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Entrevista Carlos Taibo; el decrecentista retrancoso

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“hay que apostar por la solidaridad y la cooperación, pero por las ejercidas de manera desnuda, desde abajo, sin buscar contraprestaciones.”

Carlos Taibo es un reconocido intelectual, escritor, editor y profesor de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid. Autor de libros como “En Defensa del Decrecimiento”, “Libertari@s. Antología de anarquistas y afines para uso de las generaciones venideras, y de las que no lo son tanto” y su más recientemente publicación “Historias Antieconómicas”.

Lector, como pocos, de novelas policiacas y estudioso de Fernando Pessoa, de quien, vale decirlo, publicó una selección de poesía que rigurosamente tradujo del portugués al gallego. Crítico de los medios de “incomunicación” de su país, publica frecuentemente en su blog “El nuevo DESorden”. (https://www.carlostaibo.com/)

Con una visión claramente heterodoxa de lo económico, político y social, Taibo se mantiene escéptico frente a la situación global. Esta entrevista es producto de la inquietud por conocer su mirada a nuestra realidad latinoamericana, desde categorías como el decrecimiento, anarquismo y transición ecosocial.

Emma Avila Garavito (EAG): En los últimos años has publicado, entre otros temas, libros con categorías pocos usuales en los medios de comunicación como “Colapso; capitalismo terminal, transición ecosocial y ecofascismo” ¿Consideras que la crisis global, generada por el COVID 19, y en la cual apenas estamos entrando, será el “colapso” del sistema a nivel económico, político y social o solo será un ajuste a la globalización y al capitalismo moderno particularmente como punto de quiebre del neoliberalismo?

Carlos Taibo (CT): No es sencillo responder. Prefiero, con prudencia, acogerme a la idea de que la crisis presente nos sitúa en la antesala de un colapso general, sin que sea sencillo determinar si este último se acerca visiblemente o no. En cualquier caso, el colapso que estudio en ese libro se vincula ante todo con los límites medioambientales y de recursos del planeta, y remite en lugar principal al cambio climático y al agotamiento de las materias primas energéticas. Cierto es que en esas páginas me refiero a otros factores que, aparentemente secundarios, podrían oficiar, sin embargo, como multiplicadores de las tensiones. Y entre ellos hablo, sí, de epidemias y pandemias.

(EAG): Hacer un análisis de la crisis generada por el Covid 19 de manera global es complejo dadas las diferencias sustanciales en los distintos continentes: ¿Cuál es tu lectura diferenciada de los impactos causados y el manejo que se ha dado a la pandemia en Asia, Europa, Estados Unidos y América Latina?

(CT): Me limitaré a señalar que, pese a algunas apariencias, la pandemia tiene una evidente dimensión de clase. No afecta de la misma manera, en modo alguno, a los privilegiados, a las clases medias y a los desheredados del planeta, en la mayoría de los casos, por cierto, mujeres. A esa dimensión se suma la que se deriva de la incorporación, en nuestras consideraciones, de la relación Norte-Sur. Los perjudicados son, claramente, mucho más numerosos en los países del Sur, en donde los sistemas sanitarios y las estrategias de prevención resultan ser, en paralelo, más débiles. Aunque también sean más fuertes las redes de solidaridad.

(EAG): En una entrevista reciente hablabas sobre el “Capitalismo Estadounidense” y el “Capitalismo Chino”. ¿Consideras que, como consecuencia de esta crisis, se puede cambiar el orden de dominación económica guiada más por el capitalismo desarrollado desde las ideas “comunistas” de la China?

(CT): No lo sé. Carecemos de perspectiva suficiente para responder a esa pregunta. La mayoría de los analistas coincide en señalar, de todas formas, que es difícil que China asuma en esta crisis el papel de motor de la economía mundial que desplegó a partir de 2007-2008. Pero es legítimo recelar de lo que afirman esos analistas, tanto más cuanto que la locura del actual presidente norteamericano debe predisponernos para imaginar cualquier escenario futuro. Me temo, aun así, que atribuir alguna condición benigna al capitalismo chino es equivocarse. El comunismo es, ha sido siempre, algo afortunadamente distinto que el capitalismo burocrático que postulan, con dosis ingentes de autoritarismo, los dirigentes chinos.

(EAG): En América Latina no ha habido un desarrollo de las fuerzas productivas como en los países del primer mundo; la inmersión en el neoliberalismo fue prácticamente impuesta desde el Consenso de Washington, condicionando nuestra economía a las lógicas globales. En este sentido, hablar de clase obrera y clase burguesa es un tanto desacertado y anacrónico en este momento, y por supuesto, pensar que serán los obreros organizados quienes den la estocada final al neoliberalismo, como lo proponen autores como Atilio Boron, es aún más difícil teniendo en cuenta la crisis social y económica que impactará negativamente a los sectores más vulnerables de la sociedad. Por lo anterior, ¿Cuál crees tú que sea el papel de los movimientos sociales tanto en Asia, Europa, Estados Unidos y como se diferencia con lo que se podría hacer desde América Latina?

(CT): Creo que, en los países del Sur, o al menos en muchos de ellos, los movimientos sociales muestran una capacidad de transformación mucho mayor que la que exhiben en el Norte. Subrayo que no tengo en mente los restos del movimiento obrero tradicional que, con excepciones afortunadas, son débiles y poco imaginativos. Estoy pensando en realidades en las que se combinan elementos precapitalistas de resistencia natural y propuestas anticapitalistas que comúnmente se despliegan en clave libertarizante o anarquizante. Al respecto los ejemplos de Chiapas y de Rojava, pero no sólo ellos, me parecen muy estimulantes. Por detrás, y en muchos casos, es fácil apreciar el peso de comunidades indígenas decididas a no engullir la mitología que viene del capitalismo, del trabajo asalariado, de la mercancía y de todas las ideologías de progreso.

(EAG): La otra cara del capitalismo, más allá del libre mercado, es la democracia liberal; por esta vía llegaron al poder personajes como Boris Johnson, Donald Trump y Jair Bolsonaro quienes, en buena medida, representan el totalitarismo y nacionalismo enemigo de la democracia directa concebida desde planteamientos de autores como Cornelius Castoriadis y su idea de la autonomía. En este sentido: ¿Cómo quedará la democracia liberal después de esta crisis? ¿Se profundizarán los totalitarismos? O ¿se abrirán más espacios para la democracia directa?

(CT): Es difícil saberlo. La primera tentación invita a afirmar que la catastrófica gestión de la crisis protagonizada por personajes como los que mencionas hace difícil imaginar que van a conservar, ellos o sus sucedáneos, posiciones de poder. Pero ni siquiera eso es indiscutible. El escenario de apuesta por la jerarquización y la militarización que se aprecia por doquier mueve el carro de gentes como ésas. Me parece, de cualquier modo, que la democracia liberal, que arrastra una suerte de crisis permanente, se encuentra en posición difícil. Me gustaría que la alternativa la aportasen movimientos como los que me han interesado en la pregunta anterior, de la mano de una apuesta consistente por la descentralización y por la democracia directa. Seguro que van a experimentar un repunte, pero no sé si ha llegado ya, definitivamente, su momento.

(EAG): Retomando la pregunta anterior, hay dos libros de los cuales quisiera hablar: el primero, “Repensar la anarquía. Acción directa, autogestión y autonomía” y el segundo, “Anarquistas de ultramar. Anarquismo, indigenismo y descolonización” En estos dos libros señalas los cambios que se podrían gestar desde la anarquía en las relaciones de poder tanto a nivel individual como a nivel colectivo. En el contexto actual: ¿cómo podemos repensar la anarquía hoy? Desde las experiencias libertarias territoriales en América Latina con los movimientos campesinos, indígenas y afrodescendientes ¿Crees que se podrían gestar transformaciones más profundas en América Latina?

