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Plebiscito por la paz y capitalismo de la vigilancia: una herida que no cierra

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El pasado 2 de octubre se cumplieron cuatro años del plebiscito que convocó Juan Manuel Santos para legitimar la versión del Acuerdo Final de Paz —AFP— de ese entonces. El país que votó quedó dividido en dos fuerzas políticas, como si de un orden bipolar de Guerra Fría se tratase —y en parte es así—: las del SÍ y las del NO.

La sorpresiva y apretada victoria del NO abrió la puerta al uribismo para reacomodarse hegemónicamente en el bloque de poder estatal luego de la fragmentación de éste a raíz de la división Santos-Uribe en torno al proceso de paz con FARC-EP.

De fondo, la victoria del uribismo en el plebiscito fue una victoria de la clase terrateniente, ganadera y latifundista sobre la burguesía más modernizante de Santos —y sobre las organizaciones y movimientos sociales subalternos que apoyaron tal burguesía debido al potencial transformador del AFP—, pues truncó con respaldo popular la posibilidad de una modesta reforma rural que pretendía con políticas de distribución y reasignación de tierras cambiar la estructura de tenencia de la tierra, además de la posibilidad temprana de establecer ante el país cuál fue el papel de esa clase terrateniente en el conflicto social armado.

Tras el plebiscito, en las elecciones presidenciales de 2018 el uribismo pudo asentar un golpe político a la implementación del AFP merced al triunfo de un proyecto con posiciones ambiguas y simuladas frente a él: el de la «paz con legalidad» de Duque. A pesar de que después del 2 de octubre de 2016 hubo negociaciones con sectores del NO y el AFP fue modificado, el uribismo interpretó el «NO» como un «no» al AFP en su totalidad y no como un «no» a una parte de él. El resultado del plebiscito, por ende, permitió al uribismo deslegitimar cualquier forma de institucionalización estatal del AFP con el argumento de que se irrespetaron los resultados plebiscitarios, pues el nuevo acuerdo no fue refrendado popularmente, y legitimar así su política de simulación de la implementación. ¡Los Acuerdos necesitaban ser revisados!

Durante la campaña por el plebiscito prácticamente todas las encuestas vaticinaban la victoria del SÍ, pero éstas, en realidad, fueron incapaces de registrar el respaldo al NO. El debate en torno a los Acuerdos estaba tan enredado en tecnicismos y minucias leídas como «amplias concesiones a la guerrilla» que una columna de Héctor Riveros pedía que: «Por favor, no lean el Acuerdo». Para él:

«El Gobierno, la Corte Constitucional y muchos promotores del Sí han caído en la trampa tendida por la oposición de que hay el deber de hacer una amplia pedagogía sobre el contenido del acuerdo, con lo que se deja la sensación de que lo convenido es difícil de comprender y que está tan lleno de concesiones a la guerrilla que es mejor mirarlo muy en detalle para saber si es aceptable o no».

Claro. Más allá de leer alrededor de trescientas páginas engorrosas de forma exageradamente rigurosa, lo que había que comprender era el sentido político integral del AFP como respuesta a causas estructurales del conflicto. Pero el mayor fracaso del 2 de octubre no es que el NO se hubiera impuesto con el 50.21 % de los votos explotando con fake news sobre la «ideología de género» o el castrochavismo el conservadurismo religioso y político de una parte de la sociedad en medio de la deslegitimación política de FARC-EP, sino el hecho de que ante una elección tan trascendental para el sistema político colombiano sólo hayan votado trece millones de personas, un 37 % del censo electoral. Es decir, el grueso social, el 63 % restante, no apropió ni siquiera la posibilidad de entrar en un terreno de lucha política por el AFP.

Luego del 2 de octubre llegó la plebitusa: la decepción, frustración y desesperanza del SÍ derrotado. Las tardías movilizaciones de 2016 no pudieron contrarrestar la nueva fase de hegemonía uribista que se iba dibujando. Sólo el 21-N de 2019 y principios de 2020 pudo abrir masivamente nuevos horizontes sociales en ese sentido.

El capitalismo de la vigilancia, las fake news y el plebiscito

El documental The Social Dilemma explicita el funcionamiento poco ético de las redes sociales, las cuales compiten con complejos algoritmos por la información, atención y tiempo de vida de los usuarios, sin importar si estos son manipulados continuamente con fake news o publicidad. Cada detalle de la actividad del usuario es registrado minuciosamente para predecir o moldear su comportamiento y ofrecer una experiencia personalizada, incluso el tiempo en que se demora viendo una publicación; paquetes de información personal que luego son vendidos a empresas.

De ese modo, los usuarios generan altas tasas de ganancia para estas redes debido al registro y venta de su información personal y al control de su tiempo de vida. El sistema de notificaciones funciona como un bazuco virtual que aumenta y baja continuamente los niveles de dopamina, fenómeno que crea adicción y mantiene la actividad del usuario. En fin, el producto para los anunciantes es tu vida. En ese sentido, de acuerdo con la socióloga Soshana Zuboff:

«Somos las fuentes del excedente crucial del que se alimenta el capitalismo de la vigilancia: los objetos de una operación tecnológicamente avanzada de extracción de materia prima a la que resulta cada vez más difícil escapar».

Este capitalismo de la vigilancia—concepto acuñado por Zuboff— se beneficia de la proliferación de fake news básicamente porque éstas se hacen virales pronto y la actividad social en torno a ellas aumenta las tasas de ganancia. Los algoritmos de Facebook pueden predecir y moldear el comportamiento del usuario, por ejemplo, recomendándole grupos de terraplanistas según sus patrones de comportamiento o mostrándole fake news alrededor del terraplanismo —y, simplemente, enseñándole la publicidad más precisa posible—. En este caso concreto no importa la posibilidad de construir un consenso colectivo y académico en torno a la redondez de la Tierra, sino que cada quien tenga una experiencia personalizada, sus deseos sean modulados y el usuario «crea y sienta lo que quiera», así se cierre su visión de mundo y se manipule su conducta, todo con tal de que siga usando redes sociales o beneficiando a los compradores de «futuros conductuales», esto es, «productos predictivos que prevén lo que cualquiera de ustedes hará ahora, en breve y más adelante», según Zuboff.

Esta estructura del capitalismo globalizado está teniendo consecuencias políticas nefastas pues acrecienta una polarización irreflexiva y beligerante con tal de permitir la mayor acumulación de capital de los «capitalistas de la vigilancia» —como Google, Amazon o Facebook—. Así, el otro se puede convertir en adversario radical o enemigo por el tipo de información que recibo sobre él, sin posibilidad de contrastar otros puntos de vista.

La proliferación de fake news contra el SÍ por medios como WhatsApp debió habernos alertado ya sobre este problema estructural, que sólo pareció estallar a nivel mundial tras el escándalo de Facebook y Cambridge Analytica de 2018. Durante la campaña plebiscitaria circularon por WhatsApp mensajes que decían que Timochenko podía ser presidente en las siguientes elecciones, que los Acuerdos traerían automáticamente el «castrochavismo» o llevarían a la aplicación de la «ideología de género» contra la «moral cristiana». Algunos analistas bautizaron a este fenómeno como «posverdad», categoría pretenciosa que oculta lo que en realidad son estrategias propagandísticas de manipulación, mentira y engaño propiciadas por el nuevo capitalismo de la vigilancia.

