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¿Me odio? Lo monstruoso en La Sustancia

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También vi La Sustancia de Coralie Fargeat, protagonizada por Margaret Qualley y Demi Moore, quien ya nos había llevado hasta el límite en la película Gi: Jane (1997), cuando calva se enfrentó a John James Urgayle (Viggo Mortensen) y sus pantaloncitos cortos.

La Sustancia condensa gore y horror corporal, además de rendir homenaje a varios clásicos del cine como El Resplandor (1980), Odisea del Espacio (1968), Alien (1979 y 1997), o La muerte le sienta bien (1992) aunque no esté en la lista de los especialistas del séptimo arte.

Ya se han escrito muy buenas reflexiones sobre esta película, una que me gustó mucho fue «No llegar a ser, pero haber sido» de Giovana Suarez Ortíz, que fue publicada, por supuesto, en la Revista Hekatombe, por lo que no es mi interés abordar los mismos temas, sino que quisiera comentar algo adicional a lo que ya se ha dicho, pero con algunos spoilers.

Una vez que Sue se separa, decide audicionar, con éxito, en el programa que reemplazaría al de Elisabeth Sparkle, de entrada empieza a trabajar y esto es lo que me llama la atención: no tuvo que presentar ningún papel. Más allá del inconveniente del documento de identidad, no hacen referencia a los papeles correspondientes en EE.UU al certificado de afiliación a la EPS; fondo de pensiones; ARL que es muy importante por los riesgos laborales causados por la actividad física; la hoja de vida con certificados organizados en un solo pdf, ni ninguno de los documentos que suelen solicitar en las empresas durante el proceso de contratación.

Si es posible que una Sustancia saque la mejor versión de una, parece que también garantiza que salga la “mejor versión” de un proceso de contratación.

Fuera de chiste, luego de hablar con mi hermana y mi mamá, voy a señalar cuatro elementos que nos interpelaron:

  1. Sonríe

Elisabeth y Sue son obligadas a sonreír en situaciones límite, porque las mujeres bellas lo hacen. Lo cierto es que el tema de la sonrisa es complejo para las mujeres, porque hay maneras de hacerlo, la fórmula adecuada puede ser el hilaris vultu de la virgen María, que, según la definición de mi hermana, consiste en un semblante alegre con decoro, pero como en el capitalismo es necesario el elemento provocador, toca agregarle algo de picante para demostrar satisfacción.

Hablando sobre la película, mi hermana que es experta en los tipos de risa en la pintura del siglo XVII y, en no sonreirle a cualquier persona, se acordó de la vez que en un trabajo, después de una visita técnica para la exposición de un artista, este le dijo: «para que lo tengas en cuenta: resulta insoportable que no sonrías».

Las mujeres serias no somos agradables y supongo que alguna vez nos han dicho que debemos sonreír. Para pedir ayuda, después de llorar en el baño… hay que sonreirle a la vida, siempre complacientes y resignadas. Aquí no vale la pena hacer ninguna referencia a Sonríe (2022) que no problematiza el tema en cuestión, sino que se queda en una maldición floja y autodestructiva. De pronto en la siguiente expliquen qué pasa y nos obliguen a dedicarle una reflexión, nunca se sabe.

  1. Son la misma persona

Cada vez que Elizabeth o Sue se comunicaban con el dealer de La Sustancia, él insistía en qué ella es una, es la misma persona. ¿Qué significa ser la misma persona en un ambiente en el que se le exige no ser ella misma?

  1. Enfrentarse al espejo

Una de las escenas más impactantes de La Sustancia es cuando ella se asesina. Sue golpea a Elisabeth contra el espejo, despreciando no solamente su aspecto, sino lo que ella representaba, una mujer madura que está siendo olvidada, y pasa los días atragantándose, viendo televisión, odiándose.

Sabemos qué significa enfrentarse al espejo. Puede ser el reflejo rápido en una ventana, cuando nos peinamos, o en esos espejos con aumento que se encargan de ampliar los poros. Nos odiamos por nunca ser suficiente, suficientemente altas, bajas, curvas, planas. 

Elizabeth dice que se odia hasta los huesos, porque además el desprecio es por no encajar en un “deber ser” que, en últimas, solo busca saciar a un conjunto de personas que se han socializado en el patriarcado. Bien lo señala Gloria, interpretada por América Ferreira en Barbie de Gerwing (2023).

“Pero nunca olvides que el sistema está amañado. Así que encuentra una manera de reconocer eso, pero también sé siempre agradecida. Nunca hay que envejecer, nunca ser grosera, nunca presumir, nunca ser egoísta, nunca caer, nunca fallar, nunca mostrar miedo, nunca salirse de la raya”. 

  1. Sobre el monstruo

En el cuento La Subasta, la autora ecuatoriana María Fernanda Ampuero, nos propone la discusión sobre lo monstruoso. Sin spoilers, el cuento plantea que en medio de una subasta de personas, la protagonista rompe con la “normalidad” de la situación. Rodeada de machos que ofrecen dinero por los cuerpos de las mujeres, mientras las exhiben como trofeos y las sexualizan, ella decide convertirse en monstrua, saliendo de los estándares de lo que debe representar una mujer -ser vulnerable, temerosa, bella, pura-.

La Sustancia me hizo pensar en ese cuento y en qué es realmente lo monstruoso. ¿Es un monstruo el monstruo de Elisabeth, Sue y lo que sea que salga de Sue?, ¿son monstruosos los estándares de belleza?, ¿son monstruos los hombres que arrinconan a Elisabeth y explotan a Sue?, ¿las y los espectadores del show de año nuevo que terminan bañados en sangre al mejor estilo del Resplandor y Carrie (1976)?, ¿las personas que se encargaron de subirle el rating al programa de Sue?

A diferencia de La Subasta, la monstrua no es resultado de un ejercicio de protección, sino de rudeza y desprecio de sí misma; de buscar ser la mejor versión de la mejor versión. Elisabeth-Sue deja de tener “cada parte del cuerpo en su lugar”, como indican los dos hombres encargados del casting, para demostrar ser el resultado de la belleza artificial e imposible que nos vende el capitalismo.

La Sustancia no pretende ser una fábula que termina en una autocrítica por parte de Elisabeth, sino que se convierte en una invitación a preguntarnos sobre lo monstruoso en nosotr_s: ¿promovemos este tipo de belleza homogénea?, ¿nos pasa al igual que a Regina, Gretchen y Karen en Chicas Pesadas (2004), que odian sus caderas, hombros y pantorrillas?

#23 de octubre: por el reconocimiento a las Mujeres Buscadoras en Colombia

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La desaparición forzada, al igual que la tortura y la violencia sexual, son tres de los más grandes y dolorosos flagelos que han acompañado al conflicto armado interno en Colombia. Crímenes que muestran la absoluta deshumanización de la guerra cuyo principal objetivo es lacerar lo más profundo del alma y acabar la esperanza por la vida.

Los responsables son los actores armados legales e ilegales, quienes usaron este crimen como una forma de borrar la verdad y la memoria del país; pero también es responsable el Estado colombiano y todas las instituciones que por décadas ignoraron a las víctimas de estos hechos e incluso burlaron su dolor e invisibilizaron sus demandas. Y por supuesto, también es cómplice silenciosa: la sociedad, la amplia mayoría de la población que desconoce el impacto de estos hechos para las víctimas y la magnitud de este delito sobre la historia del país.

Acorde con datos de la UBPD en Colombia se han registrado 111.640 personas dadas por desaparecidas. De sus historias de vida surgen las personas buscadoras quienes en el 95% de los casos son mujeres: madres, hermanas, hijas, esposas y abuelas que se niegan a dejar en el olvido a sus familiares. En este sentido, en la Unidad se registra, además, que 21.028 mujeres adelantan procesos de búsqueda ante esta institución. 

