afectadas (cf. Moran, E., La economía humana de las poblaciones amazónicas, Vozes, Petrópolis 1990, 293 y 404-405; Schubart, H., Ecología y utilización de las selvas , en Salati, E., Amazonia, desarrollo, integración, ecología, op.cit. 101-143).

La Amazonia es el lugar de ensayo de una alternativa posible, en consonancia con el ritmo de su naturaleza exuberante, respetando y valorando la sabiduría de los pueblos originarios.

Chico Mendes será para el Sínodo Panamazónico, que tendrá lugar en octubre de 2019 en Roma, un ejemplo paradigmático y una fuente de inspiración.

 «La ecología sin lucha social es simplemente jardinería»: Chico Mendes

Sobre el fenómeno de los trabajos de mierda

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En lugar de eso la tecnología ha sido dirigida, en el mejor de los casos, a descubrir formas de hacernos trabajar más a todos. Para lograr esto han tenido que crearse empleos de hecho inútiles.

En el año 1930, John Maynard Keynes predijo que, hacia finales de siglo, la tecnología habría avanzado lo suficiente como para que países con el desarrollo de Gran Bretaña o Estados Unidos hubieran conseguido una semana laboral de 15 horas. Hay muchas razones para creer que estaba en lo cierto. En términos tecnológicos, somos muy capaces de ello. Y sin embargo no ocurrió. En lugar de eso la tecnología ha sido dirigida, en el mejor de los casos, a descubrir formas de hacernos trabajar más a todos. Para lograr esto han tenido que crearse empleos de hecho inútiles. Gran cantidad de personas, particularmente en Europa y Norteamérica, pasan toda su vida laboral desempeñando tareas que realmente, en el fondo, no creen necesario llevar a cabo. El daño moral y espiritual que resulta de esta situación es profundo. Es una cicatriz en nuestra alma colectiva. Sin embargo, prácticamente nadie habla de ello.

¿Por qué la utopía prometida por Keynes –que aún se esperaba con impaciencia en los sesenta– nunca se materializó? La explicación más común actualmente es que él no imaginó el incremento masivo del consumismo. Dada la elección entre menos horas y más juguetes y placeres, hemos escogido colectivamente la segunda. Esto plantea un bonito cuento moral, pero un momento de reflexión muestra que no puede ser cierto. Sí, hemos sido testigos de cómo se creó una interminable variedad de nuevos trabajos e industrias desde los años veinte, pero muy pocos tienen algo que ver con la producción y distribución de sushi, iPhones o calzado de marca.

En otras palabras, los trabajos productivos, justo como se predijo, han sido ampliamente automatizados

Entonces, ¿cuáles son exactamente esos nuevos trabajos? Un informe reciente que compara el empleo en Estados Unidos entre 1910 y 2000 nos da una idea clara (y, añado, una idea que se repite casi exactamente en el Reino Unido). A lo largo del siglo pasado, el número de trabajadores empleados como personal de servicio doméstico, en la industria y en el sector agrícola, se ha desplomado de forma dramática. Al mismo tiempo, “profesionales, directivos, administrativos, comerciales y trabajadores de servicios” se han triplicado, creciendo “de un cuarto a tres cuartos del empleo total”. En otras palabras, los trabajos productivos, justo como se predijo, han sido ampliamente automatizados (incluso si contamos a los trabajadores de la industria globalmente, incluyendo las masas trabajadoras en la India y China, dichos trabajadores siguen lejos de ser el gran porcentaje de la población mundial que eran antes).

Pero en lugar de una reducción masiva de horas laborales que dejara en libertad a la población mundial para dedicarse a sus propios proyectos, hobbies, visiones e ideas, hemos visto la inflación no tanto del sector “servicios” como del sector administrativo, incluyendo la creación de industrias enteras como la de los servicios financieros o el telemarketing, o la expansión sin precedentes de sectores como el derecho empresarial, la administración educativa y sanitaria, los recursos humanos y las relaciones públicas. Y estas cifras ni siquiera reflejan a todas aquellas personas cuyo trabajo consiste en proporcionar soporte administrativo, técnico o de seguridad para estas industrias; es más, tampoco un sinfín de industrias secundarias (lavado de mascotas, domicilios nocturnos de pizza), que solo existen porque todo el mundo pasa la mayor parte de su tiempo trabajando en todo lo demás.

Estos son a los que yo propongo llamar “trabajos de mierda”.

Es como si alguien estuviera por ahí inventando trabajos inútiles solo con la intención de mantenernos a todos trabajando. Y aquí, precisamente, radica el misterio. En el capitalismo, esto es precisamente lo que se supone que no pasa. Por supuesto, en los viejos e ineficientes Estados socialistas como la Unión Soviética, donde el empleo era considerado tanto un derecho como un deber sagrado, el sistema inventó tantos puestos de trabajo como era necesario (por eso era que en los grandes almacenes soviéticos hacían falta tres empleados para vender un trozo de carne). Pero, desde luego, este es el tipo de problema que se suponía solucionado por la competencia en el mercado. Al menos de acuerdo con la teoría económica lo último que una empresa con fines lucrativos hará es pagar dinero a trabajadores a los que realmente no necesita emplear. Sin embargo, de alguna manera, esto ocurre.

Es como si alguien estuviera por ahí inventando trabajos inútiles solo con la intención de mantenernos a todos trabajando.

A pesar de que las empresas pueden hacer implacables reducciones de plantilla, los despidos y las presiones caen siempre sobre la gente que realmente está haciendo, moviendo, reparando y manteniendo cosas. Por una extraña alquimia que nadie puede explicar, el número de burócratas asalariados, en el fondo, parece aumentar;  más y más empleados se ven a sí mismos –en realidad de forma no muy diferente a los trabajadores soviéticos– laborando 40 o incluso 50 horas en papeleo, pero con un trabajo efectivo de 15 horas, justo como predijo Keynes, pues el resto de su tiempo lo pasan organizando y asistiendo a cursillos de motivación, actualizando sus perfiles de Facebook o descargando recopilatorios de TV.

La respuesta, obviamente, no es económica: es moral y política. La clase dirigente se ha dado cuenta de que una población feliz y productiva, con tiempo libre, es un peligro mortal (piensa en lo que comenzó a suceder cuando en los años sesenta esto aún se encontraba en sus inicios). Y, por otro lado, la sensación de que el trabajo es un valor moral en sí mismo es extremadamente conveniente para ellos, pues según eso cualquiera que no esté dispuesto a someterse a algún tipo de intensa disciplina laboral durante la mayoría de sus horas de vigilia no merece nada.

No me atrevería a decirle a alguien que está convencido de hacer una contribución significativa al mundo que, realmente, no lo hace. ¿Pero qué pasa con aquellas personas que están convencidas de que sus trabajos no tienen sentido?