El funcionamiento del capitalismo de la vigilancia permitió la explotación de una cultura política popular tradicionalista y conservadora cuyo odio contra las FARC-EP generó sesgos cognitivos que la predispusieron a creer en fake news virales contra el SÍ. Una parte de esta cultura no dejó ver que el AFP iba más allá de la reinserción y participación política de un grupo guerrillero particular y, en cambio, tocaba temas de fondo sobre el funcionamiento y estructura de la democracia en general; otra parte reaccionó simplemente contra la posibilidad de cualquier cambio. Pero a la gran mayoría estos temas no le importaron.

La manipulación de emociones y conductas en esta nueva estructura del sistema capitalista mundial es una de las causas de la derrota del SÍ. Cómo esto se concretó en la campaña del NO es algo que todavía no se ha investigado en detalle. Aún hoy, sin embargo, no hay responsables, más allá de que Juan Carlos Vélez, gerente de campaña del NO, admitiera que su propósito era que la gente saliera a votar verraca mediante tácticas de manipulación por radio diferenciadas por capas sociales.

En general, la derrota del SÍ se dejó pasar como una de las tantas tragicomedias del absurdo y aparentemente inevitable «realismo mágico» del país.

Reflexiones finales

El ascenso del gobierno de la simulación de la implementación de Duque no se puede explicar sin los derroteros políticos que fueron abiertos por la victoria del NO en el plebiscito, la cual fue propiciada por el consenso de una parte de la burguesía en torno al cierre sistémico y el aprovechamiento del capitalismo de la vigilancia. Este resultado dotó al uribismo de legitimidad y empoderamiento popular al derrotar a las fuerzas aglutinadas en torno al establecimiento —de Santos, exministro de Defensa de Uribe—. Permitió la circulación en la cultura política del coco del «castrochavismo». Ahora este uribismo habla de «juventud FARC» o «nuevas FARC».

En 2018, en el marco de la lucha presidencial por la implementación, la disputa por el AFP no fue capaz de aglutinar a las fuerzas del SÍ, que mostraron sus contradicciones internas. Una parte de ellas basó su comportamiento electoral en el miedo al «castrochavismo» sembrado por el uribismo contra Gustavo Petro.

El reconocimiento de Daniel Coronell de que entre más crecía Petro, más crecía el uribismo para justificar su voto en blanco en segunda vuelta… implicaba la aceptación pasiva de un hecho sobre la cultura política que había sido moldeado y estructurado para impedir a través de la manipulación del miedo el ejercicio del poder central de nuevas élites sistémicas de izquierda. Aún hoy, Coronell responsabiliza a Petro de la victoria de Duque.

Esta mirada superficial que supone que los acontecimientos políticos sólo se explican por el actuar de grandes actores impide una mejor comprensión de lo que ocurrió en 2018 en cuanto efecto del proceso de plebiscito; impide, asimismo, otras posibilidades de acción para la construcción de un mayor consenso en torno a un futuro favorable de la implementación. Tal es el tipo de heridas abiertas por el 2 de octubre que todavía no cierran —como si ya el ascenso del gobierno Duque no fuera suficiente— y que seguirán jugando para 2022 si no logramos rebatir los sentidos comunes de la hegemonía uribista y proponer y hacer circular nuevos sentidos comunes que, aún cuando apelen a los afectos, puedan combatir la manipulación política acentuada por una estructura emergente del sistema capitalista: el capitalismo de vigilancia.

“Gobierno estudiaría declarar estado de conmoción” Iván Cepeda

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El senador Iván Cepeda denunció que recibió “información de fuente creíble” sobre el estudio que estaría adelantando el gobierno nacional de declarar el estado de conmoción interior, para afectar el derecho constitucional a la protesta y limitar los poderes de la rama judicial, fortaleciendo el poder del ejecutivo.

Cabe recordar que en días pasados, fue pública la preocupación de la reconocida Organización No Gubernamental Transparencia Internacional, por la concentración de poder en el gobierno Duque y que diversos opinadores y analistas vienen advirtiendo lo que podría considerarse un gradual autoritarismo e incluso un tipo de dictadura civil en Colombia.

Frente a estos señalamientos, el 21 de septiembre el ministro de defensa Carlos Holmes Trujillo, emitió un polémico trino en el que cuestionaba a quienes acusaban al gobierno actual de dictadura.

Tanto ese día, como días después, su trino recibió respuestas críticas de los twitteros, que además le reprochaban sus declaraciones de respaldo a la Fuerza Pública luego de las denuncias por asesinato, tortura y violación, que se vinieron generalizando desde el 9 de septiembre, descartando de tajo la posibilidad de una reforma sobre la institución y eludiendo lo ordenado por la Corte Suprema de Justicia sobre el pedido de perdón a las víctimas de la Policía Nacional, y el tratamiento democrático a la protesta social. 

Compartimos a continuación la constancia radicada por el senador Iván Cepeda ante el Senado de la República:

CONSTANCIA

En Colombia estamos enfrentando un régimen cada vez más autoritario y militarista, en el cual el Presidente de la República viene adoptando formas propias de gobiernos dictatoriales, pretendiendo controlar o destruir el poder judicial para garantizar la impunidad de los responsables de crímenes de lesa humanidad, e impedir un ejercicio esencial en la sociedad democrática: la protesta social.

A esta clase de conductas despóticas, que tanto se ufana de criticar el propio Presidente de la República, podría corresponder una posible declaratoria de estado de conmoción interior. He recibido información de una fuente creíble que asegura que el Gobierno Nacional está estudiando la declaratoria de un estado de conmoción interior con la que buscaría limitar la protesta social, silenciar los reclamos de la ciudadanía que exige justicia, verdad y reforma de la policía; agredir y socavar la independencia del Poder Judicial, y amordazar a la oposición política. De llegar a esta situación estaríamos ante un verdadero quiebre institucional.

La reciente actitud del presidente Iván Duque y su ministro de defensa, Carlos Holmes Trujillo, ante los fallos judiciales, es el desconocimiento de facto del principio de respeto de la independencia de los poderes públicos. El desacato del fallo del Tribunal Administrativo de Cundinamarca que prohibía reanudar las actividades de la Brigada militar de Estado Unidos hasta tanto el Senado de la República no debatiera la legalidad de esa presencia extranjera, se suma al reciente desconocimiento del fallo de la Corte Suprema de Justicia, que le ordenó al Gobierno no sólo presentar disculpas por los excesos de la Policía, sino tomar un conjunto de medidas para acabar con sistemáticas violaciones de derechos humanos por parte de esa institución.

Con ello no solo ha desafiado al poder judicial y al Estado Social de Derecho, sino que pasaron de ser tolerantes a cómplices de los terribles crímenes que se han cometido en el país. Su discurso es un aliciente que invita a la fuerza pública a quebrantar la ley sin temor a la justicia o a la sanción política, es un llamado aberrante a la impunidad garantizada de crímenes de lesa humanidad. Por eso congresistas, concejales de Bogotá y organizaciones de derechos humanos nos hemos dirigido hoy a la Corte Penal Internacional para informar de estos grave hechos.

Está equivocado el presidente Duque y el partido de gobierno si creen que no van a encontrar resistencia civil por parte de la oposición y la ciudadanía para proteger el estado social de derecho y la Constitución. Acudiremos a todas las instancias a las que haya lugar y a la movilización pacífica para frenar cualquier intento de formalizar una dictadura a través del estado de excepción y la conmoción interior.

Dios y Patria afirmó el policía, luego asesinó

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«Dios y Patria» exclamó un patrullero cuando llamó a su superior, para reportarle que habían matado a golpes a un hombre en el CAI.

«Dios y Patria» exclamó un capitán antes de recibir instrucciones de cómo proceder en la marcha. El mismo capitán que le dispararía horas más tarde a un joven en la cabeza.

«Dios y Patria, sin novedades mi Mayor» exclamó el patrullero que abusó sexualmente a una mujer en una patrulla.

