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Quemando prejuicios: Tradiciones regionales y discursos de humo

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La historia regional constituye un componente esencial en la construcción de una identidad nacional plural y diversa. En un país como Colombia, caracterizado por una gran heterogeneidad cultural y geográfica, entender las particularidades de cada región no solo enriquece la narración nacional, sino que también refuerza los lazos de solidaridad entre comunidades. Sin embargo, comentarios como los del congresista Miguel Polo Polo, quien deslegitimó prácticas culturales de los pastusos en particular y de los nariñenses en general en relación a la quema de años viejos, evidencian cómo persisten discursos discriminatorios que perpetúan prejuicios históricos.

Es precisamente en este tipo de contextos donde autores como Burke, destacan el papel fundamental de las regiones. Estas, a través de sus costumbres y tradiciones, aportan perspectivas únicas que enriquecen el sentido de lo nacional. Tradiciones como la quema de años viejos en Pasto, lejos de ser simples manifestaciones folclóricas, se convierten en expresiones históricas cargadas de significados profundos. Lydia Inés Muñoz Cordero, al analizar la identidad regional en Nariño, subraya cómo estas prácticas reflejan procesos históricos que han moldeado la memoria colectiva de los pueblos, otorgándoles un sentido de pertenencia.

Hobsbawm, en su influyente concepto de «la invención de tradiciones», amplía esta perspectiva al sugerir que muchas costumbres, aunque aparenten ser antiguas, son en realidad creaciones recientes destinadas a fortalecer las identidades colectivas. Un ejemplo claro de ello es la quema de años viejos, una práctica cultural que, según la historiadora Lydia Inés Muñoz Cordero (1985), se originó el 31 de diciembre de 1930, cuando don Fernando Narváez Benavides guardó el muñeco de inocentes* elaborado con trapos y aserrín. Este muñeco, quemado en un rito simbólico esa noche, marcó el inicio de una tradición que trasciende generaciones y conecta a los nariñenses con su historia, su resistencia y su resiliencia frente a los desafíos, ese acto de resistir incluye necesariamente la crítica, la sátira, el sarcasmo y en muchos casos la identificación con figuras nacionales con las cuales podemos llegar a sentirnos a gusto o en disgusto. La acción de quemar es un acto costumbrista que compartimos con otras regiones de Colombia y con algunas provincias del Ecuador, pero la elaboración de los muñecos o monigotes es única y se realza y perfecciona con el paso del tiempo dando mensajes profundos y contestatarios, eso lo hacemos en todo el departamento de Nariño.

A pesar de la riqueza de estas tradiciones, ciertos actores políticos eligen perpetuar estereotipos. Las declaraciones de Polo Polo representan una narrativa que ignora y a su vez deslegitiman de manera errónea las contribuciones de los pastusos en episodios clave como las guerras de independencia, negando el trasfondo histórico de su resistencia. Este episodio, a menudo incomprendido, no fue una simple oposición a la independencia, sino una lucha por defender su autonomía frente a un poder centralizador. Los pastusos, lejos de actuar por afinidad con la monarquía española, entendieron que la independencia podría significar nuevas formas de dominación que amenazaban sus valores y su forma de vida.

Esta situación refleja una problemática más amplia que, como advierte Damián Pachón Soto, radica en las visiones homogeneizantes que invisibilizan la diversidad y las complejidades de la identidad nacional. Este centralismo, responsable de perpetuar el abandono de regiones como es el caso del suroccidente colombiano, ha generado profundas desigualdades: la falta de desarrollo económico, la ausencia de industrialización, el abandono del campo y el rezago en infraestructura son solo algunas de las consecuencias. Reconocer y valorar la historia regional es, por tanto, un acto político indispensable para desafiar estas narrativas y construir una Colombia más inclusiva.

La historia regional también ofrece una oportunidad para transformar las tensiones históricas en puentes de reconciliación. Burke y Hobsbawm coinciden en que una mirada regional permite comprender mejor las dinámicas de interacción y conflicto entre comunidades. Al integrar estas narrativas al discurso nacional, se abre la posibilidad de construir una identidad compartida que respete y valore las diferencias.

Por último, tradiciones como la quema de años viejos son más que ritos simbólicos; son espacios de memoria colectiva que reafirman la identidad y la resistencia frente a las adversidades. Estas prácticas no solo enriquecen la cultura nacional, sino que también promueven el respeto mutuo y combaten prejuicios. Los líderes políticos y culturales tienen el deber de construir un discurso inclusivo que valore estas diferencias como una fortaleza, reivindique la historia regional y se concentre en el estudio de la historia política y cultural de nuestro país, un requisito mínimo que se les debería exigir a representantes, congresistas o cualquier “líder” que ostente un cargo como servidor público. ¡Al final, es cierto, el que es bruto es bruto, y no hay tradición que lo salve de su ignorancia!

REFERENTES

  • Burke, P. (2010). La historia social y cultural de la nación. Madrid: Akal.
  • Hobsbawm, E. (1983). La invención de la tradición (EJ Hobsbawm y T. Ranger, Eds.). Barcelona: Crítica.
  • Muñoz Cordero, LI (2018). Identidad regional y memoria colectiva: Estudios sobre la región de Nariño . Bogotá: Universidad Nacional de Colombia.

             (1985). Historia del Carnaval Andino de Blancos y Negros en San Juan de Pasto. Cartilla Infantil Ilustrada. Instituto Andino de Artes Populares. Quito, Ecuador, pp. 183-184.

  • Pachón Soto, D. (2014). La filosofía en el contexto de lo político: Reflexiones desde América Latina . Bogotá: Universidad de Caldas.

* La tradición de hacer muñecos relacionados con el Día de los Santos Inocentes tiene raíces tanto europeas como latinoamericanas, (gracias al proceso de colonización) pero su forma y significado han evolucionado a lo largo del tiempo. Esta tradición está vinculada a prácticas culturales que mezclan elementos religiosos, históricos y festivos. En varias regiones de América Latina, esta costumbre tiene raíces en la representación simbólica de los «inocentes» a los que se alude en el relato bíblico de la masacre ordenada por el rey Herodes. Los muñecos de trapo son generalmente quemados como parte de un ritual que busca cerrar ciclos, purificar o deshacerse de lo negativo. Este tipo de celebración también refleja cómo las comunidades reinterpretan festividades religiosas o históricas, adaptándolas a sus contextos culturales específicos. Así, lo que empezó como una conmemoración religiosa puede transformarse en una expresión de crítica social, burla o simple diversión, lo que hacemos todos los años en Nariño

Trumpismo, wokismo y Pacto Histórico hacia el 2026

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El 17 de diciembre de 2024 las principales fuerzas políticas con personería jurídica que conforman lo que el presidente ha denominado el Pacto Histórico, anunciaron públicamente su intención de disolverse en una sola organización partidaria. Este nuevo partido buscará aglutinar y consolidar el proyecto político liderado por Gustavo Petro.

Por otro lado, en Estados Unidos, El 20 de enero de 2025 Donald Trump asumirá la presidencia tras arrasar en las elecciones del país que tradicionalmente ha sido el referente del liberalismo occidental. En Argentina, Javier Milei mantiene un 50% de aprobación, a pesar de que en su primer año de gobierno la pobreza y el hambre aumentaron en 10 puntos. Mientras tanto, líderes como Putin y Modi han ratificado su poder en elecciones que, junto con el gobierno de Xi Jinping, abarcan a casi la mitad de la población mundial, todos lejos de ser referentes democráticos. El panorama se agrava si consideramos las opciones de derecha que dominan países como Brasil o Centroamérica, donde el escenario tampoco es alentador. Cerramos un año marcado por procesos electorales en gran parte del planeta, donde el autoritarismo y la extrema derecha continúan ganando terreno.

Si el Pacto Histórico, como proyecto político progresista y de izquierdas, aspira a consolidarse en el poder de cara a 2026, es evidente que la ruta debe ser la creación de un partido unitario y democrático, siempre que no surjan sorpresas durante su configuración. Si las fuerzas se dispersan, como ocurrió en 2022 con Fuerza Ciudadana, que dejó más de 500,000 votos fuera del Congreso al no obtener siquiera un senador, se seguirá repitiendo el patrón de ceder terreno frente a las fuerzas que han controlado históricamente el Estado. Persistir en esa fragmentación, aunque coherente en términos ideológicos, seguirá beneficiando a quienes han moldeado las reglas del juego a su conveniencia y perpetuando su dominio.

La discusión sobre la conformación de un partido unitario en el seno del Pacto Histórico no debería limitarse a una estrategia electoral, aunque esta sea crucial. Es necesario profundizar en aspectos programáticos que permitan disputar el sentido común y redefinir lo que una sociedad mayoritariamente conservadora, consumista e individualista considera justo y viable.

Nos embriagamos con la victoria de Gustavo Petro hace dos años, olvidando que Rodolfo Hernández estuvo a solo 700 mil votos de la presidencia. En 2018, Sergio Fajardo quedó a 400 mil votos de pasar a segunda vuelta. Insistimos en ignorar que menos de la mitad de quienes apoyaron a Petro en segunda vuelta votaron por las listas del Pacto Histórico al Congreso, lo que ha derivado en dos años de filibusterismo parlamentario y dificultades para avanzar en las reformas. Nos distraemos pensando que el enemigo a vencer es María Fernanda Cabal, cuando lo más probable es que surja un “outsider” como Vicky Dávila o alguien con la habilidad de conectar con el sentido común mayoritario. La lección debería ser clara tras los resultados decepcionantes en las elecciones regionales de 2023, especialmente con el fracaso de Gustavo Bolívar en Bogotá, arrasado por Juan Daniel Oviedo y Carlos Fernando Galán.