Una vez, al contemplar el crecimiento aparentemente interminable de responsabilidades administrativas en los departamentos académicos británicos, se me ocurrió una posible visión del infierno. El infierno es un grupo de individuos que se pasan la mayor parte del tiempo trabajando en una tarea que no les gusta y para la que no son especialmente buenos. Digamos que fueron contratados por ser excelentes ebanistas, y entonces descubren que se espera de ellos pasar una gran parte del tiempo friendo pescado. La tarea ni siquiera es realmente necesaria, o al menos hay una cantidad muy limitada de pescado que sea necesario freír. Pero, de alguna manera, todos se obsesionan tanto con el rencor ante la idea de que algunos de sus compañeros de trabajo podrían dedicar más tiempo a fabricar muebles, y no a cumplir su parte correspondiente de freír pescado, que en poco tiempo hay enormes e inútiles de pescado mal cocinado acumulándose por todo el taller, y es a lo único que se dedican.

Creo que esta es una descripción precisa de la dinámica moral de nuestra propia economía.

Bueno, me doy cuenta de que cada argumento va a tener objeciones inmediatas: “¿Quién eres tú para decir qué trabajos son realmente ‘necesarios’? De todos modos, ¿qué es necesario? Tú eres profesor de antropología, ¿qué ‘necesidad’ hay de eso?”. (De hecho muchos lectores de prensa sensacionalista tomarían la existencia de mi trabajo como la definición precisa de gasto social despilfarrado.) Y a cierto nivel, esto es obviamente cierto. No puede haber una medida objetiva de valor social.

Él es el primero en admitir que su trabajo no tiene absolutamente ningún sentido, no contribuye en nada al mundo y, a su propio juicio, realmente no debería existir.

No me atrevería a decirle a alguien que está convencido de hacer una contribución significativa al mundo que, realmente, no lo hace. ¿Pero qué pasa con aquellas personas que están convencidas de que sus trabajos no tienen sentido? No hace mucho volví a contactar con un amigo del colegio al que no veía desde que tenía doce años. Me sorprendió descubrir que, en este tiempo, primero se había convertido en poeta y luego en el líder de una banda de indie rock. Y había oído algunas de sus canciones en la radio sin tener ni idea de que el cantante era alguien a quien conocía. Él era obviamente brillante, innovador, y sin duda su trabajo alegró y mejoró la vida de mucha gente en todo el mundo. Sin embargo, después de un par de discos sin éxito perdió el contrato y plagado de deudas y con una hija recién nacida terminó, como él mismo dijo, “tomando la opción por defecto de mucha gente sin rumbo: la facultad de derecho”. Ahora es un abogado empresarial que trabaja en una destacada empresa de Nueva York. Él es el primero en admitir que su trabajo no tiene absolutamente ningún sentido, no contribuye en nada al mundo y, a su propio juicio, realmente no debería existir.

Hay muchas preguntas que uno puede hacer aquí, empezando por: ¿qué dice esto de nuestra sociedad, que parece generar una demanda extremadamente limitada de poetas y músicos con talento, pero a la vez una demanda aparentemente infinita de especialistas en derecho empresarial? Respuesta: si un 1% de la población controla la mayoría de la riqueza disponible, lo que llamamos “el mercado” refleja lo que ellos piensan que es útil e importante, no lo que piensa cualquier otro. Pero aún más, muestra que la mayoría de la gente con estos empleos, en el fondo, es consciente de ello. De hecho, no estoy seguro de haber conocido a algún abogado empresarial que no piense que su trabajo es una mierda. Lo mismo pasa con casi todas las nuevas industrias descritas antes. Hay una clase entera de profesionales asalariados que, si te encontraras con ellos en fiestas y admitieras hacer algo que podría ser considerado interesante (la antropología, por ejemplo), querrán evitar por completo hablar de su trabajo. Dales un poco de alcohol, y lanzarán diatribas sobre lo inútil y estúpido que es en realidad su trabajo.

¿qué dice esto de nuestra sociedad, que parece generar una demanda extremadamente limitada de poetas y músicos con talento, pero a la vez una demanda aparentemente infinita de especialistas en derecho empresarial?

Hay una profunda violencia psicológica en esto. ¿Cómo puede uno empezar a hablar de dignidad en el trabajo cuando secretamente siente que su trabajo no debería existir? ¿Cómo puede evitar una profunda sensación de rabia y resentimiento? Sin embargo, una peculiar genialidad de nuestra sociedad es que sus dirigentes han descubierto una forma de asegurarse, como en el caso de los freidores de pescado, de que la rabia se dirige precisamente contra aquellos que realmente tienen la oportunidad de hacer un trabajo valioso. Por ejemplo: en nuestra sociedad parece haber una regla general según la cual, cuanto más obvio sea que el trabajo de uno beneficia a otra gente, es probable que se pague menos por él. De nuevo, es difícil encontrar un baremo objetivo, pero una forma sencilla de hacerse una idea es preguntar: ¿qué pasaría si toda esta clase de gente simplemente desapareciera? Di lo que quieras sobre enfermeros, basureros o mecánicos, pero es obvio que si se esfumaran como una nube de humo los resultados serían inmediatos y catastróficos. Un mundo sin profesores o trabajadores portuarios pronto tendría problemas; incluso uno sin escritores de ciencia ficción o músicos de ska sería claramente un sitio inferior. No está del todo claro cómo sufriría la humanidad si todos los CEO del capital privado, lobbistas, investigadores de relaciones públicas, notarios, vendedores telefónicos, alguaciles o asesores legales se esfumaran de forma similar. (Muchos sospechan que podría mejorar notablemente.) Sin embargo, aparte de un puñado de excepciones (doctores), la norma se cumple sorprendentemente bien.

Puedes verlo cuando los periódicos sensacionalistas avivan el rencor contra los trabajadores del metro por paralizar a Londres durante los conflictos laborales

Algo aún más perverso es que parece haber un amplio sentimiento de que así deben ser las cosas. Esta es una de las fortalezas secretas del populismo de derechas. Puedes verlo cuando los periódicos sensacionalistas avivan el rencor contra los trabajadores del metro por paralizar a Londres durante los conflictos laborales: el mismo hecho de que los trabajadores del metro puedan paralizar a Londres muestra que su trabajo es en realidad necesario, pero esto parece ser precisamente lo que molesta a la gente. Es incluso más evidente en los Estados Unidos, donde los republicanos han tenido un éxito notable movilizando el resentimiento contra los profesores escolares, o los trabajadores del automóvil (y no, significativamente, contra los administrativos escolares o los gestores de la industria del automóvil, quienes realmente causan los problemas), por sus supuestos salarios inflados y sus beneficios. Es como si les dijeran a estos: “¡Ustedes han llegado a enseñar a niños! ¡A fabricar coches! ¡Ustedes han llegado a tener trabajos auténticos! ¿Y encima tienen el descaro de esperar también pensiones de clase media y asistencia sanitaria?”.

Si alguien hubiera diseñado un régimen laboral perfectamente adecuado para mantener el poder del capital financiero, es difícil imaginar cómo podría haber hecho un trabajo mejor. Los trabajadores reales y productivos son incansablemente presionados y explotados. El resto está dividido entre el estrato aterrorizado de los –universalmente denigrados– desempleados y un estrato mayor conformado por gente a la que se le paga básicamente por no hacer nada, en puestos diseñados para que se identifique con las perspectivas y sensibilidades de la clase dirigente (gestores, administradores, etc.) –y particularmente para sus avatares financieros– pero, al mismo tiempo, para fomentarles un resentimiento contra cualquiera cuyo trabajo tenga un claro e innegable valor social. Obviamente, el sistema nunca ha sido diseñado de manera consciente. Surgió de casi un siglo de prueba y error. Pero es la única explicación de por qué, a pesar de nuestra capacidad tecnológica, no estamos todos trabajando tres o cuatro horas al día. 