Pero las mujeres no solo buscan a las personas desaparecidas, buscan la verdad de los hechos para alcanzar la justicia y reparación que les permita caminar hacía el perdón. Para esto, han aprendido a buscar archivos, recoger relatos y reconstruir la historia. Han aprendido de las rutas de atención legal y del abrazo del acompañamiento psicosocial.

Esta ardua labor, que incluso las ha revictimizado a través de la persecución y estigmatización expresada en todas las formas de violencia (física, psicológica, sexual, simbólica y económica), en los últimos años ha estado acompañada por la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas UBPD institución que fue creada a partir de los Acuerdos de Paz firmados en La Habana en el 2016 en el marco del Sistema Integral para la Paz. 

Así, las mujeres se han juntado, organizado y luchado con la misma bandera de la búsqueda de la verdad sobre los hechos ocurridos con sus seres queridos. Sus corazones se juntan para no perder la esperanza, para luchar por la dignidad y para que la restitución de sus derechos se haga realidad con logros como la aprobación de la Ley 2364 de 2024 por medio de la cual se reconoce y protege de forma integral los derechos de las mujeres buscadoras de víctimas de desaparición forzada; ley en la cual se declara del 23 de octubre como el Día Nacional de las Mujeres Buscadoras. 

Sabemos que la búsqueda no se dará solo un día y que las personas dadas por desaparecidas están en la mente y el corazón de las mujeres buscadoras todos los días; pero también sabemos que esta conmemoración, es un abrazo simbólico a su lucha y a sus logros, a sus gritos de dignidad que también se traducen en arte, en música y en poesía como el  Poema Ausencia de la Autora Aura María Díaz madre buscadora de César Ariel Sepúlveda Díaz, detenido desaparecido el 5 de septiembre de 1994 en Oiba, Santander. 

Escucho la voz que nunca llega
el timbre que nunca suena
los pasos que imagino y no se sienten
la mirada que cada vez es más profunda
pero se aleja…

y, me resisto a pensar que nunca llegues.
No pasará la edad cuando te fuiste
no pasarán los juegos a escondidas
sigo sintiendo los abrazos y besos
de hijo ausente y escucho hoy con más
fuerza la última vez en que mi dijo
ya regreso.

Te observo a través de la ventana
que entra sigiloso…para devolverme los abrazos perdidos,
los besos protegidos,
y para acompañarme a recoger las
lágrimas vertidas por mis ojos   
tantos años, para recoger la dignidad
perdida, para recoger la infamia y el
olvido y para sobreponerme a la terrible
indiferencia de los pueblos.

El papel de los intelectuales en Colombia

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Hace algunos días, tuvimos el deleite de leer el artículo del escritor colombiano Mario Mendoza para la revista Cambio. Dicha producción, podemos sintetizarla en una monserga plagada de recursos estilísticos, propios del oficio literario, los cuales, en una labor desafortunada, tratan de centrarnos en una crítica sosa y vacía al gobierno de turno.

 Quizá Mendoza, al mejor talante de los intelectuales de antaño, enfila sus líneas en un discurso contracorriente y marginal, emulando los patéticos personajes que construye en sus novelas. Este segmento de pseudointelectuales, que reptan en alocuciones grisáceas, o como mejor los conocemos en el teatro nacional, los tibios, son aquellos actores camaleónicos que cómodamente asientan sus críticas y visiones de mundo, en una bella oficina con biblioteca, galardones y títulos de prestigiosas universidades como telón de fondo. Izquierdas o derechas para ellos son lo mismo. 

La táctica es simple: independientemente de las desgracias históricas por las que ha atravesado nuestro territorio, seguiremos tratando de ubicarnos en lo inexistente, en aquel grado cero que alguna vez formulara Roland Barthes y que inexorablemente nos indicará su inviabilidad. En este sentido, ¿Cuál vendría a ser el propósito de los intelectuales en Colombia? Al parecer, simplemente asumirse como académicos tradicionales, ciudadanos del mundo, cercanos a los vetustos capitales cotidianos, representados por élites insensibles, que lanzan sus opiniones a aquellos exclusivos ciudadanos que van al club, ávidos de consumir experiencias culturales por Europa y sus alrededores. En pocas palabras, no nos representa el populacho, ni somos aquel rico de dudosa procedencia. Somos lo que esta sociedad colombiana ordinaria y decadente necesita.

Esta inutilidad del intelectual colombiano, ese que figura en los medios y posee arduos deseos de gobierno, nos recuerda a aquella práctica mal interpretada por los estudiosos de la edad media y conocida como auctoritas. Estos presuntos y modernos bendecidos por el conocimiento, con la autoridad ético-moral de señalar el buen camino a un pueblo maldecido por el mal gusto y la ignorancia, son quienes nos guiarán por un nuevo pasaje a sociedades más igualitarias, que luego los idolatrará como a aquel Prometeo dador de la bendición del fuego. 

Como lo planteara el semiólogo Umberto Eco en su obra La Estrategia de la Ilusión, “La práctica del recurso a la auctoritas es un aspecto de la cultura medieval que una óptica laica, iluminista y liberal nos ha llevado, por un exceso de obligada polémica, a juzgar mal y a deformar. El estudioso medieval aparenta siempre no haber inventado nada y cita continuamente una autoridad precedente. Serán los padres de la Iglesia oriental, será Agustín, serán Aristóteles o las Sagradas Escrituras o estudiosos del siglo anterior, pero jamás debe sostenerse nada nuevo, si no es haciéndolo aparecer como ya dicho por algún predecesor. Si lo pensamos bien, es lo opuesto de lo que se hará desde Descartes hasta nuestro siglo, en que el filósofo o el científico de valía son exactamente aquellos que hayan aportado algo nuevo (lo mismo vale para el artista desde el romanticismo o, quizá, desde el manierismo en adelante)”. (Eco 102).

Este ejercicio de vender humo, aquel que ponen en pericia nuestros modernos intelectuales, como un guión pobremente escrito, en defensa de los valores tradicionales y con la intención de depreciar lo progre, tildándolo de prácticas carentes de argumentos epistemológicos, científicos y novedosos, es un brillante recurso que tristemente los ha encumbrado en hombros de gigantes para una gran parte de incautos transeúntes. 

El capital cultural les ha servido para mantener su trono. El confunde y reinarás, aún los sigue invistiendo con ese manto de clarividencia y lucidez que claramente los ha catalogado como los únicos seres cerebrales con la capacidad de enderezar el camino, después de décadas de inepta tradición intelectual en Colombia. Este delirio renacentista e ilustrado colombiano del cual padecen algunas mentes, es el reflejo de una simple pulsión capitalista. El ejercicio de poder, en el terreno nacional, no solo lleva una tensión egoica, sino un deseo explícito de control burgués. Las relaciones de poder y economía, a su parecer, no pueden estar ligadas al equilibrio social. Nos encontramos pues, frente a una de las relaciones más desafortunadas en la historia nacional: una intelectualidad al servicio de los grandes capitales. 

La matriz mediática ha vinculado perfectamente las dos caras de la moneda. Por un lado, los medios tradicionales se encargan de alimentar la estupidez de sus consumidores, mientras los cacaos, aquellos que promulgan la voz del intelecto y la crítica argumentativa, por citar un ejemplo la revista Cambio en la cual se consigna el artículo de Mario Mendoza, atrae a sus huestes de tibieza, individuos considerados dignos de dicho imprevisto. 

Referenciando nuevamente a Umberto Eco, a razón del fenómeno de la televisión: “en contacto con una televisión que solo habla de sí misma, privado del derecho a la transparencia, es decir, del contacto con el mundo exterior, el espectador se repliega en sí mismo. Pero en este proceso se reconoce y se gusta como televidente, y le basta. Vuelve cierta una vieja definición de la televisión: “Una ventana abierta a un mundo cerrado” (Eco 213). Sin lugar a dudas, los medios y en términos generales la producción cultural, intervienen en la construcción particular. 