«Dios y Patria, controlen como sea a esos hijueputas» ordenó un generalito la noche que más de 30 policías abrieron fuego contra las multitudes que se manifestaban. 14 muertos hubo esa noche.

«Dios y Patria» contestaban en los teléfonos de la estación, mientras sus compañeros desnudaban, humillaban e insultaban en un baño a una joven comunicadora por tomarles fotos a sus escudos.

«Dios y Patria» exclamó él presidente, la noche siguiente a la masacre, quien se disfrazó de policía y visitó los CAI. «¿Cómo están mis muchachos, Dios y Patria, Dios y Patria» exclamaba.

«¡Dios mío!» exclamaron las mamás del hombre asesinado en el CAI, del joven asesinado en la marcha, de la mujer violada en la patrulla, de las 14 personas abaleadas por los policías que visitó el presidente y de la joven abusada en la estación…

«Si esto lo hacen en nombre de un Dios y de la Patria, habrá que cambiar esa institución y sus ideas sobre Dios y la Patria» exclamó una sociedad cansada de los atropellos que recibe por parte de quienes un día juraron proteger personas civiles antes que asesinarlas, abusarlas y humillarlas en nombre de Dios y de la Patria.

Latinoamérica frente a los tiempos aciagos del capitalismo occidental

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A Gus y Marcela, para aportarles un pequeño filamento en el tejido de su trama al sur…

Numerosas son las noticias que corren por estos días acerca del sostenido declive en el que ha entrado el contagio por el coronavirus y la promisoria llegada de la vacuna como fórmula definitiva para su erradicación. Aunado a ello, se habla del inicio de una sólida recuperación de la economía, que, de hecho, ya habría comenzado a mostrar signos evidentes de mejoría a medida que se levantan las restricciones. Son llamativas estas y otras tantas noticias en la misma línea, pues al final no se entiende muy bien cuál es su solidez. En todo caso expresan la gran capacidad de los medios de comunicación de recubrir la realidad de una capa de edulcorante y convencernos que al mundo le esperan tiempos de paz, armonía y prosperidad.

Latinoamérica hoy en día oscila entre claroscuros. Por un lado, se observan unos pocos países como Argentina y Uruguay intentando seguir una senda de desarrollo, de justicia social y respeto por valores democráticos; en seguida, otros donde se instauraron de nuevo regímenes autoritarios y espurios, casos Bolivia, Ecuador y Brasil. A los anteriores se suman aquellos donde han pervivido democracias formales con un fuerte trasfondo autoritario, de violencia, conflicto armado, corrupción y expansión del crimen organizado, como Colombia y, al parecer por la misma senda, Paraguay; o países donde se impulsaron procesos democráticos y reformistas, hoy convertidos en Estados fallidos, como Venezuela y Nicaragua. México, nuestro gigante del norte, se debate entre el anuncio de reformas de corte populista, la perspectiva de un nuevo plegamiento a los Estados Unidos y el riesgo de retoma de una senda autoritaria, marcada por la imposibilidad de erradicar la corrupción, sumado a la violencia de los carteles. En resumen, Latinoamérica hoy es una región fragmentada y sin brújula política o, si la queremos apreciar con palabras optimistas, un inmenso territorio viviendo un fuerte proceso de ebullición y reconfiguración política, donde todo aún está por suceder.

Con alto temor de equivocarme, pues no hay nada más difícil que especular sobre el porvenir, me atrevo a considerar los siguientes escenarios. Arranco por decir que quizás el riesgo más elevado que se plantea hoy para el planeta, al mismo tiempo que la más grande oportunidad para los movimientos renovadores, es el fin del capitalismo norteamericano, o lo que podría considerarse como el fin del modelo neoliberal que surgiera hace ya cuatro décadas y, aparejado a éste, la última fase del orden global capitalista liderado por Estados Unidos.

El Águila desplumada

Estados Unidos atraviesa en la actualidad varios problemas entrelazados que están creando fisuras importantes en sus estructuras, así como en las amarras y tentáculos a través de los cuales ha controlado históricamente el poder sobre el globo terráqueo. Por una parte, la pandemia agravó la crisis económica que ya venía viviendo el país desde el segundo semestre de 2019, y que en realidad revela que la economía norteamericana mantenía un crecimiento mediocre, expresado en su incapacidad de recuperar los niveles de desarrollo anteriores a la gran recesión del 2008. Es así como la recesión actual lo único que hizo fue ahondar las debilidades económicas que traía el país de años anteriores. Llama la atención como esta crisis del aparato productivo norteamericano, caracterizada por la caída del empleo, por la persistencia de empleos precarios y mal pagos, por la caída en los ingresos, y el cierre continuado de empresas, contraste ampliamente con el crecimiento y dinamismo del mercado bursátil controlado por Wall Street, como si se tratara de un mundo aparte que funciona con otras reglas, desconectado de la economía formal.

A la par del riesgo de colapso económico, ha aparecido con el correr de los años, un riesgo para la sostenibilidad política y las bases demoliberales en que se sustenta el sistema norteamericano, encarnado en el presidente populista de extrema derecha, Donald Trump. Pareciera por momentos que Trump ha entrado a acentuar la fractura y la polarización que ya existía entre amplios sectores de la población, especialmente con su apoyo denodado a los movimientos del supremacismo blanco, su guerra declarada contra los migrantes y su desprecio por las vidas de los afroamericanos, frecuentemente objeto de discriminación, persecución policial y asesinato.

A no dudarlo, las elecciones del próximo tres de noviembre y sus resultados pueden constituir una prueba de fuego y, por qué no, un punto de inflexión que pondrá a prueba el futuro del gigante norteamericano. Quien gane las elecciones tendrá en sus manos la hercúlea tarea sacar al capitalismo gringo del abismo por el que amenaza desbarrancarse, arrastrando en ese hundimiento a buena parte de la humanidad.

Un tercer formidable riesgo para los yanquis lo constituye la disputa contra el imperialismo chino, hoy en franco ascenso. Trump ha llevado al fondo el contencioso iniciado por Obama, echando mano de la guerra comercial, consistente en el incremento de aranceles, sanciones y bloqueos económicos, que a ratos amenazan con pasar al plano militar, y que han dejado en el limbo el proyecto de la globalización neoliberal. Es así como, a los quebrantos de una economía mundial que venía en relativo declive, se han venido a sumar la guerra comercial, agregándose ahora, como resultado de la pandemia, la suspensión temporal en el flujo de las cadenas globales de suministros.

Sombrías perspectivas

Un resultado posible del agravamiento de la crisis económica y del derrumbe del modelo de financiarización neoliberal sería el estallido de una nueva burbuja financiera, según se dice, de proporciones infinitamente mayores a la del 2008.  Estallido que a diferencia de lo que ocurre en la actualidad, conectaría directamente al mercado bursátil con el aparato productivo real por medio del cobro de las inmensas pérdidas fruto de la especulación financiera. Lo que automáticamente se traduciría en la quiebra de numerosas empresas, la pérdida de millones de empleos, la caída de los ingresos, el repunte de una inflación desbordada, entre otros muchos males.

El tsunami de la deuda se irradiará sobre todas las naciones y, seguramente serán los más atrasados y los más endeudados quienes llevarán la peor parte. Entre tanto, surgirá un periodo de anarquía económica donde no habrá una moneda universal de reserva ni de intercambio, que guíe y facilite las transacciones económicas y comerciales entre las naciones, sino distintos poderes económicos con mayor o menor respaldo en determinados aparatos productivos o valores representativos, los cuales dirigirán temporalmente ciertos segmentos de la economía. Así que, después del periodo de la globalización, que se anunciaba como el fin de la historia, conoceremos, ojalá no por mucho tiempo, la era del autarquismo[1].