La izquierda, que ahora busca unificarse bajo una sola personería jurídica, sigue aferrada a formas organizativas y símbolos del pasado, defendiendo el statu quo sin ofrecer alternativas reales a la desesperación material de la población. Reiteramos el impacto de 30 años de apertura económica en la reducción del Estado, pero hablamos poco sobre cómo la sociedad se hiperindividualizó. Esta dinámica hace cada vez menos útiles las formas tradicionales de partido político. Petro ganó porque su figura y liderazgo atrajeron votantes que no habrían respaldado proyectos de izquierda tradicionales, del mismo modo que Fajardo, Duque y Hernández apelaron a narrativas personales más que a programas colectivos.

No se trata de replicar estrategias como las de Rodolfo Hernández o Vicky Dávila, pero sí de entender cómo hackear un sistema político orientador de una sociedad moldeada culturalmente por las redes sociales de Elon Musk, Mark Zuckerberg y TikTok. Hay que cuestionar por qué los sectores más vulnerables respaldan a líderes como Trump y Milei, sin caer en el error de descalificarlos como «estúpidos». Es esencial articular el discurso de clase con las interseccionalidades de raza y género, evitando fórmulas liberales superficiales como el tan cacareado techo de cristal que no abordan las complejas realidades de los sectores más oprimidos.

La extrema derecha ha logrado ganar elecciones porque educa políticamente a su base mediante redes sociales con algoritmos que privilegian narrativas conservadoras por decisión de los dueños de esas corporaciones. Estas corrientes crean marcas electorales porque las democracias liberales han convertido las elecciones en mercados de opciones atractivas para los votantes. Por ello, los candidatos deben destacar más por su capacidad de generar espectáculo que por sus propuestas de transformación social.

Los proyectos de izquierda que han triunfado globalmente en las últimas décadas, como en Venezuela, Ecuador o Bolivia, lo han hecho priorizando figuras individuales sobre organizaciones populares, lo que ha generado serias dificultades a largo plazo. Ejemplos como Podemos en España muestran cómo la falta de enraizamiento territorial y la seducción del establecimiento pueden desarticular incluso los movimientos más prometedores.

En Colombia seguimos enfrentando el desafío de depender tanto de la figura de Petro, aunque el proyecto del Pacto Histórico tiene un enraizamiento territorial que se constituyó en la resistencia al terrorismo de Estado. Este enraizamiento debe consolidarse no solo para resistir, sino para transformar el aparato estatal. Debemos desarrollar propuestas programáticas sólidas y, sobre todo, disputar la conversación pública, que hoy está dominada por los micrófonos de la extrema derecha.

Dominar la conversación pública no implica aceptar el marco que nos imponen las derechas, como su obsesión con el «wokismo.» Se trata de ofrecer una perspectiva de futuro esperanzadora, imaginando mundos posibles que rompan con el estrecho marco del liberalismo. Mientras no propongamos alternativas claras y atractivas, las derechas seguirán capitalizando el desencanto con el Estado, prometiendo libertad a través de un mercado desregulado que, aunque destructivo, presenta una narrativa de futuro que nosotros aún no hemos sabido construir.

Test de burocracia y precariedad laboral en Colombia

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Por: Ubik

Solo quiero quejarme para señalar que el diagnostico de “La Utopía de las Reglas” (2015) se aplica en Colombia. En este libro David Graeber argumenta que las sociedades contemporáneas tienden a estancarse en mayores procedimientos burocráticos que esconden múltiples formas de estupidez y violencia. De hecho, en complemento a estas ideas, he encontrado que la burocracia posee una estrecha relación con la precariedad laboral.

A continuación, sistematizo diversas experiencias personales, de amigos y conocidos sobre los desafíos comunes de la vida laboral que ilustran la existencia de un estrecho vínculo con la burocracia. A medida en que los lectores avancen en este texto pueden marcar las casillas de las historias con las que se sientan identificados:

1. Formatos engorrosos

Cuando cientos de personas se presentan a un mismo cargo es útil y muchas veces necesario estandarizar un formato de hoja de vida para evaluar con mayor facilidad la alta cantidad de información recibida. Ahora bien, también sucede que en cargos a los que aspiran pocas personas las instituciones exigen que los candidatos llenen sus formatos de hoja de vida anticuados, extensos y mal diseñados. Es normal perder la paciencia porque muchas veces nuestros datos no siempre encajan con las casillas que tienen opciones cerradas.

Sumado a lo anterior, comúnmente se deben adjuntar todos los certificados laborales para finalizar la postulación. Este es un caso de desgaste burocrático porque, por un lado, perdemos varias horas de vida colocando datos en casillas y subiendo certificados solo para que los reclutadores ojeen nuestra postulación durante cinco segundos. Por otro lado, no tiene sentido que soliciten tanta información en la fase inicial de una convocatoria en vez de requerirla al momento final de contratación.

2. Documentación infinita

He encontrado convocatorias laborales en las que en su primera fase no solo solicitan certificados de estudios y laborales sino también declaración juramentada de bienes y renta, RUT, certificación bancaria, antecedentes fiscales, disciplinarios y penales, afiliación a seguridad social, registro de deudores alimentarios morosos, tarjeta militar, entre otros. Solo les falta solicitar carta astral, constelación familiar, y lista personal de Spotify. Tiene sentido requerir esta documentación cuando se pasa a la ronda final de la contratación, pero no en la postulación inicial.

Estamos desperdiciando nuestra juventud llenando y enviando formatos. Por ejemplo, cuando hacemos fila en EPS para entregar certificados solicitados en físico que luego sus funcionarios van a escanear. También me ha pasado lo contrario. He subido a la página web de instituciones más de una docena de documentos para que luego me exijan que los entregue en físico en su sede.

Valga agregar que muchas instituciones no aceptan la firma virtual y solicitan que las personas impriman y firmen documentos para luego recibirlos escaneados, aunque no se note la diferencia. Finalmente, otro caso de documentación infinita es la historia de una amiga que realizó una pasantía cuyo trabajo consistía en escribir notas que nadie iba a leer sobre las labores semanales de una institución.

3. Test para mentir

Sumándose a la lista de protocolos laborales desgastantes, me sigue sorprendiendo que las pruebas psicotécnicas sigan siendo utilizadas por las empresas para evaluar la idoneidad de candidatos. He pasado horas contestando preguntas sobre cómo me perciben los demás y si estoy mintiendo en el test. Muchas veces quedo confundido porque las enormes listas de preguntas están mal formuladas y llenas de sesgos. Estos resultados se prestan para mil interpretaciones diferentes y la gente puede mentir fácilmente. Estas pruebas son una pérdida de tiempo porque he conocido historias de gente que dibuja cuchillos o no las presenta a igualmente son contratadas. Algunos reclutadores admiten que estas pruebas no funcionan, sino que son un protocolo institucional que justifica el trabajo del equipo de contratación.

La gran paradoja de las pruebas psicotécnicas es que finalmente evalúan que la gente pueda fingir que posee un perfil psicológico ideal para los empleadores, justo como las cartas de motivación. Muchas instituciones saben que sus pruebas no funcionan y que solo las aplican por lineamientos normativos. Por ejemplo, el Mini-mental es una prueba cognitiva que todavía se les realiza a adultos mayores en el país, aunque genere resultados inexactos. Por último, el exceso de test se expresa en proyectos sociales que en su afán de garantizar su continuidad prestan más atención a medir sus resultados que en la calidad de las actividades que realizan.

4. Resuelve el problema por mi

Cada vez es más común encontrar convocatorias laborales en las que para evaluar a los candidatos se les coloca un problema que deben resolver. Por ejemplo, una prueba laboral consiste en responder cómo se llevaría a cabo x investigación. Esto puede ser un ejercicio muy práctico para demostrar habilidades profesionales, pero se presta para el robo de ideas. Recuerdo la historia de un conocido que le solicitaron hacer el diseño completo de la revista académica de una universidad.

El ejemplo más indignante de casos en los que se busca que la gente trabaje sin recibir remuneración se presenta en ONGs que obtienen fondos para realizar proyectos de investigación, pero no poseen el personal para diseñarlos ni ejecutarlos. Por este motivo, abren convocatorias en las que solicitan a los postulantes que elaboren una propuesta de investigación detallando marco teórico, metodología, cronograma, actores de interés, y presupuesto. Al final las instituciones seleccionan gratis en un buffet de proyectos la propuesta más barata que se ajuste las expectativas de los financiadores.

5. La ambigüedad como indicio de sobrecarga laboral

En las bolsas de empleo he visto convocatorias laborales cuyos objetivos son tan genéricos y poco claros que a medida en que avanzo en la lectura entiendo menos cuáles son las responsabilidades que tiene el cargo. Por ejemplo, en los términos de referencia se afirma que la persona seleccionada debe apoyar al equipo técnico en el cumplimiento de sus labores y otras actividades relacionadas con el cargo. Hay listas de objetivos tan generales y abstractos que realmente no dicen nada. Esta ambigüedad está diseñada para asignarle nuevo trabajo sobre la marcha a la gente. Básicamente esto es como firmar un cheque en blanco.