© Strike! Magazine, 2013

Comprender lo global para analizar lo local. El caso de la Actuación Estratégica del Distrito Aeroportuario Fontibón – Engativá

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Hace algunas semanas la ciudadanía de Fontibón mostró sus preocupaciones frente a la resolución 0289 de 2023, emitida por la Secretaría Distrital de Planeación, que define las directrices de lo público para la formulación de la Actuación Estratégica (AE) del Distrito Aeroportuario Fontibón – Engativá. Era apenas natural la reacción de los habitantes de la localidad, pues en dicha resolución se abre el camino para comenzar a formular la AE y, según algunos vecinos, pondría en riesgo su patrimonio residencial y las actividades cotidianas que se realizan en el territorio.

Formas de planificar la ciudad

Una de las grandes transformaciones que trajo consigo el capitalismo fue la revolución urbana. Durante los albores de la expansión industrial en Europa y Estados Unidos se experimentó la mayor ola de urbanización jamás vista en la historia de la humanidad, a finales del siglo XIX y el XX, el mundo presenciaba la nueva forma de vida de miles de personas que migraron del campo a la ciudad, estableciendose como una fuerza laboral que sostendría el modelo económico. Según el francés Henri Lefevre, la sociedad urbana debía enfrentar dos problemas: el alojamiento de cientos de obreros y la organización industrial1, fue así que se volvió necesaria la planificación de la vida urbana.

Así la planificación urbana podría responder, por una parte, a las necesidades sociales, culturales, ambientales y políticas de la ciudadanía; o por la otra, a los intereses de los grandes capitalistas que encuentran en ella una de las maneras de producir excedentes de capital. En otras palabras, la ciudad tiene al menos dos formas de planificarse: una en la que priman los derechos colectivos y la otra que pone por encima los negocios de unos pocos sobre los derechos de muchos.

A pesar de que, la urbanización y las lógicas urbanas se han transformado radicalmente y dependen del espacio en la que se sitúe (no es igual la ciudad latinoamericana a la europea o estadunidense), estas dos formas de concebir la vida urbana siguen vigentes.

El Distrito Aeroportuario ¿A beneficio de quiénes?

En Colombia según la Ley 388 de 1997, se deben diseñar los Planes de Ordenamiento Territorial (POT). En Bogotá, la alcaldesa Claudia López fijó el nuevo POT mediante el Decreto Distrital 555 de 2021 en el que se incluye la AE del Distro Aeroportuario. Incumpliendo sus promesas de campaña, la alcaldesa construyó un POT que, con algunas diferencias, mantuvo la esencia de la propuesta peñalosista: un ordenamiento que beneficia a las grandes inmobiliarias, al modelo TransMilenio y a la especulación urbana mediante la puesta en marcha de planes parciales y renovaciones urbanas.

La AE Distrito Aeroportuario, según la Resolución 0289 de 2023 “(…) busca conformar una de las principales ciudades-aeropuerto de América Latina (…) a partir del desarrollo y consolidación de plataformas de logística especializada y servicios de alto valor agregado, que se soportan en el anillo logístico aeroportuario y sus proyectos estructurantes” con base en el anexo 7 del POT se ejecutará en 741.5 hectáreas (528,7 en Fontibón y 212,8 en Engativá) así como afectará a 150.711 habitantes (88.529 en Fontibón y 62.182 en Engativá). La AE recoge, entre otras cosas, lo estipulado en el Decreto 824 de 2019 emitido por Enrique Peñalosa.

Para lograr dicho objetivo, busca articular esta propuesta con el desarrollo de grandes proyectos de infraestructura, tales como: la ampliación de la Calle 13 (con TransMilenio incluido), Regiotram, Avenida Longitudinal de Occidente, entre otros. Así, lo que se espera es darle sustento de movilidad al tráfico de mercancías y de operaciones logísticas demandadas por el mercado global. Por otra parte, aunque en los documentos oficiales no se diga textualmente, si es posible que ocurra que en las zonas circundantes de estos proyectos de movilidad se ejecuten inversiones inmobiliarias con el objetivo que generar demanda a los sistemas de transporte que allí funcionarán. Esta situación ya viene sucediendo sobre el eje de la Calle 13, en donde el paisaje urbano se copó de inmensos edificios pertenecientes a la especulación inmobiliaria, lo que se puede profundizar, aún más, con la aplicación de la AE, ya que en el anexo 7 del decreto 555 se contempla la aplicación de renovación urbana, justamente alrededor de estos proyectos de infraestructura. Por tanto, no solo se corre el riesgo que el patrimonio habitacional de cientos de vecinos sea convertido en bodegas, sino que, además, exista una fuerte especulación inmobiliaria que desplace, por presión del mercado, a otros cientos de ciudadanos.

Si bien se hace necesaria la adecuación de la estructura vial para el transporte fácil y rápido de mercancías, esto no es suficiente, por lo que se convierte en prioridad gestionar predios para convertirlos en zonas de almacenaje de productos que permitan reducir los costos a los grandes exportadores e importadores2, de manera que, la AE plantea “facilitar procesos de agregación de predios para desarrollar intervenciones que aprovechen las ventajas de la localización en la franja del aeropuerto (…) establecer condiciones para la transformación de usos del suelo considerando las restricciones de la operación aeroportuaria”3, dicho en otras palabras, el distrito gestionará las condiciones jurídicas y normativas para que los grandes capitales puedan apropiarse del valor del suelo de las viviendas circundantes al aeropuerto.

Así las cosas, los barrios situados al costado más occidental del aeropuerto (que limitan con los municipios de sabana de occidente), tanto de Fontibón como de Engativá, podrían estar en riesgo de convertirse en zonas de bodegas, incluso, las propias directrices plantean construir una zona franca de 40 hectáreas en el barrio San Pablo4. Lo que se podría evidenciar en este caso, es que las valorizaciones de estos predios disminuyan antes de aumentar, con el objetivo de que los especuladores del suelo urbano compren más barato5 y especulen con el valor de los predios durante años hasta que el proyecto comience a funcionar en su totalidad.

En paralelo, mientras unas zonas son adecuadas para satisfacer la demanda de los proyectos que están en ejecución y que hacen parte estructurante de la AE (los proyectos de movilidad) otras corren el riesgo de convertirse en zona industrial al servicio de las operaciones de logística, tráfico y carga de mercancías.

Esto no es como un plan macabro de unos cuantos tecnócratas, sino que se da bajo las necesidades de abrirle paso a los grandes inversionistas para poner en juego sus excedentes de capital y así duplicar sus ganancias, es decir, el POT de Claudia López y la AE.

Referencias

1 H. Lefevre, Derecho a la ciudad (Madrid: Capitán Swing, 2017), 163-167.

2 Cabe mencionar que según el DANE Bogotá y Cundinamarca importan ocho veces más de lo que exportan (sin contar petróleo y derivados). En total la capital exporta 557 millones de dólares e importa 5.440 millones de dólares.