(CT): Creo que lo razonable es vincular la anarquía, no tanto con los movimientos identitariamente anarquistas, como con las prácticas espontáneas que se conservan, contra viento y marea, en muchas comunidades humanas. Lo he dicho muchas veces: me interesan más las conductas que las etiquetas ideológicas con las que gustamos de acompañarlas. Y creo firmemente que en un sinfín de  comunidades humanas ha operado de siempre una matriz vinculada con la autogestión, la democracia directa y el apoyo mutuo. No importa que esa matriz se relacione expresamente con el anarquismo. Más allá de lo anterior, la fusión de códigos precapitalistas y anticapitalistas me parece muy sugerente e interesante.

(EAG): Otra categoría de la cual se habla mucho menos, incluso en esta época de convulsiones y de cambio, es sobre el Decrecimiento; desde tus desarrollos conceptuales sostienes que se dará desde la desjerarquización, la desurbanización, la destecnologización, la despatriarcalización, la descolonización, la descomplejización y la desmercantilización de mentes y sociedades. ¿Qué tan viable es que todos esos cambios se den en el escenario global actual?

(CT): No conviene confundir algo que ha sucedido en las últimas semanas con lo que reclama la perspectiva del decrecimiento. Me refiero al hecho, innegable, de que los niveles de contaminación, el consumo de combustibles fósiles y la turistificación han experimentado un retroceso visible en todo el planeta. Aunque ese dato lo podamos usar, legítimamente, para sostener que el decrecimiento es plausible, poco tiene que ver con la propuesta de fondo de este último, que se vincula con conceptos como los que planteas en tu pregunta. No sólo eso: reclama una rotunda primacía de la vida social, y la voluntariedad de las adhesiones, frente a la lógica imperativa del mercado, algo que con toda evidencia no es lo que está sucediendo ahora. Intuyo, de todas formas, que si dejamos atrás la pandemia cada vez habrá más gente dispuesta a entender qué significa la propuesta del decrecimiento.

(EAG): América Latina cuenta con la mayor diversidad biológica en el planeta y alberga varios de los países mega-diversos del mundo, posee la quinta parte de los bosques a escala global, el 12% de los suelos cultivables de la tierra, una tercera parte de las reservas de agua dulce, el 25% de las reservas de biocombustibles, el 20% de las reservas de petróleo y concentra parte importante de las reservas mineras a nivel global. Estas condiciones, se convierte, sin duda, en una región estratégica a nivel geopolítico, lo cual se evidencia con el despliegue de acciones militares de Estados Unidos en países como Venezuela. En este escenario nos enfrentamos, a mí juicio, a dos opciones: la primera, regímenes totalitarios ecofascistas; la segunda, apunta más hacia la gobernanza territorial desde las comunidades, incluso en vías de la integración latinoamericana desde sus pueblos hacia una transición ecosocial. ¿cuál crees tú que es más cercana a la realidad o puedes identificar otra vía?

(CT): Esos dos horizontes están ahí. El primero parte de la convicción de que en el planeta sobra gente, de tal suerte que se trataría de marginar a quienes sobran –esto ya lo hacen- y, llegado el caso, y directamente, de exterminarlos. La propuesta correspondiente bebe de la identificación de los retos que se derivan del cambio climático, del agotamiento de las materias primas energéticas y, en fin, del propio colapso. Por eso hay que hablar de ecofascismo. Y hay que sopesar seriamente la posibilidad de que las políticas que, militarizadas y autoritarias, se despliegan en estas horas en todo el planeta se conviertan en un laboratorio para determinar qué es lo que se puede hacer, de la mano de fórmulas de servidumbre voluntaria, con poblaciones enteras.

El segundo exige, frente a lo anterior, una respuesta firme de muchas comunidades, indígenas o no, que plantee un horizonte de relación equilibrada con el medio y de reparto equitativo de la riqueza. Esta segunda perspectiva podría apuntar, por cierto, a la reaparición de biorregiones que, con rasgos comunes, han sido visiblemente postergadas por la lógica de los Estados realmente existentes.

(EAG): Finalmente, desde varios intelectuales, como Yuval Noah Harari y Manuel Castells, se ha abierto un debate sobre la salida de la crisis desde la solidaridad y la cooperación: ¿Cuál es tu lectura sobres esos planteamientos? ¿Qué tanto tiene que ver esas categorías con tus planteamientos sobre autogestión y el apoyo mutuo?

(CT): No he leído esos trabajos. Por supuesto que hay que apostar por la solidaridad y la cooperación, pero por las ejercidas de manera desnuda, desde abajo, sin buscar contraprestaciones. Si estamos pensando en organismos internacionales, Estados y fuerzas armadas esos términos pierden, a mi entender, toda su virtud. Sabemos cómo han sido utilizados en provecho de los intereses geoestratégicos y geoeconómicos de siempre. No puedo creer, en otras palabras, en la solidaridad que se ejerce dentro de las reglas del capitalismo y, en los hechos, al servicio de este último. Lo de la autogestión y el apoyo mutuo es otra cosa.

¿Covid y postcapitalismo?

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A lo largo de la historia de la humanidad encontramos bastantes casos de enfermedades letales que afectaron poblaciones o regiones enteras del planeta, por supuesto, a medida que retrocedemos en el tiempo los datos e información son cada vez más imprecisos. Sin embargo, se conocen registros de este tipo de situaciones desde la antigüedad.

Desde la Peste Antonina desatada en el Imperio Romano tras el regreso de tropas que habían combatido en Medio Oriente. Cuenta la historia que el emperador Lucio Vero, que gobernaba con su hermano adoptivo Marco Aurelio, murió en el año 169 víctima de ese mal, hasta las enfermedades recientes más letales como el SIDA, causado por un virus de inmunodeficiencia humana que se originó en primates a principios del siglo XX, con la cual a la fecha se estima 37,9 millones de personas infectadas en todo el mundo.

Si se hiciera el ranking de las enfermedades más letales nos encontraríamos con las siguientes cifras, en el puesto número cinco el SIDA con un estimado de víctimas entre 25 y 35 millones desde 1981, en el cuarto lugar la Plaga de Justiniano entre el año 541 y 542, su epicentro de brote fue Constantinopla —actualmente Estambul—,las ratas que llegaban en los barcos mercantes provenientes de distintos rincones de Eurasia, portadoras de pulgas infectadas con la peste bubónica fueron el origen de dicha enfermedad, la cantidad de víctimas se estima entre 30 a 50 millones de muertes contando los dos siglos en los cuales esta resurgió. Luego en el tercer lugar encontramos la que a su vez se convirtió en la primera pandemia causada por el virus de la gripe, el H1N1. Se estima, que infectó a 500 millones de personas en todo el mundo, alrededor del 27% de la población global y murieron entre 40 y 50 millones de personas, fue llamada la Gripe Española, esto a pesar de que España no sufrió más que otros países la enfermedad. Sin embargo, las otras naciones de Europa en medio de la posguerra ocultaron los reportes sobre las muertes, lo que llevo a que se generalizara la idea de una “Gripe Española”.

En segundo lugar, de letalidad, encontramos la Viruela, causada por el virus “variola”. Recibe su nombre del término en latín que significa “moteado”, haciendo referencia a los bultos y pústulas que aparecen en el rostro y cuerpo de los afectados. Históricamente el virus ha matado al 30% de las personas que lo han contraído. La Viruela contribuyó al declive del Imperio Azteca, en lo que ahora es México, después de la llegada del virus con los conquistadores españoles en 1519, más de tres millones de Aztecas sucumbieron a la enfermedad, estos gravemente debilitados, fueron vencidos fácilmente, de hecho, la viruela también causó la muerte del Emperador Inca Huayna Cápac, padre de Atahualpa, esta enfermedad eliminó gran parte de la población Inca del Oeste de Sudamérica.

La viruela se declaró erradicada en 1979 después de un programa de vacunación, lo cual se considera una de las victorias más importantes de la medicina moderna.

Y en el primer lugar; la Peste Negra, aunque no hay cifras concluyentes, se estima que ocasionó alrededor de 200 millones de muertes entre el año 1346 a 1352, esta es considerada la pandemia más mortífera y con el impacto más duradero en la historia de la humanidad. Se cree que el brote comenzó en Asia Central y desde allí pasó por la Ruta de la Seda, hasta llegar a la península de Crimea, disputada entre Rusia y Ucrania en la actualidad.