6. Crudeza pura y dura

No todas las convocatorias maquillan su explotación laboral. Algunas instituciones abiertamente reconocen que van a sobrecargar a sus empleados de trabajo, lo cual va a hacer que colapsen emocionalmente. Por ejemplo, debemos celebrar la sinceridad de cierta organización a la que cambiaremos el nombre y la llamaremos ‘Activatorio’ enfocada en participación e incidencia ciudadana, dado que en una convocatoria reciente hace una lista de datos importantes antes de aplicar:

  • ‘Activatorio’ es una organización en constante cambio que no permite establecer una zona de confort. Las personas que hagan parte del equipo deberán tener una elevada tolerancia a la frustración.
  • En la Organización es necesario estructurar procesos, procedimientos y funciones de los cargos. Mientras tanto, todos los colaboradores deberán estar dispuestos a trabajar en diferentes tareas que vayan surgiendo y que pueden variar frente a las inicialmente pactadas con el jefe inmediato.
  • Es necesario tener un alto nivel de aprendizaje y trabajar a gran velocidad, pues las tareas van en concordancia con la evolución de la Organización. Hay algunas temporadas de trabajo intenso en donde se puede madrugar mucho, salir tarde en la noche o adelantar algunas actividades los fines de semana.
  • Debido a que ‘Activatorio’ es una organización muy joven, es necesario que quien ocupe esta posición tenga una elevada inteligencia emocional para lidiar con diferentes tipos de personalidades y sensibilidades.
  • Las personas que ingresen a la organización deben tener una elevada capacidad de trabajo bajo presión.
  • ‘Activatorio’ desarrolla proyectos en territorios alejados y a nivel internacional lo que requiere disponibilidad para viajar constantemente.
  • Salario entre 3.000.000 COP a 3.500.000

La pregunta importante con este trabajo no es si el salario compensa todo el esfuerzo requerido sino cuánto del dinero recibido se va a ir en terapia.

7. Entre todos nos explotamos  

En el caso anterior de ‘Activatorio’ probablemente exista una cadena de explotación. Los funcionarios de cargos medios están desbordados por el trabajo asignado por funcionarios de cargos altos, por lo que están buscando nuevos candidatos para cargos bajos que ellos puedan explotar para reducir su carga laboral. El problema de aplicar a este tipo de empleos es que las empresas terminan normalizando condiciones de trabajo injustas y precarias. Como decía una conocida “terminamos todos compitiendo a ver quién se arrastra más”.  

Los empleados rara vez confrontan a las instituciones cuando las horas de trabajo del contrato no se corresponden con el tiempo que requiere cumplir las labores asignadas porque esperan escalar a mejores cargos desde los cuales van a terminar explotando a otros. Recuerdo la historia de una persona que tenía tanto trabajo en un juzgado que su equipo debía quedarse en la oficina hasta altas horas de la noche. Entre todos se presionaban para trasnochar. Este tipo de situaciones se deben al número reducido de personal en las instituciones. Tal es así que he pasado más de cuatro horas esperando un solo examen en una EPS por falta de médicos.

8. Dinero imaginario

Estar contratado por prestación de servicios es un acto de magia. El conejo está y no está dentro del sombrero. Del mismo modo, el dinero del contrato está y no está en nuestras cuentas bancarias. Cada mes el treinta por ciento del salario se desvanece mágicamente en la planilla de salud, pensión y riesgos laborales. Muchas empresas exigen estos certificados para poder autorizar su pago, por lo que hay que pagar la planilla para que el dinero se multiplique. Súmese a que muchas veces los pagos no son desembolsados a tiempo, entonces cuando nos pagan ya debemos ese dinero, lo gastamos antes de que lo consignen ¡Tarán! Todo el tiempo tuvimos dinero imaginario.

9. Perfiles profesionales englobados

He notado que cada vez más en convocatorias laborales se solicitan perfiles profesionales exageradamente amplios. Por ejemplo, se requiere un experto social con énfasis en género, derechos humanos, trabajo con comunidades afro, indígenas, medioambiente, adultos mayores, personas con diversidad funcional, población migrante, etc. Parece un chiste, pero no lo es. Si bien entiendo la importancia de tener un perfil integral para aportar a las instituciones desde diferentes perspectivas, detrás de estos requerimientos profesionales hay dos aspectos problemáticos.

Primero, las instituciones solicitan este tipo de formación porque es lo “políticamente correcto” dado que este mantra vacío les ayuda a lucir como progresistas para así obtener mayor financiamiento. Segundo, se buscan este tipo de perfiles porque se espera que una persona realice el mismo trabajo que implicaría contratar a profesionales de diferentes disciplinas, tal como ser a la vez investigador y gestor de fondos internacionales.

10. Bolsas de suerte

Las bolsas de empleo parecieran ser una aplicación de citas en las que coqueteamos con empresas desde nuestros perfiles profesionales maquillados, pero realmente son una ruleta rusa determinada por el azar. Si los planetas o los algoritmos están alineados es posible conseguir una entrevista la misma semana en que aplicamos a un empleo, pero si aplicamos en los días de mercurio retrogrado nadie va a revisar nuestro perfil por meses. Ahora bien, no tener empleo es estresante y obtenerlo mediante una bolsa de empleo también lo es porque el salario rara vez se corresponde con el nivel de esfuerzo del cargo. La precariedad laboral es tan alta en Colombia que las personas se sienten culpables por no valorar que las están explotando.

11. Falsas ilusiones

Los encargados de contratación para garantizar la permanencia de profesionales especializados en sus instituciones modifican los términos de referencia de las convocatorias para que estos encajen perfectamente. Dicha práctica es problemática cuando deja de ser aislada. A muchas personas les ha pasado que, aunque se postulen a empleos en los que cumplen todos los requisitos no son llamados a una entrevista, o al enviar la hoja de vida dentro de los plazos establecidos les responden que la convocatoria ya está cerrada. En ambos casos es muy probable que el cargo esté preseleccionado para alguien. La convocatoria pública solo fue un requisito formal.

Otro ejemplo de burocracia y falsas ilusiones lo escuché de un docente. Resulta que los profesores de su colegio debían definir qué estudiantes se iban a graduar antes de realizar habilitaciones porque se aproximaba la fecha de impresión de los diplomas. Por lo tanto, recibieron la instrucción de calificar mal a los estudiantes que iban a perder el año.

12. Acaparamiento de oportunidades

Recomendar a alguien para un trabajo es normal. Es común confiar en las habilidades de una persona cercana y compartir su hoja de vida. Cuando de estos vínculos de apoyo pasan a la deuda política nos encontramos en un escenario de corrupción. Un padrino político tiene información privilegiada de convocatorias y puede intervenir en la evaluación laboral, por lo que las personas que obtienen cargos deben pagar cada mes un porcentaje de su salario.

El gran problema de esta práctica es que ese nuevo funcionario cuando escale en la institución puede hacer lo mismo con los demás. Es decir, va a terminar acaparando oportunidades al impedir que nuevos profesionales, aunque estén mejor capacitados, consigan un puesto si no quedan en deuda con ellos. De este modo, la corrupción naturalizada genera más corrupción a futuro. Tener una fuerte formación académica y amplia experiencia laboral no garantiza conseguir un buen empleo en instituciones públicas. La meritocracia no existe.

13. Centralismo

Existe una distribución desigual de oportunidades laborales en Colombia porque las personas que estudian en las universidades élite de Bogotá acceden a un mayor capital simbólico y social que les da enormes ventajas en el mercado laboral. Por ejemplo, estudiar en la Universidad de Los Andes hace que las personas tengan mayores oportunidades de trabajar con un profesor de renombre, por lo que al finalizar su pregrado pueden demostrar en sus hojas de vida que poseen una amplia experiencia en investigación. Estudiar en una universidad privada también permite codearse con personas en una alta posición de poder como ministros o directores de compañías, lo cual les ayuda a conseguir fácilmente un empleo después de su graduación.

La gente que estudia en estas universidades paga altas sumas de dinero no solo por las clases sino por los contactos que pueden conseguir. Tal es así que es común que las universidades de élite tiendan a solo contratar a sus egresados, y que muchas becas en Colombia tienden a ser acaparadas por los graduados de estos centros educativos. Valga resaltar que el capital simbólico y social no es necesariamente académico, es decir, no se corresponde con habilidades profesionales.

14. Convencido convence

He conocido a personas que tienen una formación académica en universidades de élite y una amplia experiencia en cargos públicos sumamente importantes, pero no cuentan con un mínimo de habilidades profesionales y poseen amplias actitudes racistas, machistas y clasistas. Se podría suponer que estos sesgos deberían impedir que las personas lleguen a cargos de poder, pero de hecho la falta de empatía es lo que les permite llegar a estos puestos.

Las instituciones recompensan a los jefes explotadores y ambiciosos que pasan por encima de los demás y se llevan los créditos del trabajo de otros. Estos individuos llegan tan lejos debido a que enfocan toda su energía en vender su imagen pública y ajustar sus posiciones políticas al mejor postor. Al ser personas manipuladoras y manipulables son los candidatos ideales de los partidos políticos. Esta muchas veces es la gente que toma las decisiones más importantes del país.