3 Anexo 7 Decreto 555: “Guía para la formulación de las Actuaciones Estratégicas” diciembre 2021. Pág. 23.

4 Secretaría de Planeación. “Directrices para la definición de lo público para la Actuación Estratégica Distrito Aeroportuario”. Enero 2023.

5 F. Engels, Contribución al problema de la vivienda (Madrid: Fundación Federico Engels, 2006), 11-44.

Por Sebastián Buitrago. Miembro del Colectivo de Desde La Izquierda. Habitante de la localidad de Fontibón. Twitter: @SebasBuitrago_

Debate precandidatxs a la alcaldía de Bogotá (Alternativa y Aguante Popular)

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A continuación, comparto algunos apuntes que tomé del debate sobre juventud, una iniciativa rebuena de la gente de Alternativa y Aguante Popular, que fue transmitida por Revista Hekatombe. 

Movilización social

En términos generales la pregunta les permitía hablar sobre las estrategias para la garantía de movilización y las reivindicaciones de los paros, pero tristemente las y los invitados se quedaron cortos, no solo por el tiempo, sino también en propuestas.

Mafe Rojas – Alianza Verde: las reivindicaciones de las y los jóvenes se deben transformar en políticas públicas.

Rodrigo Lara – firmas: trató de ponerse en los zapatos de un joven de 25 años sin plata, sin educación y sin futuro, pero no le cuajó el intento, como que su privilegio no le deja dimensionar lo que es estar en la reinmunda. Al prrito le falta calle.

Heidy Sánchez – Unión Patriótica: hizo una caracterización de la juventud, pero sin presentar propuestas concretas.

Carlos Carrillo – PDA: también caracterizó a la juventud y no presentó propuestas.

Lucia Bastidas – Alianza Verde: comparado con ella, Rodrigo Lara es el tipo más mamert del país. Básicamente, las y los jóvenes se buscaron el uso desmedido de la fuerza, porque se pusieron a rayar paredes y bloquear vías. Lucía es una fachita pintada de verde.

Sistema de Cuidado

Heidy Sánchez: habla de la importancia de articular acciones con el gobierno nacional para la resignificación de las tareas del cuidado. Plantea que la institucionalidad no debe condicionar las actividades, ni el tiempo de las mujeres que participan en el sistema del cuidado.

Rodrigo Lara: le parece injusto lo que nos pasa a las mujeres, por eso quiere luchar contra la cultura del machismo en la ciudad. No propone cómo lo hará, es decir, no dijo nada.

Lucia Bastidas: dice que es el único legado que deja Claudia López, así que toca fortalecerlo.

Carlos Carrillo: propone facilitar las denuncias, y fortalecer la misionalidad de la Secretaría Distrital de la Mujer.

Mafe Rojas: hay que crecer el sistema del cuidado que existe, pagarle a las mujeres por las labores de cuidado y crear refugios para las mujeres en los mismos barrios.

Preguntas sorpresa

A cada candidata le tocó una pregunta diferente.

Heidy Sánchez – consejos de juventud: los escenarios de participación juvenil deben ser decisorios y vinculantes, no sólo consultivos. 

Rodrigo Lara – narcotráfico: a Bogotá llegan macroestructuras del crimen, para enfrentarlas propone la jornada complementaria en los colegios, un programa de empleo público de 18 a 25 y habla de ahorro para montar una empresa o un hogar.

Lucia Bastidas – fortalecer el sector cultural: “lo que pasa en el barrio San Felipe es maravilloso” y luego se pegó a la intervención de Heidy sobre los consejos de juventud.

Carlos Carrillo – garantía al derecho a la protesta social: ser garante. Cuenta que la policía tiene muchas armas, que Claudia López hizo todo mal, y aunque es cierto, él no propuso nada.

Mafe Rojas – superar barrera de distancias territoriales para el acceso a la educación superior: propone continuar con el esquema de policampus de Claudia López. El fortalecimiento UD debe ser prioridad.

Propuestas contra el acoso callejero y sobre movilidad para la reducción de la injusticia espacial

Preguntas hechas por Teusaradio/ Fundación la Otra Juventud 

Heidy Sánchez: radicó un proyecto de acuerdo en el concejo para la modificación del Código de Policía que busca la tipificación del acoso callejero. Señaló la importancia de la operación pública en el sistema de transporte, la reducción de tarifas y la tarifa diferencial.

Rodrigo Lara: las mujeres andan en moto porque no soportan abuso y acoso en el sistema de transporte, atacó a TransMilenio, a Peñalosa y a Lucia Bastidas. No creo que se suba seguido a un TransMilenio pero sabe lo horrible que es hacer transbordos y usar alimentador.

Lucia Bastidas: su propuesta es seguir con la propuesta de Peñalosa.

Carlos Carrillo: dice que no hay metro, se queda en la falta de metro, pero no propone nada sobre el metro.

Mafe Rojas: dice que la seguridad debe tener perspectiva de género, por eso su secretaria de seguridad sería una mujer…, eso no es nada, Claudia por ser mujer no le metió perspectiva de género a nada. En materia de movilidad ella sería el punto intermedio.

Preguntas de si y no:

Legalización: dicen que si

Tarifa diferencial estudiantes: también que si

Reforma policial: sisas

Desmonte esmad: Lucia y Rodrigo no lo van a desmontar

Aborto: si

Empleo público para jóvenes: Rodrigo dice que pues si

Jóvenes a la U: Carrillo y Heidy votan que no

Programa Parceros: si

Goles en paz: si

Línea Púrpura y Sistema Sofia: si

Conclusiones

Para finalizar, Rodrigo no sabe qué quiere, como que le gustaría ser elegido como el candidato de Gustavo Francisco, pero se acuerda que su papá político, Germán Vargas Lleras, es el autodenominado jefe de la oposición. 

Heidy debería despegarse del celular, no ha terminado de responder algo cuando ya lo está mirando, eso es muy molesto. Con todo y eso, sus propuestas son las más estructuradas y completas.

La forma en la que se presentó Mafe me hace pensar que ella es la continuidad de Claudia, así como Lucía es la de Peñalosa.

Carlos es tan oposición que se le olvidó llevar propuestas. 

A Francia le pido

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La vicepresidenta Francia Márquez Mina de nuevo es noticia, esta vez porque está construyendo relaciones diplomáticas con algunos países de África y como ya es costumbre, esperan que ella justifique su trabajo.

Que porque usa helicóptero (que le hagan atentados es secundario); que porque hace viajes diplomáticos; antes que porque hablaba de los nadies o porque decía “soy porque somos”. Y en la radio, televisión y en las redes sociales de los medios e influenciadores ‘bien pensantes’ se escuchan una y otra vez las burlas y ataques. Y así, se termina por creer que lo mejor es sumarse al ataque y a la burla.

ustedes pueden agarrar cualquier crítica que aparezca en medios o que haga algún influencer ‘bien pensante’ y fijo se los encuentran

La molestia se puede entender desde la raza, la clase, y el género y no solo por eso, para colmo de males, la vice se ha tomado muy en serio su trabajo. Francia lleva una agenda propia en un cargo que históricamente no ha sido más que un accesorio del ejecutivo, un accesorio que cumplía una única función: pagar las cuotas burocráticas de la alianzas políticas que se establecieron para ganar las votaciones.

