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Bueno para nada, de Mark Fisher

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Comparto mis propias experiencias de sufrimiento psíquico no porque crea que haya algo especial o único en ellas, sino para apoyar la afirmación de que muchas formas de depresión son mejor entendidas –y mejor combatidas– a través de marcos que son impersonales y políticos más que individuales y “psicológicos”.

He sufrido intermitentemente de depresión desde que era un adolescente. Algunos de estos episodios fueron sumamente agotadores y acabaron en autolesiones, periodos de abstinencia (en los que podía pasar meses en mi propia habitación, solo aventurándome a salir para cobrar el seguro de desempleo o comprar las mínimas cantidades de comida que consumía) y estancias en clínicas psiquiátricas. No diría que estoy recuperado de esa condición, pero me complace decir que la frecuencia y la severidad de los episodios depresivos han disminuido enormemente en los últimos años. En parte, como consecuencia de algunos cambios en mi situación personal, pero también porque he llegado a tener un entendimiento diferente de mi depresión y de sus causas. Comparto mis propias experiencias de sufrimiento psíquico no porque crea que haya algo especial o único en ellas, sino para apoyar la afirmación de que muchas formas de depresión son mejor entendidas –y mejor combatidas– a través de marcos que son impersonales y políticos más que individuales y “psicológicos”.

Escribir sobre la propia depresión es difícil. La depresión está en parte constituida por una desdeñosa voz “interior” que te acusa de autoindulgencia –no estás deprimido, solamente te estás lamentando de ti mismo, debes tranquilizarte–; y esa voz tiende a despertarse cuando se hace pública la condición. Por supuesto, no se trata para nada de una voz “interior”: es la expresión internalizada de fuerzas sociales reales, algunas de las cuales tienen un interés particular en negar cualquier conexión entre depresión y política.

Mi depresión siempre estuvo vinculada a la convicción de que yo era literalmente bueno para nada.

Mi depresión siempre estuvo vinculada a la convicción de que yo era literalmente bueno para nada. Pasé la mayor parte de mi vida, hasta los treinta años, creyendo que nunca iba a trabajar. A los veinte, anduve a la deriva entre los estudios de posgrado, los períodos de desempleo y los trabajos temporales. En cada uno de esos roles, sentí la misma falta de pertenencia: como universitario, porque era un diletante que en cierto modo había falsifcado su camino, no un académico con todas las letras; como desempleado, porque realmente no estaba desempleado como aquellos que honestamente buscaban trabajo; como empleado temporal, porque sentía que me desempeñaba incompetentemente y, en cualquier caso, porque tampoco pertenecía realmente a esas oficinas o fábricas, no porque fuera “demasiado bueno” para ellas, sino –al contrario– porque era sobreeducado e inservible, y ocupaba el puesto de alguien que lo necesitaba y lo merecía más que yo. Incluso cuando estaba en las clínicas psiquiátricas, sentía que realmente no estaba deprimido: solamente estaba simulando la condición para evitar trabajar o, en la infernalmente paradójica lógica de la depresión, la simulaba para ocultar el hecho de que era incapaz de trabajar y de que no había ningún lugar para mí en la sociedad.

No se trata de que estos modelos sean enteramente falsos, sino de que le escapan –y deben escaparle– a la causa más probable de esos sentimientos de inferioridad: el poder social.

Cuando eventualmente obtuve un trabajo como profesor en un centro de formación profesional, estuve eufórico por un tiempo; pero por su misma naturaleza, esa euforia mostraba que no me había sacado de encima los sentimientos de futilidad que pronto conducirían a nuevos períodos de depresión. Carecía de la calma confianza de quien ha nacido para ocupar un rol. En un nivel no demasiado profundo, evidentemente todavía no creía ser el tipo de persona que pudiera tener un trabajo como profesor. ¿Pero de dónde provino esa creencia? La escuela de pensamiento dominante en psiquiatría ubica los orígenes de esas “creencias” en fallos en la química del cerebro, que tienen que ser corregidos con medicamentos; como es sabido, el psicoanálisis y el resto de las terapias infuenciadas por él buscan las raíces del sufrimiento psíquico en el trasfondo familiar; mientras que las terapias cognitivas están menos interesadas en localizar el origen de las creencias negativas que en simplemente reemplazarlas por un conjunto de historias positivas. No se trata de que estos modelos sean enteramente falsos, sino de que le escapan –y deben escaparle– a la causa más probable de esos sentimientos de inferioridad: el poder social. La forma de poder social que más me afectó fue el poder de clase, aunque por supuesto el género, la raza y otras formas de opresión producen la misma sensación de inferioridad ontológica, expresada con exactitud en el pensamiento que articulé más arriba: yo no soy ese tipo de persona que desempeña roles destinados al grupo dominante.

A instancias de uno de los lectores de mi libro Realismo capitalista, comencé a investigar la obra de David Smail. Smail –un terapeuta que plantea centralmente la cuestión del poder– confirmó las hipótesis sobre la depresión con las que me había tropezado. En su esencial libro The Origins of Unhappiness [Los orígenes de la infelicidad], Smail describe el modo en que las marcas de clase están diseñadas para ser indelebles. Para aquellos a los que desde la cuna se les enseña a pensarse a sí mismos como inferiores, la adquisición de califcaciones o riqueza raramente será sufciente para borrar –sea en sus mentes o en las mentes de los demás– la sensación primordial de inutilidad que los ha marcado desde su más temprana edad. Alguien que se mueve fuera de la esfera social que “se supone” debe ocupar siempre corre peligro de sufrir sentimientos de vértigo, pánico y horror: “Aislado, desconectado, rodeado por un espacio hostil, repentinamente te encuentras sin conexiones, sin estabilidad, sin nada a lo que aferrarte para mantenerte erguido o en tu lugar; una vertiginosa y nauseabunda no-realidad toma posesión de ti; te ves amenazado por una completa pérdida de identidad, una sensación de absoluta fraudulencia; no tienes ningún derecho a estar aquí, ahora, en este cuerpo, vestido de ese modo; eres una nada, y ser ‘nada’ es casi literalmente lo que sientes que será tu destino”.

Desde hace algún tiempo, una de las tácticas más exitosas de la clase dominante ha sido la responsabilización. Cada uno de los miembros de la clase subordinada es empujado a creer que la pobreza, la falta de oportunidades o el desempleo son solo culpa suya, y de nadie más.

Desde hace algún tiempo, una de las tácticas más exitosas de la clase dominante ha sido la responsabilización. Cada uno de los miembros de la clase subordinada es empujado a creer que la pobreza, la falta de oportunidades o el desempleo son solo culpa suya, y de nadie más. Los individuos se culparán a sí mismos más que a las estructuras sociales, que igualmente han sido inducidos a creer que realmente no existen (solo son excusas esgrimidas por los débiles). Lo que Smail llama “voluntarismo mágico” –la creencia de que está en manos de cada individuo la posibilidad de ser lo que quiera– es la ideología dominante y la religión no-oficial de la sociedad capitalista contemporánea, impulsada por los “expertos” de los realities y los gurús corporativos, así como también por los políticos. El voluntarismo mágico es tanto un efecto como una causa del histórico bajo nivel de conciencia de clase actual. Es la otra cara de la depresión, cuya convicción subyacente es que somos los únicos responsables de nuestra propia miseria y que, por lo tanto, la merecemos. Una doble exigencia particularmente despiadada es impuesta hoy sobre los desempleados estructurales en el Reino Unido: a una población a la que durante toda su vida se le ha dado el mensaje de que es inútil, ahora se le dice que puede hacer cualquier cosa que desee.

Una doble exigencia particularmente despiadada es impuesta hoy sobre los desempleados estructurales en el Reino Unido: a una población a la que durante toda su vida se le ha dado el mensaje de que es inútil, ahora se le dice que puede hacer cualquier cosa que desee.