15. La arrogancia de los números

Muchas veces profesores y gobernantes sostienen que toman decisiones basados en evidencia al justificar sus posturas con números. Ahora bien, ya somos adultos, es momento de decir la verdad. Los números no siempre son objetivos. Recuerdo la historia de un docente que utilizaba una aplicación para calificar con múltiples criterios los escritos de sus estudiantes, lo cual le daba un aura de rigurosidad. Resulta que este programa solamente funcionaba con ceros y cincos. Por ejemplo, si el docente calificaba un criterio en 3.2 la nota bajaba a 3.0, y si colocaba 3.4 subía a 3.5. Súmese a que luego de ver la nota final los profesores de colegio y universidad ajustan su calificación si fue muy alta o baja de acuerdo con su empatía personal con los estudiantes.

He visto de primera mano que lo mismo sucede con algunos economistas. Estos ajustan informes técnicos de forma mañosa a su conveniencia y pereza, dado que justifican resultados que ya tenían en mente con complejas fórmulas y gráficas. Otro ejemplo son las cifras del DANE, las cuales son esenciales para la toma de decisiones en política pública. Encuestadores me han contado que los formatos están mal diseñados para atender casos contextuales por lo que ellos se inventan los datos. En los tres casos métodos sofisticados ocultan la subjetividad humana. Los ejemplos citados nos permiten sospechar que el peligro del uso acrítico de la inteligencia artificial y de modelos computacionales complejos es que termine generando posturas autoritarias carentes de reflexión científica, política y moral.

16. Visión de túnel  

Los manuales son necesarios para optimizar el tiempo de respuesta de una institución y son una guía de acción la cual evita que los funcionarios se extralimiten. Ahora bien, me ha pasado que tengo problemas complejos, por ejemplo, un error multiplicado por cinco en un banco, pero los funcionarios con su visión de túnel se limitan a seguir el paso a paso de manual mientras evitan abordar el problema de forma panorámica. Finalmente, luego de hacerme perder mi tiempo e insistirles que deben solucionar el problema de raíz, se disculpan diciendo “yo tengo que seguir el procedimiento, aunque sé que no funciona”. Personas que trabajan en call centers me han contado que sus extensas rutas de atención no sirven, pero si no realizan estos procesos no reciben atención de soporte técnico. No olvidemos que la frase insignia de la falta de pensamiento crítico es “las reglas son las reglas”.

Otro ejemplo de la visión de túnel en las instituciones es el de un familiar que recibió un volante de una empresa de recolección de basura en el que se definían las multas por dejar escombros en la calle. Al llamar a la línea de denuncia para preguntar dónde podía dejar sus escombros le respondieron que no sabían.

17. Fragmentación institucional 

Cuando las instituciones centralizan todos sus procesos en pocas oficinas se vuelven lentas e ineficientes, para corregir este problema dividen el cumplimiento de sus funciones en diferentes unidades operativas. Ahora bien, esta división puede crear problemas de coordinación, cuando hay algún problema entre las diferentes oficinas se tiran la pelota y nadie responde.

Me ha pasado que recibo múltiples correos y llamadas con información incompleta e instrucciones contradictorias de diferentes dependencias de una misma institución. También que al entrar a una empresa me doy cuenta de que si bien existe un discurso oficial de cómo debería hacer mi trabajo las personas que llevan varios años en el mismo cargo me enseñan que existen estrategias no oficiales que son mucho más prácticas y realistas.

La fragmentación institucional genera problemas de organización que terminan desgastando a las personas. Piénsese en reuniones improductivas que pudieron ser un correo y nos quitan el tiempo que necesitamos para cumplir nuestras labores, y en las filas interminables en los hospitales y bancos. Recuerdo que en un trabajo virtual me citaron presencial a una capacitación en la sede de la institución, resulta que el evento solamente consistía en una reunión virtual.

18. Rigidez institucional

En colegios y universidades se continúa sancionando el uso de la inteligencia artificial en vez de capacitar a los estudiantes en su uso reflexivo. Es paradójico que la estructura de enseñanza y evaluación de las instituciones no se adapte a los cambios tecnológicos teniendo en cuenta que: (1) los programas de IA pueden generar una mejor retroalimentación de un ensayo que muchos docentes, además los estudiantes pueden hacer la mayoria sus escritos con la ayuda de una IA sin ser detectados. (2) Los docentes están empezando a utilizar estos programas para diseñar sus clases, aunque evitan hablar públicamente de ello.

(3) Los jóvenes están comenzando a estudiar con estos programas. Por ejemplo, al pedirles que les den preguntas orientadoras de un libro junto con explicaciones ante las ideas que no entienden. Además, la IA les está permitiendo mejorar la gramática de sus informes. Aunque los docentes sean conscientes de los beneficios de la IA saben que no es posible cambiar la estructura de sus cursos debido a la rigidez de las instituciones educativas, tal es así que se continúan enseñando contenidos desactualizados y desconectados de la vida laboral.

19. La precariedad laboral genera más precariedad laboral

Mis amigos y conocidos no quieren tener hijos en parte porque temen que no van a conseguir un empleo decente para sostener una familia. Que las nuevas generaciones no tengan hijos genera una cascada de efectos sociales. Actualmente, debido a que ha bajado la tasa de natalidad cada año se cierran más colegios en Colombia y se matriculan menos estudiantes en pregrados. Sumado a esto, las nuevas generaciones están menos interesadas en continuar con sus estudios porque son conscientes de que sus hermanos mayores que tienen títulos universitarios poseen dificultades para acceder a un empleo digno. En síntesis, la precariedad laboral reduce el crecimiento demográfico, estos cambios desaceleran la economía, y como consecuencia aumenta la precariedad laboral. Estamos atrapados en un bucle.

20. La estupidez burocrática conduce al peor de los mundos

El lector de este texto tal vez sospeche que el peor escenario climático que alcancemos a final de siglo no va a ser debido a los malvados lobbies petroleros y partidos de derecha radical, la salida fácil de culpar a otros. El peor escenario será generado por la burocracia de nuestras instituciones. Nos vamos a quedar estancados en procedimientos y en llenar el formato correcto mientras el planeta arde en llamas. Si seguimos pensando dentro de la caja, naturalizando reglas injustas, y honrando protocolos de explotación laboral no podemos dignificar la vida de otros y proteger el planeta. Estar indignados con la burocracia es la actitud correcta, agachar la cabeza es perpetuar la estupidez.

Evaluación del puntaje:

Si tu puntaje total es igual o mayor a 9 y esperas que esto indique algo en una escala objetiva significa que no has aprendido la lección. Perdiste tiempo valioso de tu vida que pudiste invertir en otra cosa llenando un formato de quejas que no tiene utilidad. Felicitaciones, acabaste de revivir la experiencia de burocracia que sufrimos millones de personas.

REFERENCIAS

Graeber, David. (2015). The utopia of rules. On technology, stupidity and the secret joy of bureaucracy. London: Melville House.

Recuerden, recuerden, el 4 de diciembre. Conspiración, pólvora y derecho a la salud

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Fue el 9 de diciembre de 2024 que Luigi Mangione se hizo famoso por asesinar al consejero delegado de UnitedHealthcare, Brian Thompson. Mangione es un ingeniero de 26 años, proveniente de una familia adinerada, atractivo y, como dice Branko Marcetik en Jacobin, frente a lo ideológico se trata de un estadounidense promedio, más de derechas que socialdemócrata y bastante alejado de las izquierdas.

Con la figura de Luigi se ha venido construyendo un héroe. Lo han retratado en velas, memes, pocillos, afiches, su imagen ha sido proyectada en conciertos, hubo competencia de dobles como si se tratara de Timothée Chalamet, Jeremy Allen White o Paul Mescal, y además, ya se convirtió, al menos coyunturalmente, en un ícono de la moda. El galán platudo que asesinó al villano del sistema de salud, un traidor de clase.

Lo cierto es que el sistema de salud en Estados Unidos es cruel, costoso e ineficiente, lo plantea Luigi en su manifiesto y Michael Moore en Sicko (2007), pero también lo dicen en muchas otras películas, por ejemplo, en una charla casual en la comedia romántica Mientras dormías (1995); los trasplantes son el tema central de Repo men (2010); y de manera magistral lo expone Neill Blomkamp en Elysium (2013), una película que parece una radiografía del acceso a la salud en Estados Unidos, pero en 2154. Max Da Costa, el protagonista, hace parte de la clase obrera, es marginado, y por supuesto, está jodido. Por culpa de un accidente laboral se ve obligado a someterse al implante de un exoesqueleto, destruir robots y enfrentarse a un mercenario loco. Es sobre ricos privatizadores y violentos, se trata de una oda a la lucha de clases y a la amistad, a la socialización del bien-estar, definitivamente es una de mis películas favoritas, sólo le hizo falta tener en su banda sonora la canción Sangre Rebelde de las 1280 Almas, para ser perfecta.

Mangione publicó en Reddit, «Vivimos en una sociedad capitalista y he descubierto que la industria médica responde con mucha más urgencia a estas palabras que cuando se describe un dolor insoportable». Es cierto en Estados Unidos y en Colombia, muchas veces las visitas al médico son para poder seguir trabajando, no para garantizar una mejor calidad de vida, ni bienestar. ¿Pero esa frase hace héroe a Luigi?, ¿este post es el nuevo “remember, remember, the 5th of November, Gunpowder, treason and plot”?