Estos componentes del rechazo hacia Francia Márquez pueden estar todos juntos, o por separado, o de a uno, ustedes pueden agarrar cualquier crítica que aparezca en medios o que haga algún influencer ‘bien pensante’ y fijo se los encuentran. No digo que la vice sea perfecta y no se le debe cuestionar, claro que toca hacerlo, y al presidente también, pero con argumentos de verdad, no con prejuicios clasistas, racistas y machistas.

Cabe recordar que todos los anteriores vices comparten algo en común: son representantes de la élite y del orden establecido. 

Desde agosto la vicepresidenta ha tenido que repartir su tiempo entre el trabajo y la justificación de todo lo que hace, algo que no pasó con Martha Lucía Ramírez, Óscar Naranjo, Germán Vargas Lleras o el hoy cuestionado Francisco ‘Pacho’ Santos. Cabe recordar que todos los anteriores vices comparten algo en común: son representantes de la élite y del orden establecido. 

Ahora el ataque es porque la vicepresidenta lidera la construcción de relaciones diplomáticas con Sudáfrica, Kenia y Etiopía, y parece que quiere hacerlo con más países de África. Viendo las noticias de la prensa corporativa y las redes sociales, esta semana identifiqué dos tipos de ataques, el primero protagonizado por la derecha abierta, y el segundo por la derecha de closet que es el que me interesa.

Eso me ofendió, pues se trataba de dos investigadores prestigiosos, de esos opinadores que son fijos cuando los medios corporativos de comunicación solicitan análisis “bien sustentados”.

El año pasado vi uno de esos concursos de los canales de noticias que tienen como función espectacularizar la política, allí le preguntaban a una candidata y un candidato al Senado cosas básicas sobre el Congreso, como por ejemplo, cuántas Comisiones hay en total, o quién puede citar sesiones extraordinarias, y entre risas contestaban “me corcharon”. Eso me ofendió, pues se trataba de dos investigadores prestigiosos, de esos opinadores que son fijos cuando los medios corporativos de comunicación solicitan análisis “bien sustentados”. Yo no esperaba ninguna respuesta brillante, en realidad no espero nada de ellos, pero de por dios, cómo no conocer lo más básico del funcionamiento del Congreso, del lugar en el que quieren trabajar y del que han hablado por años. Y si, me estoy metiendo con dos ídolos: Ariel Ávila y Sandra Borda.

Yo no esperaba ninguna respuesta brillante, en realidad no espero nada de ellos, pero de por dios, cómo no conocer lo más básico del funcionamiento del Congreso

Después de ser tendencia la respuesta de Borda al respecto fue: “Creo que estamos pasando por ese conocido y célebre momento de la éxtasis en el que descubrimos que un profesor no sabe algo que debería saber. Mi consejo: relajémonos y disfrutémoslo”.

Volviendo a las críticas a Francia Márquez, una amiga me pasó este trino de ella, de Borda —la intelectual de Los Andes, de clase media, la académica prestigiosa que se lanzó al Congreso pero se le olvidó estudiar su funcionamiento— en el que le pide justificaciones a Francia y las disfraza como una gran invitación: 

“1. Yo quiero ver una columna de @FranciaMarquezM haciendo pedagogía,explicando por qué debemos abandonar la idea de que acercarse a África es inútil, contando qué podemos ganar de ese acercamiento,explicando por qué hoy tenemos una VP en las mejores condiciones de hacer esa tarea.
2. Quiero que aproveche la oportunidad histórica que tiene enfrente para ejercer un liderazgo que en vez de subir siempre la quijada, opte por enseñar, por construir, por transformar este país desde el discurso, desde la educación”.

En esos dos trinos leo los componentes de las críticas a Francia Márquez: el de raza, clase, género y el de tomarse muy en serio su trabajo. 

Me pregunto: ¿Para qué pedirle esto a la vicepresidenta?, ¿por qué espera que ella justifique su trabajo?, ¿aprovechar qué?, ¿por qué le molesta que suba la quijada?. En esos dos trinos leo los componentes de las críticas a Francia Márquez: el de raza, clase, género y el de tomarse muy en serio su trabajo. 

Tan pronto leí esto, me acordé de esta frase de la profesora Toni Morrison: «la función real del racismo es la distracción. Te mantiene explicando, una y otra vez, tu razón de ser, de existir», así sea una invitación para “que aproveche” y se justifique. A esto se suma la molestia que siente la mujer blanqueada y de clase media, de que una mujer racializada que viene de abajo y de “región» suba la quijada mientras adelanta su propia agenda. Esa misma mujer de «región» que por mandato racista y clasista no debería estar ocupando ese puesto de gobierno sino otro en el ámbito privado en alguna casa de una mujer mestiza/blanqueada.

Esa misma mujer de «región» que por mandato racista y clasista no debería estar ocupando ese puesto de gobierno sino otro en el ámbito privado en alguna casa de una mujer mestiza/blanqueada.

Ahora, eso de liderar con educación me parece bien curioso, porque la vicepresidenta trabaja diciendo y haciendo, además, es algo sabido por todo el mundo que no se transforma únicamente desde la educación, ¿esperan que Francia Márquez esté dando cátedra en lugar de estar en África trabajando?

Viendo el vaso medio lleno, me atrevo a decir que este viaje, la actitud de Francia y el hecho de que su trabajo se distancie de los intereses coloniales, nos está ayudando a identificar a las personas que son conservadoras de clóset, para que reflexionemos sobre los prejuicios que tenemos en términos de raza, género y clase. 

Reconozco que, a pesar de ser una mujer remestiza y de clase trabajadora, estoy llena de prejuicios, la cosa es que los identifico y los problematizo porque me incomoda esa fachita que llevo dentro, que me fue inculcada por esta sociedad pacata y conservadora. 

Para cerrar, dejemos de pedirle bobadas a la vicepresidenta, no apoyemos a las derechas con solicitudes y «oportunidades» tontas.

Posdata: el Congreso tiene en total 14 comisiones constitucionales permanentes, siete en Cámara y siete en Senado; y es el gobierno nacional el que puede convocar sesiones extraordinarias en el Congreso.

Mandar, imponer, subordinar: el amor por la jerarquía social

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Por ejemplo, en el ámbito laboral, es evidente en mecanismos autoritarios pero también sutiles como en la costumbre de quienes tienen más alto rango o jerarquía al demandar algo a sus subordinados por medio de mensajes sueltos, sin contexto, y en ocasiones sin coherencia.

Nuestras sociedades aman la jerarquía social. La forma de sostener el autoritarismo es el deseo por ocupar los lugares más altos de la jerarquía, es el deseo de subordinar a otros y hacer que, de un modo u otro modo, sientan esa subordinación. Y con tal de mandar de forma autoritaria, se está dispuesto a asumir un papel servil y a obedecer pese a todo. Eso el anarquismo lo viene diciendo hace mucho.