La polarización acaecida en un país como el nuestro, en gran medida se emplaza en la lógica individualista del sustrato intelectualoide. Que cómodo y práctico resulta ser un erudito de la élite colombiana, lanzar expresiones ambiguas al estilo Fajardo, sosteniendo simplemente una pose que no me aleje de mis beneficios y con la firme certeza que Daniel Coronell abogará por mí en su revista Cambio, llenar estanterías en tiendas de cadena con novelas genéricas al estilo Mendoza, hacerme el cómico como el triste payaso de Daniel Samper o simplemente mostrar mi incompetencia en un ministerio de educación como Alejandro Gaviria, suspirando y refunfuñando por la inalcanzable presidencia. 

Basta con echar mano a un libro tan controversial como La Biblia, para toparnos con lo siguiente: “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo (Apocalipsis 3: 15-17). Esperemos los vomitivos para el próximo 2026.

REFERENCIAS

  • Eco, Umberto (2012). La estrategia de la Ilusión. Editorial de Bolsillo, Barcelona

No llegar a ser, pero haber sido

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Recuerdo cuando, adolescentes, mis amigas y yo deseábamos que nos crecieran las tetas, un signo inequívoco de que habíamos llegado a ser mujeres bellas. Pasaron los años y unas querían más tetas, otras menos kilos, otras deseaban un culo más grande, otras más pequeño… Cintura, ojos, orejas, manos, dedos, abdomen: todo estaba por hacerse, a los 20, a los 30, a los 40 (la década en la que ahora estoy). Ver la película de la directora francesa Coralie Fargeat La sustancia me hizo pensar que nunca llegaremos a ser, pero que sí llegará el día en que dejemos de ser.

La historia de Fargeat comienza en el punto en que la carrera televisiva de la bella Elisabeth Sparkle toca fondo, y la razón es su edad. Para ajustarse a las exigencias de juventud de su trabajo, se somete a un tratamiento incierto y clandestino que la obligará a vivir en un ciclo en el que, una semana, tendrá el cuerpo de una veinteañera, la mejor versión de sí misma según la empresa que le proporciona el tratamiento; y la siguiente semana, el cuerpo que ha llevado durante cincuenta años.

La Sustancia sigue la lógica de una película de acción: una mujer mayor puede bajar ágilmente unas escaleras o arrastrar un cuerpo sin dificultad, mientras que una joven sin entrenamiento golpea con la potencia cinematográfica de John Wick.

La película nos sitúa en un universo lleno de colores cálidos, cuerpos hermosos y miradas masculinas que determinan cómo y hasta cuándo se es una mujer bella. El escenario es Los Ángeles, la ciudad que también enmarca a la protagonista de Revenge (2017), otra película de Fargeat que, como La Sustancia, tiene una estética propia del cine serie B, con exceso de sangre, efectos especiales prácticos y tomas cliché de masculinidades que se regocijan en sí mismas hasta lo ridículo. Adicionalmente, La Sustancia sigue la lógica de una película de acción: una mujer mayor puede bajar ágilmente unas escaleras o arrastrar un cuerpo sin dificultad, mientras que una joven sin entrenamiento golpea con la potencia cinematográfica de John Wick. Así también ocurre con la protagonista de Revenge, una Rambo sin experiencia militar, pero movida por una venganza casi mística contra las masculinidades que la trataron como un simple objeto de decoración y placer.

Es evidente que Fargeat ha reflexionado mucho sobre los roles de género en torno al deseo femenino de belleza y la obsesión masculina por el poder. Vale la pena buscar en Internet Reality+, un corto de 22 minutos en el que Coralie cuenta una versión más amable de La Sustancia. Más allá de corregir estos estereotipos, la película expone cómo la representación mediática de los roles de género opera con ellos y los perpetua. Por ejemplo, una niña ansiosa por disfrutar del show en vivo de Sue (la versión joven de Elizabeth) se viste como ella en el momento cumbre de la estrella televisiva. Las gigantescas vallas publicitarias promocionan su figura, mientras las permanentes referencias y apariciones de Sue en otros programas refuerzan su imagen.

El constante cambio de cuerpos divide la identidad de Elizabeth hasta el punto de generar un rechazo entre ella y Sue. Elizabeth sufre al contemplar la belleza de su otro yo; le avergüenza el cuerpo que una vez fue suyo, y por ello se aísla y se resigna a estar del otro lado de la pantalla. La televisión, que indica que el presente no es el tiempo en que vive, se convierte en el nexo que une dos mundos: el de las jóvenes bellas y el de las mujeres envejecidas. Las primeras protagonizan los programas; las segundas los observan desde el sofá, rodeadas de comida chatarra. Pero no debemos confundirnos, que la perspectiva de la historia sea la de una mujer considerada “caduca” no implica que el mundo de Sue sea ideal. Al igual que Elizabeth, Sue “no es” es solo un proyecto de futuro.

A pesar de su belleza y del rápido reconocimiento que alcanza, la vida de Sue se muestra únicamente como un camino hacia el ser, encarnado en la película por la celebración del año nuevo. Será en ese momento, el 31 de diciembre, cuando Sue finalmente se convierta en la presentadora del programa de fin de año con más de 50 millones de espectadores en todo Estados Unidos. Mientras tanto, Elizabeth, que ya fue, se alimenta rompiendo la dieta necesaria para mantener los estándares de belleza que ahora son exigidos a Sue. Esta última, por su parte, también rompe las reglas del intercambio de cuerpos, acelerando el envejecimiento de Elizabeth.

En pocas palabras, la película nunca nos muestra a alguien que “sea”, nos pone frente a una identidad femenina que solo será o dejará de ser. Pero, ¿un futuro y un pasado de qué? De aquello que Naomi Wolf denomina “el mito de la belleza” en su libro homónimo de 1991.

En pocas palabras, la película nunca nos muestra a alguien que “sea”, nos pone frente a una identidad femenina que solo será o dejará de ser. Pero, ¿un futuro y un pasado de qué? De aquello que Naomi Wolf denomina “el mito de la belleza” en su libro homónimo de 1991. Según Naomi, se trata de “la ideología de la belleza, último baluarte de las viejas ideologías femeninas”, el modo en que se castiga y se contiene a las “feminidades liberadas” del mundo contemporáneo, sea bajo el discurso de la salud, del cuidado corporal, de la “mujer de valor”. En La Sustancia, la belleza no solo mueve a Elizabeth en su intento de recuperar la lozanía de su juventud, sino también grandes flujos de capital que se basan en la fascinación que produce la cara y el cuerpo de Sue. Este mito también afecta a los hombres de su entorno y a aquellas mujeres que, al haber dejado de ser, se resignan al consumo de imágenes televisivas. Imágenes que, según el productor del programa, necesitan mujeres “más jóvenes, más buenas (hot), ya que a los 25 años empieza a disminuir la fertilidad”.

En lugar de preocuparnos por llegar a ser o porque nos alcance la brutal realidad de haber sido, Fargeat utiliza en el cierre referencias cinematográficas (de las cuales está llena la película), para hacernos una propuesta. Como en 2001: Odisea al espacio de Stanley Kubrick se anuncia el comienzo de algo nuevo con el poema sinfónico de Richard Strauss Así habló Zaratustra, eso que comienza es la llegada de un monstruo al set del programa, un nuevo personaje que, finalmente, hará realidad el sueño de Sue de convertirse en una estrella de televisión. Pero la propuesta de Coralie sabe a quienes les habla: el monstruo que busca el amor de sus espectadores fracasa, como fracasaron Quasimodo y Frankenstein en su debido momento, y el show en vivo desemboca en una lluvia de sangre que recuerda la escena final de Carrie (1976), la película de Brian de Palma.