En la cultura pop hay diferentes tipos de héroes pop masculinos y solitarios, por ejemplo, los que no tienen ningún interés en cambiar el sistema, como Superman, Batman o el Capitán América; y los que son más underground y van a la raíz del problema, como V (2005) que no solo destruye el parlamento, sino que logra la movilización de las masas, o Max Da Costa. Sobre este último, hay que señalar que no actuó solo, trabajó con un grupo de contrabandistas, no solamente asesinó a John Carlyle, su jefe de Armadyne, sino que jugó parte importante a la hora de hackear el sistema para garantizar la socialización de la salud antes secuestrada por la elite en Elysium.

Hablando de hackers, Mr. Robot (2015) le dice a Elliot Alderson algo como «Solo estás viendo lo que hay delante de ti. No estás viendo lo que hay encima de ti”, creo que eso le pasa a Luigi y a quienes reivindican el asesinato del Ceo, así nada más. No ven encima, ni debajo, ni a los lados. Sin embargo, no es del todo su culpa.

Aunque Luigi no alcanza a caber por completo en ninguna de las dos categorías de héroes pop masculinos solitarios, a pesar de saber y de usar ropa de diseñador como Bruce Wayne y de asesinar al Ceo de una gran compañía como lo hizo Da Costa, no logra encajar, pero eso no significa que estemos ante la emergencia de una nueva categoría, sino la misma pero en modo centenial.

Luigi es un nativo digital, hipersocializado en y por las redes sociales, en una sociedad que lleva 40 años en medio del neoliberalismo y cuyos héroes más relevantes son faros del individualismo y el statu quo, acérrimos defensores del sistema pero intolerantes de los ladrones de bancos. El guapo Mangione es un fiel representante de esta época, con intuiciones sin elaborar, que, tal vez quiso hacer la diferencia en un sistema en el que ya está agotada la chaqueta Levis que llevaba mientras se escondía, y que aumentó la venta de la percha que llevó para la imputación de cargos.

Hasta hace unos días la consigna que acompañaba a Luigi era sobre la vaca para pagarle un abogado defensor, por fin es #FreeLuigi, porque en eso también se ve el síntoma de esta época, pero bueno, Luigi nos puso a hablar de nuevo del derecho a la salud y ahora está en la cancha gringa politizar esa rabia, también organizarse, movilizarse y luchar para activar el modo sentimiento de clase (algo que aquí en Colombia nos ha hecho falta a la hora de respaldar con vehemencia la reforma a la salud). A propósito, el filósofo italiano Franco Berardi publicó el 14 de diciembre en un texto del que rescato esta frase “Pero no la llaméis lucha de clases, porque el odio al amo no es lucha de clases sin amistad, sin complicidad, sin un proyecto colectivo de emancipación”.

Luigi importa, exigir su libertad importa, así sea desde la lejanía y la tendencia en redes, importa porque manifiesta el hastío hacia una expresión del actual sistema, pero también manifiesta la forma arquetípica de ese hastío, por lo menos en la versión gringa: una forma individual, de llanero solitario, en un lugar de enunciación de privilegio. Hablar de Luigi es clave para poner en el ruedo que los cambios son y serán en colectivo.  

Por si no lo han leído, comparto el manifiesto de Luigi, pero antes vale la pena recordar al lindo de Gramsci: ‎«Instrúyanse, porque necesitaremos de toda nuestra inteligencia; conmuévanse, porque necesitaremos todo nuestro entusiasmo; organícense, porque necesitaremos de toda nuestra fuerza».

“Francamente, estos parásitos simplemente se lo merecían. Un recordatorio: Estados Unidos tiene el sistema de salud número uno más caro del mundo, pero ocupamos aproximadamente el puesto número 42 en esperanza de vida. United es la empresa [indescifrable] más grande de Estados Unidos por capitalización de mercado, solo detrás de Apple, Google, Walmart. Ha crecido y crecido, pero ¿a medida que nuestra esperanza de vida? No, la realidad es que estos [indescifrable] simplemente se han vuelto demasiado poderosos y continúan abusando de nuestro país para obtener enormes ganancias porque el público estadounidense les ha permitido salirse con la suya. 
Obviamente, el problema es más complejo, pero no tengo espacio y, francamente, no pretendo ser la persona más calificada para exponer el argumento completo. Pero muchos han sacado a la luz la corrupción y la codicia (por ejemplo, Rosenthal, Moore) hace décadas y los problemas simplemente siguen existiendo. No es una cuestión de conciencia en este momento, sino claramente juegos de poder en juego. Evidentemente, soy el primero en enfrentarlo con una honestidad tan brutal”.

Abajo el capitalismo y felices fiestas.
#FreeLuigi

“Yo quiero pegar un grito y no me dejan”: Hansel, Gretel y Achille Mbembe

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“¿Cómo me compongo yo si vivo triste? ¿Cómo me compongo yo? me duele el alma”. Tan sabio el viejo Buitrago cuando compuso ese temón. Lo pongo a todo taco después de llegar a casa tras a una jornada larga de trabajo, después de haberme levantado muy temprano antes de que saliera del todo el sol y volver al hogar cuando de solecito no queda nada, y de mí queda también más poquito. 

En el cuento alemán de Hansel y Gretel, el hermano mayor dejaba migas de pan mientras caminaban para poder volver a casa con vida. Hoy me miré al espejo de mi sitio de trabajo y me vi con cara de zombi. Había dormido bien la noche anterior, pero tenía tremenda cara de cansada. Pensé: yo también estoy buscando mi camino a casa todos los días mientras trabajo, pero en lugar de dejar migas de pan para no olvidarlo, voy dejando pedazos de mí en este espacio de producción, pedazos de mi cuerpo cansado, pedazos de mi alegría, trocitos de mi motivación por un camino que antes veía lleno de árboles y pajaritos pero que ahora solo veo cada vez más desértico: el camino de trabajar menos y descansar más. 

Pensando en cuentos infantiles y en zombis, volvió a mi mente el historiador camerunés Achille Mbembe, quien inicia su ensayo de 2006 titulado “Necropolítica” con la frase: “la expresión ultima de la soberanía reside ampliamente en el poder y la capacidad de decidir quién puede vivir y quién debe morir” (p. 19). Después de conversar con la noción foucaultiana del biopoder, que como su forma de nombrar lo indica, tiene que ver con el dominio que ejerce el poder sobre la vida, plantea el lugar de la muerte como economía dentro de una red de poder difuso que trasciende lo estatal. La necropolítica da cuenta de la reificación de la vida en el capitalismo donde “hacer morir y dejar vivir” aparece como premisa.

Según la definición básica de ese montón de hombres viejos y blancos que configuran la RAE, el cansancio es hacer que disminuya la fuerza o la resistencia de algo o alguien. Con claras diferencias de privilegio, hay unos cansancios más mortales que otros, pero mi foco aquí no es ese, mi punto es que el trabajo cansa, como lo decimos frecuentemente en esta revista, y el cansancio mata. 

El tiempo neoliberal que habitamos no se detiene al imponernos únicamente la hiperproductividad como estilo de vida, la velocidad como tiempo de la vida y el consumo como propósito de la vida, sino que además nos va matando de a poco, nos hace morir de cansancio, y lo peor de todo es que intenta convencernos de que ese cansancio es bueno. ¿Ha escuchado usted la frase “me siento cansado, pero es un cansancio del bueno”, haciendo referencia a una jornada muy productiva? A menos que alguien se refiera a una jornada de intensivo roce genital, de un largo día de contemplación o de cualquier actividad no laboral, por favor hágale ver a su amigue que esa frase es una gono, que ningún cansancio producto del trabajo puede ser bueno. 

En mi trabajo como profe hay momentos brutales y hermosos. Nos reímos un montón, hablamos de memes, nos contamos historias y chismes, se nos sale una que otra lagrimita y aprendemos resto de estar juntes. Disfruto muchas veces de la compañía de lxs estudiantes, pero ¿para qué quiero mentir? Me canso, me canso mucho y yo no quiero vivir para siempre así. Dicen que Confucio alguna vez dijo (porque toda frase parece que fue de ese cucho): “Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida”, y si lo tuviera al frente yo le diría: Papi, trabajo es trabajo, por algo me pagan, así algunas cosas me gusten. 

Con el paso del tiempo mi cuerpo cambia, y esto no solo se debe a que voy envejeciendo, sino que su cercanía con la muerte se alimenta de las extensas jornadas laborales. Mi espalda se desgasta más rápido, mis ojos ven menos, tengo menos tiempo y energía para ejercitarme, así como para cocinarme comida más o menos sana, lo que hace que mi colon se inflame. Me duele la cabeza todos los días y estoy empezando a padecer el síndrome del túnel carpiano. No puedo dormir del todo bien porque hasta en sueños trabajo. Mi cuerpo se siente asfixiado, ansioso, estresado y triste con frecuencia. 