Esos modos de jerarquía social se expresan abierta o subrepticiamente en distintas situaciones. Por ejemplo, en el ámbito laboral, es evidente en mecanismos autoritarios pero también sutiles como en la costumbre de quienes tienen más alto rango o jerarquía al demandar algo a sus subordinados por medio de mensajes sueltos, sin contexto, y en ocasiones sin coherencia. Es un mensaje implícito que acompaña el mensaje explícito: «estoy tan ocupad@ que no tengo tiempo de escribir» —así no sea del todo cierto—, pero no solo eso, también significa: «mi importancia radica en hacer que se tengan que descifrar mis mensajes encriptados». 

O simplemente el silencio, la negativa a suministrar la información solicitada. Esto se debe a que con la información se demuestra el poder, y cuando la información se da a cuenta gotas, se muestra quien manda al poseer la totalidad de la información. 

Tiende a primar la interacción desde la competencia ante la mirada del poder, o la relación vertical de condescendencia, de servidumbre o de superioridad

La lógica de limitarse a explicar o coordinar, cuando se ocupan lugares de dirección, se deja de lado. El deseo y el deber se orientan al hecho de sentir que se tiene el poder para mandar, imponer e inferiorizar. Aunque, dada la dinámica del sistema, cuando una persona que ocupa ese lugar no cumple con esa expectativa social de dominio, es saboteada para que llegue otra que si ocupe ese papel. Es el deseo de mandar pero también de obedecer al autoritarismo.

La relación en pie de igualdad se evade. Tiende a primar la interacción desde la competencia ante la mirada del poder, o la relación vertical de condescendencia, de servidumbre o de superioridad, según sea el caso. Y no solo en el ámbito laboral sino en múltiples escenarios. 

Es evidente cuando el grupo de oficinistas trata de forma irrespetuosa a quien les atiende en un restaurante para demostrar «superioridad». Y luego ese mismo grupo es quisquilloso con la comida no tanto por la comida como tal, sino como medio para reiterar su lugar de supuesta superioridad y exteriorizar en ese otro las formas de subordinación que viven en su cotidianidad. 

El intercambio en equidad se descarta, y en cambio se privilegia esa posibilidad de ordenar e incluso denigrar. El respeto se termina dando, entonces, a quién se comporta con mayor autoritarismo y a quien se le reconoce mayor jerarquía, sea en términos de estatus o rango, que a quien procura un trato fundado en la igualdad. 

Por supuesto, la jerarquía también sale a flote al buscar exprimir la posibilidad de subordinar en función de la racialidad, el género o la clase. Cuando el funcionario del Estado, el organismo multilateral o la gran empresa llega a zonas periféricas y trata con condescendencia o autoritarismo y desprecio a quienes allí habitan, está mostrando quién vale más en este sistema y, por ende, quién puede inferiorizar o degradar al otro.

Por eso se enseña a desear un escalón alto en esa jerarquía. Porque ese deseo moviliza la reproducción del engranaje de poder

La búsqueda de esa jerarquía por medio de la actitud, el lenguaje, o las prácticas abiertas o casi imperceptibles, es casi la regla en distintos contextos. El bullying, en el ámbito escolar, también se podría entender como una forma de enseñar quien ocupa ese lugar de alta jerarquía en el estatus entre estudiantes, en razón de la fuerza o del apego a los criterios de «normalidad» allí establecidos. 

Y es que la jerarquía social es fundamental para el sistema. La jerarquía por clase, raza, género, especie, y en general por relaciones desiguales de poder, sostiene las relaciones de dominación necesarias para su funcionamiento. Por eso se enseña a desear un escalón alto en esa jerarquía. Porque ese deseo moviliza la reproducción del engranaje de poder. 

No solo importa que existan jerarquías sociales, es necesario hacerlas evidentes y que haya un ambiente permanente de competencia por hacer parte de esa jerarquía. Hacer sentir inferior a la otra persona es uno de los mayores logros en nuestras sociedades. La autonomía y el respeto no valen tanto como el sentimiento de superioridad y la capacidad de subalternizar. 

Que la persona esclavizada no desee su liberación y autonomía y la de quienes también están esclavizados, sino que desee ser capataz, o esclavista. El sistema enseña a querer ostentar el látigo, no a destruirlo. 

De la Calle, afortunadamente no espero nada bueno de usted

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Si usted es una de esas personas que ama con locura enceguecedora a Humberto de la Calle, le recomiendo que no lea este artículo, seguro se va a amargar y, no nos digamos mentiras, la vida ya es muy dura como para ponerse mal por un político de poco pelo como él.

Es querido por la derecha, el centro y la izquierda, nadie lo ataca, en cambio siempre lo defienden

Humberto de la Calle es básicamente la monedita de oro de la política colombiana. Es querido por la derecha, el centro y la izquierda, nadie lo ataca, en cambio siempre lo defienden. Parece una sirena que tiene encantado a todo el país, solo que esta semana desafinó un poquito y por eso lo han criticado por no votar por la inclusión de las recomendaciones de la Comisión de la Verdad en el Plan Nacional de Desarrollo.

Creo que en la política siempre es importante la sospecha, pues los años y las organizaciones en las que he participado o coqueteado, me han enseñado con golpes —en sentido figurado— que no hay que confiar plenamente en nada, y mucho menos en esas personas que le caen bien a todo el mundo.

De la Calle desde hace más de 30 años ha participado en todos los gobiernos, ha sido gavirista, samperista, pastranista, uribista, santista y hasta se rebuscó la manera de felicitar a Iván Duque

De la Calle desde hace más de 30 años ha participado en todos los gobiernos, ha sido gavirista, samperista, pastranista, uribista, santista y hasta se rebuscó la manera de felicitar a Iván Duque. Pasó de aplaudir la Seguridad Democrática de Uribe y liderar el equipo que le permitió la reelección, a ser un reconocido negociador de la paz con las FARC. A primera vista parece una veleta, un tipo que puede saltar de un lado a otro tranquilamente, sin embargo, no existen diferencias estructurales entre los gobiernos pasados y los partidos tradicionales de derechas, eso Humberto lo sabe ya que es experto en no quedar mal con nadie y en defender a ultranza el statu quo, ese mismo en el que cree con firmeza y que lo ha alimentado por bastante tiempo.

Cuando hablan de un político decente piensan en él, en este mercenario de la política que busca que las cosas no cambien, no en vano le puso límites a la negociación de paz —para no tocar el modelo que fue el detonante del estallido social, o las causas estructurales que desencadenaron el conflicto armado—, mientras era adorado por jóvenes desubicados que posteaban en sus redes la foto de Alfonso Cano y acto seguido le declaraban su amor a Humberto.

Él y sus seguidores —que se decían liberales pero no eran otra cosa que conservadores vergonzantes solo que un poquito más moderados

Hay que decirlo, es una persona sin imaginación política, a quien no le cabe en la cabeza un país diferente, tan es así que para su campaña a la presidencia en 2018 tuvo que copiar descaradamente a JF Kennedy. Él y sus seguidores —que se decían liberales pero no eran otra cosa que conservadores vergonzantes solo que un poquito más moderados— repetían hasta el cansancio el jingle “un buen hombre con principios y experiencia”. Bueno, de pronto algún alma desubicada terminó defendiendo eso solo por la euforia de la paz.