Debemos entender la resignada obediencia de la población del Reino Unido al mandato de austeridad como la consecuencia de una depresión deliberadamente cultivada. Esta depresión se manifesta en la aceptación de que las cosas empeorarán (para todos excepto para una pequeña elite), de que tenemos suerte por el mero hecho de tener un trabajo (así que no tenemos que esperar salarios que le sigan el paso a la infación), de que no podemos permitirnos la contención colectiva del Estado de bienestar. La depresión colectiva es el resultado del proyecto de resubordinación de la clase dirigente. Desde hace un tiempo, cada vez aceptamos más la idea de que no somos el tipo de personas que pueden actuar. No se trata de una falla de la voluntad, así como tampoco una persona deprimida puede simplemente “sentirse bien” y cambiar de actitud. La reconstrucción de la conciencia de clase es en efecto una tarea formidable, que no puede ser lograda a través de soluciones existentes; pero, a pesar de lo que nos dice nuestra depresión colectiva, puede ser puesta en marcha. Inventar nuevas formas de involucramiento político, revivir las instituciones que se han vuelto decadentes, convertir la desafección privatizada en ira politizada: todo esto puede hacerse, y una vez que ocurra, ¿quién sabe qué es posible?

Propaganda, bulos, «Fake News» y posverdad

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Una invención ajustada para cazadores de views, likes y todo tipo de interacciones del mass media.

Una noticia es una construcción discursiva basada en un hecho real, dada su naturaleza narrativa puede presentarse ante los ojos del lector a través de un sinfín de alusiones imagenológicas. Claro está, todas ellas deberían ceñirse a la autenticidad del acontecimiento como premisa integral del periodismo, pese a ser no más que una pretensión olvidada en el imaginario actual de escritores(as) y editores(as), nos enfrentamos a la turbulenta oleada de la historia soñada. Una invención ajustada para cazadores de views, likes y todo tipo de interacciones del mass media.

Aunque dicho fenómeno no gestó los bulos «Fake News», podemos encontrarlos en cada periodo de la Historia desde la Antigüedad como las denuncias realizadas por Sócrates hacia los sofistas griegos por recorrer los pueblos de Hélade divulgando mentiras, en la Edad Media a través de las falsificaciones de bulas papales, en la Edad Moderna con la difusión de la segunda parte de El Quijote por Alonso Fernández de Avellaneda y por último la Edad Contemporánea donde la invasión alienígena ha sido una idea recalcitrante desde que Orson Wells la propagó en 1983 en medios radiales[1].

Si bien las Fakes News son tan viejas como la historia de la humanidad ¿qué las hace tan peligrosas en la actualidad?

Si bien las Fakes News son tan viejas como la historia de la humanidad ¿qué las hace tan peligrosas en la actualidad? Su problema reside en el régimen de impacto del subconsciente colectivo y velocidad de propagación. Se trata pues de un torbellino propagandístico que devasta y condena a la sociedad al cúmulo de adeptos frenéticos de la fast information.

Noticias crudas, viscerales, fabricadas en las cloacas de los principales diarios del país, cuyo objetivo consiste en influir en la opinión pública, posicionar un discurso emotivo a través del miedo, la indignación, la repulsión y el desprestigio. Elementos clave en la manipulación mediática y responsables de la violencia política aun latente, por ejemplo, en las grandes refinerías de crudo —y no me refiero al petróleo— se destilan titulares febriles y artificiosos como “Exguerrillero o Ingeniero” o  “Petro se viste de Dictador”.

Elementos clave en la manipulación mediática y responsables de la violencia política aun latente, por ejemplo, en las grandes refinerías de crudo —y no me refiero al petróleo— se destilan titulares febriles y artificiosos como “Exguerrillero o Ingeniero” o  “Petro se viste de Dictador”.

Aquel pseudoperiodismo fabrica a diario historias a modo de commodities cuidadosamente diseñados para incrustarse en la mente de cada individuo, su estrategia consiste en tres pilares inmiscibles que garantizan la reproducción de las experiencias particulares como discursos aceptables en el marco de la posverdad. Cada relato se torna veraz porque atiende al papel del sujeto en sociedad, la construcción de la memoria y su rol como ciudadano.

No se quede con el titular, lea, pregunte antes de compartir, no sea otra victima más de las Fake News.

Sin más preámbulo los dadores de experiencias hacen uso del tiempo de residencia de las ideas, el sitio activo de las creencias del individuo y el complejo emoción-reacción, dicha triada garantiza la legitimación de sus discursos. Siendo esto un efecto imaginativo y de credibilidad variable, detonante de la falsa sensación de consenso y la generación de sesgos de confirmación[2], no queda otra alternativa más que detenerse constantemente a cuestionar las historias consumidas por nuestra sociedad de interpretaciones. La cuestión es ¿creer o no?, la próxima vez que usted se tope con una noticia pregúntese ¿qué medio la construyó?, ¿qué fuentes utiliza y argumentos presenta? ¿a quién o quiénes beneficia la divulgación de esta información? No se quede con el titular, lea, pregunte antes de compartir, no sea otra victima más de las Fake News.

Por Rosa Camila Parra Mora. Me declaro payanesa de corazón, 26 años, Ingeniería Química de la Universidad Nacional de Colombia y actual estudiante del programa de Historia en la Universidad de Caldas. Realizo fotografía documental, si bien el patriotismo no va conmigo mi patria son mis hermanas(os) que están labrando la tierra, soy fiel y critica lectora. Mis redes son Twitter: @Ingrcparram, Instagram: @Ingrcparram.


[1] Véase Salas Abad, C. (2019). La primera «fake news» de la historia. Historia y Comunicación Social, 24(2), 411-431. https://doi.org/10.5209/hics.66268

[2] Véase Elías, C. (2018). Fakenews, poder y periodismo en la era de la posverdad y ‘hechos alternativos’. Ámbitos. Revista Internacional de Comunicación, 40, 19-24. https://doi.org/10.12795/Ambitos.2018.i40.04

Ya llega… ¡la hora estudiantil!

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“El cielo está limpio como si no debiera nada.
La paloma es su único hueso.
Leo perfectamente el siglo, el viento
y en esta dimensión se transparenta
la revolución a que estamos invitados,
y que no se pronuncia tal vez por no ahogarla”.

Fragmento de “Los anuncios”, del poeta colombiano Luis Vidales.

El poeta del porvenir, como alguna vez Porfirio Barba Jacob calificó a Luis Vidales, escribió sus más bellos versos, inmortalizados en elogios a la superación del orden de todo lo existente, para augurar el futuro que le está reservado al rebelde y fogoso estudiantado de Colombia: el de la revolución estudiantil.

Han ascendido, desde 1918, los fragorosos vientos del estudiantado del Cono Sur, aquellos que inspiraron a Deodoro Roca, y a las masas estudiantiles de la Universidad Nacional de Córdoba para escribir el Manifiesto Liminar, un documento hito para la historia de las reivindicaciones del movimiento estudiantil en Latinoamérica y en el mundo.

Al calor de la reciente Revolución Rusa (1917), de las injerencias imperiales del Norte y su consecuente reacción antiimperialista, del compromiso con su momento histórico y de la consciencia de clase que tendría como posterior exponente a Mariátegui y a su ilustre revista Amauta, se concibió aquella hazaña de Reforma Universitaria que inauguró la senda que habrían de recorrer, y siguen recorriendo, los y las estudiantes del continente. Ya fuesen cubanos, uruguayos, mexicanos, chilenos o colombianos, todos se avivaron al son de las nuevas consignas que cantaba, entre gritos de júbilo y protesta, la juventud americana, aquella que incesantemente reafirma que es su hora, la hora estudiantil.

¿Qué significa, para el estudiantado colombiano, que haya llegado la hora estudiantil? Significa que es el momento, condicionado por la incomparable coyuntura histórica que afrontamos, de enarbolar en alto las banderas que hemos legado de nuestras y nuestros compañeros. El movimiento estudiantil no va solo: va sobre hombros de gigantes. Representamos la contundencia y rebeldía de quienes nos han precedido en el ajetreado campo de batalla de las luchas estudiantiles: desde la incipiente Federación Nacional de Estudiantes (FNE – 1922-1930), pasando por la fervorosa Federación Universitaria Nacional (FUN – 1963-1966), hasta la eclosión de las recientes integraciones gremiales en la MANE (2011-2015)[1] y la UNEES (2018). La convergencia de estas organizaciones y coordinadoras gremiales, buscando la consolidación de los reclamos y derechos estudiantiles, ha derivado en la creación de brújulas para direccionar la lucha, como los Programas Mínimos (como el del paro estudiantil de 1971, instado por la Univalle; o el programa construido por la MANE) y los pliegos de exigencias inmediatas.