Al final, el carácter mítico de la belleza se pliega sobre sí mismo y explica las constantes imágenes de tres palmeras meciéndose que se repiten a lo largo de la película y que ahora son una añoranza de las estrellas nocturnas que parecen reflejarse sobre el suelo del Paseo de la fama de Hollywood (Hollywood Walk of Fame) con el que termina la película, y con el que, al comienzo de la misma nos relatan el triunfo y declive de Elizabeth Sparkle, dejándonos listas para ver el momento en que su carrera no da más.

No es desorden, es poder popular: El llamado de Petro frente a las élites y sus intentos de golpe

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Hoy, 11 de octubre de 2024, el presidente ha convocado a concentraciones en plazas de todo el país para demostrar a las élites que sus intentonas golpistas no tendrán éxito, pues el pueblo lo respalda. Inmediatamente, surgieron voces del periodismo corporativo manifestando su hartazgo e, incluso, su asco hacia esta constante convocatoria a las calles y el poder popular, criticando que el presidente, como jefe de Estado, debería comportarse “a la altura de la dignidad” del cargo.

Los titulares repiten incansablemente la supuesta “falta de método” del presidente, aluden a que sus discursos son “aéreos” o insisten en que debería hablar más del Cauca y menos de Palestina. Estos ataques no son sólo contra Petro, sino también contra el proyecto de cambio que lidera. Las mismas voces que critican el poder popular son las que han pasado años quejándose de los mecanismos constitucionales, como las consultas populares y previas, tachándolas de obstáculos para el “desarrollo” y el “crecimiento económico”. Son esas mismas voces que se incomodan ante un Congreso con más mujeres racializadas, jóvenes y líderes de organizaciones campesinas, indígenas y afrodescendientes que resisten y proponen alternativas al proyecto neoliberal de muerte desde cargos de responsabilidad en ministerios y departamento administrativos. 

Son también esas voces quienes defienden la “santidad objetiva” de la junta directiva del Banco de la República y piden constantemente el regreso de la tecnocracia formada en los Andes para servir a los dueños del país. No pueden aceptar que tecnócratas al servicio de la democracia popular, comprometidos con la democracia, lideren el Ministerio de Comercio o el de Minas y Energía que es importante decirlo es un ingeniero de la universidad pública. Les desconcierta que haya tantas mesas de paz abiertas en busca de la paz total, y extrañan la “sobriedad de Santos”, quien tardó ocho años en llegar a un acuerdo con las FARC, dejando conflictos sin resolver, como en los nueve procesos de paz anteriores de los últimos 40 años, que no tocaron las raíces de nuestra guerra. Porque nunca les ha importado silenciar de manera definitiva los fusiles en Colombia.

No entienden la urgencia de reformar la estructura del Estado para que los recursos públicos dejen de beneficiar exclusivamente a los grandes grupos económicos y, en su lugar, se destinen a garantizar los derechos humanos de los ciudadanos humildes. Esta incomprensión surge porque, a diferencia de la mayoría, quienes atacan el proyecto de Petro tienen asegurados esos derechos (o eso les han hecho creer): no conocen el hambre, la falta de acceso a la salud, la incertidumbre sobre si tendrán una pensión o cómo sobrevivirán el próximo semestre con sus trabajos de mierda.

Constantemente se burlan del presidente, lo caricaturizan, y aseguran que sus políticas y objetivos que intenta fijar como jefe del Estado son imposibles, sueños irrealizables para ellos y ellas. Pero esto no es desorden, es diversidad; es el poder popular tomando forma en el Estado. Es un proceso en curso que solo lleva dos años. Lo que perciben como caos es simplemente el miedo de los de arriba ante la fuerza de los de abajo que buscan democratizar la vida en su totalidad. No es desorden; es la tensión entre los tiempos de la acción colectiva y la burocratización institucional, algo que no se resuelve con un CONPES, y eso los desestabiliza. Su miedo se traduce en constantes llamados a la “gobernabilidad,” que en realidad es un llamado a “dejarnos gobernar,” a reducir la democracia a sus propios intereses, poniendo muros frente a las aspiraciones de igualdad, libertad y fraternidad que sustentan la legitimidad de cualquier república moderna.

Por eso, el presidente Petro ha pasado casi un año haciendo un llamado constante a activar el poder constituyente que reside en el pueblo, instándonos a asumir nuestra mayoría de edad y a organizarnos para reclamar nuestro espacio en la toma de decisiones públicas. Reitera que avanzará tanto como el pueblo lo acompañe, y por ello nos corresponde a nosotros hacer nuestra parte.

Es precisamente esta conexión con el poder popular lo que permite a este gobierno afirmar con orgullo que no ha necesitado reprimir con la mutilación de ojos o el asesinato de personas a quienes protestan en su contra para ejercer autoridad. Esa sintonía con la diversidad popular se demostró hace apenas unas semanas, cuando el gobierno, en lugar de ceder a las presiones de los dueños del negocio del transporte, se comunicó directamente con los camioneros de base para construir junto a ellos rutas de resolución de sus necesidades sin permitir que otros usaran sus movilizaciones para desestabilizar.

Es esa sintonía con el pueblo que le permitió a este gobierno por primera vez en 20 años de seguridad democrática demostrar una preocupación real y no hipócrita por la fuerza pública que está compuesta de hijos del pueblo y mejorar sus condiciones materiales desde las raciones de comida hasta las mesadas de los retirados.

A un día de conmemorar el 12 de octubre de 1492, debemos reivindicar la diversidad del pueblo, que ha resistido a las élites, quienes hoy luchan con rabia por aferrarse a un poder que ya no les pertenece. Debemos seguir defendiendo desde nuestras trincheras las victorias alcanzadas y seguir avanzando para mantener el gobierno después de 2026. Es imperativo consolidar un partido democrático y unitario que trascienda los límites del marco liberal que esas élites hipócritas nos quieren imponer y lograr mayorías absolutas en el Congreso, para dejar de depender de aquellos tibios que también nos desprecian.

¿Y la ética periodística en dónde está?

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La Oreja Roja, medio de comunicación alternativo y crítico, decidió publicar una crítica a Lady Noriega por la forma como se refirió a la industria del modelaje webcam y su relación con las cirugías estéticas en una entrevista guiada por la periodista Eva Rey en su canal de Youtube “Desnúdate con Eva”. 

En dicha publicación, la Oreja Roja acusa a Lady Noriega de normalizar la infantilización y la sexualización de niñas y mujeres, debido a que en la entrevista Noriega comenta que al consultorio de su esposo Rodolfo, quien es cirujano estético, llegan muchas modelos webcam con exigencias de transformación de su cuerpo según lo que el mánager haya decidido. Noriega relata que las tendencias en cirugías estéticas dependen de las demandas del mercado y, en ese sentido, son quienes manejan la industria de modelaje webcam quienes determinan qué cuerpo debe ser transformado para lucir más virginal e infantil y cuál cuerpo debe ser transformado para ser la “buenota” voluptuosa. 

Al leer la publicación y ver el extracto del vídeo que la Oreja Roja publicó pensé que Noriega estaba denunciando esa realidad, no promoviéndola, pero reconocí que era difícil inferir la posición política de ella frente al asunto sin tener el contexto completo de la entrevista, por lo cual fui a Youtube a buscar la entrevista completa. 

Mi sorpresa fue mayúscula al evidenciar que ese fragmento, en el cual se había concentrado la crítica hacia Noriega, no era el peor de la entrevista. Después de hablar al respecto, Noriega relata cómo fue su “primer encuentro sexual” con su esposo. Ella, sin poder nombrarlo, relata lo que fue un presunto abuso sexual. Dice que él le puso una trampa al invitarla a una boda y decirle que no podía reservar dos habitaciones, sino sólo una; ella decidió pasar la noche con sus amigas, pero al ir a la habitación al siguiente día para vestirse “yo cuando vi fueron 85 kilos encima de mí, estripándome. Yo dije Dios mío, cómo me voy a escapar ahora de esto” (min 17:15-17:24). Ella misma manifiesta que no sabe cómo nombrar esa experiencia. Dice: “eso fue medio… yo no tendría una palabra para eso, porque es como cuando tú quieres, pero no quieres y yo no he encontrado una palabra para definir esa situación” (min 17:32-17:44). Esta imposibilidad de nombrar su experiencia es una consecuencia de la injusticia epistémica, pues no dotarnos de herramientas conceptuales para nombrar nuestras experiencias es una forma de mantenernos en la imposibilidad de darle sentido y denunciar las injusticias. Cuando se nos niega el conocimiento de que X es X y como consecuencia no podemos nombrar la experiencia somos víctimas de una injusticia relativa al conocimiento. Eso es lo que se evidencia en ese fragmento: Noriega no cuenta con las herramientas conceptuales que le permitan nombrar su experiencia de presunto abuso sexual como tal. 