Yo quiero pegar un grito y no me dejan, entre el grito y mi cuerpo cansado hay una distancia cada vez más irreconciliable. Imponer a los cuerpos el cansancio cotidiano es otra de las expresiones de este tiempo necropolítico, donde a fin de año nos venden la idea de los paseos de trabajo, las jornadas de bienestar y el bailoteo empresarial como las recompensas ante hacerlo todo muy bien, cuando en realidad es la pequeña ficción de pausa para aceitar la máquina e incentivar una mayor producción para el próximo ciclo laboral que está por empezar.

¿Quién me devuelve los pedacitos de mi vida, mi cuerpo y mi energía que voy dejando en el camino? ¿quién me quita para siempre este cansancio? ¿quién me devuelve el sentido de la vida más allá de tener un trabajo? ¿cómo me compongo yo en el día de hoy? ¿cómo me compongo yo en el día de mañana? Dejando pedacitos de mí por el camino me voy desapareciendo, pero tranqui, “son para gozarlas estas navidades, porque el año que viene se acaban los pesares”. 

Referencias

Mbembe, A. (2011). Necropolítica. Santa Cruz de Tenerife: Editorial Melusina. 

Oficinista antichévere

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Cada vez que llega una festividad, o una celebración, un grupo de entusiastas empieza a recorrer los pasillos de la oficina. A paso lento y con esperanza en su mirada, van puesto por puesto pidiendo un aporte. Mi ceño se empieza a fruncir. Las letras de punk antisistema que suenan en mis audífonos se conjugan con el paisaje y la escena. A veces puedo escapar de la situación, pero este no es uno de esos días ¿Por qué debo aportar $100.000 o más para las novenas? ¿Por qué hay que aportar para la decoración de navidad, o de Halloween, o de amor y amistad? 

Soy un opositor declarado de la explotación y la autoexplotación laboral, pero también del trabajo mediocre. Trabajar honestamente, con rigor y disciplina, es un principio de solidaridad para no recargar laboralmente a un colega. La crítica a la explotación no se solventa trabajando sin rigor para que otra persona termine asumiendo otras tareas. Teniendo esto en claro me pregunto ¿Por qué si ya vendo, con rigor y disciplina, mi fuerza de trabajo, debo además entregar de mi salario a las dinámicas del círculo vicioso del mundo laboral?

Hace unos años, las empresas, las entidades, y en general las organizaciones, proporcionaban ciertos elementos como incentivo a las y los trabajadores. En la actualidad estos incentivos van en retroceso, en el mundo laboral neoliberal, los trabajadores tienen que proporcionar también los incentivos para sus compañeras y compañeros. 

En la modalidad contratista, las horas de explotación se extienden. Algunos memes lo recrean perfectamente cuando dicen: a veces siento que solo voy a mi casa de visita, porque prácticamente todo el día se va en el trabajo. 

Se podría decir que, dado que tantas horas de nuestra socialización se ocupan en el entorno laboral, entonces tiene sentido impulsar espacios comunes que, justamente, cambien la rutina. La cuestión es que vienen a ser espacios que se desarrollan dentro de la misma frontera física y mental del trabajo, que refuerzan con recursos propios, del propio trabajador, el ambiente de trabajo. 

No se trata de una vaca para compartir un momento con compañeras y compañeros de la oficina en un escenario distinto, de soltar, de relajarse, sino de una institucionalización de prácticas cotidianas que se hacen en paralelo al estrés laboral. Es decir: ese compartir no viene a alivianar la dinámica de trabajo, fuera de la frontera laboral, sino en paralelo e incluso en detrimento de las demás tareas que se tengan —en medio de posibles tensiones e hipocresías—, con los recursos provenientes del producto de la venta de la fuerza de trabajo.  

En un k drama (o drama koreano) del 2022 llamado «Mi diario liberación» refleja un escenario frecuente en el país asiático: expresa lo señalado arriba pero llevado al absurdo. En la empresa las y los trabajadores deben tener salidas obligatorias con sus colegas y además gestionar obligatoriamente, por su propia cuenta, espacios de bienestar —fuera de las horas laborales— con otros colegas en salidas para jugar bolos o ir a karaokes. Uno de los componentes de la serie se centra en tres personajes que deciden agruparse para no hablar, hablar sobre cosas sencillas y profundas, y escribir un diario sobre su rutina, su diario de liberación. Terminan haciendo una suerte de resistencia pasiva a la imposición de un falso bienestar. 

Con la serie queda la pregunta si esa práctica obligatoria se va a replicar en más países en un horizonte en el que el trabajo capitalista sigue subsumiendo cada vez más el supuesto tiempo libre y de ocio. 

Frente a estas actividades, que en el país no son obligatorias pero si coactivas, solo puedo decir: no me interesa ser el oficinista chévere que permite que su salario se desangre con actividades laborales. Soy y seré el oficinista antichevere.

La K-política y los K-dramas

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Por supuesto, también veo series coreanas y no se trata de un gusto culposo. Las disfruto y voy por el mundo recomendándolas, al final del artículo dejo una humilde lista de las que me han cautivado. En términos generales, es posible decir que buena parte de las novelas coreanas trivializan la desigualdad, venden la idea de la meritocracia; insisten en la existencia de movilidad social gracias al trabajo duro, el sacrificio o casarse con un millonario o millonaria; nos hacen creer que usar Chanel es normal; y todo el mundo tiene celulares que ni siquiera han llegado a Colombia. 

Esta sociedad conservadora, machista, arribista y cruel que le rinde culto a la explotación laboral, la autoexplotación, al servicio militar y a los poderosos, se esconde detrás de buenas producciones y de la protección de Estados Unidos.

Lo curioso es que en las series que he visto existen algunos vacíos temporales. Está el orgullo de Joseon, luego la ocupación de Japón, y se saltan los gobiernos antidemocráticos y conservadores, como los de Syngman Rhee, Park Chung-hee,Chun Doo-hwan entre 1953 y 1987, para luego, limitarse a retratar la cotidianidad coreana desde los noventas. De pronto es porque no he navegado con suficiente juicio el mundo de los K-dramas.

Parece que las novelas históricas tienen un papel educativo y nostálgico. Reivindican un pasado con castas, con una monarquía parásita y torpe, sin que se nombren protestas que implicaran cambios significativos, como, por ejemplo, la de los estudiantes en 1960 que consiguió tumbar a un presidente. Es como si esa época dorada fuera su expectativa cultural, pero ahora reproducida en los chaebols o los grandes conglomerados empresariales.

En Regreso al Futuro I (1985), después de que Marty McFly interpreta magistralmente la guitarra eléctrica en 1955, dice: «Creo que ustedes aún no están listos para esto, pero a sus hijos les fascinará», eso en términos de Mark Fisher se puede entender como shock frente al futuro. Si el protagonista de una de las series sobre Joseon viajara en el tiempo a la actual Corea del sur, se sorprendería por los avances tecnológicos, pero encontraría casi intacto el modelo de monarquía con la concentración política y económica de los chaebols, no habría shock. 

Mark Fisher también dice, “La lenta cancelación del futuro ha sido acompañada por una deflación de las expectativas” (2018). Este proceso se puede rastrear a los tiempos del Usamgik, o también conocido como el Gobierno militar del ejército de los Estados Unidos en Corea entre 1945 y 1948. Desde entonces, el anticomunismo ha sido política de Estado, con medidas antidemocráticas, como la masacre de Jeju: “en 1948, el Gobierno de Rhee desató una masacre en la que entre 30.000 y 100.000 militantes comunistas, anarquistas y sindicalistas fueron asesinados” (García Granado, 2024), o la masacre de Gwangju en 1980. Desde entonces, cada gobierno se ha dedicado a aplastar otras alternativas, tanto así que, en 2014, fue disuelto el Partido Progresista Unificado por distanciarse de la derecha, mientras esta sigue concentrando capital y poder político en cinco chaebols.

El cambio de un gobierno a otro es básicamente un ejercicio nominal, las elecciones son entre una derecha y otra derecha, ambas apoyadas por Estados Unidos. El reciente golpe de Estado de Yoon Suk Yeol no fue ‘duramente’ recriminado por Biden, puede ser en parte, porque en junio ambos países llegaron a un acuerdo “para la disuasión nuclear y las operaciones nucleares en la península de Corea por el Departamento de Defensa de Estados Unidos y el Ministerio de Defensa Nacional de la República de Corea” (Anadolu, 2024).

En medio de una crisis de legitimidad y gobernabilidad, el presidente Yoon Suk-yeol (un outsider que ha sido comparado con Trump) decretó ley marcial, según él, para “eliminar los elementos subversivos de Corea del Norte en el país y proteger la Constitución”, un autogolpe que apela a esa nostalgia castrense del siglo XX. Mientras tanto, después del fracaso del autogolpe, Lee Jae-myung opositor, también de derecha, llama a la ciudadanía a movilizarse para garantizar el orden establecido, sin salirse del margen de acción de una y otra derecha.

Por ahora, mientras las derechas se pelean, queda esperar que la ciudadanía siga tomándose las calles, como lo hizo en 2018 y 2019, pero ya no para exigir renuncias de figuras públicas, sino para reconstruir las alternativas políticas que históricamente han sido perseguidas.

Estaré pendiente de lo que pasa en Corea, de Kim Seon-ho, Jo Seung-woo, Jung Hae-in, Jo In-sung, Nam Joo-hyuk y Kim Tae-ri. Como dije al iniciar, Corea del Sur se caracteriza por hacerle el juego a Estados Unidos, pero también por sus buenas producciones, aquí recomiendo algunas.