Ahora, cuando el movimiento estudiantil experimenta una suerte de quietismo pospandemia, y que el Gobierno del Cambio exhorta al estudiantado a deliberar sobre un potencial proyecto de reforma a la Ley 30 de 1992 (la que regula la Educación Superior), es más importante que nunca aplicar tres tácticas de oro: ilustrarnos, para conocer el recorrido histórico del movimiento y sus necesidades actuales; agitarnos, para vencer la perturbación del adormecimiento, instando a la consciencia —de sí— del estudiantado; y organizarnos, para fortalecer la unidad sobre lo fundamental y lograr una acción contundente e imparable por parte de las masas estudiantiles.

El próximo Encuentro Nacional de Estudiantes de Educación Superior (ENEES), que a fecha de hoy está preparándose por el estudiantado, ha de estar a la altura de nuestros tiempos. No puede ceder ante el afán o la premura, pero tampoco dar prevalencia a una paciencia silenciosa, como si se quisiera no ahogar la potencial reforma. Ya hemos aprendido, lastimosamente a sangre y fuego, de lo que estamos hechos como estudiantes, y ello significa que no podemos claudicar de nuestras exigencias, ni tampoco conformarnos con migajas insustanciales y veleidosas.

¡Que esta hora que llega, la hora estudiantil, anunciada con estrépito desde hace más de un siglo, glorifique y enaltezca a nuestros muertos, y dignifique al estudiantado que no se rinde en la lucha por una educación como bien común y al servicio del pueblo!


[1] Consúltese: Archila, Mauricio (2012). «El movimiento estudiantil en Colombia, una mirada histórica» en OSAL (Buenos Aires: CLACSO) Año XIII, N° 31, mayo.

Dylan Sánchez Giraldo. Estudiante de Derecho. Representante estudiantil al Consejo Académico de la Universidad de Caldas. Activista de la Federación Universitaria Nacional, FUN Comisiones MODEP. 
Twitter: @dyalectico.

Artículo enviado en el marco de la convocatoria ¡Publica en Hekatombe!

La hipocresía de la tecnocracia

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Cuando era muy chiquita veía Thundercats, una serie animada sobre unos felinos humanoides extraterrestres que tienen que huir de Thundera antes de que explote, para luego vivir en el Tercer Planeta. Allí serán liderados por un adolescente en el cuerpo de un adulto llamado León-O, que se encarga de proteger a sus amigos, a los nuevos vecinos y a la Espada del Augurio del malvado Munra y de los mutantes. Para hacerlo, León-O toma la espada, se pone el mango frente a los ojos y dice con firmeza: “¡Espada del augurio! ¡Muéstrame más allá de lo evidente!”.

El poder de la Espada del Augurio siempre me gustó y por eso busqué una espada que me ayudara a ver más allá de lo evidente, solo que por motivos de requisas y seguridad no me decidí por un arma cortopunzante, sino más bien, por un mix entre las ciencias sociales y la universidad de la vida

Últimamente he tenido pegada esa frase, tanto así que leyendo sobre lo que pasa en el país, creo que a los tecnócratas les faltó ver Thundercats, o si lo vieron, admiraban a los secuaces de Munra y celebraban el derroche de conservadurismo del antagonista: “Antiguos espíritus del mal ¡Transformen este cuerpo decadente en Munra, el inmortal!”. 

El poder de la Espada del Augurio siempre me gustó y por eso busqué una espada que me ayudara a ver más allá de lo evidente, solo que por motivos de requisas y seguridad no me decidí por un arma cortopunzante, sino más bien, por un mix entre las ciencias sociales y la universidad de la vida, que me sirve, por ejemplo, para saber que vivir en Bosa no es una aventura y que ganarse 700 lks mensuales no hace a alguien de clase media.

Por estos días dos representantes de la “tecnocracia” han dado de qué hablar, por una parte, Daniel Oviedo, economista y tecnócrata que, además es candidato a la alcaldía de Bogotá; y por otro, la representante de la Alianza Verde Catherine Juvinao. 

Bosa, la aventura

Daniel Oviedo se “aventuró” a vivir en la localidad de Bosa, después de que un influencer lo retara mientras recogía firmas frente a la Universidad Javeriana. Parece que para el candidato a la alcaldía, la pobreza es un estado mental y es resultado de la falta de esfuerzo, por eso asume como un juego vivir en Bosa y ve a sus nuevos vecinos como instrumentos para catapultar su candidatura. En fin, los tecnócratas creen que la política no tiene que ver con nada, ni con la pobreza, ni con la periferia, ni con el privilegio, sienten que son poseedores de una ética incorruptible, traman de rigurosos, y prácticamente levitan con términos como “inmersión urbanística”.

En fin, los tecnócratas creen que la política no tiene que ver con nada, ni con la pobreza, ni con la periferia, ni con el privilegio, sienten que son poseedores de una ética incorruptible, traman de rigurosos, y prácticamente levitan con términos como “inmersión urbanística”.

Se presentan como personas “expertas” en diferentes temas, por ejemplo, Enrique Peñalosa lo es en cuestiones urbanísticas y movilidad; Daniel Oviedo sabe echar números; Juanita Goebertus es una nerd; o Diego Laserna quien usa gafas, matonea y la verdad no sé en qué sea experto pero se las cree. Estas personas tienen algo en común, reniegan de la política aunque vivan de ella y son muy muy cercanas a las derechas, mientras disfrazan la verdad con frases como “ni de derecha, ni de izquierda” inserte aquí alguna bobada. 

Los tecnócratas se caracterizan por vender la idea de que los problemas de la ciudad no tienen nada que ver con decisiones relacionadas con la política, como si diera igual que la línea elevada del metro esté en el centro o sur de Bogotá, mientras que la subterránea esté en los barrios de la ‘gente de bien’, y camuflan esta construcción desigual del espacio con números, términos técnicos y planos, dando a entender que no existe ninguna relación con la forma en la que ven la desigualdad y la manera en la que habitan el territorio.

Dismorfia de clase

En una línea muy similar de esas interpretaciones acomodadas de la realidad, la representante Catherine Juvinao dijo en Twitter el 24 de junio: “Cerca del 30% de la población en Colombia es clase media, con ingresos desde $700.000 hasta $3.700.000 al mes. Es la verdadera clase trabajadora, que paga impuestos y sostiene parte importante de la economía. ¿Por qué el presidente les califica de arribistas? Injusto y peligroso”.

El trino es una respuesta al presidente por decir que fue la “clase media alta arribista” la que salió a protestar el pasado 20 de junio. La representante acudió a un dato del DANE para decir que Gustavo Petro nos estaba insultando. La verdad, es que no se necesita ser economista para saber que ganar 700 lks mensuales no hace a alguien de clase media, tampoco que ganarse 3 palos 700 sea sinónimo de clase media alta. Que el DANE lo diga no lo convierte en una verdad absoluta e irrefutable.

Ahora, decir que la clase media es la verdadera clase trabajadora es una afirmación compleja. Para no ir muy lejos, muchas de las mujeres que se dedican a trabajar en el hogar seguramente ganan menos de 700 lks mensuales, las personas que se dedican a las ventas informales en las calles, quienes sobreviven con emprendimientos que apenas dan para pagar algunos servicios, también juegan un papel importante en la economía. Como dice la representante, es injusto y peligroso que lance esas afirmaciones tan descuidadas que se podrían pasar por alto si ella siguiera siendo activista o influencer.

Como dice la representante, es injusto y peligroso que lance esas afirmaciones tan descuidadas que se podrían pasar por alto si ella siguiera siendo activista o influencer.