La Peste Negra, alojada en las pulgas de las ratas negras, se esparció por toda Europa usando como medio de transporte a los barcos mercantes. Las estimaciones más conservadoras sostienen que mató al 30% de la población europea, aunque las más audaces dicen que hasta el 60% pudo haber muerto como resultado de la pandemia. El continente tardó 200 años en recuperar su nivel anterior de habitantes, algunas regiones, como Florencia y sus alrededores, tardaron hasta el siglo XIX.

Así que, no es la primera vez que la humanidad se enfrenta a una pandemia, no es la primera vez que una enfermedad amenaza con letalidad la vida de la gente; ¿Entonces que hace diferente la actual pandemia del COVID19? En primer lugar, el mundo ha registrado pocas pandemias en los últimos siglos, tal vez desde la gripe española. De hecho, es importante aclarar algunos términos que pueden ayudar a entender la situación; para la OMS, una «epidemia» corresponde a la propagación de una nueva enfermedad en un gran número de personas, que no han sido inmunizadas, en una región específica. La «pandemia», en cambio, se refiere a una enfermedad que se ha propagado a escala mundial, en más de dos continentes[1]. Así que, uno de los hechos que marca la diferencia del COVID19 con otras enfermedades, es la rápida propagación y contagio a nivel global; Este hecho que nos toma por sorpresa, nos produce incluso la negación e incredulidad. Durante años hemos confiado en las cifras, en las vacunas y en la ciencia, hemos sentido cierta seguridad en que la humanidad está cada vez más y mejor preparada para las enfermedades y para el futuro, creemos de manera inconsciente que somos una mejor sociedad y que algo como la Peste Negra jamás volverá a ocurrir. De fondo, creo que ese comportamiento implica un hecho mucho más profundo, la creciente tendencia a creer que la tecnología solucionará todos nuestros problemas.

He aquí mi primer planteamiento, a medida que la humanidad avanza hemos sido permeados por una fe en la ciencia, muchas veces en la ciencia ficción. Si bien, tenemos al alcance enormes descubrimientos científicos y el desarrollo de tecnologías que nos ayudan a mejorar la calidad de vida, también tenemos innumerables ejemplos de cómo algunas herramientas tecnológicas nos están arruinando la vida y también están arruinando el planeta.

Este comportamiento, una suerte de devoción por la tecnología, reemplaza la acción responsable sobre algunos de los aspectos más relevantes de nuestro modo de vida actual; esperamos que, en algún lugar del planeta, algún científico o científica este desarrollando el invento para disponer las basuras, para acabar con las sequías, para eliminar los gases de efecto invernadero, para solucionar el cambio climático, para producir mayores y mejores alimentos. Esto mismo, ocurre en el campo de la medicina, confiamos casi irracionalmente, que sin importar lo que hagamos, la medicina lo va a solucionar. De modo que, una de las cosas que hace la diferencia con el COVID19, es que la ciencia no lo ha resuelto. Es común encontrarnos por estos días, con comentarios como: “no puedo creer que no se haya inventado la cura”; esa sencilla frase nos enfrenta con la realidad, nos aterriza y nos hace atesorar la vida. Inconscientemente, hemos ido por ahí esperando que alguien solucione el desorden que hemos provocado, pero ahora con la pandemia y el confinamiento en nuestras casas, debemos vernos a nosotros mismos en el espejo.

Frente a lo que viene ocurriendo en términos de la respuesta social, así como en otras pandemias, esta conserva similitudes con las anteriores. Manifestaciones tales como; el miedo, la negación, el pánico, y el brote de otros fenómenos deplorables de la humanidad como el racismo, la xenofobia, la violencia de género o la corrupción. De otra parte, también emergen comportamientos de profunda solidaridad, esperanza y empatía. Entonces, no se trata de culparnos sin sentido por lo que viene ocurriendo, la pandemia nos brinda también la oportunidad de reflexionar sobre el camino que hemos tomado como sociedad, he aquí mi segundo planteamiento. Por primera vez, en décadas hemos tenido que frenar, por primera vez el sistema económico ha tenido que parar, la constante e incansable carrera por el crecimiento, la acumulación y ganancia, está en pausa. Por el contrario, nos hemos visto obligados a volver sobre lo importante, lo vital, lo fundamental. Hoy, la economía de mercado podría seguir exigiendo banqueros, pero ahora, lo que necesitamos son médicos. Así, aunque las curvas de oferta y demanda podrían seguir exigiendo gomas de mascar, lo que necesitamos como humanidad son respiradores; la demanda, podría exigir centros comerciales mientras hoy necesitamos hospitales dignos. El frenético ritmo del consumo, nos ha traído hasta este punto y todo lo que está ocurriendo, nos lleva a una reflexión importante; simplemente necesitamos consumir de manera consciente, consumir menos y distinto, viajar distinto, producir distinto, alimentarnos distinto; los comportamientos económicos, ambientales, culturales y sociales no pueden seguir inmóviles.

Incluso, los Estados deben replantearse la manera como han sido reducidos; los Estados Nación son cuestionados; o hacen prevalecer los intereses generales de la gente, o servir a los intereses del mercado. Cuarenta años de neoliberalismo han dejado al descubierto, la manera en la que los Estados se entregaron por completo a los intereses privados. Así, ocurre con la salud pública, las telecomunicaciones, la educación, la industria, los servicios públicos, entre otras. Lo curioso, es que el capitalismo globalizado que durante décadas ha intentado reducir el Estado, al papel de mero administrador, hoy debe recurrir a esos mismos Estados para salvar su propio pellejo.

Por supuesto, los impactos de todo esto no se harán esperar, hay quienes dicen que la recesión económica que se avecina, podrá matarnos de manera mucho más letal que el propio virus. La crisis podrá provocar conflictos violentos, podrá desencadenar epidemias de segregación, estigmatización y guerras. Todo claro está, si seguimos la premisa de continuar salvaguardando y protegiendo la economía por encima de la vida.

Enfrentaremos indudablemente un estancamiento económico, con lo cual es difícil que el capitalismo siga con su glorioso camino de “crecimiento”. Vendrán los debates sobre la deuda, el crédito, el dinero y la acumulación, pero también vendrán los debates y la urgencia de un movimiento global por la salud pública gratuita y universal, la necesidad de nuevas formas de relacionamiento global entre las sociedades y las naciones, de políticas y movimientos sociales a escala mundial, en últimas, estamos unidos por un cordón invisible; nuestra condición de seres humanos. Así que, la pandemia nos ubica en el debate de un nuevo humanismo en equilibrio con todas las formas de vida.

Esta es mi tercera reflexión, estamos migrando a otro tipo de sociedad, una sociedad aún por descubrir, enfrentamos la transformación de los modos de entender la comunidad y lo colectivo; el coronavirus entró en nuestra vida, tanto como un objeto de reflexión filosófica, política, médica o sicológica, sino también, como un agente de cambio personal y cotidiano. Sin embargo y esto es parte del debate, esto no quiere decir que asistamos al fin del capitalismo; este tránsito, este momento de la historia de la humanidad, puede ser el punto de inflexión, puede traer consigo nuevas formas de desigualdad social y discriminación, entrelazados con nacionalismo, racismo, y xenofobia, puede significar el surgimiento de gobiernos autoritarios que usando el discurso de la seguridad global lleven al capitalismo, a una nueva fase de control social, de sociedades virtuales cada vez más individualizadas y a nuevos modelos de explotación.

Existe la posibilidad también, de asistir al surgimiento de una sociedad postcapitalista, de modelos alternativos de desarrollo, de políticas para redistribución del ingreso, reducción del tiempo de trabajo, igualdad, renta básica, mínimo vital, abandono del paradigma del crecimiento, inversión en energías renovables, de inversión en ciencia e investigación, en educación, en salud. Entonces, como el virus, el capitalismo también puede mutar, hacerse más fuerte o perecer, pero nada está dicho, no existe una salida axiomática o mecánica al capitalismo.