¡Y ahora, ¿Quién reemplazará al Imperio?!

Quiénes se recuperarán más rápido de la debacle. Esa capacidad de recuperación y resiliencia hoy la encarna, muy a pesar de occidente, el Imperio del Medio. China cuenta con un amplio dispositivo de desarrollo tecnológico e industrial que le brinda amplio soporte a su economía, pero, sobre todo, y a pesar de las contradicciones internas y del autoritarismo que caracteriza a su régimen político, cuenta con la cohesión, la organización sociocultural y el liderazgo para hacer frente y salir de los desastres y la ruina que dejarán el colapso del sistema capitalista norteamericano.

La diferencia sustancial entre el capitalismo chino y el capitalismo norteamericano, es que en el primero el capitalismo se desarrolla con una amplia injerencia, regulación y control del Estado, lo que indudablemente le ha permitido a ese país no solo alcanzar el impresionante desarrollo industrial tecnológico de las últimas cuatro décadas, sino, principalmente, avanzar en la superación de la pobreza, y lograr ciertos niveles de bienestar y equidad para cientos de millones de personas.

Por su parte en el capitalismo norteamericano, son los dueños del capital a través de las grandes monopolios financieros y tecnológicos, quienes controlan al Estado e imponen sus condiciones, para garantizar y facilitar su proceso de expansión y reproducción. Es este modelo de capitalismo el que hoy está haciendo crisis en Estados Unidos y en el mundo, por las enormes brechas de inequidad y pobreza que ha generado, por el impacto depredador de sus actividades, que acelera y al mismo tiempo niega o pospone acciones para enfrentar el cambio climático, enmarcado todo lo anterior en la acumulación desmesurada de riquezas a través de una espiral especulativa financiera con elevado riesgo de colapso.

Si en Estados Unidos se siguen ahondando las fracturas políticas, con peligro de agravarse aún más en las próximas elecciones presidenciales, y si, al mismo tiempo no se realizan profundas reformas que permitan meter en cintura al capital financiero y sanear la economía, estableciendo simultáneamente políticas claras para enfrentar el cambio climático, su lugar de liderazgo mundial puede ser tomado en pocos años por China, que, no obstante, las contradicciones que arrastra[2], pareciera estar mejor preparado para afrontar la crisis y salir avante de esta.

Latinoamérica en su laberinto

Como decía al inicio, existe poca conciencia entre nuestras dirigencias y pueblos sobre el escenario mundial que se avecina. Gran parte de las naciones latinoamericanas tienen un vínculo histórico de dependencia con los Estados Unidos. La influencia de Norteamérica en el continente es abrumadora, desde grandes reformas institucionales, políticas y modelos de desarrollo, hasta el influjo en costumbres, modas y prácticas culturales. Nuestras oligarquías siempre están esperando el dictado, la orientación o la bendición de Washington para moldear la política económica, la justicia o los derroteros a seguir en materia de seguridad. Estados Unidos a través de numerosas instituciones, unas más visibles que otras, han prácticamente moldeado nuestra política económica, nuestras instituciones políticas y nuestra cultura en los últimos sesenta años. Por otra parte, grandes proyectos industriales, extractivos y agrícolas junto con las enormes ganancias que de estos se obtienen, son en su mayoría norteamericanos o se producen en alianza con capitales de ese país, por lo que invariablemente van a parar a sus casas matrices, bien sea de manera formal, o, como dividendos no reportados, a paraísos fiscales, lejos del escrutinio público.

Latinoamérica siempre ha sido un actor subalterno en el juego de los poderes imperiales. Es reconocida su importancia como depositario y productor de materias primas para alimentar las riquezas de los países del norte. Frente a la crisis del decadente poder norteamericano, el golpe se avizora en varias dimensiones. En lo económico, llevará seguramente a un mayor descalabro a las economías más dependientes del dólar y de la economía norteamericana. Además de ahondar la crisis económica estructural para grandes mayorías históricamente postergadas, seguramente sembrará el desconcierto en las élites, que no sabrán qué camino tomar ante el colapso definitivo del modelo de desarrollo neoliberal y ante el declive cada vez mayor del poder e influencia política de nuestro vecino del norte. Será interesante observar como este escenario de debacle en lo económico se reflejará cada vez como más fuerza en el desarraigo político de las élites y en la inutilidad de sus instituciones. Nuestras oligarquías se sentirán expósitas y desprotegidas sin el cálido cobijo que les brindaba el Águila imperial.

Asistimos a un cambio de época, a un punto de inflexión en la historia, que representa un quiebre sin precedentes en la columna dorsal del capitalismo, que pone en cuestión la forma como se ha comprendido, se ha vivido y se ha reproducido este orden socioeconómico, cultural y político en los últimos tres siglos.

Es también necesario entender que en medio de la lucha que se avecina por el control planetario, a Latinoamérica no le corresponde esperar desalinearse de las viejas amarras para entregarse a los nuevos dictámenes políticos de oriente, que pueden llegar a ser tanto o más desastrosos, autoritarios y expoliadores que las imposiciones e intromisiones centenarias del vecino del norte. No deberían confiar los pueblos latinoamericanos que venga un “poder amigo” desde otras latitudes a contribuir gratuitamente a su liberación. Tampoco deben considerar que el modelo económico, político y social que en algún momento se nos venderá será mejor o más avanzado que el que hoy se está derrumbando. Mientras haya un poder con pretensiones imperiales en el mundo, ese poder en el fondo solo puede ser despótico y en algún momento buscará instrumentalizar a nuestros pueblos para garantizar una nueva era de saqueo y despojo de sus riquezas.

Siempre ha sido y siempre será responsabilidad únicamente nuestra la construcción de nuestro futuro. La sociedad que soñaron Bolívar, San Martín y Martí, hoy solo se puede construir con un proyecto que armonice y equilibre los acumulados culturales y científicos con el entorno vital, con el respeto y revaloración de los pueblos originarios, con una cada vez mayor justicia social, sumada a la profundización y ampliación de la democracia. Por lo tanto, es necesario pasar definitivamente la página que nos dibuja como países destinados a la exportación de materias primas para atrever a adentrarnos y presentarnos bajo un signo de unidad que desafíe el papel subalterno en que nos han encasillado históricamente.

Bogotá, 23 de septiembre de 2020

[1] “La autarquía es una situación de independencia y autosuficiencia total en términos políticos y socioeconómicos. Así, el país o región no participa del comercio internacional. (…) Es decir, un territorio autárquico produce internamente todo lo que sus ciudadanos consumen. De ese modo, no necesita adquirir ninguna mercancía del extranjero. (…) La formación de autarquías siempre ha respondido al objetivo del autoabastecimiento. Esto implica que las diferentes demandas de los habitantes tengan que satisfacerse con la propia actividad económica del lugar. (…) A nivel práctico, es fácil identificar un estado autárquico como una economía cerrada. Esta se caracteriza por no realizar actividades de comercio con otros países, es decir, las importaciones y exportaciones están restringidas. (…) Otro aspecto relevante de la autarquía es que el Gobierno dirige la vida económica del país, controlando los precios y los sistemas de producción. Además, las autoridades buscan influir en los patrones de consumo”. En: https://economipedia.com/definiciones/autarquia.html

[2] Como son los conflictos y contradicciones relacionados con Hong Kong, Taiwán, los Uigures, el Tíbet, la frontera con India, sumados a los periódicos procesos de huelga y protestas de trabajadores por mejores derechos. Todo ello, como se ha dicho, en un contexto institucional caracterizado por la rigidez, la exclusión y las restricciones al debate y a la participación democrática de su sistema político, con un Estado que en perspectiva puede consolidarse como una dictadura bajo los esquemas de la tecnovigilancia.