Entonces, leyendo el trino de Catherine Juvinao y viendo más allá de lo evidente, resulta que cuando hay gobiernos como a los que estamos acostumbradas en Colombia, la clase media alta de verdad, la que tiene capital económico, simbólico, social y cultural, se asusta porque nota que eso que les hace diferentes de los sectores empobrecidos, y les acerca a los ricos se empieza a desvanecer. Dice Álvaro García Linera, siguiendo a Thomas Piketty

“Por eso cuando el ‘proceso de cambio’ introduce otros mecanismos colectivos de intermediación eficiente hacia el Estado, las certezas seculares del mundo de la clase media tradicional se conmocionan y escandalizan. La alcurnia, la blanquitud y la logia, incluidas su retórica y su estética, son expulsadas por el vínculo sindical y colectivo. Las grandes decisiones de inversión, las medidas públicas importantes y las leyes relevantes ya no se resuelven en el tennis club con gente de sweaters blancos, sino en atestadas sedes sindicales frente a manojos de hojas de coca”.

Algunas personas de clase media y clase media alta —las de verdad no las del DANE—, creen que por defender a los ricos, por obra y gracia del espíritu santo, se van a despertar un día y de la nada tendrán el mismo capital económico, simbólico, social, cultural y serán tranquilamente aceptados por esa clase a la que añoran pertenecer. A esas personas se les conoce coloquialmente como “arribistas”, sin embargo, considero que el término que mejor les describe es “dismorfia de clase”, es decir, una imagen distorsionada de la clase a la que pertenecen.

Para terminar, no es la primera vez que Juvinao tiene este tipo de salidas, por ejemplo, durante el estallido social, insistió hasta el cansancio que estábamos ad portas de una guerra civil y ponía en el mismo nivel a la fuerza pública y a los manifestantes; en otra oportunidad comparó a las personas que han fallecido por causa del conflicto armado, con las de accidentes de tránsito, diría mi abuela, “¿qué tiene que ver el caldo con las tajadas?”

Posdata: no confundamos el arribismo con la movilidad social. El arribismo es la identificación con una clase que no es la propia y el rechazo cultural de la clase a la que se pertenece; mientras que la movilidad social es la aspiración por la mejora de las condiciones económicas. 

Posdata 2: procuremos tener siempre a la mano una Espada del Augurio para meterle mente a la vida, no copiar de visajes y no votar por tecnócratas hipócritas y desconectados de las mayorías.

Cosas que mantienen humilde al periodismo colombiano. Un día en el Festival Gabo

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El sábado estuve en el Festival Gabo con dos amigas periodistas, asistimos a varias conferencias, discutimos sobre los temas que fueron presentados y disfrutamos del toke de Edson Velandia y Adriana Lizcano. Les comparto un balance del día:

Para ser sincera, fue la primera vez que entré al Gimnasio Moderno, algo curioso teniendo en cuenta que estudié a dos cuadras. Debo decir que es bien bonito, todo amplio, con zonas verdes y los edificios cuidados. Por supuesto, pensé que sería muy lindo que el Colegio Motorista en Bosa fuera igual, no un edificio estrecho lleno de escaleras por las que corren los niños de primaria, o el León de Greiff en Ciudad Bolívar, que tiene una zona verde chiquita y algunas materas con plantas que apenas sobreviven.

Ya entrando en materia, el evento fue la oportunidad para ver la soberbia y desconexión de cierto círculo de periodistas con el mundo real.

Su malestar no venía dado por el creciente posicionamiento de discursos de odio o por la desinformación, en realidad no estaba de acuerdo con la multiplicación de la opinión

1- Para arrancar nos encontramos con la preocupación de María Alejandra Villamizar —periodista en Caracol y columnista en El Espectador— referida a la proliferación de medios y columnas de opinión. Su malestar no venía dado por el creciente posicionamiento de discursos de odio o por la desinformación, en realidad no estaba de acuerdo con la multiplicación de la opinión porque para ella el género debería estar solo concentrado en los medios corporativos de comunicación. Básicamente ella creía en la privatización de la opinión, y es de las que piensa que ese formato es superior en los grandes medios.

A Maleja le va a dar un patatús cuando se enteré que hay medios alternativos e independientes de comunicación que tienen columnistas que escriben y hacen mejores análisis que ella, y no me imagino cómo se pondrá cuando sepa que las columnas no son privatizadas sino de libre acceso. ¿Será que la etiqueto para que se entere o la dejo tranquila? ¿Qué hacer? Diría Lenin.

¿Cómo le decimos a Yolanda que esa es una propuesta inviable y que hay poderes económicos e informativos que no le van a copiar a esa invitación que hace una periodista Colombiana?

2- En el mismo panel estaba Yolanda Ruíz —Co responsable del Consultorio Ético de la Fundación Gabo—. Para ella es necesario sentarse a hablar con las personas que crearon el algoritmo para que sea menos binario. ¿Cómo le decimos a Yolanda que esa es una propuesta inviable y que hay poderes económicos e informativos que no le van a copiar a esa invitación que hace una periodista Colombiana? Tan lindo ese mundo en el que viven, en el que los más poderosos se sientan, escuchan y ajustan sus negocios e intereses para atender a las solicitudes de una periodista liberal de clase media.

3- Luego estuvimos en un panel desorganizado en el que una periodista chilena respondía de manera pasivo-agresiva a las preguntas que le incomodaban. La verdad es que estuvo tan mal dirigido que ni vale la pena profundizar en él.

4- A la hora del receso hablamos con mis amigas sobre las conferencias y me contaron que el viernes estuvieron en la charla “Todxs en las historias: las fronteras de la narración” y que estuvo rebuena, les encantó, las exposiciones fueron claras, enriquecedoras, y sentí envidia.

Según me dijeron, todo iba bien, hasta que llegaron las preguntas del público y resulta que una periodista quedó con la siguiente duda: “¿Cómo llegar con humildad a cubrir a las comunidades trans?”, para acabar de completar, la inquietud se la transmitió a un hombre gay y no a la mujer trans que estaba junto a él. O sea ¿En serio?

a estas alturas del partido, una pregunta de este tipo es impresentable, y más si viene de una persona que se metió en el mundo del periodismo

Después de las risas nos preguntamos ¿Qué carajos escucha la gente?, cómo será esa burbuja en la que viven algunas personas como para no darse cuenta de todo lo que hay detrás de su pregunta. A María Antonieta se le podría pasar una afirmación así, ella no tenía que salir a recorrer las calles de París, ni veía noticias, ni series, pero a estas alturas del partido, una pregunta de este tipo es impresentable, y más si viene de una persona que se metió en el mundo del periodismo.

5- Luego nos sentamos en el pasto mientras empezaba el toke de Edson y Adriana. El cielo estaba azul, el ambiente era cálido, la gente tomaba y se reía, mientras nosotras nos reíamos de esas criaturas que estaban tan cómodas en sus burbujas, gente que no tienen interés en repensar nada y solo esperan que el mundo se acomode a sus necesidades y sesgos, mientras simulan entender lo que pasa afuera leyendo columnas de personas que no están afuera. Pero esa risita, la de ellos, no iba a durar.

esas criaturas que estaban tan cómodas en sus burbujas, gente que no tienen interés en repensar nada y solo esperan que el mundo se acomode a sus necesidades y sesgos

6- Lo mejor de la jornada fue escuchar a Adriana Lizcano y a Edson Velandia. Fueron a escupirle en la cara a quienes se creen dueños de la libertad de expresión, a patear la burbuja de este periodismo liberal perdido de todo. Fue una coreografía perfecta de golpes de realidad y letras incendiarias, eso que solo logra la rasqa. Le cantaron a Camilo Torres, hablaron sobre la pobreza, sobre el indio y la antropología, aplaudieron a los medios alternativos e independientes, nos hicieron saltar contra los infiltrados que quieren plagar la opinión pública de una falsa desesperanza, y el cierre fue hermoso.

En este punto considero importante hacer una aclaración. No es que el público fuera mayoritariamente rico con tres coladas: mis amigas y yo. Había algunos ricos y bastantes personas de clase media alta que se creen personas ricas.