Es bien cierto también, que ese nuevo tipo de sociedad está cada vez identificada con la BIOPOLÍTICA de Foucault: “No hay política que no sea una política de los cuerpos”, el poder de hoy administra la vida y la muerte de las poblaciones, las decisiones del Estado atraviesan nuestros cuerpos, y nuestros cuerpos atraviesan la política, es decisión nuestra como agenciarlo. Entonces, nos encontramos en un momento en donde la contradicción entre el sistema económico y la vida, tiene que resolverse. No sabemos a ciencia cierta, como saldremos de esta pandemia, o de las que vienen, podríamos salir de ella definitivamente solos, agresivos, competitivos e individualistas, o, por el contrario, podríamos salir de ella con un gran deseo de abrazar, de amar, de solidaridad social, de contacto vital.

Esto lo cambia todo, pero estoy convencido que no basta con sentarnos a esperar, esto lo cambia todo, si y solo si nosotras y nosotros hemos cambiado. La política a secas, ya no puede hacer nada, hoy más que nunca solo tiene sentido la política si es para la vida.

[1]  Tomado de Organización Mundial de la Salud 12/03/2020.

Datos tomados: De la peste negra al coronavirus: cuáles fueron las pandemias más letales de la historia.

 

Coronavirus y capitalismo: la cruenta cara del capitalismo estadounidense

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El mundo capitalista está atravesando una coyuntura que está poniendo aún más en jaque a los procesos sistémicos que actualmente conocemos como de globalización neoliberal, los cuales sentaron tanto el deterioro de los Estados de bienestar occidentales y de sus émulos latinoamericanos cepalinos como la hegemonía del capital financiero, con sus respectivas consecuencias en términos de alta concentración de la riqueza en manos de unas pocas élites nacionales y trasnacionales.

En la actualidad, en el campo complejo e indeterminado de relaciones de poder se está disputando continuamente el futuro del sistema mundial; de ese modo, las clases hegemónicas calculan cómo preservar o aumentar sus privilegios durante y después de la crisis por la pandemia del Covid-19, y las clases populares que resisten cómo sobrevivir y hacer frente a la crisis y abrir nuevos campos de disputa. Del choque de estas fuerzas sociales puede salir un régimen de acumulación diferente al neoliberal —nuevas formas antineoliberales de comprender y estructurar la globalización capitalista—, globalizaciones regionales —por ejemplo, a nivel latinoamericano—, la reorganización del neoliberalismo —un «posneoliberalismo»— o mundos antisistémicos antiglobalización.

Pero comprender que no existe un destino histórico para el sistema capitalista es útil tanto para no creer que es un sistema eterno —y habría, entonces, un «fin de la historia»— como para evitar pronósticos demasiado optimistas que profeticen su final e ignoren sus características autopoiéticas y adaptativas frente a las crisis y sus formas de legitimación a través de la producción de libertades sistémicas, como la de consumo o de «movilidad social». En el análisis de situaciones y relaciones de fuerza Gramsci advertía sobre los sesgos para el estudio de una coyuntura que podrían provenir del economicismo y el voluntarismo. Ni la sobrevaloración de la crisis de la estructura económica ni la sobreestimación de la voluntad política de las clases subalternizadas pueden llevar a un análisis adecuado de las relaciones de fuerza de una coyuntura: no hay un camino prefijado a un mundo nuevo.

¿Por qué es importante, pues, hablar de globalización neoliberal?

Primero, porque el moderno sistema mundial está globalizado pero no de cualquier forma: en general, mas a distintas escalas nacionales e internacionales, en la economía-mundo tiende a primar el orden de la desregulación económica y la disciplina fiscal, es decir, el orden neoliberal. De ello es expresión los planes de ajuste estructural aplicados a periferias o semiperiferias de Latinoamérica, África y Asia y el aumento de la deuda externa, pero también los procesos de privatización de lo público-estatal en los centros acreedores.

Segundo, porque no basta con afirmar que hay centros, periferias y semiperiferias, que hay países desarrollados y economías dependientes o «en desarrollo», que hay procesos productivos centrales que dependen de procesos productivos periféricos y que estos procesos económicos se espacializan de tal forma que unos sistemas políticos —estatales— son, en todo su territorio, centrales y hegemónicos. Y que, en consecuencia, estos países centrales tienen estructuras socioeconómicas y políticas que los habilitan para reaccionar de mejor forma a la actual pandemia. No. Porque si algo ha mostrado la globalización neoliberal es que la desigualdad también impacta a las grandes potencias y que, en ese sentido, hay «periferias en el centro». Asimismo, la existencia de clases más privilegiadas en las economías dependientes o periferializadas —como las clases urbanas respecto a las campesinas, como las nacionales respecto a las migrantes, como las blancas respecto a las negras, como las «mestizas» respecto a las indígenas, etc.— muestra que hay una suerte de «centros en la periferia» —, y es «una suerte» porque no necesariamente la jerarquización y desigualdad en las periferias o semiperiferias partirá de procesos productivos centrales, como los de las tecnologías informáticas de punta monopolizadas por los hegemones mundiales. Toda esta serie de fenómenos complejos impactan en los sistemas de salud pública de los diferentes Estados.

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Sin estos matices, que podrían parecer pruritos academicistas, no se comprende por qué Estados Unidos es, a 9 de abril de 2020, el epicentro de la pandemia y por qué la crisis por el Covid-19 está poniendo en riesgo la solidez política previa de la reelección de Trump. Nueva York, una de las «ciudades globales» por excelencia, tiene hoy por hoy sus calles desoladas y una tendencia creciente de muertes. Estados Unidos cuenta a 9 de abril con alrededor de 436 000 casos confirmados del nuevo coronavirus y más de 15 600 muertes, cifras en constante aumento.

La demora del gobierno Trump en tomar medidas autoritarias excepcionales para contener la propagación no sólo obedece a que la parálisis interna del aparato productivo lo perjudicaba políticamente, sino porque la economía mundial ya estaba en desaceleración, resentida aún por la gran crisis de 2007-2008. En ese panorama, Estados Unidos estaba reorganizando su hegemonía ante el ascenso de China, pues Trump, en diversos sentidos, ha sido una expresión contra las consecuencias negativas de la globalización económica, de la que China supo sacar provecho. Además, como insistimos en el artículo pasado, el coronavirus llegó en un momento en que había riesgo político sistémico y sucedía una avalancha de protestas populares, no necesariamente de forma simultánea, alrededor del globo. David Harvey resume esta situación previa del siguiente modo:

«[Yo] era bien consciente de que China es la segunda mayor economía del mundo y que había rescatado de manera eficaz al capitalismo global en el periodo de las secuelas de 2007-8, de manera que cualquier golpe a la economía china estaba destinado a tener consecuencias graves para una economía global que ya se encontraba, en cualquier caso, en una situación arriesgada. El modelo existente de acumulación de capital ya estaba, me parecía a mí, en dificultades. Se estaban sucediendo movimientos de protesta en casi todas partes (de Santiago a Beirut), muchos de los cuales se centraban en el hecho de que el modelo económico dominante no estaba funcionando bien para la mayoría de la población».

Tanto en Colombia como en Estados Unidos uno de los dilemas que impuso el proceso de crisis dentro del capitalismo consistió en: o la vida o la economía. Ambos Estados, con distintos matices, han sufrido procesos globales de privatización de sus sistemas de salud, lo cual trazó más límites estructurales a la posibilidad de paralizar la economía y salvar vidas a través de una cuarentena y otras medidas de aislamiento social como el cierre de establecimientos concurridos o aeropuertos. En el artículo pasado vislumbramos esta situación en la periferia colombiana al hablar de la reticencia de Marta Lucía Ramírez a cerrar el aeropuerto El Dorado por temor a la crisis económica. Miremos un poco la situación del «centro».