Organizaciones juveniles denuncian ser víctimas de estigmatización

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22 de septiembre de 2020. La Juventud Democrática Popular —Judep— denunció el 22 de septiembre, la publicación de un vídeo estigmatizante por parte de la página de Facebook Qhubo Denuncias Pasto, que afirma ser un portal de “Denuncias, quejas ciudadanas a disposición de la comunidad pastusa, información veraz y formal para que todos nuestros seguidores estén siempre al día”, al sostener que el dirigente juvenil Brayan García, estaba detrás de los disturbios que habían tenido lugar en la ciudad de Pasto en las movilizaciones del 21 de septiembre.

El vídeo propagandístico combina además una serie de imágenes que justifican el uso desproporcionado de la fuerza por parte de la policía nacional, que según la ONG Temblores a cobrado la vida de 639 personas, ha dejado heridas a 40.481 y ha estado implicada en 241 casos de violencia sexual, solo entre 2017 y 2019; así como sataniza a las y los jovenes mediante el uso indistinto de imágenes descontextualizadas. 

En la denuncia pública de la organización, responsabilizan a la página de facebook de la ciudad de pasto “por dañar la imagen e integridad del compañero Brayan García Moya, a su persona y su buen nombre y todas las consecuencias que se desprendan de estos hechos y que pongan en peligro su vida, la de su familia y procesos organizativos de los que hace parte, exigiendo que dicho medio elimine y rectifique el video previamente mencionado”.

Por su parte, la organización política Juventud Rebelde Colombia viene denunciando desde el 13 de septiembre, la difusión de su nombre, sin ningún tipo de contraste, por parte de medios corporativos de comunicación nacionales como Noticias Caracol y El Tiempo, tras ser publicado en un informe de inteligencia de la policía, señalándolos de ser una organización clandestina y ser promotores de actos de vandalismo, pese a que su actuación pública es conocida. Sus integrantes afirman que incluso, la fundación de la organización fue cubierta por algunos de los medios que ahora los estigmatizan.

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#EDITORIAL | Prensa libre ante la fragilidad democrática en Colombia

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Son tiempos muy oscuros para el ejercicio de libertades y derechos en Colombia. Nuestra ya conocida fragilidad democrática parece desmoronarse. Transparencia Internacional, Organización No Gubernamental internacional reconocida por la publicación del índice de Percepción de Corrupción, advirtió su preocupación por la concentración de poder en el gobierno, poniendo de manifiesto los vientos dictatoriales que ciernen sobre las instituciones y la sociedad, al contar el ejecutivo con un gran poder de influencia sobre las otras ramas del poder público.

A su vez, más de quinientas organizaciones sociales y no gubernamentales, presentaron un informe pormenorizado denominado El desgobierno del aprendiz – autoritarismo, guerra y pandemia en el que se evidencia cómo la concentración del poder del gobierno, validada normativamente por la excepcionalidad de la pandemia, ha sido un mecanismo para beneficiar además a la banca y las grandes empresas, en detrimento del fortalecimiento de la demanda, con medidas como la renta básica para los sectores populares, o de la oferta con el apoyo de la pequeña y mediana empresa.

A esta oscura trama se conjuga el decidido respaldo del gobierno nacional, su jefe político Álvaro Uribe, y en general, la coalición de gobierno, a la Fuerza Pública y su negativa de reformar la institución, pese a las múltiples denuncias existentes. Según Temblores ONG, solo “entre los años 2017 y 2019, hubo al menos 639 homicidios, 40.481 hechos de violencia física y 241 casos de violencia sexual” cometidos por la Policía Nacional. Y según la Campaña Defender la Libertad y otras organizaciones defensoras de DDHH, las jornadas contra la brutalidad policial, luego del asesinato del abogado Javier Ordoñez, dejaron 11 ciudadanos asesinados, y cientos de personas heridas, no solo por las armas antidisturbios sino por armas de fuego de uso privativo.

Frente a este desolador panorama institucional, las ciudadanías democráticas han mostrado en las redes sociales y han sacado a la calle su indignación ante el autoritarismo y la crisis social, política y económica. Los medios de comunicación tampoco han sido ajenos. Por un lado, los principales medios corporativos de comunicación del país difunden plácidamente, sin ningún tipo de contraste, informes de inteligencia en los que se puede identificar fácilmente el relato del partido de gobierno, en el que existe un enemigo interno omnipresente que conspira contra el orden institucional por medio de la protesta social; contribuyendo así de forma peligrosa a la narrativa uribista que permite la criminalización de la movilización ciudadana y la legitimidad de las respuestas armadas y punitivas contra la indignación social, y reviendo, como en los tiempos del mandato directo de Uribe, lo que el analista de medios Fabio López de la Roche denominó «un tácito pacto mediático de apoyo a ese régimen comunicativo monológico».

Por otro lado, se encuentra un espectro diverso de medios proclives a su razón de ser: la defensa de la democracia, medios entre los que sobresalen la prensa independiente y la prensa alternativa, que se deben a su compromiso con la información y la opinión cualificada y no a los intereses de los grandes grupos económicos, financiadores de la coalición de gobierno.

Son tiempos muy oscuros para el ejercicio de libertades y derechos en Colombia. Gonzalo Guillén periodista del medio independiente La Nueva Prensa, viene denunciando casos de corrupción en los que está vinculado el poder político regional y nacional con el narcotráfico y el paramilitarismo. En una de estas denuncias, una de las personas señaladas en un trino, Carlos Barros, logró la apelación de una tutela ganada por el periodista para que lo rectificara, cosa que hizo Guillén en su cuenta de Twitter, pero al no hacerlo también en dos medios de circulación nacional, el Juzgado 44 Civil del Circuito de Bogotá, ordenó su arresto e impuso una multa de cinco salarios mínimos legales mensuales vigentes.

Una dura decisión judicial para un periodista en el marco de una alta impunidad para delitos graves de corrupción cometidos por la clase política y económica, y que en palabras de la propia Fundación para la Libertad de Prensa -FLIP-, “se envía un mensaje adverso sobre el conocimiento y aplicación de los estándares de protección a la libertad de prensa en la administración de justicia. Para la FLIP, este desconocimiento fomenta un clima de silencio en el ejercicio periodístico”.

Estos tiempos oscuros y la valentía de Guillén ante las amenazas, así como la imposición del silencio, recuerdan la función social primordial que debe cumplir la prensa, que pese a los vientos de autoritarismo, debe continuar informando y difundiendo opinión argumentada: como lo evoca la película The Post, de Steven Spielberg, en la que retrata cómo en la década de los 70’s, los diarios The New York Times y The Washington Post le hicieron frente a las restricciones a la libertad de prensa que adelantó el gobierno de Nixon, para difundir una investigación filtrada por Daniel Ellsberg, que ponía de relieve los intereses políticos tras la guerra de Vietnam, en la que miles de vidas fueron sacrificadas, aun cuando el gobierno sabía que el ejército de los EE.UU. no saldría victorioso de la invasión militar.

La película cierra con una frase de gran relevancia para el oficio periodístico y el papel de la prensa en la democracia, pronunciada por un juez de la suprema corte de los EE.UU., que falló a favor de los medios y de la libertad de prensa: «La prensa está para servir a los gobernados y no a los gobernantes». Pero por supuesto, una prensa independiente a los intereses de los poderosos, porque como ya lo decía Rodolfo Walsh: «el periodismo es libre o es una farsa».