Dramas históricos

Es obligatorio ver los de la dinastía Joseon, especialmente, los que rompen con los estereotipos de género, como ‘El afecto del rey’ (2021) o ‘Cautivar a un rey’ (2024), en ambos casos, se trata de un rey que siente atracción por figuras masculinas encarnadas por mujeres, algo parecido a lo que ocurría entre Ping y Li Shang (Mulán, 1998). Para hablar sobre la lucha por la independencia de Corea contra Japón, Rusia y Estados Unidos, está ‘Mr. Sunshine’ (2018), que además tiene acción, persecuciones, galanes y romance; sobre el dominio japonés en Corea recomiendo ‘El monstruo de la vieja Seúl’ (2023); para hablar sobre la guerra fría y la búsqueda de superhumanos pueden ver ‘Moving’ (2023).

Servicio militar

Si quiere ver una serie con crítica matizada al servicio militar obligatorio y el conflicto de las dos Coreas, ‘Aterrizaje de emergencia en tu corazón’ (2019) es una elección aceptable; pero si lo que busca es una crítica fuerte al servicio militar, entonces toca: ‘D.P’ (2021).

Corrupción

Para abordar la relación entre el crímen organizado y la policía están ‘Mi nombre’ (2021); Stranger (2017); o Detective de sombras (2022) que pone sobre la mesa cómo la policía le es funcional a los grandes conglomerados y sus cuotas políticas.

Romance

Sin lugar a dudas, la mejor es ‘21/25’ (2022) que además de situaciones adolescentes graciosas, muestra los efectos de la crisis económica del FMI en 1997; ‘El amor es como el cha cha chá’ (2021), de manera ingenua propone una vida sin el afán del consumismo, como inspirada en Biun Chul Han, pero no problematiza absolutamente nada; el machismo en Shin, abogado de divorcios (2023); o Bajo la lluvia (2018) que además, tiene como banda sonora ‘Save the last dance for me’ interpretada por Bruce Willis (1989).

Ciencia ficción

El caballero negro (2023) se desarrolla en un futuro distópico, tiene muy buenas peleas y un final bastante regular; Estamos muertos (2022) es una serie sobre zombies, casi tan buena como Estación Zombie (2016).

Sistema educativo

Curso intensivo de amor (2023) critica el sistema educativo, la competencia y el estrés en el colegio; al igual que Aquel verano inolvidable (2022) y el Club de Mamás (2022); por su parte, Jerarquía (2024) y La Vengadora (2022) se concentran en el matoneo.

¿Qué otras series recomiendan?

¿Natilla o prozac?

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Hace un buen tiempo, recuerdo estas festividades navideñas, con la trillada de maíz para hacer natilla. Una, dos, tres molidas para que la harina quedara perfecta en su proceso de dilución con la panela. Obviamente, todo acompañado del consumo de un buen aguardiente y la música que no puede faltar. A este respecto, Guillermo Buitrago, interpretando las tonadas del compositor Buenaventura Díaz Ospino, sentaba muy bien. Un Grito Vagabundo, ha sido uno de los himnos decembrinos en nuestro país por antonomasia. ¿Genera nostalgia? ¿Nos deprime? Quizás un poco. 

Aquellos fantasmas de las navidades pasadas, nos vienen a aterrar por un momento en estas épocas. La letra de Díaz Ospino, en la voz de Buitrago se entona con las líneas: “¿cómo me compongo yo en el día de hoy? ¿cómo me compongo yo en el de mañana? ¿cómo me compongo yo si vivo triste? ¿cómo me compongo yo? Me duele el alma” (Díaz Ospino). Una lírica bastante deprimente, y aún más cuando llega a su catarsis, al Buitrago entonar: “Yo quiero pegar un grito y no me dejan / Yo quiero pegar un grito vagabundo / Yo quiero decirte adiós, adiós mi vida / Yo quiero decirte adiós desde este mundo” (Díaz Ospino). Una sombría tonada que nos recuerda la fragilidad de nuestra condición y el inventario emocional que hacemos cada año.

Además, es nuestro deber moral recordar que una composición antisistema como la de Buenaventura Díaz Ospino, fue censurada en el gobierno de Laureano Gómez. Hecho por demás lamentable, que nos actualiza en esta práctica recurrente de restringir la libre expresión en nuestro terruño. Independientemente de la violencia bipartidista, que consolidó a los liberales como promotores de la canción con fines violentos ¿Quién diría que esta melodiosa trova, directamente relacionada con fiesta y gratos momentos se consolida desde una de las letras más lúgubres? 

El arte como elemento transgresor, siempre servirá como vehículo de denuncia cuando interpreta realidades. Pegar un grito vagabundo, captura el espíritu de la época del autor y su intérprete. Los dilemas políticos y la censura, se magnificaban en una sociedad conservadora que circunscribía incluso, lo más individual de las emociones.

 Tal como lo planteara Camus en El Mito de Sísifo: “No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar si la vida vale o no vale la pena de vivirla es responder a la pregunta fundamental de la filosofía. Las demás, si el mundo tiene tres dimensiones, si el espíritu tiene nueve o doce categorías, vienen a continuación. Se trata de juegos; primeramente, hay que responder. Y si es cierto, como pretende Nietzsche, que un filósofo, para ser estimable, debe predicar con el ejemplo, se advierte la importancia de esa respuesta, puesto que va a preceder al gesto definitivo. Se trata de evidencias perceptibles para el corazón, pero que se debe profundizar a fin de hacerlas claras para el espíritu” (Camus 5). Buenaventura en su composición, alcanza el cuestionamiento de Camus. ¿Merece la pena apegarse a esta existencia? ¿No es el Grito Vagabundo uno de los mayores hitos existenciales en el folklore colombiano?

La censura siempre ha funcionado como el Prozac gubernamental. Normalicemos a nuestros congéneres para evitar explosiones emocionales. Recordemos que toda revolución comienza con la expresión estética y simbólica. Guillermo Buitrago, con la letra de Díaz Ospino, cual Bardo de Ciénaga Magdalena, ha configurado el arquetipo de la fiesta y la emocionalidad nacional. Como toda tradición mitológica, Un Grito Vagabundo, se ha escuchado ceremonialmente en nuestro contexto. 

Un trozo de natilla, un buñuelo o un aguardiente navideño, no serían parte del ritual si su música, en algún momento de la noche, no hace parte del telón de fondo. Como diría el poema del gran Baudelaire: “Hay que estar siempre ebrio. Todo se reduce a eso; es la única cuestión. Para no sentir el horrible peso del Tiempo, que os destroza los hombros doblegándoos hacia el suelo, debéis embriagaros sin cesar. Pero, ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, como os plazca. Pero embriagaos” (Baudelaire). 

Los artistas, Don Ventu, como cariñosamente le decían a Buenaventura y Guillermo Buitrago, superaron el peso del tiempo y se eternizaron en nuestra memoria. El eco de su grito retumba en esta temporada como nunca. Retomando a Camus, “Como las grandes obras, los sentimientos profundos declaran siempre más de lo que dicen conscientemente. La constancia de un movimiento o de una repulsión en un alma se vuelve a encontrar en los hábitos de hacer o de pensar y tiene consecuencias que el alma misma ignora. Los grandes sentimientos pasean consigo su universo, espléndido o miserable. Iluminan con su pasión un mundo exclusivo en el que vuelven a encontrar su clima” (Camus 8).

Ni toda la censura, echó al olvido la composición de Díaz Ospino, y menos logró opacar la voz de Buitrago. Privatizar y normalizar las emociones, siempre será el mayor fracaso de las virtudes fachas. Los individuos respiramos arte y literatura. Sería imposible negar que estamos forjados por relatos, el lenguaje nos atraviesa y nos convierte en seres simbólicos. Nos arropamos con aquella colcha de retazos que han constituido nuestras experiencias. Quizá el ritual de la música y la bebida nos devuelve al origen, aquellas navidades pasadas donde la ternura del mito nos arropaba en las noches. 

El choque artístico es la rebeldía de los sentidos, el cuestionamiento de los valores vitales y del estado. Citando nuevamente a Camus, “Esta rebelión da su precio a la vida. Extendida a lo largo de toda una existencia, le restituye su grandeza. Para un hombre sin anteojeras no hay espectáculo más bello que el de la inteligencia en lucha con una realidad que la supera. El espectáculo del orgullo humano es inigualable” (Camus 29).

¿Natilla o prozac? Una pregunta y una elección que no debería ser compleja para aquellos espíritus libres. Recibamos estas épocas de consumo desbordado, sin amilanar nuestro espíritu de rebeldía, conciencia de clase y mucho menos racionalidad ideológica. Bailemos y embriaguémonos. Entonemos fuertemente nuestro grito, y sin temor cantemos: “Yo quiero pegar un grito y no me dejan / Yo quiero pegar un grito vagabundo / Yo quiero pegar un grito y no me dejan / Yo quiero pegar un grito vagabundo / Yo quiero decirte adiós, adiós mi vida / Yo quiero decirte adiós, desde este mundo”.  

REFERENCIAS

  • Camus, Albert (1985). El Mito de Sísifo. Editorial Losada, Buenos Aires

¿Qué es Rumanía y por qué la paz europea depende de sus resultados presidenciales?