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Para el 12 de marzo de 2020, cuando Estados Unidos empezaba a sentir los efectos de la pandemia, BBC publicó una nota que advertía el peligro de que el sistema de salud estadounidense «[contribuyera] de forma indirecta a una mayor expansión del covid-19». Tales problemas se reflejaron en la débil infraestructura pública de los CDC —Centros para el Control y Prevención de Enfermedades— para detectar casos de nuevo coronavirus, manifiesta en el escaso número de equipos funcionales para aplicar test, la demora en la obtención de pruebas debido a equipos defectuosos o los requerimientos para que una persona pueda tener acceso a las pruebas. No sólo podía acceder a la prueba quien ya tuviera síntomas, sino que «solo aquellos que acudieran previamente a un especialista podrían hacerlo». En últimas, quienes no podían pagar, ya sea porque no están asegurados o porque incluso estándolo tienen que desembolsar «copagos», no pueden acceder efectivamente a una prueba para saber si tienen la enfermedad, aunque tuvieran sospechas fundadas, o a un tratamiento para controlarla. Así es el sistema de salud más caro del mundo, como recoge el reportaje de la BBC. El dilema para muchas unidades domésticas estadounidenses consistió en: o pagar la detección y el tratamiento y cuidar la vida o preservar la economía familiar.

Así pues, en Estados Unidos, uno de los grandes centros del capitalismo global contemporáneo, y a diferencia de lo que sucedió en Alemania o Corea del Sur que difundieron millares de pruebas gratuitas, se vive la paradoja de que teniendo los recursos económicos, no hubo una infraestructura suficiente de contención y mitigación del virus y, por tanto, le ha tocado gestionar la crisis con improvisadas intervenciones de salud pública. Esto habla de la correlación de fuerzas y las relaciones de poder intranacionales que llevaron a que la lógica privada se impusiera a la pública-estatal y prolongara los patrones racializados de desigualdad y exclusión socioeconómica y política; habla, en suma, de la victoria parcial de la globalización neoliberal frente a una vida que no puede acceder a una salud mercantilizada y altamente costosa. Bernie Sanders, expresión política sistémica contra ese proceso de mercantilización y quien proponía un acceso «universal» a la salud, cayó derrotado ante Joe Biden y suspendió su candidatura demócrata. Terminaron por imponerse el falso miedo al «socialismo», el conservadurismo de las élites dominantes del Partido Demócrata y el poder simbólico estructurado/estructurante del American way of life.

No es extraño entonces que si bien el virus se propagó globalmente gracias a la interconexión por viajes de avión de clases acomodadas, tras el desarrollo de la pandemia en EE. UU las comunidades más golpeadas estén siendo las hispanas y afroestadounidenses. Nuevamente un reportaje de BBC del 8 de abril recogía que: «Puede ser que el coronavirus no distinga color de piel ni origen étnico, pero los datos en Estados Unidos comienzan a mostrar que hay un sector de la sociedad que está sufriendo un impacto mayor por la pandemia». Solamente en Nueva York las cifras están representando realidades preocupantes: a 8 de abril, un 28% del total de muertes —poco más de 4.000— era de afroestadounidenses, mientras que un 34% de hispanos. Situaciones semejantes se están registrando en Nueva Orleans, Chicago o Milwaukee. Unas vidas han sido históricamente más prescindibles que otras dentro de un capitalismo mundial construido con base en, primero, la explotación o esclavitud de pueblos y gentes de África, Asia y América y, segundo, la reproducción multiforme pero tendencialmente excluyente de esa inserción desigual, colonial y occidental, al moderno sistema-mundo.

La fría máscara abstracta de las cifras oculta que amigos/as, familiares, conocidos… están sufriendo o muriendo.

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Si, aparte del crecimiento económico, el «pleno empleo» había sido otro de los «logros visibles» de la administración Trump, la parálisis del aparato productivo estadounidense está generando un aumento de las cifras de desempleo. A 9 de abril, más de 16 millones de estadounidenses han solicitado seguros de desempleo. Pero el panorama es incluso más sombrío: «La Oficina de Presupuestos del Congreso, un órgano no partidista, ha apuntado que la tasa de desempleo podría ubicarse en el 12% al final del segundo trimestre del año, y que la economía entrará en recesión».

Las palabras de la Oficina no son menores y su concreción tendrá fuertes impactos globales, particularmente más graves para periferias y semiperiferias como las latinoamericanas, dependientes de la entrada de dólares y con alta presencia de economías informales, todo un manjar para el FMI y el Banco Mundial, los cuales, a menos que se plantee una nueva correlación de fuerzas antisistémicas o sistémicas alternativas, sacarán el pago de la nueva deuda de las entrañas sobreexplotadas de sus pueblos y gentes, cuyos excedentes, en nombre ya no del «desarrollo» o el «rescate» sino de los efectos de la pandemia, seguirán yendo al bolsillo de los acreedores públicos o privados «centrales», principalmente de Estados Unidos, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia y China. Ya Colombia ha pedido un nuevo crédito al FMI.

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Finalmente, cabe preguntar: ¿por qué es relevante analizar, así sea someramente, la situación estadounidense?

Colombia es, desde luego, un periferializado aliado de EE. UU en la región latinoamericana y su política exterior ha estado caracterizada por la «subordinación estratégica» al poder del Coloso del Norte con aplauso cómplice de sus élites; en tiempos recientes, tanto el uribismo como el santismo han sido continuadores de esta subordinación. Pero además, EE. UU. no  sólo representa los intereses de su sistema político estatal y su economía nacional, sino que articula los intereses del sistema mundial capitalista dolarizado  alrededor del complejo de poder financiero global FMI-Wall Street-Reserva Federal —al que habría que añadir el Banco Mundial—, como ha sostenido David Harvey al hablar de nuevo imperialismo. En ese orden de ideas, sostiene el propio Harvey en otro texto más coyuntural y que ya hemos citado aquí:

«Si China no puede repetir su papel de 2007-8, entonces la carga de salir de la actual crisis económica se desplaza ahora a los Estados Unidos, y aquí se encuentra la ironía última: las únicas medidas políticas que van a funcionar, tanto económica como políticamente, son bastante más socialistas que cualquier cosa que pudiera proponer Bernie Sanders, y esos programas de rescate tendrán que inciarse bajo la égida de Donald Trump, presumiblemente bajo la máscara del Hacer Grande De Nuevo a Norteamérica».

¿Pero podrá rescatar el sistema político estadounidense o chino al sistema mundial? ¿Podrán, en diversos sentidos, salvarse del sistema que ellos mismos han constituido? Si la respuesta es sí, las jerarquías del sistema-mundo se seguirán reproduciendo, aunque pueda que con barnices diferentes —globalizaciones distintas— y variaciones de la hegemonía, en medio de la competencia de los centros por obtener la vacuna contra el nuevo coronavirus, resistir los efectos de la crisis haciendo uso de sus poderes mundiales, crear más innovaciones tecnológicas de punta y acceder así a mayores tasas de ganancia.

De ahí la importancia que continuará teniendo la acción política antisistémica o sistémica alternativa en sectores subalternizados de periferias como la colombiana —todas las distintas facciones del campo popular, colombianas o venezolanas— o de sectores subalternizados —afro, hispanos, migrantes de las periferias en general…— de cualquiera de los «centros». La lucha no es sólo contra un gobierno, es, según efectos socioeconómicos diferenciados y a distintas escalas geográficas y de conciencia y cultura políticas, una lucha contra unas estructuras dominantes, unos regímenes de poder —de género, de raza, de nacionalidad, de «clase»…— y, en suma, contra un sistema global que los cristaliza.

Test para saber qué tan pendejete eres

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Vamos a probar si le comes cuento a Duque o eres una persona que la tiene clara… chin chin chaaaaaaaan…

Contra los otros virus: memoria y resistencia

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Cuando la gente se dio cuenta, el virus ya había llegado, había entrado por las cuatro vías que daban acceso al pueblo, se había hecho sentir con toda su fuerza. El pánico se apoderó de la gente, porque el rumor de que había llegado se había esparcido tan rápido como el miedo a morir, era gente humilde, gente de pueblo, cuya vida transcurría en las tareas propias del campo. Hacía tres años que otro tipo de virus había atacado el mismo pueblo, pero no fue sino hasta ese 16 de febrero que ese nuevo virus siempre presente, pero no manifiesto, se decidió a atacar con toda su desidia.