Al ver el vídeo mi indignación creció exponencialmente y no hacia Noriega, como lo pretendía la Oreja Roja. Mi indignación fue contra los periodistas. Por un lado, contra Eva Rey, quien la entrevistó y en medio de ese relato su actitud consistió en reírse, preguntarle si la experiencia había sido buena, si había llegado al orgasmo y además aplaudir al presunto abusador diciendo que era un “crack” por haber logrado incluso casarse con Noriega. Por otro lado, mi indignación fue contra la Oreja Roja al preguntarme ¿cómo es posible que ellos hayan planteado una crítica con herramientas teóricas feministas contra Lady Noriega después de haber escuchado ese relato? Es decir, me pregunto qué pasó por la cabeza de los periodistas con formación feminista que escucharon la entrevista y en lugar de fijarse en el relato de presunto abuso sexual se hayan concentrado en lo que ella dijo y, además, hayan decidido que era buena idea lanzarla al escarnio público para que fuera criticada por supuestamente promover la pedofilia. 

Ella no es la que cuenta con las herramientas epistemológicas del feminismo para nombrar la experiencia y eso queda claro en el vídeo. En teoría los periodistas sí son quienes deben tener esas herramientas, especialmente cuando tienen la autoridad para plantear una crítica feminista. ¿Qué sororidad puede evidenciarse en tomar un vídeo en el que alguien relata una posible victimización para convertir a esa posible víctima en objeto de crítica? 

Por supuesto que ser víctima no nos quita responsabilidad sobre lo que decimos. Nuestras ideas pueden ser criticadas. No obstante, la responsabilidad periodística exige que analicen las consecuencias de poner el foco en X o en Y, de visibilizar determinado producto o de lanzar críticas contra alguien. ¿El contexto era el oportuno? Al ver el vídeo con lentes púrpura queda claro que se trata de una persona que no sólo ha normalizado la industria sexual y la objetivación de los cuerpos femeninos (que hace parte de toda la industria sexual. No puede existir la industria sexual sin la mercantilización y cosificación de los cuerpos de las mujeres) para cumplir fantasías masculinas, incluso si esas fantasías incluyen una apología a la pedofilia. Sin embargo, así como hay una normalización de esa cosificación y de la pedofilia, también hay una normalización de la cultura de la violación que no entiende que sólo el “sí” entusiasta y deseado es un sí. Esa normalización, que es parte de nuestra cultura, no es responsabilidad de Noriega, sino que incluso la victimiza a ella. La sororidad nos exige que podamos entender el contexto que produce las subjetividades de las mujeres y no señalarlas a ellas, sino al contexto que produce lo problemático que ellas dicen o encarnan, especialmente cuando son víctimas de eso mismo que ellas normalizan.

Dicho lo anterior, escribo desde la digna rabia, porque considero que el trato que se le dio a la entrevista de Noriega fue completamente falto de ética e injusto por parte de los periodistas, al ponerla como objeto de crítica y estimular así que en lugar de ser reconocida como víctima, fuera criticada (basta con ver los comentarios en la publicación, en los cuales algunos hablan muy mal de ella y la revictimizan al culparla por no poder ver que su experiencia fue abuso y defender a su presunto agresor e incluso casarse con él). Si esas palabras hubieran sido en otro contexto, con otro vídeo, cuestionar ideas problemáticas está bien. Pero no es ético citar un vídeo en el que ella relata un posible caso de violación en el que ella fue la víctima y tomarlo para invitar al público a que la critiquen. Se puso el foco en lo indebido, se le dio visibilidad de una manera errónea y se produjo una indignación contra ella en lugar de una indignación contra el agresor. 

En consecuencia, desde mi perspectiva, lo mínimo que deberían hacer tanto Eva Rey como la Oreja Roja es disculparse públicamente con el público y con Noriega por el pésimo enfoque que le dieron a la entrevista. De igual manera, invitar al público a la reflexión sobre la normalización de la cultura de la violación, que es la misma que normaliza tratar a los cuerpos de las mujeres como objetos de acceso para los hombres usando herramientas de coacción como el dinero, la fuerza o la presión. En definitiva, deberían asumir una actitud responsable y autocrítica frente a lo hecho, pues revictimizar a las víctimas atenta contra su dignidad. 

Humor de derechas

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Si bien conocemos la sátira política y su influencia directa en la reinterpretación de un contexto ideológico polarizado y diverso, ¿podríamos aventurarnos a lanzar un concepto como humor de derechas? ¿Es plausible vincular dicha idea al tejido nacional? Al parecer el humor como cualquier otra función del lenguaje, se determina por elementos sociolingüísticos que nos ubican en parámetros culturales propios de x o y grupo que hace parte de la estructura nativa. 

Un humor bien elaborado, se encauza en la exposición y retroalimentación intelectual. Cuando la comicidad recae en señalamientos físicos y de naturaleza propia a la integridad individual, presenciamos la más burda y miserable configuración de lenguaje. En este sentido, nuestro país no ha sido la excepción. Los youtubers, cada vez buscan la forma más denigrante de construir contenido. La lucha sin cuartel por los likes, y los posibles seguidores que moneticen y sostengan la reputación de sus canales, ha convergido en la forma más ramplona de crear contenido hilarante. 

Es en este punto, donde podemos recordar lo que nos plantea Henri Bergson en su interesante obra La Risa, en la cual nos enuncia lo siguiente: “La risa no tiene peor enemigo que el sentimiento. No digo que sea imposible reírnos de una persona por la que sentimos lástima, por ejemplo, o afecto, sino que por un momento es necesario olvidar ese afecto, callar esa lástima. En una sociedad de inteligencia pura probablemente no lloraríamos, pero reiríamos aún; las almas invariablemente sensibles, concedidas al conjunto de la vida, en las que todo evento se prolongaría en una resonancia sentimental, no conocerían ni comprenderían la risa” (Bergson 10). 

La anterior cita, es simplemente la forma más objetiva de asumir la construcción de un humor ético y digno. Bergson es categórico al referirse a una sociedad de inteligencia. En este sentido, el chiste o la broma, por más cáustico que sea, debe recaer en la figura de un mundo posible como telón de fondo a nuestra patética existencia y no todo lo contrario, revictimizar nuestra presencia como motivo de burla socarrona. 

La derecha ha sido bastante particular en este apartado. La falta de oportunidades, carencia material, raza, físico, entre otros aspectos inherentes a la maltratada condición social, hacen parte de su fuerte repertorio. Cada vez es más notable la ausencia de agudeza intelectual y de argumentos, para crear una sátira que reinterprete la condición social como un motivo de burla, que se disfrace en la ambigüedad para el deleite de todos, y no como un código de lenguaje estratificado de aquellos que viven holgadamente gracias a la existencia del ciudadano de a pie. Citando nuevamente a Bergson, “Nuestra risa es siempre la risa de un conjunto. Seguramente les ha ocurrido en un vagón o una mesa escuchar a unos viajeros compartir historias que para ellos son divertidas puesto que se ríen de buena gana. Ustedes se reirían con ellos si fueran parte del mismo grupo. Pero al no serlo, no les provocan ninguna risa” (Bergson 11).