Sigo con la historia. Con la última canción Adriana y Edson nos preguntaron: “¿Quién pierde la paz y la guerra?”, respondimos “nojotras”. Notamos cierta molestia, lo que nos llevó, ya no a cantar, sino a gritar “¿Qué será que los ricos quieren todo regala’o?”. Fue raro que esas personas que no son ricas nos miraran pensando que somos unas resentidas, y es que ni siquiera hicieron el amague de cantar o de bailar. Se comportaron como si las estuvieran insultando, y me pregunto si es porque se creen ricos o creen que al ofenderse se van a volver ricos, o si tienen algo así como dismorfia de clase… no sé. ¿Ustedes qué opinan?

Arena de la clase media ven a mi.

Para cerrar quedé con una duda. Resulta que la Fundación Gabo invitó a varios medios alternativos y comunitarios de diferentes regiones del país para ser capacitados sobre justicia transicional, algo que es muy importante y necesario, pero no vi en la programación del Festival Gabo a ninguna persona de medios alternativos de comunicación hablando sobre ningún tema. Me encontré con una colega que hace parte de uno de estos medios y le pregunté, resulta que ella tampoco vio ningún panel con medios alternativos de comunicación.

¿Los medios alternativos de comunicación solamente están para recibir capacitaciones y no para discutir sobre libertad de prensa, sobre otras formas de contar las historias, sobre periodismo de opinión o sobre periodismo investigativo?

La duda es: ¿Los medios alternativos de comunicación solamente están para recibir capacitaciones y no para discutir sobre libertad de prensa, sobre otras formas de contar las historias, sobre periodismo de opinión o sobre periodismo investigativo?, ¿esos temas son únicamente del dominio de los medios corporativos y de algunos medios independientes gomelos como La Silla Vacía?, ¿será por un tema de clase o de privilegio?, o como diría Espinoza Paz ¿será un olvido intencional?. Si acaso me equivoco y había un panel con medios alternativos ya sea porque consideran que es importante reconocer su trabajo o como una cuota más, me disculpo de antemano.

Cyberpunk bananero

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La obra Neuromante de William Gibson, se ha convertido en un referente obligado para aquellos que quieren distinguir algo de lo que fueron las raíces de la estética Cyberpunk. Como él mismo lo afirma, no fue sino hasta 1984 que percibió el impacto de su obra en los lectores,  desde su máximo esplendor narrativo. Aún hoy, aquel escenario delirante que ideo Gibson, bajo conceptos como el ciberespacio, los bares chat, los implantes corporales con propósitos no sólo funcionales, sino bellos; y más que nada, el tráfico y monopolio de la información por parte de las mega corporaciones, que devoran recursos y almas, sigue siendo un tema actual que va adquiriendo, cada vez más, tintes de realidad pesadillezca en nuestra sociedad globalizada.

Aún hoy, aquel escenario delirante que ideo Gibson, bajo conceptos como el ciberespacio, los bares chat, los implantes corporales con propósitos no sólo funcionales, sino bellos; y más que nada, el tráfico y monopolio de la información por parte de las mega corporaciones, que devoran recursos y almas, sigue siendo un tema actual

Ejemplifiquemos un poco este último aspecto, recordando algo de su obra Neuromante: “Case tenía veinticuatro años. A los veintidós había sido vaquero, un cuatrero, uno de los más destacados del Ensanche (…) enchufado en un equipo personalizado de ciberespacio que proyectaba su presencia incorpórea en esa alucinación consensuada llamada matriz. Era un ladrón que trabajaba para otros ladrones más ricos (…) abrir las ventanas de los fértiles campos de datos era su labor”. Ahora bien, este fragmento nos encuadra un poco en el escenario ideal del Cyberpunk, la información manipulable como fuente fundamental de las mega corporaciones y los cuatreros o piratas informáticos como personajes visibles de dicho escenario.

Si bien lo más notorio de esta estética se ha apreciado en las marcadas descripciones, tanto de los espacios, así como del retrato de los personajes, no es para nada desdeñable, el hecho fundamental que los argumentos cardinales de sus más grandes obras y exponentes, persiguen la denuncia del abuso de poder, la construcción de realidades y el tráfico de información, así como los más grandes deseos elitistas de extender sus riquezas en el tiempo y la geografía. Desde ¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas?, El Informe de La Minoría, Ghost In The Shell, Neuromante, hasta Matrix, revelan en su contenido cómo una sociedad avocada a los intereses capitalistas más rapaces, ponen en crisis el entramado social e incluso la propia humanidad.

revelan en su contenido cómo una sociedad avocada a los intereses capitalistas más rapaces, ponen en crisis el entramado social e incluso la propia humanidad.

Ahora bien, en nuestra República Bananera, término acuñado por el escritor O. Henry, con el cual se identifican países tercermundistas como Colombia, hablar de una estética cyberpunk, o más que eso, una posible pesadilla cyberpunk, en todos sus ejes sociales, científicos y tecnológicos, es algo quizá remoto, dada la pobre inversión que se ejecuta en dichos frentes. La realidad de nuestra nación se ha visto avocada al manejo retrógrado y feudal, que incluso arruinaría los posibles envites de una catástrofe o un escenario dominado por la tecnología y las inteligencias artificiales. Pero, ¿Podría afirmarse que dichos escenarios que generan paranoia en teóricos y que han recreado grandes obras literarias, cine y video juegos, son eventualidades exclusivas de países desarrollados? ¿Ni a eso se haría merecedora una sociedad como la colombiana, dada su precarización científica y tecnológica?

Es sólo dar un vistazo al patio trasero, a los países en subdesarrollo. Nuestra realidad mediática como el remedo y la simulación de banderas consumistas y neoliberales.

En nuestro país el acceso a la tecnología aún está ligado a un discurso económico y excluyente, pero no por ello podríamos afirmar que el acercamiento es exageradamente limitado. Por otro lado, al retomar las ideas introductorias del texto, a razón de la monopolización y tráfico de información, el escenario podría ser cambiante. Los monopolios colombianos se han hecho a la mayor cantidad de medios informativos con el firme propósito de construir noticias y narrativas, que saquen avante la ideología neoliberal, instaurada en el contexto nacional. Al mejor estilo orwelliano, en su gran obra 1984, han impulsado una negación histórica (acuñando el concepto de Orwell en su obra), con el firme propósito de controlar el favorecimiento popular. Recordemos cómo lo establece Orwell: ¨El partido os decía que negaseis la evidencia de vuestros ojos y oídos. Ésta era su orden esencial. El corazón de Winston se encogió al pensar en el enorme poder que tenía enfrente, la facilidad con que cualquier intelectual del partido lo vencería en su dialéctica, los sutiles argumentos que él nunca podría entender y menos contestar” (Orwell 78).

Los monopolios colombianos se han hecho a la mayor cantidad de medios informativos con el firme propósito de construir noticias y narrativas, que saquen avante la ideología neoliberal, instaurada en el contexto nacional.

Reconstruir continuamente los hechos ha sido una constante tanto para los medios, así como para un grueso de los partidos políticos colombianos. Si bien hoy en día hablar de un panóptico puede llegar a ser algo cuestionable en vista de los deseos de exhibición informativa, tal y como lo establece el filósofo Byung-Chul Han, “A diferencia del régimen de la disciplina, no se explotan cuerpos y energías, sino información y datos”. Nuestro Cyberpunk bananero, coincide con la manipulación mediática. El apocalipsis radica en la explosión informativa, la postverdad y la reconstrucción histórica como mecanismo de manipulación.

Los conglomerados económicos, como pulpos extendiendo tentáculos informativos para confundir y controlar la población.

El derrumbe social colombiano, no se fundamentaría en la pesadilla científico-tecnológica, más si en la crisis informativa. Fácilmente imaginamos a muchos de nuestros políticos y periodistas como inteligencias artificiales reproduciendo un discurso virulento y expansionista. Los conglomerados económicos, como pulpos extendiendo tentáculos informativos para confundir y controlar la población. Citando una vez más a Han en su obra Infocracia: “Se ha demostrado que la democracia en tiempo real, con la que se soñó en los primeros tiempos de la digitalización como la democracia del futuro, es una completa ilusión. Los enjambres digitales no forman un colectivo responsable y políticamente activo. Los followers, los nuevos súbditos de los medios sociales, se dejan amaestrar por sus inteligentes influencers para convertirse en ganado consumista” (Han 44).