El virus no tuvo piedad, entró a las casas y obligó a la gente salir, los llevó a la cancha de futbol, les pidió que se separan “hombres a un lado, mujeres al otro”, porque el virus no ataca igual a los géneros, el virus es selectivo, aunque su ataque lleva a lo mismo, la degradación del ser humano y su asesinato físico o simbólico. El virus empezó de a poco, porque su fuerza no estaba en el asesinato simplemente, sino en el ataque minucioso a la moralidad, a la subjetividad y a la integridad del cuerpo. Empezó arrancando una oreja, golpeando en el estómago, desfigurando la cara, era un virus que atacaba sin piedad y que buscaba hacer hablar a aquellos que no tenían nada que decir porque siempre fueron inocentes.

Pasaron seis días hasta que ese virus se fue del pueblo, el 22 de febrero se fue sin más ni más, dejó un pueblo arrasado, con muertos en sus calles, con el tejido social roto, con familias incompletas, con padres sin hijos, con mujeres violadas, con una herida profunda que marcó la vida de esos campesinos, que su única culpa fue vivir en un territorio lleno de virus.

¿Y el gobierno que hizo? ¿Y los medios de comunicación corporativos? y ¿nunca se encontró la vacuna? Para el gobierno el virus era invisible cuando atacaba, en algunos lugares hicieron un cerco epidemiológico, pero esto no contuvo el virus, contuvo fue a la población, le dio vía libre a la propagación. Los medios de comunicación estaban de paseo, el virus no daba rating, ni había noticias 24/7 sobre lo que este virus hacía, no nos llenaron de noticias y no buscaban hacer campañas de solidaridad ni de denuncia, sólo existían para decir lo necesario, el tape tape funcionó. ¿Y la vacuna? ni que decir, han pasado ya 20 años desde esta incursión del virus en aquel pueblo olvidado, El Salado, en el municipio del Carmen de Bolívar ubicado en la región de Los Montes de María.

Ese virus se llamaba Autodefensas Unidas de Colombia, un virus que al parecer mutó su nombre luego de una vacuna no muy efectiva que buscó hacer el gobierno con un acuerdo, pero no mutó sus prácticas, sigue regándose en el país sin control, asesina y asesina pero no aparece como culpable, sigue siendo invisible, no existe, no se sabe dónde está, pero como esa vez en El salado, cuando llega se hace sentir con toda su fuerza, no permitamos que este virus se siga propagando.

Que la resistencia se haga costumbre, hoy en el Día nacional de la memoria y la solidaridad con las víctimas, aprovechemos para mandar este mensaje, el único virus que nos asesina no es Covid-19. Fuerza y resistencia.

Gobernar es conocer

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El manejo de la pandemia Covid-19 en el país, ha desnudado el verdadero rostro de nuestro sistema injusto y anárquico. Al decir sistema hago referencia a todo el engranaje político, económico y social, tanto del Estado como ajeno a este. Ya muchos han expresado ideas al respecto, yo quiero exponer un planteamiento particular, haciéndolo, como siempre, con la intención honesta de aportar al debate y la práctica transformadora, por lo menos entre quienes amablemente se dignan leer estas humildes y, seguramente, descabelladas ideas.

El virus ha puesto en evidencia, una vez más (esta vez de manera más trágica), la debilidad del gobierno Duque y su falta total de liderazgo. Desde su tranquilidad en el centro de Bogotá (entiéndase burbuja de niño malcriado), quiere dirigir un país que no conoce. Los mandatarios locales, conociendo un poco más las realidades territoriales, han mostrado una preocupación más consecuente con los vulnerables, previendo quizá no cargar en su conciencia (los que aún tienen conciencia) con los miles de muertos que pudiesen generarse por el mal manejo de la crisis.

Pero, lo que quiero señalar es, precisamente, el increíble desconocimiento que la clase media-alta tiene del país real, de la verdadera Colombia. Esto no es un problema exclusivo de Duque. Muchos ven casi con sorpresa que haya gente viviendo del día a día. No pueden creer que haya personas en este país que jamás van a un restaurante, que nunca tienen un día de parque en familia o no van a cine por priorizar la comida del día, menos viajan al exterior, ni siquiera a destinos nacionales.

Lo más jodido es que ese desconocimiento también se deja ver en sectores de la intelectualidad alternativa y de izquierda[1]. Triste pero cierto.

Entonces, la derecha mira a los pobres con desprecio, mientras esta intelectualidad los ve como objeto de estudio, ratones de laboratorio.

No es cuestión menor, porque: ¿cómo interpretar el sentir de esas capas sociales empobrecidas si desconocemos su realidad?

El divorcio de la derecha con la realidad se entiende fácilmente, responde a su propia naturaleza. Pero, este fenómeno relativo a la intelectualidad alternativa y de izquierda ha de tener explicaciones extensas que demoraríamos en establecer, no obstante, puedo señalar que se deriva de la ausencia de contacto directo con la realidad.

Algunos aludidos para refutarme dirán que, por ejemplo, Bolívar, Camilo, Fidel o el Che, por mencionar algunas figuras proverbiales para la izquierda, provenían de sectores sociales acomodados (mantuano y clase media-alta), lo que es cierto. Pero, pudieron estos personajes, por diversos aspectos circunstanciales, entrar en contacto estrecho con las pobrerías y desarrollar la sensibilidad necesaria para interpretar fidedignamente su sentir y expectativas.

Bolívar fue criado por una esclava; Camilo vivió su apostolado al lado de los miserables; Fidel compartió desde niño con los trabajadores haitianos, dominicanos y españoles que en barracas vivían en condiciones precarias en la Cuba pre-revolucionaria; el Che en sus periplos juveniles por Latinoamérica vio y sintió de cerca la realidad de nuestro continente, sobre todo de los trabajadores e indígenas.

Nuestro error ha sido buscar en teorías abstractas y complejas (foráneas las más), para solucionar los problemas de nuestros pueblos. La ultraderacha busca en la España franquista, Alemania nacionalsocialista e Italia fascista; la derecha moderada y «moderna» busca en EE.UU. y Francia; la izquierda buscó en una docena de países, pero sobre todo se refundió en los manuales de la URSS, lo que nos lleva, consciente o inconscientemente, a mantener preceptos o prácticas estalinistas, dogmáticas y sectarias, incluso en el plano personal y familiar (en el mejor de los casos, involuntariamente), incapaces de abrirnos al «reverdecer multicolor» de la vida y nuestras naciones.

¡Vaya confusión, tremendo trauma! Con razón el Flaco Bateman decía jocosamente que, si a un revolucionario colombiano se le atravesaba en la calle un chamán rezandero, salía corriendo asustado, no el chamán, ¡sino el revolucionario!

De lo que se trataba era de conocer nuestra realidad, nuestra gente, no por visitas de «finde» a Ciudad Bolívar, Siloé o Rebolo, cual paseo dominical al zoológico, sino por venir de esos sectores o por tener la sensibilidad profunda para compenetrarnos con su modo de vida, de sentir y expresar, es decir, con la cultura e idiosincrasia de los pobres de Colombia.

A propósito, Martí, el Apóstol de Cuba, país muy en boga en estos días por su solidaridad sin par, enseñó en Nuestra América:

«(…) ¿Cómo han de salir de las universidades los gobernantes, si no hay universidad en América donde se enseñe lo rudimentario del arte del gobierno, que es el análisis de los elementos peculiares de los pueblos de América? A adivinar salen los jóvenes al mundo, con antiparras yanquis o francesas, y aspiran a dirigir un pueblo que no conocen(…) Con un decreto de Hamilton no se le para la pechada al potro del llanero. Con una frase de Sieyès no se desestanca la sangre cuajada de la raza india. A lo que es, allí donde se gobierna, hay que atender para gobernar bien; y el buen gobernante en América no es el que sabe cómo se gobierna al alemán o al francés, sino el que sabe con qué elementos está hecho su país…»

Con su inteligencia privilegiada, sentenció:

«Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas.»