En definitiva, el humor no es más que la manifestación comunicativa del grupo social al que deseamos aspirar. Resulta curioso ver cómo algunos mal llamados humoristas, cambian su perspectiva cómica, sencillamente para vincularse a valores de la élite tradicional del país. Si en algún momento fueron contestatarios, era simplemente la mejor actuación comercial para vender sus chistes flojos. 

Como en algún momento lo expusiera el gran humorista George Carlin, en Las Paradojas de Nuestro Tiempo, “tenemos edificios más altos y temperamentos más cortos, carreteras más amplias, pero puntos de vista angostos (…) multiplicamos nuestras posesiones, pero reducimos nuestros valores humanos”. Es como si el lenguaje mismo de la comicidad, nos hiciera un llamado a controlar nuestro idiota interno. Al mismo tiempo que nos ruega refrenar al homofóbico, el clasista, el machista, el racista y demás personalidades desatinadas que convergen en nuestro fuero interno al momento de hacer uso de un supuesto espíritu burlesco.

En algún momento el mismo Padre del psicoanálisis Sigmund Freud, acertó al enunciar sobre el chiste, “Es fácil colegir aquel carácter del chiste con el cual se relaciona la diversidad de reacción del oyente frente a él. Unas veces el chiste es fin en sí mismo y no sirve a un propósito particular, y otras veces se pone al servicio de un propósito de esa clase; se vuelve tendencioso. Sólo el chiste que tiene tendencia corre el peligro de tropezar con personas que no quieran escucharlo” (Freud 85). Podemos deducir en el lenguaje freudiano, que el chiste siempre pretende buscar una reacción puntual en su audiencia. En nuestro territorio, su carácter tendencioso ha sido normalizado. La derecha burlona, siempre ha buscado imprimir sus hirientes formas de expresión, explotando las dolencias trabajadoras. Lo que, en respuesta, ha recaído en una afrenta de ofensas interminables, a la mejor analogía de la serpiente mordiendo su cola.

En la expresión: “ser hombre y ser ridículo”, San Agustín nos recuerda la tragicómica situación que nos condiciona sobre el mundo. Se nos es difícil entender, que la risa en su estatus de lenguaje universal, posiblemente proviene de la miserableza más individual. Hecho en sí mismo contradictorio, pero ¿Quién mejor que uno mismo para asumir el humor en toda su plenitud? ¿Necesitamos de portavoces con fines ideológicos y capitalistas miserables que nos recuerden qué debe ser gracioso y qué no? Debemos entender, en palabras de Bergson, “que la risa tiene una significación y un alcance sociales, que lo cómico expresa ante todo una cierta inadaptación particular del individuo a la sociedad, que nada hay cómico sino el hombre” (Bergson 81). Contrario a lo que algunos youtubers mercachifles en busca de eternizar su mediocre performance como los cacaos de los medios nacionales, monetizando su pésimo contenido humorístico (recordemos siempre al mediocre de Daniel Samper). Porque contrario a lo que se opina, no siempre cuando el prójimo deja de conmovernos es que debe empezar la comedia. 

En el momento que el presente artículo estaba en redacción, llega la noticia del Consejo Nacional Electoral y su envite de golpe de estado. Esta hermosa primicia para la gonorrienta derecha colombiana, fue posible gracias a un presunto feminicida y otra rata, quien presuntamente compró testigos para el innombrable. En este caso, como en muchos otros, el chiste se cuenta solo. 

REFERENCIAS

  • Bergson, Henri (2019). La Risa. Editorial Lectorum, México
  • Freud, Sigmund (1960). El chiste y su relación con lo inconsciente. Editorial Amorrortu, Argentina 

            

“Es el inicio de un golpe contra el fuero integral del presidente”: Presidente Gustavo Petro

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Estas son las claves para entender el momento:

  1. El Consejo Nacional Electoral emitió un comunicado en el que se manifestaba la apertura de investigación y cargos contra el presidente y la campaña electoral que lo llevó a la presidencia:

 “La Sala Plena del Consejo Nacional Electoral en sesión de hoy, 8 de octubre del presente año, decidió por mayoría, ABRIR INVESTIGACIÓN y FORMULAR CARGOS a la campaña presidencial de PRIMERA y SEGUNDA vuelta de la COALICIÓN PACTO HISTÓRICO, representada por los ciudadanos GUSTAVO FRANCISCO PETRO URREGO, candidato; RICARDO ROA BARRAGÁN, gerente de campaña; LUCY AYDEE MOGOLLÓN ALFONSO tesorera, MARIA LUCY SOTO CARO y JUAN CARLOS LEMUS GÓMEZ, auditores; al MOVIMIENTO POLÍTICO COLOMBIA HUMANA y al PARTIDO POLÍTICO UNIÓN PATRIÓTICA “UP”; por la presunta vulneración al régimen de financiación de las campañas electorales”.

  1. Gustavo Petro tiene fuero presidencial ¿Por qué? Porque no es un ciudadano común y corriente, ni un ciudadano – candidato, como señala el comunicado del Consejo Nacional Electoral, sino el presidente de la república. Sobre el fuero, tengan en cuenta lo que señala la sentencia C 222 de 1996, de la Corte Constitucional: “La razón de ser del fuero especial es la de servir de garantía de la independencia, autonomía y funcionamiento ordenado de los órganos del Estado a los que sirven los funcionarios vinculados por el fuero. Ante todo se busca evitar que mediante el abuso del derecho de acceso a la justicia se pretenda paralizar ilegítimamente el discurrir normal de las funciones estatales y el ejercicio del poder por parte de quienes han sido elegidos democráticamente para regir los destinos de la Nación. En el caso del Presidente de la República, por ejemplo, éste goza del fuero constitucional consagrado en la Carta” (Subrayado nuestro).
  1. Debido a ese fuero, el presidente solo puede ser investigado por:

– La Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes.

– Acusado por la plenaria de la Cámara de Representantes

– Juzgado por el Senado de la República. 

  1. El Consejo Nacional Electoral tiene un carácter administrativo, no judicial. Sus magistrados son elegidos por los partidos políticos en el Congreso. Los magistrados ponentes vienen, de manera explícita, de la derecha y extrema derecha. Sobre este punto señalaba el senador Iván Cepeda: “Es evidente que la decisión del CNE es inconstitucional e ilegítima. Transgrede el fuero presidencial, fue hecha sin ninguna garantía de imparcialidad, y en su elaboración participó quien es juzgado por la Corte Suprema de Justicia por su presunta participación en un aparato criminal de soborno a falsos testigos y fraude procesal bajo las órdenes del expresidente Álvaro Uribe”.
  2. En su alocución, el presidente controvirtió las acusaciones del CNE,  

“Quiero desmentir las acusaciones contra el CNE; los supuestos aportes de FECODE fueron a la Colombia Humana, no a mi campaña; los supuestos pagos a testigos electorales no corresponden a gasto de campaña, la primera vuelta fue hasta la apertura de urnas de mayo de 2022 y la segunda vuelta presidencial, hasta la apertura de urnas de junio de 2022, el conteo de votos se da después de cerrada las elecciones; todos los gastos de campaña por concepto de propaganda electoral fueron presentados de manera oportuna y fueron certificados por la auditoría contratada del CNE; los magistrados del CNE confunden y mal interpretan los permisos de vuelo, que no fueron utilizados en campaña. Todas las facturas fueron entregadas a la DIAN; el evento de nuestro triunfo electoral después de las elecciones, efectivamente tuvo unos gastos pero ya no hacía parte del periodo de campaña, según establece la ley (…) Por esta razón le hemos solicitado a la Comisión de Acusación en Cámara de Representantes para que haga público de las pruebas testimoniales, documentales e inspecciones judiciales. Es con pruebas que pido mi inocencia”.