Y así llegamos hasta este momento en el que Humberto volvió a sonar en la opinión pública. El actual gobierno incluyó en el Plan Nacional de Desarrollo este artículo que hacía referencia a las recomendaciones de la Comisión de la Verdad:

“Las entidades del orden nacional sobre las cuales recaigan recomendaciones del informe final de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad las acogerán de forma progresiva según su viabilidad, competencias y capacidades. El Departamento Administrativo para la Presidencia de la República definirá los lineamientos, roles y responsabilidades de las entidades competentes. El Departamento Nacional de Planeación brindará apoyo técnico para la definición de los lineamientos y adecuará el Sistema Integrado de Información para el Posconflicto - SIIPO-, como herramienta para el seguimiento de recomendaciones”.

Es perfectamente entendible que ciertos partidos voten en contra de esta propuesta, que personas como María Fernanda Cabal, Polo Polo y Paloma Valencia se opongan es normal, pero que el hombre que negoció la paz también lo haga… bueno, también tiene todo el sentido. Hace unos días leía una entrevista del padre Javier Giraldo, director del Cinep, en Colombia +20, en la que, entre otras cosas, señalaba lo siguiente: 

“La raíz más profunda del conflicto armado en Colombia era el problema de la tierra. Me tocó ver como las FARC presentaron más de 100 propuestas de reforma agraria muy interesantes, se hacía mucho énfasis en las zonas de reserva campesina, que son tierras sustraídas al problema del mercado, parecidas a los resguardos indígenas donde la tierra no es mercancía, además destinadas a la producción de alimentos, que es una falla que tiene el país de tiempo atrás, se acabó la agricultura, la tierra se la han dado a las multinacionales extractivas y ahora importamos millones de toneladas de alimentos. Esa solución que propusieron las FARC no se acogió, durante siete meses discutieron eso y el Gobierno siempre decía no y no a todas las propuestas.
Finalmente, las FARC mismas renunciaron a insistir y mandaron todo al congelador, esa discusión no se retomó y se acogieron a la propuesta del Gobierno: crear un fondo de tierras con tres millones de hectáreas para repartir en 12 años, que tampoco se creó y no se cumplió”.

Hagámonos una pregunta de perogrullo: ¿Por quién pasaba la autorización para rechazar esas más de 100 propuestas y por quién pasó la aprobación de la creación del fondo de tierras?

Claramente para de la Calle, la sensatez es sinónimo de estabilidad, o mejor, de dejar las cosas tal y como están.

En la entrevista que le hizo Cambio a Humberto de la Calle, a propósito de su voto contra las recomendaciones de la Comisión de la Verdad, él dice: “El gran problema es la inoportunidad. En un momento de polarización es agravar la discusión nacional, agriarla más. Cuando lo que necesitamos es sensatez”. Me pregunto: ¿La inoportunidad de que un gobierno se haya comprometido públicamente con el país a acatar las recomendaciones de la Comisión de la Verdad y que diga que a través del Plan Nacional de Desarrollo serán implementadas gradualmente?; ¿Cuál polarización? Porque solamente veo a una derecha que cada día se radicaliza más, un centro que está en la derecha y una izquierda que se institucionaliza. Claramente para de la Calle, la sensatez es sinónimo de estabilidad, o mejor, de dejar las cosas tal y como están.

Afortunadamente nunca espero nada bueno de Humberto de la Calle, tengo claro que es un representante de la política tradicional, del status quo, que siempre está donde debe estar para defenderlo, en el Partido Liberal, en Verde Oxígeno, en el gobierno de turno que garantice un país sin cambios, sensato, diría él.

No me queda de otra que declararme como una mujer profundamente indecente

Advierto que esta reflexión sale en parte de las tripas —así que, por favor, no le pidan objetividad a este artículo de opinión— , así como de una muy cansona revisión de algunas de las entrevistas que ha dado Humberto. Confieso que esperaba estar equivocada en mis apreciaciones, pero después de leerlo a la luz de la recomendaciones básicas y SENSATAS de la Comisión de la Verdad, me doy cuenta que si él representa la política decente, no me queda de otra que declararme como una mujer profundamente indecente, que sí cree en los cambios estructurales para lograr la paz total de la que hablamos por allá en 2015. Cierro recomendando “Canción La Paz (Composición colectiva)”. 

Renegar de la jaula mientras besas los barrotes: pensar la autoridad en el salón de clases

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“Con esta jaula suelo vivir bien, no tengo ninguna dificultad para hacer cosas distintas. (…) Ya me he acostumbrado a ella y ella a mí. Puede ser que la costumbre haya terminado por hacer de esta jaula, lo que para cualquier persona serían sus orejas o sus labios. (…) No hay razón para la incomodidad cuando la costumbre llega” (Gélida Anisoptera).

Hace media vida el punk me llegó como una anhelada tempestad que cae con contundencia sobre un suelo árido. En mi seca vida adolescente solo había espacio para adorar patriarcas: a Dios, a mi padre, al sacerdote, al chico malo de la escuela, a mis profesores. Hoy no me culpo por eso. Es realmente difícil romper con la tradición patriarcal que recorre nuestra existencia como un malvado espíritu que se niega a irse, aun practicando múltiples rituales para provocar su expulsión.

De la mano de estos personajes llegaron también las jaulas que yo no percibía como tal hasta muchos años después. Estaba encerrada en la iglesia, en la casa y en el salón de clases sin saber muy bien qué sentido tenía eso, y aunque a veces sentía ganas de escapar no lo hacía, porque, ante todo, había que respetar la autoridad.

Con el paso del tiempo entendí que la lucha contra la autoridad, o mejor, contra los autoritarismos, es un reto titánico y que tendría que vérmelas con esta batalla durante toda mi vida.

De la mano del punk llegó el acercamiento al anarquismo. “Contra toda autoridad”, gritaban esas ruidosas voces en las canciones y se titulaban los atractivos escritos que me iban seduciendo hacia las fauces de esa bestia rabiosa anarcopunk. ¿Cómo podría yo ir contra toda autoridad? Me parecía un imposible porque mi vida estaba plagada de órdenes que tenía que obedecer por todos lados para ser una buena hija, una buena mujer, una buena estudiante, jamás una desobediente.

Con el paso del tiempo entendí que la lucha contra la autoridad, o mejor, contra los autoritarismos, es un reto titánico y que tendría que vérmelas con esta batalla durante toda mi vida. En mis últimos años de colegio veía a mis profesorxs como mis enemigxs. No podía entender muchas de sus exigencias y mi principal tarea se volvió cuestionarlas. ¿Quién lo diría? Años después estaría yo, aquí, en los salones de la U de Caldas encarnando al monstruo al que le arrojaba rocas quince años atrás: hoy soy una profesora. Me reía de mí misma al verme en ese lugar, que tanto amo pero que a veces quiero tirar a la mierda. Lxs estudiantes me salvan de esa constante tentación.

No niego que exista la asimetría en nuestra relación estudiante docente, pues estaría mintiendo, pero intento que no sea esa la razón de nuestra relación de respeto.