¡Vivan las mujeres que nos dieron fuerza y dignidad! La historia ya es nuestra

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Desde el pasado 4 de septiembre, madres y familiares de víctimas de feminicidio y desaparición forzada en México tomaron las instalaciones de la Comisión Nacional de Derechos Humanos para convertirla en la OKUPA Casa Refugio Ni Una Menos.

Frente al vacío del Estado y su incapacidad para cumplir con las funciones de búsqueda y acompañamiento a las familias que desde hace años iniciaron procesos de lucha por la verdad y la justicia, respaldadas por el bloque negro en el que se concentran distintas colectivas, las madres optaron por hacer de las oficinas de la CNDH un verdadero sitio al que poder acudir, donde hay un respaldo real y un acuerpamiento a las luchas por los derechos humanos y en especial, de las mujeres.

La OKUPA ahora es un refugio en el que la sociedad civil y diversos grupos de activistas han dejado donaciones de comida, cobijas, ropa, etc. que serán entregadas a familias que han sido desplazadas por la violencia feminicida, para niñxs que han quedado huérfanxs porque sus madres fueron víctimas del terror que nos amenaza a todas las mujeres en este territorio, que más que un país, se ha convertido en una fosa común.

Yesenia Zamudio, madre de Marichuy, víctima de feminicidio a los 19 años, ha sido una luchadora por la justicia desde 2016, año en que le arrebataron a su hija, mencionó en distintos videos difundidos en redes sociales que ella y las demás madres estaban ahí en la OKUPA porque estaban hartas, cansadas de la burocracia, cansadas de que se les revictimize y se les ignore.

“Ningún partido político me respalda, yo soy anarquista, y estoy aquí por todas” menciona con esa fuerza que le conocemos y que nos ha compartido a todas las que hemos caminado a su lado.

Luego de la toma de la CNDH, se tomaron las sedes de derechos humanos de distintos estados del país de manera simbólica en apoyo a las compañeras de la CDMX; en Michoacán, Puebla, Veracruz, Aguascalientes se replicaron las tomas, pintando las instalaciones con distintas denuncias como: “El estado no me cuida, me cuidan mis amigas”, “No nos cuidan, nos violan”, “Existimos porque resistimos” y al grito de “Se va a caer, se va a caer, el patriarcado se va a caer”, las mujeres en resistencia manifestaron el hartazgo y la inacción de las autoridades estatales frente a los miles de casos de violaciones a los derechos de las mujeres.

Tanto la toma de la CNDH como las de los estados antes mencionados se llevaron a cabo de manera pacífica y las autoridades respetaron hasta cierto punto el derecho a la protesta. Sin embargo, en el Estado de México, donde la Comisión de Derechos Humanos se encuentra en el municipio de Ecatepec, conocido por ser el municipio más peligroso de todo el país para las mujeres, la toma de las oficinas se había dado también de forma pacífica.

No obstante, las autoridades esperaron a que cayera la noche para comenzar a hostigar a las compañeras que sostenían la toma, alrededor de las 00:30 hrs del día 11 de septiembre, elementos de la policía municipal ingresaron a las oficinas y desalojaron de forma violenta a las mujeres que se encontraban ahí acompañadas de sus hijos, había entre ellas una compañera embarazada. Sin importar las condiciones en las que estaban, los policías comenzaron a golpearlas, las subieron a sus camionetas mientras les repetían que ya habían valido verga y que las iban a matar, todo esto quedó registrado en vídeo y difundido mediante redes sociales. A las detenidas las llevaron a las oficinas del centro de justicia de Atizapán y no fue sino gracias a la presión y a las exigencias de liberación inmediata mediante los medios que las liberaron al día siguiente. Todas se encontraban en estado de shock por la tortura que vivieron ellas y sus hijos esa noche.

La rabia e indignación hicieron que esa misma tarde distintas mujeres se concentraran nuevamente en las instalaciones de la CODHEM en Ecatepec e incendiaran las oficinas, diversas colectivas de mujeres de todo el país manifestaron su apoyo y solidaridad para las víctimas de la brutalidad policiaca y los métodos de tortura que utiliza el Estado para acallar la protesta.

El día 14 de septiembre, se convocó, desde la OKUPA Casa Refugio Ni Una Menos a una “Antigrita”, una propuesta para recordar que la historia patria ha sido contada y escrita por hombres, en México se celebra el “Grito de Independencia” el 15 de septiembre, en respuesta, las compañeras realizaron esta convocatoria para gritar que  nunca más se hará historia sin las mujeres que luchan,  que quienes nos están enseñando caminos de libertad y de justicia son las madres que buscan a sus hijas desaparecidas, las familias que exigen el esclarecimiento de la verdad, las mujeres que cuidan y acompañan a sobrevivientes de violencia feminicida, las que no se callan y deciden alzar la voz por las que ya no están entre nosotras.

En México, septiembre, el mes patrio, ahora será recordado por ser el mes en el que las madres dijeron ¡ya basta!, porque no tenemos nada que celebrar, no tenemos independencia, no podemos ni caminar tranquilas por las calles, en este país que nos ha despojado de nuestra tranquilidad, que nos ha dejado sin respaldo y con miedo. Las mujeres que luchan, que luchamos, gritamos que ‘nunca más tendrán la comodidad de nuestro silencio’, ahora caminamos juntas, nunca más sumisas, nunca más la veneración a “los héroes que nos dieron patria”, no queremos su patria, queremos nuestra libertad, nunca más cantar himnos que ensalzan la grandeza de un territorio que no es nuestro, de tiranos miserables que nos han despojado de todo.

Nuestro grito hoy es por nuestras compañeras, por las madres, por las abuelas, por las niñas, por todas las veces que quisieron silenciarnos. Nuestro grito hoy es por las luchas venideras, por que siga floreciendo la semilla de la rebeldía, las ansias de libertad. Este es el grito nuestro, como el caminar, como todo lo que venimos construyendo en colectivo.

Así, en colectivo hoy gritamos ¡viva el calor de las mujeres! ¡viva esta furia! ¡viva esta digna rabia! ¡vivan las madres que nos dieron fuerza y dignidad! ¡vivan todas las mujeres que luchan en cada rincón del mundo!

Hoy resignificamos el grito porque la historia ya es nuestra.

 

Gobierno nacional: satanización de la protesta y del trabajo barrial

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Colombia, 15 de septiembre de 2020. Tras el asesinato de un hombre en la madrugada del 9 septiembre, en Bogotá inició una serie de movilizaciones contra la brutalidad policial que se extendieron en diferentes ciudades del país y que además reflejaron la inconformidad de la ciudadanía ante la crisis y el fortalecimiento de una democracia restringida que busca que la separación de poderes sea cada vez más difusa.

La decisión que tomaron el gobierno nacional y la alcaldía de Bogotá el mismo 9 de septiembre, en el Puesto de Mando Unificado, fue fortalecer el pie de fuerza con 1600 efectivos y desplegar soldados de la brigada XIII en las calles de la capital.

El 10 de septiembre se presentaron nuevas movilizaciones espontáneas y descentralizadas en Bogotá, Barranquilla, Popayán, Manizales, Mosquera, Facatativá, Medellín, una vez más, protagonizadas por jóvenes. Las y los manifestantes fueron atacados por la policía con “armas no letales”, tortura, el abuso de la detención preventiva y llevados a centros de detención clandestina como sucedió en Mosquera.

El 11 de septiembre en la ciudad de Bogotá, la alcaldesa adelantó una jornada de “reconciliación y perdón”, que terminó en el ataque de la policía a una movilización que quería entrar a la Plaza de Bolívar, la detención de jóvenes, la apertura de procesos de judicialización a otros y agresión de Esmad a menores de edad.