  1. ¿Qué es, un golpe suave o golpe blando? A diferencia de los golpes militares del siglo pasado (ejemplo: Uruguay en 1973, Argentina en 1976, Chile en 1973), los golpes suaves se hacen desde la desestabilización del gobierno por vía jurídica o administrativa y mediática. Desde lo jurídico o administrativo, se inician procesos que construyen casos de supuesta corrupción, que en otras circunstancias no tendrían lugar, y desde el poder mediático se configura una matriz de opinión que busca deslegitimar la casi totalidad de las decisiones de gobierno. Esta forma de golpe se popularizó con la reflexión teórica del filósofo de derecha Gene Sharp.

“Hago un llamado a la movilización generalizada del pueblo colombiano para la defensa irrestricta de la democracia (…) Le solicito a todas las organizaciones populares de Colombia, reunirse y decretarse en ASAMBLEA PERMANENTE ¡Es el tiempo del pueblo!” Dijo el presidente Gustavo Petro en su alocución presidencial en la noche del 8 de octubre.

La crisis del pensamiento contra la democrácia universitaria

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Al comenzar a escribir, recordé un mural imponente en la facultad de ciencias humanas de la Universidad, una réplica de la obra de Goya: El sueño de la razón produce monstruos.

El mural mostraba a un hombre rendido por el sueño, rodeado de criaturas que se transformaban en murciélagos, como si estos velaran su sueño. Este análisis simbólico puede verse reflejado en la crisis del pensamiento dentro de las universidades frente a la percepción y comprensión del proceso democrático, la autonomía y el fortalecimiento de las escuelas políticas.

Hace unos meses, el país discutía la elección del rector de la Universidad Nacional, un hecho que le abrió las puertas al debate para entender las formas democráticas que operan en muchas universidades, incluyendo el proceso electoral que hoy se adelanta en la Universidad de Nariño. En sintonía con el debate y como parte de un deber ciudadano es importante que empecemos a estudiar el tema desde tres perspectivas: la apropiación del pensamiento crítico, las reflexiones sobre los métodos de comunicación y el lenguaje en la universidad, y la concepción de lo público. Pues al igual que lo plantea Giroux, las universidades deberían estar inmersas en un “intenso discurso público”. Pero, ¿realmente podemos contribuir a ese discurso? Aquí es donde surge la necesidad del pensamiento crítico. 

Los procesos electorales universitarios heredan tensiones históricas. Colombia ha sido testigo de oligarquías que se han mantenido en el poder durante siglos, por tanto, replicar el ejercicio democrático en estos escenarios trae consigo cuestionamientos profundos de fondo y de forma, así entonces, no comprender la historia y la realidad del país nos deja en la deriva. Por ello, la formación política es esencial y puede provenir del movimiento estudiantil, de organizaciones sociales o políticas, incluso de la autodidáctica, pero debe ser un aprendizaje libertario y revolucionario para no seguir reproduciendo esquemas de desigualdad.

Sin embargo, hay una ruptura entre la formación política y la acción de comunicar. Mientras las organizaciones estudiantiles protegen la costumbre panfletaria y del mitin, la globalización ha impulsado el auge de los memes y las opiniones a manera de comentarios en redes sociales. Este fenómeno plantea una preocupación: la comunicación pierde significado cuando ideas densas se resumen en una frase o imagen, muchas veces cayendo en la mala interpretación o la tergiversación. Habermas hablaba de la “racionalidad comunicativa”, la capacidad de argumentar y justificar puntos de vista críticamente en busca de consenso. Esta habilidad parece esfumarse, y lo que debería ser una discusión profunda se diluye en reduccionismo del debate como el clientelismo o la burocracia, que asumen una perspectiva más personal que política y de paso limitan e ignoran asuntos más problemáticos del liderazgo político en el contexto universitario, tales como modelo de gobernanza, sostenibilidad financiera, internacionalización y regionalización para el desarrollo de los territorios.

Existen asuntos urgentes que no se están discutiendo, como la pertinencia curricular, los procesos investigativos, la base presupuestal de las universidades y las políticas de privatización. Estos temas, junto con la llegada de valores neoliberales a las universidades públicas, amenazan con fraccionar la autonomía institucional. ¿Dónde están los acuerdos de unidad? ¿Cuál es el papel actual del cogobierno estudiantil? Donde quedan materializados los logros alcanzados en la reforma de Córdoba.

La crisis de pensamiento radica en la incapacidad de manifestar lo que se piensa y confrontarlo con lo que otros sostienen. La imagen que proyecta el debate universitario parece vaciarse de perspectiva y enfoca uno de cientos de problemas presentes en los campus. Aunque existen narrativas y representaciones de los memes contestatarios y críticos, es crucial revisar los procedimientos detrás de la difusión de estas ideas, ya que es en este punto donde corremos el riesgo de caer en la manipulación o la mentira, como lo señala Hannah Arendt “mentir constantemente no tiene como objetivo hacer que la gente crea una mentira, sino garantizar que ya nadie crea en nada … un pueblo privado de pensar y de juzgar esta sometido al imperio de la mentira” y en ese trayecto las universidades pueden llegar a perder su valor público*

Hablar de las universidades y sus procesos democráticos no puede ser exclusivo de los estudiantes; los egresados ​​y ciudadanos también deben involucrarse. La crisis del pensamiento que atravesamos es un reflejo de una desesperanza que se arraiga cuando perdemos la fe en el cambio y como buenos hijos de hogares disfuncionales, (en muchos casos) evitamos enfrentar el tema, pero en la universidad no podemos permitirnos esa negligencia, las crisis deben ser estudiadas y resueltas, en una amplia confrontación. El conflicto no debe ser contra las organizaciones estudiantiles, los sindicatos o los gremios de trabajadores. El problema ha de superarse a través de la acción colectiva y el debate constructivo que permita eliminar la mala praxis. Por ello, empeño mi esfuerzo político, pedagógico y epistemológico en alertar sobre esta crisis. Necesitamos desarrollar argumentos sólidos sobre la democracia universitaria para que las acciones utópicas que defendemos se conviertan en algo material y este mal sueño nos lleve a comprender la realidad para transformarla.

La única forma de avanzar es a través de la organización. Aunque las universidades puedan enfrentar innumerables problemas, son las asambleas y los constituyentes primarios quienes pueden proponer un cambio sustancial.  La ignorancia y el desconocimiento no pueden ser una herramienta de ventaja frente a los problemas que enfrentaremos como pueblo, la educación superior debe elevarse de su crisis por medio de la formación continua, es un deber asumir que “la universidad o es una institución crítica, o no es nada”. 

1La Crisis del neoliberalismo contra la educación superior. Giroux, H. A. (2018). La guerra del neoliberalismo contra la educación superior. Herder Editorial.

2La teoría de la acción comunicativa. Habermas, J. (1981). La teoría de la acción comunicativa (Vol. 1 y 2). Madrid: Taurus.

3La mentira como herramienta del poder. Hannah Arendt. Arendt, H. (Arendt, H. (1972). La mentira en la política. Taurus.

4Entiéndase por valor público el acceso equitativo a la educación, la difusión científica del conocimiento, la contribución al desarrollo social y económico de las regiones, el fomento de la ciudadanía crítica, la innovación y la tecnología, entre otros.

5Hall, S. (2020). La universidad neoliberal: Ensayos de cultura política. Capitán Swing.

REFERENTES 

  • Arendt, H. (Arendt, H. (1972). La mentira en la política. Taurus.
  • Gramsci, A. (2009). Introducción a la praxis política gramsciana: hegemonías y contrahegemonías. Ciencia Política, 4(8). https://revistas.unal.edu.co/index.php/cienciapol/article/view/15836
  • Habermas, J. (1981). La teoría de la acción comunicativa (Vol. 1 y 2). Madrid: Taurus.
  • Hall, S. (2020). La universidad neoliberal: Ensayos de cultura política. Capitán Swing.
  • Marx, K. (1845). Tesis sobre Feuerbach. En K. Marx & F. Engels, La ideología alemana. [Editorial o lugar de publicación].
  • McLaren, P. (2000). El Che Guevara, Paulo Freire y la pedagogía de la revolución. Madrid: Siglo XXI.
  • Negri, A. (1999). El poder constituyente. Madrid: Traficantes de Sueños.
  • Federación Universitaria de Córdoba. (1918). La Reforma de Córdoba. Universidad Nacional de Córdoba. 
  • Giroux, H. A. (2018). La guerra del neoliberalismo contra la educación superior. Herder Editorial.