No hace falta que un robot venga del futuro para asesinarnos o que las inteligencias artificiales se rebelen a sus creadores de primer mundo. Es sólo dar un vistazo al patio trasero, a los países en subdesarrollo. Nuestra realidad mediática como el remedo y la simulación de banderas consumistas y neoliberales. Como nos lo manifiesta Baudrillard “El simulacro no es lo que oculta la verdad. Es la verdad la que oculta que no hay verdad. El simulacro es verdadero”.

Referencias

Han, Byung-Chul (2022) Infocracia. Barcelona. Pengüin Random House

Orwell, George (2012) 1984. Bogotá. Ediciones Destino

Gibson, William (2021) Neuromante. Barcelona. Editorial Planeta

Baudrillard, Jean (1978) Cultura y Simulacro. México. Editorial Kairos

Por Santiago Pérez García. De la ciudad de Medellín. Docente. Su Instagram es: santiagoperezgarcia80

Buenas noticias para el país 29-06-2023

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Editorial Revista Hekatombe

Desde la Revista Hekatombe hemos notado en conversaciones cotidianas, que muchas personas se están quedando con escándalos e información tergiversada, perdiendo de vista algunas de las cosas buenas que están pasando en el país.

En términos de alcance parece que es más potente caer en la dinámica de lo inmediato y del escándalo, sin embargo, para este medio lo importante es ver más allá de las cortinas de humo, pillar si el gobierno del cambio si está cumpliendo, o si es más de lo mismo.

Aquí les dejamos algunas noticias que se apartan de la agenda de los medios corporativos, se trata de buenas noticias para el país y de malas noticias para el 1%.

La pasión del fútbol es el gol

Seremos la sede de la Copa Mundial Femenina sub 20 de la FIFA en 2024.

Ahora el país esta a la espera de las sedes para las 16 selecciones que disputarán la Copa entre el 5 y el 22 de septiembre del próximo año.

Para sembrar la paz hay que aflojar la tierra

El presidente Gustavo Petro después de reunirse con su homólogo Emmanuel Macron, anunció que Francia apoyará la reforma agraria, con donaciones, no con créditos.

“Francia aportaría para la reforma agraria. Ese es el acuerdo. Ellos (el gobierno francés) acogen la propuesta mía, para la financiación de la reforma agraria, como el principal hecho de cooperación con Colombia. Básicamente son recursos de donación, no estamos hablando de créditos”: Gustavo Petro.

La reforma agraria es fundamental para la justicia en el campo y es el eje central para la paz.

Verdad para que haya justicia

La Jurisdicción Especial para la Paz imputó a cuatro coroneles, dos mayores, tres suboficiales y un soldado profesional por su participación en el asesinato y desaparición de personas en Dabeiba, Antioquia entre 2002 y 2006.

Ocho de ellos aceptaron su responsabilidad y ratificaron su compromiso con las víctimas.

De acuerdo con la JEP: «Tres patrones criminales, de acuerdo con la evidencia judicial documentada por la JEP, fueron caracterizados en la investigación: presión por resultados, homicidios por resultados de personas ajenas al territorio y desapariciones forzadas en cementerios».

Por su parte, el Centro Democrático calificó los Falsos Positivos en Dabeiba como Fake News.

¡Ahí están, esos son, los que roban la nación!

La Corte Suprema de Justicia abrió investigación contra el Senador por el Centro Democrático, Ciro Alejandro Ramírez Cortés:

#SalaDeInstrucción abre investigación contra senador @CiroARamirez por concierto para delinquir, tráfico de influencias, cohecho y contrato sin requisitos legales. Investiga presunta intervención indebida en contratos de Tolima y Quindío, en hechos relacionados con Mario Castaño.

Cabe recordar que el ex senador por el Partido Liberal, Mario Alberto Castaño, fue condenado por la Sala de Primera Instancia por corrupción en contratación por la Corte Suprema.

El gobierno nacional se encuentra en La Guajira

Entre los anuncios hechos por parte del gobierno nacional en La Guajira, se encuentran:

  • 3.300 computadores para escuelas
  • Fortalecimiento del hospital de Nazareth con equipos médicos para que atiendan a la población en sus casas.
  • Primera Universidad Indígena Wayuu
  • Instalación de 1.618 paneles solares y 930 baterías, en el marco de la Transición Energética Justa.
  • Restauración de 24 mil hectáreas de los parques nacionales de Macuira y Bahía Portete Kaurrele.

Love is love

La presidencia se suma al mes del orgullo resignificando el escudo de Colombia. Es la primera vez que desde el mismísimo Palacio de Nariño se conmemora con toda esta fecha.

Según la cuenta de la presidencia: «Hoy celebramos la diversidad y el derecho de millones a amar y ser libremente».

Los cuatro pilares de la estrategia opositora para golpear al gobierno del cambio

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En ese espacio de orfandad estratégica de las fuerzas de derecha, se fortaleció la popularidad del gobierno, se implementaron algunas medidas importantes y adquirieron una posición favorable algunos símbolos de la propuesta del cambio. 

Hace un año, luego del triunfo electoral del gobierno del cambio, presenciamos el tránsito de aquellos que siempre han gobernado el país, hacia el antes menospreciado lugar de la oposición. Aturdidos por la derrota, los sectores históricamente dominantes pasaron los primeros meses tras la toma de posesión presidencial intentando encontrar una estrategia común para enfrentar al gobierno. En ese espacio de orfandad estratégica de las fuerzas de derecha, se fortaleció la popularidad del gobierno, se implementaron algunas medidas importantes y adquirieron una posición favorable algunos símbolos de la propuesta del cambio. 

La escasa cohesión de los partidos tradicionales acostumbrados a unirse entorno a la repartición del botín burocrático, la diversidad de opiniones entre aquellos que aspiraban a convertirse en voceros críticos del gobierno y la baja participación en las convocatorias a la movilización callejera marcaron el desarrollo de la contradicción entre la oposición y el gobierno durante los meses transcurridos entre junio y diciembre de 2022.

Estas cuatro líneas de acción, cada vez mejor coordinadas, buscan poner a la defensiva al gobierno para desgastarlo, aislarlo de la mayoría que lo eligió y, en últimas, inmovilizarlo para que no cambie nada o, en caso de persistir en la idea de cambiar el país, derribarlo.

El inicio del trámite parlamentario de reformas a la salud y al trabajo, que amenazan con tocar poderosísimos intereses de las élites, en conjunción con algunos errores del gobierno hábilmente capitalizados por los medios de comunicación, ofrecieron un terreno fértil al proceso de reconfiguración de la estrategia opositora, constituida por cuatro pilares que aquí analizamos: el mediático, el institucional, la calle y el boicot parlamentario. Estas cuatro líneas de acción, cada vez mejor coordinadas, buscan poner a la defensiva al gobierno para desgastarlo, aislarlo de la mayoría que lo eligió y, en últimas, inmovilizarlo para que no cambie nada o, en caso de persistir en la idea de cambiar el país, derribarlo. En cualquier caso, estamos ante las maniobras de una oposición que, a diferencia de los primeros meses del gobierno, cuenta con una estrategia que ha puesto en marcha para preparar su retorno a posiciones de mando en las instituciones del Estado.

El poder mediático

Un ejército de plumas, micrófonos y pantallas se ha alzado para fabricar y magnificar escándalos casi diarios que enlodan al gobierno y a sus funcionarios

Controlado por grandes grupos empresariales que se encuentran fuertemente vinculados a partidos políticos tradicionales y valores derechistas, ha sido el principal puntal de la acción de la oposición. Un ejército de plumas, micrófonos y pantallas se ha alzado para fabricar y magnificar escándalos casi diarios que enlodan al gobierno y a sus funcionarios, al tiempo que desarrollan un cubrimiento malintencionado de todas las actuaciones del presidente y su equipo. Ya sea sembrando interrogantes sobre asuntos que nunca antes contaron con el “ojo vigilante” de la prensa, como los costos del combustible del avión en el que la vicepresidenta hizo un viaje oficial al continente africano, o directamente falseando titulares para contribuir a ampliar la atmósfera de desprestigio del gobierno, como vimos esta semana en el caso de una entrevista al afamado jugador de fútbol James Rodríguez, que según parecía también estaba «cuestionando el gobierno de Petro». James no dice nada en el desarrollo de la entrevista que permita concluir semejante cosa, pero la verdad a los altavoces de la derecha les importa poco.