Ante estos hechos, el gobierno nacional presentó un “Informe de inteligencia” que indica cómo operan y se organizan los que han catalogado como «grupos radicales» en Bogotá, que según ellos, son quienes han protagonizado las manifestaciones de los últimos días. El informe señala a líderes comunitarios y barriales. Los medios corporativos de comunicación, desde el 14 de septiembre están reproduciendo este ejercicio de satanización de la organización social y de la movilización en sí misma.

El 15 de septiembre en horas de la mañana se dieron a conocer panfletos de las Águilas Negras, que amenazan a líderes comunitarios y barriales de Usme, San Cristóbal y Bosa. Frente a esta situación, organizaciones sociales, han manifestado su rechazo ante las amenazas a las personas que trabajan en la construcción de tejido social en sus territorios.

Por su parte, los medios corporativos de comunicación reproducen esta matriz de enemigo interno, que, como sucedió en el Paro Nacional que inició el 21N, califica a toda persona que se manifieste contra el gobierno, como integrante de las disidencias de las FARC o del ELN.

Cabe recordar que el relato que asocia las expresiones de indignación social con el delito de rebelión, con la criminalidad y con el terrorismo ha sido ampliamente usado por sectores de extrema derecha, y previo a las jornadas de protesta contra la brutalidad policial, integrantes del Centro Democrático como el mismo Alvaro Uribe Vélez, calificaron a todas las posiciones juveniles que celebraron su proceso penal, y que se han venido manifestando contra las masacres y el asesinato de líderes sociales como “jóvenes Farc”, lo que parece situar una matriz de opinión y de noticia que pretende satanizar y criminalizar a la cidadanía movilizada e incluso, a la ciudadanía que emprende escenarios culturales y de educación comunitaria, calificados como “trabajo social y comunitaria” estigmatizando a su vez, debido al uso impreciso de los términos, a la profesión y disciplina del Trabajo Social.

 

Que los CAI se pinten de vida

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Me llamó fuertemente la atención una imagen difundida por redes sociales en la que se ve a agentes de policía volviendo a uniformar de gris un CAI en Bogotá, después que los manifestantes del 9-11 lo hubiesen pintado con multiplicidad de colores, rostros y nombres de víctimas, frases que significaban diversidad de pensamiento y reflexiones que invitaban a cuestionar el estado actual de cosas que impera en Colombia desde hace décadas.

Tal imagen me hizo confirmar una conclusión: la juventud, los artistas críticos, las mujeres libres, los “mechudos” o tatuados, las y los ambientalistas, por mencionar solo algunos, son peligros potenciales a los ojos del sistema, porque este rechaza la diversidad de pensamiento y de ser, por eso vuelven a uniformar los CAI, porque el sistema teme a los colores de la diversidad.

Precisamente, al ser los jóvenes y las jóvenes (de todas las edades) los principales portadores del “virus” de la diversidad, se vuelven el principal enemigo del sistema, de ahí que este cierre los espacios de expresión de la juventud, que la quiera homogenizar en cuadrículas serviles, mientras ella busca escenarios para expresar sus formas de ver y sentir la vida.

No es una contradicción reciente, es la más antigua de las luchas al interior de las sociedades a lo largo de la historia: lo joven contra lo viejo, lo enérgico contra lo desgastado. Y no es cuestión etaria, porque la juventud no se mide en años, la juventud es una concepción de la vida de quienes están en la búsqueda permanente del oxígeno revitalizador de los días y de la existencia, para no perecer inmovilizados por el tedio.

Todo régimen autoritario y dictatorial cercena la creatividad que expande los límites, solo le sirve la “creatividad” que se acoge a los cánones impuestos, sin salirse de los moldes, al igual que le sirve la juventud envejecida y obediente, la mujer sumisa y lo monocromático. La verdadera democracia se pone a prueba en la tolerancia al debate y la crítica, dando ámbito de acción a la creatividad, de ahí que promueva las artes, los deportes (mente sana en cuerpo sano), la educación pública, la salud.

Este sistema actual, con su aparato estatal, educativo, de policía y FFMM, representa lo caduco, o sea, la imposibilidad del ejercicio de la dignidad humana y los derechos fundamentales: carencias, atraso, machismo, violencia, cárcel, hambre, guerra, muerte.

Al mismo tiempo, existe una sociedad que busca escenarios para expresar aquello que nace a su interior con aspiraciones de dignidad y bienestar social. Esto, sobre todo, es lo que se hace sentir en las protestas recurrentes, es la inconformidad de amplias capas sociales que buscan escenarios para realizarse individual y colectivamente: educación, salud, vivienda, trabajo digno, recreación, inclusión, respeto al medio ambiente, participación y distribución de las riquezas (producidas por muchos, pero concentradas en pocos), son las justas exigencias de quienes reclaman un lugar en el mundo, siendo portadores de la fuerza democrática que simboliza la luz de un futuro promisorio, porque el futuro será con ellos y ellas o no será.

En ese sentido, la aversión de la clase gobernante a la diversidad radica en que esta conduce necesariamente al cuestionamiento de ese modelo económico, el cual limita per sé el desarrollo pleno del ser humano y, por consiguiente, de la sociedad. Es así como lo sistémico se vuelve talanquera para el progreso social, contrario a la marcha progresiva del género humano, mientras la democracia, con su propósito multicolor y diverso, se constituye en el antídoto para superar las úlceras que impiden dicho progreso.

Este sistema procura irradiar su uniformidad al conjunto de la sociedad (y lo hace con relativo éxito, de ahí que veamos “buenos” vecinos restaurando los CAI), pero encuentra siempre la resistencia natural de personas cuya riqueza espiritual y fuerza creadora no puede ser encuadrada, convirtiéndose en agentes de “desorden”, elementos “peligrosos” respecto al dogma conservador-eclesiástico.

No obstante, la historia es la muestra fehaciente del triunfo de lo nuevo, demuestra sobradamente que nunca lo caduco permanece, como quiera que en el universo prima la ley de la transformación constante. Siendo la sociedad humana un organismo vivo sujeto a estas leyes universales, es un axioma que lo viejo desaparecerá, las formas multicolores y diversas triunfarán sobre lo oscuro que, sin embargo, ejercerá una resistencia enconada.

Mientras la fuerza vital del universo –a través del esfuerzo de hombres y mujeres valientes-, se desembaraza del sistema económico que retrasa su marcha, en Colombia se seguirá viviendo y sintiendo esa fuerza que tira hacia adelante y se seguirán expresando las voces y sentires que, de una u otra forma, consientes o no, propugnan por la transformación y el progreso social; en el entretanto, que los CAI se pinten con los colores y formas de la diversidad y que se conviertan en bibliotecas para nuestros niños y niñas, es decir, que adquieran los tonos y matices de la democracia y la vida que se abre paso.

Pasa una banda de criminales en sus hermosas motos policiales

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El título y algunos de los subtítulos de este escrito son fragmentos de la canción ‘Las cosas que pasan’ lanzada en los 70 e interpretada por Piero en el álbum Coplas de mi país. Frases como las que se mencionan en esta canción no han perdido vigencia y, por el contrario, se han representado más que nunca en las calles colombianas durante esta semana. Al momento de redacción de este artículo se sumaban 14 muertos y 483 heridos a raíz de las protestas contra la violencia policial.