Quiera la providencia que las nuevas generaciones no olviden estos preceptos básicos y esenciales para conocer profundamente al pueblo que quieren revolucionar o gobernar, porque, definitivamente, gobernar es conocer.

 

[1] Esta intelectualidad proviene del movimiento estudiantil y sectores afines, como el profesorado. En su mayoría estos sectores, sin escapar a ciertas privaciones, gozan de condiciones que le permiten acceder a la educación, sobre todo superior. Ingreso constante, alimentación más o menos asegurada, transporte (público), salud (prepagada), entre otras que bien conocemos quienes provenimos de allí. En comparación con los sectores más pobres de la sociedad, gozamos de privilegios de los que ellos están absolutamente privados, por lo cual un joven de extracción muy popular no accede a la educación, sea porque no tiene las condiciones para ello o porque no ha existido esa cultura en su familia como consecuencia de esas mismas privaciones históricas.

En estos días de cuarentena, ¿qué hay pa’ hacer?

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En estos días de cuarentena es normal sentir algo de miedo y angustia y tenemos que entender y reconocer esa angustia, para después tomar acciones, pensando una lista de «qué hacer». Para ello hemos creado una opción que creemos puede ayudar a pasar estos días en casa, aquí encontraras links de bibliotecas, películas, museos y libros que han abierto sus puertas para sobrellevar estos tiempos.

Primero dejaremos este poema para darle entrada a nuestro abanico de opciones y dejamos claro que esta lista está hecha un poquito a nuestros gustos y que claramente se quedaron muchas opciones por fuera, pero entenderán que la idea es poder sobrellevar la cuarentena con algo de buen ocio y cerraremos con una cita de Byung-Chul Han para no olvidar el virus real que se esparce por la sociedad.

Poesía escrita a raíz de la peste de 1800

Y la gente se quedó en casa

Y leyó libros y escuchó

Y descansó e hizo ejercicios

E hizo arte y jugó

Y aprendió nuevas formas de ser

Y se detuvo

Y escuchó más profundo

Alguno meditaba

Alguno rezaba

Alguno bailaba

Alguno conoció su propia sombra

Y la gente comenzó a pensar de manera diferente

Y la gente se curó.

Y en ausencia de gente

Que vivía de manera ignorante,

Peligrosamente

Sin sentido y sin corazón,

Hasta la tierra comenzó a sanar

Y cuando se acabó el peligro

Y la gente se encontró

Se dolían por los muertos

Y tomaron nuevas decisiones

Y soñaron con nuevas visiones

Y crearon nuevas formas de vivir

Y curaron completamente la tierra

Así como se curaron ellos

(Kitty O ‘ Meary) 1839-1888

 

  1. Bibliotecas

Empezaremos con la Biblioteca Digital Mundial que reúne mapas, textos, fotografías y películas de los todos los tiempos en siete idiomas. Allí encontraremos filtrando por idioma español un hermoso mapa de pluma, tinta y acuarela del río Dagua, en Colombia, a su vez que una bella acuarela de la Laguna Verde en la provincia de Túquerres (actual Nariño) y para rematar mapas y códices de la cultura Mexica, para los que les interesa temas geográficos, de arte e historia. Hay verán si no le echan un ojo.

Después, está la Biblioteca del Banco de la República donde se encontrarán las distintas colecciones digitales, habría que destacar la colección Libro al Viento ya que allí salieron algunas recopilaciones interesantes.

  1. Museos

Aquí dejaremos algunos enlaces de distintas travesías digitales por museos de México, que se pueden hacer en línea totalmente gratis, encontraremos el Museo Nacional de Antropología ubicado en Ciudad de México, pero también Museos de Oaxaca, Tepotzotlán, Cancún y Veracruz. Y lo único que hay que tener es Adobe Flash Player, Antropología, Oaxaca, Tepotzotlán, CancúnVeracruz.

  1. Teatros

Aquí encontraremos el enlace del Teatro Mayor Julio Mario que está haciendo trasmisiones en vivo de orquestas filarmónicas, obras y danzas. En este momento estamos viendo la transmisión de: Don Giovanni – Coproducción Orquesta Filarmónica de Bogotá, entren a ver qué transmisión encuentran ustedes.

  1. Libros

Aquí dejamos algunos drives abiertos que hemos encontrado, en especial un Kit de cuarentena feminista.

También una página donde podrás ver libros digitales y hay unas muy buenas opciones de literatura infantil.

Aquí podrán descargar del libro Narraciones Extraordinarias de Edgar Alan Poe.

  1. Música:

¡Jazz japonés! suena bien, para la gente que le gusta el jazz puede ser una excelente opción.

  1. Pelis

Bueno esta elección fue difícil, pero dejamos aquí las que más nos gustan

En este enlace hay de todo un poco y de todos los idiomas.

De Luis Buñuel les dejamos: Ensayo de un Crimen (1955), Viridiana (1961), Los Olvidados (1950).

Y otros clásicos:

La Maman et la Putain. Una película dirigida por Jean Eustache (1973).

Metrópolis (1927) Fritz Lang

Madre e Hijo (1997) Aleksandr Sokúrov

Underground (1995) Emir Kusturica, por cierto, la música es genial.

Rebeca (1940) Alfred Hitchcock.

Una mujer bajo la influencia (1974) John Cassavetes.

Giulietta de los espíritus (1965) Federico Fellini.

Y por último un drive con un Kit de cuarentana con películas online.

7. Trabajo manual.

Una propuesta de cultivo y soberanía alimentaria, que realiza la colectiva Huertopia, porque en esta cuarentena hay que sembrar.

Y la frase que habíamos anunciado de Byung-Chul Han con la cual estamos de acuerdo “El virus no vencerá al capitalismo. la revolución viral no llegará a producirse. ningún virus es capaz de hacer la revolución. el virus nos aísla e individualiza. no genera ningún sentimiento colectivo fuerte. de algún modo, cada uno se preocupa solo de su propia supervivencia. la solidaridad consistente en guardar distancias mutuas no es una solidaridad que permita soñar con una sociedad distinta, más pacífica, más justa. no podemos dejar la revolución en manos del virus. confiemos en que tras el virus venga una revolución humana. somos nosotros, personas dotadas de razón, quienes tenemos que repensar y restringir radicalmente el capitalismo destructivo, y también nuestra ilimitada y destructiva movilidad, para salvarnos a nosotros, para salvar el clima y nuestro bello planeta”

Mejor dicho, después de la cuarentena vamos a salir de un culto que ni se imaginan.

Cuidados emocionales en tiempos de crisis

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Estar en un mismo espacio durante mucho tiempo puede ser un tema difícil. Este sistema ha condicionado la vida diaria para siempre tener algo que hacer: ir a clase, ir al trabajo, ir a una reunión, ir a algún lugar de esparcimiento y hasta organizarse para dar un paso hacia la liberación. Cuando se está acostumbrado a una rutina diaria donde la vida corre y corre y las tareas nunca paran, hacer un alto no es tan fácil.

Por eso pensamos en esta guía práctica y muy sencilla de recomendaciones para la salud mental.

  1. Primero lo primero, ¿a qué nos enfrentamos?

Al estar en casa es muy posible que aparezcan o se desarrollen algunas cosas que no eran conocidas para nosotros y nosotras y esto es muy normal. El estar sin el apabullo del quehacer diario, hace que nuestra mente y nuestro cuerpo se den cuenta de temas que tenían pendientes de tratar con nosotros, de hacerlos consientes. Y en ese momento es cuando debemos tomar una primera decisión: los escucho y busco afrontarlos o los ignoro y dejo que me consuman.

Hacer eso no es tarea fácil, pero es lo primero y más esencial, si mi mente y cuerpo me hablan, yo escucho.

  1. ¿y ahora qué?