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Opinión de: Luisa Choachí

Cualquier persona con acceso a internet probablemente esté al tanto de la delicada situación geopolítica actual, en la que Rusia, la Unión Europea y Estados Unidos son los protagonistas. Por ello, en este artículo quiero hablarles de un país que suele pasar desapercibido pero que, en este momento, tiene en sus manos el futuro de Europa: Rumanía.

Ubicada en el este de Europa, con fronteras directas con Ucrania y Moldavia, Rumanía ha sido uno de los países de primera línea de la OTAN en este crucial momento para Europa. A pesar de que es más conocida por sus leyendas de terror, como Drácula o los hombres lobo, hoy vive una ola de protestas masivas iniciadas por estudiantes que claman evitar una nueva dictadura.

Aunque Rumanía nunca fue parte de la Unión Soviética, estuvo bajo su influencia como estado satélite desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Esto llevó al establecimiento de un régimen comunista que alcanzó su mayor represión durante la dictadura de Nicolae Ceaușescu. Su mandato terminó el 22 de diciembre de 1989 tras una revolución que marcó el inicio del camino hacia la democracia, un logro que ahora parece estar en peligro.

En medio de las tensiones entre la Unión Europea y Rusia, Rumanía atraviesa unas elecciones presidenciales decisivas. La primera vuelta se celebró el 24 de noviembre de 2024 y la segunda está prevista para el 8 de diciembre. Estas elecciones, ignoradas por muchos, son cruciales para el equilibrio geopolítico europeo. Los dos candidatos en la segunda vuelta son Călin Georgescu, un político de extrema derecha y pro-ruso conocido por sus ideas machistas, fascistas y autoritarias, y Elena Lasconi, una reformista pro-Unión Europea con un enfoque europeo y modernizador.

¿Quién es Călin Georgescu y por qué su candidatura ha desatado protestas masivas?

Georgescu se ha identificado como ultranacionalista y conservador. Durante su campaña, ha elogiado a Putin, ha propuesto sacar a Rumanía de la Unión Europea y la OTAN, y ha prometido retirar el apoyo de su país a Ucrania en la guerra contra Rusia. Además, ha hecho declaraciones misóginas, afirmando que las mujeres «están hechas para parir, no para liderar». Su retórica homofóbica incluye planes para adoptar políticas anti-LGBT similares a las rusas.

La ubicación estratégica de Rumanía, justo frente al conflicto en Ucrania, convierte estas elecciones en una batalla simbólica entre Europa y Rusia, con una clara ventaja para Moscú si Georgescu resulta electo.

El peligro de un nuevo autoritarismo

El gobierno rumano ha acusado a Rusia y China de desinformación y sabotaje electoral, destacando el uso de TikTok por parte de Georgescu como una de las principales plataformas de su campaña. Aunque no está prohibido usar TikTok en las elecciones de este país, su potencial para manipular algoritmos y difundir desinformación ha generado controversia. Las autoridades rumanas señalan que el contenido de Georgescu ha recibido un impulso inexplicable, mientras que el de otros candidatos tuvo un alcance limitado. A pesar de que TikTok ha negado las acusaciones, las sospechas de interferencia extranjera, especialmente por parte de Rusia y China, persisten, subrayando el creciente impacto de las redes sociales en los procesos democráticos.

Tanto la Unión Europea como la OTAN, junto a millones de ciudadanos rumanos, temen el surgimiento de un régimen autoritario que, aunque ideológicamente distinto al comunismo del pasado, podría llevar a la pérdida de libertades y derechos civiles, como ocurrió bajo la dictadura de Nicolae Ceaușescu. El historiador Liviu Zgârciu, declaró en CNN Rumanía: «Sufrimiento y muerte para muchos rumanos. Eso fue el comunismo y el fascismo. Hoy, sus seguidores intentan regresar».

Aunque Georgescu se ha declarado abiertamente pro-ruso, Nicolae Ceaușescu es erróneamente relacionado con Rusia únicamente por haber sido un dictador comunista. Sin embargo, existe una diferencia clave: Ceaușescu mantuvo una política independiente de la Unión Soviética y nunca se declaró pro-ruso, mientras que Georgescu ha adoptado una postura explícitamente pro-rusa y de extrema derecha. Mientras que el comunismo promovía una política colectivista y basada en la lucha de clases, el enfoque de Georgescu es ultranacionalista y autoritario, con influencias cercanas al fascismo y una retórica marcadamente antidemocrática.

Lecciones de Moldavia y el futuro de rumania

El gobierno rumano ha solicitado al Consejo Supremo de Justicia analizar los riesgos para la seguridad nacional derivados de posibles interferencias rusas. Situaciones similares se han vivido en Moldavia, donde las elecciones presidenciales recientes enfrentaron a un candidato pro-ruso y otro pro-europeo, resultando vencedora la opción europea, pese a los intentos de sabotaje ruso.

Las elecciones presidenciales en Rumanía son cruciales para su futuro y el equilibrio geopolítico de Europa. La disputa entre un candidato pro-ruso y uno pro-europeo refleja una lucha por el rumbo del país en un momento de creciente tensión con Rusia. El resultado de estos comicios no solo definirá el destino de Rumanía, sino que también tendrá un impacto directo en la estabilidad de la región y la preservación de los valores democráticos en Europa.

Con Guillermo Elvencio Ruiz en la memoria y el M-19 en nuestros corazones

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Si mal no recuerdo era Civilización 6, un libro gris azulado con la foto de una pirámide en la portada. Esa noche, como todas, mi mamá nos enjalmó en la cama y metió los extremos de las cobijas bajo el colchón para que no nos cayéramos, pero hubo algo que hizo que esa noche no fuera como todas. Antes de que el sueño llegara, mi hermana mayor, heredera oficial de Civilización 6, le preguntó a mi mamá por una foto que aparecía en el libro y que la profesora en la clase había pasado por alto: era la foto de Carlos Pizarro.

Esa noche fue la primera vez que escuché del M19, fue el inicio de mi enamoramiento por su historia y especialmente por mi familia. Fue el momento en el que supe que era hija del EME. 

Esa noche se fue asomando detrás de un telón azul, blanco y rojo, la historia del M y la relación de mi familia con este movimiento. Fui recreando escenas en mi cabeza, que bien podrían haber codirigido Costa Gavras y Brian de Palma. Se fue formando una película en la que mi tío era protagonista y cantaba lo mejor de Sandro mientras era torturado en las caballerizas del ejército; en la que mi abuela, con el corazón destrozado, como los brazos de mi tío, iba a recogerlo a la cárcel cuando quedó en “libertad”; una película en la que mi mamá, con sus ojos claros y tacones altos, le preguntó a la policía por una dirección mientras cargaba un bolso lleno de armas. 

En esta película, basada en hechos reales, también había villanos, y estaban en el poder. Entrenaban caballos para arrancar orejas, perros para violar, mataban bebés de inanición, traumatizaban niños.

Crecí fascinada con la campaña ¿Parásitos, gusanos? espere… M19, aterrada con lo que venía después del golpe de puerta y grito ¡Policía judicial!, y sintiendo profunda admiración y respeto por Augusto Lara, un periodista aventurero con gafas de carey, traje y pipa; y Heliodoro Arguello, un sastre que le dio a la costura otro significado, uno familiar en el que el amor por los otros, por una idea, es primero.

Detrás de cada anécdota narrada por mi mamá, leída en libros como La Ballena azul o Siembra vientos, ese sentimiento por el M se iba fortaleciendo en medio de un revoltijo de frustración, dolor, amor, admiración, que casi siempre terminaba, y termina, con una sensación de quemadura en la nariz y vacío en el pecho. Un carro varado con la Espada de Bolívar dentro, camiones de leche robados para barrios populares, 5000 armas sacadas del Cantón norte. Historias de acción y comedia, de costura, ausencias, y certezas: eso fue y es el M-19.

En la mañana del 4 de diciembre salió a la luz el descubrimiento de los restos, en una fosa común, de Guillermo Elvencio Ruiz, asesinado durante la Retoma al Palacio de justicia. Un hallazgo con el que, una vez más, se cuestiona el relato hegemónico sobre la toma, y se evidencia la relación entre los grandes narcos de los 80’s con la oligarquía y el establecimiento. El presidente Gustavo Petro escribió en X un muy emotivo mensaje en el que no solo resalta la fuerza de Elvencio Ruiz, su secuestro y tortura por el MAS, sino la imprescindible digna sepultura de esta emblemática figura del M19:

“Buscamos su familia para recibir los restos del que hasta ayer, estaba aún desaparecido. Sino se encuentran, le solicito a los excombatientes del M19 organizarse para darle sepultura al que fue fiel a su consigna ¡Vencer o morir!”

Hoy, con esta revelación que trae de vuelta a todos los fantasmas del M, no queda más que recordarles y continuar sobre el camino que avanzaron, no queda más que agradecer sus acciones y trabajar porque sus ideas prevalezcan hasta vencer o morir.

En medio de las anécdotas que llegan de nuevo, recuerdo una frase que leí de Bateman, de  su discurso en la VIII Conferencia del M: “¡Adelante!, siempre que quede uno del M 19, quedará la esperanza de la lucha. Siempre que quede uno dispuesto a levantar esas banderas que son las banderas de la dignidad de nuestro pueblo, no seremos derrotados ¡Nunca!.”