Pasa un obrero en alpargatas, con veinte pesos que es toda su plata. Pasa el Ministro de Economía, le dice: ‘Mi hijito no hay más plusvalía’

La brutalidad, abuso o violencia policial es el término sobre el cual se va a desarrollar este artículo para identificar algunos aspectos importantes sobre la situación actual de este problema en nuestro país. Por otra parte, hay que mencionar la exagerada financiación al Ministerio de Defensa, la cual demostró la gran necesidad que tiene el Estado por reprimir a las y los ciudadanos. Pues para el año 2008, de los 566.084 empleos públicos financiados por el presupuesto nacional, 459.687, es decir, el 81.2 % estaba ocupado por servidores públicos asignados a la defensa, seguridad y policía.

Por otro lado, el Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD) que fue creado en 1999 e inicialmente estaba conformado por 200 policías, para 2016 ya contaba con más 3.600 miembros con un presupuesto de 327 mil millones de pesos colombianos. Al parecer, tomar dineros públicos para asesinar es una estrategia muy bien conocida por el Estado colombiano. La financiación de la guerra en Colombia es un tema extenso y no se abordará en este documento, sin embargo, la anotación no se podía pasar por alto.

Pasa la guardia del Presidente, los sables al aire todos dementes

En Colombia, la mayoría de personas que trabajan haciendo cumplir la ley parecen actuar bajo la falsa creencia de tener más autoridad que los demás miembros civiles de la sociedad y sienten que están por encima de la misma ley. Hay diversos casos que lo demuestran como el reciente asesinato del señor Javier Ordóñez y otros cientos de personas que han resultado muertas a manos de patrulleros en las zonas urbanas, al igual que los falsos positivos como consecuencia del abuso militar en las zonas rurales.

Si bien es cierto que las Constituciones de 1886 y 1991 blindaron a los miembros de la Fuerza Pública para que los delitos vinculados a los militares o policías se juzgaran por personal que había pertenecido a estas instituciones, se debe tener en cuenta que en el Código Penal Militar se consideran delitos sin conexión a la función policial y/o militar: las torturas, las detenciones arbitrarias, las violaciones, los homicidios o las desapariciones, las cuales sí se deben juzgar por medio de la justicia ordinaria. Esta excepción deja mucho que desear ante la formación que ofrecen estas instituciones, pues en ningún reglamento se considera normal aclararles, por adelantado, a los trabajadores que no los cobijará su ley si matan, violan o desaparecen a alguien. Continuemos.

El paradigma de «la manzana podrida»

Esta es la forma más fácil que han encontrado funcionarios y civiles para justificar el grave problema que representa el uso y abuso de la Fuerza Pública. En este sentido, lo que se hace es juzgar a las personas por sus comportamientos ‘aislados’ y sus problemas conductuales personales, en lugar de analizar que estos individuos representan a una Institución cuyo deber principal es el de proteger a la comunidad y sus derechos.

La discreción y el juicio interpretativo son elementos que, mal practicados, representan un peligro inminente para la comunidad. Además, la discreción policial ha sido muy amplia, pues la Policía como cuerpo armado de naturaleza civil les ha delegado a sus funcionarios la facultad de escoger sus objetivos, los métodos de intervención, los casos a manejar, los procedimientos a utilizar, la forma de aplicar sanciones, entre otras amplias funciones que desembocan en corrupción, irregularidades y conductas abusivas.

En algunos países en donde se ha evidenciado el uso excesivo de la fuerza por parte de los uniformados hacia los civiles, se ha cuestionado la ‘subcultura policial’ que se ha creado. Por ejemplo, un agente puede callarse respecto a los errores que otro agente pueda cometer y a este acto se le conoce como Código Azul. Esto demuestra claramente que no se puede seguir justificando todo bajo el concepto de ‘manzanas podridas’ sino que habría que cuestionar la doctrina bajo la cual están capacitando a estas personas y la reprochable ética con la cual están ejerciendo su labor.

Aquellos que defienden a estas instituciones a pesar de las notables falencias y el peligro que presentan para la sociedad, deben saber que cualquiera de sus miembros tiene un poder letal. Las ‘manzanas buenas y podridas’ de la Policía Nacional pueden utilizar: elementos, dispositivos, municiones y armas ‘no letales’ como cartuchos y granadas químicas o de aturdimiento. A su vez, la institución incluyó 24 elementos ‘no letales’ entre los que se encuentran: fusiles lanza gases, escopetas calibre 12, lanzadores de agentes químicos, dispositivos de shock eléctricos, animales entrenados y bengalas.

Y pasa la historia de nuestra nación, siglo tras siglo sin solución

Los movimientos estudiantiles en Colombia han influido en las transformaciones políticas y sociales en diferentes momentos. Infortunadamente, desde la década del 60 e incluso desde más atrás, las y los estudiantes se han ido convirtiendo poco a poco en ‘héroes’ y aunque esta denominación se basa en el respeto y el reconocimiento de aquellos que lucharon por las causas justas, es necesario preguntarnos si es que acaso nos están haciendo normalizar la muerte de nuestros compañeros y compañeras.

Ahora es muy común ver murales, pancartas, camisetas y volantes con el rostro de jóvenes desaparecidos o asesinados ¿Es eso lo que pretende el Estado? ¿Quieren dejar a las y los jóvenes plasmados en murales? ¿Quieren callar las voces de los que manifiestan su descontento hacia los que gobiernan?  Esta represión que hace parte de las prácticas civilizatorias y genocidas se soportan en la política y el gobierno y evidentemente están detrás de las manifestaciones, huelgas y protestas legítimas intentando generar miedo en diferentes sectores sociales.

La impunidad predomina porque parece no haber efectos jurídicos. La Fuerza Pública cree que es suficiente con reconocer el asesinato de alguien como error, además, difícilmente se logra que se responsabilice al autor material del hecho. Por otra parte, el Estado colombiano se ha encargado de minimizar la imagen de las y los estudiantes calificándolos de revoltosos, discriminando a estos grupos y criminalizando su accionar. En la lógica manipuladora de la soberanía del Estado, el criminal es aquel que quiere hacer valer sus derechos y exige una mejor calidad de vida.

Paso yo mismo y me veo sentado, mirando la gente que pasa a mi lado

Hay que reconocer una vez más que no podemos olvidar a las víctimas de la violencia policial. No podemos permitir que cada día sean más los rostros, los nombres y las historias de las y los estudiantes, ciudadanos, líderes y lideresas sociales muertos. No podemos parar de reclamar lo que nos corresponde por derecho. No podemos callar que están poniendo en riesgo nuestras vidas. No podemos dejar que aumente la violencia. No podemos permitir que se multipliquen las injusticias de manera cíclica ante un gobierno que tiene por repuesta las armas.

Para finalizar, les comparto un fragmento escrito por la poeta y docente Ingrid Carrillo. Una mujer afro indígena, nacida en La Guajira y autora del proyecto sociocultural ¡Colombia patria posible! Quien expresa abiertamente que la poesía a Colombia también es para ser pensada, más que para ser aplaudida. A continuación, su mensaje para Colombia:

Yo he parido tantos hijos, tantos machos, tantas hembras.
Y un día yo parí una hija, la más linda de las hembras.
Sé que nació en La Guajira y me la bautizó Maleigua,
le puse por nombre Paz y Paz la bautizó la reina.
Sabe lo que me preocupa y sabe que me desespera
el saber que a mi hija Paz también la hirió la Violencia,
saber que se asoma y huye cuando creo que estaba cerca.
Por eso hoy pido a mis hijos que salgan en busca de ella,
que luchen por conseguirla, que luchen por retenerla,
que se entere Paz, mi hija, que quiero volver a verla.
Que yo, Colombia, la extraño, que aquí su madre la espera,
que aunque yo insisto luchando, me estoy quedando sin fuerzas.
Que aunque ella se encuentre herida, yo suturaré sus penas,
pero que venga enseguida
¡Que venga, por Dios, que venga!