Aprender a descansar

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Hace unos días estaba hablando con una amiga sobre la explotación laboral y lo que es peor, la autoexplotación laboral. La charla fue más una catarsis sobre el cansancio, el capitalismo y una preocupación, tenemos que aprender a descansar.

Las dos sufrimos de este mal por una condición de clase, por supuesto, porque la clase no se pierde con los posgrados, ni con la sensación de movilidad social que estos dan. Hablando coincidimos en que vivimos al límite, el día no nos alcanza y siempre estamos cansadas para disfrutar los ratos de ocio.

A propósito, me acordé de la película El precio del mañana (2011) de Andrew Niccol, protagonizada por Justin Timberlake y Amanda Seyfried. La riqueza se mide con tiempo, los ricos tienen todo el tiempo del mundo, trabajan poco y disfrutan mucho, mientras la clase obrera vive con unas horas al día. Al principio de la película, a Will Salas (Justin Timberlake) un hombre le hereda un montón de tiempo, eso coincide con la muerte de su mamá, así que se va del gueto a New Greenwich, algo así como la ciudad de los ricos, donde viven sin afán, los carros van despacio y él choca con eso, porque está acostumbrado a correr. Come a toda, camina rápido, y se ve acelerado en medio de la calma de los verdaderos ricos.

Esta dinámica de explotación laboral en la que todo es para ya, en la que todo es perentorio y debe ser resuelto inmediatamente, muchas veces por capricho, por sabotear al otro, y no porque sea algo fundamental, se ha convertido en el día a día.

Esta dinámica de explotación laboral en la que todo es para ya, en la que todo es perentorio y debe ser resuelto inmediatamente, muchas veces por capricho, por sabotear al otro, y no porque sea algo fundamental, se ha convertido en el día a día. Entregar documentos que nadie va a leer, hacer conferencias maratónicas a las que nadie va a ir, diseñar cientos de imágenes que en cuestión de una semana se van a quedar en el archivo de Instagram, hacer cosas “urgentes” que no van a tener ningún impacto más allá de engrosar informes sin trascendencia. Es el afán por el afán, para demostrar que se hace, normalizando que en la vida todo debe ser cuantificable.

A este frenesí de resultados, se suma la autoexplotación o el audítate a ti misma. Ambas crecimos mientras la gente se apropiaba torpemente del “trabajar, trabajar y trabajar”, cuando las FARC y la pereza eran los males de Colombia. En el colegio me enseñaron los valores de la clase obrera, como la humildad, la puntualidad y ser una buena trabajadora, a eso se sumaba el bombardeo constante en televisión sobre la importancia de ser productiva y multitareas.

La preocupación por no rendir lo suficiente, la prospectiva, la ansiedad y sobrevivir en la inestabilidad son algunas de las variables que han marcado esta generación de trabajadoras y trabajadores entre los treinta y cuarenta años, también conocidos como viejóvenes. “Dejamos las puertas abiertas” para que en el futuro nos tengan en cuenta y nos llamen, no damos motivos para la cancelación anticipada del contrato, nuestras vidas se enfocan en mostrar resultados, en “trabajar, trabajar y trabajar” para asegurar esos periodos cortos de OPS y todas sus variables.

En ese panorama el descanso termina siendo un momento productivo, los ratos que son dedicados a cosas diferentes al trabajo resultan destinadas a este, como lavar la loza y mientras tanto escuchar un podcast o una conferencia relacionada con el trabajo. «Debemos aprender a descansar. Descansar no es trabajar en otras cosas o ver series mientras trabajamos», me escribía mi amiga —con quien a propósito hace un buen tiempo no nos vemos, en parte por culpa de nuestras obligaciones laborales—.

Me quedó sonando eso de aprender a descansar, así que decidí tramitar parte de mi frustración con este texto. Siempre que hago este ejercicio, después de elegir el tema, sigue una breve exploración sobre qué se ha dicho, quiénes lo abordan, leo algunas cosas y a veces quedo atrapada estudiando sin escribir, pero otras si logro culminar el ejercicio.

De pronto esos consejos a secas le funcionan a quienes viven en New Greenwich, pero a personas de la working class como mi amiga, Will Salas o yo, no son de mucha ayuda.

En la búsqueda me encontré con un artículo publicado en Vogue España: “Cómo aprender a descansar (y no solo dormir)” sobre un libro de Jana Fernández, una divulgadora especializada en bienestar y descanso. Básicamente descansamos si aplicamos las 7Ds: decisión (decidir descansar); disciplina (convertir el descanso en un hábito); deporte (hacer ejercicio); dieta (comer bien); desconectar (no ver tanto el celular); desacelerar (bajarle al acelere); disfrutar (“vivir la vida es la única manera de disfrutarla”, dice ella). Pensé que de pronto el artículo se quedaba corto con respecto a lo que la autora quería decir, así que me vi una charla de ella organizada por BBVA, en la que interactuaba con un señor experto en “marketing, transformación personal y de las compañías” y resulta que no era necesario dedicar esos minutos a ver el video, Fernández no tenía mucho más que aportar, además de los siete tips.

En términos generales, tiene razón, pero a eso le hace falta algo muy importante, la lógica productivista del capitalismo, el posfordismo, y la clase. De pronto esos consejos a secas le funcionan a quienes viven en New Greenwich, pero para personas de la working class como mi amiga, Will Salas o yo, no son de mucha ayuda.

En su libro Realismo Capitalista. ¿No hay alternativa? (2009), Mark Fisher nos da pistas para entender que no basta con las 7Ds de Fernandez para descansar. Al contrario, señala que, el posfordismo consiguió que las y los trabajadores estemos todo el tiempo disponibles, como si nuestra vida fuera el trabajo no existiera y, son precisamente los correos electrónicos o WhatsApp, los mecanismos que se encargan de asfixiar el tiempo libre y arrastrarnos a trabajar. En esta línea, Mark cita a Berardi: «el Capital ya no recluta a las personas, sino que compra paquetes de tiempo separados de sus portadores, ocasionales e intercambiables», esto es, disponibilidad 24/7, acabar con el espacio de lo laboral para que se convierta en la vida misma.

No basta con tomar la decisión de desconectarse, si estoy viendo bordados en Pinterest, si estoy chateando con mis amistades y llega un mensaje del trabajo, inevitablemente voy a pensar en que tengo tareas pendientes y las 7 Ds se embolatan porque, además, entra a operar la autoexplotación, la vigilancia interna. Fernández asume que es nuestra culpa no descansar bien, algo propio del mandato de la responsabilidad ética individual, dejando de lado lo estructural. Descansar parece que debe ser más un acuerdo colectivo que un intento personal.

Tengo que aprender a descansar, a desconectarme del trabajo, ver series sin estar pensando en los pendientes, tomarme la hora completa de almuerzo, llegar a mi casa simplemente a disfrutar el poco tiempo de ocio que me queda, y mientras llega ese acuerdo colectivo, tendré que tomar medidas para poder avanzar en el proceso. Implementaré de inmediato dos, mi nombre en WhatsApp será “¡Alto, no me escriba fuera de horario laboral!”, y la segunda, la respuesta automática de mi correo electrónico dirá “Yo si descanso, le invito a que también lo haga”. Seguro va a generar malestar, pero es algo de esperarse al reivindicar algo tan revolucionario como el derecho a descansar.

¡Camaradas que quieren descansar, uníxs!