Estar vinculada a la educación hace que me pregunte constantemente si estoy siendo autoritaria, o por qué el autoritarismo parece volverse una demanda social. Intento cada día de mi vida respetar a mis estudiantes, y que, por la sola condición de ser seres vivos coexistiendo en un espacio en el que decidimos estar, nos respetemos, no porque yo sea su profesora, sino porque en toda relación debe existir reciprocidad, que es un principio anarquista que llevo conmigo. No niego que exista la asimetría en nuestra relación estudiante docente, pues estaría mintiendo, pero intento que no sea esa la razón de nuestra relación de respeto.

No niego que hay momentos en los que me siento extraña, no sé qué hacer y también me agoto. He escuchado que cuando hablan de sus profesorxs autoritarixs dicen que “inspiran respeto”, que hay menor participación en las clases y que parece imposible expresar un desacuerdo. Lo que me entristece es que algunas personas hablan de esto con tanta naturalidad, y hasta admiración, que no puedo creerlo.

¿Acaso nuestras aulas -no jaulas- no tendrían que ser uno de los mayores espacios de libertad?, ¿las volvimos jaulas y las besamos mientras renegamos de ellas?, ¿se nos volvieron tan cómodas que ahora estar aprisionadxs es una costumbre innegociable? Intento que mis clases sean espacios de aprendizaje, de confianza, de acogimiento mutuo, de chistes estúpidos donde las risas a carcajadas suenan como un coro hereje y hermoso ante este mundo de protocolos y solemnidad sin sentido. Ese es nuestro espacio de libertad, lo construimos entre todxs y nadie nos lo puede arrebatar.

Sin embargo, me han dejado plantada mientras les espero para una conversación; mientras hago un esfuerzo sobrehumano por decir algo mínimamente interesante, algunas personas solo ven su celular y no me escuchan, ni a mí ni a sus compañerxs; me han hecho comentarios sobre mi apariencia, sobre mi edad, sobre mi lenguaje, sobre la profesión que encarno, a manera de burla, y puedo casi asegurar que eso mismo no se lo dirían a sus patriarcas que les ridiculizan en clases, que les tildan de estúpidxs por ser estudiantes, y que por poco les piden que les besen los pies por saberse de memoria autorxs con apellidos impronunciables.  

¿Por qué entonces una buena profesora sería aquella que diseñara tan bien los barrotes de la jaula, que hiciera que estos fueran imperceptibles por quien está encerradx en ellos?

He escuchado a profesorxs que conozco, decir que no hay mejor camino que imponer la autoridad, y es justo ahí cuando ésta se vuelve autoritarismo. Bakunin decía que al zapatero había que creerle cuando hablara de zapatos, al arquitecto cuando hablara de casas, o a la persona sabia cuando se tratara de ciencias, no porque impusieran su autoridad, sino porque se han ganado su lugar, lo que no quiere decir que no se les deba criticar o contestar. ¿Por qué entonces una buena profesora sería aquella que diseñara tan bien los barrotes de la jaula, que hiciera que estos fueran imperceptibles por quien está encerradx en ellos?

Yo creo que la educación debe ser desjerarquizante, y aunque a veces me siento tentada por el fachito interior y hago mis cagadas, lucho por pensar que otros modos de relacionarnos pueden ser posibles y que la libertad se construye con hechos y no solo leyendo a gente que habla de libertad mientras somos las personas más autoritarias. A veces me siento irrespetada, y supongo que he irrespetado, pero imagino que es el costo de matar a los ídolos.

“Debemos propagar nuestros principios, no ya con palabras, sino con hechos, porque esa es la más popular, la más potente y la más irresistible de las propagandas. (…) seamos siempre despiadadamente consecuentes en los hechos. La salvación de la revolución está en eso” (Bakunin). Dejemos de adorar patriarcas, estos no se van a caer solo porque leamos a quienes los critican.

Referencias:

Bakunin, M. (1977). Obras completas. Volumen I. Madrid: Ediciones de la Piqueta.

Creación Libertaria. (2014). Cuentos cortos contra la autoridad. Bogotá: El aguijón.

Un cuarto para vivir

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El día en que me fui de casa, era cinco de febrero del dos mil quince, primera vez que iba a vivir sola, había logrado unos ahorros para comprar un apartamento, quería independizarme, ser libre y seguir al pie de la letra lo que decía Virginia Woolf en su ensayo Una habitación propia que “una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir” pero, como al Quijote que, de tanto leer novelas de caballería se enloqueció, a mí me pasó lo mismo, pero leyendo a la Woolf. 

Un apartamento en el sexto piso. Un conjunto cerrado. La vida moderna, las casas que son como cajas de fósforos.

El día de la mudanza, las maletas estaban en la puerta, eran cinco bolsas de ropa, un closet, tres bibliotecas, doscientos libros, cientos de papeles, algunas bufandas, una cama vieja y un computador. Me faltaban cajas por organizar, pero no podía ir rápido, no era fácil, quería llorar. Recogí los papeles de la universidad, del posgrado, el pregrado, los empaqué en bolsas trasparentes para no revolverlos. Aparecieron papeles por todos lados, los más recientes los organicé en una caja con el nombre urgentes

Ilustración: Yalila Pérez

Los documentos sumaban cuatro cajas, sentía pesadez, había hecho resto de cosas: proyectos, cursos, estudios, viajes, trabajos, etc., los papeles de la universidad se mezclaban con los papeles del trabajo, llevaban consigo una parte de mi vida, una emoción pasada, un impulso vital; estaban en desorden, desde lejos solo parecían cajas y no emociones, recuerdos, esfuerzo, llanto… Al fin, terminé de empacar, me subí al camión y me sentí en una película, estilo road movie. Luego, de una hora de camino, llegué a mi nueva casa. Un apartamento en el sexto piso. Un conjunto cerrado. La vida moderna, las casas que son como cajas de fósforos. Mi papá y sus ayudantes descargaron todo. Yo apenas subí algunas cajas livianas, era tarde, la noche había llegado, ellos se marcharon.

Ese era el inicio de la vida adulta, el esfuerzo cotidiano por convertirme en lo que soñaba, la habitación propia que tanto había leído en Virginia Woolf, el camino de aprendizaje para ser libre y alta como un pájaro.

Me quedé sola con mis cajas y mi desorden. Era la primera noche lejos de casa, no sé por qué sentí miedo, no tenía comida, ni vasos, ni platos, ni teléfono, ni internet ni citófono. Tenía una cama armada, el apartamento grande, las paredes blancas y el espacio vacío. Pensé, así que esto era independizarse: la muerte. Abrí los ojos y encontré que estaba sola en el apartamento, tenía al abuelo enfermo, el noviazgo roto, el trabajo a punto de perder ¿para qué había venido a ese lugar? ¿para qué quería ese apartamento? ¿por qué quería ser una soltera independiente? Ese era el inicio de la vida adulta, el esfuerzo cotidiano por convertirme en lo que soñaba, la habitación propia que tanto había leído en Virginia Woolf, el camino de aprendizaje para ser libre y alta como un pájaro. Desde entonces han pasado ocho años, me acomodo en mí cuarto para vivir y las palabras de la Woolf me siguen resonando “Como mujer no tengo patria, como mujer no quiero patria. Como mujer, mi patria es el mundo”.