Una vez que se es consciente de que hay algo nuevo, un sentimiento de angustia, una manía con movimientos y objetos, impulsos para gritar o llorar, o simplemente una sensación de vacío, es hora de que se pongan a actuar las redes.

Nadie, absolutamente nadie está completamente solo, siempre estamos y somos con otros. Y en ese sentido siempre tendremos una red que nos soporte cuando el cuerpo y la mente habla. En este momento es importante identificar a las personas más cercanas o no tan cercanas, familia, amigos, el compañero, la vecina, profesionales de diferente índole que conozco, y en un contexto como el actual, inclusive a los grupos de apoyo que se están generando a lo largo del país.

  1. ¡Vamo’ a calmarno!

Cuando nos enfrentamos a esta charla muy personal con nosotros mismos, es muy importante ser sinceros e intentar mantener la calma, pensar objetivamente y no dejarse llevar completamente por las emociones. En un estado así, es posible que se distorsionen muchas cosas de nuestra realidad, de nuestro ser, de nuestra vida. Y es necesario intentar contenerse emocionalmente, sin que esto implique reprimirse.

La contención es un paso anterior a la expresión de lo que siento, es ese momento donde me detengo y me digo “¡Bueno, vamos a calmarnos! Las vainas no son tan así”, cabeza fría mi pez. Piense y contraste con la realidad. Busque identificar qué es eso que siente y dígalo, primero a sí mismo, hágalo consciente, conozca esa sensación y entiéndala. Esto implica no solo conocerla a ella, sino conocerse a usted, dentro de ella y donde esta sus posibilidades para combatirla.

  1. No lo reprima, dígalo.

El paso de la contención, es decir de reflexionar y contrastar con la realidad ese algo que está ahora presente, de conocer esa sensación, de poder nombrarla, es fundamental para que no pase la represión, que es comerse y guardarse lo que se siente, consciente o inconscientemente.

No siempre decirlo implica hablar con otro, ese decirlo implica una charla con usted mismo, con usted misma, en la que pueda dialogar y decirse lo que siente, por ejemplo, sus resultados tras el proceso de contención, y poner sobre la mesa el panorama ya más real de la situación.

Ahora, una advertencia, no siempre es fácil pensar y hacer ese proceso de reflexión cuando no me siento muy bien. Pero ¿recuerda que antes le había dicho que pensara en sus redes? Aquí es donde aparecen en acción. En la vida muchas veces necesitamos hablar con otra persona, decirle como nos sentimos, contarle algo bueno o algo malo, simplemente hablar.

Y aquí es donde jugamos un papel fundamental, porque, si bien en este momento busco alguien que me pueda escuchar, también hay otras personas que me buscaran para que las escuche. (Algunas recomendaciones sobre esto serán en otro artículo).

Bueno, volviendo a lo que nos ocupa. Una vez identificamos a esas personas, a esas que son amigas, que son familia, que son vecinos. Digan lo que siente, díga lo que ya se dijo a sí mismo, lo que en su proceso de reflexión se dio cuenta y va a pillar que esto le puede ayudar.

Hablar con el otro es fundamental, sobretodo cuando percibo que me tocó llamar apoyo para esta discusión con mis emociones.  Mi amigo, mi prima, mis padres, aquel al que yo recurra para que me escuche, muchas veces ayuda a que el panorama sea aún más claro, hablar puede hacer que se muestre aún menos borrosa la realidad.

Este proceso no implica que siempre funcione, o sea fácil y sencillo, no es un manual, ni pretende serlo, son solo algunas reflexiones de un posible camino que nos puede ayudar a manejar nuestras emociones y apoyar en el proceso de otros, sobre todo en tiempos como el actual.

Ya para terminar, dejamos algunos tips[1] que pueden ayudar a que se cuide y cuide a los otros, como un acto de amor y de ética anticapitalista.

  1. Evite la sobreinformación: no se exponga todo el día a la saturación de mensajes sobre un solo asunto. Hay un universo inmenso de temas, es hora de empezar a explorar.
  2. Afrontamiento positivo: es necesario centrarse en ver las cosas de forma positiva, tome estos momentos como la excusa perfecta para que lea sobre algo que quería saber, para que vea algo que quería ver, para que experimente con temas nuevos, para que hable con su familia, etc.
  3. Mantenerse activo: no haga todo el día lo mismo, distanciarse del computador o el celular es positivo. Levántese y sienta que es un día perfecto para cuidar el cuerpo, puede hacer ejercicio, puede bailar, puede hacer actividades que impliquen movimiento, eso le ayudara a su cuerpo y a sus emociones.
  4. Recuerde estar pendiente de la Revista Hekatombe, que desde aquí vamos a estar pendientes de ustedes, solidaridad y fuerza en estos momentos, que de esta salimos a construir un mundo mejor.

[1] Algunos de estos tips son tomados de la cartilla “Consejos psicológicos para largos periodos dentro de casa” escrito por Elena San Martin Suárez.

Test: ¿qué pintura eres en la pandemia?

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Es hora de saber qué pintura eres ¡completa el test y comparte tu respuesta!

Cuando pase el COVID 19

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En medio de la incertidumbre que vive nuestra especie por el COVID 19, la máxima de ¡otro mundo es posible! toma más relevancia. Pensarnos un planeta libre de COVID 19 parece una utopía, cuando las “grandes potencias” han sido vulneradas por un virus y los creyentes prefieren dejar la vida en las manos de los médicos que en las de Dios.

Decía mi abuela: “los mayores aprendizajes de la vida se dan en las dificultades y nadie llega a sabio sin tropiezos”. Esta dificultad parece una de las más relevantes que tenemos como civilización, la naturaleza está dando lecciones y nos recuerda la fragilidad nuestra especie, ojalá podamos comprenderlas para poder decir:

El COVID 19 nos borró las fronteras y nos hizo pensar en colectivo, le dio sentido a la inteligencia humana y conocimiento para concentrar su esfuerzo en proteger todas las formas vida. Nos evidenció la fragilidad y tomamos medidas frente al cambio climático para repensarnos como especie.

Ayudó a juntar a los gobernantes para trabajar en pro de la vida, los medios de comunicación no volvieron a mentir porque los dueños tenían miedo de morir. Los ciudadanos cambiamos los hábitos para proteger nuestra salud y tomar conciencia de autocuidado.

Todos los días las personas agradecen a quien recoge la basura y realiza el aseo. Las familias son más afectuosas porque el virus no los dejaba abrazar y los diálogos entre padres e hijos ahora son la constante, dejando de lado el televisor y el celular.

Ahora los ciudadanos participan activamente para mejorar el sistema de salud, educación y de transporte. Los estructuralistas y positivistas se reconciliaron para una mayor comprensión de los fenómenos biológicos y sociales, para encontrar soluciones pragmáticas y concretas a problemas estructurales.

Los gobiernos autoritarios son férreos defensores de la libertad y la concienciación, porque fueron la solución al coronavirus. Evidenciamos que el mercado no lo mueve la mano invisible que aprendimos de Smith, sino las manos de los trabajadores que hicieron los dispositivos médicos y fármacos para atender a los enfermos y las manos de los campesinos que araron la tierra para traer comida a las ciudades.

El antropocentrismo, racismo, clasismo, machismo, homofobia y patriarcado también fueron víctimas del coronavirus, murieron con la vieja sociedad. La ciencia occidental declara abiertamente su incapacidad para comprender la realidad de manera totalizante y los grandes científicos son seducidos por los saberes ancestrales.  Los ateos y agnósticos son promotores de la espiritualidad.

Pocos minutos después de salir el último paciente del hospital, los titulares de prensa del mundo dicen: “coronoravirus fue vencido por una acción colectiva y solidaria”.

Aprendimos que todos estamos unidos por un hilo invisible que nos ata a la tierra y las potencias mundiales derriten sus armas, con un declaratoria que reza:

 “Ni bombas ni tanques detuvieron el coronavirus, fue el amor y el cuidado colectivo”. Donde aprendimos, que somos uno solo.