Guerra institucional

varias instituciones del Estado permanecen en manos de exfuncionarios o amigos reconocidos del expresidente Duque, que en la actual coyuntura han convertido sus cargos en verdaderas trincheras opositoras en nombre de la lucha contra la corrupción y la separación de poderes

Al tiempo, varias instituciones del Estado permanecen en manos de exfuncionarios o amigos reconocidos del expresidente Duque, que en la actual coyuntura han convertido sus cargos en verdaderas trincheras opositoras en nombre de la lucha contra la corrupción y la separación de poderes. Tal es el caso de la Procuraduría General, que ha abierto investigaciones a personas cercanas al gobierno en tiempo récord, y el de la Fiscalía, que ha mostrado ser muy rápida y diligente para llamar a declarar personas o emitir órdenes de allanamiento de edificios gubernamentales con el fin de alimentar el escándalo mediático del polígrafo. Sin embargo, como era de esperarse, ha sido muy lenta para dictaminar la causa de la muerte del coronel Dávila, de quien no pocos periodistas y opinadores de derecha alcanzaron a sugerir que había sido asesinado por el gobierno para silenciarlo. Esta tesis, machacada hasta el cansancio por el poder mediático, contó con la lentitud y silencio de la Fiscalía, que solo hasta hace pocas horas se pronunció para confirmar que el dictamen técnico permite concluir que el coronel Dávila se suicidó, como desde el comienzo sostuvo el gobierno.

Movilización callejera

muchas de las consignas que se coreaban el 20 de junio eran para respaldar a periodistas de derechas y a los medios hegemónicos, o para replicar en pancartas sus narrativas más agresivas.

La movilización callejera no ha sido esquiva a la acción de las derechas en momentos específicos de la vida nacional, y es previsible que gane importancia en el futuro inmediato. Podemos recordar, en el pasado reciente, las movilizaciones del 2008 que apuntalaron el discurso anti-FARC del gobierno uribista, las marchas contra la llamada «ideología de género» en 2016 que sirvieron al uribismo para alimentar lateralmente el sentimiento de rechazo al plebiscito de ratificación de los acuerdos de paz, y las marchas del 20 de junio de 2023 que evidencian la creciente capacidad que han ganado las derechas colombianas para movilizar a su base social.

Si algo tienen en común todas estas movilizaciones, además de la agenda conservadora que defendían, es su indiscutible vinculación con productos mediáticos. El auge de los grupos de Facebook en el 2008, las cadenas falsas que advertían de unas supuestas cartillas de adoctrinamiento en la «ideología de género» en 2016, y el alud de ataques del poder mediático contra el gobierno del cambio en 2023. No en vano, muchas de las consignas que se coreaban el 20 de junio eran para respaldar a periodistas de derechas y a los medios hegemónicos, o para replicar en pancartas sus narrativas más agresivas.

Boicot parlamentario

Por último, la derecha parlamentaria, que se mostró cautelosa y relativamente respetuosa de las formas al comienzo del gobierno, ha asumido una posición más combativa, alentada por el cerco mediático, respaldada por la creciente capacidad de movilización de las derechas y favorecida en su accionar por el clima de enfrentamiento institucional. Este viraje se ha traducido en la consistente aplicación durante las últimas semanas de la táctica del boicot parlamentario, orientada a romper los quórums necesarios para discutir las reformas propuestas por el gobierno, para que las iniciativas se hundan sin siquiera discutirse.

Esta huelga parlamentaria no declarada busca arrinconar al gobierno, para que no pueda cumplir el programa por el que votamos las mayorías del país, o en último término, obligarlo a moderarse

Esta huelga parlamentaria no declarada busca arrinconar al gobierno, para que no pueda cumplir el programa por el que votamos las mayorías del país, o en último término, obligarlo a moderarse, lo que implica hacer reformas que dejen contentos a los poderosos o directamente no hacerlas. En últimas, la derecha parlamentaria quiere poner al gobierno en una situación en la que se vea obligado a optar entre el desgaste de persistir en las reformas o el desprestigio de renunciar a ellas.

Estos cuatro pilares de la estrategia de las derechas tuvieron su grado máximo de desarrollo hasta ahora el 20 de junio pasado, fecha en la cual, teniendo como telón de fondo semanas enteras de fustigación mediática al gobierno, miles de personas se lanzaron a las calles a protestar, en medio del silencio de las instituciones controladas por la oposición, que convenientemente demoraron hasta un día después el dictamen sobre la muerte del coronel Dávila, cuya fotografía apareció en muchas de las pancartas de los y las marchantes.

Mientras todo esto ocurría, en perfecta sincronía, la derecha parlamentaria rompía el quórum para hundir la reforma laboral, que pretendía devolver algunos de los derechos arrebatados a la clase trabajadora colombiana durante los últimos 30 años. Celebraron los empresarios, sus gremios y el llamado centro invito a la moderación.

Estoy convencido de que el futuro de Colombia puede ser otro. Necesitamos recomponer nuestra estrategia para hacer avanzar el gobierno del cambio.

Los desenlaces posibles que pueden resultar de esta estrategia opositora son múltiples: la parálisis del gobierno para que no cambie nada, su moderación para que cambie muy poco o el golpe para cortar de raíz el ímpetu transformador de las mayorías nacionales. Por supuesto, a quienes apostamos por este proyecto aún nos quedan fichas por mover. Estamos a tiempo de recomponer nuestra propia estrategia para erosionar la base social de las derechas, reconfigurar la narrativa del cambio y retomar la iniciativa política.

Esto es claramente un problema del gobierno que tiene varios ajustes por hacer, pero también de los movimientos sociales y las organizaciones populares, que tienen que tomar en sus propias manos esta cuestión y, colectivamente, sin renunciar a su independencia, definir los mejores medios para enfrentar a las derechas colombianas, que están habituadas a hacer naufragar todas las iniciativas de cambio en el país, por modestas que sean. No hay que olvidar que de esos intentos fallidos para cambiar las cosas casi siempre emerge un país más derechizado que lo pone todo más difícil. Estoy convencido de que el futuro de Colombia puede ser otro. Necesitamos recomponer nuestra estrategia para hacer avanzar el gobierno del cambio.   

El dolor de vivir aquí y el placer de educarse

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“La moraleja de vivir aquí, es que pa’ donde mires tienes que subir”, dicen sabiamente los Alcolirykoz en su temón “Aranjuez”, y esta es una metáfora bella, pero dolorosa, que aplica tanto para los miles de escalones que hay subir en los barrios que se ubican en las lomas de las ciudades, que hace que el tránsito sea agotador, pero que sirve también para pensar lo agobiante que es vivir en este país. Leer las noticias, verlas por televisión o escucharlas por radio o en un podcast resulta igual de vomitivo. La desesperanza es la eterna protagonista de nuestra dolorosa novela colombiana.

En mi rol como profesora me he preguntado últimamente por el lugar del dolor en los procesos educativos.

Ser de Colombia duele. En mi rol como profesora me he preguntado últimamente por el lugar del dolor en los procesos educativos. Me pregunto qué dispositivos o estrategias puedo imaginar y llevar al aula de clase para darle lugar a eso que sentimos, preguntándonos por eso que nos duele y nos indigna, pero también intentando que nos conectemos con lo que otrxs sienten, así sean experiencias radicalmente distintas a las propias. Creo en la potencia de lo que Leanne Betasamosake (2017) llama la reciprocidad radical, como posibilidad de “danzar el mundo para traerlo a la vida”.

Así, lo que nos duele nos pasa por el cuerpo y nos hace retornar a él, según la autora, y nos plantea la reflexión

Para Sara Ahmed, una de mis escritoras feministas favorita que les recomiendo con el corazón, el dolor tiene que ver con que “lo que nos separa de otros también nos conecta con otros” (2015, p. 53). Así, lo que nos duele nos pasa por el cuerpo y nos hace retornar a él, según la autora, y nos plantea la reflexión —retomando a Leder (1990) — frente a un dolor que en ocasiones lleva a que el cuerpo se encierre en sí mismo, mientras que el placer permite que los cuerpos se abran hacia otros cuerpos.

¿cómo permitir que nuestros dolores puedan ser una posibilidad de expansión y conexión de nuestros cuerpos con los de otrxs?

¿Cómo podemos traer nuestros dolores y los de otrxs al aula, mientras potenciamos al placer de aprender juntxs? ¿cómo permitir que nuestros dolores puedan ser una posibilidad de expansión y conexión de nuestros cuerpos con los de otrxs? ¿cómo danzamos el mundo para traerlo a la vida? Incluso desde pasos de danza que hagan que nuestro cuerpo se resienta, se estire, se encoja, se canse, pero también desde otros que nos permitan la alegría, la risa y el éxtasis.

Creo que ya es bastante triste vivir en este país, como para que educarnos no pueda ser placentero, aunque eso pase por sensaciones que no siempre sean agradables, porque sino estaríamos reproduciendo esa vieja idea del entorno educativo como una burbuja que no se conecta con la realidad, lo cual se dice bastante en entornos universitarios. Pero, el dolor debe ser un gesto pedagógico para aprender a pensar, no el resultado de acciones violentas que inflijamos sobre otrxs para que puedan aprender.

Con esto me refiero a que cada vez me entristece más escuchar que algunxs estudiantes admiran a sus profesores humillativos, autoritarios y violentos. “Es que me hace sentir estúpidx”, “Es que la letra con sangre entra”, “es que hasta una escupa de ese profesor sería un halago para mí”, son algunas de las frases que he podido escuchar y que me problematizan como profesora. ¿Es ese el dolor que necesitamos para aprender? ¿aprobamos que el saber de quién enseña no se comparta desde el amor por lxs otrxs, sino desde la necesidad de humillarles?

Dejemos de alabar al rey que nos amenaza con decapitarnos, y que nos ha dejado como resultado relaciones medievales naturalizadas con quienes nos enseñan.

Les invito a cuestionarse si sus niveles de admiración por sus docentes son directamente proporcionales a la cantidad de dolor que les infligen de formas violentas que no son en absoluto sutiles. La sensación dolorosa asociada a la violencia no puede justificarse en ningún espacio, y menos en los académicos y formativos. Dejemos de alabar al rey que nos amenaza con decapitarnos, y que nos ha dejado como resultado relaciones medievales naturalizadas con quienes nos enseñan.

Sigo imaginando una educación placentera, en medio de un país que no debe dejar de dolernos. Sigo soñando que aprender juntxs debe estar atravesado por el deseo, el amor y la excitación que produce el conspirar desobediencias desde nuestra juntanza en el salón de clases, ese lugar que es nuestro, que construimos en el día a día, que se sostiene por nuestras presencias y que se vuelve guarida y refugio en medio de tanta hostilidad. Lo que allí pase, nadie nos lo puede quitar.

¿Nos hemos preguntado por qué cada vez hay más profes y estudiantes que preferirían no ir a clases? ¿en qué momento educarse se volvió una experiencia tortuosa? ¿por qué aprender no puede ser placentero? Traigamos el dolor de otra manera, volvámoslo posibilidad, hagamos de él un fueguito que ilumine nuestra esperanza de un mundo distinto y hagamos del saber un goce eterno.

¿Acaso no hemos sufrido bastante viviendo aquí? No permitamos que el individualismo, el sufrimiento y la competencia, principios que se imponen en esta época neoliberal, se vuelvan una plaga que invada nuestras aulas y nos nuble la posibilidad de soñarlas distintas. Como cantaron Los Dólares (banda venezolana de punk) hace años:

“¡Hasta que los oxidados engranajes dejen de crujir!
¡Hasta que las horas del reloj, nos dejen de contar!
¡Hasta que desaparezca de nuestras mentes, la necesidad de producir y festejemos en lo cotidiano, la pasión de crear!”.

Succession, el Titanic y las Kardashian: odio de clases o lucha de clases

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Por ahí vi un meme que decía que no era la primera vez que el Titanic se llevaba al fondo del mar a unos multimillonarios. Sin embargo, en la tragedia de 1912 la mayoría de los que se salvaron fueron los de primera clase, porque la tercera clase, o sea los pobres, no eran la prioridad para subir a los botes de rescate, como en la película de James Cameron.

El capitalismo neoliberal vuelve absolutamente todo, una mercancía. Algo producido para ser vendido a mayor precio de lo que costó. Cuando todo es mercancía, hasta el entretenimiento, nos podemos encontrar con productos culturales tan diversos como Succession y el reality que nos cuenta la vida de las Kardashian, que son reflejo de las disputas ideológicas globales.

Para mí, el éxito de una serie como Succession se debe a que nos cuenta algo que la mayoría de los mortales intuimos pero que no logramos experimentar, y es que los verdaderos dueños del mundo no son seres excepcionales que merezcan ocupar los espacios de poder que ocupan. Son gente ordinaria que por la lotería genética nacen y crecen bajo la premisa de superioridad económica, política y social. Se lo dijo Roman a Kendall en el ultimo capitulo de la serie: “somos mierda”.

La serie esta plagada de momentos en los que esta gente estúpida se enfrenta a situaciones que se salen de su control y poder. Por ejemplo, cuando Kendall llama a su asistente, para que le buscara el mejor cardiólogo del mundo y lo hiciera llegar al avión privado donde su padre yacía muerto por un infarto. O como cuando Roman es golpeado en una manifestación por la elección de un fascista como presidente de los Estados Unidos, en la que los Roy tuvieron todo que ver. Más o menos lo mismo que dice el otro meme que esta circulando en redes: “hay cosas que el dinero no puede comprar, como el oxigeno en el fondo del Atlántico”.

Así como tenemos ese producto cultural que, seguramente pasará a la historia del streaming junto con series como Breaking Bad, existen otros como el reality de las Kardashian, quienes ganan cantidades absurdas de dinero mientras las vemos lamentarse por los procedimientos para conseguir un vientre de alquiler confiable o lo difícil que es lidiar con la remodelación de su nueva mansión, como si fueran problemas cotidianos tuyos o míos.

Los anarcocapitalistas contemporáneos nos quieren hacer creer que los problemas que enfrentamos como especie, serán resueltos por la excepcionalidad de personajes como Elon Musk, Jeff Bezos, Bill Gates o Mark Zuckerberg. Gente aparentemente ordinaria, pero brillante —porque se ponen la misma ropa todos los días—, que dedica sus recursos “infinitos” para afrontar problemas que consideramos comunes como la crisis climática, pandemias, guerras, hambre o el acceso a internet. Bill Gates, por ejemplo, tiene su propia plu-serie de Netflix en la que lo proyectan como un ser absolutamente fuera de “lo normal”.

No encontramos productos culturales que nos cuenten cómo la Unión Soviética fue la que ganó la Segunda Guerra Mundial y derrotó al fascismo, o sobre luchas épicas de los nadies del mundo, dignas de una serie en Netflix. Necesitamos contarnos esas historias también y ojalá en formatos y con presupuestos similares a los de Succession. Debemos sentirnos orgullosos de nuestro pasado de lucha, para construir las utopías del futuro y poder imaginarnos las alternativas al apocalipsis que tenemos enfrente.

Ayer se confirmó que los multimillonarios que pagaron una gran cantidad de dinero para ver el Titanic murieron en el juguete mientras descendían a experimentar lo impensable. Estas personas no se consideran personas comunes como le ocurre a los de Succession, solo tienen su dinero para demostrárselo al mundo, aunque eso implique hacer estupideces que los lleven a la muerte.

Al final estos productos culturales nos permiten entender las fronteras entre las clases sociales, y en buena medida, también para recuperar esa categoría conceptual marxista que causa tanta piquiña a quienes nos señalan como resentidos, odiadores y polarizadores. La lucha de clases es una realidad palpable y por ahora la van ganando los Roy del mundo.